MI PERRA Y YO SUBIMOS POR EL ASCENSOR, DE CAMILA CHARRY NORIEGA
Fondo de Cultura Económica (Bogotá-2025 / 77 páginas)
Hace casi un año leí una entrevista que el diario El Espectador* le hizo a la poeta Camila Charry Noriega sobre su último libro, Mi perra y yo subimos por el ascensor; la leí con mucho interés y me dije a mí misma que cuando estuviera en Colombia lo compraría. Y no sólo lo adquirí, sino que pude asistir a la presentación que hizo su autora en el marco de la Feria del Libro de Manizales (19 al 25 de septiembre 2026). Una Feria que se ha destacado por una alta calidad en su oferta literaria y en otros dominios del conocimiento.
Este es un poemario que rompe con muchos postulados de lo que se considera “buena poesía”. Está por fuera del margen canónico que la poesía, escrita por los hombres, considera estética y de valor literario.
Y es que su autora no tiene nada que probarle a ese mundillo fatuo en el que viven muchos seudointelectuales que, además, se consideran “poetas”; sin que sean capaces de crear algo diferente. Sólo repiten fórmulas vagas y ad infinitum; fórmulas que carecen de rigor y de investigación. No osan, no se atreven a escribir algo que se salga del molde que les da un aura de superioridad. Eso sí, se atreven a decirle a la autora “esto no es poesía”.
Ahora entremos en Mi perra y yo subimos por el ascensor:
1. En muchas ocasiones he explicado que el título de una obra es fundamental para atraer (pathos) y guiar (logos) al futuro lector. Y ésta premisa se logra en su totalidad en la obra que nos ocupa. Nos invita a explorarla y nos seduce, nos atrapa y nos resume, en sólo ocho palabras, las 77 páginas con las que cuenta el poemario. Es, sin duda alguna, un título muy bien logrado; que, además, invita a una lectura lúdica y llena de sorpresas.
2. Este poemario nos sumerge en un mundo donde la presencia de una perra (amores, ciela mía o llamita; entre otros apelativos) sirve de pretexto para hacer una oda a la amistad, a la ternura, a la complicidad y a la compañía de un ser que, a pesar de no ser “humano”, logra compenetrarse con su ama. Aunque cabría preguntarse si el “ama” no es ella misma y si la humana, que la alimenta y cuida, obedece todo el tiempo a cada uno de sus deseos.
3. A través de esta fusión visceral interespecie la autora hace un recorrido por la música y por la literatura que le es cara a su sensibilidad y a su intelecto. Más aún, ella nos muestra su intimidad, su universo familiar, así como el ectoplasma de otra perra que ya no está pero que las acompaña en el día a día. También es un reconocimiento a su pareja y a esa profunda complicidad que los habita. Reconoce el cuidado que les prodiga; un cuidado que se transforma en lo que conocemos como “hogar”; o sea, en el calor que emana de su presencia amorosa.
4. No obstante, la autora sabe que ese universo íntimo, en el que riega varias veces a la semana 37 plantas, está amenazado por fuerzas externas. Sabe que el mundo exterior es sinónimo de ruido, de caos y de precariedad económica.
5. También es una crítica muy bien cimentada al machismo y al acoso sexual; tan común en el gremio de los escritores, poetas e intelectuales. Por eso la autora se rebela con este poemario en el que afirma su derecho a escribir por fuera del canon y a no bajarle la cabeza a algún posible editor. Su autonomía y honestidad no están a la venta. Por eso escribe:
un poema que no espera reconocimiento ni aplausos dispuesto a no negociar su entusiasmo por quince minutos de fama almorzando con un señor un poema orgulloso de no ser mercancía dueño absoluto de su mundo y sus medidas políticamente incorrecto alumbrado por el signo de escorpión un poema que cree más en la astrología que en dios un poema determinado por la diosa fatalidad. (pág. 63)
Chapeau, Camila Charry Noriega!
Una lectura altamente recomendada.
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