En este blog podrán leerse artículos, poemas o cuentos sobre mujeres y hombres que han jugado un rol decisivo en la construcción de nuestro imaginario colectivo; bien sea a través de la literatura, del arte y por ende de la cultura.
miércoles, 16 de julio de 2014
DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS PRIVADAS DE MURASAKI SHIKIBU
¿Qué es La novela de Genji?
La novela de Genji es considerada como la obra cumbre de la literatura japonesa; pero no es algo nuevo, lo ha sido desde siempre. En el siglo XV Ichijo Kaneghoshi (1402-1481) escribió 30 libros sobre esta monumental novela y aseguraba que “de todos los tesoros del Japón, el Genji Monogatari, es el más precioso”. Kaneghoshi fue un gran Estadista, habiendo ocupado varios cargos: Primer Ministro, Regente y Gran Canciller, se destacó también como erudito, escritor, crítico literario, poeta y filólogo. Por su parte, el Premio Nobel Yasunari Kawabata (1899-1972) lo sorprendió la muerte cuando estaba trabajando sobre una nueva versión de La Novela de Genji. Y Haruki Murakami (1949 – Premio Premio Internacional Catalunya 2011), en uno de sus libros, Kafka en la orilla, dedica varias páginas a Murasaki Shikibu. En cuanto a los escritores occidentales se refiere, habría que recordar que Marguerite Yourcenar (1903-1987) decía que “No se ha escrito nada mejor en ninguna literatura” y Jorge Luis Borges a su vez decía que “es una obra de arte jamás igualada”.
Hay que tener en cuenta que la versión que seguramente leyó Borges es la de Arthur Waley, realizada entre 1921 y 1933, por lo que aún adolece de la moral victoriana; Waley quitó y cambió pasajes que encontraba seguramente molestos para su época. No obstante, esta es la versión que Virginia Woolf leyó y admiró. Otro de los admiradores incondicionales de La novela de Genji es Harold Bloom, pero yo tengo varias diferencias con respecto a algunos postulados que él hace y a los que luego haré referencia.
La primera traducción completa de La novela de Genji al español se hizo apenas en el 2006. Es de anotar, que la edición de la colección Austral, del Grupo Planeta, es bastante mediocre, por no decir pésima, pero fue con la que inicialmente pude trabajar. Luego compré la versión en lengua francesa publicada por Diane De Selliers Editeur, una traducción que pone en relieve el genio literario de Murasaki Shikibu. Además, ilustrada, como lo eran las novelas en la época de la escritora.
Por otra parte, en la traducción de Planeta hay otro aspecto que me parece muy grave, me refiero a los reiterados juicios de valor que hace Xavier Roca-Ferrer sobre las costumbres sexuales de la época, viéndola con una ceguera judeocristiana que no hace sino empobrecer la lectura de la novela.
Hay que tener en cuenta que la Historia de la Literatura que conocemos en Occidente ha sido escrita por y para hombres, por lo que ha dejado a un lado, muy conscientemente, la investigación sobre las escritoras; es por ello que se nos ha enseñado que la primera novela es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, borrando, desconociendo, o simplemente por ignorancia, que ya en el siglo XI, en la refinada Corte Heian del Japón, había novelas que se leían y circulaban entre sus súbditos sedientos, no sólo de buena literatura, sino de la representación de diversas manifestaciones culturales y artísticas.
La familia Fujiwara, a la cual pertenecía Murasaki Shikibu, ostentaba el poder detrás del Emperador, puesto que éste básicamente era una figura representativa, y en algunos casos decorativa, ya que muchos de ellos llegaban al poder a la escasa edad de 7 años. Por otra parte, nunca estaban en el trono por muchos años, ya que abdicaban con frecuencia a favor de alguno de sus descendientes, no necesariamente a favor del primogénito.
Las mujeres vivían en recintos vedados al hombre, pero eso no quiere decir que fuesen gineceos en el sentido que hoy conocemos dicha palabra, ya que las mujeres tenían libertad de circulación y podían recibir a los hombres que ellas deseasen en sus aposentos privados. De hecho las costumbres sexuales eran bastante diferentes a las de hoy en día; para decirlo de otro modo, y de una forma más coloquial, eran costumbres bastante relajadas, donde la virginidad no tenía ninguna importancia para el matrimonio. Es más, la concepción del matrimonio, como nosotros la conocemos hoy en día, no existía.
Para entender un poco la complejidad de las relaciones sociales, hay que pensar en la cortina, o “kichó”, ya que formaba parte integral de la sociedad Heian, ya que los hombres y las mujeres no debían verse cara a cara si no eran marido y mujer. Los biombos servían para crear diferentes ambientes dentro de una misma habitación, ya que el concepto de privacidad del siglo XI, era desconocido en la sociedad nipona de la época. Ni los hombres, ni las mujeres estaban nunca solos. Entre más alto era el rango, más personas los rodeaban; costumbre muy en boga en la corte francesa, sobre todo en la época de Luis XIV.
La época Heian, si bien fue de una gran opulencia, también es cierto que las personas que disfrutaban de la riqueza pertenecían a una pequeña minoría. Ello llevó al desgaste irreversible de la clase gobernante; es decir de la familia Fujiwara. No obstante, es importante anotar que durante 400 años Japón vivió en paz. La clase guerrera, los Shogun, vendría después de la desaparición de dicho período. Los pocos guerreros de la época Heian eran sobre todo para vigilar las fronteras, eran mal vistos y se les consideraba poco menos que patanes, sin ningún gusto, ni refinamiento.
Detrás de los visillos de las estancias privadas de Murasaki Shikibu:
Ubiquémonos detrás de un biombo y fisgoneemos la vida de la corte Heian y de su más prestigiosa representante: Murasaki Shikibu, novelista y poeta. No obstante ella no era la única escritora de su tiempo, puesto que no hay que olvidar a las grandes poetas Ono No Komachi, Izumi Shikibu y Akazome Emon y por supuesto a la narradora y rival de Murasaki Shikibu, Sei Shônagon, quien escribió El libro de la almohada o Anotaciones de la almohada. Para entender un poco más su compleja personalidad leamos lo que la propia Murasaki Shikibu escribió en su diario, lo que podría ser su mejor semblanza:
“ “Hermosa, pero tímida, poco amiga de miradas ajenas, retraída, amante de las viejas historias, tan aficionada a la poesía que casi todo lo demás no cuenta para ella, y desdeñosa del mundo entero”, he aquí la opinión tan desagradable que la gente tiene de mí. Y, sin embargo, cuando me conocen me consideran dulce y muy distinta de los que les han hecho creer. Sé que la gente me tiene por una especie de proscrita, pero me he acostumbrado a ello y me digo para mis adentros: “Yo soy como soy” ”.
Murasaki Shikibu, (973? – 1014?) pertenecía a la clase media y tuvo una educación bastante esmerada. Se casó muy joven y enviudó dos años después, sin haberse vuelto a casar; de esta relación nació su única hija. En el año 1008 La novela de Genji aún no estaba terminada, pero ya era leída y escuchada en la corte, puesto que se hacían lecturas en voz alta o se representaban pasajes de la obra. La autora nos narra la vida de la corte, un mundo que ella conocía de primera mano, puesto que al enviudar entró a formar parte del círculo de las damas de compañía de la emperatriz y en la que muy seguramente jugó un rol decisivo, gracias a su inmensa cultura y a su genio creador.
Harold Bloom la compara incluso con Marcel Proust, puesto que La novela de Genji es una forma de recuperar el tiempo perdido; yo diría que en realidad es un gran fresco del Japón de los siglos X y XI. Bloom también la compara con Jane Austen y con Virginia Woolf, en cuanto a la laicidad de dichas autoras. Sin embargo, para mí Murasaki Shikibu es una escritora profundamente religiosa. En La novela de Genji se debaten dos corrientes teológicas: el Sintoísmo y el Budismo y es la segunda la que sobresale a través de toda la obra del Genji Monogatari.
En realidad La novela de Genji es un tratado sobre la condición humana. En la época de la autora se consideraba que la sociedad en la que vivían era la época más corrupta que Japón había conocido hasta ese momento. En otras palabras Murasaki Shikibu, al igual que la gente de la Corte Heian, pensaba que vivía en una época de franca decadencia. Esta idea reflejaba el pensamiento religioso del budismo japonés, ya que creían vivir una especie de apocalipsis búdico, donde las enseñanzas de Buda no serían ni obedecidas ni respetadas.
Yo diría que el Genji Monogatari es la búsqueda del placer absoluto sin que nunca se llegue a encontrarlo. Genji no conjuga el verbo saciar, siempre está detrás de nuevas sensaciones, el erotismo es una senda cuasi filosófica que rige su forma de vida, su pensamiento, su conducta. No obstante, no puede decirse que La novela de Genji sea una obra erótica. Es, en cambio, una novela profundamente sensual. Dicho de otra forma, es una égloga de los sentidos: el tacto, la visión, el olor, el gusto y el oído, y yo agregaría otro: el refinamiento.
La novela de Genji es una visión bucólica del alma humana, si es que esa imagen es posible, y como se manifiesta a través de la sensualidad. La lectura de este libro me hizo no sólo recordar sino entender aún más esa gran película japonesa, El Imperio de los Sentidos, de Nagisa Oshima (1976). No obstante, cabe resaltar que en tiempos de Murasaki Shikibu el desnudo se consideraba algo fuera de toda estética, ella misma dice en su diario que una persona desnuda es horrible. Ni siquiera se desnudaban en el momento del coito, tal y como se puede apreciar en infinidad de ilustraciones. Tanto hombres como mujeres dormían vestidos, podían llevar hasta veinte prendas de vestir sobre sus cuerpos, sobre todo en invierno, ya que sus casas eran húmedas y al carecer de paredes interiores bastante frías; eso en un país donde las estaciones suelen ser verdaderamente marcadas.
La obra de Murasaki Shikibu es, ante todo, un compromiso con la estética literaria; por lo que este rasgo la hace de por sí contemporánea, o mejor, la pone por fuera de una época determinada. La autora es consciente de su genialidad, de su sapiencia, sabe que su pluma es superior a la de sus congéneres, sean hombres o mujeres y que su obra pasará a la historia; por lo que se esfuerza, en todo momento, por dejar en su escritura una huella de calidad, pero sin dejar a un lado la delicadeza de su estilo.
Murasaki Shikibu, como toda gran escritora, tiene como premisa que para poder escribir hay que leer mucho, no olvida que detrás de ella hay toda una tradición literaria, religiosa, filosófica y artística que debe conocer, bien sea para perpetuarla, refutarla o para rendirle culto. En su caso específico las letras y la lengua china; pero también las letras japonesas, su arte, su tradición oral.
Pero al mismo tiempo es una mujer orgullosa de su cultura. Es por ello que su obra es un fresco en el que pueden leerse, léase verse, respirar, sentir la sociedad en la que le tocó vivir. Sin embargo, la manera de narrar es etérea, difuminada, como si fuese un dibujo en carboncillo en el que las imágenes han sido semiborradas por los dedos del artista. Me refiero, básicamente, a esa moral difusa que navega entre las costumbres fuertemente ancoradas en la Corte Heian y el deseo de cambiarlas, de hacerlas más púdicas, si cabe la expresión, más acordes con la religión budista. Y para ello Murasaki Shikibu se sirve del arte de las palabras, que no es otro que el arte de la poesía; por lo que suscita diversas emociones en el lector, independientemente del tiempo y las diferencias culturales que lo separan de la autora. Esto se ve claramente en el cambio que comienza a gestarse en Genji al regreso de su largo exilio; ocasionado precisamente, por la vida disoluta que llevaba, pero sobre todo por haber osado poner “los ojos” en una mujer que estaba consagrada al Emperador.
Otra característica es la evocación permanente, a veces como si se tratase de un sueño u otras como una realidad de la que se es contemporáneo: el nacimiento de Genji, su infancia, adolescencia y plenitud y luego la decadencia que narra la vida de sus descendientes. La corte Heian, vista a través de la melancolía, es el resultado de la mirada contemplativa de Murasaki Shikibu.
Las lágrimas, los poemas, los sueños que se confunden con la realidad, recorren como temas sucesivos estos textos en los que la imprecisión de la realidad, la luna llena, las hojas del otoño, las flores fugaces de un cerezo, la furia de un torrente o las montañas inhóspitas, son el trasfondo de profundas angustias o de amores no correspondidos, pero también son objeto de la confidencia y de la reflexión, del elogio de la amistad, el lamento de la separación o de la muerte como separación definitiva.
La escritura de La novela de Genji:
No hay que olvidar la gran importancia que la lengua china tenía en la corte Heian; de hecho, los ideogramas utilizados por sus súbditos habían sido inspirados en la escritura china conocida como KANJI, pero con una adaptación a la fonética de la lengua japonesa. Posteriormente los kanji fueron simplificados en símbolos fonéticos conocidos como KANA; produciéndose dos vertientes:
HIRAGANA, o Kana fácil
KATAKANA, o kana suplementario
Es el hiragana la escritura que va ser adoptada por las mujeres, al punto que las obras escritas en esta modalidad se conocían como “literatura femenina”; concepto que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, creemos haber inventado. Y aunque Murasaki Shikibu y Sei Shônagon hablaban y escribían correctamente el chino, escribieron sus obras en Hiragana. Algunos hombres, incluso, se burlaban de esta escritura y la consideraban intelectualmente inferior a la utilizada por ellos.
Una explicación plausible que se ha dado de dicho fenómeno, era que en la Corte Heian estaba mal visto que una mujer hiciese un gran despliegue de sabiduría, por lo que a menudo era el hazmerreír de sus contemporáneos; como lo serían siglos más tarde “les femmes savantes” que ridiculizara Molière. No obstante, yo quisiera ver en esa decisión un rasgo más libre y más independiente de la parte de las mujeres; puesto que veo más bien una especie de código secreto que les ayudaba a comunicarse entre sí, a poder expresar sus más íntimos sentimientos de una forma diferente a la utilizada por los hombres. Tal y como sucedió durante siglos en la provincia de Hunan, situada en el centro de la China, al oeste de Pekín, donde las mujeres desarrollaron un complejo sistema de signos llamado Nushu, y el cual desapareció ante la persecución que sufrieron las mujeres que lo conocían durante la Revolución Cultural.
Y si me permito hacer esta afirmación es porque en la Corte Heian una persona como Murasaki Shikibu no era una excepción, ya hemos visto que varias de sus contemporáneas pasaron a la historia como mujeres de letras. Ellas participaban activamente en las actividades culturales y el modo de comunicación era en poesía escrita y epistolar. En Occidente habría que recordar a Eloísa y a Pedro Abelardo (s XII) y posteriormente a los súbditos de la corte de Luis XIV (s XVII-comienzos del XVIII).
Por otra parte, Murasaki Shikibu y Sei Shônagon, lideraban círculos literarios y artísticos, como más tarde lo harían Mme de Pompadour o Mme de Sevigné; recuérdese que es gracias a ellas que la lengua francesa se transformó y que las tertulias literarias y musicales se impusieron en el arte de vivir francés, pero también lo que se ha conocido como La Cultura de la Conversación, aspecto admirablemente analizado por Benedetta Craveri.
La novela de Genji, escrita en Hiragana, fue dividida en 54 libros, de los cuales tres podrían ser apócrifos y la escritora incluyó 795 TANKA, o poemas, de 31 sílabas. Son los poemas a los que hago alusión. Siendo utilizados por las personas de la corte, así podían comunicar su manera de pensar y sus más íntimos sentimientos. Los Tanka eran utilizados en todas las manifestaciones de las relaciones humanas; es decir, no eran poemas sólo para la vida galante.
Rasgos postmodernos en La novela de Genji:
El primer rasgo postmoderno del Genji Monogatari, es que la creadora no escribió los libros por entregas, como lo hizo Balzac en el siglo XIX, sino que la obra obedece a toda una estructura bastante compleja, ya que se hacen saltos en el tiempo. En el capítulo 5 ya aparecen personajes y temas que serán desarrollados en el capítulo 13. Otro ejemplo de su postmodernidad está dado en el capítulo 15; allí se cuentan episodios del exilio de Genji, cuando ya hace mucho tiempo que él se ha reintegrado a la vida de la corte, y que ha recuperado su posición anterior, incluso cuando ya la ha fortalecido considerablemente.
El segundo rasgo postmoderno, está dado por la utilización del Monólogo Interior, ese estilo literario que atribuimos a Virginia Woolf y a Joyce; pero que Murasaki Shikibu ya había desarrollado en la obra que nos ocupa. Es el caso de algunas de las reflexiones que Genji se hace a sí mismo sobre una mujer determinada, o sobre su propia vida y su espacio en el mundo:
““Si”, pensó Genji, “el mundo es un lugar ilusorio, como un sueño””.
Y más adelante:
“”¡Qué extraño es el mundo en que vivimos!”, pensó. “Han pasado casi treinta años desde que estuve aquí por primera vez, y se diría que todo ocurrió ayer. A veces me turba pensar en la transitoriedad de las cosas, siempre en perpetuo cambio… Pero basta con que me sea dado contemplar las flores de una nueva primavera para que me aferre a la realidad visible, por más que sepa que es sólo un sueño volátil…””
Cada personaje está encerrado dentro de sí mismo, con sus culpas, sus deseos; es un clima sombrío, de ahí que los diálogos directos sean muy pocos, ya que la mayoría es a través de poemas.
El tercer rasgo postmoderno está dado por la INTERTEXTUALIDAD que abarca toda la obra. En ella se citan poetas clásicos, tanto chinos como japoneses, y la autora sabe que sus lectores sabrán reconocer cada uno de los poemas y podrán atribuirlos, sin problema alguno, a sus autores originales. Precisamente uno de los poetas más citados es el chino Po Chu I (772-846).
El cuarto rasgo postmoderno está dado cuando pasa de narradora omnisciente a narradora homodiegética. Por ejemplo, cuando habla en primera persona y se queja de dolor de cabeza y que en ese momento está deprimida:
“Hablaré de la sorpresa que tuvo su tía al regresar a la capital y encontrarla tan bien instalada, así como de la alegría y el sentimiento de culpa de Jiju en otro momento, pero ahora me duele la cabeza y me siento un tanto deprimida. Si se presenta la ocasión y no se me ha olvidado por completo, volveré sobre el tema en otro lugar de la obra”. Y más adelante: “Omitiré los detalles, pues demorarse en ceremonias de este tipo suele resultar tedioso, sobre todo si el narrador es tan incompetente como yo”.
Con esta confesión Murasaki Shikibu nos quiere hacer ver cuán profundamente conoce la historia que está relatando, e incluso que ella hace parte integral de la misma.
Sus personajes son emblemáticos, el Genji Monogatari no es una crónica social, ni la autora se interesa por este tema, habla más bien sobre la condición humana; otro rasgo posmoderno. Uno de las características más sobresalientes de Genji es su deseo nunca saciado, al cual se había aludido anteriormente. No obstante, no puede comparársele con el Don Juan de la literatura occidental, en cuanto que Genji nunca olvida a sus amantes, así lo hayan sido por espacio de unas horas:
“Su voz se fundió en un susurro que encantó a Genji. El príncipe suspiró: ¿cómo era posible que todas las damas que le habían interesado tuvieran algo especial que las hacía imposible de olvidar?” (fragmento que puede verse como monólogo interior).
Genji, a pesar de ser un mujeriego empedernido, también busca placeres en su propio sexo y aunque Murasaki Shikibu es bastante prudente, o bastante timorata, para hablar de este tema, hay, sin embargo, varias alusiones a relaciones homosexuales en su obra. Una de ellas es con el joven hermano de Utsusemi, una de las mujeres por las que él suspira.
“Genji pidió al mocito que se tumbara junto a él, y Kogimi se alegró de poder estar tan a la vera de un príncipe tan joven y hermoso. Cuentan que aquella noche Genji halló al muchacho mucho más complaciente que su inabordable hermana”.
No hay que olvidar que en la época Heian, como en Grecia y Roma, la homosexualidad era aceptada por la sociedad, así Murasaki Shikibu no sea muy explícita cuando narra este tipo de relaciones afectivas. O posiblemente sean las versiones contemporáneas las que ponen un velo de censura en los párrafos que sus traductores consideran polémico en la sociedad en la que actualmente vivimos y por ende dejan su huella de intolerancia e incomprensión de la historia social y sexual de los pueblos.
Utsusemi, Fujitsubo y Murasaki, las mujeres de Genji:
La historia de Utsusemi es bastante trágica. Estando casada con un viejo gobernador de provincia es violada en su propia casa por Genji y aunque la narradora lo cuenta de una forma bastante difuminada no deja lugar a dudas en cuanto al acto violento de El Iluminado:
“Era tan pequeña que la levantó de la cama sin dificultad y se la llevó a su apartamento. Por el camino tropezó con Chujo (una de las criadas) que se sorprendió y trató de ver que estaba ocurriendo en las tinieblas que la envolvían. El perfume inconfundible del vestido del príncipe proclamaba con quien se había topado, … muy confusa no sabía qué hacer. De haberse tratado de un hombre de linaje inferior, hubiera saltado encima de él para defender el honor de su señora…
Y más adelante:
(La experiencia) de aquella noche fatídica la llenaba de angustia. No estaba dispuesta (se refiere a Utsusemi) a volver a pasar por aquella vergüenza”.
La otra violación es la de Fujitsubo, la esposa del emperador, o sea del padre de Genji, de esta relación nacerá un hijo, el príncipe Reizei, quien llegará a ser también emperador. Esta relación que transgrede todas las normas sociales, acarrea en los dos personajes estados de ánimo que van desde el remordimiento hasta la entrada de Fujitsubo como vestal; es decir su entrada en religión.
Estos no son los únicos casos de violencia sexual que se narran en el libro. Murasaki, el gran amor de Genji, es una niña de 10 años que él lleva a vivir a su propia casa, en realidad la rapta, y con la cual duerme todas las noches. Cuando Murasaki cumple 14 años la viola, y simplemente, a modo de “excusa”, le dice que “algún día tenía que suceder”:
“Un día Genji se levantó de la cama temprano, pero Murasaki permaneció en el lecho hasta muy entrada la mañana en contra de su costumbre de madrugar. ¿Qué había sucedido entre los dos durante la noche?...”
Antes de abandonar la estancia Genji introdujo una carta detrás de las cortinas de la cama. Al encontrarse sola, Murasaki levantó la cabeza de la almohada y descubrió una hoja de papel escrita con una caligrafía sin pretensiones. El poema decía así:
¡Qué absurda distancia
nos mantenía separados
cuando, noche tras noche,
yacíamos juntos bajo la misma colcha!
Tarde o temprano el momento tenía que llegar…”
Este poema corresponde a “la carta del día siguiente”. Esta era una misiva que el “afortunado amante” dejaba debajo de la almohada de la elegida al día siguiente del primer encuentro sexual, a veces iba acompañada de un fastuoso regalo.
Genji, a pesar de amarla, también sentirá el peso de la culpa. Esta transgresión, que no es la única en la novela de Murasaki Shikibu, es necesaria para llamar la atención del lector, así como el estado de conciencia que se establece de culpa y expiación. Algo parecido a lo que aún se sigue utilizando en literatura, incluso en las telenovelas que invaden nuestras pantallas a diario. Lo que quiere decir que la condición humana no cambia y que nuestros deseos y miserias son los mismos desde que la especie humana existe.
En La novela de Genji hay otras escenas de violación, o al menos de intento, en las cuales las mujeres que rodean a la “codiciada” se convierten en cómplices del violador. Podríamos ver en ellas la representación de La Celestina de Fernando de Rojas.
Genji, un exiliado del amor:
“Fujitsubo recordaba las atenciones que hasta entonces había recibido de Genji como una pesadilla que quería relegar al olvido a toda costa”.
Y es que Fujitsubu, muy a su pesar, se enamora de Genji, un amor correspondido en la medida en que él ama a todas las mujeres. Yo diría que es un enamorado del amor. Genji es un personaje que hubiese podido servir de modelo para los escritores románticos, es un eterno Don Juan, que va detrás de un amor idealizado y nunca experimentado, va detrás de todas las posibilidades que pueda brindar la sexualidad, sin saciarse nunca; por lo que siempre tiene la sensación de desarraigo amoroso, es un exiliado del amor. Para entender mejor esta idea, habría que tener en cuenta que Genji nunca abandona, o al menos en muy contadas ocasiones, la posibilidad de una nueva aventura, tanto sexual como afectiva, de ahí su eterna sed por lo desconocido y por transgredir las reglas sociales de su tiempo.
“El pecado que supuso para ambos la concepción del heredero aparente no dejaba de atormentarla. Intuía que hasta entonces había conseguido escapar milagrosamente a su karma, pero que, cuando finalmente le tocara pagar por su crimen, el precio sería terrible”.
Significado de Murasaki y Genji:
Murasaki significa lavanda, espliego, por lo que podría suponerse que sus vestidos llevaban siempre este olor, ya que el perfume estaba directamente asociado con las personas, era su distintivo más preciado.
Por su parte, Genji no es un nombre propiamente dicho, sino el título que recibían los hijos ilegítimos del emperador, y si bien gozaban de muchos privilegios nunca podían ascender al trono. Es por ello que con frecuencia la narradora se refiere a Genji, como Genji El Iluminado, o Genji el Resplandeciente.
Características psicológicas:
Con una gran delicadeza la autora representa, como si de una pintura se tratase, las características de cada personaje.
“Mientras ella leía en voz alta una novela a sus mujeres, Genji reflexionó sobre lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo se explicaba que aquellos arrebatos súbitos de pasión no le hubieran abandonado todavía? A veces sentía vergüenza de sí mismo. ¡tenía ya treinta y dos años, y a su edad resultaban completamente ridículos!
En otro tiempo se había comportado de un modo horrible, pero entonces era joven y alocado. Por otra parte, estaba seguro de que las faltas de entonces le habían sido perdonadas. ¿Iba a volver a las andadas? Trató de consolarse de algún modo, y acabó reconociendo -¡triste consuelo!- que ahora tenía más conciencia de los peligros que corría, de manera que algo había ganado con la edad”.
“En la corte de cierto emperador, cuyo nombre y año omitiré, vivía...”
Otra característica de extrema modernidad es la frase que da inicio al libro, ya que nos preguntamos: ¿En qué reino fue?, puesto que Murasaki Shikibu nos muestra claramente que los acontecimientos que serán narrados no pertenecen a la época en la que ella vive, lo que demuestra una gran habilidad narrativa.
Los diálogos de poemas, no son directos, son alusivos, obedecen a códigos establecidos, nunca improvisados:
“-Hubiese preferido marchar contigo
a la vida de los pescadores
a estar sola y triste en la ciudad,
pensando en ti.
“Esos cuadros me hubiesen servido de gran consuelo…
Y Genji respondió, compadeciéndola:
-Más lloro ahora que entonces,
en los tiempos de mi exilio,
al evocar las muchas lágrimas
que en aquellos días derramé”.
La música también forma parte de los diálogos y algunas veces reemplazan a los poemas:
“Dominaba el son de la flauta, pero no faltaba tampoco el koto japonés y el laúd. La flauta es un instrumento melancólico cuya voz combina a la perfección con las brisas de otoño, especialmente en noches de luna tranquilas y radiantes como aquélla”.
A modo de conclusión:
Para terminar podríamos decir que la época Heian se caracterizó por una gran sensibilidad por la naturaleza, la música, la lengua china, la poesía. Por su parte, la caligrafía tenía un papel muy importante y era muy apreciada.
Murasaki Shikibu sabía que necesitaba de transgresiones para poder llamar la atención del lector, amores prohibidos y “faltas repetidas”, con su consecuente castigo, de ahí que las mujeres entren en religión y que Genji se sienta culpable a todo lo largo de la obra. Kaoru, su hijo, al menos el que pasa como tal, es introvertido, delicado, no es mundano como el padre, en realidad es el héroe ya que Genji era alguien que había transgredido todas las normas sociales. Es decir, Genji, el Iluminado, sería un héroe a la inversa. En cuanto a Kaoru se refiere, es la antítesis de Genji, ya que nunca es capaz de tomar la decisión apropiada en el momento apropiado.
La madre era la encargada, al menos en una gran medida, de asegurar el futuro de los hijos. Esto estaba dado por el linaje al que pertenecía y por la influencia que pudiese tener sobre el emperador y por supuesto al apoyo político que pudiese tener.
La novela, en época de Murasaki Shikibu, era considerada como hoy en día, lo que hay allí escrito es ficción, así parta de la realidad: condición humana, ascenso político de un hombre o su caída, relaciones entre seres humanos.
Para poder entender a cabalidad el mundo en el que vivió Murasaki Shikibu hay que tener en cuenta algunos aspectos, a saber:
1. Es una sociedad devota de la belleza, tanto física como espiritual.
2. En la corte Heian se rendía culto al ocio. En otras palabras sus súbditos vivían en un perenne Carpe Diem, puesto que vivían por y para el refinamiento más sofisticado; no sólo en cuanto a las actividades artísticas y literarias se refiere, sino a los objetos que los rodeaban y a los vestidos que utilizaban.
3. El Genji Monogatari no es una tratado de política, aunque como lectores penetramos muy bien en la jerarquía de la Época Heian. Sus gobernantes no se preocupan por hacer justicia social, sino por la caligrafía, la música, la literatura, las fiestas, los regalos suntuosos y al mismo tiempo se preocupan por los “tiempos degenerados” que les ha tocado vivir. El libro nos muestra la ambición por el poder, las rencillas, el arribismo y los conciliábulos para acceder a él e incluso la corrupción (se habla, incluso, de ahogar en dinero a un futuro yerno y de comprarle un ministerio).
4. Esta era una sociedad que vivía para el goce de los sentidos y al mismo tiempo eran profundamente espirituales, ya que el peso de la religión budista atraviesa toda la obra. No sólo viven rodeados de bonzos y sacerdotes, sino que siempre buscan la oportunidad de realizar retiros espirituales y cuando no pueden hacerlo dedican gran parte del tiempo a la oración, léase la repetición de los sutras, o la lectura de las escrituras sagradas. Según la concepción del mundo de Genji, hay que aprender a ser un ser humano y la única posibilidad es a través de la religión. Esta es la búsqueda de Genji o de su primo el emperador Suzaku, pero también de Murasaki, la esposa de Genji, o de muchos otros personajes de la obra. Todos ellos desean terminar sus días en un monasterio, y al optar por la vida monástica esperan dejar atrás el mundo de las “apariencias”, lo que les abriría la puerta para acceder al mundo espiritual. Es el caso de los personajes Kaoru y Ukifune, en los que yo vislumbro una reencarnación de Genji y Murasaki.
En el caso específico de la mujer, la entrada a la vida monástica es una posibilidad de sobrevivencia; ya que al quedar viuda, o al perder el interés de su marido, o dejar de ser considerada “favorita”, la vida monástica le permitía tener un techo y comida, así fuera precaria. No hay que olvidar que este aspecto también se daba en Occidente; no sólo durante el Medioevo sino durante muchos siglos después.
Para terminar yo diría que Murasaki Shikibu es un gran árbol del que crecen las ramas que dan cobijo a Yasunari Kawabata, a Yukio Mishima, a Haruki Murakami, a Marguerite Yourcenar o a Jorge Luis Borges. La literatura japonesa se alimenta de su savia y la occidental busca su sombra.
Bibliografía :
• Le dit du Genji, Murasaki Shikibu, Editions Selliers, 2008.
• El libro de Genji, Murasaki Shikibu, Editorial Planeta, 2007.
• Journaux des dames de cour du Japon ancien, Editions Philippe Picquier, 1998.
• Notes de chevet, Sei Shônagon, Gallimard/UNESCO, 1966.
lunes, 30 de junio de 2014
LA LINEA AZUL DE INGRID BETANCOURT
En noviembre de 2010 el libro No hay silencio que no termine, de Ingrid Betancourt, http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/01/22/yasmina-khadra-e-ingrid-betancourt/ me dejó con la certeza que era una obra muy bien escrita, en la que se sumergía en el laberinto de la condición humana. El libro narra la miseria en la que solemos ahogarnos cuando el poder, o las ansias del mismo, se apodera de nosotros. Creo que nadie más podrá describir el horror del secuestro como lo hizo ella; tampoco creo que sea fácil igualar la descripción del descenso a los infiernos que vivió en los siete largos años de su cautiverio por parte de la guerrilla, más que anacrónica, de las FARC.//
No obstante, la lectura de su tercer libro, La línea azul (Ediciones Gallimard 2014) no me causó la misma impresión. También es cierto que un autor no tiene que repetir las emociones o las impresiones que se han tenido con respecto a una obra anteriormente publicada; pero al menos uno creería que si debería de tratar de superar la calidad literaria, o al menos igualarla. Y no es éste el caso, aunque por supuesto, es sólo mi apreciación, lo cual no significa que a otra persona pueda parecerle excelente; de hecho en Francia han habido buenos comentarios alrededor de la obra en cuestión.//
La línea azul es un libro que no suscitó en mí ningún interés, como no fuera el leerlo hasta el final para poder decir porque no me había gustado. Ni siquiera me preocupé por subrayar una frase, o por escribir alguna nota al final del libro, como suelo hacer la mayoría de las veces. Es un libro que se pierde en una maraña de tiempos que a mi parecer sobraban. Es como si la autora se hubiese sentado al frente de un rompecabezas ya armado, y luego hubiese separado pieza por pieza para volverlo a armar según su propia visión del panorama original. Creo que si hubiese utilizado la narración en primera persona, el resultado hubiese sido mucho mejor. Pero mezcló la historia, el testimonio y la ficción en una licuadora, y luego olvidó pasar la mezcla por el cedazo. Y no digo que eso no pueda hacerse, pero el resultado en este caso es bastante malo. El lenguaje de No hay silencio que no termine, su enorme riqueza, se diluye en La línea azul.//
La lectura del libro en cuestión me hizo pensar varias veces que su escritura podría haber sido a cuatro manos, ya que cada vez que Ingrid Betancourt trata de hacer ficción deja atrás la calidad estética de No hay silencio que no termine. La parte histórica, concerniente al retorno de Perón y al coletazo de terror que llegó con el dragón bicéfalo de la AAA (Alianza Anticomunista Argentina), hace parte de los capítulos que se salvan de esa maraña que trató de tejer. Y cuando digo que pudo haber sido escrito a cuatro manos me refiero a una práctica muy común en Francia, imagino que pasa igual en cualquier país, y es la figura del escritor “negro”. Palabra bastante racista por supuesto, con la que se denomina al escritor desconocido y pagado por la editorial; o sea, es el escritor que se encarga del libro que luego sera publicado con el nombre de un escritor famoso, lo que garantiza el éxito editorial, al menos el éxito pecuniario.//
Siempre he creído que a muchos autores les publican por su nombre, porque pertenecen a una red privilegiada en la que las mejores casas editoriales se pelean por sacar un libro con sus nombres, sin importar la calidad literaria del libro que sale al mercado; y éste sería un caso fehaciente de este mercado editorialista, en que lo que cuenta es la posibilidad de obtener grandes ganancias en desmedro de la calidad estética de la obra publicada. E Ingrid Betancourt aparentemente cayó en las redes que prostituyen el oficio literario. Muchos dirán que un escritor necesita ganar dinero, pero no creo que sea su caso. Se ha dicho que No hay silencio que no termine le habría dado ganancias más que exorbitantes, así que esa disculpa no sería válida en este caso.//
La línea azul, probablemente será un bestseller, pero no pasará a la historia de la literatura como una obra de calidad. También es muy posible que luego sea llevada al cine, o a la televisión, de eso no me cabe la menor duda; y a lo mejor el resultado sea bastante bueno, ya que si bien es un novelón barato, como guión cinematográfico no está mal.//
No obstante, hay un aspecto que quiero resaltar de La línea azul, y es el cambio político que ha tenido su autora. Cuando Ingrid Betancourt fue liberada agradeció hasta el delirio a Álvaro Uribe. No le faltaba razón. Pero sus palabras siempre fueron de elogio por su figura, sin que hubiese mediado un análisis crítico de los terribles años de su mandato. Si No hay silencio que no termine era una obra en la que pone en evidencia el infierno de las FARC, su podredumbre, el terror que impera en sus filas, la pesadilla de caer en sus garras, el nepotismo, la ignorancia, el fanatismo y la ceguera, en La línea azul nos muestra que esa condición infrahumana, de una izquierda anquilosada que repite los mismos crímenes de Stalin, es la misma ideología disfrazada de extrema derecha. Es la ideología de un Mussolini, de un Franco; tan caras a las dictaduras de los años 70 en el Cono Sur. La línea azul me hizo entender porque Ingrid Betancourt entendió que Uribe no podía retornar al poder bajo la máscara de muerte de su escudero Oscar Iván Zuluaga; y porque terminó apoyando el proyecto de paz de Santos. Postura que no dejo de aplaudir, ya que constato que recobró la cordura, y que estos años de libertad le han servido para analizar la política en Colombia.
lunes, 2 de junio de 2014
SOY DE IZQUIERDA Y ESTOY CON SANTOS
Siempre he sido de izquierda. Comencé a serlo en el primer semestre de universidad. Corría el año 1975 y la Teología de la Liberación nos invitaba a soñar con un mundo más justo, menos violento. Y si hablo de la Teología de la Liberación, es porque fue en las aulas de la Pontificia Universidad Javeriana que uno de mis profesores, un jesuita para ser más precisa, me acercó al marxismo; con él leí y analicé en clase, o en grupos de estudio, a Marta Harnecker. Me refiero a su lúcido libro Los conceptos elementales del materialismo histórico, entre otros libros que nos acercaban, a mí y a mis compañeros, a un mundo diferente al que conocíamos.
No hacía mucho había pasado el Movimiento de Mayo del 68, y los ecos de las calles de París inundaban las universidades públicas y privadas de una Colombia que pugnaba por salir del siglo XIX. Las mujeres nos habíamos apropiado de los claustros académicos y ya no queríamos ni podíamos quedarnos en casa a hacer bordados como nuestras abuelas o algunas de las mamás de entonces. La mía trabajaba y había estudiado preescolar en la Universidad de Chile, algo muy raro en esa época. Pero su ejemplo de mujer trabajadora me permitió entender desde siempre que no había caminos vedados y que el estudio era la llave para comerme el mundo si ese era mi deseo.
Pero antes de esa revolución tan importante, la del lema “Prohibido Prohibir”, hay que recordar la del 23 de abril de 1960, fecha del inicio de la comercialización de la píldora anticonceptiva; esa pequeña cosa que dio lugar a la revolución más grande de la historia de la humanidad. Por fortuna en la Colombia sin Ordoñez fue adoptada muy pronto. La píldora anticonceptiva nos daba a las mujeres la clave para poder gozar de nuestra sexualidad como quisiéramos, sin el peligro latente de un embarazo no deseado y sin tener que esperar a un matrimonio para poder tener relaciones sexuales.
Pero también habíamos cantado y bailado, así hubiese sido viendo la película años más tarde, con Woodstock; esa maravillosa fiesta de mayo del 69. Woodstock abrió las puertas para que se pusiese fin a la guerra de Vietnam. Su lema “Hagan el amor y no la guerra” -tan contrario al pensamiento fascista de Uribe, Zuluaga, José Obdulio, Canal, Fernando, Hoyos, Paloma y del aprendiz de arcabucero Sepúlveda- se había apoderado de los jóvenes que no querían morir antes de los veinticinco años y que querían simplemente amar y ser amados. Más tarde, en los años 80, París y la Sorbona me nutrían de ideas y de pasiones que nunca han dejado de germinar. Además, creo en un Estado laico y en un Estado de Derecho, nada más peligroso que un Estado confesional o declarado al sagrado corazón de Jesús como la Colombia de antes de la Constitución del 91. Creo en la libertad de prensa, y estoy en contra de esa práctica abominable de Uribe de “escuchas” y de “falsos positivos”; ese eufemismo con el que se quiso ocultar el asesinato de muchos jóvenes que creyeron en una vida mejor y terminaron haciendo parte de un terrible montaje de parte de algunos miembros de la Fuerzas Armadas. Creo en los derechos de los trabajadores y en el derecho a sindicalizarse, entre muchas otros derechos inalienables de los ciudadanos.
No obstante, no soy amiga de la guerrilla, considero que tanto las FARC como el ELN han cometido toda clase de delitos atroces, delitos de lesa humanidad, y aunque no han dejado de clamar por una Colombia más justa, no dudaron en hundirnos en el lodazal de las drogas ilícitas. Claman por una Colombia más justa y nos han aterrorizado durante cincuenta años con el secuestro y los ataques a la población civil. Claman por una Colombia más justa y han sembrado el campo de minas antipersonas dejando a miles de niños sin piernas. Claman por una Colombia más justa y le han robado la infancia a otros miles de infantes. Claman por una Colombia más justa y han violado y obligado a abortar a miles de niñas indefensas. Claman por una Colombia más justa y han obligado a miles de campesinos a dejar sus tierras. Claman por una Colombia más justa y han obligado al Estado a gastar sumas enormes en la guerra; dinero que ha debido ser para educación, vivienda, salud, generación de empleo, vías modernas y rápidas que conecten el campo con las ciudades. En fin, las guerrillas han impedido que Colombia sea un país mejor y más equitativo, no son amigos del pueblo colombiano, son uno de sus enemigos.
Por otra parte, una guerrilla anacrónica como las FARC, enquistada en una ideología stalinista, no ha querido entender que no es con las armas que se hace y se construye la paz. Sólo hasta ahora se han sentado a discutir el tema que atañe a los 47’000.000 de habitantes de ese territorio llamado Colombia. Una guerrilla comandada por unos cuantos hombres barbudos, y la mayor parte del tiempo malolientes, sin ninguna formación académica -ya sé que las mujeres que militan en esa agrupación, así ellas digan lo contrario, no tienen ningún poder- no pueden decidir por todos los colombianos de bien que trabajamos todos los días para ofrecerles a nuestros hijos un mejor país. Por fin las FARC se han sentado a negociar, y si lo han hecho es porque están debilitadas, así digan y griten que no, que no lo están; la verdad es que están dando sus últimos estertores de bestia herida de muerte; y saben muy bien que el dinero acumulado por sus múltiples delitos no les sirve de nada en la jungla.
Por todo eso estoy con Juan Manuel Santos. Nadie hasta ahora había sido capaz de sentarse en la mesa durante casi dos años a construir lo que hemos derrumbado en cincuenta años de guerra sin cuartel. Estoy con Santos en este proceso de búsqueda de una Colombia mejor y más equitativa; eso no quiere decir que siempre esté de acuerdo con él; eso no quiere decir que no tenga derecho a pedirle cuentas en su próximo período, y digo próximo período porque quiero creer que no todo está perdido y que los colombianos de bien, que somos la mayoría, vamos a salir el domingo 15 de junio a votar por él. A votar por la paz. Por eso no entiendo que los políticos de izquierda, Robledo y Clara López*, tengan el descaro de decirle a sus votantes que voten en blanco -aclaro que nunca he votado por ellos, ya que nunca han condenado vehemente las acciones violentas de las FARC-. Aplaudo y comparto la posición de Iván Cepeda y de Aída Avella, ya que entienden que nos estamos jugando otros cincuenta años entre el horror de la guerra o la paz a la que todo pueblo tiene derecho.
Nota: También aclaro que si bien soy de izquierda eso no quiere decir que sea chavista, ni pro Evo Morales, ni pro Correa, ni pro Ortega, ni mucho menos pro Castro. Y también dejo en claro que la palabreja “castrochavista”, inventada por Uribe, es sólo el resultado de su poca o nula agudeza intelectual, otra más de sus tantas y tantas estupideces.
*Aplaudo la decisión que Clara López ha tomado hoy, miércoles 4 de junio, de apoyar la candidatura de Juan Manuel Santos; por fin se dio cuenta de su responsabilidad política y humana. Afortunadamente una parte de los Verdes también se adhirió ayer martes.
domingo, 18 de mayo de 2014
NOSOTROS, LOS OLVIDADOS
Está lloviendo a cántaros, los niños están cansados y tienen frío, de hambre ya ni se quejan. Llevamos un buen rato caminando; la casa, la tierra, los animales, todo quedó atrás. Tuvimos que salir volando, no nos dieron la oportunidad de preparar los corotos, estamos más pobres que nunca, y lo que es peor, aún no sabemos adónde ir. No conocemos otra vida fuera del campo, a la ciudad nunca hemos ido, A mi marido le dijeron que si no se marchaba, le iba a costar caro. Sabemos que no es una broma. En esta país los campesinos estamos entre dos fuegos, no tenemos escapatoria. O somos compinches de la guerrilla o estamos con los paras y el ejército. O somos todo a la vez. ¡Dios, no para de llover! Mi niña tiene una tos que no me gusta y no tengo nada para darle. En mi cocina le hubiese preparado una limonada caliente con miel, eso se la calmaría un poco y la ayudaría a dormir. Aunque de estar en casa lo más seguro es que no tosería. A estas horas dormiría la siesta, mi marido estaría en las labores del campo y yo pararía de trabajar. Siempre estoy atareada con las gallinas, con el pancoger, con el hogar. Los campesinos no paramos de trabajar, sobre todo las mujeres. Somos las primeras en levantarnos y las últimas en acostarnos. Toda la responsabilidad de la familia recae en nosotras, aunque los hombres crean que son ellos los que llevan las riendas; de ser así nuestra vida sería mucho más fácil. Cuando mi marido se levanta antes del amanecer, yo ya he encendido el fuego en la cocina, he preparado la aguapanela, el chocolate, las arepas. Las jornadas en el campo son largas, extenuantes, peor no tediosas. Siempre hay algo que nos sorprende. Un pájaro que canta, un conejo que corre a campo traviesa, un perro que ladra y menea la cola, el olor a leche recién ordeñada, el aroma de una flor, la frescura del agua del río en una tarde calurosa o una noche estrellada. ¿Cómo sobrevivir? Porque al gobierno no le importa nuestra suerte. La guerra la sufrimos nosotros. En las ciudades ni se enteran de esa palabra. Oí decir que para el presidente el conflicto armado ni siquiera existe. ¿Se imaginan? Debe ser porque nunca ha cargado un fusil, ni le ha tocado caminar huyendo de su propia tierra; de todas formas no lo haría, se moriría del miedo pensando que puede pisar una mina; de esas que están por todas partes y que dejan a los niños sin piernas. Estamos huyendo y nadie nos ayuda, somos los olvidados del mundo; aunque en este país nos llaman los desplazados. Una forma de no ubicarnos en ninguna parte, de deshacerse de nosotros. ¿Y si regresáramos? ¿Si nos enfrentáramos a los que se hacen llamar comandantes, capitanes y les dijésemos que esa es nuestra casa y que no nos movemos de allí? Sería en vano. Suelen ser vengativos y crueles. Todos son iguales, no se puede escoger entre ellos. Son como gallinazos esperando la carroña. Se lo comen todo, destruyen todo. Las esperanzas, el amor, el alma. Por eso nos vamos. Tenemos los hijos, debemos sacarlos de este infierno; es su derecho.
Ya no rezo, me cansé de hacerlo. Me cansé de pedir que se acabe esta vida de mierda que llevamos desde que la guerra llegó a estos lares. Supongo que Él, si es que de verdad existe, también se olvidó de nosotros.
viernes, 18 de abril de 2014
LO SAGRADO Y LO PROFANO EN EL ESPACIO MACONDINO
Elementos míticos en Cien Años de Soledad
EL REINO DE ESTE MUNDO, PEDRO PÁRAMO, CIEN AÑOS DE SOLEDAD, rompen con los postulados de una narrativa facilista y descriptiva, para sumergirnos de golpe en un mundo que va mucho más allá de las tesis del surrealismo que propugnaba André Bretón o del realismo mágico de Franz Roth. Este rompimiento se da por la irrupción de lo real maravilloso (que difiere del realismo mágico) en las letras hispanoamericanas; los escritores transcribieron el mundo circundante, el mundo americano que nunca ha dejado de maravillar a los europeos: "Lo real maravilloso nuestro, es el que encontramos en estado bruto, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano". Esta irrupción tuvo como consecuencia directa el lanzamiento publicitario del boom, e hizo que la crítica literaria se revaluara, labor que exigía de los críticos nuevas disciplinas y nuevos enfoques que permitieran un acertado análisis y comprensión de la obra. Dentro de las nuevas disciplinas se encontraba el estudio del mito que permitiría una reivindicación y un acercamiento a las ricas tradiciones orales del continente, dando así una visión más amplia y más real al análisis del discurso literario. Las concepciones del espacio sagrado y espacio profano, de tiempo lineal y tiempo circular como la explicación de la labor de un chamán o de un medicine-man van a ser ampliamente desarrolladas, lo que significa que la Literatura, la Antropología, la Historia de las Religiones, la Sociología y la Etnología van a unirse con el fin de lograr una acertada interpretación del texto. Por otra parte, no hay que olvidar que Juan Rulfo y José María Arguedas se entregaron de lleno al estudio de la Antropología. En el presente ensayo se analizarán los aspectos míticos en tres obras fundamentales de la literatura latinoamericana del siclo XX, a saber: Cien Años de Soledad, Sobre Héroes y Tumbas, en cuanto a la narrativa se refiere, y en poesía Alturas de Machu-Picchu.//.....
LO SAGRADO Y LO PROFANO EN EL ESPACIO MACONDINO//......
La búsqueda de un territorio, instalarse en él, fundar una ciudad o un pueblo, construir la vivienda -según Mircea Eliade-, presupone una decisión vital del fundador y de la comunidad a la que pertenece, puesto que fundar significa "crear el cosmos", sacralizar el espacio escogido para habitar. En CIEN AÑOS DE SOLEDAD,la obra cumbre de la literatura colombiana, de Gabriel García Marquez, somos partícipes de la búsqueda de ese territorio, José Arcadio Buendía parte al exilio acompañado de algunos seguidores hacia una tierra nueva. La causa de su exilio es el castigo por dos transgresiones sagradas: el incesto y el asesinato de Prudencio Aguilar, asesinato comparable al fratricidio cometido por Caín; ya que en las sociedades naturales los miembros de una comunidad se consideran entre sí hermanos, de ahí que la mayoría de ellas sean sociedades exogámicas. Por otra parte si se considera desde el punto de vista cristiano todos los hombres son hermanos y el asesinato de uno de ellos sería la reconstrucción del asesinato primordial anteriormente referido:
"-Está bien Prudencio -le dijo-. Nos iremos de este pueblo, lo más lejos que podamos, y no regresaremos jamás. Ahora vete tranquilo. Fue así como emprendieron la travesía de la sierra. Varios amigos de José Arcadio Buendía, jóvenes como él, embullados con la aventura desmantelaron sus casa y cargaron con sus mujeres y sus hijos hacia la tierra que nadie les había prometido".
José Arcadio Buendía debe abandonar la tierra de sus antepasados y buscar una nueva que le permita expiar y borrar la culpa cometida. Es así como comienza el éxodo por entre el pantano, las llanuras, la selva, teniendo que soportar las condiciones de un clima inclemente. El viaje significa la travesía obligatoria del espacio profano, del caos.
Revelación del espacio sagrado: Cuando un objeto, un territorio o un animal se nos manifiestan como elementos sagrados se habla de la aparición de una hierofanía. Todo el cosmos es susceptible de devenir una hierofanía: un árbol, una piedra, un lago, una montaña, una estrella. La revelación puede ser provocada por el hombre o puede producirse bien sea mediante un trance chamánico o por un sueño tenido por el patriarca o jefe de la comunidad:
"(cuando) acamparon junto al río... José Arcadio Buendía soñó esa noche que en aquel lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo".//....
Este sueño no sólo recoge la tradición judeo-cristiana del sueño de las escalinatas de Jacob, sino que nos sumerge en el mundo africano reinante en el Caribe. Macondo es una palabra yoruba que significa banano. La palabra es sagrada, pero su significado es profano. Sagrada, porque protege a Macondo de los males exteriores mientras que éste se encuentre aislada del resto del país, y profana, por la explotación lucrativa de la fruta, lo que acarreará el comienzo de su desaparición. Este es uno de los más graves signos de decadencia y descomposición social que azota el pueblo.//......
Etnocentrismo: Los griegos denominaban a todo aquel que no había nacido en territorio helénico con el apelativo de "to xeno" (el extranjero). Luego extranjero se convirtió en "bárbaro", denominación apropiada más tarde por los romanos, sirviéndoles de baluarte en la campaña de extensión de su Imperio. Posteriormente Occidente la remplazaría por el término de "salvaje", siendo este último el utilizado en nuestros días. En los dos casos se niega la existencia de una cultura diferente a la del pueblo que se autodenomina como "civilizado". En la mayoría de los grupos étnicos -considerados por Occidente como salvajes- la humanidad se restringe a su tribu o las tribus que conforman su grupo lingüístico, hasta el punto que muchas de ellas tienen una palabra especial que los designa como seres humanos mientras que a los demás grupos se les asigna una palabra que carece del significado esencial de hombre. Esto es lo que comúnmente se conoce como etnocentrismo, lo que ha dado como resultado la persecución, el avasallamiento y la aniquilación de innumerables grupos étnicos.//..........
El etnocentrismo está íntimamente ligado a las tradiciones míticas de todos los pueblos. Es por ello que para cada comunidad el espacio que ocupa no sólo es sagrado sino que lo considera el centro del mundo. Cuzco significa en quechua "el ombligo del mundo", pero también es el centro el Monte Meru de la India, el Monte Sinaí, la Sierra Nevada de Santa Marta, y en el mapamundi ideado en el siglo XVIII, y aún utilizado en nuestras escuelas, Europa aparece en el centro de la tierra, lo que difiere bastante de la realidad. Macondo no puede escapar a esta concepción etnocentrista. Es así que José Arcadio Buendía se atormenta con la idea de "un Macondo peninsular", y mientras esta idea subsiste sus habitantes viven en perfecta armonía: "Era en verdad una aldea feliz, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto". Es sólo con la llegada de los forasteros que trae Úrsula de su primer viaje, que esa armonía comienza a ser quebrantada, y Macondo comienza progresivamente a degradarse, pasando de ser un espacio sacro a un espacio profano.//..............
Axis-Mundi: La revelación de una hierofanía ocasiona una escisión en el espacio y una abertura hacia el cielo (el mundo de los dioses) y hacia abajo (el mundo de los muertos), abertura que permite la comunicación de los tres niveles cósmicos: cielo-tierra- infierno. Para que la comunicación se produzca es necesario una columna universal o Axis-Mundi, ésta se encuentra enclavada en las entrañas de la tierra y a su vez sostiene el cielo. El Axis-Mundi, es en realidad un eje cósmico y a su alrededor se extiende el mundo. El Axis-Mundi, como todo eje, se encuentra en el centro, en este caso en el centro de la tierra; puede ser representado por una montaña, una escalinata, una cúpula o un árbol.//..............
En Macondo encontramos almendros eternizados por José Arcadio Buendía, y él mismo va a estar atado durante los últimos años de su vida al castaño de su casa. Este castaño es en realidad el Axis-Mundi que le permite emprender el viaje extático característico de todo chamán.//
Construcción de Macondo: En los pueblos naturales es el chamán quien decide la ubicación de la maloca o de las tiendas, y su construcción es, por lo general, una fiel copia de la vivienda de los ancestros míticos y siempre va acompañada de la recitación del mito cosmogónico.//..............
En CIEN AÑOS DE SOLEDAD la recitación está de hecho representada en el nombre mismo del patriarca: José Arcadio Buendía. La Arcadia era una zona de pastoreo del Peloponeso antiguo. La literatura bucólica la toma siempre como escenario de sus acciones. La Arcadia, es un lugar ideal, armónico, y las historias que allí se desarrollan tienen, como común denominador un final feliz: "...era el hombre más emprendedor que se vería jamás en la aldea, había dispuesto de tal modo la posición de las casas, que desde todas podía llegarse al río y abastecerse de agua con igual esfuerzo, y trazó las calles con tan buen sentido que ninguna casa recibía más sol que otra a la hora del calor".77
El pueblo es, en su totalidad, una fiel copia de la casa del patriarca.//..........
Otra de las características sagradas de Macondo la encontramos en una frase de Úrsula.//........
"-No nos iremos -dijo-. Aquí nos quedamos, porque aquí hemos tenido un hijo.//.........
-Todavía no tenemos un muerto -dijo él-. Uno no es de ninguna parte mientras no tenga ningún muerto bajo la tierra.//....
-Si es necesario que yo muera para que se queden aquí, me muero."//.........
Ningún espacio sagrado puede abandonarse, este mismo tópico lo encontramos en la narrativa de Juan Rulfo.//.........
Regreso al caos: Todos los males de Macondo provienen del exterior, son siempre elementos o personas foráneas los causantes de la profanación del espacio. Las primeras casas son de cañabrava y sus techos de paja son reemplazados luego por techos de zinc. El retorno al caos implica que Macondo tendrá que soportar siete plagas antes de desaparecer por completo de la memoria de los hombres:
1. La fiebre del insomnio: Traída por Rebeca.
2. La rivalidad entre Rebeca y Amaranta: El causante es Pietro Crespi.
3. La violencia: Proveniente del gobierno conservador. Hasta ese momento Macondo se había mantenido alejado del gobierno central, pero la llegada del corregidor Moscote y la posterior violación de las urnas en favor del gobierno que representa, marcan el inicio de las 32 guerras civiles que emprenderá el Coronel Aureliano Buendía.
4. La fiebre del banano: Comienza con la explotación de la fruta por parte de la United Fruit Company, representada por Mr. Brown.
5. La masacre de las bananeras.
6. El diluvio: Que durará 4 años, 11 meses y 2 días.
7. El olvido: "Macondo olvidado hasta por los pájaros, donde el polvo y el calor eran tan tenaces que costaba trabajo respirar"
Las 7 plagas significan la destrucción total del pueblo, y el caos, que había comenzado a apoderarse tiempo atrás de la casa de los Buendía y del pueblo, termina su labor, lo borra definitivamente de la memoria de los hombres, como si nunca hubiera existido un villorrio llamado Macondo ni donde sus habitantes hubieran sido los más felices de la tierra:
'"...empezó el viento tibio, incipiente... cuya potencia ciclónica arrancó de los quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería oriental y desarraigó los cimientos... (por que) las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra"
El apocalipsis puede producirse por medio del diluvio, del fuego o del calor; en el caso de Macondo, es un verano tórrido. La misma visión la encontramos en La Biblia:
"Se convertirán sus torrentes en pez,
su polvo en azufre,
y se hará su tierra pez ardiente".
MITO DEL ETERNO RETORNO: El tiempo, como el espacio, no es homogéneo ni continuo. Existen, por lo tanto, dos clases de tiempo: sagrado (o tiempo de fiestas) y profano (o lineal). Entre estos dos tiempos hay continuidad y el hombre puede pasar de un tiempo a otro. Mircea Eliade hace la siguiente diferenciación:
TIEMPO SAGRADO
-Es reversible
-Es recuperable
-Es repetible
-No transcurre
TIEMPO PROFANO
-Es antihistórico
-Es irreversible
-Es irrecuperable
-Es irrepetible
-Transcurre
-Es histórico.
El ejemplo más claro de la antihistoricidad, en la obra que nos ocupa, la encontramos en la siguiente cita:
"A pesar del encierro de muchos años, el aire parecía más puro que en el resto de la casa. Todo era tan reciente, que varias semanas después, cuando Úrsula entró al cuarto con un cubo de agua y una escoba para lavar los pisos, no tuvo nada que hacer."
Como puede observarse es un tiempo sobrenatural, que no transcurre, es siempre nuevo, puro e incorrupto.
¿Cómo se recupera un instante mítico?: La reactualización se logra por medio de la conmemoración de las fiestas religiosas y de los ritos correspondientes. La tradición judeo-cristiana cuenta con infinidad de fiestas, sin contar los días festivos dedicados al culto y alabanza de la divinidad, no habría sino que enumerar el nacimiento y muerte de Jesucristo. Al conmemorar alguno de estos dos acontecimientos el cristiano se convierte en su contemporáneo, y al restaurar el tiempo primordial, el tiempo histórico queda aniquilado. Esto es lo que comúnmente se conoce como tiempo circular o mito del eterno retorno, tema que se desarrollará más adelante.//.....
En CIEN AÑOS DE SOLEDAD la intemporalidad está dada en el viento que destruye a Macondo, y la abolición de la historia con el olvido de la familia Buendía:
"...la ciudad... sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos, (porque)... todo lo escrito en ellos era irrepetible desde siempre y para siempre".
Paralelo entre mito e historia: El viaje que hace José Arcadio Buendía en busca de una ruta que lo lleve a la civilización es el primer ejemplo de la diferenciación entre tiempo mítico e histórico:
"...rodeado de helechos y palmeras, blanco y polvoriento en la silenciosa luz de la mañana, estaba un enorme galeón español. Ligeramente volteado a estribor, de su arboladura intacta colgaban las piltrafas escuálidas del velamen, entre jarcias adornadas de orquídeas".//..........
El hallazgo del galeón es una irrupción de la historia, del "descubrimiento" de América y de su correspondiente despojo. José Arcadio Buendía no cae en cuenta que el galeón se encuentra en medio de la selva, a cuatro días de marcha de la costa más cercana. Esto es explicable porque, como ya se había analizado, dentro del mundo del mito todo es posible. El "espacio de soledad y olvido" es en realidad un testigo inmortal, tal vez el único, de la llegada de los españoles a tierras americanas.
Tiempo histórico: La llegada de don Apolinar Moscote, primer corregidor de Macondo, será la segunda irrupción de la historia. Con él, llega la realidad imperante en el país; el gobierno conservador, la violencia política, las órdenes arbitrarias. Recuérdese que todos los males que sufre Macondo provienen del exterior. Hasta la llegada de don Apolinar, el gobierno había sido de corte patriarcal, ejercido por José Arcadio Buendía, y aún mítico:
"Su primera disposición (de don Apolinar Moscote) fue que todas las casas se pintaran de azul para celebrar el aniversario de la independencia nacional,"
En realidad no sólo se está haciendo alusión a la lucha bipartidista, entre conservadores y liberales sino al dictador Rafael Leónidas Trujillo, quien siendo el propietario de la única fábrica de pinturas dominicana, ordenaba cada cierto tiempo pintar todas las casas del país, orden que no podía ser ignorada.
La masacre de las bananeras: El paralelo principal entre mito e historia se encuentra en el relato de la masacre de las bananeras, relato que hace parte de la técnica de hacer literatura dentro de la literatura. Este fragmento puede leerse separadamente y sin que pierda sentido. Podría muy bien ser un cuento. El relato comienza con la descripción del tiempo histórico: "La huelga grande estalló". La utilización del pretérito perfecto simple no deja lugar a dudas en cuanto a la veracidad del acontecimiento, puede ubicarse en un año, un mes, un día y un momento determinado. El acontecimiento histórico es irreversible e inmodificable.
Para los pueblos naturales el tiempo histórico se caracteriza por la época de trabajo mientras que el tiempo mítico es el que se consagra a las festividades:
"Los obreros ociosos desbordaron los pueblos. La Calle de los Turcos reverberó en un sábado de muchos días y en el salón de billares del Hotel de Jacob hubo que establecer turnos de veinticuatro horas".
En este caso la fiesta ha sido impuesta por las circunstancias, no es una fiesta sagrada sino pagana, el mismo juego lo indica. Entre los huelguistas se encuentra José Arcadio Segundo:
"Aunque no era hombre de presagios, la noticia fue para él como un anuncio de la muerte, que había esperado desde la mañana distante en que el coronel Gerineldo Márquez le permitió ver un fusilamiento".
Úrsula siempre creyó que los gemelos, en uno de sus eternos juegos de cambiarse de identidad, habían quedado trastocados para siempre. La primera prueba de ello es la increíble capacidad para la parranda que tiene Aureliano Segundo, son las mismas ansias infinitas de vivir del abuelo José Arcadio. La segunda es el 'presagio' de José Arcadio Segundo, ya que la premonición es lo que distingue a los Aurelianos.
Segunda descripción histórica:
"Eran tres regimientos cuya marcha pautada por tambor de galeotes hacía trepidar la tierra".
El espacio comienza una vez más a ser profanado, violado, es una invasión semejante a la de los españoles:
"Su resuello de dragón multicéfalo impregnó de un vapor pestilente la claridad del mediodía".
En las tradiciones orales europeas el dragón representa la invasión bárbara. Después de la derrota de Darío III por parte de Alejandro Magno, derrota que marca el fin de la invasión persa, Darío III es representado como un dragón. En el mito araucano el diluvio es desencadenado por dos enormes serpientes que luchan por el poder. Para los aztecas el regreso de la serpiente emplumada, Quetzacoalt, significaba el fin de una era y el derrumbe de la clase guerrera.
El regimiento sufre una metamorfosis, sus hombres son en realidad un enorme animal mítico que lleva consigo todo el mal y todo el sufrimiento posible, la historia comienza a ser convertida en leyenda.
Con el anuncio del Jefe Civil y Militar "dispuesto a interceder en el conflicto", la historia se repite: en 1905, en Iquique (Chile) se había producido la primera huelga de mineros del país, el conflicto encontró como solución una gran masacre por parte de las autoridades civiles y militares, los pocos que lograron sobrevivir retornaron a las minas completamente derrotados y a seguir trabajando en la misma situación infrahumana que habían denunciado, y que denunciarían posteriormente en Macondo:
"José Arcadio Segundo estaba entre la muchedumbre que se concentró en la estación desde la semana del viernes. Había participado en una reunión de los dirigentes sindicales y había sido comisionado junto con el coronel Gavilán para confundirse con la multitud y orientarla según las circunstancias".
El coronel Aureliano Buendía y José Arcadio Segundo se convierten en una sola persona, ésto se constata al ser acompañado por el coronel Gavilán. Los dos son 'escogidos" para salvar a los trabajadores del banano, como antes lo habían sido para salvar al pueblo de las huestes conservadoras el coronel Aureliano Buendía y Gerineldo Márquez.
El indicio de la próxima tragedia es el número tres, número cabalístico:
"Un poco antes de las tres corrió el rumor de que el tren oficial no llegaría hasta el día siguiente".
Esta tragedia sólo será contada, y creída, por José Arcadio Segundo y un niño que salvó de morir pisoteado por la muchedumbre o por una bala de ametralladora:
"Al lado de José Arcadio Segundo estaba una mujer descalza... con dos niños de unos cuatro y siete años... Josa Arcadio Segundo se acaballó al niño (mayor) en la nuca. Muchos años después, ese niño había de seguir contando, sin que nadie se lo creyera, que había visto al teniente leyendo con una bocina de gramófono el Decreto Número 4 del Jefe Civil y Militar de la provincia".
Ellos dos serán los únicos testigos de la masacre. El niño por su condición de elegido, no morirá, tendrá que vivir para contar la historia, evitando de esta forma que la huelga y la masacre queden en el olvido.
"Al final de su grito ocurrió algo que no le produjo espanto, sino una especie de alucinación. El capitán dio la orden de fuego y catorce nidos de ametralladoras le respondieron en el acto. Pero todo parecía una farsa. Era como si las ametralladoras hubieran estado cargadas con engañifas de pirotecnia..."
'Alucinación, farsa y pirotecnia' son palabras irreales, fantásticas, que contrastan con la verdadera tragedia: "Aquello parecía... una feria jubilosa". Y como toda feria, ésta se caracteriza por el exceso, en este caso no es de comida o de orgía, sino de fuego, identificado por la población con juegos pirotécnicos. Por otra parte, la fiesta rompe con las prohibiciones que caracterizan al tiempo profano (dichas prohibiciones tienen como fin primordial proteger al mundo, y conservarlo en orden y armonía), y al ser levantadas las prohibiciones todo exceso es permitido; recuérdese las fiestas consagradas al dios Dyonisios en Grecia o las de San Juan en el Perú. Según Roger Caillois el exceso, como la fiesta, contribuye a la renovación de la naturaleza, del mundo, y del tiempo, este último susceptible también de desgaste.
La masacre, en CIEN AÑOS DE SOLEDAD, al ser transformada en fiesta pierde su carácter dramático y real, es por ello que ningún habitante reconocerá luego su existencia.
El "grito de muerte" sumerge por un instante a la gente en el tiempo lineal, pero inmediatamente el tiempo mítico se impone:
Una fuerza sísmica, un aliento volcánico, un rugido de cataclismo, estallaron en el centro de la muchedumbre...".
Cuando se analizaba el espacio, se veía cómo el retorno al caos siempre ocurre mediante una catástrofe cósmica; al igual que el viento que arrasa a Macondo, ésta es una visión apocalíptica.
La segunda visión apocalíptica es observada por el niño: "La posición privilegiada del niño le permitió ver en ese momento que la masa desbocada empezaba a llegar a la esquina y la fila de ametralladoras abrió fuego".
El dragón multicéfalo ha logrado apoderarse de la multitud:
"Los sobrevivientes, en vez de tirarse al suelo, trataron de volver a la plazoleta, y el pánico dio entonces un coletazo de dragón... Estaban acorralados, girando en un torbellino gigantesco...".
Con esta visión el apocalipsis llega a su fin.
José Arcadio Segundo logra escapar con vida. Despierta en un tren amarillo cargado con "cadáveres... quienes los habían puesto en el vagón tuvieron tiempo de arrumarlos en el orden y sentido en que se transportaban los racimos de banano.".
El banano, al ser desacralizado, se convierte en cómplice obligado de la masacre, pero el castigo divino no tarda en presentarse: "...los relámpagos que estallaban... Después de medianoche se precipitó un aguacero torrencial". Esto marca el inicio del diluvio macondino.
José Arcadio Segundo, al llegar a Macondo, se encuentra con una mujer que le niega la existencia de dicha masacre:
"Aquí no ha habido muertos", dijo. "Desde los tiempos de su tío, el coronel, no ha pasado nada en Macondo.".
La mujer es la vocera de la versión oficial, contrasta con la negación que se hará al final de la obra sobre la existencia del coronel y de las 32 guerras civiles, lo que indicará que la historia ha sido completamente abolida.
Leyenda: El mito es el relato de un modelo ejemplar revelado por los dioses o por los ancestros míticos en el tiempo primordial y la historia en el tiempo profano, el tiempo de las desgracias, de los sufrimientos, del trabajo. La leyenda es el relato de un acontecimiento histórico, en el que participan personajes históricos y a veces contemporáneos, que son elevados a la categoría de héroes por las hazañas realizadas. Cuando esa historia comienza a ser manejada por el pueblo poco a poco se transforma en literatura oral y los acontecimientos reales pasan a tener características maravillosas y por lo tanto irreales (San Jorge matando al dragón, o un solo hombre venciendo a todo un ejército):
"...el gobierno conservador,... con el apoyo de los liberales, estaba reformando el calendario para que cada presidente estuviera cien años en el poder.
Cuando la historia no es abolida se convierte en leyenda o ficción.
El tiempo tratado como personaje: Uno de los elementos más importantes en el tratamiento del tiempo es el de convertirlo en un personaje más de CIEN AÑOS DE SOLEDAD. A todo lo largo de la obra, el lector es partícipe de un desgaste progresivo e irreversible del tiempo. Este se humaniza: "(el coronel) estaba... asombrado de la forma en que había envejecido el pueblo en un año... -Qué esperabas? -suspiró Úrsula-. El tiempo pasa. -Así es -admitió Aureliano-, pero no tanto." Le pasan los años, envejece, llega a la senilidad: "No era solamente que estuviera vieja y agotada, sino que la casa se precipitó de la noche a la mañana en una crisis de senilidad." Finalmente encuentra la muerte en la destrucción total de Macondo: "Era lo único que iba quedando de un pasado cuyo aniquilamiento no se consumaba, porque seguía aniquilándose indefinidamente, consumiéndose dentro de sí mismo, acabándose a cada minuto pero sin acabar de acabarse jamás."
Tiempo psicológico: Otra de las características especiales del tiempo es el tratamiento que le dan los personajes, para quienes la vida entera puede transcurrir en un segundo: "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo." E incluso puede recordarse la vida de los antepasados: "En el cuartito apartado, adonde nunca llegó el viento árido, ni el polvo ni el calor, ambos recordaban la visión atávica de un anciano con sombrero de alas de cuervo que hablaba al mundo a espaldas de la ventana, muchos años antes de que ellos nacieran." Esta utilización del tiempo es un recurso eminentemente cinematográfico, la vida entera, o una fracción de la misma, pasa delante de los Buendía como si estuvieran viendo una película en la que participaran, a la vez, como protagonistas y espectadores. Pareciera que el tiempo formara parte de la memoria colectiva, o como si la memoria pudiera ser transmitida de generación en generación.
Tiempo circular o eterno retornoo: El mito del eterno retorno es antihistórico, no fluye, es recuperable y repetible. Es un tiempo primordial hecho presente, es un eterno comenzar. Todo fin es a la vez un comienzo, la muerte engendra un nuevo nacimiento (para entender mejor este concepto no habría sino que pensar en el ciclo de las estaciones, el invierno es la muerte de la naturaleza y la primavera su resurrección). Es el tiempo de los ancestros míticos, su recuperación y repetición se logra por medio del rito. En la tradición judeo-cristiana se revive el nacimiento y la muerte de Cristo cada año, de esta forma el creyente puede ser su contemporáneo. Si todo fin es en realidad un nuevo comienzo, un nuevo renacer, ésto significa que todo acontecimiento es susceptible de ser eternamente repetido.
En Macondo, dadas sus características míticas, el tiempo circular no podía faltar, es más, los actos realizados por uno de los miembros de la familia son repetidos luego por sus descendientes: "José Arcadio Segundo... se empeñó en despejar el cauce para establecer un servicio de navegación. Fue un sueño delirante, comparable apenas a los de su bisabuelo... "Ya ésto me lo sé de memoria", gritaba Úrsula. "Es como si el tiempo diera vueltas en redondo y hubiéramos vuelto al principio". Otra de las características de los Buendía es "el vicio de hacer para deshacer" perpetuando así el mito de Penélope: "Viéndolo montar picaportes y desconectar relojes, Fernanda se preguntó si no estaría incurriendo también en el vicio de hacer para deshacer, como el coronel Aureliano Buendía con los pescaditos de oro, Amaranta con los botones y la mortaja, José Arcadio Segundo con los pergaminos y Úrsula con los recuerdos". Todos los acontecimientos se repiten una y otra vez: "Qué quería -murmuró-, el tiempo pasa. -Así es -dijo Úrsula-, pero no tanto. Al decirlo tuvo conciencia de estar dando la misma. réplica que recibió el coronel Aureliano Buendía en su celda de sentenciado, y una vez más se estremeció con la comprobación de que el tiempo no pasaba, como ella lo acababa de admitir, sino que daba vueltas en redondo". Pero la definición más clara la da Pilar Ternera: "No había ningún misterio en el corazón de un Buendía, que fuera impenetrable para ella, porque un siglo de naipes y de experiencias le había enseñado que la historia de la familia era un engranaje de repeticiones irreparables, una rueda giratoria que hubiera seguido dando vueltas, hasta la eternidad, de no haber sido por el desgaste progresivo e irremediable del eje".
El año nuevo, símbolo del tiempo circular: Para terminar habría que señalar que para los griegos el dios del tiempo, Cronos, aún pervive en la lengua, es decir en el griego moderno. Jronia significa tiempo nuevo, año nuevo.
El año nuevo, y la fiesta que lo precede, representa una nueva vida, un nuevo mundo, es la abolición del tiempo pasado y la recreación de uno nuevo, cuyo modelo es el tiempo mítico. El ciclo solar y el lunar son el ejemplo más claro del mito del eterno retorno.
El brujo, el nagual, el medicine-man, el poeta, el sacerdote y el místico son conocidos en las sociedades naturales con el nombre de chamán. Esta palabra proviene del tungús Shaman, y designa a todo aquel que tiene una visión sobrenatural, que puede visualizar tanto un espacio lejano como los acontecimientos pasados o futuros. El chamanismo es una experiencia mágico-religiosa. El chaman está revestido de un gran poder, a menudo más fuerte que el del jefe de la comunidad. Su palabra es indiscutible, y nada se hace sin su consentimiento. En los movimientos milinaristas lo vemos a menudo conduciendo a su pueblo hacia una muerte segura sin que nadie le objete su decisión. Es el encargado de buscar y de sacralizar el espacio. Todo chamán tiene como característica especial el haber sido "escogido".
Elección del chamán: La elección puede darse de maneras muy diversas, pero aquí sólo se analizarán las que conciernen a Cien Años de Soledad:
1. La elección se hace a menudo mediante un trance extático o por medio de un sueño, este último es el caso de José Arcadio Buendía. Recuérdese que Macondo le es revelado en sueños: "...soñó esa noche que en aquel lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de paredes de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia sobrenatural: Macondo".
2. El chamán sufre alguna enfermedad de tipo nervioso: José Arcadio Buendía se caracteriza por sus obsesiones y luego es declarado loco por la comunidad.
3. La elección puede ser transmitida de padres a hijos: Todos los miembros de la familia Buendía poseen alguna característica chamánica:
• Úrsula es la esposa celeste: En los mitos generalmente hay una esposa celeste encargada de ayudar al compañero en su instrucción chamánica y en su experiencia extática. Esta ayuda puede convertirse en un impedimento por el deseo de la mujer de conservarlo atado a la realidad. Y Úrsula es una mujer firmemente atada a ella. Es necesario su ausencia para que José Arcadio Buendía pueda convertirse en chamán. Una vez que él logra dejar atrás su existencia profana, ella decide ayudarlo, deja de ser un obstáculo para convertirse en la esposa celeste o protectora del chamán: "Ella lo bañaba por partes sentado en el banquito, mientras le daba noticias de la familia''.
• Aureliano Buendia tiene el don de la premonición.
• José Arcadio posee una fuerza física mucho mayor que la de cualquier habitante de Macondo.
• A Amaranta le ordenan tejer su mortaja y se le anuncia que el día que la termine será el día de su muerte.
• Remedios la Bella asciende a los cielos una tarde en que doblaba las sábanas de Fernanda del Carpio.
• José Arcadio Segundo es el único testigo de la masacre de las bananeras.
• Aureliano Babilonia logra descifrar los pergaminos.
1. La elección puede también ser ocasionada por un accidente insólito: La visión de la caída de un rayo o la aparición de un espíritu. En el caso de José Arcadio Buendía, puede considerarse como accidente el estado de delirio en el que cae durante la segunda ausencia de Úrsula.
Características del chamán:
1. Por su condición de elegido tiene acceso a una zona del espacio y del tiempo sagrado, comunmente vedada a los demás miembros de la comunidad: Los Buendía son iniciados en el arte de la orfebrería, de la daguerrotipia y en la lectura de los manuscritos en el cuarto de Melquíades "donde el aire parecía más puro que en el resto de la casa".
2. Es el único que conoce la mitología y la genealogía del clan: Aureliano Babilonia logra descifrar los pergaminos donde estaban consignados los cien años de historia de la familia: "...la ciudad de los espejos (o los espejismos) sería arrasada por el viento y desterrada de la memoria de los hombres en el instante en que Aureliano Babilonia acabara de descifrar los pergaminos''.
3. Siempre busca la soledad: con excepción de José Arcadio, Arcadio y Aureliano Segundo, todos los miembros de la familia se caracterizan por ser solitarios y taciturnos. La mayor parte de la vida la pasan en el cuarto de Melquíades.
4. El chamán no sólo es un soñador sino que siempre está buscando algo imposible: José Arcadio Buendía busca el daguerrotipo de Dios y cuando conoce el hielo comienza a soñar con un Macondo refrigerado. José Arcadio Segundo, por su parte, "...se empeñó en despejar el cauce (del río) para establecer un servicio de navegación...(cuyo) lecho pedregoso y los numerosos tropiezos de la corriente impedían el tránsito desde Macondo hasta el mar".
5. Posee una fuerza descomunal: Para poder atar a José Arcadio Buendía al castaño se necesitaron 20 hombres.
6. Tiene una perfecta salud mental: Mientras que todo el mundo lo considera "loco", José Arcadio Buendía discurre sobre la existencia de Dios con el padre Nicanor, quien termina por reconocer su gran lucidez mental.
7. Se comunica con los muertos o con los espíritus, quienes lo ayudan a entrar en el Hades y le enseñan a convertirse en espíritu: Es Prudencio Aguilar quien conduce al patriarca al mundo de los muertos.
8. Conoce el lenguaje de los animales: José Arcadio Buendía puebla a Macondo de pájaros "el concierto de tantos pájaros distintos llegó a ser tan aturdidor, que Úrsula se tapó los oídos con cera de abejas para no perder el sentido de la realidad''. Amaranta Úrsula intentará hacer lo mismo, pero fracasará, porque para ese entonces Macondo será un lugar desacralizado por el hombre.
9. Conocimiento de un lenguaje secreto, comúnmente transmitido por un maestro o por un espíritu: José Arcadio Buendía, en su experiencia extática, habla en un lenguaje desconocido para los profanos, pero no para el padre Nicanor. Los dos comparten una lengua común a los elegidos, en este caso el latín. Y Aureliano Babilonia logra descifrar el sánscrito de los pergaminos de Melquíades.
10. El chamán puede producir frío o calor: José Arcadio Buendía sueña con un Macondo refrigerado.
11. Para ser chamán, es necesario ser reconocido como tal por toda la comunidad: "He venido al sepelio del rey". En muchos pueblos naturales el jefe y el chamán son la misma persona.
El pilar del mundo y el chamán: El Axis-Mundi, o Pilar, es un eje cósmico y a su alrededor se extiende el mundo, y como todo eje el Axis-Mundi se encuentra en el centro de la tierra. Permite la comunicación entre los tres niveles cósmicos: cielo-tierra-infierno. Puede ser representado por una montaña, una escalinata, una cúpula o un árbol. Para los araucanos, el árbol no es sólo el Axis-Mundi sino que por medio de él se logra la ascención al cielo mediante una experiencia extática. José Arcadio Buendía al ser amarrado al castaño logra la ascensión celeste y por lo tanto su consagración como chamán.
Para terminar habría que señalar que el éxtasis no puede de ninguna forma ser considerado como locura. El trance le permite al chamán observar zonas que comúnmente son vedadas a la comunidad o al hombre profano y dicha experiencia lo consagra como tal.
BIBLIOGRAFÍA
• CARPENTIER, Alejo. La novela latinoamericana en vísperas de un Nuevo Siglo y otros ensayos. Siglo XXI Editores. México. 1981.
• CAILLOIS, Roger. L'homme et le sacré. Idées/Gallimard. 1983.
• ELIADE, Mircea. Aspects du mythe. Idées/Gallimard. 1983.
•
o . El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Fondo de Cultura
o Económica. México. 1982.
o . El mito del eterno retorno. Alianza /Emecé. Madrid. 5S edición. 1984.
o . Herreros y alquimistas. Alianza Editorial. Madrid, 1984.
o . Mythes, rêves et mysterès. Idées/Gallimard. 1981.
o . Mefístófeles el andrógino. Labor/Punto Omega. 2§ edidón. 1984.
o . Lo sagrado y lo profano. Labor/Punto Omega. 5a edición. 1983.
•
• GARCÍA Márquez, Gabriel. Cien Años de Soledad. Editorial La Oveja Negra. 1982.
martes, 8 de abril de 2014
UNA MIRADA AMARGA
Aunque cada hombre mata lo que ama,/
Que lo oiga todo el mundo,/
unos lo hacen con una mirada amarga,/
otros con una palabra lisonjera, /
el cobarde lo hace con un beso,/
el hombre valiente con una espada./
Óscar Wilde //
I
- Isabel://
Esta carta que te escribo, como muchas otras que escribí hace más de 20 años, no llegará a tus manos; pero al menos podré terminar de exorcizar la humillación de la que fui víctima. Hoy, como en otras ocasiones, el azar me ponía una vez más en tu camino. Fue en el marco de la Feria del Libro. Tú lanzabas tu último poemario y yo debía hacer la presentación de un novel escritor. He seguido tu carrera de cerca. Cada vez que sale un libro tuyo, corro a comprarlo. Eres muy talentosa, siempre lo has sido. En los últimos tiempos coincidimos cada vez más en este tipo de eventos. Lo cual no me extraña, ya que nuestras profesiones así nos lo exigen. No obstante, me evades. Cuando tus ojos se encuentran con los míos, es como si no me vieran. Ante ti soy invisible. Si escuchas mi voz, aparentas no oír nada. Podría gritar y tú no reaccionarías. Perdí la cuenta del número de veces que traté de acercarme a ti. ¿Cinco, siete, ocho? No lo sé. Ya ni siquiera lo intento. Pero tampoco renuncio a poder escuchar tu voz y mucho menos a escuchar la lectura de tus poemas. Cuando salí de casa esta mañana, rumbo a la Feria, ya había decidido que iría a la sala donde tú te presentarías. Lo que no había previsto era que me vieses. Cuando llegué, la sala estaba llena a reventar, como siempre. Nadie quiere perderse la presentación de uno de tus libros. Sobre todo los adolescentes. Te admiran y te respetan. Te has forjado un nombre en este país donde todos nos creemos poetas. Camuflarme en la sala no fue difícil. Busqué un lugar estratégico desde donde pudiese verte sin que tú te dieses cuenta de ello. Cuando diste inicio a la lectura de tus poemas, el público enmudeció. Tu voz embrujadora, la misma voz que me embrujó hace tantos años, seguía intacta. Más firme, más segura, una voz a toda luces madura, pero tu misma voz. El hechizo fue total. Al final de la lectura, todo el mundo quería hacerte preguntas, tú las respondías con una calma que contrastaba con el tono que le habías dado a tus versos. Al escuchar tus poemas tuve la sensación de ser lanzada a una cascada que parecía no tener fin. Estaba sudorosa y ansiosa. Nuevamente me habías atrapado. Por fortuna, el tono dado a las respuestas de los participantes me permitió caer en un lago transparente y tranquilo. Me sentí orgullosa de ti. Nunca he dejado de estarlo.//.........
Recuperada la calma, y aprovechando que la gente comenzaba a desocupar la sala, me dispuse a salir. Fue entonces cuando un periodista, que se había percatado de mi presencia, me llamó del otro lado de la estancia. Mi nombre no podía pasar desapercibido para ti, inevitablemente tenías que escucharlo. Sin querer busqué tu mirada y como siempre tus ojos, clavados en los míos, no me vieron. Yo me escabullí. Una vez afuera corrí a esconderme, necesitaba respirar y recobrar el aliento. El mismo aliento que me había quitado tu no mirada.//...............
Debo parecerte una cobarde. -La peor de todas, – dirías-. No te falta razón. Soy una cobarde. Cualquier palabra que pudiese decir, sonaría a una falsa excusa. Y no es eso lo que pretendo. Tú viviste un infierno, el peor de todos. Pero no fuiste la única. Cada una conoció su propio calvario. Tú, porque te arrebataban el mundo por el que habías luchado durante tres años. Yo, por perderte y por perder mi propia dignidad. He debido defenderte, he debido llamarte. He debido decirte que lo sentía, he debido decirte que tu dolor era mi dolor. No lo hice. Lo lamento, lo he lamentado toda mi vida. Podría expiar mi culpa eternamente y nunca podría devolverte lo que te quitaron. Todo eso es verdad. Pero también hay causas, que aunque no son atenuantes, sí pueden explicar mi silencio.
//....................
Cuando te conocí, yo ya tenía mi vida hecha. Estaba casada, tenía dos hijos y esperaba el tercero. Había nacido en la década de los 40, por lo que había sido testigo de muchos cambios. En el 63, del asesinato de John Kennedy y en el 68, el de Martin Luther King. Aunque separada por kilómetros de distancia, vibré intensamente con mayo del 68 y con la llegada del hombre a la luna. Crecí con la música de Los Beatles y asistí a Woodstock. Bueno, para ser sincera, solo vi la película. Mi adolescencia se paseó por Chapinero y fue cómplice del movimiento hippie, el mismo que obligó a los gringos a irse de Vietnam. Su consigna de “Hagamos el amor y no la guerra”, dejó huellas indelebles en la sociedad occidental. Para los años 60, hacer el amor había dejado de ser sinónimo de reproducción. Las mujeres por fin podíamos decidir cuándo ser madres, ya que la píldora nos ayudó a tomar conciencia de que somos las dueñas de nuestro cuerpo y que el sexo es también para nuestro disfrute. Para entonces, las universidades comenzaron a recibir estudiantes mujeres, cada vez eran más las que optaban por la vida laboral. Entendían que la vida era mucho más que el cuidado de los hijos y del marido. Más tarde, sería testigo de la muerte de Franco y del destape de la mujer española. En política, fui contemporánea del movimiento de Los Tupamaros y de la llegada de Fidel al poder. Mis primeros devaneos en el amor fueron con los versos de Neruda.
//...............
Crecí con el cambio y me comprometí con él. Yo había roto muchos prejuicios. Pertenecía a una generación de ruptura, era consciente de ello y así lo asumí. Sin embargo, mi vida sexual y sentimental había estado dirigida dentro de parámetros bastante convencionales. Me había casado muy joven, sin terminar la universidad. Seguí estudiando y mientras tanto di a luz a mi primer hijo. Luego entré a trabajar a la universidad, la misma donde tú y yo nos conoceríamos años más tarde. Al principio, sólo eras una alumna, muy inteligente eso sí, pero nada más. Estaba enamorada de mi marido. Tenía un hogar, un trabajo y había hecho planes en el ámbito profesional. Cuando comenzaste a regalarme versos, los leía porque estéticamente estaban bien escritos. Ya tenían la impronta que ha caracterizado toda tu producción poética.
//................
A medida que tu cerco se fue intensificando, una parte de mí quería rechazarte, pero otra se dejó querer. ¿Por qué razón? Lo ignoro. Podría ser la novedad que representaba tu asedio o podría ser que me tentara el riesgo. Como cuando estás al borde de un precipicio y no sabes si entregarte a él o salir corriendo en dirección opuesta. También pudo ser la soledad de pareja. A veces el matrimonio no es más que la constatación de lo solos que estamos en el universo. La cama matrimonial puede convertirse en un barco a la deriva y cuando eso ocurre los cuerpos son azotados por la tormenta. O pudo ser todo eso y más. El ser humano cree que tiene todas las respuestas, cuando ni siquiera conoce las preguntas. Nos creemos sabios, sin embargo tambaleamos ante lo desconocido. En esa época, tú eras lo desconocido. En cuanto a mí, era madre de dos hijos pequeños y esperaba el tercero. Esa era mi certidumbre, aún lo sigue siendo. ¿Cómo entregarme a la aventura? En ese tiempo no tenía respuestas, aún sigo sin tenerlas.
//...................
Cuando comencé a escribirte versos, fue después de pasar por estados catalépticos. Porque eso eran los fines de semana para mí. No verte, no escucharte, era caer en estado de catalepsia. Pensarás que nunca te lo dije, pero ¿Cómo iba a hacerlo? Lo callé igual que callé mi desconcierto ante lo que me sucedía a medida que nuestra relación progresaba. Callé mi temor, pero también los anhelos que despertabas en mí. Callé la angustia que sentía en la alcoba y el abandono del que era víctima. ¡Callé tantas cosas! A las mujeres de mi generación nos enseñaron a callar. Es lo mejor que sabemos hacer. Mi vida estaba comprometida con el cambio, pero eso no quiere decir que estuviese preparada para tu llegada. Te adelantaste en veinte o treinta años, porque estoy segura de que hoy en día habría reaccionado de manera diferente. Hoy tendría las agallas que no tuve en ese entonces. Pero hoy es hoy y ayer es ayer. En eso Cronos es implacable. El tiempo no nos permite adelantarlo o atrasarlo como si fuese un reloj manual. De ahí la zozobra que el saberlo nos genera.
//..................
Comenzamos a salir juntas, para tomarnos un café, hablar de poesía o ver una película; en ese momento tú no eras más que una mujer inteligente que nutría mi intelecto. Para mí, las relaciones afectivas entre mujeres era algo que podía suceder, pero no en mi esfera. Y mucho menos teniéndome a mí como protagonista directa de un amor a todas luces prohibido. Pero ahí estabas, e ignorarte era imposible. Tu lucidez mental, tu sensibilidad e intuición poética lograron conquistarme. Penetraste mi razón, antes de penetrar mi piel. Por eso nunca he podido sacarte de mi cuerpo. Mi alma te amaba cuando mi cuerpo aún no lo sabía. Yo te anhelaba, pero desconocía el lenguaje corporal que me hubiese llevado a ti. “¿Cómo?”, dirías, “si hacía tiempo estabas casada”. No sabes que mi cama era un desierto, sobre todo cuando estaba en embarazo. Durante los meses de gestación, Esteban ni me tocaba, de resto nuestros encuentros sexuales me dejaban por fuera de toda participación. Una vez cumplida su faena se daba media vuelta, sin desearme siquiera las buenas noches. Más que su mujer, yo era la madre de sus hijos. Ya sabes, esa concepción decimonónica de muchos latinoamericanos que creen que el sexo hay que buscarlo por fuera del lecho conyugal y luego hablan del latin lover. Habría que buscarlo con la linterna de Diógenes. Debería proponerle a Florence Thomas que saliésemos juntas a buscar alguno.
//.....................
El momento en que irrumpiste en mi vida significó un despertar de todos los sentidos. Poco a poco fuiste buceando en ellos. A medida que los despertabas, con flores, con canciones o con tus versos, yo tomaba conciencia de la existencia de mi propio cuerpo. El día de nuestro fugaz encuentro en Oma, el roce premeditado de tus piernas contra las mías, me sumergió en un mundo desconocido y abrió una esclusa que dio rienda suelta al deseo acumulado en mi cuerpo y al que mi razón se negaba a aceptar. Ante mí se abría la oportunidad de conocer lo que hasta entonces yo llamaba un placer prohibido. Y pensar que para los griegos y los romanos era el verdadero, por no decir el único. El cuerpo no debería tener barreras, ni la mente tampoco. Es la tradición judeocristiana la que ha impuesto trabas a la vida y al goce. El roce de tu piel y la copa de vino que tomamos juntas, produjeron en mí una sensación cercana al orgasmo; al fin y al cabo hacía mucho tiempo que el volcán de mi cuerpo se había apagado. Creo que no ha vuelto a activarse.
//...............
Con el nacimiento de mi hijo dejaría de verte. No me lo había planteado así. Pero ya ves, a veces los acontecimientos deciden por nosotras, o bien son las personas de nuestro entorno familiar quienes nos despojan de nuestras vidas. En este caso fue Esteban. El día en que comencé trabajo de parto, él cogió mi cartera con el fin de buscar los papeles de la seguridad social; por lo que era inevitable que no encontrase el poema que me habías dado ese mismo día a la salida de Oma. Era el poema que escribiste mientras me hacías el amor con la ligera caricia de tus piernas. Llegar a los otros no le fue difícil. De ahí a atar cabos de nuestras escapadas juntas había sólo un paso. A mi regreso de la clínica, mi vida se convirtió en un infierno. El hombre que creía conocer, el escritor mesurado, respetuoso, dio paso a un huracán. Vociferaba, daba puños a diestra y siniestra, se convirtió en mi cancerbero. ¡Ni el teléfono pude volver a contestar! Cuando regresé a la universidad, ya te había perdido por completo. De tus versos no me quedó nada, los rompió todos. Por eso, cuando publicas un nuevo libro, corro a comprarlo. Al menos así tengo la impresión de recuperar en algo lo que él me arrebató y lo que yo perdí.
//....................
Hasta siempre.//
Marcia
//................
II//
Marcia:
//
Hoy te he vuelto a ver. Creías que no te había visto, pero siempre lo hago. Estabas camuflada en el público y también vi cómo te subyugaba la lectura de mi obra. Los papeles se invertían. Años atrás, era yo la que quedaba alelada oyéndote hablar de literatura. Recuerdo cuando nos hablaste de Oscar Wilde y de su libro La balada de la cárcel de Reading, ¡con qué vehemencia lo analizabas! Ese día aprendí a mirarte con otros ojos. Con los ojos que se miran a la mujer que nos atrae sexualmente. Sabía que eras casada, que tenías dos hijos y que esperabas el tercero. Tú eras mi maestra, yo, tu pupila. Muchas historias de amor se han tejido en las aulas de clase, la mayoría de ellas de amores no convencionales, amores escondidos, amores trágicos. Cada vez que nos cruzábamos en el pasillo, yo sentía que mis piernas temblaban y que mi cabeza daba vueltas. Te me habías convertido en una obsesión. Siempre me han gustado las mujeres, desde que estaba en el colegio; cuando una de mis compañeras, al saber que yo no sabía besar, decidió convertirme en su aprendiz. Era un juego entre varias amigas. Pero el juego me gustó y yo me quedé en la cama con ella, mientras las otras se iban a la playa con sus noviecitos de turno. Era mi primer beso, mas no el de ella. Ese día me enseñó a besar y me llevó de la mano a la isla de Lesbos; allí me inició en los placeres de su máxima sacerdotisa, poeta como yo. Desde entonces, le rindo culto a la bella Safo, como la llamaba Sócrates. Así que comencé a regalarte poemas, el primero era de ella, decía así://..........
Y sonríes seductora… un escalofrío me apresa toda,/
estoy más pálida que la hierba y me parece/
que falta poco para morir./
//...............
Tú lo leíste. En vez de sorprenderte o mandarme simplemente al diablo, me regalaste una sonrisa y luego lo guardaste en tu cartera. Te vi alejarte. Apenas te perdí de vista salté y salté, estaba enamorada. Yo tenía 20 años, tú 37. Nos hicimos amigas. Sabías que te amaba. Te dejabas querer. Te convertiste en mi diosa. Todos los días te rendía un tributo. Podía ser una flor, un cassette, con alguna canción en especial, o un libro. Comencé a escribirte poemas. A fuerza de seducirte con el poder de la palabra, la muralla en la que te parapeteabas comenzó a ceder. Mis poemas encontraban eco. Tú también comenzaste “a escribirme unos bellos poemas de amor”, así los llamaba; cuando en las noches, en la soledad de mi cama y sabiéndote acostada con tu marido, leía y releía los versos que me habías escrito. ¡Cuántas veces besé esos trozos de papel! Mis labios hubiesen podido desaparecer de tantas veces que lo hice. Leía tus poemas y mi cuerpo se humedecía. ¡Cómo te deseaba!
//...................
Poco a poco comenzamos a salir juntas. Íbamos a cine. El que quedaba cerca de la universidad… eran nuestras pequeñas escapadas. Yo sentía que tú no eras feliz, que algo te oprimía, pero no me hacías partícipe de tus problemas. Aunque era consciente de que yo hacía parte de esos problemas. Yo no quería presionarte, así me muriera de deseo. Eras tú quien tenía que prepararse, yo te esperaba. Te hubiera esperado todo el tiempo del mundo. Recuerdo que vimos El Imperio de los Sentidos. A la salida, y con mucha seriedad, te dije: “Es la búsqueda de la verdad absoluta a través del sexo”. Te echaste a reír. Me respondiste: “Siempre tan trascendental”. Pero detrás de esa risa, escondías tu desconcierto. Comenzabas a descubrir en ti unos sentimientos que meses antes no hubieses osado imaginar. Comenzabas a trastabillar. Una tarde fuimos al Museo Nacional, había una exposición de un artista fauve, esa fiesta de colores nos inundó de alegría. A la salida me invitaste a una copa de vino, querías prolongar esa sensación de bienestar que nos había producido la pintura de Raoul Dufy. Sentadas, una al frente de la otra, en una de las mesas más discretas de Oma, mis piernas comenzaron a rozar las tuyas. Sentí tu vacilación, sin embargo no dijiste nada, ni tampoco las retiraste. Eras consciente de lo que estaba pasando y aunque no participabas de una forma directa, tampoco me rechazabas, dejabas que te sedujera, que te amara. Y yo me entregaba a ese juego, como si en él me fuera la vida. Aún no sabíamos que nunca más volveríamos a estar juntas. Mi felicidad de esa tarde la compartí con dos compañeras de la universidad que estaban enteradas de lo nuestro. Respetaban mi amor, no me censuraban, no obstante entendían que podía ser muy doloroso. Ese día entraste en trabajo de parto y yo me sumí en un estado muy cercano al coma. Ante mí surgían tres meses sin poder verte. Las pocas veces que intenté ponerme en contacto contigo, la voz recia de tu marido me decía que estabas atendiendo al bebé, otras que estabas durmiendo. Yo había logrado derribar una parte de tu muralla, pero derrumbar la de él era imposible. Al colgar el teléfono quedaba más desamparada que nunca. ¡Si tan sólo hubiese podido escuchar tu voz una sola vez! Comencé a sospechar que algo pasaba. No era normal que no dieses señales de vida, ni que nunca contestases al teléfono. No me quedaba sino esperar tu regreso.
//..................
Dos semanas antes de tu reincorporación a la universidad, yo ardía de deseos de verte. Contaba los días, las horas y los minutos que me alejaban de ti. Pero no eran dos semanas las que tendría que haber contado. Tendrían que haber sido miles, tendría que haber sido una vida, dos vidas, tres vidas ¿Quién sabe? ¿Cómo medir el tiempo cuando se está enamorada? Poco antes de tu regreso me llamaron de la decanatura. Me dijeron que como estaba acosando a una profesora, y eso era inadmisible en una universidad y además en un país católico, apostólico y romano, debían cancelarme la matrícula. Yo, que ya estaba terminando sexto semestre. Yo, que tenía las calificaciones más altas del grupo. Yo, la intelectual, tenía que salir por la puerta trasera de la universidad como si fuese una delincuente. No era una delincuente, pero sí era mujer. ¿Cuántos profesores homosexuales había en la universidad y nadie les había dicho nunca nada? Un montón, de eso no tengo la menor duda.
//.................
Me cancelaron la matrícula. En menos de lo que canta un gallo yo perdía todo por lo que había luchado sin descanso por espacio de tres años. Mi madre nunca me juzgó. Ella sabía que cada persona es dueña de su cuerpo y de sus sentimientos. ¿Cómo es que en la universidad no lo entendían? Nuestra relación se había llevado de la manera más discreta posible. No soy amiga de los escándalos. Por eso no hice ninguno cuando me vi ante un hecho cumplido. Me echaban de la universidad. Pues lo aceptaba, así sin más ni más. No di la pelea. No denuncié mi caso a los medios de comunicación. Era joven e inexperta. Me faltaba la fortaleza que sólo llega con los años. En cuanto a la tutela, aún no existía esa figura jurídica. De haber existido, creo que ellos no hubiesen llegado tan lejos, ni yo habría aceptado el atropello del que fui víctima.
//....................
Los lazos que me unían a ti habían sido salvajemente cortados. Ante el dolor de no volverte a ver, se sumaba el dolor de saberte tan cobarde. No llamaste ni una sola vez para decirme que lo sentías. Mi vida se derrumbó. Pero ya ves, el ave fénix siempre renace de las cenizas. Comencé de cero. Me inscribí en otra universidad y aunque la mayoría de las materias vistas no fueron homologadas, logré terminar mi carrera, encontré trabajo y tiempo después el amor. No sería el definitivo. Habría de conocer otras rupturas, otras desilusiones, pero ninguna como la que tú me causaste. Para cuando nos volvimos a ver yo estaba curada. ¿Tú? No lo sé, ni tampoco me importa. Sería en uno de los tantos eventos literarios en los que inevitablemente tenemos que coincidir. No hemos vuelto a hablar, ni lo haremos. Si escribo esta carta es para contar lo que nunca he debido callar. Como ves, yo también fui cobarde.
//.................
En algún lugar de los cerros de Bogotá, con el bolero de Ravel como única compañía.//.........
Isabel//.........
III
//
Esteban
//..........
Mi profesión es enseñar a dilucidar el pensamiento, a mirar detrás del espejo, como Alicia. Soy yo quien pone los retos y quien decide qué tan alto podemos llegar. Conduzco las masas de estudiantes como el pastor conduce un rebaño de ovejas. No estoy acostumbrado a que me desafíen, ni a seguir a los otros. Sigo planes previamente determinados. No me gustan los imprevistos ni las sorpresas. Soy un pensador, y para ello se requiere de mucha disciplina. Las ideas son para elucubrarlas largo tiempo, antes de decidir qué hacer con ellas. El azar no es para mí, ni soy un jugador. De serlo, exigiría que las cartas estuviesen sobre la mesa, los ases debajo de la manga me parecen rastreros, propios de garitos de mala muerte. Cada paso que he dado en la vida ha correspondido a coordenadas trazadas con antelación y previstas para que tengan una larga duración; los cambios irreflexivos sólo traen desconcierto y son signo de inmadurez.//.............
En el colegio y en la universidad, me caractericé por ser un alumno brillante. El día de mi graduación ya sabía que no haría parte de las filas de desempleados. Con el cartón en la mano me presenté a un concurso como docente y me lo gané. Poco tiempo después contraía nupcias con la noviecita de siempre. La había conocido en la universidad, en uno de los cursos que nos tocó tomar juntos. Era amante de los libros y recitaba poemas. A diferencia de muchas otras, prefería escuchar a Beethoven al lado de la chimenea que irse a bailar salsa a cualquier antro. Eso me daba tranquilidad. Una vez casada le quedaba poco tiempo para las amigas. Cuando terminó sus estudios, ya había nacido nuestro primer hijo. En la universidad buscaban profesores de literatura, con su curriculum vitae, y sus conocimientos, no le fue difícil pasar las pruebas. Mi vida seguía el curso que yo me había trazado. Los años transcurrieron sin mayores altibajos. Nació otro hijo y venía en camino el tercero. En las noches, y los fines de semana, era Marcia quien se ocupaba de los niños, yo me dedicaba a escribir. Ya había publicado dos libros, con muy buena acogida por parte de la crítica y de los pares académicos, y preparaba otro. Me estaba ganando un nombre en un medio profesional árido y poco amigo de las lisonjas mutuas. Me encontraba tan embebido en mi trabajo que no me di cuenta de que el tren que yo conducía corría peligro de descarrilarse. Sentía a Marcia cansada, por lo que supuse que era el embarazo. Alguna vez se había quejado, aduciendo que no le dedicaba suficiente tiempo a la familia; como se dio cuenta de que sus quejas me molestaban, no volvió a decir nada. A veces iba al cine, suponía que lo hacía sola. A medida que el embarazo avanzaba, yo la veía más ensimismada, cada vez hablaba menos; lo que para mí era un gran alivio. Necesitaba tiempo para escribir. A veces la veía conversar con una de sus alumnas y en su mesa de noche encontraba libros de autores que antes no le había visto leer. Supuse que era normal; al fin y al cabo su oficio es la literatura.//.................
En los días que precedieron al parto presentó una complicación, por lo que hubo que internarla de urgencia en la clínica. Mientras ella era atendida por los médicos y las enfermeras, yo debía ocuparme de los trámites administrativos; así que abrí su bolso para buscar los papeles de la seguridad social. Fue entonces cuando vi una hoja de cuaderno doblada en cuatro, la iba a dejar a un lado cuando algo me llamó la atención: en ella estaban estampados los labios de una mujer. Era un colorete discreto, pero la evidencia de un beso saltaba a la vista, así que decidí leer lo que había dentro. Hacerlo fue lo mismo que descender al universo de Dante. El horror tomó forma y se me presentó con un lenguaje procaz, no por las palabras sino por el sentido que les otorgaban. De pronto, varias imágenes que había visto en los últimos meses comenzaron a tener sentido.//...............
Las lecturas y los análisis apasionados que Marcia hacía últimamente de Rimbaud, de Verlaine, de Walt Withman, de Virginia Wolff, de Marguerite Yourcenar, me saltaban a los ojos con un significado que antes no había sabido ni querido interpretar. Una vez en la casa hurgué en sus cosas, dentro de una caja y envueltos en un papel de flores, encontré otras hojas de cuaderno y otros versos. La evidencia no dejaba lugar a dudas. Jamás había imaginado a mi mujer siendo cortejada por otro hombre, y si así hubiese sido habría estado dentro de parámetros normales. Pero de ahí a ser enamorada por una mujer había un abismo. Tomé todas las medidas necesarias antes de su regreso, tanto en la casa como en la universidad. Cuando ella llegó tres días después, nuestro mundo ya no existía, se había diluido, como se diluye la pintura en el aguarrás. Nunca más seríamos los mismos. Finalmente el tren se había salido de los rieles y ya no podía ser encarrilado de nuevo; pero eso lo comprendería más tarde. De todas formas actué correctamente, defendí lo que era mío, defendí la decencia, la moral, salvé mi familia, salvaguardé nuestra imagen ante la sociedad, la protegí del escándalo; debería estarme agradecida. En todo caso, no lamento las medidas que tomé en ese momento, aún hoy las volvería a tomar de idéntica manera. Por otra parte, me convertí en una persona más precavida y no volví a pisar el mismo guijarro. Cerré el telón y no lo volví a abrir, hasta ahora que mi vida desfila ante mí como si fuese una película. Creo recordar que alguna vez un amigo me dijo que algo así sucede en los momentos que preceden a la muerte. Esa debe de ser la razón por la que recuerdo lo que ya creía olvidado.///...................
*Relato publicado en el libro Voces del Silencio, Ble Ediciones, 2008
miércoles, 2 de abril de 2014
LAS VÍCTIMAS DEL ÁCIDO EN EL PAÍS DE MACHITOS
Mujeres quemadas con ácido. No es la primera vez que abordo este tema tan espeluznante, ya lo había hecho en el libro ¡Cuidado! Escritoras a la vista…, Ble Ediciones, 2009. Muchos de los temas allí tratados los he publicado en este blog; sobre todo lo que atañe a algunas escritoras. En este caso preciso fue el libro Quemada Viva de Souad, editado por la ONG suiza Surgir, dedicada hace años a esta lamentable y machista costumbre de los países musulmanes; en los cuales se la denomina crimen de honor. Pueden leerlo en el siguiente vínculo:
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/02/26/quemada-viva-el-caso-de-suad/
Yineth Bedoya, la valiente periodista de El Tiempo, desvela una impresionante cifra de mujeres quemadas con ácido en Colombia -el país de machitos- 565 víctimas de este execrable delito en los últimos 10 años. Prácticamente todos se encuentran en la más absoluta y aberrante impunidad. A los hombres de este país, y a muchas de sus mujeres, les parece que éste no es un delito, si acaso una pena leve que no debe ser castigada con cárcel.//..........
Supongo que los hombres que les pagan a otros para desfigurar a la mujer que ha osado decirles NO, se consideran muy machitos, muy varones, para utilizar la frase lamentable de uno de los más visibles machistas de Colombia, Uribe.
No obstante, hay que tener en cuenta que esta práctica atroz no es nueva, así apenas estemos descubriéndola en nuestro país. Los crímenes en contra de la mujer son tan antiguos que ya en La Biblia vemos como a las mujeres adúlteras se les castigaba con la lapidación. La misoginia tiene raíces muy profundas, la sociedad griega y romana lo eran, pero también la judía; y nosotros, que nos consideramos un país católico, hemos heredado muchos aspectos de su cultura, entre ellos el odio a la mujer. //..........
Y la Iglesia Católica no ha hecho sino fomentarlo desde sus púlpitos. Nos ha declarado impuras, de ahí que ninguna mujer pueda ser nombrada sacerdote, ni mucho menos papa. No obstante, para ocultar el odio irracional que le producimos, se inventó, entre otros aspectos, el culto a la virginidad; aunque a decir verdad habría que buscar sus orígenes en el culto a Atenea, la diosa virgen. Varias veces he dicho, y lo sigo sosteniendo, que la figura de María nos ha hecho un daño que no alcanzamos ni siquiera a dimensionar. No sólo a las mujeres, sino a la sociedad entera. Para las religiones judeocristianas el cuerpo de la mujer es sinónimo de pecado, de culpa, es una hecatombe, es la pérdida de la moral de los hombres de bien. //..........
Sin embargo, a la mayoría de a gente no se le ocurre alabar la virginidad masculina, ni nadie le pide a los hombres dejar de ser promiscuos, ya que serlo es considerado como una virtud masculina, e incluso creen que es un poder tan grande que no pueden ni siquiera controlarlo; como si fuesen seres irracionales que no tienen ningún control sobre sus propias hormonas ni sobre sus propios instintos.
//.............
Colombia es un país que prefiere a hombres como Uribe, Ordóñez y Gaviria, enemigos de la paz y azuzadores de la violencia. Colombia es un país amedrentado por las guerrillas de las FARC y del ELN, de un lado, y con los paramilitares, o Bacrim, del otro; grupos violentos que se niegan a reconocer los múltiples delitos sexuales que han cometido a lo largo de esta atroz guerra. Por ello muchos hombres, que se consideran a sí mismos “muy machitos”, son capaces de arruinarle la vida a una mujer quemándola con ácido, violándola, desmembrándola, empalándola, metiéndola dentro de una maleta y tirándola luego a la basura. Crímenes que se han vuelto comunes en esta sociedad que ha perdido todo Norte y que pareciera que nunca toca fondo. //..............
¿Cómo se mirarán los hombres que han cometido tamaño crimen al espejo? Supongo que lo hacen sin ningún remordimiento. Deben morirse de la risa, e imagino que al domingo siguiente asisten a misa y comulgan y dan gracias a la virgen y a su dios porque el mandado les salió como ellos esperaban: borrarle el rostro a la mujer que decidió un buen día que no quería seguir con ellos. Porque si no es mía no será de nadie más, frase muy utilizada por los cobardes que se creen muy hombres pero que sólo son vulgares especímenes de la raza humana.
miércoles, 5 de marzo de 2014
CUANDO LA JUSTICIA ES IMPARTIDA POR VIOLENTOS, UN CASO COMÚN EN EL PAÍS DE MACHITOS
Muchas veces he escrito sobre la conducta nefasta de muchos hombres violentos que están incrustados en todas las capas socioeconómicas de Colombia. Este es un país machista, misógino, retrógrado, excesivamente religioso, y este sentimiento no le impide agredir a la mujer, o a los niños, o robar, o matar, o ser corruptos; por el contrario, en muchos casos se encomiendan a su santo predilecto o a María.//.........
Ahora descubrimos que también algunos de los encargados de impartir justica, como es el caso del juez de Bucaramanga y del fiscal de Santa Marta, antes que verdaderos hombres son tipejos violentos que no dudan en demostrar su poder ante una mujer.
El juez al que hago alusión, con su lamentable barriga al aire, amedrentó con un cuchillo a una estudiante de medicina por el sólo hecho que ella había ocupado su parqueadero. Pareciera que un mamarracho así nunca hubiese pasado por una universidad. ¿Acaso en las Facultades de Derecho se enseña a subsanar un error con una clara incitación a la violencia? ¿Es preferible la intimidación, o las lesiones personales o el asesinato, a un diálogo mesurado y respetuoso?//..........
Son las mismas preguntas que podrían hacerse al fiscal que por poco mata a su hijastra, y que además sale públicamente a decir que va a demandarla. Es un típico macho, de esos que sólo son muy hombres cuando gritan y agreden en la intimidad de sus hogares. Pero cuando son confrontados, cuando se les exige un comportamiento ejemplar, dicen que eso es del terreno privado y que el cargo como fiscal no tiene nada que ver. Sin embargo, es en ese momento cuando de verdad muestran su verdadera cara: peleles de poca monta, cobardes, manipuladores y violentos hasta la médula. Pobres mequetrefes a los que les falta mucha altura para ser hombres.//.........
Más lamentable aún la conducta de la madre de la estudiante agredida, que por miedo al escándalo, a perder su posición socioeconómica, y el temor a enfrentar la vida de ella y de sus vástagos sola, prefiere dormir con el enemigo. Y lo que es peor, darle la espalda a su hija, a la que casi mata su marido energúmeno. Dirán que fue efecto de los tragos. Ninguna borrachera puede jamás ser una excusa para explicar un delito. Y agredir a una mujer es un delito execrable, aunque aún haya muchas personas, hombres, mujeres, curas o adolescentes, que traten de minimizar la violencia de género.//.........
Y cuando iba a ponerme a escribir esta diatriba, otro hombre fue arrestado, esta vez en Medellín, por haber tratado de matar a su suegra. Las mujeres, en este país de machitos, somos vistas como objetos desechables, como chanclas, como basura, no en vano hay una ranchera que utiliza esos términos para referirse a la mujer a la que se le está cantando.//..........
El feminicidio es una realidad, así nos tapemos los ojos para no verlo, así nos tapemos los oídos para no escuchar los gritos de las mujeres agredidas, así las mismas mujeres, como la otrora senadora, y también abogada, y ahora candidata a la gobernación de Antioquia, traten de verlo como algo que merecemos porque sencillamente “somos muy jodonas”. Una verdadera vergüenza. Una vergüenza que debiera ser colectiva. Desafortunadamente la conciencia de género no es enseñada ni en la intimidad del hogar ni en la escuela ni en la universidad y pocas veces combatida al interior de las instituciones donde laboran los violentos.//...........
Abogados como el juez y el fiscal que han sido protagonistas de hechos delictivos, como al que diario son confrontados en su actividad profesional, son una vergüenza para cualquier familia y por supuesto para la Justicia colombiana. Si algo de honor y arrepentimiento les quedara lo demostrarían renunciando de inmediato a sus cargos y sometiéndose a la justicia. Lamentablemente sé que no será así, por el contrario, van a trata de enlodar a las víctimas de sus comportamientos violentos.
lunes, 3 de marzo de 2014
EL CAMINO DE LOS NUEVE MUNDOS, DE ERIC JULIEN
Este es un hermoso libro escrito por un francés sobre su experiencia vivida con los Koguis en la Sierra Nevada de Santa Marta.
El camino de los nueve mundos, de Eric Julien, Editorial Albin Michel C.L.E.S. 2001, es un libro que relata cómo su autor, luego de haber sufrido un edema pulmonar en plena Sierra, es sanado por los indios Kogui. Diez años más tarde Julien regresara a la montaña con el fin de conocer un poco más a esa comunidad -perdida en el tiempo y en el espacio- a la cual le debe la vida. Poco a poco entenderá que hay otros conocimientos que no necesariamente tienen que ver con el pensamiento y la filosofía occidental.
Después del segundo viaje regresa a Francia con la misión de buscar fondos para comprarle tierras a la comunidad que las ha perdido por la terrible política de despojo que han sufrido todos los pueblos aborígenes de América desde la llegada de los españoles hasta nuestros días. No hay que olvidar que los koguis, arhuacos, wiwas y kankuamos, los pueblos que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta, así como todos los demás pueblos aborígenes de Colombia, han sido el blanco de la terrible persecución por parte de la guerrilla, de los paramilitares y de los militares, y por supuesto del Estado.//..........
Colombia es racista desde las entrañas mismas del poder; y los pueblos indígenas lo saben muy bien. Desafortunadamente es una verdad de a puño que interesa a muy pocos. Solemos mirarlos con menosprecio, sin el más mínimo respeto por sus culturas, por sus lenguas, por su literatura oral, por sus creencias religiosas, por su modo de vida, por su forma de vestirse y de actuar, por su forma de educar a los hijos; les robamos su esencia como seres humanos, ignoramos que podrían aportarnos mucho en todos los campos, sobre todo en nuestra equivocada relación con la naturaleza.//...........
Eric Julien, a través de su Asociación Tschendukua Ici et Ailleurs, ha hecho conocer a este maravilloso pueblo en Francia y en Canadá, países donde ha recogido los fondos que le han permitido ir comprando poco a poco las tierras que originalmente hacían parte del territorio Kogui.//.........
Pero lo que inicialmente se muestra como una forma de restituir las tierras robadas, se convierte en una búsqueda interior del autor que lo lleva a conocerse a sí mismo y a desear aprehender una forma diferente de ver el mundo, o más bien los mundos, ya que los Kogui hablan de nueve. Julien es inicialmente aceptado por la comunidad, y luego es invitado a ser uno de los iniciados en los conocimientos ancestrales y a conocer su rica cosmogonía. Es así como recorre la senda filosófica Kogui y puede entender la estrecha e íntima relación del ser con la madre tierra y poder entender la armonía que dicha relación ofrece a cada uno de los integrantes de la comunidad. //.........
El camino de los nueve mundos, es un libro que deberíamos leer los colombianos para que así pudiésemos entender, aunque fuese en una ínfima parte, la riqueza de nuestros pueblos aborígenes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



