lunes, 13 de abril de 2026

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE MURASAKI SHIKIBU

 

Detrás de los visillos de las estancias privadas de Murasaki Shikibu

 

«La novela de Genji» es considerada como la obra cumbre de la literatura japonesa; pero no es algo nuevo, lo ha sido desde siempre. En el siglo XV Ichijo Kaneghoshi (1402-1481) escribió 30 libros sobre esta monumental novela y aseguraba que «de todos los tesoros del Japón, el Genji Monogatari, es el más precioso».  

Kaneghoshi fue un gran estadista, habiendo ocupado varios cargos: primer ministro, regente y gran canciller, se destacó también como erudito, escritor, crítico literario, poeta y filólogo. Por su parte, el Premio Nobel Yasunari Kawabata (1899-1972) lo sorprendió la muerte cuando estaba trabajando sobre una nueva versión de «La Novela de Genji». Y Haruki Murakami (1949–Premio Internacional Catalunya 2011), en uno de sus libros, Kafka en la orilla, dedica varias páginas a Murasaki Shikibu. En cuanto a los escritores occidentales se refiere, habría que recordar que Marguerite Yourcenar (1903-1987) decía que No se ha escrito nada mejor en ninguna literatura” y Jorge Luis Borges a su vez decía que “es una obra de arte jamás igualada.

Hay que tener en cuenta que la versión que seguramente leyó Borges es la de Arthur Waley, realizada entre 1921 y 1933, por lo que aún adolece de la moral victoriana; Waley quitó y cambió pasajes que encontraba seguramente molestos para su época. No obstante, esta es la versión que Virginia Woolf leyó y admiró. Otro de los admiradores incondicionales de La novela de Genji es Harold Bloom, pero yo tengo varias diferencias con respecto a algunos postulados que él hace y a los que luego haré referencia.

La primera traducción completa de «La novela de Genji» al español se hizo apenas en el 2006. Es de anotar, que la edición de la colección Austral, del Grupo Planeta, es bastante mediocre, por no decir pésima, pero fue con la que inicialmente pude trabajar. Luego compré la versión en lengua francesa publicada por Diane De Selliers Editeur, una traducción que pone en relieve el genio literario de Murasaki Shikibu. Además, ilustrada, como lo eran las novelas en la época de la escritora.

Por otra parte, en la traducción de Planeta hay otro aspecto que me parece muy grave, me refiero a los reiterados juicios de valor que hace Xavier Roca-Ferrer sobre las costumbres sexuales de la época, viéndola con una ceguera judeocristiana que no hace sino empobrecer la lectura de la novela.

Hay que tener en cuenta que la Historia de la Literatura que conocemos en Occidente ha sido escrita por y para hombres, por lo que ha dejado a un lado, muy conscientemente, la investigación sobre las escritoras; es por ello que se nos ha enseñado que la primera novela es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, borrando, desconociendo, o simplemente por ignorancia, que ya en el siglo XI, en la refinada Corte Heian del Japón, había novelas que se leían y circulaban entre sus súbditos sedientos, no sólo de buena literatura, sino de la representación de diversas manifestaciones culturales y artísticas.

La familia Fujiwara, a la cual pertenecía Murasaki Shikibu, ostentaba el poder detrás del Emperador, puesto que éste básicamente era una figura representativa, y en algunos casos decorativa, ya que muchos de ellos llegaban al poder a la escasa edad de 7 años. Por otra parte, nunca estaban en el trono por muchos años, ya que abdicaban con frecuencia a favor de alguno de sus descendientes, no necesariamente a favor del primogénito.

Las mujeres vivían en recintos vedados al hombre, pero eso no quiere decir que fuesen gineceos en el sentido que hoy conocemos dicha palabra, ya que las mujeres tenían libertad de circulación y podían recibir a los hombres que ellas deseasen en sus aposentos privados. De hecho, las costumbres sexuales eran bastante diferentes a las de hoy en día; para decirlo de otro modo, y de una forma más coloquial, eran costumbres bastante relajadas, donde la virginidad no tenía ninguna importancia para el matrimonio. Es más, la concepción del matrimonio, como nosotros la conocemos hoy en día, no existía.

Para entender un poco la complejidad de las relaciones sociales, hay que pensar en la cortina, o “kichó”, ya que formaba parte integral de la sociedad Heian, ya que los hombres y las mujeres no debían verse cara a cara si no eran marido y mujer. Los biombos servían para crear diferentes ambientes dentro de una misma habitación, ya que el concepto de privacidad del siglo XI, era desconocido en la sociedad nipona de la época. Ni los hombres, ni las mujeres estaban nunca solos. Entre más alto era el rango, más personas los rodeaban; costumbre muy en boga en la corte francesa, sobre todo en la época de Luis XIV.

La época Heian, si bien fue de una gran opulencia, también es cierto que las personas que disfrutaban de la riqueza pertenecían a una pequeña minoría. Ello llevó al desgaste irreversible de la clase gobernante; es decir de la familia Fujiwara.  No obstante, es importante anotar que durante 400 años Japón vivió en paz. La clase guerrera, los Shogun, vendría después de la desaparición de dicho período. Los pocos guerreros de la época Heian eran sobre todo para vigilar las fronteras, eran mal vistos y se les consideraba poco menos que patanes, sin ningún gusto, ni refinamiento.

Detrás de los visillos de las estancias privadas de Murasaki Shikibu

Ubiquémonos detrás de un biombo y fisgoneemos la vida de la corte Heian y de su más prestigiosa representante: Murasaki Shikibu, novelista y poeta. No obstante, ella no era la única escritora de su tiempo, puesto que no hay que olvidar a las grandes poetas Ono No Komachi, Izumi Shikibu y Akazome Emon y por supuesto a la narradora y rival de Murasaki Shikibu, Sei Shônagon, quien escribió El libro de la almohada o Anotaciones de la almohada. Para entender un poco más su compleja personalidad leamos lo que la propia Murasaki Shikibu escribió en su diario la que podría ser su mejor semblanza:

““Hermosa, pero tímida, poco amiga de miradas ajenas, retraída, amante de las viejas historias, tan aficionada a la poesía que casi todo lo demás no cuenta para ella, y desdeñosa del mundo entero”, he aquí la opinión tan desagradable que la gente tiene de mí. Y, sin embargo, cuando me conocen me consideran dulce y muy distinta de los que les han hecho creer. Sé que la gente me tiene por una especie de proscrita, pero me he acostumbrado a ello y me digo para mis adentros: “Yo soy como soy””.

Murasaki Shikibu (973? – 1014?) pertenecía a la clase media y tuvo una educación bastante esmerada. Se casó muy joven y enviudó dos años después, sin haberse vuelto a casar; de esta relación nació su única hija.  En el año 1008 La novela de Genji  aún no estaba terminada, pero ya era leída y escuchada en la corte, puesto que se hacían lecturas en voz alta o se representaban pasajes de la obra. La autora nos narra la vida de la corte, un mundo que ella conocía de primera mano, puesto que al enviudar entró a formar parte del círculo de las damas de compañía de la emperatriz y en la que muy seguramente jugó un rol decisivo, gracias a su inmensa cultura y a su genio creador.

Harold Bloom la compara incluso con Marcel Proust, puesto que La novela de Genji es una forma de recuperar el tiempo perdido; yo diría que en realidad es un gran fresco del Japón de los siglos X y XI. Bloom también la compara con Jane Austen y con Virginia Woolf, en cuanto a la laicidad de dichas autoras. Sin embargo, para mí Murasaki Shikibu es una escritora profundamente religiosa. En La novela de Genji se debaten dos corrientes teológicas: el Sintoísmo y el Budismo y es la segunda la que sobresale a través de toda la obra del Genji Monogatari.

En realidad, La novela de Genji es un tratado sobre la condición humana. En la época de la autora se consideraba que la sociedad en la que vivían era la época más corrupta que Japón había conocido hasta ese momento. En otras palabras, Murasaki Shikibu, al igual que la gente de la Corte Heian, pensaba que vivía en una época de franca decadencia. Esta idea reflejaba el pensamiento religioso del budismo japonés, ya que creían vivir una especie de apocalipsis búdico, donde las enseñanzas de Buda no serían ni obedecidas ni respetadas.

Yo diría que el Genji Monogatari es la búsqueda del placer absoluto sin que nunca se llegue a encontrarlo. Genji no conjuga el verbo saciar, siempre está detrás de nuevas sensaciones, el erotismo es una senda cuasi filosófica que rige su forma de vida, su pensamiento, su conducta. No obstante, no puede decirse que La novela de Genji sea una obra erótica. Es, en cambio, una novela profundamente sensual. Dicho de otra forma, es una égloga de los sentidos: el tacto, la visión, el olor, el gusto y el oído, y yo agregaría otro: el refinamiento.

La novela de Genji es una visión bucólica del alma humana, si es que esa imagen es posible, y como se manifiesta a través de la sensualidad. La lectura de este libro me hizo no sólo recordar sino entender aún más esa gran película japonesa, El Imperio de los Sentidos, de Nagisa Oshima (1976). No obstante, cabe resaltar que en tiempos de Murasaki Shikibu el desnudo se consideraba algo fuera de toda estética, ella misma dice en su diario que una persona desnuda es horrible. Ni siquiera se desnudaban en el momento del coito, tal y como se puede apreciar en infinidad de ilustraciones. Tanto hombres como mujeres dormían vestidos, podían llevar hasta veinte prendas de vestir sobre sus cuerpos, sobre todo en invierno, ya que sus casas eran húmedas y al carecer de paredes interiores bastante frías; eso en un país donde las estaciones suelen ser verdaderamente marcadas.

 La obra de Murasaki Shikibu es, ante todo, un compromiso con la estética literaria; por lo que este rasgo la hace de por sí contemporánea, o mejor, la pone por fuera de una época determinada. La autora es consciente de su genialidad, de su sapiencia, sabe que su pluma es superior a la de sus congéneres, sean hombres o mujeres y que su obra pasará a la historia; por lo que se esfuerza, en todo momento, por dejar en su escritura una huella de calidad, pero sin dejar a un lado la delicadeza de su estilo.

Murasaki Shikibu, como toda gran escritora, tiene como premisa que para poder escribir hay que leer mucho, no olvida que detrás de ella hay toda una tradición literaria, religiosa, filosófica y artística que debe conocer, bien sea para perpetuarla, refutarla o para rendirle culto. En su caso específico las letras y la lengua china; pero también las letras japonesas, su arte, su tradición oral.more

Pero al mismo tiempo es una mujer orgullosa de su cultura. Es por ello que su obra es un fresco en el que pueden leerse, léase verse, respirar, sentir la sociedad en la que le tocó vivir. Sin embargo, la manera de narrar es etérea, difuminada, como si fuese un dibujo en carboncillo en el que las imágenes han sido semiborradas por los dedos del artista.

Me refiero, básicamente, a esa moral difusa que navega entre las costumbres fuertemente ancoradas en la Corte Heian y el deseo de cambiarlas, de hacerlas más púdicas, si cabe la expresión, más acordes con la religión budista. Y para ello Murasaki Shikibu se sirve del arte de las palabras, que no es otro que el arte de la poesía; por lo que suscita diversas emociones en el lector, independientemente del tiempo y las diferencias culturales que lo separan de la autora. Esto se ve claramente en el cambio que comienza a gestarse en Genji al regreso de su largo exilio; ocasionado precisamente, por la vida disoluta que llevaba, pero sobre todo por haber osado poner “los ojos” en una mujer que estaba consagrada al Emperador.

Otra característica es la evocación permanente, a veces como si se tratase de un sueño u otras como una realidad de la que se es contemporáneo: el nacimiento de Genji, su infancia, adolescencia y plenitud y luego la decadencia que narra la vida de sus descendientes. La corte Heian, vista a través de la melancolía, es el resultado de la mirada contemplativa de Murasaki Shikibu.

Las lágrimas, los poemas, los sueños que se confunden con la realidad, recorren como temas sucesivos estos textos en los que la imprecisión de la realidad, la luna llena, las hojas del otoño, las flores fugaces de un cerezo, la furia de un torrente o las montañas inhóspitas, son el trasfondo de profundas angustias o de amores no correspondidos, pero también son objeto de la confidencia y de la reflexión, del elogio de la amistad, el lamento de la separación o de la muerte como separación definitiva.

La escritura de La novela de Genji

No hay que olvidar la gran importancia que la lengua china tenía en la corte Heian; de hecho, los ideogramas utilizados por sus súbditos habían sido inspirados en la escritura china conocida como Kanji, pero con una adaptación a la fonética de la lengua japonesa. Posteriormente los kanji fueron simplificados en símbolos fonéticos conocidos como Kana, produciéndose dos vertientes:

Hiragana, o Kana fácil

- Katakana, o kana suplementario

Es el hiragana la escritura que va ser adoptada por las mujeres, al punto que las obras escritas en esta modalidad se conocían como “literatura femenina”; concepto que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, creemos haber inventado. Y aunque Murasaki Shikibu y Sei Shônagon hablaban y escribían correctamente el chino, escribieron sus obras en Hiragana. Algunos hombres, incluso, se burlaban de esta escritura y la consideraban intelectualmente inferior a la utilizada por ellos.

Una explicación plausible que se ha dado de dicho fenómeno, era que en la Corte Heian estaba mal visto que una mujer hiciese un gran despliegue de sabiduría, por lo que a menudo era el hazmerreír de sus contemporáneos; como lo serían siglos más tarde “les femmes savantes” que ridiculizara Molière. No obstante, yo quisiera ver en esa decisión un rasgo más libre y más independiente de la parte de las mujeres; puesto que veo más bien una especie de código secreto que les ayudaba a comunicarse entre sí,  a poder expresar sus más íntimos sentimientos de una forma diferente a la utilizada por los hombres. Tal y como sucedió durante siglos en la provincia de Hunan, situada en el centro de la China, al oeste de Pekín, donde las mujeres desarrollaron un complejo sistema de signos llamado Nushu, y el cual desapareció ante la persecución que sufrieron las mujeres que lo conocían durante la Revolución Cultural.

Y si me permito hacer esta afirmación es porque en la Corte Heian una persona como Murasaki Shikibu no era una excepción, ya hemos visto que varias de sus contemporáneas pasaron a la historia como mujeres de letras. Ellas participaban activamente en las actividades culturales y el modo de comunicación era en poesía escrita y epistolar. En Occidente habría que recordar a Eloísa y a Pedro Abelardo (s XII) y posteriormente a los súbditos de la corte de Luis XIV (s XVII-comienzos del XVIII).

Por otra parte, Murasaki Shikibu y Sei Shônagon, lideraban círculos literarios y artísticos, como más tarde lo harían Mme de Pompadour o Mme de Sevigné; recuérdese que es gracias a ellas que la lengua francesa se transformó y que las tertulias literarias y musicales se impusieron en el arte de vivir francés, pero también lo que se ha conocido como La Cultura de la Conversación, aspecto  admirablemente analizado por Benedetta Craveri.

La novela de Genji, escrita en Hiragana, fue dividida en 54 libros, de los cuales tres podrían ser apócrifos y la escritora incluyó 795 Tanka, o poemas, de 31 sílabas. Son los poemas a los que hago alusión. Siendo utilizados por  las personas de la corte, así podían  comunicar su manera de pensar y sus más íntimos sentimientos. Los Tanka eran utilizados en todas las manifestaciones de las relaciones humanas; es decir, no eran poemas sólo para la vida galante.

Rasgos postmodernos en La novela de Genji

El primer rasgo postmoderno del Genji Monogatari, es que la creadora no escribió los libros por entregas, como lo hizo Balzac en el siglo XIX, sino que la obra obedece a toda una estructura bastante compleja, ya que se hacen saltos en el tiempo. En el capítulo 5 ya aparecen personajes y temas que serán desarrollados en el capítulo 13. Otro ejemplo de su postmodernidad está dado en el capítulo 15; allí  se cuentan episodios del exilio de Genji, cuando ya hace mucho tiempo que él se ha reintegrado a la vida de la corte, y que ha recuperado su posición anterior, incluso cuando ya la ha fortalecido considerablemente.

El segundo rasgo postmoderno, está dado por la utilización del monólogo interior, ese estilo literario que atribuimos a Virginia Woolf y a Joyce; pero que Murasaki Shikibu ya había desarrollado en la obra que nos ocupa. Es el caso de algunas de las reflexiones que Genji se hace a sí mismo sobre una mujer determinada,  o sobre su propia vida y su espacio en el mundo:

““Si”, pensó Genji, “el mundo es un lugar ilusorio, como un sueño””.

Y más adelante:

“”¡Qué extraño es el mundo en que vivimos!”, pensó. “Han pasado casi treinta años desde que estuve aquí por primera vez, y se diría que todo ocurrió ayer. A veces me turba pensar en la transitoriedad de las cosas, siempre en perpetuo cambio… Pero basta con que me sea dado contemplar las flores de una nueva primavera para que me aferre a la realidad visible, por más que sepa que es sólo un sueño volátil…””

Cada personaje está encerrado dentro de sí mismo, con sus culpas, sus deseos; es un clima sombrío, de ahí que los diálogos directos sean muy pocos, ya que la mayoría es a través de poemas.

El tercer rasgo postmoderno está dado por la intertextualidad que abarca toda la obra. En ella se citan poetas clásicos, tanto chinos como japoneses, y la autora sabe que sus lectores sabrán reconocer cada uno de los poemas y podrán atribuirlos, sin problema alguno, a sus autores originales. Precisamente uno de los poetas más citados es el chino Po Chu I (772-846).

El cuarto rasgo postmoderno está dado cuando pasa de narradora omnisciente a narradora homodiegética. Por ejemplo, cuando habla en primera persona y se queja de dolor de cabeza y que en ese momento está deprimida:

Hablaré de la sorpresa que tuvo su tía al regresar a la capital y encontrarla tan bien instalada, así como de la alegría y el sentimiento de culpa de Jiju en otro momento, pero ahora me duele la cabeza y me siento un tanto deprimida. Si se presenta la ocasión y no se me ha olvidado por completo, volveré sobre el tema en otro lugar de la obra”. Y más adelante: “Omitiré los detalles, pues demorarse en ceremonias de este tipo suele resultar tedioso, sobre todo si el narrador es tan incompetente como yo”.

Con esta confesión Murasaki Shikibu nos quiere hacer ver cuán profundamente conoce la historia que está relatando, e incluso que ella hace parte integral de la misma.

Sus personajes son emblemáticos, el Genji Monogatari no es una crónica social, ni la autora se interesa por este tema, habla más bien sobre la condición humana; otro rasgo posmoderno. Uno de las características  más sobresalientes de Genji es su deseo nunca saciado, al cual se había aludido anteriormente. No obstante, no puede comparársele con el Don Juan de la literatura occidental, en cuanto que Genji nunca olvida a sus amantes, así lo hayan sido por espacio de unas horas:

Su voz se fundió en un susurro que encantó a Genji. El príncipe suspiró: ¿cómo era posible que todas las damas que le habían interesado tuvieran algo especial que las hacía imposible de olvidar?” (fragmento que puede verse como monólogo interior).

Genji, a pesar de ser un mujeriego empedernido, también busca placeres en su propio sexo y aunque Murasaki Shikibu es bastante prudente, o bastante timorata, para hablar de este tema, hay, sin embargo, varias alusiones a relaciones homosexuales en su obra. Una de ellas es con el joven hermano de Utsusemi, una de las mujeres por las que él suspira.

Genji pidió al mocito que se tumbara junto a él, y Kogimi se alegró de poder  estar tan a la vera de un príncipe tan joven y hermoso. Cuentan que aquella noche Genji halló al muchacho mucho más complaciente que su inabordable hermana”.

No hay que olvidar que en la época Heian, como en Grecia y Roma, la homosexualidad era aceptada por la sociedad, así Murasaki Shikibu no sea muy explícita cuando narra este tipo de relaciones afectivas. O posiblemente sean las versiones contemporáneas las que ponen un velo de censura en los párrafos que sus traductores consideran polémico en la sociedad en la que actualmente vivimos y por ende dejan su huella de intolerancia e incomprensión de la historia social y sexual de los pueblos.

 

Utsusemi, Fujitsubo y Murasaki, algunas de las mujeres de Genji:

La historia de Utsusemi es bastante trágica. Estando casada con un viejo gobernador de provincia es violada en su propia casa por Genji y aunque la narradora lo cuenta de una forma bastante difuminada no deja lugar a dudas en cuanto al acto violento de El Iluminado:

Era tan pequeña que la levantó de la cama sin dificultad y se la llevó a su apartamento. Por el camino tropezó con Chujo (una de las criadas) que se sorprendió y trató de ver que estaba ocurriendo en las tinieblas que la envolvían. El perfume inconfundible  del vestido del príncipe proclamaba con quien se había topado, … muy confusa no sabía qué hacer. De haberse tratado de un hombre de linaje inferior, hubiera saltado encima de él para defender el honor de su señora…

Y más adelante:

(La experiencia) de aquella noche fatídica la llenaba de angustia. No estaba dispuesta (se refiere a Utsusemi) a volver a pasar por aquella vergüenza”.

La otra violación es la de Fujitsubo, la esposa del emperador, o sea del padre de Genji, de esta relación nacerá un hijo, el príncipe Reizei, quien llegará a ser también emperador. Esta relación, que transgrede todas las normas sociales, acarrea en los dos personajes estados de ánimo que van desde el remordimiento hasta la entrada de Fujitsubo como vestal; es decir su entrada en religión.

Estos no son los únicos casos de violencia sexual que se narran en el libro. Murasaki, el gran amor de Genji, es una niña de 10 años  que él lleva a vivir a su propia casa, en realidad la rapta, y con la cual duerme todas las noches. Cuando Murasaki cumple 14 años la viola, y simplemente, a modo de “excusa”, le dice que “algún día tenía que suceder”:

“Un día Genji se levantó de la cama temprano, pero Murasaki permaneció en el lecho hasta muy entrada la mañana en contra de su costumbre de madrugar. ¿Qué había sucedido entre los dos durante la noche?…”

Antes de abandonar la estancia Genji introdujo una carta detrás de las cortinas de la cama. Al encontrarse sola, Murasaki levantó la cabeza de la almohada y descubrió una hoja de papel escrita con una caligrafía sin pretensiones. El poema decía así:

¡Qué absurda distancia

nos mantenía separados

cuando, noche tras noche,

yacíamos juntos bajo la misma colcha!

Tarde o temprano el momento tenía que llegar…”

Este poema corresponde a “la carta del día siguiente”. Esta era una misiva que el “afortunado amante” dejaba debajo de la almohada de la elegida al día siguiente del primer encuentro sexual, a veces iba acompañada de un fastuoso regalo.

Genji, a pesar de amarla, también sentirá el peso de la culpa. Esta transgresión, que no es la única en la novela de Murasaki Shikibu, es necesaria para llamar la atención del lector, así como el estado de conciencia que se establece de culpa y expiación. Algo parecido a lo que aún se sigue utilizando en literatura, incluso en las telenovelas que invaden nuestras pantallas a diario. Lo que quiere decir que la condición humana no cambia y que nuestros deseos y miserias son los mismos desde que la especie humana existe.

En La novela de Genji hay otras escenas de violación, o al menos de intento, en las cuales las mujeres que rodean a la “codiciada” se convierten en cómplices del violador. Podríamos ver en ellas la representación de La Celestina de Fernando de Rojas.

Genji, un exiliado del amor:

“Fujitsubo recordaba las atenciones que hasta entonces había recibido de Genji como una pesadilla que quería relegar al olvido a toda costa”.

Y es que Fujitsubu, muy a su pesar, se enamora de Genji, un amor correspondido en la medida en que él ama a todas las mujeres. Yo diría que es un enamorado del amor. Genji es un personaje que hubiese podido servir de modelo para los escritores románticos, es un eterno Don Juan, que va detrás de un amor idealizado y nunca experimentado, va detrás de todas las posibilidades que pueda brindar la sexualidad, sin saciarse nunca; por lo que siempre tiene la sensación de desarraigo amoroso, es un exiliado del amor. Para entender mejor esta idea, habría que tener en cuenta que Genji nunca abandona, o al menos en muy contadas ocasiones, la posibilidad de una nueva aventura, tanto sexual como afectiva, de ahí su eterna sed por lo desconocido y por transgredir las reglas sociales de su tiempo.

“El pecado que supuso para ambos la concepción del heredero aparente no dejaba de atormentarla. Intuía que hasta entonces había conseguido escapar milagrosamente a su karma, pero que, cuando finalmente le tocara pagar por su crimen, el precio sería terrible”. 

Significado de Murasaki y Genji:

Murasaki significa lavanda, espliego, por lo que podría suponerse que sus vestidos llevaban siempre este olor, ya que el perfume estaba directamente asociado con las personas, era su distintivo más preciado.

Por su parte, Genji no es un nombre propiamente dicho, sino el título que recibían los hijos ilegítimos del emperador, y si bien gozaban de muchos privilegios nunca podían ascender al trono. Es por ello que con frecuencia la narradora se refiere a Genji, como Genji El Iluminado, o Genji el Resplandeciente.

Características psicológicas:

Con una gran delicadeza la autora representa, como si de una pintura se tratase, las características de cada personaje.

“Mientras ella leía en voz alta una novela a sus mujeres, Genji reflexionó sobre lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo se explicaba que aquellos arrebatos súbitos de pasión no le hubieran abandonado todavía? A veces sentía vergüenza de sí mismo. ¡tenía ya treinta y dos años, y a su edad resultaban completamente ridículos!

En otro tiempo se había comportado de un modo horrible, pero entonces era joven y alocado. Por otra parte, estaba seguro de que las faltas de entonces le habían sido perdonadas. ¿Iba a volver a las andadas? Trató de consolarse de algún modo, y acabó reconociendo -¡triste consuelo!- que ahora tenía más conciencia de los peligros que corría, de manera que algo había ganado con la edad”.

“En la corte de cierto emperador, cuyo nombre y año omitiré, vivía…”

Otra característica de extrema modernidad es la frase que da inicio al libro, ya que nos preguntamos: ¿En qué reino fue?, puesto que Murasaki Shikibu nos muestra claramente que los acontecimientos que serán narrados no pertenecen a la época en la que ella vive, lo que demuestra una gran habilidad narrativa.

Los diálogos de poemas, no son directos, son alusivos, obedecen a códigos establecidos, nunca improvisados:

“-Hubiese preferido marchar contigo

            a la vida de los pescadores

a estar sola y triste en la ciudad,

            pensando en ti.

            “Esos cuadros me hubiesen servido de gran consuelo…

            Y Genji respondió, compadeciéndola:

            -Más lloro ahora que entonces,

            en los tiempos de mi exilio,

            al evocar las muchas lágrimas

            que en aquellos días derramé”.

La música también forma parte de los diálogos y algunas veces reemplazan a los poemas:

“Dominaba el son de la flauta, pero no faltaba tampoco el koto japonés y el laúd. La flauta es un instrumento melancólico cuya voz combina a la perfección con las brisas de otoño, especialmente en noches de luna tranquilas y radiantes como aquélla”.

A modo de conclusión:

Para terminar podríamos decir que la época Heian se caracterizó por una gran sensibilidad por la naturaleza, la música, la lengua china, la poesía. Por su parte, la caligrafía tenía un papel muy importante y era muy apreciada.

Murasaki Shikibu sabía que necesitaba de transgresiones para poder llamar la atención del lector, amores prohibidos y “faltas repetidas”, con su consecuente castigo, de ahí que las mujeres entren en religión y que Genji se sienta culpable a todo lo largo de la obra. Kaoru, su hijo, al menos el que pasa como tal, es introvertido, delicado, no es mundano como el padre, en realidad es el héroe ya que Genji era alguien que había transgredido todas las normas sociales. Es decir, Genji, el Iluminado, sería un héroe a la inversa. En cuanto a Kaoru se refiere, es la antítesis de Genji, ya que nunca es capaz de tomar la decisión apropiada en el momento apropiado.

La madre era la encargada, al menos en una gran medida, de asegurar el futuro de los hijos. Esto estaba dado por el linaje al que pertenecía y por la influencia que pudiese tener sobre el emperador y por supuesto al apoyo político que pudiese tener.

La novela, en época de Murasaki Shikibu, era considerada como hoy en día, lo que hay allí escrito es ficción, así parta de la realidad: condición humana, ascenso político de un hombre o su caída, relaciones entre seres humanos.

Para poder entender a cabalidad el mundo en el que vivió Murasaki Shikibu hay que tener en cuenta algunos aspectos, a saber:

1. Es una sociedad devota de la belleza, tanto física como espiritual.

2. En la corte Heian se rendía culto al ocio. En otras palabras sus súbditos vivían en un perenne Carpe Diem, puesto que vivían por y para el refinamiento más sofisticado; no sólo en cuanto a las actividades artísticas y literarias se refiere, sino a los objetos que los rodeaban y a los vestidos que utilizaban.

3. El Genji Monogatari no es una tratado de política, aunque como lectores penetramos muy bien en la jerarquía de la Época Heian. Sus gobernantes no se preocupan por hacer justicia social, sino por la caligrafía, la música, la literatura, las fiestas, los regalos suntuosos y al mismo tiempo se preocupan por los “tiempos degenerados” que les ha tocado vivir. El libro nos muestra la ambición por el poder, las rencillas, el arribismo y los conciliábulos para acceder a él e incluso la corrupción (se habla, incluso, de ahogar en dinero a un futuro yerno y de comprarle un ministerio).

4.  Esta era una sociedad que vivía para el goce de los sentidos y al mismo tiempo eran profundamente espirituales, ya que el peso de la religión budista atraviesa toda la obra. No sólo viven rodeados de bonzos y sacerdotes, sino que siempre buscan la oportunidad de realizar retiros espirituales y cuando no pueden hacerlo dedican gran parte del tiempo a la oración, léase la repetición de los sutras, o la lectura de las escrituras sagradas. Según la concepción del mundo de Genji, hay que aprender a ser un ser humano y la única posibilidad es a través de la religión. Esta es la búsqueda de Genji o de su primo el emperador Suzaku, pero también de Murasaki, la esposa de Genji, o de muchos otros personajes de la obra. Todos ellos desean terminar sus días en un monasterio, y al optar por la vida monástica esperan dejar atrás el mundo de las “apariencias”, lo que les abriría la puerta para acceder al mundo espiritual. Es el caso de los personajes Kaoru y Ukifune, en los que yo vislumbro una reencarnación de Genji y Murasaki.

En el caso específico de la mujer, la entrada a la vida monástica es una posibilidad de sobrevivencia; ya que al quedar viuda, o al perder el interés de su marido, o dejar de ser considerada “favorita”, la vida monástica le permitía tener un techo y comida, así fuera precaria. No hay que olvidar que este aspecto también se daba en Occidente; no sólo durante el Medioevo sino durante muchos siglos después.

Para terminar yo diría que Murasaki Shikibu es un gran árbol del que crecen las ramas que dan cobijo a Yasunari Kawabata, a Yukio Mishima, a Haruki Murakami, a Marguerite Yourcenar o a Jorge Luis Borges. La literatura japonesa se alimenta de su savia y la occidental busca su sombra.

 

Bibliografía

Le dit du Genji, Murasaki Shikibu, Editions Selliers, 2008.

El libro de Genji, Murasaki Shikibu, Editorial Planeta, 2007.

Journaux des dames de cour du Japon ancien, Editions Philippe Picquier, 1998.

Notes de chevet, Sei Shônagon, Gallimard/UNESCO, 1966.

Algunas anotaciones sobre la traducción de la editorial Planeta de la novela de Gengi:

http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/05/06/algunas-anotaciones-sobre-la-traduccion-de-la-editorial-planeta-de-la-novela-de-gengi/

MARGUERITE YOURCENAR, LA INTELECTUAL DETRÁS DE BAMBALINAS

 MARGUERITE YOURCENAR, LA INTELECTUAL DETRÁS DE BAMBALINAS

Nota: Conferencia leída el 28 de noviembre de 2024 en el salón de honor del Castillo de Simiane (Valréas-Francia), en el marco de la Asociación Elles…, en caractères!; una asociación que apoya el trabajo de las escritoras y poetas.  (Nota: Al traducir esta conferencia al castellano, inicialmente la escribí directamente en francés, pude complementar varios datos; ya que en una exposición oral hay límites estrictos de tiempo). 

Hace apenas dos meses que asistimos a la presentación en este mismo recinto de un libro que cuenta la historia de la familia materna de la autora y las personas que la escuchamos pudimos apreciar ese recuento filial, sociohistórico, socioeconómico, religioso y educativo. La autora comenzó por mencionar a Annie Ernaux y Romain Gary. Sin embargo, hay muchos otros. Las primeras que me vienen a la memoria, aparte de Marguerite Yourcenar, son Maya Angelou y Piedad Bonnett; me refiero a la autora colombiana que fue galardonada con el Premio Reina Sofía Poesía Iberoamericana 2024 (España). Uno de los premios más importantes en la literatura hispanohablante; incluso ese mismo año publicó una novela que va tras las huellas de su propia vida y por ende de su familia.

¿Cuánta veces nos decimos a nosotros mismos que la vida de una u otra persona tiene tintes novelescos? ¿Cuántas veces nos hemos dicho que la realidad va mucho más allá que una recreada por las imágenes literarias? O bien, ¿que la existencia misma a veces es bastante onírica, surrealista?

En realidad, la vida de una persona o de una familia cualquiera puede ser mucho más rica en historias y leyendas que cualquier libro. Un ejemplo claro son las sagas. Pues bien, Marguerite Yourcenar, como buena novelista que era, no lo ignoraba ni lo minimizaba; es por ello que escribió esa hermosa trilogía que se titula El laberinto del mundo; donde se sumerge en el pasado de su familia paterna y materna.

Cuando la Asociación Elles…, en caractères me propuso dictar una conferencia sobre alguna escritora que yo escogiese libremente, el nombre de Marguerite Yourcenar me vino a la mente, ya que no sólo había leído varias veces sus libros faros -me refiero a Memorias de Adriano y Opus Nigrum- sino que incluso ya había escrito un artículo sobre esas dos obras. 

También había leído Cuentos orientales, Alexis o el tratado del inútil combate El tiro de gracia; así como la biografía escrita por Josyane Savigneau y la entrevista que le hizo Matthieu Galey titulada Con los ojos abiertos; título que es una alusión a la muerte del emperador Adriano. Sin embargo, aún no había leído El Laberinto del mundo (RecordatoriosArchivos del Norte y ¿Qué? La eternidad) al que hice referencia hace un momento. 

Imagino que se están preguntando cómo fue la metodología de esta conferencia. Lo primero fue que volví a leer los libros antes mencionados y también leí otros en lo que nunca me había sumergido. En total fue una lectura de catorce libros; incluyendo la biografía y la entrevista anteriormente mencionadas. Aunque no podría decir que me haya convertido en una especialista sobre la vida y obra de Marguerite Yourcenar, sí puedo asegurar que la conozco mucho mejor que en el momento en que le planteé a la Asociación Elles…, en caractères hablar sobre ella. La lectura y la cultura son mis pasiones más profundas; puedo decir sin ambages que vivo por y para ellas.

No hay que olvidar que en América Latina se desarrolló a partir de la década de los 80, del siglo pasado, un verdadero culto por esta inmensa escritora. ¿Cómo la descubrí? En los años 70, mis años universitarios, el nombre de Marguerite Yourcenar ya circulaba en las aulas de la Universidad Javeriana, mi alma mater. Luego, en 1980, fue nombrada en la Academia Francesa; un dato que no es para nada anodino puesto que fue la primera mujer en ser aceptada en este recinto que había sido creado en 1635 por el cardenal Richelieu, el primer ministro de Luis XIII. Durante su nominación hubo muchas discusiones con respecto a los argumentos de los que serían sus pares; y algunos rayaban en el ridículo. Estás son algunas de las frases que fueron dichas en su contra: -Elle est grosse et moche (Es gorda y fea); o bien: ¿Cómo va a ser el orden de entrada a la cúpula si una mujer rompe la fila de hombres? (Tradicionalmente el orden de entrada se hacía comenzando por el académico más antiguo y terminaba con el más reciente. Lo que estaba en discusión era como iban a dejar a una mujer de última en esa fila masculina). Otra de las preocupaciones de los Académicos es que la vestimenta de gala había sido diseñada para hombres; ¿cómo una mujer iba a poder llevarla con elegancia, respeto y dignidad? Hay otras anécdotas; algunas de las cuales dejaron heridas en Jean D’Ormesson, el académico que propuso su nombre para reemplazar a quien había sido un gran amigo de Marguerite Yourcenar; me refiero a Roger Caillois. La entrada de MY, más qué triunfal, tuvo lugar el 22 de enero de 1981; yo llegaría por primera vez a París en septiembre de ese mismo año. Matthieu Galey, que para la época ya había publicado su entrevista Con los ojos abiertos, no fue invitado. ¿La razón? MY no le perdonó nunca que en la carátula del libro hubiese puesto: Marguerite Yourcenar de l’Académie Française. El nombre de Marguerite et l’Académie Française los resaltó en rojo. Máxime que no lo consultó con ella. Una estrategia clara de marketing que MY consideró bastante abusiva. Por otra parte, una vez terminada la entrevista, que duró poco más de una semana, en la isla de Mont-Désert, y a su regreso a Francia, les contó a todas las personas que quisieron oírlo que Grace Frick no sólo no había sido cordial sino que había hecho todo lo posible para evitar que él pudiese pasar muchas horas hablando con MY. Y ella, MY, era rencorosa, muy rencorosa. Nunca olvidaba una frase que pudiese herirla a ella o a GF; como tampoco olvidaba algún gesto desafortunado. No es de extrañar entonces que Galey no hubiera sido invitado a la investidura como académica ni que tampoco se hubiesen vuelto a reunir. Galey, por su parte, no se lo perdonó nunca.

En el momento de su entrada triunfal a La Coupole, D’Ormesson le dice: - «Usted no está aquí por ser mujer; está aquí por ser un gran escritor». Así, en masculino. De todas formas, MY jamás se refirió a ella misma en otros términos. (Explicación para los lectores de América Latina: aún hay muchas escritoras e intelectuales en Francia que rechazan utilizar el femenino de escritora; aunque si lo hacen al llamarse ellas mismas «poetisas»).

Y si bien yo era muy consciente de la importancia de este nombramiento, no sólo para las Letras Francesas sino para la literatura en general, sólo leí Memorias de Adriano en 1985, año de mi regreso a Colombia, cuando vi a mi padre leyéndolo con un enorme placer estético e intelectual; me refiero a la traducción hecha por Julio Cortázar. Es gracias a esta traducción que MY se convirtió en la leyenda que sobrevive hasta nuestros días; sobre todo en Colombia. Hablando de traductores habría que recordar que ella también lo era. Poco antes de La Segunda Guerra Mundial viajó a Londres para conocer a Virginia Woolf; ya que le habían pedido una traducción al francés de Las olas. Parece ser que la reunión entre las dos fue más bien distante; lamentablemente no hay registros fotográficos de ese momento tan importante entre las dos más grandes escritoras del siglo XX. También tradujo a Henry James. Esto, en cuanto a la lengua inglesa se refiere. Del griego tradujo a Konstantínos Kavafis; aunque para ser justa habría que decir que fue la co-traductora junto a Constantín Dimaras. Incluso es él quien le habla por primera vez de ese gran poeta alejandrino. Es más, aunque MY conocía muy bien el griego antiguo -lo escribía y lo leía-, también leía y escribía latín, sus conocimientos del griego moderno eran bastante precarios; sobre todo cuando se trataba de hacerle frente a una traducción.  El amor por estas dos lenguas lo heredó de su padre Michel de Crayencourt; es él quien se las enseñó. También tradujo autores italianos. Cuando conoció la obra de Yukio Mishima decidió aprender japonés para poderlo traducir al francés. Lo que hay que aclarar es que MY no era en realidad una verdadera traductora sino, más bien, que hacía versiones o adaptaciones de los autores que ella admiraba y que deseaba que fueran leídos en francés; su lengua materna. En lo que concierne a la traducción de Kavafis, Dimaras, un verdadero francófono, narraría luego que durante la traducción conjunta hubo varias disputas entre ellos dos puesto que MY dejaba a un lado la rigurosidad profesional del traductor para hacer cambios que no eran muy afines a los originales; y además cambiaba las construcciones semánticas que muchas veces iban en desmedro del texto original. Este rasgo de su personalidad refleja una intransigencia que con el pasar de los años se acentuaría aún más. Esto, en cuanto a su vida profesional; en su vida privada no siempre fue así. Luego fue, al menos en cierta medida, una mujer a la que se podría denominar como «sumisa».

Pienso particularmente en su vida privada. Me refiero a la relación que tuvo por espacio de 40 años con Grace Frick y luego con Jerry Wilson. Cuando uno lee la biografía escrita por Josyane Savigneau, quien fue su amiga, si es que alguien podía decir que tenía «una amistad con ella», uno puede vislumbrar que el control que ejercía GF sobre MY era un control perverso. Mientras, qué en la relación con Wilson (un hombre al que MY le llevaba 45 años de diferencia) ella asumía una posición absoluta de sumisión. Josyane Savigneaucuenta que él la maltrataba verbal y físicamente. Es más, no sólo vivía a sus expensas, sino que le robaba dinero. En algún momento incluso, en el que viajaban, Jerry, que era homosexual, había impuesto como acompañante a un hombre joven que había conocido poco tiempo antes; drogadicto como él. Entre los dos le pedían dinero a diario y también se lo robaban. Una pareja bastante singular que abandonaba a MY en el hotel para salir de farra por las noches; con su dinero, por supuesto. El maltrato verbal también lo vivió con Grace Frick. Me explico. En los últimos años de la enfermedad, Grace se volvió extremadamente agresiva con MY. Cuando ella entraba a su cuarto, Grace le gritaba recordándole que no tenía autorización para entrar y además le gritaba que «la odiaba». Para ese entonces MY y GF hacía ya muchos años que no eran pareja. En cierta forma eran dos amigas que compartían la misma casa. MY si bien ya no la veía como una amante si la quería y la admiraba mucho; además le era muy leal. Así que cada vez que era insultada, y eso era prácticamente a diario, salía del cuarto sin protestar; aunque, visiblemente, muy afectada. Y antes, mucho antes, cuando aún compartían lecho, en cada navidad, 31 de diciembre y todo el mes de enero, Marguerite Yourcenar se quedaba sola en su casa de la isla de Mont-Désert. ¿La razón? Grace Frick lo dedicaba a su familia; una familia que nunca conoció ni aceptó a MY. En otras palabras, nunca aceptó que Grace fuese lesbiana y menos que compartiese abiertamente su vida con una mujer; así esa mujer fuese Marguerite Yourcenar.

No obstante, y para ser justa, no debo desconocer que GF pudo haber sacrificado su vida de académica y de intelectual en aras de apoyar el trabajo de MY; ella colaboró activamente en el trabajo investigativo en las bibliotecas sobre el emperador Adriano. También fue la traductora de Opus Nigrum; tarea en la que se demoró nueve años. GF llevaba un diario en el que anotaba prácticamente todo lo que sucedía con respecto a MY; y poco, muy poco, sobre ella misma. La mayoría de estos cuadernos sólo serán del dominio público en 2034. Grace Frick llevaba las riendas de la casa y de la vida profesional de MY, al punto que la obligaba a trabajar durante horas; algunas veces de noche, impidiéndole dormir y descansar lo necesario. Controlaba las llamadas telefónicas y todo lo que tuviera que ver con el correo dirigido a ella o con las visitas que le hacían. Podrán decir que GF le simplificaba la vida; es posible; de todas formas, su carácter posesivo la llevó a ser bastante controladora. GF llevaba las riendas de la casa de la isla de Monts-Déserts en la que MY viviría gran parte de su vida como una verdadera reclusa; al punto que sus vecinos creyeron al principio, y esto, por espacio de unos cinco años, que MY no sabía hablar inglés. Ella lo hablaba, por supuesto, aunque lo hacía con un acento francés que nunca quiso corregir ni mejorar. Eso sí, lo leía y escribía con gran fluidez. Incluso tradujo al francés «Los negros espirituales»; me refiero a esa hermosa e importante herencia de los antiguos esclavos de Estados Unidos.  Es muy posible que su acento se deba a un desafortunado incidente con su padre. Michel de Crayencour hablaba un inglés muy bueno; entre otras cosas porque vivió en Inglaterra durante siete años. En 1914, decide huir de la guerra que ya estaba haciendo estragos en Bélgica y se exilia en Inglaterra con Marguerite, con su hijo Michel y dos de sus sobrinos. Todos los días le daba clases de inglés a su hija sin que ella hiciese un verdadero esfuerzo fonético (recordemos que Marguerite sólo tenía once años); así que una tarde Michel, su padre, entró en cólera y le lanzó un libro a la cabeza. En lo que respecta a la vida privada de MY y de GF habría que recordar que ellas se comunicaban únicamente en francés; sólo hablaban en inglés cuando había alguna persona con ellas; como la enfermera de Grace o el jardinero o las mujeres que ayudaban en tareas domésticas, o en las visitas de amigos anglófonos.

Marguerite Yourcenar luchaba por todas las causas que ella considerase justas en el sentido propio del término. Apoyaba asociaciones de protección del medio ambiente; así como de fundaciones que protegieran los derechos de las mujeres sin que ella se hubiese considerado nunca como feminista. Aunque, en cierta forma si lo fue puesto que siempre rechazó de forma contundente el rol de la mujer reducido sólo a ser ama de casa; un rol que era prácticamente el único destino posible para las mujeres nacidas a comienzos del siglo XX; como era su caso. Su padre le enseñó la independencia, la libertad y el amor por los viajes. Y, ante todo, le transmitió la pasión por la búsqueda del conocimiento, por la literatura y por los idiomas; otra forma de viajar. Durante años no hizo sino viajar de un país al otro; primero con su padre y luego sola. Este permanente nomadismo se ve interrumpido cuando se desata La Segunda Guerra Mundial. En 1939 MY contaba con 36 años y ya había conocido a Grace Frick en un hotel cerca la Rue de Rivoli que solía ser frecuentado por mujeres que buscaban pareja. Es Grace quien le insiste para que vaya a verla a Nueva York. MY no volvería a vivir jamás en Europa; el continente que amaba y admiraba por encima de todo. Sólo pudo viajar nuevamente antes de la publicación de Memorias de Adriano; o sea, en 1950. El libro se exhibe en las vitrinas de las librerías en 1951. Durante estos años ella y GF se enfrentaron a problemas económicos severos. Grace trabajaba en un College y MY trabajaba a su vez en uno donde sólo asistían mujeres. Años más tarde diría que esos cinco años de docencia fueron en realidad una eternidad. Me refiero al Sarah Lawrence Collegedonde tenía a su cargo el curso de literatura francesa. Es en estos años que escribe Memorias de Adriano.  Su tiempo libre lo dedicaba a su escritura; incluyendo las reuniones de profesores. Con ésto no afirmo que ella evadiera dicho compromiso, sino que simplemente se sentaba y comenzaba a escribir con una resma de papel en sus piernas. Una costumbre que la acompañó a todo lo largo de su vida y que llevaba a cabo cuando escribía en el jardín de su casa de Mont-Désert; y eso cuando el clima se lo permitía. De resto lo hacía en el salón de su casa, sentada en un enorme escritorio y al frente estaba otro igual destinado a Grace. Volvamos al Sarah Lawrence College. Harold Taylor, su presidente, contaría años más tarde que en realidad MY vivía en siglo II de nuestra era y que todas sus colegas lo entendían perfectamente. La percibían como una persona distante y fría. En realidad, huía de todo lo que pudiera alejarla de la escritura y de la lectura. Algo que yo comprendo perfectamente.  Harold Taylor contaría también que MY no era una persona conservadora puesto que de haberlo sido no habría podido trabajar cinco años en ese College liberal y que se oponía con firmeza al macartismo. Él la apreciaba y admiraba; aunque reconocía que su relación sólo fue estrictamente de índole personal. 

El emperador Adriano, como ella misma lo llamaba, ocupó un lugar muy importante en su vida; más tarde aparecería Zenón. 

Hablemos ahora de Memorias de Adriano.

En 1924 MY visita la Villa de Adriano en compañía de su padre; también es su primera estadía en Roma. Una visita que hará nuevamente en los años 60 y a la que se refiere con una gran decepción al constatar como el flujo de turistas había influido negativamente en los alrededores de la villa; como la construcción de un gran parqueadero y de una cafetería. Volvamos a 1924. Es en este momento que nace Memorias de Adriano. MY sólo tiene 21 años y comienza la tarea titánica de escribir este libro que yo no dudo en considerar la obra maestra del siglo XX. En la década de los 30, poco antes de su viaje precipitado a EEUU, MY deja dos cofres en un hotel de Lucerna que solía frecuentar desde hacía varios años. No podía saber que sólo los recuperaría veinte años después cuando un amigo accedió a enviárselos por barco a Nueva York. MY había olvidado los manuscritos que hacían referencia a Adriano. Cuando abre los cofres y los encuentra, inmediatamente se pone a la tarea de volver a escribir sobre él. Entiende que debe comenzar de cero y que para poder hacerle frente a ese proyecto debe realizar una búsqueda de ratona de biblioteca; para ello contará con el apoyo incondicional de Grace. Es así como se sumerge a fondo en la historia de la Roma del emperador y lee todas las biografías que le habían sido consagradas desde la antigüedad hasta el s XX.

También debe pensar en el tono de la novela. La idea de la primera persona se impone por encima de los demás recursos narrativos. Al trabajar de ese modo siente que es el emperador quien le habla y le dicta las sentencias que ella escribe con su propia mano en el papel; y eso durante dos años en que prácticamente trabajó sin un minuto de descanso. De todas formas, ella ya había utilizado esta técnica en Alexis y en El Golpe de gracia publicados en 1939. Una técnica que también había sido utilizada por Malraux. MY diría luego que ese método le permitía «eliminar el punto de vista del autor, al menos de sus comentarios».

 “La narración está escrita en primera persona por el personaje principal; procedimiento que yo ya había utilizado muchas veces puesto que elimina el punto de vista del autor, o al menos de sus comentarios, y porque permite mostrar a un ser humano que enfrenta la vida mientras que se esfuerza en explicarla con una relativa honestidad; y antes que todo eso, de tratar de acordarse» (Prefacioescrito por MY para Le coup de grâce, Gallimard, 1971. Alexis suivi de Le coup de grâce, pág. 129. La primera edición data de 1939. Nota: Todas las traducciones de este texto son de mi autoría).

Para la escritura de Memorias de Adriano va a utilizar un método completamente original. 

Antes de escribir las Memorias escribe primero en griego durante dos horas seguidas; una estrategia que le permite ir al encuentro del emperador para poder comunicarse con la lengua que él amaba y prefería por encima del latín; su lengua materna.

El 10 de febrero de 1949 es la fecha en la que comienza a escribir este libro monumental, y lo hace a partir del último capítulo del manuscrito que ella había escrito casi treinta años antes. Para esa época el título eraAntínoo

Escuchemos a MY hablarnos sobre el descubrimiento de estos manuscritos olvidados en un hotel de Lucerna:

 “Si yo hubiera escrito Adriano en esa época, habría visto sin duda alguna al gran amateur del arte, al mecenas, al amante sin duda alguna; no obstante, no habría visto al hombre de Estado” (Josyanne Savigenau, página 203.)

Desde ese momento MY sabe que su vida de escritora comienza una nueva etapa. Sabe que el libro va a marcar un antes y un después.

Apenas termina el libro le escribe al director de Plon. Gallimard y Grasset, sus editoriales hasta ese momento, reaccionan con bastante virulencia. MY no se deja impresionar y finalmente será Plon quien publique Memorias de Adriano. Mientras las disputas se llevaban a cabo el Premio Fémina es otorgado. No importa. Cuando la novela sale, el éxito es inmediato. El nombre de MY le da la vuelta al mundo. Un éxito que nadie esperaba; ni siquiera ella misma. Años más tarde dirá: -Je suis devenue Hadrien! (¡Me convertí en Adriano!). 

Era el año 1951.

Miremos lo que pasó detrás de bambalinas.

Durante los meses de julio, agosto y septiembre de 1951 la revista La Table Ronde (La Mesa Redonda) publica tres capítulos de Memorias de Adriano. Las discusiones sobre esa joya, que resplandece antes los ojos y el intelecto de sus lectores, no se hacen esperar. Gallimard se precipita en sus archivos y encuentra que MY tiene un contrato firmado con ellos desde 1938 ; año de la publicación de El golpe de gracia. El susodicho contrato tenía una cláusula de exclusividad para la publicación de sus obras venideras. La casa editorial tenía “el derecho de preferencia sobre sus próximas obras". ¡Pero esto no es todo! MY también había firmado contratos de exclusividad con Grasset desde la preguerra. MY es consciente de estos problemas jurídicos; aún así en abril de 1951 le escribe a Joseph Breitbach para informarle que su decisión es publicar las Memorias con Plon:

«Carezco de energías para hacer circular Adriano de editor en editor. En cuanto a Gallimard hay que decir que ha hecho muy poco por mis libros por lo que no lo creo capaz de darle la importancia que merece este libro y que me interesa mucho más que los otros… hay una parte de mí misma en él… Hice esfuerzos de absoluta sinceridad» (Idem, pág. 225). 

Las cartas van y vienen; no sólo las de los editores sino de otros escritores como Roger Martin du Gard que tenía un sincero aprecio por MY. Finalmente Gaston Gallimard escribe una carta que data del 20 de noviembre a Maurice Bourdel, director de Plon:

«Nuestra discusión me hizo sentir que nosotros somos hombres de la misma raza (en estos años la palabra raza para los franceses significa pueblo, gente. MY también la utilizaba en ese mismo sentido y con bastante frecuencia), con los mismos gustos, con la misma educación. Todo esto tiene un gran valor para mí; por lo que deseo que al igual que yo, usted olvide este asunto. Si renuncio a las Memorias de Adriano es únicamente por usted.» (Idem, pág. 228).

Memorias de Adriano sale a la venta el 5 de diciembre de 1951. ¡El éxito previsto fue inmediato!

MY escribe: «Desde la publicación de Adriano, a finales de 1951, su éxito sobrepasó todas las previsiones».  Jean Ballard, por su parte, escribe: «Adriano no es tanto el centro del tema cómo de una búsqueda de sí mismo a través del equilibrio y del apaciguamiento… Es un balance de conciencia que sólo consigue un escritor exigente. El resultado es un gran libro… La calidad de la expresión va de la mano con el pensamiento».  (Idem, pág. 230). Por su parte, Jules Romain, que se ufanaba de ser un lector muy exigente y que no ocultaba que se aburría fácilmente con los libros que le llegaban a las manos, le escribe a MY: «Leí Memorias de Adriano desde la primera a la última página… Volví a leer algunos fragmentos… Leí nuevamente… Necesitaría muchísimas páginas para poder decirle hasta qué punto su libro me parece admirable. Encuentro en él las cualidades más diversas: Un pensamiento vigoroso y de una altura desconcertante; un sentido psicológico bastante agudo como pocas veces lo he visto; un estilo donde la perfección y el regocijo son prácticamente constantes» (Idem, pág. 230).

Marguerite Yourcenar no se cansará nunca de repetir: - ¡Me convertí en Adriano! puesto que durante dos años se sentó a su lado sin descanso alguno. Ella entraba y salía de su casa como si él hubiese sido su alter ego. De todas formas, el Emperador la acompañó hasta el día de su muerte.

En 1954 Tomás Mann le escribe:

«En estos momentos estoy, aunque un poco atrasado, bajo la influencia de las Memorias de Adriano…, una obra poética, llena de erudición, que me tiene encantado como ninguna otra lectura lo había logrado desde hace mucho tiempo». (Idem, pág. 230).

Por mi parte, considero que Memorias de Adriano es el mejor libro del siglo XX ; es decir, lo considero muy superior a las novelas escritas por los hombres ; sobre todo los que la despreciaban ; y esto, por diversas razones : por su inteligencia, por su erudición, por su pluma mucho más aguda y precisa que la de sus homólogos masculinos, por su capacidad de argumentación, de crítica y de análisis ; así como por el rigor en los estudios, necesarios para la creación del libro, y por la disciplina en el trabajo de escritura propiamente dicha. Muchos de esos hombres, sobre todo los de la Academia Francesa, no aceptaban su condición de mujer libre, autónoma e independiente; como tampoco aceptaban que compartiera su vida con una mujer. Me refiero a su «amiga» Grace Frick (MY se refería a ella en esos términos: -Mon amie (Mi amiga). MY y GF vivieron juntas por espacio de 40 años; lo que equivale a una vida entera.

Hablemos ahora de Zenón.

Zenón, el médico, el sabio, el intelectual, el viajero, el alquimista, el hombre que amaba vivir, no bajo la luz como Adriano, sino en la sombra. El hombre errante que prefería el anonimato al poder, la marginalidad a la riqueza. Para MY, Zenón era como su hermano menor; hablaba con él y le pedía consejos. Incluso esperaba que él estuviese a su lado en el momento de su muerte. Zenón fue tan importante en su vida que anotó la fecha de su nacimiento en el carnet donde escribía las fechas de aniversario de las personas cercanas a ella. Recordemos que Zenón es un personaje imaginario y ambientado en el siglo XVI. Al final del libro, cuando Zenón se corta la arteria femoral, MY se levanta de la silla donde estaba escribiendo, va al jardín, se acuesta en su hamaca y repite su nombre 300 veces; o sea, una larga y emotiva letanía. De esa forma no sólo le rindió homenaje, sino que le dijo cuánto lo iba a echar de menos.

Estoy hablando de Opus Nigrum, la novela que MY consideraba a la misma altura que Memorias de Adriano; parece ser que incluso creía que era superior. Este libro, sobre la alquimia humana, busca transformar al Hombre en Humanista. (Nota: Opus Nigrum es la primera etapa que se hace en alquimia para lograr la transmutación del plomo en oro).

Cuando termina dicha obra MY ya había publicado con Plon catorce libros; aun así, se da cuenta que esta editorial no le conviene por varias razones: 1. Principalmente por los autores y libros publicados durante esos últimos años por la editorial en cuestión. 2. Plon se había comprometido a sacar una nueva edición de Alexis; algo que incumplía año tras año. 

Ya vimos que MY era una mujer muy rencorosa y que jamás olvidaba una afrenta por mínima que fuera. Por otra parte, ejercía un control exacerbado de las ventas de sus libros y sabía perfectamente si eran distribuidos en las librerías o no. Así que decidió que Opus Nigrum no sería publicada por Plon. Este proceso se conoció como L’affaire Plon y fue muy conocido en la época. Duró dos años. MY finalmente ganó el proceso y dijo, con bastante orgullo, que ella había sentado jurisprudencia. Opus Nigrum salió con el sello de Gallimard, lo que le permitió a la editorial recuperar el conjunto de los derechos de todas sus obras; tanto las ya publicadas como las que ella podría escribir en el futuro. En otras palabras, MY le otorgó el derecho de exclusividad sobre la publicación de toda su obra. Era el 10 de octubre de 1967. MY y Grace Frick lo celebran con champaña; uno de sus licores preferidos. El otro era el brandy; por lo general se tomaba una copa de ese licor cada noche.

Opus Nigrum sale justo antes de Mayo’68. Un personaje a todas luces contestario y marginal va acompañar a los estudiantes parisinos en sus reivindicaciones. Por supuesto que MY no podía haber previsto que él se pasease con ellos por las calles de París. Una coincidencia rara y hermosa que le vendrá a la mente en la entrevista Con los ojos abiertos que le hizo Matthieu Galey. 

MY: «Zenón se opone a todo: a las universidades cuando es joven; a la familia porque él es un bastardo, y además desdeña la riqueza; al convento español de don Blas de Vela, al punto que abandona al viejo cerdo que es cazado por los monjes, algo que lamentará más tarde; a los profesores de Montpellier cuando estudia anatomía y medicina; a las autoridades, a los príncipes, etc… Rechaza la ideología y el intelectualismo de su tiempo con su magma de palabras. Por su parte, practicó diversas formas de placer carnal y termina por rechazar la sensualidad; al menos hasta cierto punto. Por supuesto, también rechaza el pensamiento cristiano, aunque con algunos llega a entenderse; como es el caso del Prior de los Cordeliers. Asiste, o mejor desdeña a participar del colapso del ala izquierda del protestantismo y constata el escándalo de la alianza cimentada por la Contrarreforma entre la Iglesia y las monarquías; ve como todo se derrumba ante él; intuye que es la condición humana la que está detrás de todo… Es por todo esto que Opus Nigrum, al menos para mí, es una especie de espejo que condensa la condición humana a través de una serie de acontecimientos que solemos llamar Historia» (Les yeux ouverts).

Opus Nigrum es, en realidad, la búsqueda de la libertad. Al igual que Memorias de Adriano es un libro que habla sobre la condición humana; es una defensa del humanismo. En otras palabras, es la razón de su universalismo. Y yo, como latinoamericana que soy, lo comprendo perfectamente. MY lo dice de una forma más clara y contundente:

«un sacerdote me escribió que él quisiera morir como el prior de los Cordeliers; hay muchas personas anónimas que me aseguran que Memorias de Adriano les han ayudado a vivir». (Idem, pág. 218)

También dice:

«Quería ofrecer un cierto punto de vista, una cierta imagen del mundo, una cierta pintura de la condición humana que no puedo pasar a través de un hombre o de los hombres.  Pienso que la gran libertad que nos otorga la Historia, cuando nos muestra a la gente de nuestro tiempo que eso en lo que ellos creen, pertenece únicamente al ritmo de la condición humana y a las soluciones que proponen o que no proponen; uno podría agregar otras que ya fueron puestas en escena en otra parte». (Idem, pág.160)

Miremos ahora el estilo de Opus Nigrum. Si Memorias de Adriano es escrito en primera persona; esta novela lo es en estilo indirecto. Leamos que dice MY al respecto:  

(gracias…) “al estilo indirecto, en realidad es un monólogo en la tercera persona del singular, uno puede ponerse en el lugar de la otra persona evocada; uno se encuentra delante de una realidad única, la de ese hombre, en ese momento, en ese lugar. Es así como se llega al mejor momento humano y al mismo tiempo universal”. (Idem, pág. 61).

Y puesto que estamos tratando de evocar la libertad de Zenón no dejemos de lado la búsqueda de la libertad de Adriano; recordemos que él legisló en favor de los esclavos y de la libertad de las mujeres.

(Nota: Recomiendo leer el capítulo de Tellus Stabilita, de Memorias de Adriano, a partir del párrafo «… dudo que toda la filosofía del mundo sea capaz de suprimir la esclavitud: sólo le cambiará el nombre… hasta: Nadie tiene el derecho a tratar la tierra como lo hace el avaro con su oro»).

Para terminar, recordemos que ya en su juventud MY tenía varios amigos de izquierda. No hablo de los intelectuales franceses como André Freigneau, que era claramente de derecha. (Freigneau fue su editor en Grasset y además fue su gran amor. Un amor y una pasión jamás correspondidos puesto que él era homosexual. La escritura de Fuegos fue precisamente para exorcisar esa obsesión y tratar de enterrarla definitivamente). Hablo, más bien de poetas, artistas e intelectuales griegos; como el gran poeta surrealista Andrea Embiricos (él también fue una de sus pasiones; aparentemente no correspondida). Muchos de sus amigos combatieron en La Guerra Civil Española del lado de Los Republicanos. Según Josyane Savigneau «MY se veía a sí misma como libre y múltiple». MY, aunque no votaba, siempre apoyó al partido demócrata de EEUU. Además, apoyaba a las asociaciones de protección del medio ambiente, o de las asociaciones de protección de los derechos de las mujeres o de los obreros; como lo indiqué al inicio de esta intervención. Cabe aclarar que MY nunca afirmó que fuese feminista; aunque para mí es claro que sí lo fue. También reconozco, como lo hace Josyane Savigneau, su espíritu libre y múltiple; y yo agregaría “universal”. Veamos que dice MY con relación a la creación: “Un hombre que lee, que piensa o que calcula, pertenece a la especie y no al sexo; en sus mejores momentos escapa, incluso, a la humano”. (Memorias de Adriano; esta sentencia también la repetirá en la entrevista Con los ojos abiertos).

Es esta característica de su intelecto que la hace universal; una especie de mujer del Renacimiento. La búsqueda de MY por el conocimiento, que abarcara muchas disciplinas, así lo atestigua. Esa pasión por la cognición le permitió dar conferencias por todo EEUU y en Europa. Comprendía, entre otras cosas, que nuestra casa, hablo, por supuesto, de la Tierra, estaba en peligro; y eso antes que los partidos ecologistas comenzarán a hablar sobre este tema. Posiblemente lo hizo porque conocía muy bien la herencia de los indígenas de América (hablo del continente) y de su respeto por la Madre-Tierra. Sin olvidar a los descendientes de los esclavos de EEUU. MY no era racista por lo que comprendía muy bien que la gran riqueza de EEUU radica en su mestizaje, en el encuentro de culturas y de pueblos muy diversos. Ella, una extranjera, ella, una francófona que siempre habló el inglés con un acento muy fuerte, terminó siendo respetada y aceptada por la pequeña comunidad de la isla de Mont-Désert, en el estado de Maine. También terminó por ser admirada en su país de adopción; el país que la recibió durante La Segunda Guerra Mundial y que le evitó toda clase de sufrimientos y de carencias. En otras palabras, EUU le permitió vivir; y eso, no es cualquier cosa. Esta oportunidad fue la que no tuvo Lucy Kiriakos, la otra mujer que MY amó, puesto que murió al principio de la guerra durante un bombardeo en Grecia. La tierra que tanto amó.

Por último, quisiera recordar la profunda admiración que Marguerite Yourcenar tenía por Jorge Luis Borges; a quien consideraba no sólo como su par sino como uno de los más grandes intelectuales y escritores del siglo XX. Incluso tenía previsto dar una conferencia sobre él en Bélgica el 19 de diciembre de 1987. La conferencia no tuvo lugar ya que desde el mes de noviembre Marguerite Yourcenar estaba en cama; primero en su casa de la isla de Mont-Désert y luego en el hospital. Su muerte acaeció el 17 de diciembre de ese mismo año. La enfermera que la acompañaba, y que había acompañado también a Grace Frick, repitió la misma escena que vio hacer a Marguerite el día de la muerte de Grace: Abrió la ventana del cuarto para que su último suspiro pudiese salir al encuentro de las estrellas. Allí está, brillando en la eternidad.