viernes, 23 de octubre de 2026

MI PERRA Y YO SUBIMOS POR EL ASCENSOR, DE CAMILA CHARRY NORIEGA

 MI PERRA Y YO SUBIMOS POR EL ASCENSOR, DE CAMILA CHARRY NORIEGA



 

Fondo de Cultura Económica (Bogotá-2025 / 77 páginas)

 

Hace casi un año leí una entrevista que el diario El Espectador* le hizo a la poeta Camila Charry Noriega sobre su último libro, Mi perra y yo subimos por el ascensor; la leí con mucho interés y me dije a mí misma que cuando estuviera en Colombia lo compraría. Y no sólo lo adquirí, sino que pude asistir a la presentación que hizo su autora en el marco de la Feria del Libro de Manizales (19 al 25 de septiembre 2026). Una Feria que se ha destacado por una alta calidad en su oferta literaria y en otros dominios del conocimiento.

 

Este es un poemario que rompe con muchos postulados de lo que se considera “buena poesía”. Está por fuera del margen canónico que la poesía, escrita por los hombres, considera estética y de valor literario.

 

Y es que su autora no tiene nada que probarle a ese mundillo fatuo en el que viven muchos seudointelectuales que, además, se consideran “poetas”; sin que sean capaces de crear algo diferente. Sólo repiten fórmulas vagas y ad infinitum; fórmulas que carecen de rigor y de investigación. No osan, no se atreven a escribir algo que se salga del molde que les da un aura de superioridad. Eso sí, se atreven a decirle a la autora “esto no es poesía”.

 

Ahora entremos en Mi perra y yo subimos por el ascensor:

 

1.     En muchas ocasiones he explicado que el título de una obra es fundamental para atraer (pathos) y guiar (logos) al futuro lector. Y ésta premisa se logra en su totalidad en la obra que nos ocupa. Nos invita a explorarla y nos seduce, nos atrapa y nos resume, en sólo ocho palabras, las 77 páginas con las que cuenta el poemario. Es, sin duda alguna, un título muy bien logrado; que, además, invita a una lectura lúdica y llena de sorpresas.

 

2.     Este poemario nos sumerge en un mundo donde la presencia de una perra (amores, ciela mía o llamita; entre otros apelativos) sirve de pretexto para hacer una oda a la amistad, a la ternura, a la complicidad y a la compañía de un ser que, a pesar de no ser “humano”, logra compenetrarse con su ama. Aunque cabría preguntarse si el “ama” no es ella misma y si la humana, que la alimenta y cuida, obedece todo el tiempo a cada uno de sus deseos.

 

3.     A través de esta fusión visceral interespecie la autora hace un recorrido por la música y por la literatura que le es cara a su sensibilidad y a su intelecto. Más aún, ella nos muestra su intimidad, su universo familiar, así como el ectoplasma de otra perra que ya no está pero que las acompaña en el día a día. También es un reconocimiento a su pareja y a esa profunda complicidad que los habita. Reconoce el cuidado que les prodiga; un cuidado que se transforma en lo que conocemos como “hogar”; o sea, en el calor que emana de su presencia amorosa.

 

4.     No obstante, la autora sabe que ese universo íntimo, en el que riega varias veces a la semana 37 plantas, está amenazado por fuerzas externas. Sabe que el mundo exterior es sinónimo de ruido, de caos y de precariedad económica. 

 

5.     También es una crítica muy bien cimentada al machismo y al acoso sexual; tan común en el gremio de los escritores, poetas e intelectuales. Por eso la autora se rebela con este poemario en el que afirma su derecho a escribir por fuera del canon y a no bajarle la cabeza a algún posible editor. Su autonomía y honestidad no están a la venta. Por eso escribe:

 

un poema que no espera reconocimiento ni aplausos dispuesto a no negociar su entusiasmo por quince minutos de fama almorzando con un señor un poema orgulloso de no ser mercancía dueño absoluto de su mundo y sus medidas políticamente incorrecto alumbrado por el signo de escorpión un poema que cree más en la astrología que en dios un poema determinado por la diosa fatalidad. (pág. 63)

 

Chapeau, Camila Charry Noriega!

Una lectura altamente recomendada.

https://www.elespectador.com/tags/mi-perra-y-yo-subimos-por-el-ascensor/

 

 

 

 

 

 

martes, 20 de octubre de 2026

SANGRAR, DE MARÍA JARAMILLO ROMÁN


 

Sangrar es un poemario de Maria Jaramillo Roman, publicado con el sello de Escarabajo Editores, bajo la curaduría de Eduardo Bechara .
Lo he leído como quien hace un viaje al silencio y al pasado; en el cual se visitan las casas abandonadas donde la maleza comienza a borrarlas.
Es un viaje íntimo, delicado; en el que cada palabra habita el lugar que le corresponde. No hay nada que falte ni nada que sobre. Una economía del lenguaje que no todas las poetas conocen; además, porque no es fácil despojarse de la expresión barroca que caracteriza al castellano. Muchas de las creadoras contemporáneas son propensas al exceso del artilugio y les cuesta desnudarse ante la palabra.
Ese no es el caso de María Jaramillo Román; ella sabe que en la síntesis y en la imagen está el secreto de la creación literaria.
Felicitaciones María Jaramillo; lograste penetrar en el enigma de la poesía; y eso es un paso inconmensurable para cualquier persona que haga de la palabra poética la nao en la que navega su existencia.

domingo, 27 de septiembre de 2026

LA HISTORIA DE MI PIEL Y EL LUGAR DE LAS PALABRAS, DE MARÍA GÓMEZ LARA

 LA HISTORIA DE MI PIEL Y EL LUGAR DE LAS PALABRAS, DE MARÍA GÓMEZ LARA

Berta Lucía Estrada
Crítica literaria
Este es el segundo poemario que leo de esta poeta colombiana que ha hecho de su cuerpo el camino por el que transita con las palabras. Su cuerpo es una brújula, que aunque casi siempre indica el Norte, a veces la conduce por caminos de desvarío y de angustia. Su cuerpo es bajel, es bitácora, es receptáculo del dolor que anida en él por el horror que fue la diáspora de la esclavitud. A través de él narra la historia de la familia, la historia de Colombia, la de América Latina e incluso la española y la italiana. Un hermoso poemario que confronta a España con América Latina, como en El espejo enterrado, de Carlos Fuentes. Lastimosamente, la mayoría de los españoles no reconocen el oprobio ni el genocidio cometido en la conquista y en la Colonia. El dolor que habita en la piel de los latinoamericanos es un dolor mudo que se da de bruces ante la sordera de los españoles de hoy en día; al menos de la gran mayoría de ellos. La historia de mi piel puede abrir otros escenarios donde se produzcan diálogos interculturales y donde se pueda entender que no hay un castellano único (ella lo llama “español”, olvida que en España hay varias lenguas oficiales y que por lo tanto el español, como lengua propiamente dicha, no existe) y que lo importante es que es una lengua viva y en constante evolución. Incluso habría que recordarles a los madrileños que su “castellano” puro no es igual al de las Islas Canarias ni al que se habla en Andalucía; y eso que esos dos territorios forman parte del país llamado España.
No obstante, debo decir que hay dos planteamientos que María Gómez Lara aborda y con los cuales no estoy de acuerdo. El primero es el concepto de “raza”; una palabra que atraviesa todo el poemario y que lo hiere como si fuese un rayo fulminante que busca aniquilar a las personas de piel negra y a las que se les suele identificar, ella nos lo recuerda varias veces como demasiado “folklóricas”; lo digo por su pasión por los colores vivos. Yo no creo en la raza, creo en la especie a la que pertenecemos; me refiero al Homo Sapiens quien a su vez forma parte de esa gran especie que es la especie de los Homínidos. Antes de terminar con esta breve reseña volveré sobre el Homo Sapiens. El segundo concepto, aunque más que un concepto es una equivocación de parte de la autora Gómez Lara. Al hablar de Dante y de Cristóbal Colón, hace alusión a la lengua italiana; lo cual me lleva a recordarle que Dante, como Leonardo Da Vinci y como Colón, no hablaba “italiano” sino toscano. Es el toscano-florentino de Dante, precisamente, el que da lugar al italiano que conocemos hoy en día.
Ahora bien, pasemos al color de la piel; en este caso la piel negra.
Hace unos 45.000 a 40.000 años que el Homo Sapiens, que ya había realizado dos migraciones hacia lo que hoy en día es Asia e incluso Oceanía, se instala en el continente que hoy conocemos como Europa. Para ese momento ya se había cruzado con el Neandertal y con el Denisoviano; las otras dos especies que desaparecieron pero cuyos genes aún sobreviven en el Homo Sapiens actual. Ese Homo Sapiens que se instala en Europa no era blanco, era negro. El cambio de piel, debido a una pérdida progresiva de la melanina (mélas: del griego antiguo que significa negro), se da solamente hace unos 10.000 a 4.000 años atrás; y eso, en términos de la evolución humana, es menos que un parpadeo. No hay que olvidar que el Homo Sapiens lleva en el Planeta Tierra unos 300.000 años; el mismo período de tiempo que duraron los neandertales. Es por ello que creo que ninguna persona negra debería sentirse excluida por el color de su piel; por el contrario, tendría que estar muy orgullosa por ser el emblema de esta especie que conquistó este planeta, una especie que ha sido capaz de innovar, crear y adaptarse a diferentes climas; como también ha sido capaz de ser una máquina depredadora y brutal. En otras palabras, cabe decir que los primeros Homo Sapiens que poblaron el continente europeo no eran blancos sino negros; algo que deberíamos saber para poder combatir el racismo y la ignorancia. Creo que este tema de paleoantropología no es menor sino decisivo al momento de abordar un tema tan doloroso como es el racismo.
Chapeau, María Gómez Lara! Este es un poemario necesario en estos tiempos convulsos y violentos.
La historia de mi piel (Fondo de Cultura Económica, 2026)

martes, 26 de mayo de 2026

EL SUEÑO DEL JAGUAR, DE MIGUEL BONNEFOY



El sueño del jaguar
Miguel Bonnefoy
Éditions Payot-Rivages, París 2024
312 páginas
Acabo de terminar El sueño del jaguar; una lectura que disfruté y que me hizo reír en varias ocasiones. Esta es la historia de los abuelos y de la madre de Bonnefoy; y también es la historia de los últimos cien años de Venezuela.
Es una novela que se inscribe en el realismo-mágico, muy bien escrita, muy bien documentada y muy bien construida. No obstante, es, en cierta forma, una reescritura de Cien años de soledad. A todo lo largo de la novela hay alusiones permanentes a esta obra cumbre de García Márquez; no sólo en la trama de la novela -o en sus personajes- sino en su estilo.
También me hizo pensar en La Casa de los espíritus, de Isabel Allende, una novela que siempre he considerado como una copia de Cien años de soledad; y que nunca me cautivó. También está presente William Ospina con Ursúa y con El país de la canela; incluso la obra comienza con un epígrafe de uno de sus libros. Debo decir que Ospina no es uno de mis autores favoritos.
Y aunque El sueño del jaguar me parece una buena novela no la considero una gran obra literaria y menos para ser galardonada con dos preseas tan importantes como el Premio Femina y el Gran Premio de la Academia Francesa (2024).
Para una latinoamericana que conoce muy bien Cien años de soledad, sobre todo si es colombiana, como es mi caso, esta obra de Bonnefoy no es una obra cumbre.
Bonnefoy estudió a fondo a estos tres autores; y sobre todo a GGM con Cien años de soledad. Aprendió muy bien el tejido interno de su estructura narrativa, penetró muy bien en sus personajes y los trasladó a la Venezuela de todo el siglo XX y comienzos del XXI. Entendió muy bien qué es el realismo-mágico que la traspasa a todo lo largo y ancho de la narración y tuvo la capacidad intelectual de verterla en su propio libro. No obstante, esa capacidad de lector agudo y de buen narrador no logran que El sueño del jaguar sea una verdadera obra de arte. Tampoco la considero una novela original; creo que ese es su verdadero quiebre, su falla más profunda.
El sueño del jaguar imita la escritura y el mundo macondiano sin lograr dejar su propia semilla; así Augustin Trapenard, de La Grande Librairie, afirme que es "Un libro absolutamente luminoso". Posiblemente porque no conoce a fondo Cien años de soledad. Leerlo dos o tres veces no es suficiente para entrar en su enorme complejidad, en su riqueza narrativa, en su creatividad y en la ruptura que significó su aparición hace casi sesenta años.


jueves, 23 de abril de 2026

Viaje al centro de la noche (poema)

 23 de Abril, Día del idioma, del libro y del bibliotecario

Con este poema le rindo homenaje al castellano; la lengua en la que pienso, hablo, leo y escribo.


sábado, 18 de abril de 2026

EL SUEÑO DLE JAGUAR, DE MIGUEL BONNEFOY

 El sueño del jaguar

Miguel Bonnefoy
Éditions Payot-Rivages, París 2024
312 páginas
Acabo de terminar El sueño del jaguar; una lectura que disfruté y que me hizo reír en varias ocasiones. Esta es la historia de los abuelos y de la madre de Bonnefoy; y también es la historia de los últimos cien años de Venezuela.
Es una novela que se inscribe en el realismo-mágico, muy bien escrita, muy bien documentada y muy bien construida. No obstante, es, en cierta forma, una reescritura de Cien años de soledad. A todo lo largo de la novela hay alusiones permanentes a esta obra cumbre de García Márquez; no sólo en la trama de la novela -o en sus personajes- sino en su estilo.
También me hizo pensar en La Casa de los espíritus, de Isabel Allende, uno novela que siempre he considerado como una copia de Cien años de soledad; y que nunca me cautivó. También está presente William Ospina con Ursúa y con El país de la canela; incluso la obra comienza con una de sus citas. Debo decir que Ospina no es uno de mis autores favoritos.
Y aunque El sueño del jaguar me parece una buena novela no la considero una gran obra literaria y menos para ser galardonada con dos premios tan importantes como el Prix Femina y el Gran Premio de la Academia Francesa (2024).
Para una latinoamericana que conoce muy bien Cien años de soledad, sobre todo si es colombiana, como es mi caso, esta obra de Bonnefoy no es una obra cumbre.
Bonnefoy estudió a fondo a estos tres autores; y sobre todo a GGM con Cien años de soledad. Aprendió muy bien el tejido interno de su estructura, penetró muy bien en sus personajes y los trasladó a la Venezuela de todo el siglo XX y comienzos del XXI. Entendió muy bien qué es el realismo-mágico que la traspasa a todo lo largo y ancho de la narración y tuvo la capacidad intelectual de verterla en su propio libro. No obstante, esa capacidad de lector agudo y de buen narrador no logran que El sueño del jaguar sea una verdadera obra de arte. Tampoco la considero una novela original; creo que ese es su verdadero quiebre, su falla más profunda.
El sueño del jaguar imita la escritura y el mundo macondiano sin lograr dejar su propia semilla; así Augustin Trapenard, de La Grande Librairie, afirme que es "Un libro absolutamente luminoso". Posiblemente porque no conoce a fondo Cien años de soledad. Leerlo dos o tres veces no es suficiente para entrar en su enorme complejidad, en su riqueza narrativa, en su creatividad y en la ruptura que significó su aparición hace casi sesenta años.

martes, 14 de abril de 2026

LA FUNCIÓN DE LA POESÍA EN NUESTRO TIEMPO

 LA FUNCIÓN DE LA POESÍA EN NUESTRO TIEMPO

Ensayo para el Festival Internacional de Poesía de Medellín

https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/poeta/69a6080d29b4d795cc8b4567?fbclid=IwY2xjawRLOONleHRuA2FlbQIxMABicmlkETBuSUxZNVY0d2lPSHVDNEtMc3J0YwZhcHBfaWQQMjIyMDM5MTc4ODIwMDg5MgABHig88okWWSMMTZ6CPphgPZnvAc8yrsO-FWuPTTPiq-Cv46R99mjxVd9Pvl_f_aem_1_7rKp634iZe4hLNcOh2rA

 

 

Berta Lucía Estrada Estrada

 

Pensar y tratar de definir al Homo Sapiens es también reflexionar en su relación con la poesía*. Aunque no seríamos la única especie capaz de crearla; puesto que la capacidad de hacer arte es también inherente a la especie vegetal y animal; hablo, sobre todo, de los pájaros. Me refiero a la construcción sofisticada de sus nidos y a la danza y al canto que realizan e interpretan para atraer a la hembra. Toda una actividad de cortejo, bastante sofisticada, que equivale a la escritura de un poemario de excelente factura. Sobre todo, sí se trata del ave del paraíso. ¿Qué nos dice este comportamiento, en realidad un constructo socio-cultural de algunas aves, sobre la poesía? Podrían ser diversas respuestas; la primera en la que pienso, y que trataré de analizar en esta breve reflexión sobre la función de la poesía en nuestro tiempo, es su capacidad de crear lazos sociales, de atrapar, de cautivar (léase pathos); mientras seduce y produce una hermosa sensación de confianza (léase ethos). Sin estos dos aspectos, su rito sexual se vería afectado y la hembra esperaría, o buscaría, a otro macho con el cual aparearse. Otra especie que recurre a cantos sofisticados, para seducir a la que será su amada, es la ballena jorobada del Pacífico. 

¿Cómo no recordar entonces a Orfeo tocando su lira para rescatar a Eurídice del inframundo y conducirla a la superficie terrestre? El mito nos cuenta que su música atraía y calmaba a las fieras, a las ninfas y a sus congéneres. Otra vez el pathos en el centro de la creación musical; o sea, poesía sin palabras. Dicho de otro modo, es la poiesis que encontramos en los textos poéticos; sean escritos, orales o gestuales.

Ahora bien, ¿por qué hablar de estos conceptos filosóficos que han atravesado la historia de la humanidad para acompañarnos en nuestra vida cotidiana? Porque la poesía une, crea lazos entre los seres y la comunidad -o comunidades-. La poesía trasciende fronteras y gracias a su música -poiesis- trasciende también el idioma. Es por eso que cuando escuchamos la lectura de un texto, que ha sido escrito en una lengua que no conocemos, nos sentimos emocionados. Este fenómeno se produce gracias a que la música también posee esa virtud inherente al pathos. Por eso nos subyuga el ulular del viento o la danza de una hoja cuando el viento la hace desprender de la rama de un árbol o la música de una cascada o el agua de un riachuelo o las olas que mueren en la playa o un aguacero que retumba en los techos de nuestras casas. La música es el comienzo y el fin. Es la respiración que acompaña al nacimiento y al último aliento, antes de bajar la cabeza por última vez. 

Y entre ese comienzo y ese fin está el hilo que los une tejido por Cloto; mientras que su hermana Láquesis imagina el destino antes que Átropo intervenga cortando ese frágil y, a la vez, poderoso hilo.  

Es gracias a Cloto, la hilandera, que estamos aquí reunidos. Ella fue copartícipe de la creación del hilo que es el Festival Internacional de Poesía de Medellín; mientras que Láquesis permitió la cohesión del tejido social en estos treinta seis años en torno a la paz. No en vano, el Festival Internacional de Poesía de Medellín fue galardonado con el Premio de la Paz Alternativo hace ya veinte años, en 2006, el cual fue otorgado en Suecia al poeta Fernando Rendón; director y tejedor de este maravilloso y mágico encuentro que hoy nos acoge en su seno y que nos invita durante una semana al Olimpo de las Musas (hablo metafóricamente). Esa es la función de la poesía. Acogernos y sentarnos en la mesa presidida por Diotima. Un banquete de sentidos que quedará para siempre en nuestro sistema límbico y cuyo recuerdo hará que cada vez que leamos -o escuchemos- un verso, tengamos la sensación de estar en el pairidaēza (paraíso); así ese paraíso sea a la vez sinónimo de caída.

Por último, quisiera agradecer al Festival Internacional de Poesía de Medellín, a su director Fernando Rendón y al resto del equipo de trabajo, por convocarnos en torno a la palabra y por permitirnos tejer las palabras y tocar la cítara al lado de Cloto y de Orfeo. Este encuentro nos permite salir del inframundo por algunas horas; y eso no siempre le es dable a esta especie que sería la única en ser consciente de la fugacidad de la existencia.

*Nota: Esta breve reflexión sobre la función de la poesía en nuestro tiempo fue escrita para el 36º Festival Internacional de Poesía de Medellín (Colombia), uno de los más importantes del mundo, a celebrarse del 4 al 11 de julio de 2026. Dicha reflexión nos fue pedida a los invitados de este año.