martes, 11 de abril de 2017

LA VÍSPERA DE CASI TODO, de Víctor del Árbol

LA VÍSPERA DE CASI TODO, de Víctor del Árbol, Premio Nadal 2016 (Editorial Planeta 2017), 411 páginas. Víctor del Árbol ha recibido los siguientes premios: Premio Tiflos, 2006 Finalista del Premio Fernando Lara, 2008 Premio Polar Europeo de novela negra, 2012 Premio Query Noir, 2013 Premio Tormo Negro de novela policiaca, 2013. Gran premio de literatura policial extranjera en Francia, 2015. Premio Nadal, 2016. Y a pesar de todas estas preseas literarias nunca había leído uno de sus libros; La víspera de casi todo es la primera obra que leo de este autor. Debo decir que es una novela bien estructurada, con un lenguaje muy poético, sobre todo en las primeras doscientos páginas. En esta obra se narran varias historias en tiempos y lugares diferentes que terminan entroncándose la una con la otra. Todos, y cada uno de los personajes, vivos o muertos, tienen su propio infierno; saben que no hay escapatoria posible y que están irremediablemente condenados a la peor de las torturas. Saben que deben expiar sus culpas, o las culpas de sus padres, por el resto de sus vidas. Son conscientes que no hay redención posible; conocen el infierno, habitan en él y saben que el purgatorio es sólo una quimera y que el hogar a veces puede ser un abismo en el que se cae sin fin. Los personajes de La víspera de casi todo también son conscientes que son unos perdedores y que ganar es sólo una utopía. Están atrapados en la tela de una araña de la cual es imposible salir. Viven en una trampa mortal, por algo habitan en el fin del mundo; allí donde el horizonte es solo una quimera. Debo decir que si bien leí la primera mitad del libro con mucho entusiasmo desde el punto de vista literario y con bastante desazón desde el punto de vista psicológico, esas impresiones y sentimientos fueron cayendo, desmoronándose, difuminándose. Al final sentía que leía sólo una novela del montón; poco a poco iba adivinando lo que iba a ser narrado a posteriori; así que la tensión cada vez era menor y el suspenso parecía diluirse dando paso a imágenes que me detallaban lo que el autor quería ocultar hasta el final. No la considero una obra extraordinaria, aunque vale la pena leerla.

martes, 7 de marzo de 2017

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Nota: El 8 de marzo se considera el Día Internacional de la Mujer, no es una celebración propiamente dicha sino la conmemoración de un terrible suceso en contra de varias mujeres; ya otras veces he hablado al respecto y seguramente muchas personas lo harán en el día de hoy; así que decidí que mejor recordar a Juana Inés de Asbaje, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz. Este artículo es uno de los capítulos de mi libro ¡Cuidado! Escritoras a la vista…, y forma parte del acervo bibliográfico de la Biblioteca Virtual de la Universidad Nacional de Colombia; si les interesa leerlo pueden hacer click en el siguiente vínculo: ------------------------------------------------------------------------------------------------ En el siglo XVII surge una eminente figura, su nombre es Sor Juana Inés de la Cruz *(1651-1695), una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. Su obra ha sido estudiada por Pedro Salinas, Octavio Paz y Pedro Henríquez Ureña, para no nombrar sino tres de los grandes intelectuales que han analizado su portentoso legado. Su verdadero nombre era Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, hija ilegítima del militar español Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca y de la criolla Isabel Ramírez de Santillana. Sor Juana es una mujer completamente diferente de sus predecesoras, yo diría que si hubiese que compararla a alguna de ellas sería con Eloísa; no obstante las separan cinco siglos. Sor Juana nace en 1651 y muere en 1695, en territorio del Nuevo Mundo. Eloísa había nacido en Francia en la Alta Edad Media, en el paso de las iglesias románicas a las góticas, mientras que Sor Juana lo hacía en México, en tiempos de la colonia española y en pleno apogeo del Barroco. Sin embargo, tienen en común el profesar un culto inmenso al conocimiento, al estudio de las lenguas y a la creación literaria. Sor Juana hablaba latín, náhuatl y por supuesto español. Fue autodidacta, y su formación la debe a la gran biblioteca que tenía su abuelo materno. Fue poeta y dramaturga, y tenía una gran pasión por la ciencia. Al no experimentar ningún deseo de casarse, ni poder hacerlo con alguien de su condición soical al ser hija ilegítima, un pecado enorme para la sociedad de su epóca, decide seguir el único camino que le quedaba a una joven soltera de su siglo: la vida religiosa. Al respecto dice: “entréme de religiosa porque para la total negación que tenía para el matrimonio, era lo más decente que podía elegir en materia de salvación”. Más tarde explicará su opción de vida: «Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros». Al igual que Eloísa, leyó los clásicos griegos y latinos, y por supuesto realizó estudios de teología. Conocía a la perfección a Góngora, a Quevedo, a Gracián y a todos los poetas del Siglo de Oro español. Pero también hay que ver en su lírica la influencia de la filosofía neoplatónica, del lenguaje cortesano y de Petrarca. Su primer ingreso monacal lo hace en la orden de las Carmelitas Descalzas, pero su salud no soportó su ascetismo extremo por lo que pronto cayó enferma, debiendo abandonar dicha comunidad. Una vez recuperada ingresó a la orden de las Jerónimas, a la que perteneció por el resto de su vida. Al igual que Eloísa sufrió una persecución acérrima por parte de uno de los representantes de la Iglesia. En su caso, la persecución fue realizada por su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, quien llegó incluso a prohibirle que escribiese, ya que consideraba que no era un oficio apto para la mujer. Por otra parte, desaprobaba la enorme acogida que Sor Juana tenía dentro de la sociedad de su tiempo al ser reconocida como una verdadera intelectual. La postura del religioso fue rechazada por la Virreina Marquesa de la Laguna, quien fue una de las más fervientes seguidoras de Sor Juana. Incluso se ha especulado mucho sobre la verdadera relación que habría habido entre las dos. Algunos de los versos de las endechas reales de Sor Juana dicen así: “Divina Lysi mía Perdona si me atrevo a llamarte así, cuando Aun de ser tuya el nombre no merezco … Así, cuando yo mía Te llamo, no pretendo que juzguen que eres mía, Sino sólo que yo ser tuya quiero”. Ahora bien, ¿Cómo explicar un tono tan mundano y una relación tan cercana entre una mujer de alta alcurnia y una religiosa? Para ello habría que tener en cuenta que la vida monacal del siglo XVII difería mucho de lo que había sido en los siglos inmediatamente anteriores. El monasterio de las Jerónimas, al no ser de clausura, gozaba de una gran libertad en cuanto a la vida de las monjas se refiere. La tradición monacal española era bastante diferente a la de los otros países europeos; así que la vida en un convento podía equipararse muchas veces a la vida de la corte. La gente entraba y salía; las monjas recibían visitas constantemente, y muchas de ellas estaban lejos de seguir una vida de retiro espiritual como hoy en día lo concebimos. Teniendo en cuenta este precepto es fácil entender que las mujeres de alcurnia, o procedentes de familias adineradas, aunque vivieran dentro del claustro, su vida poco difería de las costumbres que habían llevado antes de tomar los hábitos. Un monasterio, como el de las Jerónimas, estaba francamente jerarquizado. Por un lado estaban las monjas que venían de “noble cuna” y por el otro las monjas que carecían de apellidos nobles o burgueses y que por lo tanto no aportaban dote en el momento de tomar los hábitos. Estas monjas debían entonces pagar su estadía en el convento con el trabajo manual. Es decir, los oficios que tenían que ver con la cocina, el aseo, la costura, entre otros. Una prueba fehaciente de la vida monacal a la que hago referencia es el monasterio de Santa Catalina de Siena en Arequipa, Perú. Este monasterio en realidad fue construido como una inmensa ciudadela, con una superficie de 20.426 m2. Hoy en día se visita y el turista puede pasear por sus calles y conocer los apartamentos privados, algunos de los cuales aún conservan los muebles originales, su recorrido puede durar hasta un día entero. Y si bien su vida era de clausura, las religiosas, provenientes de las familias más adineradas de la ciudad, vivían rodeadas de doncellas y de seglares que estaban a su servicio. En el caso del convento de Sor Juana, la vida en comunidad, propiamente dicha, era incluso mínima, ya que las monjas adineradas contaban con apartamentos donde vivían con sus criadas, y allí recibían incluos a algunas personas; y ese era el caso de Sor Juana. Por otra parte no hay que olvidar que ella, como las otras religiosas de alcurnia, pagaban dotes para ser aceptadas en la comunidad. La vida de Sor Juana fue durante años bastante mundana y correspondía a la vida de la corte que se llevaba en México en el siglo XVII, cuyas costumbres estaban insertas en la tradición monacal española, a la que se hizo referencia recientemente. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz En 1650 el predicador Antonio Viera había lanzado en Lisboa un sermón, que luego se conocería como Sermón del Mandato. Cuatro décadas después, y en el retiro del convento, Sor Juana hizo un análisis crítico de dicha prédica, con tanta brillantez que se le solicitó escribiese los argumentos con los cuales refutaba el pensamiento de Viera. Su artículo llegó a manos del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien lo publicó con el nombre de Carta atenagórica y al mismo tiempo publicó una carta escrita por él mismo, pero firmada con el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz. En la cual hacía una crítica mordaz a la autora de la Carta Atenagórica y ponía en duda el que fuese una mujer la autora del artículo en cuestión. En otras palabras la Carta de Sor Filotea de la Cruz ponía en duda los postulados filosóficos de Sor Juana. Pero, sobre todo, pretendía imponerle los temas que debía abordar, lo cual es lógico imaginar que éstos debían ser sagrados y alejarse por completo de los temas profanos. Según estudiosos de la obra de Sor Juana, y de su siglo, el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz, si bien admiraba a Sor Juana, deseaba ante todo que ella siguiese sus consejos. Una prueba que corrobora la admiración que sentía por ella es una frase escrita en una misiva que le envió el 25 de noviembre de 1690: “quien leyere su apología de usted no podrá negar que cortó la pluma más delgada que ambos y que pudiera lograrse de verse impugnado de una mujer que es honra de su sexo”. Con esta afirmación el obispo reconoce la supremacía intelectual de Sor Juana. Pero más adelante le dice: “ciencia que no alumbra para salvarse, Dios, que todo lo sabe, lo califica por necedad… Lástima es que un tan grande entendimiento de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, que no desea penetrar lo que hay en el cielo; y ya que se humilla al suelo, que no baje más abajo, considerando lo que pasa en el Infierno. Y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas, aplique su entendimiento al Monte Calvario donde viendo finezas del Redentor e ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar excesos de un amor infinito y para formar apologías no sin lágrimas contra una ingratitud que llegue a los sumo. O que útilmente, otras veces, se engolfara de ese rico galeón de su ingenio de V. Md, en la alta mar de las perfecciones divinas”. ( Sor Juana Inés de la Cruz. Lírica. Introducción, comentarios y notas de Raquel Asún. Bruguera. 1ª edición. 1983. Pág. 24) Este párrafo es claro en cuanto a la opinión que tenía Manuel Fernández de Santa Cruz con respecto a la obra profana de Sor Juana; puesto que consideraba que ella debería dedicarse únicamente al ensalzamiento de Dios y al olvido de las cosas terrenales. Como era de esperarse Sor Juana publica Respuesta a Sor Filotea, en la cual hace una profunda e inteligente defensa de la mujer y de su actividad intelectual. En otras palabras, Sor Juana hace una reflexión de su condición de mujer, de intelectual, de religiosa y de su derecho al análisis y al libre ejercicio de su labor como escritora. Todo ello con un lenguaje modesto, que debe entenderse por ser una carta dirigida a un superior eclesiástico. No hay que olvidar que en la época de Sor Juana la Inquisición estaba en su máximo apogeo. La respuesta a Sor Filotea es no sólo una hermosa reflexión sobre su propia condición de mujer y de intelectual, sino que es una explicación que se da a sí misma de su propia opción de vida. Octavio Paz lo entendió más que cualquier otro al afirmar que su verdadera pasión no había sido la literatura sino la búsqueda permanente del conocimiento, de la sabiduría. Pienso que si Virginia Woolf hubiese conocido la obra de Sor Juana otra habría sido su visión en Una habitación propia; y lo digo ya que Sor Juana entendió muy bien la necesidad del silencio, de la soledad y de un espacio privado para el ejercicio intelectual. Pero dejemos que sea Sor Juana quien nos lo explique: “El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: Vos me coegistis (vosotros me obligasteis). Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) es que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación hacia las letras, que ni ajenas reprensiones –que he tenido muchas- ni propias reflejas –que he hecho no pocas- han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe porqué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento, dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos en una mujer; y aún hay quien diga que daña. Sabe también Su Majestad que no consiguiendo esto, he intentado sepultar con mi nombre mi entendimiento, y sacrificárselo sólo a quien me lo dio; y que no por otro motivo me entré en religión, no obstante que al desembarazo y quietud que pedía mi estudiosa intención y eran repugnantes, los ejercicios y compañía de una comunidad; y después, en ella sabe el Señor, y lo sabe en el mundo quien sólo lo debió saber, lo que intenté en orden a esconder mi nombre, y que no me lo permitió, diciendo que era tentación; y si sería.” (Idem, pág: 438) Y más adelante agrega: “… el leer públicamente en las cátedras y predicar en los púlpitos no lícito a las mujeres; pero que el estudiar, escribir y enseñar privadamente no sólo les es lícito, pero muy provechoso y útil; claro está que esto no se debe entender con todas, sino con aquellas a quienes hubiere Dios dotado de especial virtud y prudencia y que fueran muy provectas y eruditas y tuvieren el talento y requisitos necesarios para tan sagrado empleo. Y esto es tan justo que no sólo a las mujeres, que por ser tan ineptas están tenidas, sino a los hombres, que con sólo serlo piensan que son sabios, se había de prohibir la interpretación de las Sagradas Letras, en no siendo muy doctos y virtuosos y de ingenios dóciles y bien inclinados; porque de lo contrario creo yo que han salido tantos sectarios y que ha sido la raíz de tantas herejías; porque hay muchos que estudian para ignorar, especialmente los que son de ánimos arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la ley (que es quien las rehúsa); y así hasta que por decir lo que nadie ha dicho dicen una herejía, no están contentos”. (Idem., pág. 456-457) Con la Respuesta a Sor Filotea, Sor Juana surge como una gran pensadora de la condición femenina. Podría decirse, incluso, que es la primera feminista del Nuevo Mundo, heredera de muchas otras mujeres, como ella misma lo reconoce en la carta en cuestión: “Veo adorar por diosa de la ciencia a una mujer como Minerva, hija del primer Júpiter y maestra de toda la sabiduría de Atenas. Veo una Pola Argentaria, que ayudó a Lucano, su marido, a escribir la gran Batalla Farsálica. Veo a la hija del divino Tiresias más docta que su padre. Veo a una Cenobia, reina de los palmirenos, tan sabia como valerosa. A una Arete, hija de Aristipo, doctísima. A una Nicostrata, inventora de las letras latinas y eruditísima en las griegas. A una Aspasia Milesia que enseñó filosofía y retórica y fue maestra del filósofo Pericles. A una Hispasia, que enseñó astrología y leyó mucho tiempo en Alejandría. A una Leoncia, griega, que escribió contra el filosófo Teofrasto y le convenció.” Y la lista continúa. Pocas mujeres, aun hoy en día, son capaces de reconocer una tradición femenina tan rica; como pocas son capaces de enfrentarse al mundo masculino y a las reglas que lo rigen. La respuesta a Sor Filotea, es, en realidad, un curso de gran erudición sobre la condición femenina y sobre la sumisión ancestral que han querido imponernos nuestros homólogos masculinos. Por otra parte, es importante señalar que Sor Juana entiende muy bien el papel de la educación en la mujer y su consecuente influencia en la sociedad de su época. Es por ello que hace énfasis en la preparación de la mujer, de lo contrario sabe que la tarea de un cambio sería en vano. Sabe que a la mujer no hay que admirarla por el simple hecho de serlo, sino que hay que admirarla en la medida en que sus capacidades intelectuales así se lo permitan; tal y como sostuviera en su tiempo Hrotsvitha de Gandersheim. Sor Juana murió muy joven, víctima de una epidemia que azotó México. Sin embargo, a la hora de su muerte nos había dejado un legado inconmensurable, difícilmente emulable por cualquier otro intelectual. Respuesta a Sor filotea sigue siendo de gran actualidad, es una obra atemporal, que no puede circunscribirse tampoco a un espacio determinado. He ahí su verdadera universalidad. Sor Juana Inés de la Cruz gozó de un gran reconocimiento en vida, al punto que en España fue durante siglos la autora más publicada. Recibió los nombres de El fénix de América y La décima musa. Su pluma es excelsa, su inteligencia aguda y su sapiencia infinita. Pocas autoras, incluyendo sus homólogos masculinos, pueden preciarse de un purismo del lenguaje y de una estética literaria tan extraordinariamente bien lograda. Su herencia literaria se compone de varios géneros: lírica: endechas, villancicos, romances, glosas, sonetos; incursionó en la prosa y en la dramaturgia; y en cada género supo hacer gala de un estilo brillante, fiel reflejo de su profunda erudición y de su genio sin límites. Si Eloísa había iluminado el Viejo Mundo en el siglo XII, Sor Juana iluminó el Nuevo Mundo en el XVII. Una vez más, estas dos grandes mujeres se cruzaban en el camino, para mostrarnos cuán larga e importante es la tarea de la búsqueda del conocimiento y de la creación literaria. * Recomiendo la serie Juana Inés; pueden verla en Netflix.

martes, 21 de febrero de 2017

BOHEMIAN RHAPSODY, DE CARLOS PARDO VIÑA, UNA PARÁBOLA DE LA FRAGILIDAD HUMANA

A MODO DE INTRODUCCIÓN: Para ningún colombiano, al menos los que seguimos de cerca el mundo de la literatura y de la cultura, el nombre de los Pardo nos es ajeno, ya que inmediatamente pensamos en Jorge Eliécer Pardo y en Carlos Orlando Pardo; éste último además de escritor y gestor cultural es editor. Pijao Editores es un referente editorial en Colombia e incluso fuera de ella, sin olvidar Caza de Libros de Pablo Pardo. Pues bien, Carlos Pardo Viña, ha seguido la senda de la literatura, y ya cuenta con dos libros Como si fuera viernes y Bohemian Rhapsody; eso sin contar los innumerables artículos sobre historia y cultura que han sido publicados en diversos medios de comunicación; así que su nombre y su trayectoria profesional ya son reconocidos en diferentes ámbitos del país. Con ésto no quiero decir que la profesión de escritor se herede o se lleve en la sangre, como erróneamente piensa mucha gente. El oficio de escritor se aprende leyendo, leyendo mucho, y el ser hijo de un escritor no garantiza la pasión por la lectura; lo que si ayuda es el ambiente, puesto que al crecer rodeado de escritores, pintores, gestores culturales, poetas, y al crecer con una importante biblioteca en su casa las puertas al conocimiento son mucho más asequibles que para el común de la gente; y eso de por sí ya es un privilegio; sobre todo en un país como Colombia donde las bibliotecas familiares son bastante escasas, y las públicas durante decenios se dedicaron más a la compra de textos escolares o libros de autoayuda antes que comprar buena literatura. Bohemian Rhapsody (Pijao Editores y Caza de Libros - 2015), precisamente está dedicado a Jorge Eliécer y Carlos Orlando Pardo, a quienes llama “mis maestros”, así como a Benhur y Héctor Sánchez y Hugo Ruiz, todos escritores con raigambre tolimense. El beber de la fuente misma de la creación, o compartir conversaciones eternas sobre la literatura, su magia y su condena, o escuchar durante noches enteras las narraciones de ese período oscuro de la historia de Colombia conocido como la época de La Violencia, así como poder apreciar pinturas originales en la sala de su casa, son factores que dejan una huella indeleble en las personas que han tenido el privilegio de creer que éso forma parte natural de la vida; así que si además se convierte en un lector voraz, es muy fácil pasar al acto de escribir; esa catarsis interior que nos pone en frente de nuestros propios fantasmas y que saca a flote nuestras más oscuras pesadillas. Y esa parece ser la senda de Carlos Pardo Viña, al menos es lo que se desprende de la nouvelle a la que hago mención, Bohemian Rhapsody; una obra que me dejó una agradable sensación de sorpresa. Esa sensación la busco cada vez que abordo un nuevo autor sin que necesariamente me invada ese sentimiento de haber encontrado una nueva voz, o al menos que la obra que ha llegado a mis manos valga la pena de ser leída y estudiada. Y en caso de Bohemian Rhapsody la leí dos veces, sin intervalos de semanas, ni siquiera de días; puesto que quise entrar en su esencia para poder hablar después sobre las impresiones que me produjo a medida que desentrañaba el ambiente gris y de no futuro que atraviesa cada una de sus páginas. Ese ambiente de la derrota absoluta, del sentimiento de pérdida que sacude a sus dos personajes, Nicolás y Santiago. El primero un periodista que solo desea ser escritor, y el segundo un profesor y escritor, ambos “atrapados en los escombros de sus propias miserias”. Nicolás y Santiago son, en cierta forma, el retrato de todos y cada uno de nosotros; son la metáfora de la fragilidad de la condición humana, la parábola del fracaso y de la aceptación del naufragio que son sus existencias. Son la metáfora que nos hace ver que somos ciegos sempiternos que vamos dando tumbos por la vida, y que a cada caída es más difícil volver a levantarse; como si en cada una de ellas los bolsillos de nuestros impermeables se llenarán con piedras que no tiramos nunca, por lo que inevitablemente llega el momento en que el peso impide levantarnos. Bohemian Rhapsody, araña, escarba en el delirio. Su narración es una forma de suicidio, al menos en el sentido que le daban los poetas Simbolistas; puesto que es un viaje interior en el que tanto los personajes principales como los lectores de la obra nos enfrentamos a nuestros propios fantasmas, monstruos cancerberos, que nos conducen ineluctablemente por la senda del desarraigo, del exilio interior, haciendo de nosotros mismos seres inseguros, grises, en cierta forma pasmados, sombras de nosotros mismos. Nicolás y Santiago son seres que vagan en busca de una quimera que nunca se hace realidad. Son viejos decrépitos antes de llegar a los cuarenta años y saben que no hay una puerta de escape, que están atrapados en el ojo del huracán y que allí van a perecer. ANOTACIONES SOBRE EL TÍTULO DE LA OBRA: BOHEMIAN RHAPSODY Antes de hablar de la obra de Pardo Viña habría que decir que su título, Bohemian Rhapsody, es, a su vez, el nombre de una famosa composición musical de Queen (1975), he aquí apartes de su letra que el autor nos trae a colación en su libro : Demasiado tarde, mi hora/ ha llegado/ manda escalofríos por mi espalda/ el cuerpo duele todo el tiempo/ Adiós a todos, tengo que irme/ debo dejarlos a todos atrás y afrontar la verdad/ Mañana/ no quiero morir, /aunque algunas veces desearía no haber nacido nunca. (Idem, pág. 118) Esta canción es la clave con la que Pardo Viña abre y cierra el libro ; no en vano su primer capítulo se titula ¿ Siempre suena Queen?. Y el narrador omnisciente le dice a Santiago : No recuerdas por qué te condenaste al exilio ni por qué te resignaste a saber del mundo y sus miserias únicamente a través de tu ordenador, de tu red, de tu tristeza. (Idem. Pág. 10). De esta forma el lector se enfrenta al logos, al ethos y al pathos de la obra ; puesto que conoce inmediatamente el discurso que va a leer y al personaje con el que va a vivir algunas horas. Sabe que Santiago es un hombre atormentado y que no desea salir de ese marasmo en el que se ha hundido. Intuye que su vida bohemia es sólo aparente, que hasta en eso ha fracasado, y que es un ser marginal; intuye que la redención no le interesa, ya que se sabe condenado de antemano y que nada de lo que haga, diga o escriba, podrá ser su tabla de salvación en los mares ignotos en los que ha naufragado su nao. Y ésto es válido también para el otro personaje, Nicolás, su alter ego. Pardo Viña al mismo tiempo que le rinde un homenaje a Queen, y a su canción Bohemian Rhapsody, también le hace un homenaje a Truman Capote y a su novela A sangre fría. Bohemian Rhapsody debe ser vista como un homenaje a la música y a la literatura; puesto que Pardo Viña entabla un diálogo permanente con ellas a través de Santiago y Nicolás ; sus dos personajes marginales y atormentados. PARÁBOLA DE LA FRAGILIDAD DE LA CONDICIÓN HUMANA: Para comprender bien esta premisa de la fragilidad de la condición humana, eje de la nouvelle de Pardo Viña, habría que resaltar la palabra clave, la misma que está presente a todo lo largo de la narración: el suicidio. Es importante tener en cuenta que el suicidio, al menos en la obra que nos ocupa, es visto como una escapatoria a la vida gris, a los sueños rotos y nunca alcanzados de sus dos personajes; así el suicidio no lo lleven hasta sus últimas consecuencias, contentándose con acariciarlo en las noches sin fin. No obstante, ¿qué peor suicidio que sumirse en una sombra de ellos mismos y abandonar las ilusiones, los sueños de la adolescencia? El suicidio, en términos generales, también puede ser visto como la única forma de redención posible, como la única forma de salvación, no eterna – con esto no me refiero a la connotación religiosa que puede tener para las tres religiones monoteístas- léase salvarnos de nosotros mismos. Salvarnos del fiasco que significa la existencia misma y las penurias que ésta conlleva; no sólo por los apuros económicos y los empleos precarios; sino, ante todo, salvarnos de la miseria humana, de la condición de seres mortales, alejados de los dioses y de los mitos fundacionales que pregonan la vida eterna. No hay peor sentencia que el sabernos derrotados de antemano, así como conocer nuestras propias limitaciones, ya que somos conscientes que nada de lo que hagamos podrá cambiar el sino maldito que nos condena al hades. Y cuando hablo de hades me refiero a la connotación que le daban los griegos, más exactamente a su idea de lo que ellos más temían: el Tártaro -el antecedente del infierno judeocristiano-; o sea, un lugar de tortura, de sufrimiento eterno, una mazmorra, una especie de oubliette; ese hueco oscuro, maloliente y húmedo donde los señores de los castillos medievales, e incluso posteriores a dicha época, olvidaban a los prisioneros hasta que morían de sed, y por supuesto morían rodeados de sus propios excrementos, de ratas, de murciélagos y de toda suerte de alimañas. El hades también puede ser visto en el sentido que le dan los judíos; en hebreo lo designan con el nombre de scheol, lo que traduce tumba o pozo de suciedad. Podría decirse que si Charles Baudelaire, Édouard Manet y Paul Gauguin se enfrentaron a la sífilis, y al horror de su propia hecatombe, el hombre contemporáneo se enfrenta al vacío, a la nada, léase néant, un poco como lo concebía Pascal. La diferencia radica, a mi modo de ver, en que para Pardo Viña el hombre no es un coloso sino un ser ínfimo; pienso más bien en Lin Yutang, que el hombre es una hoja sacudida por la tormenta; en otras palabras que no hay salida posible porque ese vacío lo ha tragado, succionado, aspirado, sin que el hombre mismo sea consciente, al menos la gran mayoría de las veces, de su propia desgracia. El hombre contemporáneo se sabe aniquilado de antemano, y sabe que los dioses de otrora no le darán la mano; más bien lo condenarán a deambular con los pies desnudos en un camino lleno de guijarros y de espinas, un camino lleno de baches y de huecos profundos. Y cuando los personajes de Pardo Viña hurgan, cuando escarban, sólo ven delante de sí mismos sus propios delirios, no pueden, o no quieren, comunicarse con los demás. En los túneles de su errancia maldita no hay ventanas por las que puedan vislumbrar a otro ser desamparado como ellos dos. Y cuando logran penetrar en un túnel con ventanas, como Juan Pablo Castel, el personaje de El Túnel de Ernesto Sábato, es para ver sus alter ego, así crean que es el amigo de adolescencia que está al otro lado del vidrio. UNA NOUVELLE DE PRECISIÓN: Bohemian Rhapsody es una nouvelle de precisión, como un reloj suizo, casi matemática, no es alambicada, no necesita de subterfugios, va directo al grano. En cierta forma me recuerda a esa joya literaria de Albert Camus, El extranjero. Tanto Nicolás como Santiago, sus protagonistas, son en cierta forma los alter ego de Meursault y de Castel; seres mustios, sin mayores ambiciones, derrotados por la vida, errantes perpetuos, exiliados en sí mismos y habitados por una soledad proverbial. También se identifican con Castel y con Meursault por la precariedad económica que afrontan cada día y ante todo por la precariedad de sus propias existencias. Al contrario de Castel y de Meursault, ni Nicolás ni Santiago son asesinos. Ellos saben que el asesino postmoderno es el suicida, el que se corta las venas o se defenestra como un acto de justicia consigo mismo, como un acto de rechazo a la hostilidad de una sociedad para la que no se cuenta; saben, al igual que los otros dos personajes, que son extranjeros y que no caben en ninguna parte: “A veces cierras los ojos y te llenas de rabia, atrapado entre los escombros de tus propias miserias. Sientes el dolor por todo tu cuerpo pero no es el dolor el que te asusta: es la muerte. No quieres morir. No vas a hospitales ni a velorios y le huyes incluso a quienes visten de negro sin importar la ocasión” (Bohemian Rapsody, de Carlos Pardo Viña, op. cit., pág. 35) Nicolás está convencido que odia a la muerte, no quiere morir, detesta los funerales; sin embargo, cada día se suicida un poco con el trabajo de la página de judiciales del periódico para el que trabaja y al que detesta porque le impide escribir. Se apega como puede a los recuerdos de su infancia, a la figura totémica de la abuela, único lugar de paz y del patio de los naranjos; reviviendo así los ataques de asma, en realidad pequeñas muertes, y sumiéndose en el olvido momentáneo que le produce un cacho de marihuana. Odia a su mujer y a su hija, le estorban; en realidad es él quien se estorba a sí mismo. Lo mismo le pasa a Santiago, no quiere morir, no quiere ni siquiera escuchar hablar de la muerte. Sin embargo, su encierro voluntario es sinónimo de muerte y su apartamento es su tumba. … el cuarto pequeño que convirtió en su propia celda. (Idem, pág. 109) La celda puede entonces ser vista como un panteón. El mismo se viste con una mortaja, con un sudario, así no sea del todo consciente de ello. Su deseo de apartarse de los otros es como si hubiese atravesado el río Estigia y como si él mismo fuese Caronte, el barquero que nos espera para la última travesía. “Hoy tú mismo eres un grito, silencioso y blanco como la pantalla de tu portátil” (ídem, pág 43). “Sabes que no hay futuro en una ciudad pequeña para un hacedor de frases que escribe para revistas culturales que por aquí nadie lee, que en la capital te olvidaron, que llegó gente más joven que tú y más preparada y más talentosa que tú”. (Idem, pág.46). “Hoy no hay camino, ni pasos. Se te acabaron las palabras y no sabes cómo más llenar tu vida… Te ganó la carrera la nostalgia, que como decía Cabrera Infante, es la puta de los recuerdos, la rabia escondida, el dolor que jamás calla”. (Idem, pág. 56) Nicolás desea escribir la novela de su vida, pero sabe que no es Truman Capote y que no hay escapatoria posible: “No puede coger una maleta de cartón y viajar a Holcomb, Kansas, no puede averiguar la vida del cuerpo, solo tiene que escribir y correr y cerrar, porque la hora del cierre es ya, mijo, suelte la nota que tengo que corregirla, le va a gritar, y él no tiene nada, solo un cuerpo, un cuerpo cubierto por una sábana blanca que está a punto de retirar del rostro, un cuarto lleno de sangre, una pecera sin pez, el olor a sangre, el olor, el olor, el olor. El puto olor a muerte”. (Idem, pág, 59). Tanto Nicolás como Santiago o Meursault o Juan Pablo Castel o Jonathan Noel, el protagonista de La Paloma, de Patrick Süskind, son seres atormentados; y aunque viven rodeados de tumultos, de un maremágnum de gente, son seres recluídos en sí mismos, eternos misántropos que no logran conectar con la sociedad de su tiempo porque son conscientes de la inutilidad del gesto, saben de antemano que la batalla está perdida y que los apartamentos donde habitan son en realidad grutas donde no llega la luz del sol. Son eternos ermitaños y sus habitaciones son ermitas, como las grutas inhóspitas que los albergaban. Se contemplan a sí mismos, lo que los hace incapables de conectar con la realidad o al menos de tratar de aceptarla para poder asimilar un poco más sus normas sociales; a lo mejor porque saben hasta la saciedad que dichas conductas no se rigen por el altruismo. Lo que me lleva a pensar en Winston Smith, el personaje de 1984 de Georges Orwell, puesto que si hay algo que lo caracteriza es la marginalidad, la falta de confianza en sí mismo, el miedo, la soledad atávica que lo habita; y aunque anhela creer en un futuro mejor en el fondo de sí mismo sabe que éso es imposible. Visto de esta forma Santiago es una especie de alter ego de Smith, puesto que el Gran Hermano es la red que controla nuestras vidas; y Santiago, en cierta forma, reemplaza la realidad que no desea ni quiere afrontar por los algoritmos de su computadora : … sigues navegando por la red. Buscas el poema de T.S. Elliot, Los hombres huecos, que el gringo inglés, sacó de una combinación de La tierra hueca de William Morris y de El hombre destrozado de Kippling. Abres Google y escribes Elliot, hombres huecos. Clic en el primer link. (Idem, pág. 53) No es una simple coincidencia que Santiago haya pensado en Los hombres huecos o en La tierra hueca o en El hombre destrozado, esas tres obras son el reflejo oscuro y dramático de su propia existencia. Su encierro ¿voluntario ? no le impide ser consciente de la miseria de la condición humana, ese sino trágico, a la que él, ni nadie, puede escapar. Lo que me lleva a pensar en Mario Conde, el personaje de la serie negra de Leonardo Padura. Conde podría ser también una especie de Smith ya que se sabe vigilado, sabe que la libertad no existe y que todos sus movimientos son registrados; sabe que cada paso que da en La Habana será debidamente anotado en un cuaderno que lo conoce mejor que lo que él se conoce a sí mismo. Al menos es lo que se vislumbra en Máscaras : Máscaras, nos deja ver poco a poco la verdadera esencia de sus personajes, aunque cada uno de ellos quiera ocultar sus propios demonios, pero sobre todo ocultarlos a los demás. Los demás son los esbirros del régimen que están en todas partes, y en ninguna, pareciera que son invisibles, pero están ahí, lo ven todo, lo escuchan todo, lo saben todo. Por lo que cada personaje vive con el miedo de no saber cuándo va a ser llamado para un interrogatorio, cuando va a perder la vida que ha llevado hasta ese momento; algunas, muy pocas en verdad, de privilegio, y otras, en realidad la mayoría, la vida por la lucha infructuosa por sobrevivir en un ambiente donde la felicidad pareciera proscrita. (Berta Lucía Estrada, Leonardo Padura, Blog El Hilo de Ariadna, diario elespectador.com http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/leonardo-padura) Y si hablo de Mario Conde es porque Santiago sabe que él no es él sino son muchos hombres : Sabes que al otro día ese hombre no estará. Tendrás la garganta seca y un incipiente dolor de cabeza. Quisieras no haberlo llevado al bar para no tener que dejar de contestar las llamadas insistentes que te hacen al celular que porque hay desenguayabe, que la niña bonita quiere verte, que por qué te fuiste sin despedirte, que qué hay para hacer hoy. No quieres más fiesta y ruegas para que tu otro tarde en volver, que no se aparezca con su voz impostada y su cara de seductor de película de los años cuarenta. … Tú eres muchos hombres. (Bohemian Rapsody, op. cit, pág. 63) Santiago podría ser visto también como el alter ego de Conde, como su extensión, como su hijo o su hermano gemelo; puesto que los dos son escritores frustrados, los dos son amantes de la literatura, así la literatura no los salve; por el contrario la literatura los condena a ser prisioneros de sí mismos; los condena a ser eternos suicidas, en realidad actores fracasados, incapaces de pasar al acto final. Por otra parte, esa frase Tú eres muchos hombres nos lleva inmediatamente a pensar en Sábato. Ya sabemos que en Sobre Héroes y Tumbas Bruno habla de las máscaras que cada ser humano se pone varias veces al día y como finalmente nadie puede conocer a otro puesto que lo que conoce de esa persona es la máscara que utiliza cuando se encuentran en alguna parte. Cada pedazo de ti es un hombre que piensa diferente, siente diferente, aunque la voz sea la misma, aunque la mirada sea la misma. Los conoces bien. (Idem, pág. 62) Según Bruno sólo nos despojamos de nuestras miles de máscaras cuando estamos solos, o cuando nos creemos solos; es ahí cuando el peso de la soledad atávica sale a flote y se adueña de cada individuo. Aunque si se piensa en Homo Deus, de Juval Noah Harari, no se podría hablar de individuos, sino de dividuos ; es decir, seres escindidos, divididos. Y volviendo a Sábato y a Pardo Viña habría que pensar en seres rotos, destrozados, aniquilados por dentro, anéantis sería la palabra más adecuada. No en vano Santiago dice : No quieres parecer un existencialista, siempre has dicho que no vale la pena serlo, pero también lo eres : tú eres muchos hombres. Muchos actores en el juego de vivir las caretas que tú mismo te impones. (Idem, pág. 73) Bohemian Rhapsody es el relato de la soledad; una característica sabatiana : Te volviste un hombre solitario y tus textos no son más que un pequeño registro de los días en que creíste ser feliz. Y es entonces cuando descubres que aunque eres muchos hombres, todos ellos son tristes. Uno el que escribe, otro el que enseña, otro, el que se enamora, otro el que huye, otro el que habla, otro de esos que llegan a casa solo. Eres todos, si, pero todos, tristes. (Idem, pág. 82) Estos personajes son seres derrotados, destruidos, rotos, escindidos. Saben de antemano que la partida está perdida; como en el poema de León de Greiff, Relato de Sergio Stepsanky: Juego mi vida, cambio mi vida,/
la llevo perdida
/sin remedio.
//Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo/...:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos;/
todo, todo me da lo mismo:/
lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto, lo malo...
 Ninguno de ellos busca, una salvación, ni siquiera la desean; por el contrario, se hunden cada vez más en el aislamiento y en la podredumbre de sus propias vidas. Son conscientes que hagan lo que hagan nada impedirá el fracaso y nada los sacará de su vida gris. Son la párabola de la generación perdida : Pero creciste y te convertiste en uno más. Uno mas de una generación perdida que quedó en la mitad de la nada. (Idem, pág. 90) Son los suicidas que deja la exclusión, esa otra violencia que nace del desamparo, del hambre, de la falta de oportunidades, del olvido, de la incertidumbre, del no futuro al que que ya se había hecho alusión. Ya hemos visto que el suicidio es el eje central de la nouvelle de Pardo Viñas, y por supuesto el miedo que acompaña el día a día de Nicolás y de Santiago, léase la incapacidad que tienen de aceptar sus propias limitaciones e incluso el pavor que les causa su propio fracaso, el derrumbe ineluctable de sus vidas. Saben que el pasado siempre los atrapa y que las puertas de escape están cerradas o a lo mejor ni siquiera existen; lo que los lleva a pensar que el futuro es solo una ilusión, una puesta en escena por algún dramaturgo que ha querido burlarse de ellos y del hombre en general; peor aún, que los ha condenado a la tragedia, al sino atroz que significaría la carencia del libre albedrío. … los hombres no somos más que una larga espera. Esperamos en la oscuridad de los días sin memoria a que se conozcan los padres, a que se invente el amor. Esperamos entre la viscosidad tibia de un vientre bueno los nueve meses que nos separan de la luz. Esperamos que pasen los años de la primaria mientras soñamos con ser adultos y sobrevivimos los días de la adultez soñando con volver a ser un niño. Esperamos que llegue la muerte. La espera. (Idem, pág. 105) Visto de esa forma podría decirse que somos eternos suicidas; puesto que en cada paso que damos ignoramos conscientemente el presente, o bien nos vemos en un futuro que posiblemente nunca llegue, al menos no como lo hemos imaginado; o bien entramos en una especie de sopor, de saudade, que nos lleva a anhelar el pasado y a desear hacer el viaje de Marcial, el personaje de El viaje a la semilla, de Alejo Carpentier. En otras palabras nos suicidamos cada minuto, cada segundo. Como decía Virginia Woolf : -Vivir es muy peligroso, así sea por un instante. Y más adelante es Nicolás el que reflexiona sobre el suicidio : … el suicidio no lo inventamos nosotros, que ha estado por siempre rondando la vida y que ese hombre de la foto, cubierto por una sábana manchada de sangre no es otra cosa que uno más envuelto en el torrente de la violencia que llevamos dentro. (Idem, pág, 113) Estos personajes son antihéroes, o si se prefiere héroes del absurdo, héroes postmodernos, individuos que habitan en ciudades en las que sus ciudadanos se fagocitan entre sí o se autofagocitan. Por ello puede decirse que la nouvelle de Pardo Viña es una obra urbana, como lo es La Paloma de Süskind; la diferencia es que Jonathan Noel logra salir del laberinto, mientras que a los otros personajes no les interesa buscar la salida ni tienen la fuerza para hacerlo ni saben cómo hacerlo. Por eso mismo Santiago piensa en Vincent Van Gogh, y como él sabe que : Crear no es otra cosa que abrise paso entre paredes de hierro que se levantan entre lo que sientes y lo que puedes. Sabes que tus muros son altos y pesados y cubiertos de un óxido que descascara la estructura y anquilosa las bisagras que se niegan a moverse, pero en medio del mar de tus pequeños fracasos, insistes en hacer de la literatura tu propia tabla de salvación personal. (Idem, pág. 123) No obstante, sabe muy bien que la salvación no existe, que es una simple quimera. Tal vez por eso Nicolás, el alter ego de Santiago, evoca a Vallejo : … el que quería morir en aguacero, un día del cual ya había tenido el recuerdo (Idem, pág. 84) Bohemian Rhapsody es una parábola del fracaso del hombre, en el sentido ontológico de la palabra. También es una búsqueda de la identidad. Nicolás y Santiago están perdidos, extraviados, desaviados en sí mismos ; creen conocerse cuando en realidad son verdaderos extraños, habitan en cuerpos equivocados, ni siquiera se reconocen cuando se miran en el espejo. Navegan en un mar de incertidumbres, de remordimientos, de temores; se saben vigilados, son conscientes que no hay libre albedrío, y que el mañana depende de hoy, de lo que haga en el trabajo, de la aprobación de los otros; sobre todo en el caso de Nicolás, él sabe que es su jefe el que mueve los hilos de su vida, es una marioneta con la que él juega; dicho de otro modo sabe que el jefe de redacción juega con él como el gato con el ratón. Es por ello que son conscientes del fracaso de sus vidas; lo ven como un sino trágico del cual no hay escapatoria. No creen en los discursos cristianos que venden la ilusión de una vida maravillosa, la que está en el otro lado, en el lado invisible de la cama. No creen en una divinidad que ve y escucha todo y que perdona todo; por el contrario, se dan cuenta que ese discurso acentúa la incapacidad que tiene el ser humano de aceptar sus propias limitaciones, sus propias fronteras, su desamparo innato y su incapacidad para ser feliz. Bohemian Rhapsody es una parábola de la cotidianidad a la que ningún citadino del siglo XXI escapa, una cotidianidad que se transforma en una pesadilla, no la que nos visita en sueños y de la que escapamos apenas nos despertamos, sino en una pesadilla que nos acompaña las 24 horas del día y los 365 días del año; es una parábola sin concesiones del fracaso de la existencia humana. Nicolás y Santiago pertenecen a la generación de los descreídos, de los desencantados; son los herederos de los poetas malditos, comenzando por los rapsodas griegos, no en vano el libro se titula Bohemian Rapsody (Rapsodia Bohemia). Los rapsodas, cantores de la Grecia antigua, vagaban de portal en portal para pedir un plato de comida, un jergón donde dormir y algunos óbolos ; todo ésto a cambio de amenizar un poco los banquetes de los poderosos de su tiempo. Eso mismo harían siglos más tarde los juglares, y luego Villon; posiblemente el poeta más marginado de la historia de la literatura. Para terminar quisiera decir que Santiago y Nicolás son seres desestabilizados, caminan permantemente en arenas movedizas, conscientes que en cualquier momento pueden hundirse para siempre; no sólo saben que no hay posibilidad de escape, sino que no desean ser rescatados ni salir de ese embrollo que es la existencia humana. Ahogarse es su única salida, su única salvación, su única redención. Adenda : Quisiera resaltar una característica de Bohemian Rhapsody y es que toda la narración está comprendida en 24 horas; un claro elogio al Ulises de Joyce y a La señora Dalloway de Virginia Woolf.

domingo, 12 de febrero de 2017

MARIANNE VON WEREFKIN Y EL EXPRESIONISMO ALEMÁN

En noviembre de 2011 La Pinacoteca de París, fiel a su espíritu de diálogo, presentó por primera vez una exposición sobre el Expresionismo Alemán, no por autores, como se ha hecho hasta ahora, sino exhibiendo las dos corrientes pictóricas, tan diferentes entre sí; tanto desde el punto de vista de la pincelada y de la paleta como desde la búsqueda filosófica, especialmente Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), movimiento intelectual que incursionó incluso en la música al aceptar en sus filas a Shönberg, y Brücke (Puente), movimiento más centrado en la emoción, en la sensibilidad. Los artistas, adscritos a estas dos corrientes, sufrieron la persecución nacionalsocialista y fueron considerados artistas degenerados. Der Blaue Reiter, se desarrolla, básicamente en Munich y la región Bávara, mientras que Brücke lo hace en Dresde, Moritzburg y Berlín. Pero antes de hablar un poco más sobre el Expresionismo Alemán, me gustaría recordar que la Historia del Arte del siglo XX se centró sobre todo en analizar y mostrar, una y otra vez, el arte del Renacimiento italiano; por lo cual muchos otros movimientos han sido poco difundidos. Es el caso específico de Las Puertas de Ghiberti (1378-1455), conocidas por todas aquellas personas que se hayan interesado, poco o mucho, por el arte florentino. No obstante, el trabajo en bronce de Las Puertas de Bernward (1015) y de La Columna de Cristo (1020), de la Catedral de Hildesheim, denotan un florecimiento extraordinario en las artes alemanas del Medioevo; siendo prácticamente desconocidas no sólo para los neófitos sino para muchas personas que se precian de conocer un poco el arte occidental. Después de este breve paréntesis podemos dar un salto en la historia y ubicarnos a comienzos del siglo XX. Desde 1905 artistas como Franz Marc, Paul Klee, Kirchner, Von Jawlensky o Heckel, habían puesto sus ojos en el fauvismo, pero también entendieron la importancia de Vincent van Gogh, al mismo tiempo que descubrían el “arte negro”, que les mostraba otros códigos estéticos, tan diferentes al mundo occidental. O en el caso de Kirchner el arte realizado en los mares australes. No obstante, me interesa hacer énfasis en las mujeres que participaron activamente en el movimiento expresionista, a saber: Gabriele Münter (Alemania, 1877-1962), Natalia Sergejewna Goncharova (Rusia, 1881-1962) y Marianne von Werefkin (Rusia, 1860-1938). Gabriele Münter, junto con Paula Modershon-Becker (Alemania, 1876-1907), es uno de los íconos de la pintura expresionista. Compañera sentimental de Kandisky por espacio de varios años, incursionó en la pintura abstracta desde sus primeros años como pintora. Después de la II Guerra Mundial se dedicó en cuerpo y alma a la difusión de Der Blaue Reiter. Consciente de su genialidad decidió donarle su obra a la ciudad de Munich. Natalia Sergejewna Goncharova, de espíritu autónomo, rebelde, contestaria, desde muy joven se vio envuelta en persecuciones moralistas que la acusaban de moverse en círculos de pornografía. Su talento sobrepasaba el interés por la pintura, ya que siempre le interesó trabajar como decoradora de compañías de ballet clásico; habiéndose desarrollando plenamente en este campo cuando decidió instalarse definitivamente en París. Marianne Von Werefkin De los artistas que hacen parte de la exposición de La Pinacoteca, hay una que me llamó poderosamente la atención y a quien no conocía, hablo de Marienne Von Werefkin (Rusia, 1860-1938). Nacida en el seno de una familia aristócrata, con el nombre de Marianna Wladimirowna Werefkina, en 1883 decide entrar a la Escuela de Arte de Moscú, en 1886 hasta 1896 toma cursos particulares con el artista Ilya Répin y éste le presenta a Alexej von Jawlensky quien se convierte en su compañero sentimental, poco tiempo después se instalan en Munich, donde abren una galería de arte que expone los trabajos de Jawlensky. Marianne Von Werefkin se dedica por completo a la difusión de la obra de su compañero, lo que les permite entrar de lleno en la vida artística de la ciudad. Durante 10 años se olvida de su propio trabajo; pero también es cierto que años antes había sufrido un accidente de caza en el cual su mano derecha había perdido gran parte de su movimiento, lo que le dificultaba mucho el ejercicio de la pintura. La relación con su pareja es cada vez más tormentosa y la artista se da cuenta que su vida profesional es verdaderamente ahogada por su compañero sentimental, en realidad es su sombra; así que en 1905 retoma nuevamente las riendas de su vida y con ella los pinceles. En 1909 crea, junto con Kandisky y Franz Marc, La Nueva Asociación de Artistas de Munich, en 1912 la abandona y participa en la primera exposición de Der Blaue Reiter, organizada por la Galería Sturm de Berlín y se convierte en una de sus principales teóricas. Muchos de los postulados artísticos que se le atribuyen a Kandinsky son en realidad postulados de Marianne von Werefkin; Kandinsky la respetaba y admiraba; era consciente de su gran capacidad analítica y crítica y de su gran visión artística; no en vano había dirigido con gran éxito la galería de arte que exhibía la obra de von Jawlensky. Un año después Marianne von Werefkin forma parte de Primer Salón del Otoño Alemán, que acoge la vanguardia artística europea. En 1917 conoce a Rilke y en 1918 se instala en Ascona. En 1924 funda Der Grösse Bar, en el cual participan los pintores Walter Helbig, Ernst Frick, Albert Kohlen, Gordon McCouch, Otto Niemayer y Otto van Rees. Aunque su obra es lago extensa sólo me remitiré a hablar sobre dos de su cuadros : Otoño y La mujer de la linterna : Sus obras pictóricas tienen como centro temático a la mujer, a su aislamiento, a su soledad intrínseca; así ella hubiese sido respetada por todos sus congéneres masculinos, entendía como pocas personas el dolor de ser mujer en un mundo gobernado por hombres. Es el caso del cuadro “Otoño” (La Escuela) realizado en 1907, donde se observa a un grupo de niñas acompañadas de su maestra, el grupo camina al lado de un lago apacible pero triste.
Ni la maestra ni las niñas tienen rostros definidos, llevan una máscara que las hace iguales, carecen de futuro, son ovejas que van por su propia decisión rumbo al sacrificio. Un sacrificio por lo demás inútil, puesto que la sociedad que lo espera lo considera fútil; como si la profesora y las niñas no tuviesen otra escapatoria distinta a la muerte; en realidad son cadáveres que se pasean antes de quitarse el disfraz que oculta su terrible soledad.
Nadie mejor que ella para entender el dolor humano, y lo plasmaba, incluso, en una extraña mezcla de “realismo onírico”. Cuando hago esta aseveración es básicamente al observar el cuadro que se titula “La Mujer de la Linterna”, 1910. En él se representa a una mujer, que puede también ser un monje medieval, paseándose por un paisaje invernal, desolado; es una persona abatida por la vida, su joroba habla de una vida ruda y un ambiente inhóspito. Al observar la obra pictórica siento el frío corroerme los huesos y el viento helado me pega en la cara. Sin embargo, el color rojo, caro a los fauvistas, está presente en toda la pintura; en ella, dos cerdos duermen plácidamente, como si no les esperara un triste fin, ajenos al drama de la mujer que se aproxima con la linterna. Marianne Von Werefkin murió en Ascona (Rusia) en 1938 después de haber vivido varios años de penuria ecomómica. --------------------------------------------------- Pueden obervar algunas de sus pinturas en el siguiente sitio :

miércoles, 8 de febrero de 2017

SCIO MAGAZINE

Los invito a leer el primer número de SCIO MAGAZINE, un hermoso y valioso proyecto cultural que vale la pena ser difundido y apoyado. Mis más sinceras felicitaciones a Daniela Jiménez y a Catalina Cruz por esta magnífica idea que han sabido concretizar. ¡Buen viento y buena mar para esta nao; espero que surque muchos mares y que llegue a puertos muy diversos!

lunes, 6 de febrero de 2017

La niña alemana, de Armando Lucas Correa

Llegue a este libro por una reseña de Arcadia; no obstante, no ha colmado mis expectativas. La niña alemana es una novela que puede clasificarse como best-sellers, pero está muy lejos de ser buena literatura; de lo que si estoy segura es que puede ser una excelente película. La 1a y 2a parte (252 páginas) han podido narrarse en cien páginas. La 3a y la 4a parte están mejor escritas, pero no lo suficiente para hacer de esta novela un buen libro. El valor de La niña alemana está, sin duda alguna, en sacar a la luz el drama de los 900 pasajeros, en su gran mayoría judíos alemanes, que atravesaron el Atlántico con visas para Cuba, la isla sería solo un lugar de espera para luego emigrar a EEUU, país que también les había otorgado la visa correspondiente. A su llegada a la isla, y a pesar de tener todos los papeles en regla, el gobierno de Federico Laredo Brú les impidió la entrada. El capitán Gustav Schröder condujo el barco a EEUU y luego a Canadá, en ninguno de los dos países se permitió la entrada de estos migrantes. Finalmente regresó a Europa y logró que Holanda, Bélgica, Inglaterra y Francia los recibieran. Solo los judíos (287) que fueron a Gran Bretaña lograron sobrevivir al Holocausto. En los archivos de Cuba han desaparecido los documentos concernientes a este drama y tampoco se enseña este terrible episodio en las clases de historia.

sábado, 28 de enero de 2017

ORLANDO SIERRA, DESCANSA EN PAZ

Amigo, puedes descansar en paz. La sombra siniestra que te segó la vida, y que nos dejó a todos los manizaleños un poco huérfanos, por fin pasará el resto de su vida en la sombra de una mazmorra. * A MI AMIGO ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ Nota: Esta reseña sobre Orlando la publiqué el 26.12.2013, y ahora vuelvo a hacerlo como un homenaje al hombre cálido y a la mente brillante que fue Orlando Sierra Hernández. -------------------------------------- El 30 de enero de 2002 un sicario le disparó a mi amigo Orlando Sierra Hernández, Subdirector del diario La Patria de Manizales. El 1 de enero de ese mismo año había perdido a mi hermano, luego de una serie de desastrosas operaciones que tenían como objetivo curarle un cáncer terminal que se lo había comido a pasos de gigante sin que él mismo se hubiese dado cuenta del enemigo que albergaba en su esófago. Fue Carlos Arboleda Gonzalez, Director del Instituto de Cultura de Caldas para ese entonces, quien me dio la noticia: -A Orlando le dieron dos disparos en la cabeza. Sé que no dije nada. Nunca he olvidado esa frase y lo que yo sentí. Un enorme grito salió de mis entrañas y se quedó atorado en mi garganta. Aún hoy, casi 12 años después, sigue ahí, sin salir. Pensé: -Le han dado en la cabeza, en lo más grande que él tiene. Dos días después moría. Doce años después lloro sus muertes. Eran dos hombres que yo amaba, con amores diferentes. Uno era el amor filial y el otro la amistad, abierta, transparente, honesta. Orlando tenía una inteligencia única, de esas que pocas veces encontramos en nuestras vidas. Era lúcido, brillante, culto -con una cultura enciclopédica-, un gran lector y un gran conversador. Era un duende maravilloso, poseía un gran sentido del humor. Estar con él, así fueran cinco minutos –ya que siempre estaba ocupado- era reírse a carcajada batiente; siempre tenía algo para decir que hiciera sentir a su interlocutor como la persona más importante en el universo. Pero también era crítico y analítico, no dejaba nada en el tamiz de sus escrutinios. Decidió poner el dedo en la llaga de un departamento que desde los años 80 no ha dejado de conocer el látigo de la corrupción y de la politiquería barata; sobre todo la de tres seudos políticos de baja estofa que hicieron de las arcas del departamento sus alcancías personales. Uno de ellos está muerto, el otro se pasea por las calles tranquilo, con aire burlón y cobrando una millonaria pensión del Senado después de haber desvalijado a Caldas, y el otro lleva en sus hombros un historial delictivo que heredó uno de sus vástagos. No sé cómo se miran a la cara. Lo que uno desea para sus hijos es una herencia de honestidad y trabajo, no de corrupción ni de ambición sin medida. Desafortunadamente esa ha sido un poco la historia de este país de electores que se dejan comprar por una teja -o en el mejor de los casos por un almuerzo- sin ponerse a pensar que no es el minuto siguiente el que hay que resolver, sino la vida entera y la vida de los hijos de los hijos. Orlando intuía lo que iba a pasarle. En una de sus publicaciones, que rivalizaban con un huracán, le pregunté si no le daba miedo, le dije que era muy valiente, me respondió: - No, no lo soy. Sé con quién debo medirme. En este caso concreto hablaba de un intelectualoide que ha dedicado gran parte de su vida a hablar mal de los escritores. Esa sabia frase se le olvidó muy pronto cuando decidió tomar pulso con la vagabundería que se había tomado los pasillos de la Asamblea de Caldas desde hace más de tres décadas. Ayer un juez, de eminente no tiene nada, dejó en babia el proceso que se adelantaba por el asesinato de uno de los ciudadanos más ilustres que ha tenido Caldas,y de uno de los mejores periodistas de Colombia. No obstante, me pregunto,¿podrá el asesino, al menos el que dio la orden de matar a Orlando, dormir en paz? --------------------------- * Hoy, 25.06.15, puedo escribir: Amigo: Ese hombre, Ferney Tapasco, el mismo que le ha hecho tanto daño a Manizales y Caldas, el que segó tu vida, ya ha sido condenado a 36 años de cárcel. Eso no te hace regresar a nosotros, ni a tu amado periódico La Patria, pero al menos podemos dormir tranquilos sabiendo que se hizo justicia. Descansa en paz querido amigo, siempre tendrás mi aprecio y admiración; así ahora tenga los ojos llenos de lágrimas, sigues aquí, en el centro de mi intelecto y de mi cariño. En cuanto a Tapasco, el otrora todopoderoso, no por su inteligencia y cultura, que no las tiene, sino por el círculo mafioso que creó a su alrededor, huía como el cobarde que siempre ha sido. Es muy fácil dárselas de macho enfurecido cuando se tiene un revólver en la mano y cientos de sicarios alrededor. Otra muy diferente es cuando la justicia falla en su contra y lo declara culpable por el asesinato de Orlando Sierra; recuérdese que no es el único muerto que cabalga sobre sus espaldas de viejo decrépito. Esta condena es también una enorme montaña de lodo que cae sobre los políticos y contratistas que hicieron fortuna bajo su sombra siniestra. ¡Qué verguenza! Sin olvidar que otros cobardes siguen sus pasos, como Hoyos y los Zuluaga. Hay balas que se disparan de muchas otras formas y convertirse en un traidor a la Patria es una forma terrible de disparar una ametralladora o un cañon de extrema potencia. -------------------------