martes, 6 de noviembre de 2012

JULIE OTSUKA - PREMIO FÉMINA EXTRANJERO 2012

Hace 11 días el nombre de Julie Otsuka no me decía nada, nunca la había oído nombrar. Vi su libro Algunas no habían visto nunca el mar en la vitrina de una librería e inmediatamente entré a echarle una mirada a la contracarátula, ya que no solo me interesa leer lo que la gente llama, erróneamente, “literatura de género” sino que además la literatura japonesa, o la de sus descendientes, como es el caso de Otsuka, me atrae poderosamente la atención. Comencé a leerlo con un gran deleite, a pequeños sorbos, como quien toma el elixir de los dioses y no quiere que el placer termine, e incluso lo dejé a un lado cinco días ya que me fui de viaje, ayer lo retomé y lo terminé cuatro horas antes de saber que el libro en cuestión había ganado el Premio Fémina Extranjero 2012. Es de anotar que el Premio Fémina lo ganó Patrick Deville, con su libro Peste&Cólera. Julie Otsuka (USA-1962), nació en California, su padre es japonés y su madre es estadounidense y descendiente directa de japoneses, así que siempre se impregnó de la cultura, de la tradición y de la lengua nipona. Y aunque su formación es artística finalmente la abandonó para dedicarse por entero a la literatura, su primer libro, Cuando el emperador era un dios (2002), fue aclamado por la crítica, desde entonces no publicaba nada. Algunas no habían visto nunca el mar, fue inmediatamente catalogado por la crítica de su país como una obra de arte y obtuvo el Premio PEN/Faulkner Award for fiction. La narradora es una voz colectiva, a la manera de los coros antiguos, que cuenta las vicisitudes del exilio de cientos de mujeres japonesas que emigran a comienzos del siglo XX a California en busca de una mejor vida; pero sobre todo detrás de un matrimonio arreglado con anterioridad. Van tras las huellas de hombres que nunca han visto y que les han enviado fotos, en muchos de los casos que no les pertenecen, o que han sido tomadas años antes cuando aún eran jóvenes y hermosos, hombres que les han enviado cartas en las que les pintan un mundo fantástico, donde el dinero y las casas, llenas de luz, son los protagonistas, para encontrarse finalmente con que el sueño de hadas a la occidental nunca existió, y que han sido traídas no sólo para que ellos tengan con quien acostarse en las noches y poder reproducirse, sino para ponerlas a trabajar como mulas de carga. No en vano Otsuka dice: “Una jovencita debe fundirse en la decoración: debe quedarse allí sin que nadie se dé cuenta de su presencia. Nosotras sabíamos comportarnos como se debe en un sepelio, escribir poemas cortos y melancólicos sobre la llegada del otoño que tuvieran exactamente 17 sílabas”. Algunas de ellas sólo habían recibido como instrucción para la nueva vida una sentencia que habría de marcarlas toda la vida: “Ya verás: las mujeres son débiles, pero las madres son fuertes”. Y en cuanto a la primera noche: “Nos cogieron sorpresivamente, algunas de nosotras no habíamos sido informadas por nuestra madre de los que nos esperaba. Yo tenía trece años y nunca había mirado a un hombre a los ojos”. Es el libro del encuentro de dos culturas, la dominante y la invisible: “No nos querían como vecinos, no nos querían en sus valles, ni como amigos. Nosotros vivíamos en cabañas horribles y ni siquiera hablábamos el inglés básico”. Algunas no habían visto nunca el mar, es el libro del exilio, de la sumisión absoluta y ancestral, es el libro del miedo del presente y de la angustia por el futuro, es el libro de la evocación frente a un mundo nuevo en el que no encuentran ningún punto de referencia a la isla perdida para siempre. Sin embargo, el pasado siempre nos atrapa, nos encarcela detrás de barrotes de olvido y bruma, ya que las trompetas de guerra suenan en los oídos de cada una de ellas, de sus maridos e hijos, y se los llevan al lugar de donde no se regresa nunca. Este libro me hizo pensar una y otra vez en esa pequeña joya del cine colombiano, tal vez la única, así algunos digan que esta película pudo haber sido mejor, que le faltó sensibilidad, dramatismo, que la fotografía le roba protagonismo a los actores que son demasiado estáticos, me refiero a Sueño en el Paraíso (2007) de Carlos Palau; cinta que me hizo pensar en Akira Kurosawa, no en vano Palau vivió varios años en Japón y es un gran admirador de la cultura nipona.

lunes, 5 de noviembre de 2012

LA RUTA DEL ESPEJO ---- Por Olga Lucía Betancourt S

Hablar de Sherezada hoy, cuando lo oídos parecen sordos y las almas adormecidas, cuando la buena literatura parece archivada para siempre en las bellas colecciones de viejas editoriales, y reposa en altas bibliotecas ilustres, es como un desafío a la superficialidad del siglo XXI. Un siglo robótico de ojos cuadrados y almas empastadas en las tabletas informáticas, que pretenden ofrecer libros resumidos para «lectura rápida» y justificar el tiempo perdido en los mil y un pasatiempos banales que ofrece internet. Por eso el refrescante y poético libro de Berta Lucía Estrada E, «La Ruta del Espejo», un recorrido lúcido por el mundo sin retorno de la memoria perdida, que va reconstruyendo minuciosamente el camino del olvido, nos invita a una pausa interiorizada y precisa sobre el tema de la memoria, sabiamente retomado a través de los mitos griegos, sus personajes y sus hermosas metáforas, las cuales siempre serán una clave obligada para entrar al laberíntico mundo de las emociones y los sentimientos humanos. El libro se construye con la música de las palabras y de las imágenes, donde el ritmo poético enfatiza la tragedia de la memoria perdida -«Mi memoria es una linterna de sombras...»-, se cimenta en los personajes mitológicos cuya fuerza realza la tragedia del ser humano, enfrentado siempre a la vejez, al olvido y a la muerte. Realidades a las que nadie puede escapar y son el broche definitivo para cerrar el orgulloso ciclo del recorrido humano. Es un canto construído sobre imágenes femeninas...Terpsícore, musa de la danza, Mnemosine, diosa de la memoria, Leucosea, lectora de los escritos y los cantos, Ariadna, con su hilo luminoso, heroína de Teseo y víctima de la autosuficiencia del héroe, que la pierde por su banal impaciencia de conquistador, Selene, gracia de la noche, Tánatos, reina de la muerte, Narcisa, prisionera de sí misma, Geras, el decrépito símbolo de la vejez. Diosas y Musas que son una y todas las mujeres del mundo en su eterno movimiento de marea solitaria, errando en este libro y desentrañando la gesta de la memoria y de su olvido, en la soledad de la fuga de la juventud y en las olas caprichosas del Tiempo que la devora y nos toma por blanco de sus flechas de humo y arena. La segunda parte del libro, reanuda el lazo ancestral de la palabra con un canto a Sherezada, ninfa del insomnio, que encantó no sólo las noches del Califa Shariar, sino las nuestras, sobre las que atravesó la estrella errante de sus historias, en los maravillosos días del asombro. Y este homenje es el puente entre las eternas mujeres míticas y Sherezada, para contarnos su importancia en el destino de la tradición oral y en la fuente de la imaginación que no ha dejado de verterse a través de los siglos, para sostener el insomnio de los poetas y de los solitarios que han sabido proteger su corazón en el Asombro. Sherezada..., Como lo dice Berta Lucía, «Guerrera del verbo», «compiladora de papiros invisibles», «escribana del aire», seguirá encantando las noches y ofreciéndonos «...su imaginación» como un «banquete para la eternidad» Luxemburgo, Octubre 2012