LA BELLEZA DEL MARIDO. UN ENSAYO NARRATIVO EN 29 TANGOS, DE ANNE CARSON
Edición y traducción de Andreu Jaume.
219 páginas. Lumen / 2ª reimpresión octubre 2026
Acabo de leer un poemario-ensayo revelador. Nunca había leído algo así. Rompe con todos los postulados que el canon poético pregona e impone. Es un libro que dialoga todo el tiempo con John Keats y al mismo tiempo Anne Carson, la autora de La belleza del marido, un ensayo narrativo en 29 tangos, se toma todas las licencias posibles. Y aunque ella no lo enuncia yo diría que también es una nouvelle, un drama y por qué no una obra de teatro o un monólogo que a veces puede convertirse en un diálogo con Ray, el amigo del marido; este último no tiene nombre; sólo lo conocemos como “el marido”.
Esta obra experimental también es una oda a Grecia, a su historia, a sus dioses, a su pasado glorioso que aún pervive en nosotros. Gracias al mito la esposa engañada logra entender su vida y seguir adelante después de un divorcio cuya sentencia le llega por correo.
La belleza del marido. Un ensayo narrativo en 29 tangos, es un poemario que tiene la fuerza de un ciclón y que hiere como la más fina de las dagas. Es un poemario muy doloroso, hermosamente doloroso. Pienso que a través de él se hace un viaje en busca de la belleza; se parte de la belleza física del “marido” para seguir en pos de la belleza helénica y de la belleza oculta en cada tragedia humana. No hay lugar para la compasión; ni siquiera para el olvido. El amor, el deseo y el dolor se apuñalan los unos a los otros; aunque evitando su desaparición. Puesto que esta obra inclasificable se regodea, precisamente, en el drama, en la renuncia al goce y por ende a la búsqueda de la felicidad conyugal. Tal vez porque la “esposa” es consciente que la “felicidad” es una utopía y que la mentira, la trampa, el engaño, el abandono, forman parte vital de la vida en pareja.
Por eso leemos:
Seguir siendo humano supone romper un límite (pág. 33)
Y más adelante:
¿Qué une realmente a las palabras con las cosas?
No mucho, decidió mi marido
y procedió a usar el lenguaje
del modo en que según Homero suelen los dioses.
Los dioses conocen todas las palabras humanas pero tienen
para ellos significados diferentes
paralelos a los nuestros.
Le dan al interruptor cuando quieren. (Pág. 57)
Y luego:
Solías decir. “El deseo duplicado es amor y el amor duplicado es locura”
La locura duplicada es matrimonio
añadí
cuando el sarcasmo se enfrió, sin intención de establecer
una regla de oro. (Pág. 65)
Y casi al final:
Los filósofos dicen que el hombre se hace a sí mismo en el diálogo. (Pág. 175)
Ese diálogo es al que hacía alusión al principio. Aunque también puede ser un monólogo, una diatriba, un memorando de quejas, una herida abierta a la que se le impide cerrarse, porque siempre se tiene la punta de un cuchillo que hurga en ella. Este poemario singular no pretende ser un salvavidas; ni siquiera da la posibilidad de abrir una ventana de eso que los seres humanos denominan “esperanza”. Yo diría que hurgar en el dolor e impedir la cicatrización son las sendas por las que camina la “esposa” sin que desee encontrar una intersección que le permita escapar a sus propios demonios. Ella entiende que el drama en la que la sumió un matrimonio devastador es la razón de su propia existencia.
¡Una lectura altamente recomendada!




