En este blog podrán leerse artículos, poemas o cuentos sobre mujeres y hombres que han jugado un rol decisivo en la construcción de nuestro imaginario colectivo; bien sea a través de la literatura, del arte y por ende de la cultura.
miércoles, 17 de junio de 2015
ME MIRO EN EL ESPEJO DEL PASADO
Me miro en el espejo del pasado,/
laberinto sin Ariadna,/
sus estancias me son vedadas/
mi imagen se cuela a través de mis dedos///
Estoy sentada debajo de la luna,/
su luz ilumina la zanja/
donde mi otro yo yace en palidez eterna///
Soy Narcisa,/
contemplo mi infortunio en el espejo de la noche,/
roto en millones de fragmentos,/
roído por la humedad///
palabras encadenadas/
sin susurro en los labios del último sueño///
Cubro mi rostro con la máscara de la muerte/
derribado el árbol de la inmortalidad/
prisionera de la monotonía/
compañera de mí misma en este viaje sin retorno/
esfinge de la oscuridad/
me estanco en el corredor de la soledad///
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*Del libro La Ruta del Espejo, Editions du Cygne, París, 2012, edición español-francés. la primera parte de este libro, Secretos de la tumba de Terpsícore, es un homenaje a las víctimas del Mal de Alzheimer; y la segunda, Banquete en las Estancias de la Memoria, es un homenaje a Sherezada.
jueves, 11 de junio de 2015
LA DULCE SOMBRA DE HOAI HOUNG NGUYEN O EL AROMA DE UN AMOR PERDIDO
Hoai Houng Nguyen (Francia 1976), es hija de padres vietnamitas y nacida en París ; por lo tanto su lengua materna es el vietnamita y cabe señalar que sólo aprendió a hablar el francés cuando comenzó sus estudios escolares.//
La Dulce Sombra (L’Ombre Douce – Éditions Viviane Hamy – 2013 – 183 páginas) es la primera novela de esta joven y talentosa escritora . Y sin embargo, ha sido galardonada con varios premios, a saber :
PREMIOS ://
Seleccionada para el Premio de Lectores 2015
Premio Marguerite Audoux 2013
Premio Première-RTBF 2013
Premio du Salon du Livre de Genova 2013
Premio Lire Élire - Bibliothèques pour tous Nord Flandre 2013
Premio Littéraire Asie de l’Adelf
Premio Premier Roman de Sablet 2013. //
La Dulce Sombra narra la vida de Mai, una joven anamita (Vietnam), y de Yann, un soldado originario de Bretaña (Francia).
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Y si bien es una historia de amor, es antes que todo una historia que tiene como fondo y como protagonista la guerra de Indochina.
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Mai se ve enfrentada a los cambios que la colonización francesa ha dejado en su país ; entre ellos hablar una lengua occidental, el francés, y la costumbres que poco a poco los invasores han ido implantando en el país.
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Entre ellas se podría enumerar la incipiente emancipación de la mujer.
Mai se rebela contra un matrimonio forzado, por lo que debe dejar la casa paterna. Es así como decide trabajar en un hospital de heridos de guerra ; podría pensarse que está del lado de los rebeldes, los que ganarán la guerra, los comunistas. Pero no, ella está del lado de los franceses. Es el mundo que ella conoce, ya que ha sido educada por religiosas, y con ellas ha aprendido a hablar un francés impecable, casi sin acento.
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Del otro lado está Yann. Un joven soldado, de origen campesino, que conoce a Mai después de una herida en el campo de batalla.
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El enamoramiento de estos dos personajes, nacidos en dos mundos antogónicos y tan diferentes el uno del otro, sumerge al lector en un mundo desaparecido para siempre.
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Y es que el lenguaje de Hoai Houng Nguyen posee la magia narrativa de Oriente. Como si cada palabra fuese traída por una ligera ventisca, en la etapa del enamoramiento ; o por la furia de una tormenta, en la etapa del duro enfrentamiento de la armada francesa en contra de los vietnamitas. Pero también posee un olor a la floración característica de la primavera. Con esto quiero decir que cada vocablo tiene su lugar, es preciso y muy poético. Y es que el libro es ante todo un canto a la pérdida de los seres que se han amado.
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La Sombra Dulce, que se desarrolla a partir de 1954, es también una forma de buscar las huellas de un país que ha desaparecido por la hecatombe de una guerra sin cuartel, y de las costumbres que han quedado enterradas en la jungla o que se las ha llevado la borrasca.
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Y su autora -escindida entre dos culturas y entre dos lenguas, y amándolas a las dos- emprende la búsqueda de la memoria.
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Al mismo tiempo se deja impregnar por la belleza de la luz que encuentra en cada uno de sus dos países. A través de ella encuentra su propia identidad, se da cuenta que tiene el mismo poder de evocación y el mismo brillo ; así los dos países estén a miles de kilométros de distancia y en dos continentes diferentes.
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La Sombra Dulce, es también una oda a los poetas franceses, como Verlaine, no en vano pone como epígrafe dos de sus versos :
La luna blanca resplandece en el bosque/ de cada rama sale una voz…
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Seguido de una frase de Camus :
La última brisa murmura en la hierba. El coraje entrega las armas y aprende a morir. La noche es melodiosa.
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Sin embargo, considero que el libro tiene una falencia, ya que el final es flojo, cae en lugares bastante comunes y le resta la fuerza poética y de evocación que Hoai Houng Nguyen había logrado imprimir a toda la narración. De todas formas ella representa una nueva forma de escribir y estoy segura que vendrán trabajos que estén a la altura, o que vayan más allá, de La Dulce Sombra.
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Por último, quisiera decir que este libro nunca hubiese ganado un premio en Colombia, donde el trabajo de las escritoras es menospreciado ; y donde todavía una gran parte de la población piensa que cuando las mujeres nos dedicamos a este oficio, es porque tratamos de no ahogarnos en la depresión o porque somos bipolares ; mientras que si es un hombre el que escribe se habla de oficio literario. Tampoco hay que olvidar que los escritores colombianos, al menos una gran parte de ellos, solo se miran a sí mismos ; y consideran que su obra es extraordinaria, cuando muchas veces no lo es. También cabría recordar que las editoriales colombianas, sobre todo las que no son catalogadas como independientes, se suman a dicho menosprecio. Sin embargo, el trabajo serio qeu están realizando las editoriales independientes poco a poco va cambiando este lúgubre panorama.
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Entrevista con Hoai Houng Nguyen :
https://www.youtube.com/watch?v=nAwulYwkxTo
A JULIO
Aún resuena/
en mis oídos/
el eco de tus palabras,/
y el deje de un merengue,/
bailado bajo la nube/
de un cigarrillo.
miércoles, 10 de junio de 2015
LEONARDO PADURA- PREMIO PRINCESA DE ASTURIAS DE LAS LETRAS 2015
EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS
NOTA: Esta reseña la publiqué el 18.07.2013 y hoy vuelvo a hacerlo con la enorme emoción que me produce el premio literario que acaba de ganar Leonardo Padura
UNA PARÁBOLA DEL MIEDO
La primera impresión que tuve del mundo llamado comunista fue en 1983, cuando en un viaje en bus desde París, donde estudiaba en ese momento, hasta Atenas, atravesé la Yugoeslavia postito. Aunque mi paso fue rápido si pude observar la carencia de los restaurantes y de las tiendas de comestibles, donde sus anaqueles vacíos solo tenían dos o tres botellas de una supuesta gaseosa para la venta. En la tienda a la que me refiero había una mesa ocupada por cuatro hombres que jugaban a las cartas, o al dominó, no me acuerdo; las otras mesas, por supuesto, estaban vacías. Como nadie me atendía pedí, en mi más que rústico inglés, una de esas botellas para calmar la sed, pregunté dos o tres veces sin que nadie se tomara el trabajo ni siquiera de mirarme, al final alguien me respondió de mala gana que pasara por detrás del mostrador y cogiera una de las botellas en cuestión. Entendí que eran los empleados de la tienda del mal llamado Estado comunista, y que de todas formas les pagaban así no trabajasen. Decidí, entonces, salir de la supuesta tienda, y ya en la puerta vi en una acera a una mujer sin edad, vestida de negro bajo un sol que quemaba hasta la médula, intuí que debía estar allí desde hacía por lo menos mil años; a su lado tenía una pequeña canasta con unas pocas frutas de estación resecas por el sol. Pensé que a lo mejor venían de una pequeña parcela y que ella las vendía para poder sobrevivir en el mundo que nos habían vendido como igualitario. Fue mi primera gran desilusión con respecto a esa utopía en la que mi juventud se había inmerso en arengas que mi inmadurez no entendía, pero sobre todo que se negaba a ver la realidad tal y como era, no como unos cuantos tipejos barbudos nos la hacían creer.
Mi segunda, y enorme desilusión, en realidad el gran cataclismo, la sufrí en el 2007 en una visita de 10 días que hice a Cuba. De allí salí con un broncoespasmo severo, producto en parte del trauma que viví al corroborar, día a día, momento a momento, la miseria en la que viven los cubanos. El mito que nos habían metido en la cabeza a muchos de nuestra generación, con respecto a Fidel, se me vino abajo. Entendí que la letra de muchas de las canciones de la nueva trova cubana era un espejismo, y que en realidad el pueblo era una masa informe que marchaba por las calles de La Habana como si fuesen zombis. Algunos de esos zombis, en realidad niños acompañados por sus abuelas, se acercaban a mi marido y a mí para pedirnos un jabón o un dentífrico. En cuanto al excelente servicio de salud cubano, pude observar que si existía debía ser para los dirigentes del Partido, pero no para esos esqueletos que trataban de caminar por las calles de La Habana vieja. Pude observar que la higiene dental era nula, ya que constaté que muchas de las personas con las que pude hablar les faltaban varias piezas dentales, o bien tenían una gingivitis en grado agudo, por no hablar de una periodontitis. También vi algunas tiendas sin clientes, símbolos del capitalismo, como Zara o Mango, ofreciendo en sus vitrinas prendas a precios inaccesibles para ese pueblo que se paseaba por los andenes tratando de esquivar el sol del trópico. Pero sobre todo sentí el miedo subterráneo que circula en todas las direcciones. Ese miedo nos recibió y luego nos despidió en el aeropuerto, cuando yo ya sabía que mientras que la dictadura castrista esté aupada en el poder, y maneje a Cuba como si fuera su feudo personal, yo no regresaría a esa gran mentira que es la Cuba de hoy.
Pues bien, ese miedo soterrado lo volví a sentir con la lectura de Máscaras de Leonardo Padura (pueden ver mi breve reseña en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/03/06/leonardo-padura/), pero sobre todo lo he sentido en estos días en que he estado sumida en la lectura de El Hombre que amaba a los perros, la extraordinaria novela sobre Ramón Mercader, el asesino de León Trotski.
Este magnífico libro, escrito en un español impecable, con una riqueza de vocabulario asombrosa, teje y desteje la historia de la antigua Unión Soviética y de la Cuba de los años 70 hasta nuestros días. Leyéndolo entendí que en realidad es una metáfora de nuestro tiempo, ya que muchas de sus descripciones con respecto al abuso del poder, de las purgas estalinianas, sin olvidar lo que Padura llama las equivocaciones de Trotski, en realidad delitos de lesa humanidad, así como del nefasto rol que jugó el Partido Comunista Español, y su gran responsabilidad en la derrota de la Guerra Civil Española, o de la dictadura castrista, son descripciones del miedo que pueden aplicarse a la Colombia que nos tocó vivir en la tenebrosa y larga noche de los ocho años del siniestro Uribe, entre otros miedos que hemos tenido que atravesar. Leí El hombre que amaba a los perros con un gran placer estético e intelectual, pero sentí todo el tiempo como el miedo corroía mis entrañas.
Lo que me hizo pensar que el miedo a Stalin es comparable con el miedo que sentimos por las FARC y el ELN. Lo que Padura llama “la máquina infernal estalinista” yo lo veo como “la máquina infernal”, que ha girado y girado durante 50 años de la mano de esos grupos terroristas convertidos también en narcotraficantes. Y si esa es la Colombia que ellos desean, con zombis movidos por el pavor, yo me niego a aceptarlos y a vivir en su pesadilla.
Mientras leía el libro escribía en mi cuaderno de ruta que somos marionetas en las manos de los dictadores -o de sus eternos aspirantes como Uribe-, que estamos condenados al silencio, condenados a la nada, condenados al abuso del poder de unos pocos sátrapas; que aupados en falsas ideologías políticas, entendidas solamente para su propio bienestar, hacen de la gran mayoría rebaños de borregos que siguen la campana del terror.
Pensar en los cinco mil muertos de la UP, en “los falsos positivos”, esa terrible vergüenza vivida bajo Uribe, y a la que él cínicamente le restó importancia al decir que si esos muchachos habían sido asesinados, no era precisamente por sus buenas costumbres. Y por supuesto que pienso en las miles de víctimas de las FARC y del ELN. Grupos que escondiéndose en guerrillas armadas, que ya no tienen nada que ver en un mundo como el actual, han asesinado miles y miles de compatriotas, realizando de ese modo su propia purga estalinista; no es sino recordar el vil asesinato de los diputados del Valle, o de los adolescentes que secuestran para mantener vivo el comercio de la guerra y que son asesinados por un sí por un no.
En Colombia hemos vivido purgas uribistas, sin olvidar las purgas y la persecución aterradora del gobierno de Barco, de las purgas perpetradas por años por el Estado y por sus Fuerzas Armadas y por supuesto por los grupos conformados por los paramilitares, sin olvidar que algunos nacieron de esa siniestra creación del exministro Botero y de Uribe cuando era gobernador de Antioquia; me refiero a las Convivir. Y es que el Estado colombiano muchas veces ha sido un verdugo salido de las cloacas. Tal y como sucedió en la época de Stalin, como sucede en la Rusia de Putin, en la Venezuela de Chávez y Maduro, en la Nicaragua de Somoza y de Ortega, en el Chile de Pinochet, en la España de Franco, en la Alemania de Hitler, en la Italia de Mussolini, en la China actual, o en la recién conquistada democracia de Birmania, donde la Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi -1991-, aún no ha condenado la persecución que ha emprendido la mayoría de la población de credo budista en contra de la minoría musulmana; y si sigo nombrando constataría que no tengo espacio para nombrar a todos los sátrapas de los últimos cien años.
Y en cuanto a Colombia se refiere, es imprescindible la recuperación de la memoria, es importante evitar la tergiversación de la historia, por eso también es importante conocer el testimonio de cada víctima, de cada plagiado, de cada torturado; sino nunca habrá una verdadera reconstrucción de esta Colombia escindida, polarizada por las vallas que ponen los uribistas en todas partes llamando al odio, al fanatismo y a la guerra. Por eso es importante evitar el culto a la personalidad que labran día a día Uribe y Ordoñez de un lado, e Iván Márquez o Santrich, con la bufanda del temible Gadafi al cuello, del otro lado del río.
lunes, 8 de junio de 2015
ELOGIO AL AMOR Y A LA IDENTIDAD, LA CARTA A HELGA DE BERGSVEINN BIRGISSON
Bergsveinn Birgisson (Islandia-1971), autor de una nouvelle, escrita en forma epistolar, La carta a Helga, (La Lettre à Helga, Editions Zulma 2013 – 125 páginas, traducido del islandés al francés por Catherine Eyjólfosson), hace parte de la selección 2015 para el Premio a la Mejor Novela de Lectores de Points (Francia).
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Bergsveinn Birgisson realizó estudios de Literatura Comparada en las Universidades de Islandia, de Oslo y finalmente en la de Björgvin donde obtuvo su doctorado en Literatura Medieval Escandinava. Actualmente vive y trabaja en Noruega. Birgisson no sólo es novelista sino poeta, y ésto es importante tenerlo en cuenta en su libro La Carta a Helga.
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He leído esta hermosa carta de amor, pero también de reivindicación de la identidad, meciéndome en una mezcla de emociones que rara vez experimento cuando leo una novela.
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Y es que La carta a Helga no pretende ser un discurso racional, sino emotivo. Bjarni, el hombre que le escribe a Helga, tiene noventa años y en el umbral de la muerte, cuando ella lo espera del otro lado, decide contestarle la misiva de amor que muchos años antes ella le enviase.
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Bjarni, un eterno enamorado de la mujer por la que no supo o no quiso luchar, nos va a relatar uno a uno los episodios de un mundo que ya no existe: el de los pastores de ovejas del sureste de Islandia. A través de Bjarni descubrimos una literatura oral de una gran riqueza y belleza, las sagas, que narran las historias vikingas; pero también nos enseña un nuevo lenguaje: el de los pastores, agricultores y hombres de mar. Una forma de vida que practicamente ha dejado de existir en los últimos cincuenta años. No porque ese tipo de actividades ya no exitan en Islandia, sino porque la tecnología y la modernidad, ¿o postmodernidad?, las ha enterrado para siempre ; o al menos es lo que pretenden. Es un mundo que desaparece en añicos, se quiebra como si fuese una enorme lámpara de Baccarat y recomponerla no solo sería una labor de titanes sino imposible. Es un mundo perdido para siempre.
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Bergsveinn Birgisson, el mismo hijo de un pastor de ovejas y pescador, asentado en el Noroeste de Islandia, nos cuenta que a la edad de veinte años decidió recorrer esta parte de su país con una grabadora y hablar y hablar, más bien escuchar y escuchar, los relatos de los antiguos pastores y pescadores.
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Es así como Birgisson pudo rescatar una enorme tradición oral que de otra forma hubiese quedado en el olvido; convirtiéndose así en un arqueólogo de la palabra, en un espeólogo de las tradiciones perdidas, en un etnólogo de un pueblo que desaparece detrás de la niebla del norte y bajo un espeso manto de nieve que oculta un pasado extraordinario que los jóvenes de hoy no saben o no quieren apreciar.
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Ese material va a servirle años más tarde para la escritura de un pequeño cuento, en realidad sólo diez páginas, en el cual crea un personaje, Bjarni, el cual encarna a cinco pastores con los que había hablado en su juventud. Una vez escrito su breve relato Birgisson sintió que estaba en deuda con él y que Bjarni merecía que lo conociera más.
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De esta forma Birgisson comienza a profundizar en el mundo que su personaje llevaba en el fondo de su alma y lo saca a la luz en ese hermoso relato que es La carta a Helga. Un universo que no es ajeno al de su padre y al de su abuelo. El mismo Birgisson cuenta que muchas de las historias que aparecen en La carta a Helga le fueron contadas por ese abuelo que estaba firmemente ancorado en la rica tradición oral islandesa.
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Uno de los aspectos que más me llamó la atención en La carta a Helga es la erudición de Bjarni, su protagonista. Pensaba que en realidad era simplemente el capricho de su creador; pero no, estaba equivocada. En realidad Birgisson nos cuenta que en las entrevistas, a estos antiguos pastores, se encontró con grandes lectores. Algo que nos explica muy bien en la entrevista que le concedió a France Culture en su programa literario La Grande Table :
http://www.franceculture.fr/emission-la-grande-table-1ere-partie-bergsveinn-birgisson-2014-01-09
Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX estos hombres, que ya trabajaban en cooperativas, ahorraban mensualmente parte de sus ganancias personales con el fin de comprar cada año varios libros que iban a parar a la biblioteca de su comunidad. Allí no sólo se encontraban las sagas, poemas escandinavos que se caracterizan por ser extensos y por pertenecer a la tradición oral del Medioevo escandinavo, sino libros de otros lugares del mundo. Es así como Bjarni puede hablar sobre el existencialismo, entre otros temas que lo interpelan.
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Es de anotar que Bjarni escribe su hermosa carta de amor a Helga en Kolkustadir, el 29 de agosto de 1997; así que el siglo XX, con todos sus cambios y con dos guerras mundiales, ha desfilado ante sus ojos atónitos ante tantos cambios; por lo que es plenamente consciente que su mundo está en peligro y que su desaparición es inminente.
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Bjarni se debate entre el amor por Helga, una extraordinaria y hermosa mujer, casada con Hallgrímur, un hombre perezoso y poco inteligente, y la lealtad que él le debe a su esposa Unnur. Esta última ha sido víctima de un cáncer de ovarios y la experiencia de una operación quirúrgica mal realizada la lleva a tomar la decisión de no volver a tener relaciones sexuales con Bjarni, su marido. Pero Unnur es su esposa y con ella ha construido un patrimonio del que se siente orgulloso. Un patrimonio cuya base es la milenaria tradición de pastoreo y pesca de Kolkustadir, la región donde sus familias han vivido por generaciones.
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Este aspecto es importante tenerlo en cuenta a la hora de entender una de las razones por las que Bjarni no es capaz de dejar todo detrás de él y seguir a Helga cuando ésta le propone que se vayan juntos ya Reikiavik y comiencen una nueva vida; él como obrero en alguna fábrica y ella como empleada doméstica en una casa de ricos. Un panorama no muy agradable para alguien que es autónomo, que no tiene patrones y con un profundo arraigo en su tierra y en sus tradiciones milenarias.
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Al respecto Birgisson dice:
“Quedarse en su tierra es posiblemente tan erróneo como optar por la ciudad y la melancolía”.
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En otras palabras, Bjarni se siente atrapado entre dos mundos, el mundo nuevo que le ofrece Helga y la tierra que ha heredado de su padre con la promesa de trabajarla y de no venderla a nadie que no sea de la familia.
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Pero también se siente atrapado entre dos amores. El de la tierra y el mundo que él conoce, su vida de pastor de ovejas, de pescador y de agricultor; y el amor y la pasión que siente por Helga, la única mujer que verdaderamente ha amado en su vida. No en vano al comienzo de su carta le dice lo siguiente:
“Tendré sed de ti hasta mi último aliento”
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Una hermosa declaración de amor. Y es que el libro de Bergsveinn Birgisson es una enorme oda al amor, a los orígenes. Es un elogio a la identidad que comienza a diluirse en este mundo globalizado; donde creemos que vestirnos, hablar y vivir como los jóvenes de las barriadas de Nueva York, es el súmmum de la elegancia y de la sofisticación.
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Por último quisiera añadir que pocas veces he leído un libro que me haga navegar por aguas tan tumultuosas y tan tranquilas a la vez. Es un libro de una extraña belleza. Lo he leído con un inmenso placer estético e intelectual, y al mismo tiempo con un inmenso placer emocional.
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Espero que Birgisson, cuyo libro ha tenido un gran reconocimiento en su país de origen, en Alemania y en Francia, sea el ganador del Premio a la Mejor Novela de Lectores de Points 2015. ¡Se lo merece! ¡No me cabe la menor duda!
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Pueden leer la Carta del librero François Delapré a Bjarni, el personaje de La Carta a Helga en el siguiente sitio:
http://saintchristophe-lesneven.com/2013/07/26/la-lettre-a-helga-bergsveinn-birgisson-zulma/
martes, 2 de junio de 2015
Juan Sebastián Pedroza, el nuevo Atila del país de machitos marchitos
“La discusión comenzó por una pelea cualquiera que tienen dos novios. Es una discusión común y corriente. Ella estaba con tragos y yo también estaba tomado”.
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http://www.semana.com/nacion/articulo/habla-sebastian-pedroza-presunto-agresor-de-maria-jose/429859-3
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Así comienza Juan Sebastián Pedroza su pobre y patética disculpa ante la violenta agresión de la que fue víctima María José Rivas, la joven que hasta hace poco era su novia.//
No creo que Juan Sebastián sea un monstruo, es simplemente un pobre tipejo que habría cometido un delito grave como es el de morder a una mujer. Al respecto habría que preguntarle: ¿Qué habría pasado si hubiese tenido en suponer un arma blanca o una de fuego? Como no las tenía sus mandíbulas se convirtieron en un arma muy poderosa.//
En Colombia, como en muchos otros lugares, creemos que agredir a las mujeres es normal ; y que hacerlo convierte a los hombres en los machos que la sociedad y el país necesitan. De ahí que elegir presidentes como Álvaro Uribe sea considerado una virtud. No en vano, cuando ocupaba el Palacio de Nariño, la gente solía decir : -¡es que es un verraco ! y la turba enardecida lo aplaudía y gritaba en las graderías del circo romano que es Colombia : - ¡Bravo ! ¡Que acabe con todos! //
Juan Sebastián es el producto de esos tenebrosos ocho años de Uribe ; el mismo que decía :- Cuando lo vea ¡le doy en la cara, marica ! //
Juan Sebastián aduce en su rídicula defensa que “La discusión comenzó por una pelea cualquiera que tienen dos novios. Es una discusión común y corriente. Ella estaba con tragos y yo también estaba tomado”.
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Como si terminar mordiendo violentamente, aún si hubiese sido algo leve, fuese algo normal. Y como muchos colombianos que comienzan a emborracharse, cuando aún toman biberon, se escuda en que son cosas de tragos, y que para colmo la agredida también había tomado licor.
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Y sigue su patético discurso ://
“Esto es lo peor que me ha pasado en la vida. En un segundo se me cae todo, en un segundo soy lo peor, soy el criminal más grande. En un segundo ya no puedo ni salir a la esquina (…) ».
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Juan Sebastián, el digno exponente del país de los machitos marchitos, sale a la radio a mostrar su carita de víctima. Quiere olvidar que cuando se cruza el límite que lleva a un individuo a agredir a una mujer, o a cualquier ser humano, el agresor se convierte en un delincuente. No importa si es grande o pequeño, es un delincuente. No es un error, ni una equivocación, es un delito. Y eso no se arregla diciendo : « Yo estoy poniendo la cara al país para que se den cuenta de que realmente yo no soy esa persona que están mostrando".
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Está bien pedir perdón y la agredida se lo merece ; pero eso no excluye el derecho y la obligación que tiene María José a denunciar la grave lesión que Juan Sebastián le hizo porque en su fuero interno está convencido que ella es de su propiedad. Que ella no tiene derecho a salir con amigas ni con nadie más ; por lo menos hasta que él decida lo contrario ; para luego poder gritar a pecho herido, como en una ranchera : « Tú eres la chancla que yo dejé tirada, en la basura pa’ ver quien te recoge… »
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No, Juan Sebastián no es el dueño de Maria José, por más que diga que « la quiere ». ¡Vaya forma de demostar el amor ! Como Uribe que dice que quiere mucho a Colombia, pero está dispuesto a destruirla a como dé lugar. ¡A hacer tabla rasa si es menester ! ¡Como Atila y sus hordas, que por donde pasaban ni la hierba volvía a crecer ! Como las FARC y el ELN y los paramilitares. Solo les digo : -¡No nos quieran tanto ! ¡No necesitamos esa clase de amor violento y criminal !
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Y si hablo de Atila es porque el machismo es eso precisamente. Los machitos marchitos consideran a la mujer un terreno que debe pisotearse, borrarse, desaparecerse, y que una agresión es sólo un signo de amor. ¡Vaya amor ! En todo caso sería un amor patético, sucio, deleznable ; no hay que olvidar que la mayoría de las veces termina en un feminicidio.
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Y es para evitar una catástrofe así que Maria José Rivas está en el deber moral y legal de no conciliar y de dejar que sea la justicia la que determine que castigo debe tener su misógino agresor.
miércoles, 27 de mayo de 2015
KATJA PETROWSKAJA, O EL PODER EVOCADOR DE LA PALABRA
Tal vez Esther, (Ediciones Adriana Hidalgo, traducción de Nicolás Gelormini), de la ucraniana Katja Petrowskaja (1970), obtuvo el importante galardón literario Ingeborg-Bachmann, Alemania 2013. Vielleicht Esther, fue escrito originalmente en alemán, una lengua que su autora aprendió cuando ya era adulta.//
Katja Petrowskaja nació en Kiev en 1970, y luego vivió en Rusia y Estonia, para luego instalarse definitivamente en Berlín. De origen judío, la autora indaga en las raíces de su familia materna y paterna. //
Tal vez Esther, evoca la historia europea, al menos la historia de la Europa del Este, partiendo de la evocación de la historia familiar de la autora.//
La familia materna, originaria de Varsovia, conoció los campos de exterminio, y su abuelo paterno sobrevivió al campo de Mauthausen. //
Gran parte de su familia paterna, como su abuela Esther, pereció en Babi Jar, en las afueras de Kiev, en el terrible suceso acaecido entre el 29 y el 30 de septiembre de 1941, donde fueron exterminados 33751 judíos y del cual nunca había oído hablar. La cifra total de muertos durante la ocupación nazi en Babi Yar oscila entre 100.000 y 150.000 entre judíos, gitanos, comunistas, partisanos, prisioneros de guerra rusos y nacionalistas ucranianos.//
Más tarde, tal y como nos lo recuerda Katja Petrowskaja, Shostakovich compuso la Sinfonía No 13, Babi Yar, a partir de un poema de Yevgueny Yevstushenko. //
He aquí algunos de los apartes del poema :
« No existe monumento en Babi Yar;
sólo la agria ladera. Y tengo miedo.
Hoy me siento un judío en el desierto
que de Egipto escapó. Me crucifican
y mis manos conservan los estigmas.
Me parece ser Dreyfus, condenado,
al que juzgan, escupen, encarcelan
de pie resiste la calumnia
y el grito filisteo. Con la punta
de sus sombrillas en mi rostro vejan
mi indefensión mujeres que se acercan
con vestidos de encaje de Bruselas… »//
He aquí la Sinfonía No 13 Babi Yar de Shostakovitch :
https://www.youtube.com/watch?v=Iub52XLMWTc
La lectura de Tal vez Esther, me condujo nuevamente por las calles de Varsovia. Visité esta ciudad en abril de 2014, con el objetivo de participar en un congreso de literatura programado por su prestigiosa Universidad. A parte del congreso, donde tuve el honor de compartir mesa con la escritora y Académica Carme Riera, mi principal deseo era visitar el ghetto judío, o al menos sus ruinas. Cual no sería mi sorpresa al percatarme que simple y llanamente fue borrado del mapa por los comunistas. Sus calles, sus edificios y su muros desaparecieron, como si nunca hubiesen existido. En algunas partes puede verse una pequeña placa en el piso que indica que por ahí pasaba la muralla. Cada placa indica donde estaba el muro de la exclusión y de la verguenza. Recuérdese que ese muro del oprobio encerraba a los judíos como si fuesen ganado. Y si la persona no está atenta a sus pasos las placas pueden pasar desapercibidas.
El sufrimiento que sentí en la búsqueda de esas placas lo volví a sentir con la narración de Katja Petrowskaja.
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Tal vez Esther, es un poderoso relato familiar, nunca había leído algo similar. Es hermoso, profundo y muy doloroso. Los recuerdos de la autora, de sus progenitores, de su familia, amigos y personas que encuentra a lo largo de su peregrinación al pasado, se tejen en un inmenso patchwork, en el que ineluctablemente el lector termina atrapado por una de las tantas agujas con las que cose uno a uno cada cuadro del pasado; algunas veces vivido, otras imaginado, o leído, o escuchado.
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Y si bien al principio no entendía como un relato tan bien estructurado se perdía en un título que no lograba gustarme, luego entendí la razón. Esther, tal y como lo dije antes, era el nombre de su abuela paterna, al menos es el nombre que su padre creía recordar. Y es que el libro de Petrowskaja es precisamente hurgar en la memoria, evocar hasta los más mínimos detalles para reconstruir la historia perdida. Tal vez es sólo una suposición, no es una certeza. Así que finalmente entendí que el título, contra todo pronóstico, era el que mejor se adecuaba a la narración que lucha por vencer al olvido.
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El resultado es una investigación sorprendente sobre la historia del pueblo judío, su persecución y su exterminio ; no sólo por parte de la locura de Adolfo Hitler sino de la locura de Stalin y de sus secuaces comunistas. Desafortunadamente cuando se habla de El Holocausto, olvidamos que también los rusos jugaron un papel terrible, y que a su manera participaron en La Solución Final ; esa enorme herida del siglo XX. Horror es el término adecuado.
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Katja Petrowskaja nos los cuenta casi setenta años después; justo antes que los pocos sobrevivientes de la Shoah desaparezcan definitivamente. La autora de Tal vez Esther utiliza las palabras como si fuesen un bisturí. No en vano su familia materna se dedicó por generaciones a la educación de los sordomudos; así que si alguien conoce el valor de cada letra, de cada sonido, de cada vocablo, es ella, Katja Petrowskaja.
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Ella quiso llenar el silencio barrido por el viento. Y desvió el viento, desvió el huracán, y recogió los retazos de los campos de concentración, de las fosas dejadas en los campos por los rusos, antes que los débiles rastros de la ignominia desaparecieran del todo.
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Con su pluma imprimió una a una las huellas de sus ancestros y del mundo que ellos conocieron. Gracias a Katja Petrowskaja la historia tiene rostro de mujer, y la memoria ha quedado dibujada en su frente, lo ha hecho con tinta indeleble, así está segura que ya no va a quedar en el olvido. Y que si bien algunos de sus antepasados vivían en medio del silencio, ella ha hablado por todos ellos. Les ha prestado su voz, ha gritado en su nombre, ha escrito para que el horror no se repita nunca más.
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Sin embargo, yo me pregunto ¿bastará su voz para que las FARC o el ELN o personajes siniestros como Uribe o el Procurador o José Obdulio o Pfachito Santos, y su ejército de paramilitares, o algunos militares entiendan que la guerra es el único y verdadero infierno y que ya es hora de salir de él ? Y es que los colombianos hemos estado sumidos en una carnicería a la que nos hemos negado mirar a la cara. Cuando lo hagamos ¿podremos resistir su mirada?
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Tal vez esa es otra de las razones por las que se debería leer Tal vez Esther de Katja Petrowskaja. Una gran obra, de eso no me cabe duda.
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Nota : Anteriormente he reseñado dos libros escritos por mujeres sobre los campos de concentración :
- La Comadrona de la finlandesa Katja Kettu :
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/04/07/la-comadrona-de-katja-kettu-los-campos-de-concentracion-vistos-por-una-mujer/
- Oficios en Clave de Atenea de la poeta colombiana Clara Schoenborn, ensayo publicado en tres entregas:
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/10/01/la-shoah-en-clave-de-atenea-de-clara-schoenborn/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/10/02/ii-parte-la-shoah-en-clave-de-atenea-de-clara-schoenborn/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/?s=LA+SHOAH+EN+CLAVE+DE+ATENEA+DE+CLARA+SCHOENBORN+II
viernes, 22 de mayo de 2015
MERSAULT, CONTRA-ENQUÊTE DE KAMEL DAOUD, O LA DECONSTRUCCION DE EL EXTRANJERO DE CAMUS
El Extranjero, la nouvelle de Albert Camus, Premio Nobel de Literatura (1957), es una de esas obras que he leído no menos de diez veces en mi vida y cada vez que lo hago encuentro un placer enorme ante ese prodigio literario. Esta novela corta sentaría las bases para otra que admiro profundamente, El Túnel de Ernesto Sábato. También quisiera decir que considero El Extranjero muy por encima de La Náusea de Jean-Paul Sartre; cuya lectura me sumió en un profundo hastío.
// Y si traigo a colación esta joya de Camus es porque esta semana he estado sumida en una obra igual de prodigiosa, Mersault, contre-enquête (Actes Sud-France 2014), del periodista y escritor argelino Kamel Daoud (1970). Una nouvelle de apenas 153 páginas que fue publicada en 2013, año en que se conmemoró el nacimiento de Camus y desde entonces no ha dejado de recibir numerosos premios:
// -Finalista Premio Goncourt 2014 -Premio Goncourt a la primera novela 2015 -Premio Lista Goncourt/Le Choix de l’Orient 2014 -Premio Lista Goncourt/ Le Choix Roumain 2014 -Premio Lista Goncourt/ Le Choix Serbe 2015 -Premio de los Cinco Continentes de la Francofonía 2014 -Premio François Mauriac 2014 (*) //Es de anotar que el Premio Goncourt 2014 lo obtuvo Lydie Salvayre con la novela Pas Pleurer (No hay que llorar), donde aparece la figura de Bernanos; pero sobre todo es un homenaje a sus padres que habían huido de la dictadura franquista, encontrando refugio en el sur de Francia. No hay que llorar, es la historia de la Guerra Civil Española contada por la voz de una mujer de origen campesino y que entiende desde muy joven que la sumisión no será parte de su vida, ni en lo privado ni en lo público. // Y ahora que he leído con un enorme placer estético e intelectual el libro Mersault, contre-enquête, de Daoud, no entiendo como no le fue otorgado el Premio Goncourt; puesto que lo considero muy superior a Pas Pleurer de Salvayre, y si bien su lectura no me defraudó, debo decir que no me pareció una obra extraordinaria. Kamel Daoud no dudó en hacer pública su decepción por no haber obtenido el galardón literario; sentimiento que comparto incondicionalmente. // Kamel Daoud escogió la lengua francesa para su creación literaria; de hecho comenzó a trabajar en el Quotidien d’Oran, periódico francófono, en 1994. Y este dato es muy importante tenerlo en cuenta, ya que Mersault, contre-enquête es un elogio a Camus y a la lengua francesa. De hecho a todo lo largo de la narración hay múltiples frases que exploran la belleza de esta lengua, incluso dice que tiene visos de diamante: “Hay algo que me asombra: nadie, ni siquiera después de la independencia, ha tratado de conocer el nombre de la víctima, su dirección, sus antepasados, sus posibles hijos. Nadie. Todos se quedaron boquiabiertos ante esta lengua perfecta que da al aire puntas de diamante…”. // Meursault, contre-enquête, se mira al espejo de El Extranjero, de hecho al escribirla en la misma lengua lo hace no de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda; es más, comienza con una frase contraria a la de El Extranjero: Hoy mamá sigue viva, parodiando la frase de Meursault: Hoy ha muerto mamá. // Posteriormente va a tratar de dilucidar el nombre de Meursault, Meur, de meurt, muere, y sault que le recuerda a seul, solo; o sea Meurseult es el hombre que muere solo. Pero yo diría también que sault, me hace pensar en el saut, el salto; o sea el muerto que salta. Y es que Meursault va a estar presente en toda la narración, a veces incluso se confunde con su autor, o sea con Camus. Incluso Daoud nos recuerda al final del libro que la pronunciación de Meursault en árabe es El-Merssoul, o sea El Enviado o El Mensajero. // La obra comienza con un silogismo de Cioran: “La hora del crimen no es la misma para todos los pueblos. Ello explica su permanencia en la historia” ** Este silogismo da la clave para entender porque el narrador de Meursault, contre-enquête ejerce su derecho a contar su versión de la muerte del árabe asesinado en una playa por Meursault. El árabe al que se negó una identidad, al que se le negó una historia, una familia, unos orígenes. El narrador es el hermano menor de Moussa, el árabe asesinado bajo un sol calcinante en una playa cerca de Argel. // El asesinato de Moussa va a sumir a su madre en un duelo eterno y a su hermano en una vida gris, sin brillo, casi invisible, monótona sería la palabra adecuada sino fuera por el peso que su desaparición representa en la vida de su narrador, y que aprende a hablar francés para poder leer los dos recortes de prensa que su madre guarda celosamente entre sus senos y donde están solo las iniciales del nombre de su hermano mayor; nada más que indique que de verdad Moussa existió. // Esta rabia recóndita, ante el vacío de una existencia, es en realidad la rabia del pueblo vejado, ignorado, borrado durante la colonización francesa en Argelia. Los árabes, como han sido llamados, es una palabra que no oculta el desprecio y la exclusión del pueblo opresor sobre el pueblo oprimido: « Árabe, … es como la negritud, que existe solo a través de los ojos de los blancos… En el barrio, en nuestro mundo, éramos musulmanes, teníamos un nombre, un rostro y unas costumbres. Punto. Ellos eran los extranjeros, los rumíes que Dios había enviado para ponernos a prueba, pero cuyas horas, de todas formas, estaban contadas: un día u otro se irían, eso seguro. Por eso no les respondíamos, callábamos en su presencia y esperábamos, apoyados contra la pared. Tu escritor asesino se equivocó ». // El narrador, o sea el hermano menor de Moussa, va a alimentar cada día de su existencia esa rabia visceral en contra de los extranjeros que le arrebataron a su hermano, su identidad como musulmán y el país de sus ancestros. Es la voz que ha sido negada en la obra de Camus. Pero al mismo tiempo, como una gran paradoja, va a ir asimilándose más y más a Meursault, el extranjero. // Recuérdese que Meursault no es un extranjero para los que lo juzgan, puesto que son los mismos franceses que van a condenarlo a muerte. No porque haya asesinado a un “árabe”, eso en la época de la colonia no era en realidad ningún crimen; lo van a condenar a la pena máxima puesto que en realidad ÉL no es un francés en el sentido literal de la palabra; al menos como la concebían los colonialistas de la época. O sea un francés apegado a los valores tradicionales de su cultura: la religión católica, el amor filial. Recuérdese que el gran crimen de Meursault es no haber llorado en el sepelio de su madre y reconocer que es ateo. // Nuestro cronista, al igual que Meursault, es ateo, no siente un apego inmenso ni por su madre ni por los valores supuestamente patrióticos que deberían guiar cada paso que da en su trasegar diario. No le interesa participar en la vida de la comunidad, no asiste a la Mezquita, no atiende las palabras del Imam y no se une a los sublevados en la Guerra de la Independencia. Esto último le va a ser recordado cuando en una noche calurosa mate a un francés que merodea en el jardín de su nueva casa. // Y es que para los funcionarios él ha debido matar franceses antes de la medianoche del 5 de julio de 1962, no dos horas después cuando la independencia era un hecho y la guerra se había acabado dos horas antes. De haberlo hecho unas horas antes hubiese sido considerado un héroe, dos horas después hacían de él un asesino. Lo que lo diferencia de Meursault es que finalmente es dejado en libertad. // No obstante, va a ser una libertad aparente; ya que su verdadera condena va a ser el desprecio de la comunidad, la soledad y la vida gris en la que cae como si fuese un abismo. No en vano el autor ha dicho que La Caída de Camus ha sido el libro que lo deslumbró; sentimiento que nunca ha desaparecido. En otras palabras el narrador de Meursalt, contre-enquête se convierte en el nuevo Extranjero; o sea en la imagen al revés que produce el espejo en el que se mira día a día. Tratando de huir del pasado cae ineluctablemente en sus fauces sin que pueda escapar a su destino. // Y si bien El Extranjero fue llevada al cine por Visconti en 1967, Meursault, contre-enquète ha sido adaptado a las tablas por Philippe Berling y será estrenado próximamente en el Festival de Aviñón 2015. // Por otra parte, habría que recordar que la carátula del libro, un hombre caminando por una playa, no es fruto del azar; puesto que al fondo de la foto puede observarse el Fuerte del Peñón, construido en el siglo XVI por Carlos V; lo que trae a colación el interés que este rey tenía por apoderarse de la región. Hoy en día el Fuerte, en el centro histórico de Argel, se erige como una inmensa cicatriz que impide olvidar los intereses geopolíticos que Argelia despierta en el mundo Mediterráneo. // Para terminar no quisiera pasar por alto que Kamel Daoud ha sido víctima de una fetua, o condena islámica -o lo que yo llamaría más bien la furia fundamentalista-, por lo que su seguridad física está gravemente comprometida. Pero él no se deja intimidar y sigue ejerciendo su derecho a hablar y a criticar a los fundamentalistas religiosos que quieren hacer de Argelia otro país donde la libertad sea proscrita. * Sobre François Mauriac : http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/05/27/therese-desqueyroux/ (1) Sobre Kamel Daoud: https://www.youtube.com/watch?v=Vm9M2Yff81A ** Traducción libre de la autora del artículo
lunes, 11 de mayo de 2015
VINCENT VAN GOGH O LA FURIA DE LA PINTURA
Vincent Van Gogh (Zundert, Holanda 1853- Auvers-sur-Oise, Francia,1890) es uno de mis pintores favoritos; así que cada vez que puedo ver una de sus obras lo hago con la misma emoción y sorpresa, como si fuese la primera vez; nunca me canso de hacerlo.
Eso fue lo que me sucedió el pasado viernes 8 de mayo cuando visité por cuarta vez el Museo Van Gogh de Amsterdam. Eso sin tener en cuenta las numerosas veces que he visitado el Museo de Orsay en París. Es de anotar que actualmente es el invitado de honor de Monza (Bélgica), la Capital de la Cultura Europea de 2015; la misma ciudad donde comenzó a predicar cuando quiso ser pastor.
Van Gogh realizó 900 pinturas y 1600 dibujos, todo ésto en el espacio de tan solo diez años y dejó una impronta en el arte difícil de ignorar.
El Fauvismo, sobre todo si se piensa en Derain, Vlaminck o Kees Van Dongen es uno de sus discípulos, pero también lo es El Expresionismo Alemán. Sin la explosión de colores, orgía sería la palabra adecuada, estas corrientes pictóricas, o estos artistas, no habrían surgido, o habrían tardado más tiempo en hacerlo, o lo habrían hecho de una forma diferente. Pero sobre todo nuestra percepción del arte no sería la que tenemos hoy en día. Van Gogh es uno de esos artistas torturados que dejaron una obra enorme y que nunca termina de sorprendernos; como más tarde lo sería la obra de Jean-Michel Basquiat.
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/10/09/jean-michel-basquiat/
Pero antes de esa explosión de colores su paleta fue sombría, los lienzos son casi que monocromos, y los colores tierra hablan de la miseria de los personajes representados. Me refiero básicamente a Los comedores de patatas.
Esa serie extraordinaria que pintó a los 32 años, después de haber vivido en Bélgica, donde fue a predicar como misionero y donde compartió la mesa con los olvidados de la sociedad del siglo XIX: los mineros. Antes ya había pintado a los tejedores artesanales y se sentía muy cerca de los campesinos; entre otras porque admiraba profundamente a Millet.
Los rostros de Los comedores de patatas no son humanos. Están representados como si fuesen máscaras simiescas. Estos parias de la sociedad reflejan la miseria y el hambre, la esclavitud y la desesperanza. Podría decirse que se asemejan a pesadillas donde la luz nunca llega, como en los socavones de las minas de carbón donde los mineros trabajaban y morían; decir que vivían es casi que una falacia. Sus ojos mustios están desprovistos de inteligencia y los rasgos son más de fieras heridas que de humanos que esperan una vida mejor. Al verlos podría pensarse en lo que sería más tarde la época azul de Picasso; me refiero a esa aura de desamparo total que Picasso representó de una manera magistral.
Esos mineros son los mismos que dieron origen a una de las obras cumbres de la literatura francesa del siglo XIX, Germinal de Emilio Zola; donde se retratan los socavones infames que hoy pueden visitarse en una de las minas de carbón convertidas en un museo, el Centro Histórico Minero, en la región de Nord-Pas de Calais. Y no digo infame por el oficio de la minería, sino por las condiciones infrahumanas en las que se llevaba a cabo; muy similares a las de decenas de minas en Colombia. Las minas de carbón del sur de Bélgica y del norte de Francia fueron cerradas a partir de 1965 y las últimas se cerraron hacia 1990.
No sobra decir que esta transformación de la economía representó un cambio radical en la sociedad que había vivido por varias generaciones del carbón. Aún se sienten sus consecuencias, ya que ni Francia ni Bélgica tomaron las medidas necesarias para evitar el impacto económico que este cambio habría de representar para miles de familias que obtenían sus sustento diario de la actividad minera.
En 1886, después de haber vivido en varios lugares, entre ellos Amberes, Vincent Van Gogh se trasladó a París, donde su hermano Theo, marchante de arte, le mostró los trabajos de Los Impresionistas. El resultado fue un cambio paulatino en su paleta, hasta llegar a los colores exuberantes y a la luminosidad que le imprimiría a sus cuadros una vez viviese en el Midi francés.
Este cuadro es una clara influencia de La siesta de Millet:
Se hizo amigo de Toulouse-Lautrec, de Gauguin, de Bernard, de Pisarro, entre otros; y por supuesto, al igual que ellos se mostró muy entusiasta con las estampas japonesas tan en boga en ese momento. Hokusai, Utamaro o Hiroshige pasarían a formar parte de los pintores que admiró y que copió a su manera.
Ya para entonces había estado enfermo de sífilis, y aunque había logrado sobrevivir, lo había hecho perdiendo gran parte de su dentadura. De todas formas su carácter huraño, violento, en extremo solitario y sus cambios de humor, ya presagiaban lo que más tarde se convertiría en una enfermedad mental que lo hundiría cada vez más en un laberinto del que no pudo escapar; así el Dr. Gachet hubiese hecho todo lo posible por ayudarlo. Antes ya había estado en el sanatorio de Saint-Rémy de Provence. A esto se sumó su gusto por la absenta o ajenjo, ese licor del siglo XIX que tenía consecuencias funestas en la salud mental de algunas de las personas que lo tomaban regularmente. Entre los artistas y escritores que tomaron ajenjo estaban Manet, Degas, Baudelaire, Verlaine, Wilde, Picasso, Hemingway o Pessoa. Supuestamente las alucinaciones que tenían, una vez ingerida la bebida, les ayudaba en su creación artística y literaria.
Es en Saint-Rémy de Provence que pinta los abedules que suben al cielo como si se tratase de llamas y sus cielos son huracanes que se llevan todo consigo. Una hermosa forma de representar el Mistral, el viento del Norte que caracteriza a esta región francesa.
Ya para ese entonces su pincelada era libre, suelta, ágil; muy cerca de El Puntillismo de Georges Seurat o de Paul Signac.
Antes de terminar no quiero pasar por alto la correspondencia que tuvo con su hermano Theo y la ayuda económica que éste le proporcionó a lo largo de varios años; sin la cual Vincent Van Gogh no hubiese podido tener la libertad para poder pintar como lo hizo durante esos últimos diez años de vida.
Tampoco quiero olvidar la amistad con Gauguin, así hubiese terminado en poco menos que una tragedia. En cuanto a la ruptura de los pintores se tejió una leyenda en la cual el agresor es Van Gogh y la víctima Gauguin. Al parecer la historia es al contrario. Gauguin, maestro de esgrima, habría atacado a Van Gogh con un sable haciéndole una herida en el lóbulo de la oreja izquierda; Van Gogh reaccionó acabándoselo de cortar. Gauguin huyó a París al día siguiente, y Van Gogh no lo acusó lo suficiente como para abrir posteriormente un proceso; o a lo mejor no le creyeron del todo su versión de los hechos.
En mayo de 1889 se trasladó a vivir a Auvers-sur-Oise, allí fue que conoció al Dr. Gachet.
En junio de 1890 se disparó un tiro en el pecho y murió dos días después. Es en el cementerio de esta pequeña ciudad que está enterrado junto con su hermano Theo.
Dos tumbas que son un peregrinaje obligado para las personas que amamos el arte y que amamos a estos dos hombres tan importantes en la historia del arte. Uno como un genio de la pintura y el otro como el bastón en el que el genio se apoyó para poder pintar y pintar.
viernes, 24 de abril de 2015
CIRUJANOS ESTÉTICOS, LÚGUBRES MARCHANTES DE LA MISERIA HUMANA
Hélène Fourment de Pedro Pablo Rubens
Antes que todo deseo manifestar que no pretendo criticar ni demeritar las cirugías estéticas que buscan una solución ante situaciones extremas, como puede ser una quemadura, o un ataque con ácido* o un accidente, entre otras causas.
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http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/02/26/quemada-viva-el-caso-de-suad/
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http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2014/04/02/las-victimas-del-acido-en-el-pais-de-machitos/
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http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/04/22/la-violencia-machista-y-las-mujeres-victimas-de-quemaduras/
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Solo me voy a referir a los procedimientos estéticos que se hacen por dictámenes sociales; muchos de ellos por modas que pretenden la cosificación del ser humano; sobre todo la cosificación de la mujer en una sociedad fatua que pretende mostrarla como un objeto de decoración más que se pone en el centro de una sala. Nunca he entendido como una persona, hombre o mujer, puede someterse a una cirugía estética solo por seguir los nuevos postulados de belleza física, o por lograr un ascenso social o laboral, o para ganar un reinado de belleza, a los que la sociedad colombiana es una verdadera adicta, o para enamorar a un traficante de drogas, como si eso fuera un gran logro en la vida de una mujer. //.......
Pero, ¿de dónde nos viene este culto al cuerpo? //.......
Primero que todo habría que pensar que es tan antiguo como la humanidad misma. Todos los pueblos del mundo han decorado sus cuerpos de diversas maneras. Y si pensamos en los griegos veremos que algunos atletas, sobre todo aquellos que ganaban carreras, entre otros, eran considerados luego semidioses. Es el caso de Antinoo, el hermoso efebo que enamoró al emperador Adriano.//..........
En el Medioevo se produciría un cambio radical. El cristianismo comenzó a condenar todo tipo de abalorios o menjurjes, y se comenzó a exaltar una belleza espiritual no física. Una forma bastante efectiva de controlar a la mujer en particular y a la sociedad en general.//...........
A comienzos del siglo XVI, Juan Ponce de León va tras la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, al menos eso cuenta una leyenda que decía que se encontraba en lo que hoy es la región de La Florida (USA). Pero anteriormente Herodoto (s IV a C) ya había hablado de la existencia de una fuente con esas propiedades y luego Alejandro Magno habría ido tras su búsqueda.//...........
Esa temática de la eterna juventud va a retomarla Oscar Wilde en su libro El retrato de Dorian Grey. Su protagonista, un hombre dado a las bajas pasiones, se mantiene fresco y lozano a pesar del paso del tiempo y de su vida abyecta; es su retrato el que va envejeciendo y transformándose en poco menos que un monstruo. Virginia Woolf, en su maravilloso libro Orlando, nos trae la vida de un hombre nacido en la época isabelina y que no solo no envejece ni muere sino que un día, en plena época victoriana, se despierta siendo mujer.//..........
Luego, en el siglo XX, más exactamente en los años 60, fue la escuálida Twiggy la que impuso la supuesta belleza de mujeres esqueléticas, supongo que sufría de una severa anorexia, muy diferentes a las mujeres soberbias, como Hélène Fourment, que pintaba Rubens, y en el siglo XIX están las mujeres de Renoir. Recuerdo a mi abuela como una de sus herederas. Una mujer sin complejos, que se sentía bien en su cuerpo, poseía una hermosa cabellera, con la cual diariamente se hacía una enorme moña, no se maquillaba, y se vestía muy bien; esa era, digamos, su única vanidad. Su verdadera belleza estaba en su inteligencia y en su autonomía; y aunque había nacido en 1900 nunca fue una mujer sumisa ni dócil, como la mayoría de las mujeres de su generación.//........
En lo que a mí respecta recuerdo que siendo una adolescente me dijeron que debía operarme la nariz; en esa época, comienzos de los años 70, era algo común. Siempre e invariablemente dije NO. Y desde entonces he repetido una y otra vez que hay que saber envejecer. No somos eternos, ni me interesa ser eternamente joven. Pienso que lo mejor que me ha pasado en la vida es precisamente eso: envejecer. Sobre todo ahora que estoy pensionada y que no tengo que rendirle cuentas a ningún jefe (hombre o mujer). Cuando me miro al espejo y veo mis arrugas me digo a mí misma que ellas son el reflejo de las sendas que he seguido en mi vida, ahí están, son testigos de mis éxitos y de mis fracasos, de mis alegrías y de mis tristezas, no borraría ninguna de ellas ni por un minuto. Hacen parte de mi ser, son un libro donde está escrita mi vida.//.........
Ahora bien, de un tiempo para acá he escuchado decir que operarse, o sea hacerse una liposucción, o aumentarse los senos o las caderas, en fin todas las barrabasadas que se han inventado los médicos, muchos de ellos inescrupulosos, lúgubres marchantes de la miseria humana, es una inversión. No entiendo como alguien puede endeudarse solo por pretender tener el cuerpo o la cara que ha visto en Internet y que cree que le sentaría a las maravillas. Considero una verdadera atrocidad decirle a una hija menor de edad que se le va a dar como regalo de sus quince años una cirugía cualquiera, debería ser prohibido; por eso apoyo incondicionalmente la propuesta de ley del senador Mauricio Lizcano, aunque debo aclarar que no soy su seguidora ni mucho menos su admiradora. Ninguna menor de edad debería ser sometida a una cirugía innecesaria, sin contar que no tiene la madurez para poder entender el modelo de belleza que la sociedad actual, banal y fútil, espera de ella. Hacerlo es participar de un mundo que pierde sus valores éticos, que pierde su norte, y que enseña que sólo en la apariencia física está la felicidad. //.....
Por otra parte, no hay que olvidar el papel funesto que han jugado muchas veces los medios de comunicación al exaltar esa belleza de origen traqueto y venderla como una forma de éxito social. Colombia ha sufrido cambios enormes en estos últimos treinta años, muchos de los cuales han sido producto de esa alianza tenebrosa de narcotráfico y política. Afortunadamente hay miles y miles de mujeres que saben que solo con la educación y un trabajo digno podrán convertirse en personas autónomas.
Por eso aplaudo que medios, como The Guardian, comiencen a mirar más allá del espejo en el que supuestamente nos miramos todos los días y nos muestren esa otra realidad que nos agrede día a día. Por último quisiera decir que ninguna de las mujeres que conozco que se han operado me parece que han quedado bonitas; por el contrario, cuando las veo me parecen desfiguradas, y algunas que eran hermosas se convierten en aspirantes a monstruos, como Frankenstein, el personaje de Mary Shelley; sobre todo aquellas que exageran con los labios, o con las caderas o con los senos.
domingo, 19 de abril de 2015
EL VELO
DEDICO ESTE CUENTO A TODAS LAS MUJERES QUE HAS SIDO VÍCTIMAS DE QUEMADURAS CON ÁCIDO O CON GASOLINA
Pueden ver otros dos artículos que he publicado con respecto a este flagelo que yo considero un crimen de lesa humanidad
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/02/26/quemada-viva-el-caso-de-suad/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2014/04/02/las-victimas-del-acido-en-el-pais-de-machitos/
EL VELO
El encuentro
I
La tarde del miércoles es mi preferida, no tengo que ir al liceo. Estoy tirada en mi cama, con los ojos cerrados, tratando de descansar un poco. El timbre suena dos veces con insistencia. Estoy sola en el cuarto y no tengo deseos de recibir a mis amigas. Escucho la voz de mi madre pidiéndome que eche un vistazo. Me paro con desgano y recorro la distancia que hay entre mi cuarto y la entrada principal. El timbre suena por tercera vez, -ya voy, ya voy -grito, malhumorada-. Al abrir la puerta, veo a un hombre parado en el corredor. Su rostro no me dice nada, no creo conocerlo. No es muy alto, debe medir 1.68 m., es más bien delgado, de rostro alargado; pienso que no ha debido afeitarse en los últimos días. Su pelo es liso y sus ojos cafés claros. No vive en el edificio. Todos los vecinos nos conocemos los unos a los otros, los muchachos son amigos de mis hermanos. Es una pequeña comunidad que ha dejado sus raíces atrás en busca de un mejor futuro. Un futuro que aún no llega. El recién llegado me mira y cuando voy a preguntarle que desea, da media vuelta y desaparece en el ascensor.
II
No había vuelto a pensar en el incidente, hasta ahora que lo he vuelto a ver al salir de la tienda de abarrotes con mi mamá. Está recostado en el umbral del edificio del frente, con los ojos puestos en el local. Apenas salimos se escabulle entre la gente. Hay otros “encuentros”, me doy cuenta que no son fortuitos, me molestan, me producen una sensación de agobio que no puedo definir. Puede ser a la salida del liceo, o en el parque, donde llevo a mi hermano pequeño, o en la calle donde vivo. Nunca me habla. No obstante su presencia me disgusta.
La petición
I
Son las ocho de la noche, estamos en familia, es la hora de la cena, no esperamos a nadie. El timbre de la puerta suena. Mi hermano mayor dice que debe de ser uno de sus amigos. Se equivoca, es el mismo hombre que me hostiga desde hace varias semanas. Sin ser invitado, y sin saludar siquiera, entra directo a la sala. Pide hablar con mi papá y con mis hermanos. Mi mamá y yo nos vamos para la cocina. -¿Qué querrá? –me pregunta-. No contesto nada, pero yo lo sé. Lo comprendí al verlo atravesar el comedor y sentarse en el sofá. Es por mí que viene, quiere negociar con mi padre y la mercancía soy yo. Venimos de lejos, nos hemos instalado en los suburbios de una gran megalópolis, pero no hemos abandonado nuestras tradiciones ancestrales. En nuestra cultura las mujeres no escogen el marido, son los padres los que deciden por ellas. Me pregunto si mi papá y mis hermanos aceptarán su petición. Siento que los ojos se me llenan de lágrimas, pero sé que no puedo decir nada. De todas formas nadie me escucharía. Sólo me queda esperar.
II
Por mi mamá sé que el desconocido me quiere como esposa. Le ha propuesto a mi padre una buena cantidad de dinero que él no ha aceptado, tiene otros planes para mí. Debería sentirme aliviada, pero no lo estoy. Una vaga sensación de incertidumbre se aloja en mi pecho. Sigo saliendo a hacer las compras o al liceo; lo hago insegura, no quisiera encontrarlo al doblar una esquina o en la mitad de la calle; para mi gran tranquilidad no lo vuelvo a ver. Pasado el tiempo ya ni me acuerdo de él.
III
Hoy nos ha vuelto a visitar el supuesto pretendiente de F. y nuevamente lo he rechazado. No tengo nada en su contra, es sólo que no pertenece a nuestro mundo, aunque profese las mismas creencias religiosas. No habla nuestra lengua, ni conocemos su familia, no sabemos nada de él. Por otra parte he estado hablando con mi primo, hemos acordado unir a nuestras dos familias con la alianza entre su hijo y F. Aún no le he dicho nada a la madre ni a sus hermanos, pienso hacerlo pronto; cuando todo esté arreglado. En cuanto a mi hija será la última en saberlo, su opinión no cuenta, sabrá obedecer, como lo hizo su madre y la madre de su madre y así sucesivamente.
No duermas más, mi niña...
I
Es miércoles, acabo de hacer las compras del día. Me demoré un poco más en la tienda de abastos, había mucha gente esperando su turno. Regreso a casa, los paquetes están pesados, me detengo a cada instante para descansar un poco; ojalá que en casa sepan entenderlo, no me gusta ver a mi papá enojado. Cuando eso sucede me encierro en el cuarto, hasta que se le pase. Sólo me faltan diez metros para llegar a la calle donde vivimos, respiro tranquila; si estoy con suerte llegaré antes que él. Al doblar la esquina escucho que me llaman por mi nombre, debe de ser uno de mis primos; levanto la cabeza confiada y es entonces cuando veo al señor de pelo liso y ojos cafés claros delante de mí. No debo hablarle, ni siquiera mirarle a la cara; sino me convertiría en la vergüenza de la familia. Decido pasar a su lado rápidamente, pero no logro hacerlo; me ha tirado algo al cuerpo, mis ropas se impregnan de un fuerte olor, luego enciende un fósforo, me ha convertido en una tea humana.
II
No sé donde estoy, imagino que en mi cuarto, aunque no reconozco el colchón donde estoy acostada. A veces escucho la voz de mis hermanos, aunque no logro comprender del todo lo que dicen. Solo he podido escuchar a mi papá que me susurraba muy cerca al oído: -No duermas más mi niña, despierta, despierta. Y yo que creía que no me amaba. Me doy cuenta que debo de estar durmiendo desde hace mucho tiempo, lucho por despertar, pero en vano, no lo logro. Me viene a la mente el cuento de la bella durmiente que me narraban en la guardería, debo dormir igual que ella; la diferencia es que no habrá un príncipe encantado que venga algún día a despertarme, hace mucho dejé de creer en ellos.
viernes, 10 de abril de 2015
PIERRE BONNARD, EL PINTOR DE LA EVANESCENCIA
Hace dos semanas estuve en París visitando dos exposiciones, una sobre Velázquez en el Grand Palais y la otra sobre Pierre Bonnard en el Museo de Orsay.
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Los dos son pintores que admiro. Diego Velázquez (1599-1660) pertenece a esa especie de genios que no tiene parangón en la historia de la pintura, sobre todo con su cuadro Las Meninas, y Pierre Bonnard (1867-1947), que vivió a caballo entre dos siglos, fue discípulo y protagonista de los movimientos pictóricos que abrieron todas las esclusas para la libertad artística. Los dos son pintores revolucionarios, se atrevieron a hacer escuela y a romper con los códigos estéticos de la época en la que les tocó vivir. Y como soy consciente que cada uno merece una reseña personal hoy voy a hablar solo de Bonnard, a Velázquez lo dejo para otro día.
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Pierre Bonnard fue contemporáneo de Toulouse-Lautrec y de Matisse, e hizo parte del Movimiento de los Nabis, vocablo hebreo que ha sido traducido al español como profeta. En este caso los Nabis eran los nuevos iluminados que iban a cambiar la historia de la pintura.
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Mucho se ha hablado sobre el carácter supuestamente decorativo de la obra de Bonnard; pero ahora, después de haber visto la retrospectiva que el Museo de Orsay ha hecho de su obra, no puedo estar de acuerdo con esta premisa.
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Si bien algunas veces había visto parte de su trabajo no es sino hasta ahora que pude contemplarla con otros ojos; entre otros aspectos porque muchos de los cuadros allí expuestos hacen parte de colecciones particulares y nunca habían participado en una exposición de tanta envergadura o simplemente nunca habían sido expuestos al público.
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La retrospectiva muestra a Bonnard a través de todo su ciclo pictórico y descubre una filosofía muy personal que será el hilo conductor de toda su obra. Podría decirse que en un sentido clásico Bonnard está muy cerca de Vermeer de Delft o de Pieter de Hooch, en cuanto a la representación de cuadros intimistas se refiere, des huis-clos, o sea de espacios cerrados, de esa vida que llevamos de puertas para adentro en nuestros hogares. Y es que Bonnard va a pintar una y otra vez a Marta, su esposa. La vemos en la bañera, en el umbral de una puerta, o en el comedor de la casa, o en el jardín; todas sus poses son íntimas. Esta característica se vio influenciada por la fotografía, ya que Bonnard tomaba fotos desde 1890. Es decir, entendió que podía atrapar el tiempo con la cámara fotográfica y con la pintura. Algo que Degas ya había comenzado a hacer años antes, sobre todo con sus pinturas de las bailarinas de ballet. Este deseo de fijar el tiempo es lo que hará luego Proust, al menos en cierta forma, en su obra En búsqueda del tiempo perdido.
Por otra parte, Bonnard fue uno de los pintores que más escudriñó en las estampas japonesas que se habían puesto de moda desde mediados del siglo XIX; hasta el punto que ha sido llamado El Nabi Japonés. Hay una característica que vale la pena tener en cuenta, sobre todo en las representaciones de Marta en la bañera, en las que Bonnard utiliza la perspectiva japonesa. Me refiero no a la profundidad de campo que daban las cámaras negras, sino a la visión de los japoneses de mirar hacia abajo desde un ángulo alto o vista aérea, en surplomb, como lo llaman los franceses. No hay que olvidar que los japoneses, o al menos hasta hace relativamente poco tiempo, hacen su vida sentados en el suelo, lo que da una mirada completamente diferente del entorno. No es lo mismo mirar alrededor cuando se está sentado en un silla que cenar en una mesa a ras del suelo y sentado en una esterilla. Esa otra forma de ver el mundo, hacia arriba o hacia abajo, y del que Hokusai era un gran Maestro, fue algo que sorprendió a Los Impresionistas y a los pintores que vendrían después, como Los Fauvistas o Los Nabis.
Recuérdese que es el color el protagonista de Los Fauves. Los colores cálidos no hacían sino recordar el fauvismo, del francés fauve, fiera en español, movimiento pictórico que Matisse había llevado hasta sus más altas representaciones. No hay que olvidar que es gracias al color vivo, sobre todo el rojo, considerado para la época como violento y provocador, que los Fauves se darán a conocer en el Salón de los Independientes de 1905. Entre ellos estaba, a parte de Matisse, Vlaminck, Derain, Marquet et Van Dongen. Y es Luis Vauxcelles, un crítico de arte, que los llamó la jaula de las fieras. Con esta denominación buscaba mofarse de esta nueva forma de concebir el color como protagonista de la composición pictórica, que relegaba al dibujo a un segundo plano o lo desaparecía por completo, que el grupo va a denominarse Fauve. Y Bonnard se sumará por algún tiempo a esta orgía de color, para luego llegar a una paleta pastel, casi transparente.
Esta transparencia la logra con la maestría que alcanza con la utilización de la luz. Es una luz etérea, como si saliese de un sueño, lo que da al cuadro un aire de irrealidad permanente. También es cierto que al instalarse en 1927 en Cannet, en la región del Midi francés, la luz tenía por fuerza que tomarse sus pinturas. Es ella la verdadera protagonista de su obra. Como lo fue Marta, su esposa y su musa. Pero ella no fue la única mujer que Pierre Bonnard amó ni que pintó varias veces, ya que tuvo una relación amorosa con Renée Monchaty. Ella se suicidó dos meses después que Pierre contrajera matrimonio con Marta. Es muy posible que esta tragedia haya dejado una herida muy honda en el artista. De ahí a pintar lo evanescente, la evocación, no había sino un paso. Máxime que poco a poco Marta iría ahogándose en un delirio que la alejaba cada vez más de la realidad. Ella murió en 1942. Es muy posible que Pierre Bonnard haya vivido los cinco años que le quedaban en paz. La misma que le había sido arrebatada por la enfermedad de su esposa.
Al salir de la exposición lo hice completamente alucinada, pero no era un sentimiento mío solamente, ya que mis acompañantes salieron también con la sensación de haber vivido una experiencia que raras veces tenemos en una exposición de arte.
lunes, 6 de abril de 2015
LA COMADRONA DE KATJA KETTU: LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN VISTOS POR UNA MUJER
Katja Kettu (Finlandia 1978) es una escritora sin par. Me he leído La Comadrona (Alfaguara 2014) prácticamente de un tirón. Es una obra sobre el amor y la guerra. Aunque sería más acertado decir que es un descenso a los infiernos, un viaje a las profundidades del delirio que nos acosa en épocas de enfrentamiento bélico. En el 2011, año de su publicación, no solo fue el libro más vendido en Finlandia sino que obtuvo varios premios. Premio Kalvei-Jäntti 2011, Premio Runeberg 2012, Medalla Kiitos Kirjasta 2012 y Book Bloggers; y por si fuera poco Katja Kettu es considerada como una de las más grandes re-creadoras de la literatura finlandesa. Fuera de escritora es artista, pertenece al grupo punk Confusa, y es profesora de guiones cinematográficos.//
La autora de La Comadrona logra retratar en toda su dimensión la crueldad humana. En su obra no hay individuos buenos, sólo una masa informe que trata de salvarse a como de lugar. Sus personajes son la radiografía de los más bajos instintos que salen a flote en situaciones de supervivencia. //
La obra se desarrolla en un campo de concentración nazi en tierras laponas y narra la extraña historia de amor de una campesina, Ojo Salvaje, que trabaja como comadrona, y de Johann Angelhorst, un oficial alemán. La novela se sitúa en los meses previos a los enfrentamientos entre Finlandia y Alemania y a los primeros meses de la Guerra de Laponia. Su encuentro es bastante peculiar por decir lo menos. La primera vez que Johann Angelhorst se cruza con Ojo Salvaje observa, poco menos que alucinado, que ella tiene un cordón umbilical que le cuelga de la boca, ya que acaba de atender un parto y ha cortado el cordón con sus propios dientes. La mirada que recibe por parte del oficial, que es también fotógrafo, es la mirada de un macho que busca una hembra. Ella siente su olor mezclado con los propios efluvios de su cuerpo y del cuerpo que acaba de dar a luz. Desde ese momento ella se dirá que si logra ser amada por él no necesitará buscar otro hombre. Al respecto Katja Kettu ha dicho: « El tema más importante de la novela es conseguir el amor. Personalmente solo he estado enamorada una vez. Cuando le vi por primera vez me prometí a mí misma que si podía conseguir a este hombre ya no pediría ninguno más. Quería incluir esta experiencia en la novela.» Esta cita da la clave para entender aun mejor la personalidad profundamente emocional de Ojo Salvaje. Ella no es una mujer racional, la mueven las pasiones, se doblega ante ellas, cueste lo que cueste.//
La Comadrona es también una denuncia feminista en toda su dimensión, ya que hurga en esa herida que es la utilización de la mujer como arma de guerra. Al mismo tiempo que se la viola, y se la reduce a la nada, se reduce al pueblo o a la comunidad a la que pertenece. Violar a las mujeres en épocas de guerra es destruir el tejido social al que pertenecen. Eso lo saben todos los ejércitos del mundo. Entre ellos las FARC o ELN o los grupos paramilitares o el ejército colombiano. Una mujer violada por el enemigo es una mujer considerada traidora. Ahora, si ella se enamora del hombre que pertenece al bando enemigo, es tratada aún peor. No hay que olvidar que después del Armisticio las mujeres que habían sido amantes de los oficiales alemanes fueron insultadas en la calle, arrastradas por el suelo, golpeadas y luego se les rapó la cabeza; así durante varias semanas, o algunos meses, eran objeto de la furia de sus conciudadanos. Y las mujeres que vivían en comunidades pequeñas incluso fueron expulsadas de sus casas y de sus pueblos. //
Un gran acierto del libro es el rescate de las tradiciones orales de los pueblos lapones, de sus costumbres, de sus creencias. Es un fresco de la sociedad de la primera mitad del siglo XX en las tierras del norte de Europa. Otro acierto es el de hurgar en la memoria histórica y mostrarnos una herida que para muchos de nosotros era completamente desconocida.//
Desde el punto de vista narrativo yo diría que es un libro muy bien construido. Hay dos voces narradoras, la de Johannes y la de Ojo Salvaje; y de cuando en cuando se mezcla la voz de un hombre muerto y algunas cartas que van apareciendo a lo largo del relato. //
En cuanto al manejo del tiempo habría que decir que es una especie de rompecabezas bastante elaborado. Hay un juego temporal que obliga al lector a estar atento para poder entender la trama que Kettu le plantea. Es un juego sutil e inteligente.//
Su lenguaje es directo y muchas veces bastante crudo, ya que la autora tiene claro que Ojo Salvaje es una campesina sin educación y que ha llevado una vida llena de carencias en todos los aspectos y que se ha visto enfrentada no solo a un clima de gran rudeza sino a una sociedad que la ha excluido desde siempre. En cuanto al oficial de la SS está acostumbrado al lenguaje procaz y vulgar de los militares. Es un hombre roto por dentro y adicto a las drogas. La narración se hace en primera persona, lo que ayuda a sumergirse mas en los laberintos psicológicos de los dos personajes principales. Desnudan sus sentimientos como si estuviesen solos ante un espejo. Ellos son sus propios jueces y sus propios verdugos, por lo que no se hacen concesiones a sí mismos. El resultado es un lenguaje descarnado y una trama que bucea en el infierno personal de cada uno de ellos. //
En cuanto a las violaciones, o los experimentos que se hacen dentro del campo de concentración, o los múltiples asesinatos que se cometen a diario, habría que decir que si bien el lector entiende muy bien de que se trata, las descripciones siempre son soslayadas, no se asiste a ellas de una forma directa; lo que me parece que es otro acierto de La Comadrona. //
Por último quisiera decir que no es una lectura fácil y que no creo haber entendido toda su complejidad; aun así soy consciente que es un libro de gran envergadura, que vale la pena ser leído y que enriquece la biblioteca personal; posiblemente estoy ante una obra que será considerada un clásico del siglo XXI.
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Reseñas de La Comadrona que Alfaguara trae a colación :
«Una gran novela. Una historia de amor aderezada con una pizca de realismo mágico y puñados de durísimas verdades... Kettu sirve un plato de entrañas bien caliente: aterrador y fascinante.»
Jurado del Premio Runeberg
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«Una obra maestra.»
Raili Kettunen, Kotimaa (Finlandia)
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«Sorprendentemente maravillosa... Una increíble experiencia de lectura.»
Turun Sanomat (Finlandia)
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«La ferocidad del amor podría ser un buen título para la novela de Katja Kettu. Todo es feroz en este libro, también el estilo. Un libro que no se olvida, gélido e incandescente, brutalmente pasional.»
Marilia Piccone, Wuz.it (Italia)
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«Una novela asombrosa con un alma descarnada y una energía liberadora. No me sorprendería que acabara convirtiéndose en un clásico.»
Cecilia Nelson, Göteborgs-Posten (Suecia)
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«Una descripción cruda y desnuda de qué puede hacer la guerra con el ser humano y dónde puede llevarte el amor.»
Adresseavisen (Noruega)
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«Puedo afirmar que tengo entre las manos uno de los libros más exitosos e importantes del año. Me atrevo a compararlo con Purga, de Sofi Oksanen. Así de grande es.»
Seppo Puttonen, Ykkösen Aamu-tv (Finlandia)
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«Una de las novelas más profundas que he leído en mucho tiempo… Rebosa sensualidad y nostalgia. Es hipnótica, no puedes apartarte de ella.»
Annina Rabe, Svenska Dagbladet (Suecia)
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«No es un libro que se lea, es un libro que se vive hasta el último aliento. Es imposible salir indemne de él.»
Dagens Nyheter (Suecia)
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«Leer La comadrona es una experiencia asombrosa, que oscila entre el horror y el fervor.»
Smålandsposten (Suecia)
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«Impresionante por su tono, por la trama, por el lenguaje… Una historia que llega a todos los confines, de la tierra y de la humanidad. Un libro fascinante.»
Marie-Paule Caire, Parutions.com (Francia)
lunes, 30 de marzo de 2015
CUANDO LOS GALARDONES LITERARIOS LOS GANAN LOS MALOS LIBROS
El caso de Amores Léonor de Récondo
Los premios literarios no son siempre designados a obras que lo merecen, puesto que en muchos casos se juegan intereses desconocidos para los lectores, que van desde posturas políticas hasta intereses económicos; pasando por relaciones de amistad, entre otras posibles causas.//
Me atrevería a decir que una de ellas es la ceguera de algunos jurados al momento de otorgar una presea literaria. Es el caso de una novela de Juan Carlos Onetti, Tiempo de abrazar, que fue enviada en 1941 por un jurado uruguayo para participar en un Concurso Latinoamericano de Novela, auspiciado por la Editorial Farrar & Rinehart. No obstante, el premio se lo llevó El mundo es ancho y ajeno de Ciro Alegría, una novela telúrica y que hoy en día no tiene mayor renombre. En cuanto a la obra de Onetti nunca se pudo saber si efectivamente merecía ganar o no, ya que pronto pasó a integrar los cajones del olvido; solo se conocieron algunos capítulos que aparecieron en algunas separatas dominicales sin haber sido jamás publicada en su totalidad. Pero conociendo al autor de El pozo o de Juntacadáveres me atrevería a asegurar que su novela era muy superior a la de Alegría. No en vano Emir Rodríguez Monegal decía: “es con Onetti y sus pares que el nuevo hombre latinoamericano, el hombre que se ve obligado a ingresar casi de golpe en una modernidad caótica, angustiosa, pasa a asumir el primer plano en la ficción ». También hace enfásis en la importancia que tuvo sobre otros autores: « Algunos (como Cortázar) reconocerían explícitamente su influencia. Otros la aceptarían implícitamente. Los menos se declararían sus discípulos. ».//
Esto sin hablar del Premio Nobel de Literatura, cuyos grandes ausentes son Virginia Woolf, Marguerite Yourcenar y Jorge Luis Borges; sin olvidar a José Lezama Lima o Alejo Carpentier o Guillermo Cabrera Infante.
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Pienso también que otras causas pueden ser culturales. Podría ser el caso de Amours de Léonor de Récondo (Sabine Wespieser Editeur, Paris, 2015), ganador de dos premios de gran importancia en Francia: Premio de los Libreros 2015 y el Gran Premio RTL-Lire 2015.
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El libro, cuyo título en español se traduce simplemente por Amores, si bien tiene referencias claras a Madame Bovary de Gustave Flaubert, a La Dama de las Camelias de Alejandro Dumas y a Thérèse Desqueroux de François Mauriac*, no deja de ser una obra que no supera las novelitas de amor tan en boga en los años 60 y 70 del siglo pasado. No diría que es mediocre, hacerlo es darle un valor que no tiene. Es simple y llanamente mala.
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La trama está puesta en la mesa, por lo que cada acontecimiento está plenamente cantado con anterioridad. Está exento de sorpresas literarias. Su lenguaje es bastante coloquial; carece de la profundidad que el francés le puede imprimir a una obra literaria. En este caso preciso pienso en el lenguaje de Marguerite Yourcenar** y por supuesto en el de Mauriac.
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No creo que Léonor de Récondo, por muy buena violinista que sea, tenga verdaderamente talento literario; al menos no lo ha desarrollado.
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La trama se desarrolla en lo que los franceses denominan un huit clos, o sea un espacio cerrado. En este caso preciso es una casa burguesa de principios del siglo XX situada en un pequeño burgo de una provincia francesa. En ella viven el notario Anselmo con Victoria, su joven e inexperimentada esposa. Como toda familia burguesa de la época tienen algunas personas a su servicio; en este caso preciso un matrimonio que conoce los secretos de la familia del notario, y Celeste, una campesina de 17 años que huye de la miseria del campo, pero sobre todo busca olvidar a una madre que año tras año traía un nuevo hijo al mundo sin que nunca tuviese suficiente tiempo ni energías para dedicarse al cuidado de los vástagos.
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En ese huit clos somos testigos del abuso sexual de la parte de Anselmo para con Celeste, a quien toma con la misma determinación con la que se le ordena limpiar la casa o hacer un pastel. No le importan las consecuencias de sus actos, ni los mide ni los intuye; simplemente actúa siguiendo sus impulsos sexuales. Si en la noche Anselmo se mete en su cama en el día ni la mira, simplemente ella no existe; si fuese un perro de caza tendría mas probabilidades de ser vista por él.
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En cuanto a Victoria se refiere habría que decir que simplemente es una decoración que se ha puesto en el centro del salón; como si fuese un jarrón de porcelana de Sèvres. Su única y verdadera misión es la de darle un heredero a Anselmo, para que éste a su vez pueda perpetuarse como notario de su ciudad. De resto ella no cuenta para nada. No la hace partícipe de su trabajo, ni se interesa por sus gustos o anhelos o frustraciones. El prestigio, de lo que él considera un buen apellido, una hermosa casa y una buena situación económica, debe bastarle para ser feliz y vivir agradecida por haberla hecho su esposa.
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En cuanto al supuesto rol de ama de casa que debería de tener, orgullo de muchas mujeres de su tiempo, se le ha negado desde antes del matrimonio con Anselmo; ya que Huguette, la cocinera, es la que lleva las riendas del hogar desde hace mucho tiempo. Huguette vio crecer a Anselmo niño y fue también la encargada de iniciarlo en la vida sexual para evitarle los prostíbulos y las enfermedades sexuales que podrían derivar de esas visitas. Pero Huguette no lo hizo porque así lo hubiese deseado, lo hizo obligada por la madre de Anselmo; para quien una empleada doméstica era también una mujer a la que se le puede ordenar acostarse con el señor de la casa, sin que darle posibilidades de negarse a tamaño abuso.
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Y por último está Pierre, el marido de Huguette, el que conoce los secretos más recónditos de la familia. El es el palafrenero y el jardinero, y cuando Anselmo lo considera pertinente es su compañero de caza o su confidente.
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Léonor de Récondo quiso hurgar en las miserias de una familia burguesa de inicios del siglo XX; pero sobre todo quiso mostrar la condición femenina y su gran fragilidad frente a un mundo construido por los hombres para los hombres. Y si bien Amores es una obra que anuncia la emancipación femenina y los cambios que la sociedad vería en los años venideros, sobre todo con la Primera Guerra Mundial, no logra ser convincente en cuanto a la calidad literaria de la obra en cuestión. Es un libro que ha debido pasarse por el tamiz una y otra vez; ha debido dejarse en reposo durante algunos años y posiblemente ha debido volverse a escribir; de pronto Léonor de Récondo hubiese logrado una obra de mayor valor estético. Pero posiblemente su juventud, o la presión de la editorial, le impidió tomarse su tiempo; pero bueno, esta es solamente mi percepción de Amores, no olvido que acaba de obtener dos importantes preseas literarias. De lo que si estoy segura es que luego harán una película inspirada en Amores y que será mucho mejor que el libro, lo que rara veces sucede.//
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* http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2014/09/28/el-veneno-mujeres-y-literatura-therese-desqueyroux-y-bebe-donge/
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** http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/03/22/marguerite-yourcenar-la-mujer-que-ilumino-el-siglo-xx/
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