El sábado 29 de abril murió en su casa de siempre, en Santos Lugares, Buenos Aires, Argentina, el gran poeta, pensador y ensayista, Ernesto Sábato, Premio Cervantes 1984. El próximo 24 de junio hubiera cumplido la edad legendaria de 100 años. Es por eso que su muerte no me tomó por sorpresa, al igual que él, yo sabía que su partida era más que inminente; aunque Sábato la esperaba desde hacía más de veinte años. Murió prácticamente ciego, como si su enfermedad hubiese sido una consecuencia directa de su portentoso texto “Informe sobre ciegos”. No en vano Sábato decía que las coincidencias no existen, como si en el fondo todo tuviese un sentido predeterminado, pero ante todo trágico. Y es que la obra de Sábato, como su vida, está signada por el dolor y el sufrimiento. Él mismo decía que siempre sintió estar viviendo en el cuerpo de otro, ese otro era su hermano mayor que había muerto antes de los dos años y al que su madre había bautizado Ernesto. Cuando el Ernesto del que hablo nació, su progenitora decidió llamarlo así para reemplazar al hijo que había perdido. Es posible que eso haya influido en el hecho de querer sobreproteger al hijo; puesto que durante toda la infancia Sábato miraría la vida a través de una ventana, de esa forma vería jugar a los demás niños, los vería correr, caerse y volver a levantarse, los vería pelear y reconciliarse; por lo que la realidad para él era algo que se veía a través de un vidrio, no algo que se vive. Ese sentimiento de soledad y aislamiento aparecerá más tarde en su obra “El Túnel” (1948), publicada inicialmente por la Revista El Sur.
“El Túnel”, narrado en primera persona, presenta algunas semejanzas con esa otra joya literaria de Albert Camus, “El Extranjero” (1942), obra existencialista, donde la incapacidad de mostrar los sentimientos lleva a Mersault, su protagonista, a ser condenado a muerte por un asesinato, que en otras circunstancias le habría valido sólo una ligera pena de prisión. En el caso de Juan Pablo Castel, protagonista de “El Túnel”, él mismo afirma, desde el principio de la obra, que mató a la única mujer que amaba y la única que lo comprendía. Camus, como lo había hecho antes Marguerite Yourcenar con la obra de Virginia Woolf y de Constantino Kavafis, dio a conocer a Ernesto Sábato en los círculos intelectuales de París; y en Alemania es Thomas Mann quien lo elogió.
Según Sábato la existencia humana se desarrolla en un túnel en el que hay pequeñas ventanas, en las cuales nos detenemos a mirar otros túneles, y de vez en cuando nos tropezamos con la mirada de otra persona que se ha detenido al mismo tiempo que nosotros y que también nos observa; es entonces cuando hacemos gestos inútiles que buscan establecer una comunicación con ese otro ser que vaga perdido en un túnel paralelo al nuestro. En la obra que nos ocupa, Juan Pablo Castel conoce a María Iribarne, la única persona que se detiene a mirar el pequeño detalle que ha pintado en una obra, “Maternidad”, en la que hay una mujer que observa jugar a un niño, pero en un extremo de la obra hay otra pequeña escena, una mujer mira el mar a través de una pequeña ventana; detalle que ha pasado inadvertido para todos los asistentes a su exposición, menos para ella. Y es que Sábato es, ante todo, el escritor de la soledad y de la incomunicación humana. Su obra metafísica narra el dolor humano, pero también la incomprensión y el desconocimiento que cada uno de nosotros tiene en cuanto a su propio ser se refiere. Para entender mejor esta idea en “Sobre Héroes y Tumbas” (1961), Sábato habla de las máscaras que cada uno de nosotros se pone para ocultarle a los demás nuestros verdaderos sentimientos; dice que para cada ocasión y para cada interlocutor utilizamos una máscara diferente, y que sólo nos despojamos de ella cuando estamos solos o cuando creemos estarlo.
“Sobre Héroes y Tumbas” es también una epopeya, ya que Sábato narra una parte de la historia argentina; pero también es una discusión filosófica y literaria. Hay un capítulo, que debería ser lectura obligatoria en las clases de literatura, en el que dos de sus personajes, Martín y Bruno, hablan de Borges. Pero sobre todo hay una frase que considero maravillosa y que resume muy bien lo que debería ser considerado buena literatura, en ella Bruno le dice a Martín, palabras menos, palabras más, que no entiende porque en Europa le piden a la literatura latinoamericana hablar de gauchos o de la pampa, cuando hablar de una pareja que se besa en un parque, hace que la narración deje de ser local para convertirse en universal. Pero a Martín y a Bruno también los une el fantasma de una mujer, Alejandra. Heredera de una vieja y rancia familia de abolengo, Alejandra termina inmolándose en la casa de sus ancestros junto con su padre, Fernando Vidal Olmos; acto premeditado que busca, a través del rito del fuego, purificar el incesto en el que viven desde hace muchos años. No obstante, Sábato siempre deja abierta una posibilidad hacia un futuro mejor, por ello, al final del libro, hace alusión a una luz encendida en medio de la noche, y luego Martín viaja el sur como una posibilidad de renacimiento y de esperanza. “Sobre Héroes y Tumbas” es, también, una obra surrealista, completamente onírica. No hay que olvidar que Sábato, luego de obtener un Doctorado en Física, había viajado a París en el año de 1938 con una beca para seguir sus estudios en el Instituto Juliot-Curie; pero su encuentro con André Bréton le mostró que había otra senda diferente a la ciencia. Esa senda era la literatura y Sábato se sumergió en ella como si fuese un mar insondable, donde nadaría siempre en busca de una orilla en la cual pudiese descansar; aunque era consciente de ese imposible.
“Abbadón, el exterminador” (1974), es tal vez su obra más compleja y densa, pero también la más perturbadora de su trilogía literaria. Podría decirse que es una continuación de “Informe sobre ciegos”, ese relato prodigioso que hace parte de “Sobre Héroes y Tumbas” *. En este libro, Sábato bucea en realidades y mundos diferentes. Se pasa de la historia argentina y de la historia del siglo XX a mundos aún más oníricos, si cabe la expresión, que en su obra anterior; es una búsqueda del absoluto y una lucha contra fuerzas ocultas que acechan al ser humano. También encontramos crítica literaria y a un Sábato que hace gala de una inmensa erudición y reflexión existencial, donde él se convierte en un personaje más de la ficción. Con dicha obra ganó en Francia, en 1976, el premio a la mejor obra extranjera.
Pero Sábato no sólo fue un excelente novelista, sino un excelente ensayista, que de una u otra forma creó una corriente filosófica, la “cosificación” del hombre contemporáneo. Para Sábato, la angustia y la soledad del hombre del siglo XX, y porque no decirlo del XXI, se debe a una eterna expiación que estaría pagando, por haber dejado a un lado la época de la espiritualidad que imperaba en el Medioevo, donde el mundo giraba en torno a Dios, lo que comúnmente se conoce como teocentrismo; para dar paso al Renacimiento, época antropocéntrica, donde el mundo olvidó a ese ser superior y entronizó a la razón, sin haber dejado nunca de rendirle tributo.
Sábato también jugó un papel decisivo en política, ya que en su juventud fue comunista y anarquista. Fue, también, un gran defensor de los Derechos Humanos. En 1984, al año siguiente del derrumbe del gobierno de facto (1976-1983); Raúl Alfonsín creó una comisión, la CONADEP, encargada de investigar el horror de esa larga y tenebrosa noche que fue la dictadura argentina; con el fin primordial que los 30000 desaparecidos, y el horror de las torturas a las que fueron sometidos muchos más, no quedaran en el olvido ni en la impunidad, un esfuerzo heroico para el rescate de la memoria y que aún hoy sigue dando frutos con la condena a perpetuidad, en una prisión común, el pasado 22 de diciembre de 2010, de Jorge Rafael Videla, presidente de facto de la junta militar; el mismo que Ernesto Sábato visitara al comienzo de la dictadura. La comisión en cuestión fue presidida por Sábato y nueve meses después se publicó el informe “Nunca más-Informe de la CONADEP- Septiembre de 1984”, también conocida como “Informe Sábato”, con un prólogo escrito por él.
Para terminar con esta breve presentación de una parte de su extensa obra, quisiera reseñar su último libro “España en los diarios de mi vejez” (2004). Oda a ese país al que los latinoamericanos estamos unidos por sentimientos de rencor y de amor; es una obra lírica e intimista, cuya lectura me produjo un inmenso placer y me hizo recordar ese gran poema de Pablo Neruda, “España en el corazón” (1937).
Es de anotar que la primera vez que escribí sobre Ernesto Sábato, fue en 1980 y 1981, cuando con un gran entusiasmo y pasión leí su obra y escribí una monografía para obtener el diploma universitario en la Universidad Javeriana. Trabajo que fue dirigido por el gran docente y crítico literario Cristo Rafael Figueroa, alguien a quien respeto y admiro profundamente. La lectura y análisis del universo sabatiano, tuvieron una fuerte influencia en mi desarrollo y madurez; nunca más volví a ser la misma, Sábato, sin saberlo, me cambió la vida para siempre. Por último quisiera decir que si alguien se merecía el Premio Nobel de Literatura, era Ernesto Sábato, lástima que en Suecia nunca lo hubieran entendido.
*Para mayor información sobre Informe sobre ciegos puede leerse en mi blog la entrada titulada: Ernesto Sábato: elementos míticos en Informe sobre ciegos.
Sitio Webb:
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/estrada_berta_lucia/index.htm
Correo electrónico: bertalucia@gmail.com
En este blog podrán leerse artículos, poemas o cuentos sobre mujeres y hombres que han jugado un rol decisivo en la construcción de nuestro imaginario colectivo; bien sea a través de la literatura, del arte y por ende de la cultura.
martes, 3 de mayo de 2011
ERNESTO SÁBATO: ELEMENTOS MÍTICOS EN INFORME SOBRE CIEGOS
En el día de ayer, sábado 30 de abril, una noticia me llegó como si hubiera sido una mirada de ultratumba, la muerte de Ernesto Sabato, el gran intelectual, pensador y escritor argentino que el próximo 24 de junio cumpliría 100 años. Es por ello que publico en mi blog un artículo que escribí a finales de los 80 sobre Informe sobre ciegos, y que fuese publicada incialmente por una revista de la Universidad de Caldas, hoy desaprecida como tantos esfuerzos culturales de América Latina.
ELEMENTOS MÍTICOS EN INFORME SOBRE CIEGOS DE ERNESTO SABATO
EL REINO DE ESTE MUNDO, PEDRO PÁRAMO, CIEN AÑOS DE SOLEDAD, rompen con los postulados de una narrativa facilista y descriptiva, para sumergirnos de golpe en un mundo que va mucho más allá de las tesis del surrealismo que propugnaba André Bretón o del realismo mágico de Franz Roth. Este rompimiento se da por la irrupción de lo real maravilloso (que difiere del realismo mágico) en las letras hispanoamericanas; los escritores transcribieron el mundo circundante, el mundo americano que nunca ha dejado de maravillar a los europeos: "Lo real maravilloso nuestro, es el que encontramos en estado bruto, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano"[1]. Esta irrupción tuvo como consecuencia directa el lanzamiento publicitario del boom, e hizo que la crítica literaria se revaluara, labor que exigía de los críticos nuevas disciplinas y nuevos enfoques que permitieran un acertado análisis y comprensión de la obra. Dentro de las nuevas disciplinas se encontraba el estudio del mito que permitiría una reivindicación y un acercamiento a las ricas tradiciones orales del continente, dando así una visión más amplia y más real al análisis del discurso literario. Las concepciones del espacio sagrado y espacio profano, de tiempo lineal y tiempo circular, como la explicación de la labor de un chaman o de un medicine-man van a ser ampliamente desarrolladas, lo que significa que la literatura, la antropología, la historia de las religiones, la sociología y la etnología van a unirse con el fin de lograr una acertada interpretación del texto. Por otra parte, no hay que olvidar que Juan Rulfo y José María Arguedas se entregaron de lleno al estudio de la antropología. En el presente ensayo se analizarán los aspectos míticos en Informe sobre ciegos, esa pequeña joya literaria que hace parte de "Sobre Héroes y Tumbas" de Ernesto Sábato.
Leer a Sábato es enfrentarse a los grandes problemas metafísicos que aquejan al hombre del siglo XX: la angustia, la soledad, el derrumbamiento de los valores que otrora lo sostenían; es hacer un buceo de la irracionalidad y del sentimiento lírico. Su trilogía está conformada por el desvelamiento de la realidad exterior y de la realidad interior, de la razón y de la sinrazón. Es ante todo una búsqueda de la verdadera condición humana. Su principal inquietud es la de devolverle al hombre su verdadera esencia, su ser; en un deseo de unificar nuevamente la naturaleza humana escindida, según Sábato, por la razón. De esta búsqueda surge su trilogía El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas y Abbadón el Exterminador, además de incontables ensayos y artículos.
Por otra parte, Sábato promulga que el arte es la única herramienta de conocimiento, más válida aún que la ciencia; puesto que para el arte lo existente equivale tanto a lo objetivo como a lo subjetivo, mientras que para la ciencia sólo cuenta lo que es demostrable en un laboratorio o sea solamente lo objetivo:
"La novela colocada como está entre el arte y el pensamiento, desempeña una triple y trascendental misión: la catártica, ya intuida por Aristóteles, la cognoscitiva, al explorar regiones de la realidad que solo ella puede llevar a cabo y la integración de una realidad humana desintegrada por la civilización abstracta". [2]
La crisis del mundo moderno: Con el siglo XX aparecieron los grandes cataclismos que habrían de estremecer al hombre contemporáneo: las dos guerras mundiales, la bomba atómica, los campos de concentración. Sumado a lo anterior, el siglo XX es también testigo de la aparición de la gran urbe, y dadas sus connotaciones podría muy bien denominársela como un laberinto, donde reinan la angustia y las tinieblas y donde ninguna escapatoria es posible:
"La ciudad está dominada por el dinero y por la razón". [3]
La ciudad contribuye a la alienación del hombre, a su enajenación absoluta, le niega la posibilidad de existir, lo sumerge en una profunda soledad e incomunicación. Pero la causa principal de la masificación, de la "cosificación", del hombre se debe a la razón. Diosa entronizada en el renacimiento, y cuya labor fue relegar a los lugares más ocultos a las fuerzas irracionales que habían caracterizado al espíritu medieval; siendo solo rescatadas, siglos más tarde, por el romanticismo en su abierta rebelión contra la razón, la ciencia y el incipiente, pero tenaz, capitalismo. [4]
"El arte nos salvará de la alienación total, de esa segregación brutal del pensamiento mágico y del pensamiento lógico". 5]
La lucha de la razón y de la sinrazón, de la lógica y de la intuición, de la realidad exterior (para el autor es sólo aparente) y de la realidad onírica, caracterizan a Informe sobre ciegos. Narración desbordante, delirante, relatada en primera persona por Fernando Vidal Olmos. Es un diario en el que cuenta los pormenores de la investigación que emprende con el fin de descubrir los secretos de la secta de los ciegos, secta que podría muy bien simbolizar a la razón. Su descenso lo irá poco a poco alejando de esa hipótesis al irse transformando en el retorno hacia los orígenes.
Elección e iniciación: Fernando Vidal Olmos, al igual que Tiresias y Edipo, es el elegido para hurgar en las fuerzas desconocidas que rigen el universo. El primer indicio de la labor que debe realizar se produce en un sueño iniciático al escuchar "una campanilla como de alguien que quisiera despertarme de un sueño milenario" [6]. El sueño es sólo la continuación de las "pesadillas y alucinaciones" que habían poblado su infancia, sin comprender entonces, que representaban una revelación. La labor que se le encomienda es la de luchar contra las fuerzas oscuras del universo que impiden que la verdad y el conocimiento le sean develados al hombre. Las diferentes etapas que conforman la investigación están regidas por la intuición y la premonición. Una de ellas es el anuncio que hace de su propia muerte por medio del fuego: "Verdaderamente ¡Qué manga de canallas! Que para creer necesiten que a uno lo quemen". [7] Atravesar el fuego o morir a causa del mismo, en un intento de purificación, significa -según la tradición judeo-cristiana- que la condición humana es abolida y por lo tanto el acceso al paraíso es permitido.
El laberinto: En su descenso, o viaje iniciático, a las cloacas de Buenos Aires, Vidal Olmos encuentra pasadizos, habitaciones, puertas, escaleras y túneles que por su estructura conforman un espacio laberíntico: "¿Quién sospecharía, ...que el taller de una modista pudiera ser la entrada al gran laberinto?". [8] Esto nos remonta a la prehistoria, época en la cual la caverna era asimilada o transformada en laberinto, lugar sagrado que servía a la iniciación de los neófitos y para la sepultura de los muertos. El laberinto es, a su vez, homologado al cuerpo de la madre-tierra (la Pachamama de los mineros peruanos). Tener acceso a un laberinto, a un túnel o a una caverna, simboliza el retorno a las entrañas de la madre-tierra.
La matriz subterránea: "Polvo eres y en polvo te has de convertir". Lo que en un principio se había revelado como la búsqueda de las fuerzas ocultas del universo se metamorfosea en la búsqueda de los orígenes: "Allí está la gruta..., costase lo que costase, debía penetrar en ella". [9] Es significativo que el autor utilice el verbo penetrar, en vez de entrar. Más que significativo, es simbólico, puesto que esa gruta representa al útero de la madre-tierra. En muchos mitos los hombres fueron sacados de las cavernas, de las entrañas de la tierra, como los minerales, plantas y piedras; siendo todos homologados a pequeños embriones que esperan su momento de crecimiento y desarrollo. La nostalgia del estado prenatal se convierte, a menudo, en un fenómeno colectivo que obliga al grupo tribal a renunciar a la lucha y a la consecuente espera de su desaparición total. Aún hoy el hombre occidental conserva hasta su muerte un fuerte sentimiento de solidaridad para con la tierra que lo vio nacer. Un sentimiento que va mucho más allá del falso patriotismo inculcado por la clase dirigente o por la educación tradicional. Es admiración y amor por el paisaje familiar o el recuerdo de los ancestros enterrados en el cementerio local. Este sentimiento aparece tanto en los mitos y leyendas como en el lenguaje: los romanos llamaban a los hijos ilegítimos TERRAE FILIUS, y los rumanos continúan denominándolos "hijos de las flores" [10]. La madre sólo es portadora de la obra de la madre-tierra. De ahí, que cuando la muerte se acerca, el hombre desee, ante todo, ser enterrado en su región natal, puesto que ese último acto le permite regresar al vientre materno, único lugar de paz verdadera jamás conocido por el hombre. El retorno significa que el ciclo de la vida se ha cumplido:
"La soledad absoluta, la imposibilidad de distinguir los límites de la caverna en que me hallaba... Me creí solo en el mundo y atravesó mi espíritu como un relámpago, la idea de que había descendido hasta sus orígenes. Me sentí grandioso e insignificante". [11]
La soledad y las tinieblas son el común denominador de las cuevas, pero también del útero, es el estado natural de la vida embrionaria. El sufrimiento como medio de iniciar al neófito: El sufrimiento siempre ha tenido un gran valor espiritual en los mitos. En la tradición judeo-cristiana, para poder salvar a los hombres, Jesús tuvo que ser sacrificado. Más aún, todos conocemos el proverbio que dice "más fácil pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos". La pobreza y el sufrimiento son bendecidos por Dios, y entre más pobre sea el hombre y entre más dolor lo agobie, más cerca estará de la salvación eterna. En el mito, como en la religión cristiana, la tortura y el sufrimiento son siempre ocasionados por espíritus y dioses, y tienen como fin primordial la regeneración espiritual del hombre. Soportar el sufrimiento estoicamente, significa para el neófito dejar atrás la vida profana para nacer a una nueva vida, esta vez sagrada. En Informe sobre ciegos observamos diferentes etapas de tortura: pesadillas delirio, extravío...
"Sentí que aquel pico entraba en mi ojo izquierdo... En virtud de un mecanismo que no alcanzo todavía a comprender, por su falta de lógica yo mantenía mi cabeza siempre en la misma posición, como si quisiera facilitar la perversa tarea, como, aunque sufrimos, mantenemos la boca y la cabeza ante el dentista". [12] El sufrimiento, tanto físico como mental, es indispensable a la iniciación, es la prueba que debe cumplirse para que el iniciado se regenere espiritualmente.
La cópula con la deidad: Otra de las pruebas iniciáticas es la de ser tragado por un monstruo (bastaría con citar el pasaje bíblico de Jonás y la ballena). Semejante prueba tiene dos significados:
1. En el Medioevo, generalmente se representaba al infierno como un gran monstruo marino, y ser engullido por él no sólo era la muerte sino la condenación eterna.
2. Por otra parte, el acceso al vientre del monstruo, al igual que la penetración en la caverna, es el medio para reintegrarse al estado embrionario.
Lo anterior nos enfrenta a un dualismo: de un lado la muerte, el fin de la existencia y por consiguiente del tiempo; de otro el retorno a los orígenes que precede el comienzo de toda existencia temporal. [13]
En el análisis que nos ocupa, encontramos también esta prueba iniciática:
"Tuve la certeza de que allí tendría acabamiento mi largo peregrinaje y que tal vez, en aquel reducto poderoso encontraría por fin el sentido de mi existencia". [14]
Cita que corrobora el tema anteriormente desarrollado: la búsqueda de los orígenes. Esta nueva etapa comienza con una metamorfosis que se acentúa a medida que Vidal penetra la deidad:
"La cordillera parecía la espina dorsal de un monstruoso dragón petrificado... Y a medida que avanzaba veía que nada era viviente, que todo había sido calcinado por la lava o petrificado por las ardientes cenizas que aquel cataclismo cósmico había lanzado en edades pretéritas". [15]
En este viaje se hace contemporáneo de la creación, de los albores de la naturaleza, regresa a la edad primera del cosmos:
"Me sentí de pronto tan horrendamente solo que grité. Y mi grito, en aquel silencio mineral y fuerza de la historia, resonó y pareció atravesar centurias y generaciones desaparecidas". [16]
El tiempo lineal es abolido, por ello puede ser testigo del tiempo primigenio en el que vivieron los ancestros míticos:
"Ahora entra. Este es tu comienzo y tu fin". [17]
El ciclo total se ha cumplido. Sólo le resta llevar a cabo la etapa final:
"Algo atroz me sucedía a medida que ascendía por aquel resbaladizo, crecientemente cálido y sofocante túnel: mi cuerpo se iba convirtiendo en el cuerpo de un pez". [18]
En la cópula, Vidal sufre una metamorfosis y al mismo tiempo recuerda hechos remotos y olvidados, que debían ser conservados en la memoria colectiva al igual que hechos de su infancia. Posteriormente pierde el sentido y al recobrarlo se encuentra en el cuarto de la ciega (donde había comenzado su viaje iniciático). Con ella tendrá la siguiente cópula, pero en realidad la ciega es la madre de Fernando que a su vez representa a la madre-tierra.
Una de las obsesiones permanentes de Sábato, es el incesto, acto que permite el retorno al útero. El incesto es para Fernando Vidal Olmos el encuentro consigo mismo, la recuperación de una identidad perdida:
"por un instante tuve la vertiginosa, y ahora inequívoca revelación: ¡Era ella!... mientras espero la muerte medito sobre el misterio de aquella encarnación, quizá semejante al que convocado por un deseo imperioso se apodera del cuerpo de una médium... Entré furiosamente en aquel ídolo y entonces tuve la sensación de que era un volcán de carne, cuyas fauces me devoraban y cuyas entrañas llameantes llegaban al centro de la tierra". [19]
El incesto termina con una fiesta saturnal:
"El volcán de carne fue entonces desgarrado a cornadas por minotauros, cavado ávidamente por ratas gigantescas". [20]
El desgarramiento de la deidad coincide con el retorno al caos:
"La funesta luna radioactiva estalló... un gran incendio se desató, y propagándose con furia inició la destrucción total y la muerte... El universo entero se derrumbó sobre mí". [21]
Esta visión apocalíptica es el aniquilamiento total del tiempo y del espacio, aniquilamiento por medio del fuego, símbolo de purificación y de premonición de su propia muerte.
Bibliografía:
ELIADE, Mircea. Mythes, rêves et Mystères. Paris. Gallimard, 1957.
SABATO, Ernesto. Abbadón el Exterminador. Barcelona. Seix Barral.1982.
Hombres y Engranajes. Madrid. Alianza Editorial. 1983.
Más sobre las Misiones trascendentales de la novela. En: Antología. Buenos Aires. Librería del Colegio.1975.
Sobre Héroes y Tumbas. Barcelona. Círculo de Lectores. 1973.
Referencias:
[1] Alejo Carpentier, la novela latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo y otros ensayos, siglo XXI editores, México 2ª edción,1981, pág.130
[2] SABATO, Ernesto. "Más sobre las Misiones Trascendentales de la Novela". En: Antología. Buenos Aires, Librería del Cole¬gio, 1975. p. 137.
[3] SABATO, Ernesto. Hombres y Engranajes. Madrid, Alianza Editorial, 1983. p. 23.
[4] ídem. p. 199.
[5] SABATO, Ernesto. Abbadón el Exterminador Barcelona, Seix Barral, 1982. p. I99
[6] SABATO, Ernesto. Sobre Héroes y Tumbas. Barcelona, Círculo de Lectores 1973 p. 261.
[7] ídem, p. 366.
[8] ídem, p. 339.
[9] ídem, p. 343.
[10] ELIADE, Mircea. Mythes, Rêve et Mystères. París, Gallimard, 1957.
[11] SABATO, Ernesto. Sobre Héroes y Tumbas. Op. Cit. p. 383.
[12] ídem, p. 345.
[13] ELIADE, Mircea. Op. Cit.
[56] SABATO, Ernesto: Sobre Héroes y Tumbas. Op. Cit. p. 390.
[57] ídem, pp. 390-391.
[14] ídem, p. 392.
[15] ídem, p. 393.
[16] ídem, p. 394.
[17] ídem, pp. 398-399.
[18] ídem, p. 400.
[19-20-21] ídem, pp. 400-401.
ELEMENTOS MÍTICOS EN INFORME SOBRE CIEGOS DE ERNESTO SABATO
EL REINO DE ESTE MUNDO, PEDRO PÁRAMO, CIEN AÑOS DE SOLEDAD, rompen con los postulados de una narrativa facilista y descriptiva, para sumergirnos de golpe en un mundo que va mucho más allá de las tesis del surrealismo que propugnaba André Bretón o del realismo mágico de Franz Roth. Este rompimiento se da por la irrupción de lo real maravilloso (que difiere del realismo mágico) en las letras hispanoamericanas; los escritores transcribieron el mundo circundante, el mundo americano que nunca ha dejado de maravillar a los europeos: "Lo real maravilloso nuestro, es el que encontramos en estado bruto, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano"[1]. Esta irrupción tuvo como consecuencia directa el lanzamiento publicitario del boom, e hizo que la crítica literaria se revaluara, labor que exigía de los críticos nuevas disciplinas y nuevos enfoques que permitieran un acertado análisis y comprensión de la obra. Dentro de las nuevas disciplinas se encontraba el estudio del mito que permitiría una reivindicación y un acercamiento a las ricas tradiciones orales del continente, dando así una visión más amplia y más real al análisis del discurso literario. Las concepciones del espacio sagrado y espacio profano, de tiempo lineal y tiempo circular, como la explicación de la labor de un chaman o de un medicine-man van a ser ampliamente desarrolladas, lo que significa que la literatura, la antropología, la historia de las religiones, la sociología y la etnología van a unirse con el fin de lograr una acertada interpretación del texto. Por otra parte, no hay que olvidar que Juan Rulfo y José María Arguedas se entregaron de lleno al estudio de la antropología. En el presente ensayo se analizarán los aspectos míticos en Informe sobre ciegos, esa pequeña joya literaria que hace parte de "Sobre Héroes y Tumbas" de Ernesto Sábato.
Leer a Sábato es enfrentarse a los grandes problemas metafísicos que aquejan al hombre del siglo XX: la angustia, la soledad, el derrumbamiento de los valores que otrora lo sostenían; es hacer un buceo de la irracionalidad y del sentimiento lírico. Su trilogía está conformada por el desvelamiento de la realidad exterior y de la realidad interior, de la razón y de la sinrazón. Es ante todo una búsqueda de la verdadera condición humana. Su principal inquietud es la de devolverle al hombre su verdadera esencia, su ser; en un deseo de unificar nuevamente la naturaleza humana escindida, según Sábato, por la razón. De esta búsqueda surge su trilogía El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas y Abbadón el Exterminador, además de incontables ensayos y artículos.
Por otra parte, Sábato promulga que el arte es la única herramienta de conocimiento, más válida aún que la ciencia; puesto que para el arte lo existente equivale tanto a lo objetivo como a lo subjetivo, mientras que para la ciencia sólo cuenta lo que es demostrable en un laboratorio o sea solamente lo objetivo:
"La novela colocada como está entre el arte y el pensamiento, desempeña una triple y trascendental misión: la catártica, ya intuida por Aristóteles, la cognoscitiva, al explorar regiones de la realidad que solo ella puede llevar a cabo y la integración de una realidad humana desintegrada por la civilización abstracta". [2]
La crisis del mundo moderno: Con el siglo XX aparecieron los grandes cataclismos que habrían de estremecer al hombre contemporáneo: las dos guerras mundiales, la bomba atómica, los campos de concentración. Sumado a lo anterior, el siglo XX es también testigo de la aparición de la gran urbe, y dadas sus connotaciones podría muy bien denominársela como un laberinto, donde reinan la angustia y las tinieblas y donde ninguna escapatoria es posible:
"La ciudad está dominada por el dinero y por la razón". [3]
La ciudad contribuye a la alienación del hombre, a su enajenación absoluta, le niega la posibilidad de existir, lo sumerge en una profunda soledad e incomunicación. Pero la causa principal de la masificación, de la "cosificación", del hombre se debe a la razón. Diosa entronizada en el renacimiento, y cuya labor fue relegar a los lugares más ocultos a las fuerzas irracionales que habían caracterizado al espíritu medieval; siendo solo rescatadas, siglos más tarde, por el romanticismo en su abierta rebelión contra la razón, la ciencia y el incipiente, pero tenaz, capitalismo. [4]
"El arte nos salvará de la alienación total, de esa segregación brutal del pensamiento mágico y del pensamiento lógico". 5]
La lucha de la razón y de la sinrazón, de la lógica y de la intuición, de la realidad exterior (para el autor es sólo aparente) y de la realidad onírica, caracterizan a Informe sobre ciegos. Narración desbordante, delirante, relatada en primera persona por Fernando Vidal Olmos. Es un diario en el que cuenta los pormenores de la investigación que emprende con el fin de descubrir los secretos de la secta de los ciegos, secta que podría muy bien simbolizar a la razón. Su descenso lo irá poco a poco alejando de esa hipótesis al irse transformando en el retorno hacia los orígenes.
Elección e iniciación: Fernando Vidal Olmos, al igual que Tiresias y Edipo, es el elegido para hurgar en las fuerzas desconocidas que rigen el universo. El primer indicio de la labor que debe realizar se produce en un sueño iniciático al escuchar "una campanilla como de alguien que quisiera despertarme de un sueño milenario" [6]. El sueño es sólo la continuación de las "pesadillas y alucinaciones" que habían poblado su infancia, sin comprender entonces, que representaban una revelación. La labor que se le encomienda es la de luchar contra las fuerzas oscuras del universo que impiden que la verdad y el conocimiento le sean develados al hombre. Las diferentes etapas que conforman la investigación están regidas por la intuición y la premonición. Una de ellas es el anuncio que hace de su propia muerte por medio del fuego: "Verdaderamente ¡Qué manga de canallas! Que para creer necesiten que a uno lo quemen". [7] Atravesar el fuego o morir a causa del mismo, en un intento de purificación, significa -según la tradición judeo-cristiana- que la condición humana es abolida y por lo tanto el acceso al paraíso es permitido.
El laberinto: En su descenso, o viaje iniciático, a las cloacas de Buenos Aires, Vidal Olmos encuentra pasadizos, habitaciones, puertas, escaleras y túneles que por su estructura conforman un espacio laberíntico: "¿Quién sospecharía, ...que el taller de una modista pudiera ser la entrada al gran laberinto?". [8] Esto nos remonta a la prehistoria, época en la cual la caverna era asimilada o transformada en laberinto, lugar sagrado que servía a la iniciación de los neófitos y para la sepultura de los muertos. El laberinto es, a su vez, homologado al cuerpo de la madre-tierra (la Pachamama de los mineros peruanos). Tener acceso a un laberinto, a un túnel o a una caverna, simboliza el retorno a las entrañas de la madre-tierra.
La matriz subterránea: "Polvo eres y en polvo te has de convertir". Lo que en un principio se había revelado como la búsqueda de las fuerzas ocultas del universo se metamorfosea en la búsqueda de los orígenes: "Allí está la gruta..., costase lo que costase, debía penetrar en ella". [9] Es significativo que el autor utilice el verbo penetrar, en vez de entrar. Más que significativo, es simbólico, puesto que esa gruta representa al útero de la madre-tierra. En muchos mitos los hombres fueron sacados de las cavernas, de las entrañas de la tierra, como los minerales, plantas y piedras; siendo todos homologados a pequeños embriones que esperan su momento de crecimiento y desarrollo. La nostalgia del estado prenatal se convierte, a menudo, en un fenómeno colectivo que obliga al grupo tribal a renunciar a la lucha y a la consecuente espera de su desaparición total. Aún hoy el hombre occidental conserva hasta su muerte un fuerte sentimiento de solidaridad para con la tierra que lo vio nacer. Un sentimiento que va mucho más allá del falso patriotismo inculcado por la clase dirigente o por la educación tradicional. Es admiración y amor por el paisaje familiar o el recuerdo de los ancestros enterrados en el cementerio local. Este sentimiento aparece tanto en los mitos y leyendas como en el lenguaje: los romanos llamaban a los hijos ilegítimos TERRAE FILIUS, y los rumanos continúan denominándolos "hijos de las flores" [10]. La madre sólo es portadora de la obra de la madre-tierra. De ahí, que cuando la muerte se acerca, el hombre desee, ante todo, ser enterrado en su región natal, puesto que ese último acto le permite regresar al vientre materno, único lugar de paz verdadera jamás conocido por el hombre. El retorno significa que el ciclo de la vida se ha cumplido:
"La soledad absoluta, la imposibilidad de distinguir los límites de la caverna en que me hallaba... Me creí solo en el mundo y atravesó mi espíritu como un relámpago, la idea de que había descendido hasta sus orígenes. Me sentí grandioso e insignificante". [11]
La soledad y las tinieblas son el común denominador de las cuevas, pero también del útero, es el estado natural de la vida embrionaria. El sufrimiento como medio de iniciar al neófito: El sufrimiento siempre ha tenido un gran valor espiritual en los mitos. En la tradición judeo-cristiana, para poder salvar a los hombres, Jesús tuvo que ser sacrificado. Más aún, todos conocemos el proverbio que dice "más fácil pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos". La pobreza y el sufrimiento son bendecidos por Dios, y entre más pobre sea el hombre y entre más dolor lo agobie, más cerca estará de la salvación eterna. En el mito, como en la religión cristiana, la tortura y el sufrimiento son siempre ocasionados por espíritus y dioses, y tienen como fin primordial la regeneración espiritual del hombre. Soportar el sufrimiento estoicamente, significa para el neófito dejar atrás la vida profana para nacer a una nueva vida, esta vez sagrada. En Informe sobre ciegos observamos diferentes etapas de tortura: pesadillas delirio, extravío...
"Sentí que aquel pico entraba en mi ojo izquierdo... En virtud de un mecanismo que no alcanzo todavía a comprender, por su falta de lógica yo mantenía mi cabeza siempre en la misma posición, como si quisiera facilitar la perversa tarea, como, aunque sufrimos, mantenemos la boca y la cabeza ante el dentista". [12] El sufrimiento, tanto físico como mental, es indispensable a la iniciación, es la prueba que debe cumplirse para que el iniciado se regenere espiritualmente.
La cópula con la deidad: Otra de las pruebas iniciáticas es la de ser tragado por un monstruo (bastaría con citar el pasaje bíblico de Jonás y la ballena). Semejante prueba tiene dos significados:
1. En el Medioevo, generalmente se representaba al infierno como un gran monstruo marino, y ser engullido por él no sólo era la muerte sino la condenación eterna.
2. Por otra parte, el acceso al vientre del monstruo, al igual que la penetración en la caverna, es el medio para reintegrarse al estado embrionario.
Lo anterior nos enfrenta a un dualismo: de un lado la muerte, el fin de la existencia y por consiguiente del tiempo; de otro el retorno a los orígenes que precede el comienzo de toda existencia temporal. [13]
En el análisis que nos ocupa, encontramos también esta prueba iniciática:
"Tuve la certeza de que allí tendría acabamiento mi largo peregrinaje y que tal vez, en aquel reducto poderoso encontraría por fin el sentido de mi existencia". [14]
Cita que corrobora el tema anteriormente desarrollado: la búsqueda de los orígenes. Esta nueva etapa comienza con una metamorfosis que se acentúa a medida que Vidal penetra la deidad:
"La cordillera parecía la espina dorsal de un monstruoso dragón petrificado... Y a medida que avanzaba veía que nada era viviente, que todo había sido calcinado por la lava o petrificado por las ardientes cenizas que aquel cataclismo cósmico había lanzado en edades pretéritas". [15]
En este viaje se hace contemporáneo de la creación, de los albores de la naturaleza, regresa a la edad primera del cosmos:
"Me sentí de pronto tan horrendamente solo que grité. Y mi grito, en aquel silencio mineral y fuerza de la historia, resonó y pareció atravesar centurias y generaciones desaparecidas". [16]
El tiempo lineal es abolido, por ello puede ser testigo del tiempo primigenio en el que vivieron los ancestros míticos:
"Ahora entra. Este es tu comienzo y tu fin". [17]
El ciclo total se ha cumplido. Sólo le resta llevar a cabo la etapa final:
"Algo atroz me sucedía a medida que ascendía por aquel resbaladizo, crecientemente cálido y sofocante túnel: mi cuerpo se iba convirtiendo en el cuerpo de un pez". [18]
En la cópula, Vidal sufre una metamorfosis y al mismo tiempo recuerda hechos remotos y olvidados, que debían ser conservados en la memoria colectiva al igual que hechos de su infancia. Posteriormente pierde el sentido y al recobrarlo se encuentra en el cuarto de la ciega (donde había comenzado su viaje iniciático). Con ella tendrá la siguiente cópula, pero en realidad la ciega es la madre de Fernando que a su vez representa a la madre-tierra.
Una de las obsesiones permanentes de Sábato, es el incesto, acto que permite el retorno al útero. El incesto es para Fernando Vidal Olmos el encuentro consigo mismo, la recuperación de una identidad perdida:
"por un instante tuve la vertiginosa, y ahora inequívoca revelación: ¡Era ella!... mientras espero la muerte medito sobre el misterio de aquella encarnación, quizá semejante al que convocado por un deseo imperioso se apodera del cuerpo de una médium... Entré furiosamente en aquel ídolo y entonces tuve la sensación de que era un volcán de carne, cuyas fauces me devoraban y cuyas entrañas llameantes llegaban al centro de la tierra". [19]
El incesto termina con una fiesta saturnal:
"El volcán de carne fue entonces desgarrado a cornadas por minotauros, cavado ávidamente por ratas gigantescas". [20]
El desgarramiento de la deidad coincide con el retorno al caos:
"La funesta luna radioactiva estalló... un gran incendio se desató, y propagándose con furia inició la destrucción total y la muerte... El universo entero se derrumbó sobre mí". [21]
Esta visión apocalíptica es el aniquilamiento total del tiempo y del espacio, aniquilamiento por medio del fuego, símbolo de purificación y de premonición de su propia muerte.
Bibliografía:
ELIADE, Mircea. Mythes, rêves et Mystères. Paris. Gallimard, 1957.
SABATO, Ernesto. Abbadón el Exterminador. Barcelona. Seix Barral.1982.
Hombres y Engranajes. Madrid. Alianza Editorial. 1983.
Más sobre las Misiones trascendentales de la novela. En: Antología. Buenos Aires. Librería del Colegio.1975.
Sobre Héroes y Tumbas. Barcelona. Círculo de Lectores. 1973.
Referencias:
[1] Alejo Carpentier, la novela latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo y otros ensayos, siglo XXI editores, México 2ª edción,1981, pág.130
[2] SABATO, Ernesto. "Más sobre las Misiones Trascendentales de la Novela". En: Antología. Buenos Aires, Librería del Cole¬gio, 1975. p. 137.
[3] SABATO, Ernesto. Hombres y Engranajes. Madrid, Alianza Editorial, 1983. p. 23.
[4] ídem. p. 199.
[5] SABATO, Ernesto. Abbadón el Exterminador Barcelona, Seix Barral, 1982. p. I99
[6] SABATO, Ernesto. Sobre Héroes y Tumbas. Barcelona, Círculo de Lectores 1973 p. 261.
[7] ídem, p. 366.
[8] ídem, p. 339.
[9] ídem, p. 343.
[10] ELIADE, Mircea. Mythes, Rêve et Mystères. París, Gallimard, 1957.
[11] SABATO, Ernesto. Sobre Héroes y Tumbas. Op. Cit. p. 383.
[12] ídem, p. 345.
[13] ELIADE, Mircea. Op. Cit.
[56] SABATO, Ernesto: Sobre Héroes y Tumbas. Op. Cit. p. 390.
[57] ídem, pp. 390-391.
[14] ídem, p. 392.
[15] ídem, p. 393.
[16] ídem, p. 394.
[17] ídem, pp. 398-399.
[18] ídem, p. 400.
[19-20-21] ídem, pp. 400-401.
sábado, 23 de abril de 2011
LIBERTAS
A La Pola y a las miles de mujeres que apoyaron
a las tropas en la gesta libertadora.
Servos ad pileum vocare (1)
En el ocaso de una tarde sombría,
mi espíritu vagaba por los vericuetos de la sinrazón,
me crucé con Libertas en un recodo del camino;
llevaba el gorro frigio que libera al esclavo,
había roto las cadenas del oprobio,
su mano derecha blandía una vindicta
y su túnica de lino blanco iluminaba el sendero.
Desde entonces,
los rayos de luz, al final del túnel,
me guían entre las sombras,
me dan cobijo en épocas de aguaceros.
En períodos de hastío,
reposo en un lecho de esperanza;
allí donde la palabra libertad
nació de un grito y de una mujer
llamada La Pola.
(1)“Servos ad pileum vocare”, es un llamado que se hacía en la antigua Roma a los esclavos para que por medio de las armas pudieran luego obtener la libertad.
Nota: Este poema fue traducido al francés por la poeta y traductora Maggy De Coster y publicado en la revista que ella dirige "Le Manoir des Poètes", No19-2011.
a las tropas en la gesta libertadora.
Servos ad pileum vocare (1)
En el ocaso de una tarde sombría,
mi espíritu vagaba por los vericuetos de la sinrazón,
me crucé con Libertas en un recodo del camino;
llevaba el gorro frigio que libera al esclavo,
había roto las cadenas del oprobio,
su mano derecha blandía una vindicta
y su túnica de lino blanco iluminaba el sendero.
Desde entonces,
los rayos de luz, al final del túnel,
me guían entre las sombras,
me dan cobijo en épocas de aguaceros.
En períodos de hastío,
reposo en un lecho de esperanza;
allí donde la palabra libertad
nació de un grito y de una mujer
llamada La Pola.
(1)“Servos ad pileum vocare”, es un llamado que se hacía en la antigua Roma a los esclavos para que por medio de las armas pudieran luego obtener la libertad.
Nota: Este poema fue traducido al francés por la poeta y traductora Maggy De Coster y publicado en la revista que ella dirige "Le Manoir des Poètes", No19-2011.
jueves, 3 de marzo de 2011
Premiación concurso Ediciones Embalaje del Museo Rayo
El Museo Rayo anuncia el fallo del jurado del
Concurso Ediciones Embalaje del XXVI
Encuentro de Poetas Colombianas. -El jurado
conformado por -Marga López Díaz, Mary
Grueso Romero -y Águeda Pizarro Rayo,
resolvió otorgar los siguientes premios y
menciones:
GRAN PREMIO DE EDICIÓN—MARÍA TABARES
por su libro “LA LUZ”, poemas de sombra. Un
poemario de gran profundidad en el que la
autora se adentra en el misterio de la muerte
con un lenguaje a la vez depurado e intenso tan
personal como universal. Este libro será
editado en las Ediciones Embalaje del Museo
Rayo y lanzado en el marco del XXVII Encuentro
de Poetas Colombianas del Museo Rayo en julio
del 2011.
PRIMER PREMIO, sin edición—SORELY BERRIO,
“AL RITMO DE LA LENGUA”, una obra de gran
originalidad y audacia verbal que explora la
experiencia de la expresión poética de una
mujer desde su nacimiento en la inconsciencia
hasta su florecer en poema.
SEGUNDO PREMIO, sin edición--PIEDAD DEL
CARMEN MORALES, “LLUVIA DE ROSTRO”, una
obra de imágenes inolvidables y acertadas que
despierta la conciencia del lector sobre las
injusticias que se cometen a diario contra la
mujer y que penetra el origen del sentir, ahonda
en el sufrimiento e ilumina el renacer de cada
mujer que vive en este mundo convulsionado.
TERCER PREMIO, sin edición--GLORIA MARÍA
MEDINA, “MI MADRE AÚN CANTA”, un
poemario que con hondo dolor y profundo
júbilo celebra la vida y llora la muerte de la
madre de la autora.
CUARTO PREMIO, sin edición—PAULA ANDREA
GARCÍA SÁNCHEZ, “CAMBIO TRISTEZAS POR
BICICLETA”, obra original, de lenguaje
despojado de lugares comunes en el que aflora
el sentido del humor que brota del dolor de la
experiencia de una mujer y lo cambia por la
bicicleta de la libertad.
MENCIÓN ESPECIAL—ANDREA JULIANA
CORREA, por un CD de poesía visual, plasmada
en fotografías de la autora ensambladas y
alteradas para producir la revelación poética.
Esta obra responde a un reto del maestro Omar
Rayo para estimular la exploración de la poesía
visual por las mujeres de los Encuentros.
PREMIO ESPECIAL, fuera de concurso—BERTA
LUCÍA ESTRADA, “NÁUFRAGA PERPETUA”. Este
libro, digno de edición en cualquier editorial
dedicada a la obra de la mujer, es a la vez una
investigación a fondo de la vida y la obra de
Virginia Woolf, un ensayo sobre ella y una obra
de teatro poética. Parte en prosa y parte en
verso consiste en un diálogo entre Virginia y su
esposo por el que se analizan las razones y
sinrazones que la llevaron a suicidarse
Concurso Ediciones Embalaje del XXVI
Encuentro de Poetas Colombianas. -El jurado
conformado por -Marga López Díaz, Mary
Grueso Romero -y Águeda Pizarro Rayo,
resolvió otorgar los siguientes premios y
menciones:
GRAN PREMIO DE EDICIÓN—MARÍA TABARES
por su libro “LA LUZ”, poemas de sombra. Un
poemario de gran profundidad en el que la
autora se adentra en el misterio de la muerte
con un lenguaje a la vez depurado e intenso tan
personal como universal. Este libro será
editado en las Ediciones Embalaje del Museo
Rayo y lanzado en el marco del XXVII Encuentro
de Poetas Colombianas del Museo Rayo en julio
del 2011.
PRIMER PREMIO, sin edición—SORELY BERRIO,
“AL RITMO DE LA LENGUA”, una obra de gran
originalidad y audacia verbal que explora la
experiencia de la expresión poética de una
mujer desde su nacimiento en la inconsciencia
hasta su florecer en poema.
SEGUNDO PREMIO, sin edición--PIEDAD DEL
CARMEN MORALES, “LLUVIA DE ROSTRO”, una
obra de imágenes inolvidables y acertadas que
despierta la conciencia del lector sobre las
injusticias que se cometen a diario contra la
mujer y que penetra el origen del sentir, ahonda
en el sufrimiento e ilumina el renacer de cada
mujer que vive en este mundo convulsionado.
TERCER PREMIO, sin edición--GLORIA MARÍA
MEDINA, “MI MADRE AÚN CANTA”, un
poemario que con hondo dolor y profundo
júbilo celebra la vida y llora la muerte de la
madre de la autora.
CUARTO PREMIO, sin edición—PAULA ANDREA
GARCÍA SÁNCHEZ, “CAMBIO TRISTEZAS POR
BICICLETA”, obra original, de lenguaje
despojado de lugares comunes en el que aflora
el sentido del humor que brota del dolor de la
experiencia de una mujer y lo cambia por la
bicicleta de la libertad.
MENCIÓN ESPECIAL—ANDREA JULIANA
CORREA, por un CD de poesía visual, plasmada
en fotografías de la autora ensambladas y
alteradas para producir la revelación poética.
Esta obra responde a un reto del maestro Omar
Rayo para estimular la exploración de la poesía
visual por las mujeres de los Encuentros.
PREMIO ESPECIAL, fuera de concurso—BERTA
LUCÍA ESTRADA, “NÁUFRAGA PERPETUA”. Este
libro, digno de edición en cualquier editorial
dedicada a la obra de la mujer, es a la vez una
investigación a fondo de la vida y la obra de
Virginia Woolf, un ensayo sobre ella y una obra
de teatro poética. Parte en prosa y parte en
verso consiste en un diálogo entre Virginia y su
esposo por el que se analizan las razones y
sinrazones que la llevaron a suicidarse
miércoles, 23 de febrero de 2011
Día Internacional de la Mujer
1911-2011, CIEN AÑOS DE LUCHAS Y REIVINDICACIONES DE LA MUJER
Esta semana leí un artículo publicado en la revista Carrusel, del diario El Tiempo, la siguiente frase “No son feministas que buscan reivindicarse frente al mundo apabullante de los hombres” (El Tiempo, 20.02.2011), frase escrita con relación a cinco escritoras de un nuevo género al que han denominado “chik lit”, y del cual haría parte Isabella Santo Domingo. No sé si ella es antifeminista, lo que sí sé es que yo siempre me he considerado feminista, sin que me avergüence de ello o lo oculte. Por el contrario, he tratado que mi postura sea de carácter público, puesto que considero que la reflexión sobre la condición femenina y la investigación sobre su historia, son necesarias a la hora de entender el complejo mundo en el que vivimos. El desconocimiento de la historia nos condena a repetir infinitamente los mismos errores y las mismas injusticias. El desconocimiento del pasado nos impide comprender el presente, e impide, igualmente, que nos proyectemos al futuro. No en vano se dice “que él que ignora el pasado, está condenado a repetirlo”. Y la historia de la humanidad, léase historia política, social, religiosa, económica, artística, cultural, está viciada de argumentos y posiciones que dejan por fuera la visión del mundo de la mujer; como si ella simplemente no existiera, o no pensara, o no trabajara. Y creer en este mito es ignorar una serie de acontecimientos que han hecho posible que la mujer occidental participe hoy en día en procesos políticos, culturales, educativos, o científicos, entre otros. Si hoy en día la mujer puede votar, elegir sus gobernantes, o ser elegida; si puede decidir cuántos hijos tener y cuándo, es gracias a las luchas que llevaron mujeres como Clara Zetkin (1857-1933-sufragista y de quien hablaré más tarde), o Margaret Sanger (1879-1966) quien había ejercido como enfermera en la primera guerra mundial y que luchaba por dar a conocer a las mujeres las ventajas de la planificación familiar. Gracias a ella es que hoy en día gozamos de la píldora anticonceptiva, puesto que financió la investigación llevada a cabo por el Dr. Gregory Pincus; investigación que hizo posible la creación de la píldora anticonceptiva y que salió al mercado en 1965, la misma que cambiaría para siempre la vida de millones de mujeres.
Mujeres feministas han existido siempre, desde Diotima de Mantinea, sacerdotisa y filósofa, maestra de Sócrates, o Aspasia de Alejandría, pasando por la emperatriz Teodora o por Hildegarda de Bingen o por Eloísa o por Sor Juana Inés de la Cruz. Mujeres que dejaron una huella enorme en la historia de la búsqueda del conocimiento; así la historia escrita por los hombres, para los hombres, las haya borrado de un plumazo.
Y si bien la revolución sexual de los años 60 y 70 del siglo XX fue posible gracias a la píldora anticonceptiva, solemos pasar por alto la otra revolución que influye en el día a día, la conquista del sufragio femenino, así como la Revolución Industrial y el derecho a la educación. Los derechos inalienables como ciudadanas solo fue posible hacerlos valer después de llevar a cabo luchas de gran magnitud. Me refiero al derecho al voto.
La primera en reivindicarlo fue la francesa Olimpia de Gouges (1748-1793). En 1843 Flora Tristán, precursora de la emancipación de la mujer en Francia, redactaba un discurso dirigido a los obreros, en el que los llamaba a reflexionar sobre la igualdad; aludía que ésta comenzaba con la igualdad de sexos y el respeto hacia la mujer. La lucha por el derecho al voto si bien fue notoria en las clases burguesas francesas, no lo fue en las clases populares. La clase obrera no participó y en los campos simplemente ni se hablaba de ello. No obstante, Flora Tristán luchó por los derechos de la clase trabajadora y de la mujer. La lucha por la emancipación de la mujer encontró enemigos de la talla de Proudhon (1809-1865), quien argumentaba que la igualdad entre los dos géneros sería "el fin de la institución del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana"; y que por lo tanto “no hay otra alternativa para las mujeres que ser amas de casa o prostitutas”. Afortunadamente había voces masculinas que ya profundizaban en la importancia de la inclusión de la mujer; me refiero a Federico Engels (1820-1895) y Carlos Marx (1818-1883), quienes proclamaban que la emancipación de la clase obrera tenía que ir acompañada de la emancipación de la mujer y de su independencia económica.
El derecho al sufragio, fue una lucha larga y ardua, llevada a cabo por mujeres de diversas nacionalidades y culturas; pero unidas por un único deseo: ser reconocidas como parte activa de una sociedad democrática, lo que quiere decir que sus derechos civiles les fueran acordados. En España emerge la figura de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), que si bien reconocía que en el siglo XIX se habían logrado avances considerables en el campo de la cultura y de la política, y que se reconocía la libertad de cultos; ponía sin embargo el dedo en la llaga al denunciar que el tema de la emancipación de la mujer había sido ignorado por los legisladores. En Estados Unidos surgieron las figuras de Matilda Electa Joselyn Gage (1826-1898), Susan B. Anthony (1820-1906) y Elizabeth Cady Stanton (1815-1902). Otra sufragista importante fue Alice Paul (1885-1977), una de las primeras mujeres en asistir a la universidad. Estudió sociología en la Universidad de Pensilvania y luego viajó a Londres para hacer un doctorado en economía y ciencias políticas. Fue una gran defensora del sufragio femenino y en 1916 fundó el Partido de Mujeres (NWP, por sus siglas en inglés). Luchó por incluir en la Constitución de 1923, una enmienda para que el derecho a la igualdad de la mujer, frente a los derechos del hombre, fuese aprobada. La enmienda fue incluida en 1972, cinco años antes de su muerte. Junto con Alice Paul luchó otra gran mujer, Lucy Burns (1879-1966), juntas enfrentaron a la sociedad de su época y la prisión. Todas estas mujeres lograron una ruptura radical con las costumbres de su época y sembraron las bases de la sociedad contemporánea.
Y si bien cada sufragista jugó un papel clave en la reivindicación de los derechos políticos de las mujeres, debe destacarse a la alemana Clara Zetkin, creadora del Día Internacional de la Mujer. Normalmente se ha creído que el 8 de marzo conmemora el incendio en el que habrían perecido 129 obreras de una fábrica textil de Nueva York, Estados Unidos, incendio que habría sido provocado por el dueño para acabar de raíz la huelga inminente de las trabajadoras que luchaban por mejores condiciones laborales y el cual tuvo lugar en 1857. Sin embargo, hay otra fecha que alude también a una fábrica ardiendo con 146 obreras dentro, la mayoría de ellas de origen judío e italiano, es la del 25 de marzo 1911. Incendio que habría sido provocado por un corto circuito y en las que las empleadas quedaron atrapadas. Pero en realidad quien concibe el Día Internacional de la Mujer, es esta valiente mujer llamada Clara Zetkin, quien había ingresado al Partido Socialdemócrata en 1881 y en 1890 creó la sección femenina del partido. Luego pasó a formar parte del partido Comunista Alemán. En la Primera Guerra Mundial se unió a un movimiento pacifista con su amiga y colaboradora Rosa Luxemburgo (1870-1919) y en 1915 realizó en Berlín una Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la Guerra. Su actividad militante y su posición antibélica la condujeron varias veces a la prisión. Fue una férrea defensora de los derechos de la mujer y de su derecho al sufragio universal. Clara Setkin presenta una propuesta en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que había sido llevada a cabo en agosto de 1910, y cuya idea había surgido por el Woman’s day, que venía celebrándose en Estados Unidos desde 1908 por las sufragistas, como una clara reivindicación de sus derechos a ser consideradas ciudadanas de primera y dejar a un lado la errónea imagen de ama de casa que el ala conservadora y religiosa había defendido hasta la saciedad: la mujer como garante de la reproducción y conservación de la familia; negándole la participación en procesos económicos, políticos y sociales.
Es así como el 19 de marzo de 1911 se lleva a cabo la primera celebración del Día Internacional de la Mujer; en 1914 la fecha se pasa para el día 8. Otro acontecimiento importante, silenciado por la historia oficial, es la protesta de las mujeres rusas el 8 de marzo de 1917, a causa de la escasez de alimentos, lo que desencadenó el movimiento de masas conocido como la Revolución de Octubre del mismo año. En 1975 la ONU, declara, sin hacer alusión a este acontecimiento, el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer y reconoce la figura de Clara Zetkin como su creadora. El 19 de marzo de 1911 pasó a la historia como una jornada donde más de un millón de mujeres, en diferentes ciudades europeas, salió a la calle para exigir su derecho al voto, a la educación y al trabajo y en la que también se denunciaba la discriminación laboral. La manifestación se había llevado a cabo, exitosamente, en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria, lo que mostraba a qué punto la mujer era capaz de aglutinar fuerzas y de hacer valer sus derechos.
No obstante, las mujeres que combatían la inequidad y el sometimiento ancestral al poder masculino eran muy pocas. La mayor parte de la población femenina occidental no participó y cuando lo hizo fue en su contra. Es el caso de la Liga Nacional de Mujeres Anti-Sufragio, creada en 1908, y presidida por la novelista Mary Ward (1851-1920). La Liga rechazaba de plano el derecho al sufragio de las mujeres, con argumentos tan traídos de la cabeza, como era el de “no querer aceptar más cargas de las ya impuestas”. El derecho al sufragio femenino no fue otorgado fácilmente, ni se dio al mismo tiempo en todos los países. El primer país en otorgarlo fue Nueva Zelanda en 1893, seguido de Australia en 1901. En Europa, fue Finlandia en 1906, España en 1931, Francia en 1957 y Suiza en 1971. En América, el primer país en concederlo fue Canadá en 1918 y Estados Unidos en 1920. En Colombia en 1954 -paradójicamente fue bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla que este derecho fue otorgado a las mujeres-. Y mientras todas estas luchas se daban, los hombres seguían insistiendo en sus prerrogativas patriarcales, como lo siguen haciendo hoy en día. Los salarios de las mujeres siguen siendo inferiores al de los hombres, sin tener en cuenta ni la formación ni la capacidad de unos y otros. La jornada laboral de la mujer sigue siendo más larga que la del hombre, ya que el trabajo de la casa, el cuidado de los hijos, la supervisión de los deberes escolares, siguen estando en gran medida en manos de la mujer. La mujer conquistó el derecho a la educación, a trabajar fuera del hogar y a ganar un salario que le permitiese mejorar su nivel de vida y el de su familia; pero al mismo tiempo incrementó su tiempo de trabajo. Y si hago esta acotación, es para afirmar que aún nos queda un largo camino para recorrer, que debemos seguir luchando por nuestros derechos, pero sobre todo que debemos educar a nuestros hijos con una conciencia de igualdad y de respeto; ya que muchas veces somos las mismas mujeres las que perpetuamos la tradición de una sociedad machista, intolerante e injusta.
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Esta semana leí un artículo publicado en la revista Carrusel, del diario El Tiempo, la siguiente frase “No son feministas que buscan reivindicarse frente al mundo apabullante de los hombres” (El Tiempo, 20.02.2011), frase escrita con relación a cinco escritoras de un nuevo género al que han denominado “chik lit”, y del cual haría parte Isabella Santo Domingo. No sé si ella es antifeminista, lo que sí sé es que yo siempre me he considerado feminista, sin que me avergüence de ello o lo oculte. Por el contrario, he tratado que mi postura sea de carácter público, puesto que considero que la reflexión sobre la condición femenina y la investigación sobre su historia, son necesarias a la hora de entender el complejo mundo en el que vivimos. El desconocimiento de la historia nos condena a repetir infinitamente los mismos errores y las mismas injusticias. El desconocimiento del pasado nos impide comprender el presente, e impide, igualmente, que nos proyectemos al futuro. No en vano se dice “que él que ignora el pasado, está condenado a repetirlo”. Y la historia de la humanidad, léase historia política, social, religiosa, económica, artística, cultural, está viciada de argumentos y posiciones que dejan por fuera la visión del mundo de la mujer; como si ella simplemente no existiera, o no pensara, o no trabajara. Y creer en este mito es ignorar una serie de acontecimientos que han hecho posible que la mujer occidental participe hoy en día en procesos políticos, culturales, educativos, o científicos, entre otros. Si hoy en día la mujer puede votar, elegir sus gobernantes, o ser elegida; si puede decidir cuántos hijos tener y cuándo, es gracias a las luchas que llevaron mujeres como Clara Zetkin (1857-1933-sufragista y de quien hablaré más tarde), o Margaret Sanger (1879-1966) quien había ejercido como enfermera en la primera guerra mundial y que luchaba por dar a conocer a las mujeres las ventajas de la planificación familiar. Gracias a ella es que hoy en día gozamos de la píldora anticonceptiva, puesto que financió la investigación llevada a cabo por el Dr. Gregory Pincus; investigación que hizo posible la creación de la píldora anticonceptiva y que salió al mercado en 1965, la misma que cambiaría para siempre la vida de millones de mujeres.
Mujeres feministas han existido siempre, desde Diotima de Mantinea, sacerdotisa y filósofa, maestra de Sócrates, o Aspasia de Alejandría, pasando por la emperatriz Teodora o por Hildegarda de Bingen o por Eloísa o por Sor Juana Inés de la Cruz. Mujeres que dejaron una huella enorme en la historia de la búsqueda del conocimiento; así la historia escrita por los hombres, para los hombres, las haya borrado de un plumazo.
Y si bien la revolución sexual de los años 60 y 70 del siglo XX fue posible gracias a la píldora anticonceptiva, solemos pasar por alto la otra revolución que influye en el día a día, la conquista del sufragio femenino, así como la Revolución Industrial y el derecho a la educación. Los derechos inalienables como ciudadanas solo fue posible hacerlos valer después de llevar a cabo luchas de gran magnitud. Me refiero al derecho al voto.
La primera en reivindicarlo fue la francesa Olimpia de Gouges (1748-1793). En 1843 Flora Tristán, precursora de la emancipación de la mujer en Francia, redactaba un discurso dirigido a los obreros, en el que los llamaba a reflexionar sobre la igualdad; aludía que ésta comenzaba con la igualdad de sexos y el respeto hacia la mujer. La lucha por el derecho al voto si bien fue notoria en las clases burguesas francesas, no lo fue en las clases populares. La clase obrera no participó y en los campos simplemente ni se hablaba de ello. No obstante, Flora Tristán luchó por los derechos de la clase trabajadora y de la mujer. La lucha por la emancipación de la mujer encontró enemigos de la talla de Proudhon (1809-1865), quien argumentaba que la igualdad entre los dos géneros sería "el fin de la institución del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana"; y que por lo tanto “no hay otra alternativa para las mujeres que ser amas de casa o prostitutas”. Afortunadamente había voces masculinas que ya profundizaban en la importancia de la inclusión de la mujer; me refiero a Federico Engels (1820-1895) y Carlos Marx (1818-1883), quienes proclamaban que la emancipación de la clase obrera tenía que ir acompañada de la emancipación de la mujer y de su independencia económica.
El derecho al sufragio, fue una lucha larga y ardua, llevada a cabo por mujeres de diversas nacionalidades y culturas; pero unidas por un único deseo: ser reconocidas como parte activa de una sociedad democrática, lo que quiere decir que sus derechos civiles les fueran acordados. En España emerge la figura de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), que si bien reconocía que en el siglo XIX se habían logrado avances considerables en el campo de la cultura y de la política, y que se reconocía la libertad de cultos; ponía sin embargo el dedo en la llaga al denunciar que el tema de la emancipación de la mujer había sido ignorado por los legisladores. En Estados Unidos surgieron las figuras de Matilda Electa Joselyn Gage (1826-1898), Susan B. Anthony (1820-1906) y Elizabeth Cady Stanton (1815-1902). Otra sufragista importante fue Alice Paul (1885-1977), una de las primeras mujeres en asistir a la universidad. Estudió sociología en la Universidad de Pensilvania y luego viajó a Londres para hacer un doctorado en economía y ciencias políticas. Fue una gran defensora del sufragio femenino y en 1916 fundó el Partido de Mujeres (NWP, por sus siglas en inglés). Luchó por incluir en la Constitución de 1923, una enmienda para que el derecho a la igualdad de la mujer, frente a los derechos del hombre, fuese aprobada. La enmienda fue incluida en 1972, cinco años antes de su muerte. Junto con Alice Paul luchó otra gran mujer, Lucy Burns (1879-1966), juntas enfrentaron a la sociedad de su época y la prisión. Todas estas mujeres lograron una ruptura radical con las costumbres de su época y sembraron las bases de la sociedad contemporánea.
Y si bien cada sufragista jugó un papel clave en la reivindicación de los derechos políticos de las mujeres, debe destacarse a la alemana Clara Zetkin, creadora del Día Internacional de la Mujer. Normalmente se ha creído que el 8 de marzo conmemora el incendio en el que habrían perecido 129 obreras de una fábrica textil de Nueva York, Estados Unidos, incendio que habría sido provocado por el dueño para acabar de raíz la huelga inminente de las trabajadoras que luchaban por mejores condiciones laborales y el cual tuvo lugar en 1857. Sin embargo, hay otra fecha que alude también a una fábrica ardiendo con 146 obreras dentro, la mayoría de ellas de origen judío e italiano, es la del 25 de marzo 1911. Incendio que habría sido provocado por un corto circuito y en las que las empleadas quedaron atrapadas. Pero en realidad quien concibe el Día Internacional de la Mujer, es esta valiente mujer llamada Clara Zetkin, quien había ingresado al Partido Socialdemócrata en 1881 y en 1890 creó la sección femenina del partido. Luego pasó a formar parte del partido Comunista Alemán. En la Primera Guerra Mundial se unió a un movimiento pacifista con su amiga y colaboradora Rosa Luxemburgo (1870-1919) y en 1915 realizó en Berlín una Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la Guerra. Su actividad militante y su posición antibélica la condujeron varias veces a la prisión. Fue una férrea defensora de los derechos de la mujer y de su derecho al sufragio universal. Clara Setkin presenta una propuesta en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que había sido llevada a cabo en agosto de 1910, y cuya idea había surgido por el Woman’s day, que venía celebrándose en Estados Unidos desde 1908 por las sufragistas, como una clara reivindicación de sus derechos a ser consideradas ciudadanas de primera y dejar a un lado la errónea imagen de ama de casa que el ala conservadora y religiosa había defendido hasta la saciedad: la mujer como garante de la reproducción y conservación de la familia; negándole la participación en procesos económicos, políticos y sociales.
Es así como el 19 de marzo de 1911 se lleva a cabo la primera celebración del Día Internacional de la Mujer; en 1914 la fecha se pasa para el día 8. Otro acontecimiento importante, silenciado por la historia oficial, es la protesta de las mujeres rusas el 8 de marzo de 1917, a causa de la escasez de alimentos, lo que desencadenó el movimiento de masas conocido como la Revolución de Octubre del mismo año. En 1975 la ONU, declara, sin hacer alusión a este acontecimiento, el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer y reconoce la figura de Clara Zetkin como su creadora. El 19 de marzo de 1911 pasó a la historia como una jornada donde más de un millón de mujeres, en diferentes ciudades europeas, salió a la calle para exigir su derecho al voto, a la educación y al trabajo y en la que también se denunciaba la discriminación laboral. La manifestación se había llevado a cabo, exitosamente, en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria, lo que mostraba a qué punto la mujer era capaz de aglutinar fuerzas y de hacer valer sus derechos.
No obstante, las mujeres que combatían la inequidad y el sometimiento ancestral al poder masculino eran muy pocas. La mayor parte de la población femenina occidental no participó y cuando lo hizo fue en su contra. Es el caso de la Liga Nacional de Mujeres Anti-Sufragio, creada en 1908, y presidida por la novelista Mary Ward (1851-1920). La Liga rechazaba de plano el derecho al sufragio de las mujeres, con argumentos tan traídos de la cabeza, como era el de “no querer aceptar más cargas de las ya impuestas”. El derecho al sufragio femenino no fue otorgado fácilmente, ni se dio al mismo tiempo en todos los países. El primer país en otorgarlo fue Nueva Zelanda en 1893, seguido de Australia en 1901. En Europa, fue Finlandia en 1906, España en 1931, Francia en 1957 y Suiza en 1971. En América, el primer país en concederlo fue Canadá en 1918 y Estados Unidos en 1920. En Colombia en 1954 -paradójicamente fue bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla que este derecho fue otorgado a las mujeres-. Y mientras todas estas luchas se daban, los hombres seguían insistiendo en sus prerrogativas patriarcales, como lo siguen haciendo hoy en día. Los salarios de las mujeres siguen siendo inferiores al de los hombres, sin tener en cuenta ni la formación ni la capacidad de unos y otros. La jornada laboral de la mujer sigue siendo más larga que la del hombre, ya que el trabajo de la casa, el cuidado de los hijos, la supervisión de los deberes escolares, siguen estando en gran medida en manos de la mujer. La mujer conquistó el derecho a la educación, a trabajar fuera del hogar y a ganar un salario que le permitiese mejorar su nivel de vida y el de su familia; pero al mismo tiempo incrementó su tiempo de trabajo. Y si hago esta acotación, es para afirmar que aún nos queda un largo camino para recorrer, que debemos seguir luchando por nuestros derechos, pero sobre todo que debemos educar a nuestros hijos con una conciencia de igualdad y de respeto; ya que muchas veces somos las mismas mujeres las que perpetuamos la tradición de una sociedad machista, intolerante e injusta.
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jueves, 23 de diciembre de 2010
NO HAY SILENCIO QUE NO TERMINE
“No hay silencio que no termine”, es un verso de Pablo Neruda, que pareciera que hubiese sido escrito para darle un título al libro de Ingrid Betancourt. Confieso que no he sentido ningún deseo de leer los testimonios que desde hace aproximadamente dos años están apareciendo en las librerías colombianas, supuestamente escritos por las personas que han sufrido el oprobio del secuestro. No obstante, la entrevista de Héctor Abad Faciolince a la autora, y su comentario lúcido, como todo lo que él dice o escribe, que se trata de una verdadera obra literaria, me sembró el interés por su lectura; el cual se incrementó con el artículo de Santiago Gamboa. Sin embargo, es sólo ahora que lo he leído (diciembre 2010). La razón de la espera es muy simple, deseaba hacerlo en la lengua en la que originalmente fue concebido, el francés; por lo que debía esperar para poder adquirirlo. Lo que fue posible ya que desde hace unas semanas estoy en Francia. Lo leí en un espacio de 7 días, no le dediqué las horas de lectura que normalmente hago cuando el libro me apasiona. Lo leí despacio, tratando de sumergirme en el horror descrito en las 689 páginas de “Même le silence a une fin”, Ediciones Gallimard, 2010.
Mi relación con Ingrid ha pasado por diferentes etapas, primero de una gran admiración por su valentía, me refiero a las huelgas de hambre que hizo en el Senado colombiano o como cuando se postuló como candidata a la Presidencia de la República. Seguí con mucho interés su campaña, en la que creo recordar que distribuía condones en la calle; uno de los aspectos que influyó en mi decisión de votar por ella, ya que apruebo las posturas contestarias. Pero cuando fue secuestrada, debo confesarlo, sentí cólera y rechazo, ya que creía que ella había buscado ser secuestrada, no para quedarse 6 ½ años de su vida pudriéndose en la selva, sino para ser liberada en 48 o 72 horas con un comunicado de las FARC, lo que en ese entonces sucedía con alguna frecuencia, y lo que habría aumentado su popularidad. Durante esos años de infortunio me llegó a desestabilizar que sólo preguntaran por ella; ya que era consciente que habían muchas otras personas que estaban sufriendo el mismo calvario. Pero luego hubo un cambio en mi actitud. Cuando viajé a Francia en 2005 y vi su rostro en las Alcaldías de ciudades y pueblos por los que pasaba, entendí que ella visibilizaba la infamia del secuestro. Poco tiempo después yo misma hacía parte de uno de los grupos de apoyo a Ingrid Betancourt. El día de su liberación lloré, sentí que el terror que había vivido, era el mismo que mi país ha experimentado en esta larga guerra fratricida en la que estamos inmersos hace ya más de cincuenta años.
“No hay silencio que no termine”, es un libro muy bien escrito, con una gran riqueza de lenguaje, que muestra el gran dominio que Ingrid tiene del francés. No obstante, no pude sumergirme en él como yo lo hubiese esperado. Creo que le falta “alma”, es posible que sea a causa de la lengua en el que originariamente fue escrito. Es como si la autora hubiese querido utilizar un filtro que la protegiese de los recuerdos del cautiverio. No hay que olvidar que la lengua materna de Ingrid Betancourt es el castellano. Y al filtrar las palabras en un idioma que es más lógico que el nuestro, aunque sea también de origen latino, permitió que el dolor se atenuara. Ese filtro, al llegar a mí, volvió a operar. Lo leí con sangre fría, antes de leerlo creí que iba a llorar, que me iba a estremecer pensando en la ignominia que le había tocado enfrentar y a la cual yo jamás podría sobrevivir. Pero no, no lloré, ni se me puso la carne de gallina. El velo que Ingrid utilizó para no exponer su dolor en una vitrina como si fuese una herida supurante, sino más bien como un velo de una textura fina, cuyo material es el pudor, le permitió mostrar la adversidad y el delirio humano. Pienso que esa es la gran estrategia literaria que hace que su libro no sea un simple testimonio de una víctima, sino un libro sobre la condición humana.
“No hay silencio que no termine”, nos muestra la vileza en toda su dimensión. Es un fresco de las bajezas y de la humillación, a las que somos capaces de llegar cuando la frontera entre la razón y la locura se hace tan tenue como una simple vara en la que caminamos como funámbulos. Pero también es el fresco del deseo de poder que puede apoderarse de nosotros cuando somos incapaces de ver en el otro a un ser humano con nuestras mismas debilidades, necesidades, angustias. Estoy convencida que para las FARC este libro es un golpe enorme, como si se tratase de un bombardeo de gran magnitud; puesto que nos muestra que todo el supuesto argumento “revolucionario” y “los deseos por una sociedad más justa y equitativa” son una gran falacia en el corazón de una guerrilla que hace tiempo está en los estertores de una enfermedad terminal, pero que por una u otra razón, se niega a morir. Aunque todos conocemos la verdadera razón. Sabemos que el narcotráfico, la guerra y las ganancias, con multitud de ceros a la derecha, evitan que haya una luz al final del túnel.
Mi relación con Ingrid ha pasado por diferentes etapas, primero de una gran admiración por su valentía, me refiero a las huelgas de hambre que hizo en el Senado colombiano o como cuando se postuló como candidata a la Presidencia de la República. Seguí con mucho interés su campaña, en la que creo recordar que distribuía condones en la calle; uno de los aspectos que influyó en mi decisión de votar por ella, ya que apruebo las posturas contestarias. Pero cuando fue secuestrada, debo confesarlo, sentí cólera y rechazo, ya que creía que ella había buscado ser secuestrada, no para quedarse 6 ½ años de su vida pudriéndose en la selva, sino para ser liberada en 48 o 72 horas con un comunicado de las FARC, lo que en ese entonces sucedía con alguna frecuencia, y lo que habría aumentado su popularidad. Durante esos años de infortunio me llegó a desestabilizar que sólo preguntaran por ella; ya que era consciente que habían muchas otras personas que estaban sufriendo el mismo calvario. Pero luego hubo un cambio en mi actitud. Cuando viajé a Francia en 2005 y vi su rostro en las Alcaldías de ciudades y pueblos por los que pasaba, entendí que ella visibilizaba la infamia del secuestro. Poco tiempo después yo misma hacía parte de uno de los grupos de apoyo a Ingrid Betancourt. El día de su liberación lloré, sentí que el terror que había vivido, era el mismo que mi país ha experimentado en esta larga guerra fratricida en la que estamos inmersos hace ya más de cincuenta años.
“No hay silencio que no termine”, es un libro muy bien escrito, con una gran riqueza de lenguaje, que muestra el gran dominio que Ingrid tiene del francés. No obstante, no pude sumergirme en él como yo lo hubiese esperado. Creo que le falta “alma”, es posible que sea a causa de la lengua en el que originariamente fue escrito. Es como si la autora hubiese querido utilizar un filtro que la protegiese de los recuerdos del cautiverio. No hay que olvidar que la lengua materna de Ingrid Betancourt es el castellano. Y al filtrar las palabras en un idioma que es más lógico que el nuestro, aunque sea también de origen latino, permitió que el dolor se atenuara. Ese filtro, al llegar a mí, volvió a operar. Lo leí con sangre fría, antes de leerlo creí que iba a llorar, que me iba a estremecer pensando en la ignominia que le había tocado enfrentar y a la cual yo jamás podría sobrevivir. Pero no, no lloré, ni se me puso la carne de gallina. El velo que Ingrid utilizó para no exponer su dolor en una vitrina como si fuese una herida supurante, sino más bien como un velo de una textura fina, cuyo material es el pudor, le permitió mostrar la adversidad y el delirio humano. Pienso que esa es la gran estrategia literaria que hace que su libro no sea un simple testimonio de una víctima, sino un libro sobre la condición humana.
“No hay silencio que no termine”, nos muestra la vileza en toda su dimensión. Es un fresco de las bajezas y de la humillación, a las que somos capaces de llegar cuando la frontera entre la razón y la locura se hace tan tenue como una simple vara en la que caminamos como funámbulos. Pero también es el fresco del deseo de poder que puede apoderarse de nosotros cuando somos incapaces de ver en el otro a un ser humano con nuestras mismas debilidades, necesidades, angustias. Estoy convencida que para las FARC este libro es un golpe enorme, como si se tratase de un bombardeo de gran magnitud; puesto que nos muestra que todo el supuesto argumento “revolucionario” y “los deseos por una sociedad más justa y equitativa” son una gran falacia en el corazón de una guerrilla que hace tiempo está en los estertores de una enfermedad terminal, pero que por una u otra razón, se niega a morir. Aunque todos conocemos la verdadera razón. Sabemos que el narcotráfico, la guerra y las ganancias, con multitud de ceros a la derecha, evitan que haya una luz al final del túnel.
jueves, 21 de octubre de 2010
GUIOMAR CUESTA ESCOBAR Y SU CASILDEA DE VANDALIA
CASILDEA DE VANDALIA O EL ALTER EGO DE GUIOMAR CUESTA ESCOBAR
Para los amantes y conocedores de la poesía el nombre de Guiomar Cuesta Escobar hace parte de su patrimonio cultural. Sus 16 libros publicados, a lo largo de treinta años de producción continua, más los premios nacionales e internacionales obtenidos, le han asegurado un lugar permanente en el estrado de la letras colombianas, hispanoamericanas y en las letras universales; lo que le ha asegurado un puesto en la Academia Colombiana de la lengua, de la que forma parte desde hace seis años y desde hace un año pertenece a la Academia de la Historia; otra presea más a su ya importante carrera literaria. Es por ello que su presencia el 17 de marzo de 2009, en el Teatro Los Fundadores, de la ciudad de Manizales, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, fue un verdadero acierto; sobre todo en una ciudad en la que raras veces hacen presencia escritoras reconocidas. Ese día, los espectadores allí presentes, tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación de su último libro Casildea de Vandalia. Cuyos cinco primeros capítulos le valieron el accésit al I Premio de Poesía María Fulmen, de la ciudad de Sevilla, España, 2005. Galardón que se viene a sumar a otros con los que ya cuenta en su rica trayectoria poética. En la contracarátula del libro puede leerse que el jurado le otorgó el accésit “por la belleza de su obra poética y el homenaje a la obra de Cervantes”.
Este libro, de inconmensurable belleza, es el fruto de una larga gestación poética, nada menos que 11 años de investigación, de lectura, de creación, de recreación poética. Proceso que rompe con la falsa creencia popular de la inspiración súbita en una noche de luna llena o de una escritura dictada por las musas. Y si bien es cierto que la creación literaria puede ir acompañada de momentos de gran sensibilidad, también es cierto que nadie nace escritor, uno se hace escritor, para retomar la célebre frase de Simone de Beauvoir: “uno no nace mujer, uno se hace mujer”. El conocimiento del lenguaje, el manejo de las imágenes poéticas, la musicalidad de los versos, la fuerza de las palabras, no se improvisan. Por el contrario, un escritor debe trabajar arduamente para lograr un mínimo de condiciones literarias que le permitan lograr la calidad estética necesaria para que su obra literaria sea reconocida; y trabajar más arduamente aún para que el conjunto de su obra, o una parte de la misma, se convierta en una verdadera obra de arte y para que pase a la posteridad.
Y Guiomar Cuesta Escobar lo ha logrado con Casildea de Vandalia. A mi modo de ver es su obra cumbre, difícil, aunque no imposible, de emular o de superar. Es una obra producto de la madurez literaria de la autora y donde convergen múltiples disciplinas. A saber: la antropología cultural, la sociología, la historia, la reflexión sobre la condición femenina y por ende de la condición humana, la investigación literaria, la intertextualidad, el intento de hacer una autobiografía poética y la exploración de la propia historia familiar de la poeta; así como la búsqueda permanente de la belleza poética, e incluso, lo que yo llamaría arqueología literaria.
Pero antes de elucidar todos esos conceptos se hace imperioso hacer un breve recuento del libro: ¿Cómo surgió?, ¿Quién es Casildea de Vandalia y cuál es su desarrollo literario? Para lo cual nos tendríamos que remitir a su alter ego, a la poeta Guiomar Cuesta Escobar, que le ha dado vida a este personaje minimizado y ridiculizado en la obra cervantina. Tratemos, entonces, de responder a estas interrogantes:
1. ¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? y ¿quién es Casildea de Vandalia?
Para ello habría que tener en cuenta a la propia autora, quien cuenta, llena de alborozo y de admiración por Miguel de Cervantes Saavedra, como hace doce años, releyendo la obra magna de la literatura española, Don quijote de la Mancha, su atención recayó en un personaje femenino, de nombre Casildea, al que pocas veces se hace referencia o sobre el cual la mayoría de las personas ni siquiera se detiene a pensar quién es o qué hace en dicho libro. Casildea, es la amada del Señor del Bosque o Señor de los Espejos; para quien ella es “la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe”. Para una mujer, como Guiomar Cuesta Escobar, que ha hecho de su vida una permanente reivindicación de género, una mujer, a la que el Señor del Bosque considera “que sus embustes le gruñen en las entrañas”, no podía pasar desapercibida:
“Por eso llegué a la vida muda/ privada de la voz/con la lengua atada/
a las profundidades del planeta/ por culpa de los aborrecidos inventos/ del Señor del bosque”.(Casildea de Vandalia, pág. 42)
Mientras que el nombre de Dulcinea del Toboso es un referente universal, el de Casildea de Vandalia es ignorado y borrado de la memoria colectiva; al mismo tiempo que carece de estudios literarios que enaltezcan a este personaje tan singular y a la vez tan vilipendiado. Al ser muda, no puede defenderse de los ataques que le hace el Señor de los Espejos; así que, incólume, ve pasar los siglos sin poder defenderse, ni hacer uso de la palabra y sin poder dar a conocer toda la sapiencia que ha ido atesorando con el correr de los tiempos.
“cuatrocientos años enterrada en el olvido…
… con mi lengua aferrada al fondo del océano/ y los labios
clausurados por la más penosa herencia…/ este largo cautiverio/ donde triste gimo y lloro/ mi prolongado destierro/ comprendí –por los siglos de los siglos-/ mi inexplicable mudez”.(Casildea de Vandalia, pág.104)
Y es Guiomar Cuesta Escobar, la poeta, artífice de las palabras, tejedora de historias, testigo del dolor humano, pero también de sus alegrías, la que va a concederle a Casildea de Vandalia el don de la palabra. Mucho se ha dicho que el poeta es un ser “escogido” para contarnos a los seres terrenales las desdichas y los alborozos que suelen poblar la historia, así como los mitos y las leyendas. Pablo Neruda lo dice así en su obra Canto General:
“Yo estoy aquí para contar la historia…
Yo incásico del légamo”
Son tus palabras en mi boca
Las que resbalan, el canto nocturno
Mezclado con lluvia y follaje”...
“Del aire al aire, como una red vacía
Iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo.”
Y Guiomar Cuesta Escobar, heredera del enorme legado poético de la lengua hispana (1), ha sabido recoger en su recipiente de barro las palabras y las imágenes nerudianas, para reelaborarlas y crear otro mundo cosmogónico como el que nos presenta Neruda en "La lámpara en la tierra"; al mismo tiempo que hace alusión a la historia, al tiempo lineal, a la mejor manera de Los conquistadores.
Guiomar Cuesta Escobar, la chamana, no sólo le otorga el poder de la palabra a Casildea de Vandalia, sino que la transforma en una caballeresa andante, en una quijote femenina, y la pone a trasegar por el mundo, hasta traerla a América, en busca de su editora; descendiente del primer editor del Quijote de la Mancha, Juan de la Cuesta:
“Yo salí de mi patria a buscar reinos extraños/ quien me albergase y recogiese/ y habiéndola hallado en América del sur/ volví en este hábito de peregrina/ a buscar a mi editora/ y a desenterrar muchas riquezas/ que llevo adentro escondidas”.
Y luego, emulando a Alejo Carpentier, la poeta-chamana(2)la envía en busca de sus orígenes africanos, la hace emprender un viaje a la semilla, un retorno al útero, un viaje sagrado a las entrañas mismas del origen de la vida:
“Ya iniciaré el viaje a mi semilla
Para dar cuenta de toda esa maldad
que me postra y desaparece
como a tantas y tantas mujeres…”
Este regreso a los orígenes es bastante importante, ya que el sentimiento de bastardía del pueblo latinoamericano nos sigue lacerando, como si la violación del conquistador, a las mujeres aborígenes, se perpetuara una y otra vez en cada una de nosotras. Saber de dónde venimos, tener la certeza de quiénes somos, nos permite trazar una senda para no volvernos a extraviar:
“¿De cuál de estas vetas
fuimos extraídos?
¿De cuál cantera
fue arrancado el ser humano?”)
Versos que nos recuerdan la maravillosa cosmogonía de "Canto General":
“Como la copa de la arcilla era
La raza mineral, el hombre
Hecho de piedras y de atmósfera,
Limpio como los cántaros, sonoro.
La luna amasó a los caribes.”
Y al igual que Pablo Neruda, Guiomar Cuesta Escobar, consciente de su papel como poeta, sabe que ha sido “elegida”(3)y que su destino es proteger y velar por Casildea, la desposeída de la palabra, pero indómita y valiente como una guerrera:
“Me instruyeron en el misterio
de aquella vedada ceremonia
y viajé a las entrañas del terror
a liberar cual leona
a esta Mujer de ballesta y espada.”
Casildea, se convierte así en la representación muda de todas las mujeres ignoradas, mancilladas, vejadas, abandonadas; que claman por ser liberadas del yugo milenario que ha significado la opresión masculina:
“Casildea escucha
el rugido de una leona
profundo clamor de sus raíces
centurias y milenios
que liberan de nuevo
su cordón de plata.”
Y más adelante:
“¡Cuántos gritos silenciados
murieron en su garganta!
¡cuántos horrores
conoció su cuerpo!”
El cuerpo de todas, el dolor de todas, el infortunio de todas. Casildea es la caballeresa andante que busca liberarnos de todos los oprobios, que busca redimirnos y devolvernos nuestra dignidad humana. Es la caballeresa que lleva en su yelmo inscrita la lucha por la condición femenina; que no es otra que la lucha por la condición humana:
“Las mujeres hemos compuesto
nuestros mejores poemas
en lengua nativa
y han florecido y se preservan
a pesar de todas las falacias.”
Y para lograrlo, Casildea, en un rito iniciático, se purifica a sí misma y al hacerlo purifica, a su vez, a todo el género humano:
“Me bañé en el torrente de Val-andaluz/hasta borrar las huellas de esa historia que cargo a mis espaldas
milenios de terror -desprecio- y abandono.”
Baño(4)que le permite darnos la palabra a todas y liberarnos de la ignominia sufrida desde tiempos inmemoriales:
“Se rompen siglos de soledad
milenios de ataduras
ceguera y mordaza
tiranía de principados
huestes espirituales dueñas de la muerte.”
Al mismo tiempo que nos hace dadoras de vida, protectoras de la palabra, guerreras del conocimiento:
“Y el hoy le señala un único camino
la nueva tierra que se abre a su paso
terreno abonado
día a día y en reposo
pronto verá la cosecha”.
En toda esta parte cosmogónica, también están implícitas la historia y la sociología. Si bien el texto poético es mitad mito, mitad leyenda, también hace referencia a la historia latinoamericana y a su pueblo. Casildea de Vandalia bucea en las raíces del pueblo latinoamericano. En él encontramos al aborigen de estas tierras indómitas y hermosas:
“En la mano te deja su esmeralda
una Maga de Muzo.”
Pero también al descendiente del conquistador de yelmo y espada:
“Este caballero e hijodalgo
salvó a algunas de aquellas grandes mujeres / mineras de Vandalia
con su gran conocimiento de las rocas
y de los yacimientos de carbón y oro.”
Y encontramos al esclavo, raptado de otras tierras no menos indómitas y hermosas, el África negra:
“La misma oscuridad
que rayó el horizonte de Micaela
cuando zarpó hacia su nueva tierra
y tocó fondo...
Era el abismo que la transformaría
en esclava liberta.”
El libro de Guiomar Cuesta Escobar, es un canto a la vida, al hombre, sin distinción de colores, donde todas las etnias se conjugan en una sola; donde las raíces del árbol se transforman en una sola, es decir en su tronco. Georges Deleuze decía que el verdadero futuro de Europa estaba en la mezcla de las diversas raíces culturales que anidan en el mal llamado Tercer Mundo. Ese árbol puede ser una ceiba o un baobab, pero también un roble, árboles sagrados para infinidad de pueblos y culturas, y a través de todos los tiempos:
“el inmenso roble sintió
que a su tronco se aferraba
una planta de tallo muy delgado…
Casildea regresó a saludar a su árbol
a confiarle sus cuitas…
conmovida
entró en un diálogo sustancial
con su amado roble…”
Estos versos nos recuerdan a Mircea Eliade, el gran historiador de las religiones, y a su análisis del árbol: “la imagen del árbol no se ha escogido únicamente para simbolizar el Cosmos, sino también para expresar la vida, la juventud, la inmortalidad, la sabiduría. … el árbol ha llegado a expresar todo lo que el hombre religioso considera real y sagrado por excelencia, todo cuanto sabe que los dioses poseen por su propia naturaleza y que no es sino rara vez accesible a individuos privilegiados, héroes y semidioses.”
Los árboles son también la representación del axis-mundi, y éste, a su vez, es el pilar que sostiene el mundo y el que permite el paso del iniciado a los otros mundos, allí donde moran los espíritus, los dioses y a veces los ancestros. Es la puerta, o puente, al espacio sagrado y al atravesarla se deja atrás el mundo terrenal o profano:
“Cuando comencé a dibujar el árbol…
cuando el universo viaja
y su giro
nos lanza a otra esfera
más allá de la conciencia
me di a la tarea de travesar el bosque
y escuchar desde mi interior
el concierto de aves
y el manantial.”
En esa búsqueda incesante y apasionada de las raíces, Guiomar Cuesta Escobar nos habla de sus ancestros:
“tuve que rastrear los descendientes
De Juan de la Cuesta
y supe que una rama había emigrado
hacia Sur América.”
Al mismo tiempo que escribe su propia autobiografía:
“Mi editora
aguerrida como su bisabuela
tremenda como ella
que se batió con el oro y emprendió
su heroica batalla…”
Por otra parte el libro Casildea de Vandalia es fruto de una verdadera investigación literaria, donde se observa el rigor investigativo de la autora, y su disciplina a la hora de escribir y de buscar las fuentes que enriquecen su obra poética. Puesto que Guiomar Cuesta Escobar, es consciente que su poesía es producto del legado milenario de otros creadores, e incluso sabe que ella misma es producto de la cultura y tradición judea-cristianas; de allí su profundo conocimiento de La Biblia; a la que hace referencia a todo lo largo del libro de Casildea de Vandalia. Las citas, cuidadosamente escogidas, enriquecen considerablemente el texto, ya que se establece un diálogo entre la poeta y sus colegas. Esta intertextualidad enriquece el texto poético y nos muestra, en toda su dimensión, la erudición de Guiomar Cuesta Escobar.
Otro de los aspectos que debe resaltarse, en cuanto al arduo trabajo de investigación se refiere, es los que yo he llamado “arqueología literaria”; ya que en el libro, objeto de este análisis, encontramos el estilo de las crónicas de Indias. Ese estilo, que ya no se usa –estila, sería la palabra adecuada-, sigue siendo de una gran vigencia estética y nos corrobora, una vez más, la sapiencia de Guiomar Cuesta Escobar y la libertad poética de la que hace gala a la hora de plasmar con su pluma, su rica e inconmensurable cosmogonía; haciendo que el lector sea partícipe de ese mundo imaginario y tan personal. Esa es la magia de la literatura, la magia de poder vibrar con las imágenes poéticas que el “elegido” ha utilizado para hacernos vivir e incluso transformar nuestra propia visión del mundo.
Para terminar, no puedo dejar pasar por alto la belleza del lenguaje poético utilizado por la autora de Casildea de Vandalia. No en vano Guiomar Cuesta, al igual que su Casildea, ha sido nombrada miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, en su caso preciso no de Vandalia, sino de Colombia. Honor anhelado por muchos, siendo muy pocos los escogidos.
Citas bibliográficas:(1) Para Gaston Bachelard “El soñador* aislado guarda dentro de sí valores oníricos ligados a su idioma; guarda dentro de sí la poesía propia a su lengua y a su cultura. Al aplicar las palabras a las cosas, las puede poetizar. … El poeta más innovador, al explotar el sueño más liberal de las costumbres sociales, transporta en sus poemas los gérmenes que vienen del fondo social de la lengua.”
BACHELARD, Gaston. L’eau et les rêves. Essai sur l’imagination de la matière. Librairie José Corti. 1974. Página 182. *Nota: léase poeta. (Traducción libre de la autora del ensayo).
(2)Para Mircea Eliade “el chamán es un mago y un hombre-médico: se cree que puede curar, como todos los médicos, y efectuar milagros fakíricos, como todos los magos, sean primitivos o modernos. Pero es, además, psicopompo, y puede ser también un sacerdote, místico y poeta”.
ELIADE, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Fondo de Cultura Económica. México, primera reimpresión, 1982. Página 21.
(3)Para Gaston Bachelard el agua “se ofrece como un símbolo natural de pureza; ella se erige en una psicología de la purificación. …El agua transparente es una tentación constante para el simbolismo de la pureza. El ser humano puede encontrar, sin necesidad de un guía o de una convención social, esta imagen natural.”
Ibid. Página 181-182. (Traducción libre de la autora del ensayo).
(4)ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Labor/Punto Omega. Barcelona, 5ª edición, 1983. Página 128. (El subrayado es del autor).
BIBLIOGRAFÍA
BACHELARD, Gaston. L’eau et les rêves. Essai sur l’imagination de la matière. Librairie José Corti. 1974
ELIADE, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Fondo de Cultura Económica. México.,Primera reimpresión, 1982. Página 21
NERUDA, Pablo, Canto General
Para los amantes y conocedores de la poesía el nombre de Guiomar Cuesta Escobar hace parte de su patrimonio cultural. Sus 16 libros publicados, a lo largo de treinta años de producción continua, más los premios nacionales e internacionales obtenidos, le han asegurado un lugar permanente en el estrado de la letras colombianas, hispanoamericanas y en las letras universales; lo que le ha asegurado un puesto en la Academia Colombiana de la lengua, de la que forma parte desde hace seis años y desde hace un año pertenece a la Academia de la Historia; otra presea más a su ya importante carrera literaria. Es por ello que su presencia el 17 de marzo de 2009, en el Teatro Los Fundadores, de la ciudad de Manizales, con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer, fue un verdadero acierto; sobre todo en una ciudad en la que raras veces hacen presencia escritoras reconocidas. Ese día, los espectadores allí presentes, tuvimos la oportunidad de asistir a la presentación de su último libro Casildea de Vandalia. Cuyos cinco primeros capítulos le valieron el accésit al I Premio de Poesía María Fulmen, de la ciudad de Sevilla, España, 2005. Galardón que se viene a sumar a otros con los que ya cuenta en su rica trayectoria poética. En la contracarátula del libro puede leerse que el jurado le otorgó el accésit “por la belleza de su obra poética y el homenaje a la obra de Cervantes”.
Este libro, de inconmensurable belleza, es el fruto de una larga gestación poética, nada menos que 11 años de investigación, de lectura, de creación, de recreación poética. Proceso que rompe con la falsa creencia popular de la inspiración súbita en una noche de luna llena o de una escritura dictada por las musas. Y si bien es cierto que la creación literaria puede ir acompañada de momentos de gran sensibilidad, también es cierto que nadie nace escritor, uno se hace escritor, para retomar la célebre frase de Simone de Beauvoir: “uno no nace mujer, uno se hace mujer”. El conocimiento del lenguaje, el manejo de las imágenes poéticas, la musicalidad de los versos, la fuerza de las palabras, no se improvisan. Por el contrario, un escritor debe trabajar arduamente para lograr un mínimo de condiciones literarias que le permitan lograr la calidad estética necesaria para que su obra literaria sea reconocida; y trabajar más arduamente aún para que el conjunto de su obra, o una parte de la misma, se convierta en una verdadera obra de arte y para que pase a la posteridad.
Y Guiomar Cuesta Escobar lo ha logrado con Casildea de Vandalia. A mi modo de ver es su obra cumbre, difícil, aunque no imposible, de emular o de superar. Es una obra producto de la madurez literaria de la autora y donde convergen múltiples disciplinas. A saber: la antropología cultural, la sociología, la historia, la reflexión sobre la condición femenina y por ende de la condición humana, la investigación literaria, la intertextualidad, el intento de hacer una autobiografía poética y la exploración de la propia historia familiar de la poeta; así como la búsqueda permanente de la belleza poética, e incluso, lo que yo llamaría arqueología literaria.
Pero antes de elucidar todos esos conceptos se hace imperioso hacer un breve recuento del libro: ¿Cómo surgió?, ¿Quién es Casildea de Vandalia y cuál es su desarrollo literario? Para lo cual nos tendríamos que remitir a su alter ego, a la poeta Guiomar Cuesta Escobar, que le ha dado vida a este personaje minimizado y ridiculizado en la obra cervantina. Tratemos, entonces, de responder a estas interrogantes:
1. ¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? y ¿quién es Casildea de Vandalia?
Para ello habría que tener en cuenta a la propia autora, quien cuenta, llena de alborozo y de admiración por Miguel de Cervantes Saavedra, como hace doce años, releyendo la obra magna de la literatura española, Don quijote de la Mancha, su atención recayó en un personaje femenino, de nombre Casildea, al que pocas veces se hace referencia o sobre el cual la mayoría de las personas ni siquiera se detiene a pensar quién es o qué hace en dicho libro. Casildea, es la amada del Señor del Bosque o Señor de los Espejos; para quien ella es “la más hermosa y la más ingrata mujer del orbe”. Para una mujer, como Guiomar Cuesta Escobar, que ha hecho de su vida una permanente reivindicación de género, una mujer, a la que el Señor del Bosque considera “que sus embustes le gruñen en las entrañas”, no podía pasar desapercibida:
“Por eso llegué a la vida muda/ privada de la voz/con la lengua atada/
a las profundidades del planeta/ por culpa de los aborrecidos inventos/ del Señor del bosque”.(Casildea de Vandalia, pág. 42)
Mientras que el nombre de Dulcinea del Toboso es un referente universal, el de Casildea de Vandalia es ignorado y borrado de la memoria colectiva; al mismo tiempo que carece de estudios literarios que enaltezcan a este personaje tan singular y a la vez tan vilipendiado. Al ser muda, no puede defenderse de los ataques que le hace el Señor de los Espejos; así que, incólume, ve pasar los siglos sin poder defenderse, ni hacer uso de la palabra y sin poder dar a conocer toda la sapiencia que ha ido atesorando con el correr de los tiempos.
“cuatrocientos años enterrada en el olvido…
… con mi lengua aferrada al fondo del océano/ y los labios
clausurados por la más penosa herencia…/ este largo cautiverio/ donde triste gimo y lloro/ mi prolongado destierro/ comprendí –por los siglos de los siglos-/ mi inexplicable mudez”.(Casildea de Vandalia, pág.104)
Y es Guiomar Cuesta Escobar, la poeta, artífice de las palabras, tejedora de historias, testigo del dolor humano, pero también de sus alegrías, la que va a concederle a Casildea de Vandalia el don de la palabra. Mucho se ha dicho que el poeta es un ser “escogido” para contarnos a los seres terrenales las desdichas y los alborozos que suelen poblar la historia, así como los mitos y las leyendas. Pablo Neruda lo dice así en su obra Canto General:
“Yo estoy aquí para contar la historia…
Yo incásico del légamo”
Son tus palabras en mi boca
Las que resbalan, el canto nocturno
Mezclado con lluvia y follaje”...
“Del aire al aire, como una red vacía
Iba yo entre las calles y la atmósfera, llegando y despidiendo.”
Y Guiomar Cuesta Escobar, heredera del enorme legado poético de la lengua hispana (1), ha sabido recoger en su recipiente de barro las palabras y las imágenes nerudianas, para reelaborarlas y crear otro mundo cosmogónico como el que nos presenta Neruda en "La lámpara en la tierra"; al mismo tiempo que hace alusión a la historia, al tiempo lineal, a la mejor manera de Los conquistadores.
Guiomar Cuesta Escobar, la chamana, no sólo le otorga el poder de la palabra a Casildea de Vandalia, sino que la transforma en una caballeresa andante, en una quijote femenina, y la pone a trasegar por el mundo, hasta traerla a América, en busca de su editora; descendiente del primer editor del Quijote de la Mancha, Juan de la Cuesta:
“Yo salí de mi patria a buscar reinos extraños/ quien me albergase y recogiese/ y habiéndola hallado en América del sur/ volví en este hábito de peregrina/ a buscar a mi editora/ y a desenterrar muchas riquezas/ que llevo adentro escondidas”.
Y luego, emulando a Alejo Carpentier, la poeta-chamana(2)la envía en busca de sus orígenes africanos, la hace emprender un viaje a la semilla, un retorno al útero, un viaje sagrado a las entrañas mismas del origen de la vida:
“Ya iniciaré el viaje a mi semilla
Para dar cuenta de toda esa maldad
que me postra y desaparece
como a tantas y tantas mujeres…”
Este regreso a los orígenes es bastante importante, ya que el sentimiento de bastardía del pueblo latinoamericano nos sigue lacerando, como si la violación del conquistador, a las mujeres aborígenes, se perpetuara una y otra vez en cada una de nosotras. Saber de dónde venimos, tener la certeza de quiénes somos, nos permite trazar una senda para no volvernos a extraviar:
“¿De cuál de estas vetas
fuimos extraídos?
¿De cuál cantera
fue arrancado el ser humano?”)
Versos que nos recuerdan la maravillosa cosmogonía de "Canto General":
“Como la copa de la arcilla era
La raza mineral, el hombre
Hecho de piedras y de atmósfera,
Limpio como los cántaros, sonoro.
La luna amasó a los caribes.”
Y al igual que Pablo Neruda, Guiomar Cuesta Escobar, consciente de su papel como poeta, sabe que ha sido “elegida”(3)y que su destino es proteger y velar por Casildea, la desposeída de la palabra, pero indómita y valiente como una guerrera:
“Me instruyeron en el misterio
de aquella vedada ceremonia
y viajé a las entrañas del terror
a liberar cual leona
a esta Mujer de ballesta y espada.”
Casildea, se convierte así en la representación muda de todas las mujeres ignoradas, mancilladas, vejadas, abandonadas; que claman por ser liberadas del yugo milenario que ha significado la opresión masculina:
“Casildea escucha
el rugido de una leona
profundo clamor de sus raíces
centurias y milenios
que liberan de nuevo
su cordón de plata.”
Y más adelante:
“¡Cuántos gritos silenciados
murieron en su garganta!
¡cuántos horrores
conoció su cuerpo!”
El cuerpo de todas, el dolor de todas, el infortunio de todas. Casildea es la caballeresa andante que busca liberarnos de todos los oprobios, que busca redimirnos y devolvernos nuestra dignidad humana. Es la caballeresa que lleva en su yelmo inscrita la lucha por la condición femenina; que no es otra que la lucha por la condición humana:
“Las mujeres hemos compuesto
nuestros mejores poemas
en lengua nativa
y han florecido y se preservan
a pesar de todas las falacias.”
Y para lograrlo, Casildea, en un rito iniciático, se purifica a sí misma y al hacerlo purifica, a su vez, a todo el género humano:
“Me bañé en el torrente de Val-andaluz/hasta borrar las huellas de esa historia que cargo a mis espaldas
milenios de terror -desprecio- y abandono.”
Baño(4)que le permite darnos la palabra a todas y liberarnos de la ignominia sufrida desde tiempos inmemoriales:
“Se rompen siglos de soledad
milenios de ataduras
ceguera y mordaza
tiranía de principados
huestes espirituales dueñas de la muerte.”
Al mismo tiempo que nos hace dadoras de vida, protectoras de la palabra, guerreras del conocimiento:
“Y el hoy le señala un único camino
la nueva tierra que se abre a su paso
terreno abonado
día a día y en reposo
pronto verá la cosecha”.
En toda esta parte cosmogónica, también están implícitas la historia y la sociología. Si bien el texto poético es mitad mito, mitad leyenda, también hace referencia a la historia latinoamericana y a su pueblo. Casildea de Vandalia bucea en las raíces del pueblo latinoamericano. En él encontramos al aborigen de estas tierras indómitas y hermosas:
“En la mano te deja su esmeralda
una Maga de Muzo.”
Pero también al descendiente del conquistador de yelmo y espada:
“Este caballero e hijodalgo
salvó a algunas de aquellas grandes mujeres / mineras de Vandalia
con su gran conocimiento de las rocas
y de los yacimientos de carbón y oro.”
Y encontramos al esclavo, raptado de otras tierras no menos indómitas y hermosas, el África negra:
“La misma oscuridad
que rayó el horizonte de Micaela
cuando zarpó hacia su nueva tierra
y tocó fondo...
Era el abismo que la transformaría
en esclava liberta.”
El libro de Guiomar Cuesta Escobar, es un canto a la vida, al hombre, sin distinción de colores, donde todas las etnias se conjugan en una sola; donde las raíces del árbol se transforman en una sola, es decir en su tronco. Georges Deleuze decía que el verdadero futuro de Europa estaba en la mezcla de las diversas raíces culturales que anidan en el mal llamado Tercer Mundo. Ese árbol puede ser una ceiba o un baobab, pero también un roble, árboles sagrados para infinidad de pueblos y culturas, y a través de todos los tiempos:
“el inmenso roble sintió
que a su tronco se aferraba
una planta de tallo muy delgado…
Casildea regresó a saludar a su árbol
a confiarle sus cuitas…
conmovida
entró en un diálogo sustancial
con su amado roble…”
Estos versos nos recuerdan a Mircea Eliade, el gran historiador de las religiones, y a su análisis del árbol: “la imagen del árbol no se ha escogido únicamente para simbolizar el Cosmos, sino también para expresar la vida, la juventud, la inmortalidad, la sabiduría. … el árbol ha llegado a expresar todo lo que el hombre religioso considera real y sagrado por excelencia, todo cuanto sabe que los dioses poseen por su propia naturaleza y que no es sino rara vez accesible a individuos privilegiados, héroes y semidioses.”
Los árboles son también la representación del axis-mundi, y éste, a su vez, es el pilar que sostiene el mundo y el que permite el paso del iniciado a los otros mundos, allí donde moran los espíritus, los dioses y a veces los ancestros. Es la puerta, o puente, al espacio sagrado y al atravesarla se deja atrás el mundo terrenal o profano:
“Cuando comencé a dibujar el árbol…
cuando el universo viaja
y su giro
nos lanza a otra esfera
más allá de la conciencia
me di a la tarea de travesar el bosque
y escuchar desde mi interior
el concierto de aves
y el manantial.”
En esa búsqueda incesante y apasionada de las raíces, Guiomar Cuesta Escobar nos habla de sus ancestros:
“tuve que rastrear los descendientes
De Juan de la Cuesta
y supe que una rama había emigrado
hacia Sur América.”
Al mismo tiempo que escribe su propia autobiografía:
“Mi editora
aguerrida como su bisabuela
tremenda como ella
que se batió con el oro y emprendió
su heroica batalla…”
Por otra parte el libro Casildea de Vandalia es fruto de una verdadera investigación literaria, donde se observa el rigor investigativo de la autora, y su disciplina a la hora de escribir y de buscar las fuentes que enriquecen su obra poética. Puesto que Guiomar Cuesta Escobar, es consciente que su poesía es producto del legado milenario de otros creadores, e incluso sabe que ella misma es producto de la cultura y tradición judea-cristianas; de allí su profundo conocimiento de La Biblia; a la que hace referencia a todo lo largo del libro de Casildea de Vandalia. Las citas, cuidadosamente escogidas, enriquecen considerablemente el texto, ya que se establece un diálogo entre la poeta y sus colegas. Esta intertextualidad enriquece el texto poético y nos muestra, en toda su dimensión, la erudición de Guiomar Cuesta Escobar.
Otro de los aspectos que debe resaltarse, en cuanto al arduo trabajo de investigación se refiere, es los que yo he llamado “arqueología literaria”; ya que en el libro, objeto de este análisis, encontramos el estilo de las crónicas de Indias. Ese estilo, que ya no se usa –estila, sería la palabra adecuada-, sigue siendo de una gran vigencia estética y nos corrobora, una vez más, la sapiencia de Guiomar Cuesta Escobar y la libertad poética de la que hace gala a la hora de plasmar con su pluma, su rica e inconmensurable cosmogonía; haciendo que el lector sea partícipe de ese mundo imaginario y tan personal. Esa es la magia de la literatura, la magia de poder vibrar con las imágenes poéticas que el “elegido” ha utilizado para hacernos vivir e incluso transformar nuestra propia visión del mundo.
Para terminar, no puedo dejar pasar por alto la belleza del lenguaje poético utilizado por la autora de Casildea de Vandalia. No en vano Guiomar Cuesta, al igual que su Casildea, ha sido nombrada miembro de la Academia Colombiana de la Lengua, en su caso preciso no de Vandalia, sino de Colombia. Honor anhelado por muchos, siendo muy pocos los escogidos.
Citas bibliográficas:(1) Para Gaston Bachelard “El soñador* aislado guarda dentro de sí valores oníricos ligados a su idioma; guarda dentro de sí la poesía propia a su lengua y a su cultura. Al aplicar las palabras a las cosas, las puede poetizar. … El poeta más innovador, al explotar el sueño más liberal de las costumbres sociales, transporta en sus poemas los gérmenes que vienen del fondo social de la lengua.”
BACHELARD, Gaston. L’eau et les rêves. Essai sur l’imagination de la matière. Librairie José Corti. 1974. Página 182. *Nota: léase poeta. (Traducción libre de la autora del ensayo).
(2)Para Mircea Eliade “el chamán es un mago y un hombre-médico: se cree que puede curar, como todos los médicos, y efectuar milagros fakíricos, como todos los magos, sean primitivos o modernos. Pero es, además, psicopompo, y puede ser también un sacerdote, místico y poeta”.
ELIADE, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Fondo de Cultura Económica. México, primera reimpresión, 1982. Página 21.
(3)Para Gaston Bachelard el agua “se ofrece como un símbolo natural de pureza; ella se erige en una psicología de la purificación. …El agua transparente es una tentación constante para el simbolismo de la pureza. El ser humano puede encontrar, sin necesidad de un guía o de una convención social, esta imagen natural.”
Ibid. Página 181-182. (Traducción libre de la autora del ensayo).
(4)ELIADE, Mircea. Lo sagrado y lo profano. Labor/Punto Omega. Barcelona, 5ª edición, 1983. Página 128. (El subrayado es del autor).
BIBLIOGRAFÍA
BACHELARD, Gaston. L’eau et les rêves. Essai sur l’imagination de la matière. Librairie José Corti. 1974
ELIADE, Mircea. El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Fondo de Cultura Económica. México.,Primera reimpresión, 1982. Página 21
NERUDA, Pablo, Canto General
martes, 28 de septiembre de 2010
ISLA NEGRA
Siempre he creído que uno de los lugares más famosos, al menos para un hispanohablante, es Isla Negra, no importa si se ha estado físicamente o no. Todos los que amamos a Pablo Neruda conocemos su existencia, así como todos conocemos otros lugares míticos, ancorados en lo más profundo de nuestro sistema límbico, como son Macondo, o Santa María o Yoknapatawa. La diferencia, es que Isla Negra existe, pero, contrariamente a lo que uno pudiera creer no es una isla. Está, eso sí al borde del mar, de un mar violento, las olas parecieran ser del tamaño de una casa, y vienen a morir en un acantilado de una hermosura inconmensurable. Son piedras enormes, cuasi míticas, como si el mundo recién despertara de un largo y profundo sopor, como si recién acabase de ser inventado, creado o soñado, o todo a la vez; ¿Por qué, dónde comienza la realidad y donde termina la imaginación? La frontera entre esos dos conceptos es frágil y como un funámbulo transitamos sobre ella, meciéndonos de un lado a otro de esa cuerda que puede romperse al menor descuido.
Hace tres años tuve la oportunidad de visitar la casa que Pablo Neruda construyó como si de un barco se tratara. Una casa nada convencional y en la que difícilmente yo podría vivir. No obstante, la emoción que sentí al visitarla no ha sido nunca equiparada con otras experiencias y otros viajes. El día anterior habíamos estado, mi marido, mi hijo y yo, en “La Chascona”, la casa de Pablo Neruda y Matilde Urrutia, en Santiago. Es de anotar que “chascona” quiere decir “despelucada”; es así como Neruda llamaba a Matilde, la mujer de su vida. Y si bien la visita me había interesado mucho, máxime que fue allí donde la turba enloquecida saqueó la biblioteca de Neruda la noche de su muerte, sin que las fuerzas policiales hicieran algo por proteger el legado del poeta. Recuérdese que Augusto Pinochet acababa de dar su golpe de estado y que Chile entraba en una larga y tenebrosa noche, de la cual aún se hacen esfuerzos enormes por salir de ella y recobrar la cordura que le fue arrebata en la nefasta fecha del 11 de septiembre de 1973. La biblioteca, como todas las construcciones de Neruda, tiene una particularidad bastante extraña. Cuando se penetra en su interior, y se comienza a recorrerla, lo primero que viene a los sentidos es una sensación de mareo, el piso está construido en declive, y los oídos perciben un crujido, el crujido de la madera de un bote en alta mar; de tal forma que al caminar se siente la impresión de estar navegando. No en vano Neruda se llamaba a sí mismo “Marinero en tierra”. Al día siguiente de la visita de Isla Negra, visitamos su tercera casa, “La Sebastiana”, ubicada en Valparaíso. Tiene cuatro pisos, como una torre de Babel que quiere tocar el cielo. Pero es Isla Negra, a una hora de Valparaíso, la casa que hizo que todos los sentimientos de amor, admiración y respeto por Pablo Neruda, salieran a flote. Cuando entré en la sala la guía comenzó a explicar el significado de cada objeto y al ver sus mascarones de proa, traídos de sus viajes, sentí que un quejido profundo salía de mi pecho y que por razones de “urbanidad” debía acallar. Cuando entramos al cuarto que compartía con Matilde Urrutia, al ver su cama, colocada debajo de una ventana sin cortinas, de tal forma que al salir los primeros rayos del sol pudiesen penetrar para que de esa forma fuese despertado y no con el sonido trivial, y a veces de pesadilla, que es un despertador automático. Y al mismo tiempo que los tímidos rayos del sol le besaban las mejillas; sus ojos, al abrirse con el contacto de las manos de la aurora, vieran ese mar indómito que lame las rocas de su casa. Entonces, ya no pude más, y el quejido que trataba de ahogar, de retener en silencio, salió con una furia incontenible. La poesía de Neruda, con la misma que había aprendido a amar, me refiero a “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, o “El hondero entusiasta” o “Los versos del capitán”; o con la que había viajado, pienso en “Alturas de Machu-Picchu”, esa oda latinoamericana, ese lamento visceral, esa búsqueda de nuestros propios orígenes; salió a flote en un llanto que ya no pude controlar. Todas las fotos que registran mi rostro ese día, muestran la pérdida y el dolor, pero también el amor y la esperanza. Por supuesto que también visité la biblioteca. En un corredor largo y estrecho, hay una mesa que el mar le regaló una mañana, una mesa que había naufragado quien sabe por cuánto tiempo. La ubicó al lado de otra ventana, a la que consideraba su cuadro favorito, ya que desde allí vislumbraba su mar. En esta biblioteca está parte de su considerable colección de caracolas marinas, la mayor parte fue donada a la Universidad de Chile, y por supuesto, su colección de botellas. La visita culmina con el paseo obligado del jardín donde están enterrados los dos amantes, al frente del mar. No hay que olvidar que para que ésto fuese posible hubo que esperar largos años, hasta 1992, ya que Pinochet había prohibido que su sepultura ocupase el lugar que el poeta había designado como su lugar preferido para su sueño eterno.
Hace tres años tuve la oportunidad de visitar la casa que Pablo Neruda construyó como si de un barco se tratara. Una casa nada convencional y en la que difícilmente yo podría vivir. No obstante, la emoción que sentí al visitarla no ha sido nunca equiparada con otras experiencias y otros viajes. El día anterior habíamos estado, mi marido, mi hijo y yo, en “La Chascona”, la casa de Pablo Neruda y Matilde Urrutia, en Santiago. Es de anotar que “chascona” quiere decir “despelucada”; es así como Neruda llamaba a Matilde, la mujer de su vida. Y si bien la visita me había interesado mucho, máxime que fue allí donde la turba enloquecida saqueó la biblioteca de Neruda la noche de su muerte, sin que las fuerzas policiales hicieran algo por proteger el legado del poeta. Recuérdese que Augusto Pinochet acababa de dar su golpe de estado y que Chile entraba en una larga y tenebrosa noche, de la cual aún se hacen esfuerzos enormes por salir de ella y recobrar la cordura que le fue arrebata en la nefasta fecha del 11 de septiembre de 1973. La biblioteca, como todas las construcciones de Neruda, tiene una particularidad bastante extraña. Cuando se penetra en su interior, y se comienza a recorrerla, lo primero que viene a los sentidos es una sensación de mareo, el piso está construido en declive, y los oídos perciben un crujido, el crujido de la madera de un bote en alta mar; de tal forma que al caminar se siente la impresión de estar navegando. No en vano Neruda se llamaba a sí mismo “Marinero en tierra”. Al día siguiente de la visita de Isla Negra, visitamos su tercera casa, “La Sebastiana”, ubicada en Valparaíso. Tiene cuatro pisos, como una torre de Babel que quiere tocar el cielo. Pero es Isla Negra, a una hora de Valparaíso, la casa que hizo que todos los sentimientos de amor, admiración y respeto por Pablo Neruda, salieran a flote. Cuando entré en la sala la guía comenzó a explicar el significado de cada objeto y al ver sus mascarones de proa, traídos de sus viajes, sentí que un quejido profundo salía de mi pecho y que por razones de “urbanidad” debía acallar. Cuando entramos al cuarto que compartía con Matilde Urrutia, al ver su cama, colocada debajo de una ventana sin cortinas, de tal forma que al salir los primeros rayos del sol pudiesen penetrar para que de esa forma fuese despertado y no con el sonido trivial, y a veces de pesadilla, que es un despertador automático. Y al mismo tiempo que los tímidos rayos del sol le besaban las mejillas; sus ojos, al abrirse con el contacto de las manos de la aurora, vieran ese mar indómito que lame las rocas de su casa. Entonces, ya no pude más, y el quejido que trataba de ahogar, de retener en silencio, salió con una furia incontenible. La poesía de Neruda, con la misma que había aprendido a amar, me refiero a “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, o “El hondero entusiasta” o “Los versos del capitán”; o con la que había viajado, pienso en “Alturas de Machu-Picchu”, esa oda latinoamericana, ese lamento visceral, esa búsqueda de nuestros propios orígenes; salió a flote en un llanto que ya no pude controlar. Todas las fotos que registran mi rostro ese día, muestran la pérdida y el dolor, pero también el amor y la esperanza. Por supuesto que también visité la biblioteca. En un corredor largo y estrecho, hay una mesa que el mar le regaló una mañana, una mesa que había naufragado quien sabe por cuánto tiempo. La ubicó al lado de otra ventana, a la que consideraba su cuadro favorito, ya que desde allí vislumbraba su mar. En esta biblioteca está parte de su considerable colección de caracolas marinas, la mayor parte fue donada a la Universidad de Chile, y por supuesto, su colección de botellas. La visita culmina con el paseo obligado del jardín donde están enterrados los dos amantes, al frente del mar. No hay que olvidar que para que ésto fuese posible hubo que esperar largos años, hasta 1992, ya que Pinochet había prohibido que su sepultura ocupase el lugar que el poeta había designado como su lugar preferido para su sueño eterno.
domingo, 18 de julio de 2010
EL RACISMO COMO PRETEXTO DE PERSECUCIÓN
*(Ver nota al final del artículo).
El pasado mundial de fútbol, celebrado en Sudáfrica, el país donde el Apartheid fue derrotado por ese personaje extraordinario llamado Nelson Mandela, nos puso sobre el tapete, nuevamente, la posibilidad de mirar la historia y analizar ese crimen atroz que fue la trata de esclavos; así como la posibilidad de hacernos una autocrítica, y porque no de pedir perdón por los vejámenes cometidos por nuestros ancestros y por las ignominias que aún seguimos realizando, no sólo contra África sino contra la población negra que habita en nuestro territorio. El apartheid es una palabra que podría muy bien ser sinónimo de opresión, de fascismo y por supuesto de racismo. Desafortunadamente, los medios de comunicación colombianos no se han detenido a realizar un trabajo exhaustivo sobre el racismo en Colombia. Se habla, eso sí, sobre peculados, sobornos, narcotráfico, guerrilla, deuda externa; pero el racismo no sólo no es un tema que les atraiga sino que en últimas lo consideran inexistente en nuestro territorio. Así, la forma de pensar, de hablar y de actuar del colombiano diga lo contrario. Tal vez la explicación de este fenómeno sea la poca importancia que se le da en nuestro medio al racismo.
EL RACISMO Y LA HISTORIA: Según la definición del diccionario, racismo significa ‘Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que en ocasiones, ha motivado la persecución de otro grupo étnico considerado como inferior’ (1). Esta definición, difiere ligeramente de otras en cuanto que hace explícita la palabra “persecución”. El racismo, no es otra cosa que el arma más poderosa con la cual ha contado el hombre en el transcurso de la historia para poder perseguir, esclavizar y oprimir a diferentes grupos humanos que él mismo, en su omnipotencia, ha designado como inferiores. El racismo, ha sido el pilar de muchos sistemas políticos, económicos y religiosos.
ANTECEDENTES: Los griegos denominaban a todo aquel que no había nacido en territorio helénico con el apelativo de ''To xeno'' (el extranjero). Luego, "extranjero" se convirtió en "bárbaro", denominación recogida posteriormente por los romanos, sirviéndoles de baluarte en la campaña de extensión de su Imperio. Luego, Occidente reemplazó el término por el de "salvaje", siendo este último el utilizado en nuestros días.
Es posible que "bárbaro'' halla sido en un principio identificado al canto inarticulado de los pájaros, en contraposición al lenguaje humano. Y el término "salvaje", hace referencia directa a algo agreste, inhóspito, a selva, en últimas a la vida animal, opuesta en su totalidad a la cultura humana. En los dos casos se niega la existencia de una cultura diferente a la del pueblo que se autodenomina como "civilizado" (2).
En la mayoría de los grupos étnicos -considerados por Occidente como salvajes- la humanidad se restringe a su propia tribu o a su grupo lingüístico; hasta el punto que muchas de ellas tienen una palabra especial que designa a los integrantes de su pueblo como los hombres verdaderos, mientras que a los congéneres de otras tribus se les asigna una palabra que carece del significado esencial de "hombre". Esto es lo que comúnmente se conoce como etnocentrismo.
EL "CENTRO" EN EL MITO: Para los Incas, Cuzco significaba “ombligo del mundo”. En Irán, la montaña sagrada Haraberezaiti se hlla igualmente en el centro de la tierra. La mitología judeo-cristiana considera al Gólgota el centro, y el paraíso terrenal tiene la misma ubicación (3). Ejemplos como estos abundan en las mitologías de Laos, Japón, Finlandia, etc... El simbolismo del "centro" aparece a su vez en la literatura y arquitectura medievales: "...la basílica de los primeros siglos de nuestra, … y la catedral de la Edad Media, reproducen, simbólicamente, la Jerusalén celestial'' (4).
LOS "ELEGIDOS" Y LA PERSECUCIÓN: El pueblo israelita se consideraba como el “elegido” por Jehová. En la Edad Media, Occidente emprendió las grandes cruzadas con el pretexto de rescatar la tierra santa de manos paganas; pero como siempre el verdadero objetivo era ir tras la riqueza y el botín que la guerra pudiera depararle. Los españoles, escudándose en la idea de que su fe y su religión eran las verdaderas y de que su dios era el único, oprimieron, avasallaron y saquearon a América: Si ese dios no reinara sobre el mundo, no habría esclavos, ni amos, ni vasallos, ni colonias (5).
En la isla de La Española (hoy territorio de Haití y República Dominicana) a comienzos del siglo XVI, Fray Bartolomé de las Casas abogaba por los indios y denunciaba la explotación de la cual eran objeto por parte de los españoles, y proponía, como único medio para abolirla, traer esclavos negros del África. Para defender a los nativos alegaba que también eran hijos de Dios y que poseían -al igual que los cristianos- un alma. Mientras tanto los indígenas dejaban a los cadáveres de los españoles, que habían sido hechos prisioneros, varios días al sol, con el fin de verificar si sufrían o no el proceso de putrefacción (6). Los franceses -mientras tanto- encarcelaban y torturaban a los hugonotes, y a sus mujeres las marcaban de la misma forma que lo hacían con las prostitutas.
La Alemania nazi, inventa los hornos de cremación donde perecen varios millones de judíos (que por lo demás siempre habían estado confinados en los ghettos europeos) y de gitanos, aunque ya nadie se acuerde del holocausto de estos últimos. ¿A quién podría importarle la muerte de un gitano? Total, no es explotable políticamente. Aún hoy siguen siendo objeto de persecución por parte de la policía europea; son los parias de la opulencia.
Rafael Leónidas Trujillo (dictador dominicano), persigue y asesina, en los años 30 a 30.000 Haitianos. Otro tanto de argentinos desaparece durante la pasada dictadura, en la llamada guerra sucia. En la India persisten las castas, y se persigue a la minoría musulmana. En Sri-Lanka, la persecución es contra el pueblo tamil. En Irlanda, continúan los violentos enfrentamientos entre protestantes y católicos. En Colombia, el Grupo Lingüístico de Verano evangeliza a los grupos indígenas, sin olvidar a los sacerdotes y monjas católicos y el genocidio, no reconocido aún por el Gobierno, que ha vivido Colombia en las últimas tres décadas.
Los ejemplos anteriores, sirven para ilustrar el hecho de que el racismo no es sólo un prejuicio contra el color de la piel, sino que la mayoría de las veces ha sido utilizado como pretexto para perseguir a aquellos que no profesan la misma religión o la misma ideología del pueblo colonizador o de la clase con el poder económico, militar y político necesarios para imponer su propia ideología.
EL CONCEPTO DE RAZA Y SUS IMPLICACIONES: El diccionario define el concepto de raza como un “grupo humano que presenta un conjunto constante de caracteres corporales distintivos y hereditarios” (7). Y aunque en la actualidad sólo se distinguen tres grupos (caucasoides, mongoloides y negroides), aún se utiliza la clasificación del naturalista sueco Carlos Von Linneo (1707-1778); clasificación basada principalmente en la distribución geográfica y en el color de la piel de los individuos. De ahí la creencia común de raza blanca, negra, indígena, y en Colombia de raza criolla; llegándose incluso a hablar de raza manizaleña (tal como rezaba en una publicidad con fines turísticos para la ciudad en el año de 1987).
Las implicaciones de la anterior clasificación han sido funestas, y lo que es peor, se sigue perpetuando. ¿Cómo? A través de la educación, los medios de comunicación, los prejuicios sociales, la religión, la política.
EL RACISMO EN COLOMBIA: Para nadie es un secreto que los departamentos del Chocó, del Casanare, del Guainía, del Amazonas, del Putumayo, entre otros, han sido las regiones más desprotegidas por el gobierno. Su población representa la minoría del pueblo colombiano; minoría a la que se denomina despectivamente "negra e india". Estas regiones (que también forman parte del territorio nacional), carecen de vías de penetración suficientes, de servicios públicos, de programas verdaderamente eficientes de vivienda, salud, educación y trabajo.
Y por si fuera poco, el Gobierno, obviando el problema de tenencia de tierras que hace imperiosa una política de reforma agraria radical, impulsó en la década de los 70 y 80 a la clase campesina, hoy desplazada, a proletarizarse en los grandes latifundios o a colonizar territorios de asentamiento indígena, con el consecuente enfrentamiento, lo que causó la muerte a centenares de indígenas.
DICHOS POPULARES Y RACISMO: El lenguaje en Colombia, posee un sinnúmero de dichos populares con marcada connotación clasista, que oculta, en últimas, los prejuicios raciales que se tienen contra los grupos minoritarios: "Hay que trabajar como negro para vivir como blanco". El insulto más grande para un colombiano es ser llamado "indio" o “negro”. En los mundiales de fútbol, celebrados en las décadas de los 70, 80 y 90, los periodistas deportivos se referían a los africanos como los "morenitos", pero nunca les decían a los europeos los "blanquitos". Estas expresiones, utilizadas en todas las clases sociales, representan sólo algunos ejemplos del lenguaje racista empleado a diario por el pueblo colombiano.
Habría que señalar que la educación impartida en los colegios, escuelas y universidades en general, continúa enseñando y transmitiendo la imagen de civilización occidental como la única aceptable, lo que supone que aún somos un país colonizado culturalmente.
1.Diccionario Kapelusz de la Lengua Española, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, Argentina.
2.Claude Lévi-Strauss, Race et Histoire, Editions Gonthier, Unesco 1961, Bibliothéque Média-tions, France.
3.Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Alianza/Emecé.
4...., Lo Sagrado y lo Profano, Labor /Punto Omega, 5a edición, 1983.
5.Eduardo Galeano, Memorias del Fuego. 1. Los Nacimientos, Siglo XXI Editores, S.A., 8a edición.
6.Claude Lévi-Strauss, Race et Histoire.
7.Diccionario Kapelusz.
* Nota: Este artículo fue publicado en el año de 1987 por el diario La Patria (Manizales-Colombia). Ahora vuelvo a publicarlo, aunque con algunos ajustes, teniendo en cuenta que la situación, con respecto al racismo, poco o nada ha cambiado, al menos en lo que tiene que ver con la situación colombiana. Cabe recordar que en 1987 aún estaba vigente en Sudáfrica el Apartheid; por lo que celebro que la ONU haya declarado el 18 de julio como el Día Internacional Nelson Mandela. Dicha fecha coincide con la de su nacimiento, es de anotar que el pasado 18 de julio este excelente líder cumplió 92 años.
El pasado mundial de fútbol, celebrado en Sudáfrica, el país donde el Apartheid fue derrotado por ese personaje extraordinario llamado Nelson Mandela, nos puso sobre el tapete, nuevamente, la posibilidad de mirar la historia y analizar ese crimen atroz que fue la trata de esclavos; así como la posibilidad de hacernos una autocrítica, y porque no de pedir perdón por los vejámenes cometidos por nuestros ancestros y por las ignominias que aún seguimos realizando, no sólo contra África sino contra la población negra que habita en nuestro territorio. El apartheid es una palabra que podría muy bien ser sinónimo de opresión, de fascismo y por supuesto de racismo. Desafortunadamente, los medios de comunicación colombianos no se han detenido a realizar un trabajo exhaustivo sobre el racismo en Colombia. Se habla, eso sí, sobre peculados, sobornos, narcotráfico, guerrilla, deuda externa; pero el racismo no sólo no es un tema que les atraiga sino que en últimas lo consideran inexistente en nuestro territorio. Así, la forma de pensar, de hablar y de actuar del colombiano diga lo contrario. Tal vez la explicación de este fenómeno sea la poca importancia que se le da en nuestro medio al racismo.
EL RACISMO Y LA HISTORIA: Según la definición del diccionario, racismo significa ‘Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que en ocasiones, ha motivado la persecución de otro grupo étnico considerado como inferior’ (1). Esta definición, difiere ligeramente de otras en cuanto que hace explícita la palabra “persecución”. El racismo, no es otra cosa que el arma más poderosa con la cual ha contado el hombre en el transcurso de la historia para poder perseguir, esclavizar y oprimir a diferentes grupos humanos que él mismo, en su omnipotencia, ha designado como inferiores. El racismo, ha sido el pilar de muchos sistemas políticos, económicos y religiosos.
ANTECEDENTES: Los griegos denominaban a todo aquel que no había nacido en territorio helénico con el apelativo de ''To xeno'' (el extranjero). Luego, "extranjero" se convirtió en "bárbaro", denominación recogida posteriormente por los romanos, sirviéndoles de baluarte en la campaña de extensión de su Imperio. Luego, Occidente reemplazó el término por el de "salvaje", siendo este último el utilizado en nuestros días.
Es posible que "bárbaro'' halla sido en un principio identificado al canto inarticulado de los pájaros, en contraposición al lenguaje humano. Y el término "salvaje", hace referencia directa a algo agreste, inhóspito, a selva, en últimas a la vida animal, opuesta en su totalidad a la cultura humana. En los dos casos se niega la existencia de una cultura diferente a la del pueblo que se autodenomina como "civilizado" (2).
En la mayoría de los grupos étnicos -considerados por Occidente como salvajes- la humanidad se restringe a su propia tribu o a su grupo lingüístico; hasta el punto que muchas de ellas tienen una palabra especial que designa a los integrantes de su pueblo como los hombres verdaderos, mientras que a los congéneres de otras tribus se les asigna una palabra que carece del significado esencial de "hombre". Esto es lo que comúnmente se conoce como etnocentrismo.
EL "CENTRO" EN EL MITO: Para los Incas, Cuzco significaba “ombligo del mundo”. En Irán, la montaña sagrada Haraberezaiti se hlla igualmente en el centro de la tierra. La mitología judeo-cristiana considera al Gólgota el centro, y el paraíso terrenal tiene la misma ubicación (3). Ejemplos como estos abundan en las mitologías de Laos, Japón, Finlandia, etc... El simbolismo del "centro" aparece a su vez en la literatura y arquitectura medievales: "...la basílica de los primeros siglos de nuestra, … y la catedral de la Edad Media, reproducen, simbólicamente, la Jerusalén celestial'' (4).
LOS "ELEGIDOS" Y LA PERSECUCIÓN: El pueblo israelita se consideraba como el “elegido” por Jehová. En la Edad Media, Occidente emprendió las grandes cruzadas con el pretexto de rescatar la tierra santa de manos paganas; pero como siempre el verdadero objetivo era ir tras la riqueza y el botín que la guerra pudiera depararle. Los españoles, escudándose en la idea de que su fe y su religión eran las verdaderas y de que su dios era el único, oprimieron, avasallaron y saquearon a América: Si ese dios no reinara sobre el mundo, no habría esclavos, ni amos, ni vasallos, ni colonias (5).
En la isla de La Española (hoy territorio de Haití y República Dominicana) a comienzos del siglo XVI, Fray Bartolomé de las Casas abogaba por los indios y denunciaba la explotación de la cual eran objeto por parte de los españoles, y proponía, como único medio para abolirla, traer esclavos negros del África. Para defender a los nativos alegaba que también eran hijos de Dios y que poseían -al igual que los cristianos- un alma. Mientras tanto los indígenas dejaban a los cadáveres de los españoles, que habían sido hechos prisioneros, varios días al sol, con el fin de verificar si sufrían o no el proceso de putrefacción (6). Los franceses -mientras tanto- encarcelaban y torturaban a los hugonotes, y a sus mujeres las marcaban de la misma forma que lo hacían con las prostitutas.
La Alemania nazi, inventa los hornos de cremación donde perecen varios millones de judíos (que por lo demás siempre habían estado confinados en los ghettos europeos) y de gitanos, aunque ya nadie se acuerde del holocausto de estos últimos. ¿A quién podría importarle la muerte de un gitano? Total, no es explotable políticamente. Aún hoy siguen siendo objeto de persecución por parte de la policía europea; son los parias de la opulencia.
Rafael Leónidas Trujillo (dictador dominicano), persigue y asesina, en los años 30 a 30.000 Haitianos. Otro tanto de argentinos desaparece durante la pasada dictadura, en la llamada guerra sucia. En la India persisten las castas, y se persigue a la minoría musulmana. En Sri-Lanka, la persecución es contra el pueblo tamil. En Irlanda, continúan los violentos enfrentamientos entre protestantes y católicos. En Colombia, el Grupo Lingüístico de Verano evangeliza a los grupos indígenas, sin olvidar a los sacerdotes y monjas católicos y el genocidio, no reconocido aún por el Gobierno, que ha vivido Colombia en las últimas tres décadas.
Los ejemplos anteriores, sirven para ilustrar el hecho de que el racismo no es sólo un prejuicio contra el color de la piel, sino que la mayoría de las veces ha sido utilizado como pretexto para perseguir a aquellos que no profesan la misma religión o la misma ideología del pueblo colonizador o de la clase con el poder económico, militar y político necesarios para imponer su propia ideología.
EL CONCEPTO DE RAZA Y SUS IMPLICACIONES: El diccionario define el concepto de raza como un “grupo humano que presenta un conjunto constante de caracteres corporales distintivos y hereditarios” (7). Y aunque en la actualidad sólo se distinguen tres grupos (caucasoides, mongoloides y negroides), aún se utiliza la clasificación del naturalista sueco Carlos Von Linneo (1707-1778); clasificación basada principalmente en la distribución geográfica y en el color de la piel de los individuos. De ahí la creencia común de raza blanca, negra, indígena, y en Colombia de raza criolla; llegándose incluso a hablar de raza manizaleña (tal como rezaba en una publicidad con fines turísticos para la ciudad en el año de 1987).
Las implicaciones de la anterior clasificación han sido funestas, y lo que es peor, se sigue perpetuando. ¿Cómo? A través de la educación, los medios de comunicación, los prejuicios sociales, la religión, la política.
EL RACISMO EN COLOMBIA: Para nadie es un secreto que los departamentos del Chocó, del Casanare, del Guainía, del Amazonas, del Putumayo, entre otros, han sido las regiones más desprotegidas por el gobierno. Su población representa la minoría del pueblo colombiano; minoría a la que se denomina despectivamente "negra e india". Estas regiones (que también forman parte del territorio nacional), carecen de vías de penetración suficientes, de servicios públicos, de programas verdaderamente eficientes de vivienda, salud, educación y trabajo.
Y por si fuera poco, el Gobierno, obviando el problema de tenencia de tierras que hace imperiosa una política de reforma agraria radical, impulsó en la década de los 70 y 80 a la clase campesina, hoy desplazada, a proletarizarse en los grandes latifundios o a colonizar territorios de asentamiento indígena, con el consecuente enfrentamiento, lo que causó la muerte a centenares de indígenas.
DICHOS POPULARES Y RACISMO: El lenguaje en Colombia, posee un sinnúmero de dichos populares con marcada connotación clasista, que oculta, en últimas, los prejuicios raciales que se tienen contra los grupos minoritarios: "Hay que trabajar como negro para vivir como blanco". El insulto más grande para un colombiano es ser llamado "indio" o “negro”. En los mundiales de fútbol, celebrados en las décadas de los 70, 80 y 90, los periodistas deportivos se referían a los africanos como los "morenitos", pero nunca les decían a los europeos los "blanquitos". Estas expresiones, utilizadas en todas las clases sociales, representan sólo algunos ejemplos del lenguaje racista empleado a diario por el pueblo colombiano.
Habría que señalar que la educación impartida en los colegios, escuelas y universidades en general, continúa enseñando y transmitiendo la imagen de civilización occidental como la única aceptable, lo que supone que aún somos un país colonizado culturalmente.
1.Diccionario Kapelusz de la Lengua Española, Editorial Kapelusz, Buenos Aires, Argentina.
2.Claude Lévi-Strauss, Race et Histoire, Editions Gonthier, Unesco 1961, Bibliothéque Média-tions, France.
3.Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno, Alianza/Emecé.
4...., Lo Sagrado y lo Profano, Labor /Punto Omega, 5a edición, 1983.
5.Eduardo Galeano, Memorias del Fuego. 1. Los Nacimientos, Siglo XXI Editores, S.A., 8a edición.
6.Claude Lévi-Strauss, Race et Histoire.
7.Diccionario Kapelusz.
* Nota: Este artículo fue publicado en el año de 1987 por el diario La Patria (Manizales-Colombia). Ahora vuelvo a publicarlo, aunque con algunos ajustes, teniendo en cuenta que la situación, con respecto al racismo, poco o nada ha cambiado, al menos en lo que tiene que ver con la situación colombiana. Cabe recordar que en 1987 aún estaba vigente en Sudáfrica el Apartheid; por lo que celebro que la ONU haya declarado el 18 de julio como el Día Internacional Nelson Mandela. Dicha fecha coincide con la de su nacimiento, es de anotar que el pasado 18 de julio este excelente líder cumplió 92 años.
domingo, 20 de junio de 2010
José Saramago: Viaje a Portugal, la historia de un amor
La primera vez que leí a José Saramago fue en 1998, cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. Lo hice con una obra exquisita, Viaje a Portugal, una oda al patrimonio intangible y tangible, una invitación al viaje por el territorio que lo vio nacer y al que le debe su lengua y su cultura. Algunas de las descripciones que nunca olvidaré, son la de un frío amanecer en medio de una zona boscosa, donde la niebla se levanta poco a poco para dar paso a la magnificencia de los árboles; o la visita a un restaurante popular en un pequeño pueblo. O la denuncia que hace al constatar como el arte religioso es expoliado por capellanes inescrupulosos de pequeñas iglesias pueblerinas; al mismo tiempo que nos dicta toda una cátedra de historia del arte, ya que nos habla de varios pintores que los libros sobre el arte europeo han ignorado conscientemente. Precisamente es este libro el que hizo posible el encuentro del escritor y de su esposa. Pilar del Río, periodista y gran lectora, un día cualquiera le dice a su librero de confianza que le recomiende algún autor, él le pone en las manos un libro de José Saramago, diciéndole que aunque es un escritor desconocido es un verdadero maestro de las letras. Pilar se lleva el libro a casa y pasa la noche en blanco, leyéndolo con verdadero placer y admiración. Al día siguiente regresa a la librería y compra los libros de Saramago que en ese momento estaban traducidos al español.Y mientras los lee, planea, junto con una amiga, un periplo siguiendo la ruta indicada por Saramago en Viaje a Portugal. Al llegar a Lisboa lo contacta, en esa primera entrevista surge un amor y una pasión que los acompañó por el resto de sus vidas. Pilar del Río se convirtió en su esposa, traductora y crítica. Una bella historia de amor, que muestra como la realidad va más allá de toda ficción literaria.
Después de este libro leí otros con verdadera admiración, como El Ensayo sobre la ceguera, o con algo de tedio como El Viaje del Elefante. José Saramago, fue un intelectual a carta cabal y su obra nos deja un legado invaluable; sobre todo por su posición crítica frente al Vaticano, a la religión católica y al fanatismo religioso venga de donde venga. También su posición crítica frente al capitalismo salvaje y frente a las grandes desigualdades imperantes entre Norte y Sur, entre los países del Primer Mundo y los mal llamados del Tercer Mundo. Su obra es una invitación a la reflexión ontológica y al goce estético; ya que su obra es de una gran riqueza semántica y de un estilo impecable.
Nota de protesta: José Saramago murió el pasado viernes 19 de junio en su casa de la Isla de Lanzarote en España, donde vivía con su esposa Pilar del Río. A sólo un día después de su muerte, el diario del Vaticano, “L’obsservatore Romano”, en una columna escrita por Claudio Toscani, arremete contra él, en un lenguaje panfletario y cobarde. Y digo cobarde porque Saramago ya no puede contestar. La furia de Toscani nace del hecho que Saramago fue un ateo confeso toda su vida y un gran crítico de la religión católica; pero sobre todo de los representantes de la Iglesia y del papel que han tenido a través de toda la historia de Occidente. En su columna venenosa, Toscani hace gala de una gran intolerancia ideológica, se olvida que el Concilio Vaticano II declara el derecho a la libertad de culto y pregona la tolerancia religiosa. El fanatismo religioso es el que tanto daño le ha hecho a los pueblos a través de la historia. Caer en él es desconocer que los seres humanos no somos iguales y que la libertad de pensamiento es un derecho que nos asiste.
Después de este libro leí otros con verdadera admiración, como El Ensayo sobre la ceguera, o con algo de tedio como El Viaje del Elefante. José Saramago, fue un intelectual a carta cabal y su obra nos deja un legado invaluable; sobre todo por su posición crítica frente al Vaticano, a la religión católica y al fanatismo religioso venga de donde venga. También su posición crítica frente al capitalismo salvaje y frente a las grandes desigualdades imperantes entre Norte y Sur, entre los países del Primer Mundo y los mal llamados del Tercer Mundo. Su obra es una invitación a la reflexión ontológica y al goce estético; ya que su obra es de una gran riqueza semántica y de un estilo impecable.
Nota de protesta: José Saramago murió el pasado viernes 19 de junio en su casa de la Isla de Lanzarote en España, donde vivía con su esposa Pilar del Río. A sólo un día después de su muerte, el diario del Vaticano, “L’obsservatore Romano”, en una columna escrita por Claudio Toscani, arremete contra él, en un lenguaje panfletario y cobarde. Y digo cobarde porque Saramago ya no puede contestar. La furia de Toscani nace del hecho que Saramago fue un ateo confeso toda su vida y un gran crítico de la religión católica; pero sobre todo de los representantes de la Iglesia y del papel que han tenido a través de toda la historia de Occidente. En su columna venenosa, Toscani hace gala de una gran intolerancia ideológica, se olvida que el Concilio Vaticano II declara el derecho a la libertad de culto y pregona la tolerancia religiosa. El fanatismo religioso es el que tanto daño le ha hecho a los pueblos a través de la historia. Caer en él es desconocer que los seres humanos no somos iguales y que la libertad de pensamiento es un derecho que nos asiste.
viernes, 4 de junio de 2010
EL SECRETO DE SUS OJOS
“El secreto de sus ojos” ganadora del Óscar a la mejor película extranjera (2010), así como del Festival Internacional del Cine de La Habana, del Premio Clarín y del Premio Sur. En el 2009, año de su estreno, fue vista por dos millones y medio de espectadores argentinos y ha sido la segunda película más taquillera de la filmografía argentina. Fue un proyecto realizado conjuntamente con España.
Dirigida por José Luis Campanella, con las actuaciones de Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella, y guión de Eduardo Sacheri y Juan José Campanella; “El secreto de sus ojos” es un thriller que nos pone en frente de la Argentina de 1974, cuando las oscuras fuerzas que sumirían al país en una de sus más desastrosas debacles, estaban aunando fuerzas para apropiarse del poder. Y en esto radica uno de los mayores logros de la película, la época nefasta del gobierno de Isabel Perón, la Triple A, Alianza Anticomunista Argentina, aparece tangencialmente; no obstante, se siente su enorme peso a todo lo largo de la película. Ya que la época de la represión, que conduciría a una de las peores dictaduras de la historia de América Latina, no es tema central del argumento, pero está presente en la historia de sus protagonistas; ya que el miedo se convierte en una segunda piel y termina por destruir sus sueños y sus vidas. Es una forma diferente de contar la historia, nos deja interrogantes, nos cuestiona, nos enfrenta a nuestra propia historia como pueblo latinoamericano y nos insta a conocerla mejor. No en vano siempre se ha dicho que el desconocimiento del pasado nos condena a su eterna repetición. Lo que ha vivido Colombia en los últimos ocho años es un claro ejemplo de ello.
Un funcionario de la justicia, Benjamín Espósito, ya jubilado, representado por Ricardo Darín, decide escribir un libro sobre el caso que le cambió su vida para siempre. Espósito recuerda sus años como agente de la justicia federal, y a sus compañeros de oficina, el dipsómano ayudante Pablo Sandoval (Guillermo Francela) e Irene Menéndez-Hastings (Soledad Villamil) jefa del Departamento de investigaciones. El recuerdo de la historia es una investigación de la brutal violación y posterior asesinato de una joven mujer. Lo que pudiera parecer una investigación anodina, como muchas de las que pueden enfrentar a diario los investigadores judiciales, se convierte en una historia de amor no convencional. Los secretos de 25 años atrás vuelven para asediar a sus protagonistas, y Espósito se da cuenta que si no enfrenta el pasado y desvela sus misterios, no podrá nunca reconciliarse consigo mismo, ni podrá vivir su única historia de amor.
Con “El secreto de sus ojos”, Campanella nos deslumbra con su manejo de la cámara, con su genio para armar las secuencias, su sensibilidad para crear sonidos, ambientes; pero también para mostrarnos el lado oculto del ser humano. Me refiero a la ternura, al amor, a los sueños, esos pequeños detalles que nos ennoblecen; al mismo tiempo que refleja las bajezas, venganzas y miserias, o la crueldad que acompaña muchas veces a los oscuros personajes que desean sobresalir a cualquier costo. Con esta película Juan José Campanella ha entrado por la puerta grande de la historia del cine y le ha dado a América Latina la posibilidad de ser nuevamente el foco de atención de la cultura.
Dirigida por José Luis Campanella, con las actuaciones de Ricardo Darín, Soledad Villamil y Guillermo Francella, y guión de Eduardo Sacheri y Juan José Campanella; “El secreto de sus ojos” es un thriller que nos pone en frente de la Argentina de 1974, cuando las oscuras fuerzas que sumirían al país en una de sus más desastrosas debacles, estaban aunando fuerzas para apropiarse del poder. Y en esto radica uno de los mayores logros de la película, la época nefasta del gobierno de Isabel Perón, la Triple A, Alianza Anticomunista Argentina, aparece tangencialmente; no obstante, se siente su enorme peso a todo lo largo de la película. Ya que la época de la represión, que conduciría a una de las peores dictaduras de la historia de América Latina, no es tema central del argumento, pero está presente en la historia de sus protagonistas; ya que el miedo se convierte en una segunda piel y termina por destruir sus sueños y sus vidas. Es una forma diferente de contar la historia, nos deja interrogantes, nos cuestiona, nos enfrenta a nuestra propia historia como pueblo latinoamericano y nos insta a conocerla mejor. No en vano siempre se ha dicho que el desconocimiento del pasado nos condena a su eterna repetición. Lo que ha vivido Colombia en los últimos ocho años es un claro ejemplo de ello.
Un funcionario de la justicia, Benjamín Espósito, ya jubilado, representado por Ricardo Darín, decide escribir un libro sobre el caso que le cambió su vida para siempre. Espósito recuerda sus años como agente de la justicia federal, y a sus compañeros de oficina, el dipsómano ayudante Pablo Sandoval (Guillermo Francela) e Irene Menéndez-Hastings (Soledad Villamil) jefa del Departamento de investigaciones. El recuerdo de la historia es una investigación de la brutal violación y posterior asesinato de una joven mujer. Lo que pudiera parecer una investigación anodina, como muchas de las que pueden enfrentar a diario los investigadores judiciales, se convierte en una historia de amor no convencional. Los secretos de 25 años atrás vuelven para asediar a sus protagonistas, y Espósito se da cuenta que si no enfrenta el pasado y desvela sus misterios, no podrá nunca reconciliarse consigo mismo, ni podrá vivir su única historia de amor.
Con “El secreto de sus ojos”, Campanella nos deslumbra con su manejo de la cámara, con su genio para armar las secuencias, su sensibilidad para crear sonidos, ambientes; pero también para mostrarnos el lado oculto del ser humano. Me refiero a la ternura, al amor, a los sueños, esos pequeños detalles que nos ennoblecen; al mismo tiempo que refleja las bajezas, venganzas y miserias, o la crueldad que acompaña muchas veces a los oscuros personajes que desean sobresalir a cualquier costo. Con esta película Juan José Campanella ha entrado por la puerta grande de la historia del cine y le ha dado a América Latina la posibilidad de ser nuevamente el foco de atención de la cultura.
martes, 1 de junio de 2010
CLAUDE MONET Y CHAÏM SOUTINE (3o día)
(Visita realizada al Museo de L’Orangerie el 23 de mayo de 2010).
Aunque he visitado varias veces el Museo Jeu de Paume, aún no conocía su gemelo, L’Orangerie, situados los dos en el Jardín de las Tullerías. París es una ciudad infinita, culturalmente hablando, siempre nos sorprende, siempre tiene algo para mostrarnos, nunca acabamos de descubrirla por completo. Ni siquiera los parisinos la conocen a fondo. Así que no me ruborizo al decir que es hasta ahora que descubro las maravillas que alberga en su interior.
El Museo de L’Orangerie, conocido también con el apelativo de la Capilla Sixtina del Impresionismo, expone desde 1927 “Las Ninfeas” de Claude Monet (1846-1926). La sala fue especialmente adecuada para estas inmensas pinturas, ya que Monet las legó al Estado francés con la condición de encontrarles un lugar permanente. Georges Clemenceau (1841-1929), al aceptar su proposición, le pidió a Monet que él mismo decidiera como deseaba que sus pinturas fueran expuestas. De dos obras que inicialmente iba a donar, terminó por entregar 22 paneles, que componen a su vez 8 composiciones, para un total de 40 metros de lienzo. Este proyecto le llevó 14 años de arduo trabajo. En esta hermosa sala, recientemente renovada, el espectador puede sumergirse en el mundo poético y privado de Claude Monet. Me refiero a su casa de Giverny, a sus jardines y al lago artificial donde sembró cientos de nenúfares, que se convirtieron en su modelo predilecto y en un permanente laboratorio de experimentación pictórica. Monet vivió allí los últimos cuarenta años de su larga y prolífica vida. Es en estos jardines donde pudo entregarse sin reserva alguna a su gran pasión, la pintura; ya que los años de precariedad económica habían quedado atrás. Monet, desde muy temprano, había logrado un rompimiento absoluto de todos los cánones académicos; pero no es sino al final de su vida que logra, gracias a los nenúfares, acercarse a lo que posteriormente se conocería en la historia del arte como abstraccionismo. Hoy en día es considerado uno de sus precursores. Otros dos museos de visita obligatoria, en cuanto a Monet se refiere, son el de Marmottan y el de Orsay.
El Museo de L’Orangerie expone, además, dos importantes colecciones, una sobre la obra de Paul Klee, perteneciente a un importante galerista de arte, Ernest Bayeler, y la colección Walter-Guillaume con obras de Renoir, Cézanne, Modigliani, Rousseau, Laurencin, Picasso, Matisse, Derain, Utrillo y Soutine. La primera es itinerante y la segunda permanente. Y si bien reconozco que Paul Klee es un artista extraordinario, tampoco puedo negar que su obra no me hace vibrar. Por eso he decidido hablar sobre Chaïm Soutine, artista que hace parte de la colección Walter-Guillaume.
La Colección Walter-Guillaume, lleva el nombre de dos coleccionistas. Paul Guillaume, marchante de arte, cultivado y con una sensibilidad especial que le hizo comprender desde muy joven la importancia del arte moderno. Es de anotar que contó con la suerte de conocer muy joven a Guillaume Apollinaire, quien se convirtió en su mentor, y el poeta Max Jacob le presentó a personajes de la talla de Modigliani, De Chirico, Marie Laurencin, Picasso o Picabia, artistas que pasaron por su galería de arte. Paul Guillaume supo comprender desde el primer momento hasta qué punto tenía delante de sí obras que pasarían a la posteridad. Murió en el año de 1932. Su esposa Juliette Lacaze se convirtió en su heredera universal; tiempo después contrajo nupcias con el empresario Jean Walter; juntos continuaron la pasión de Guillaume. Poco antes de su muerte Madame Walter-Guillaume decidió donar la colección al Museo de L’Orangerie, que la expone desde 1984.
Y es esta colección la que me hizo descubrir un pintor extraordinario que nunca había oído nombrar: Chaïm Soutine (1893-1943), reconocido como el artista más patético del expresionismo de la escuela de París. Este pintor, de origen lituano, nació en el seno de una familia judía, enfrentada a una vida miserable. Su padre trabajaba como ayudante en un taller de sastrería y con su magro salario debía sostener una prole numerosa. El mismo Soutine comenzó a trabajar a los doce años en el taller de su tío. Pero su verdadera inclinación era la pintura y el dibujo. Su padre se oponía férreamente a esta pasión, ya que era un judío ortodoxo para quien las imágenes representadas por el hombre eran pecado. La austeridad religiosa y el miedo, asediaron su infancia y parte de su adolescencia; sin olvidar al hambre y al frío, que fueron prácticamente sus eternas compañeras. La angustia vivida en sus primeros años nunca lo abandonaría, fue la fuente primordial de su creación artística; no en vano muchos autores han dicho que la verdadera musa es la tragedia.
En 1913 llega a París, allí conoce a sus compatriotas Marc Chagall y Jacques Lipchitz, y luego encuentra a Modigliani, construyendo con él una larga amistad. Se vuelve un asiduo visitante del Museo del Louvre, y Rembrandt y Courbet se convierten en sus pintores predilectos. Rembrandt mismo es el modelo a seguir. No en vano años más tarde pintaría una obra “La res desollada”, en clara alusión a un célebre cuadro del pintor holandés. La anécdota de esta obra es bastante elocuente con respecto a la personalidad sombría de Soutine. En vez de trabajar directamente en un matadero, delante de la res que acababa de ser sacrificada, Soutine se la lleva directamente a su apartamento y allí procede a la elaboración del cuadro. Cuando el olor a carne descompuesta comienza a sentirse en los corredores, los vecinos llaman a la policía para que indaguen lo que sucede en la vivienda del pintor. Entre 1915 y 1919 descubre el sur de Francia. Sus pueblos fueron la base para un cuadro maravilloso titulado “Árbol caído” (1923-1924). Un inmenso árbol cae sobre un pueblo entero, pareciera como si sus casas fuesen como la vida misma del hombre, frágil y desamparada. En otro de sus cuadros aparece uno de los característicos pueblos franceses, pueblos suspendidos y cuyas casas se abaten las unas contra las otras, en una clara referencia a la precariedad de la existencia. Sus retratos nos muestran seres extraviados en sí mismos, alejados de todo intento de comunicación humana. Sus miradas no se dirigen a ninguna parte, ni siquiera se miran ellos mismos. Sin embargo, algunos colores utilizados, como el rojo, podrían dar destello de alegría al lienzo, como es el caso de “La joven inglesa” (1934). Pero en soutine el rojo, en vez de dar un tono de alegría a la composición, acentúa el desgarramiento interior de su personaje. En otras palabras, su obra nos enfrenta a nuestros propios demonios.
Hace poco una persona, muy cara a mis sentimientos, y a raíz de un artículo que publiqué en Papel Salmón sobre Haruki Murakami, me decía que tras la lectura de uno de sus libros “era muy difícil salir indemne”. Pues bien, al ver la exposición de Soutine recordé la frase y a su remitente; ya que sentí exactamente la misma sensación, me costó salir indemne. Y en el cuaderno que siempre me acompaña, anoté, como si de escritura automática se tratase, lo siguiente:
Su obra te lleva por terrenos baldíos, por arenas movedizas. Soutine te agarra de la mano, como si fuese una tenaza, y no te suelta, te sumerge en el desamparo, en el terror, en la pesadilla. Es una obra que molesta, que trata de ahogarte en aguas turbias; no se sale incólume después de haberla visto. Nos enfrenta a nuestros fantasmas, llama a gritos a los demonios que nos habitan, nos lleva por la cuerda floja como si fuésemos funámbulos en busca de un precipicio donde arrojarnos en una caída sin fin. O como si resbaláramos en un terreno cenagoso o fuésemos tragados por arenas movedizas, como si nos perdiésemos para siempre en un terreno hostil y desconocido. Al final tuve la impresión que para Soutine la vida es un hueco negro que atrae hasta el fondo. Este cúmulo de sensaciones lo había experimentado hace dos años con la gran exposición de Louise Bourgeois, organizada por el Centro Georges Pompidou, aunque de una manera mucho más intensa, (para mayor información puede leerse el artículo que publiqué en este mismo blog hace dos años). Esta sensación de extravío también la había sentido dos días antes cuando observaba atentamente la obra de Edvard Munch en La Pinacoteca, exposición reseñada en este blog, el pasado 29 de mayo.
Si bien los nenúfares de Monet me habían llevado al paraíso, Soutine me paseó por su propio infierno. Lo que quiero decir es que L’Orangerie nos enfrenta a dos lecturas diferentes, pero cada una de una riqueza invaluable. No en vano la vida misma nos hace bascular entre la alegría y la pesadilla a todo lo largo de nuestra existencia. Dejó como legado 482 obras, pero había pintado muchísimas más, desafortunadamente la mayoría de sus obras fueron destruidas por él mismo ya que no aceptaba ni la más leve crítica; pero otras fueron destruidas porque él mismo consideraba que no tenían valor artístico*.
Bibliografía: Musée de L’Orangerie. Guide de visite. Texte de Jean-Noël von der Weid. 2007
*Nota: No hace ni dos horas que terminé de escribir este artículo en el que hago alusión a la obra de Louise Borgeois; sin saber que había muerto en el día de ayer (31 de mayo 2010), tenía 98 años y una mente completamente lúcida, nunca dejó de trabajar. La paz sea en su tumba. Siempre la recordaré, no sólo como la excelente artista que se destacó a todo lo largo del siglo XX y en este primer decenio del XXI, sino como una mujer que supo luchar contra los avatares del tiempo, sin doblegarse nunca. Siempre será un faro en mi vida. Berta Lucía Estrada Estrada
Aunque he visitado varias veces el Museo Jeu de Paume, aún no conocía su gemelo, L’Orangerie, situados los dos en el Jardín de las Tullerías. París es una ciudad infinita, culturalmente hablando, siempre nos sorprende, siempre tiene algo para mostrarnos, nunca acabamos de descubrirla por completo. Ni siquiera los parisinos la conocen a fondo. Así que no me ruborizo al decir que es hasta ahora que descubro las maravillas que alberga en su interior.
El Museo de L’Orangerie, conocido también con el apelativo de la Capilla Sixtina del Impresionismo, expone desde 1927 “Las Ninfeas” de Claude Monet (1846-1926). La sala fue especialmente adecuada para estas inmensas pinturas, ya que Monet las legó al Estado francés con la condición de encontrarles un lugar permanente. Georges Clemenceau (1841-1929), al aceptar su proposición, le pidió a Monet que él mismo decidiera como deseaba que sus pinturas fueran expuestas. De dos obras que inicialmente iba a donar, terminó por entregar 22 paneles, que componen a su vez 8 composiciones, para un total de 40 metros de lienzo. Este proyecto le llevó 14 años de arduo trabajo. En esta hermosa sala, recientemente renovada, el espectador puede sumergirse en el mundo poético y privado de Claude Monet. Me refiero a su casa de Giverny, a sus jardines y al lago artificial donde sembró cientos de nenúfares, que se convirtieron en su modelo predilecto y en un permanente laboratorio de experimentación pictórica. Monet vivió allí los últimos cuarenta años de su larga y prolífica vida. Es en estos jardines donde pudo entregarse sin reserva alguna a su gran pasión, la pintura; ya que los años de precariedad económica habían quedado atrás. Monet, desde muy temprano, había logrado un rompimiento absoluto de todos los cánones académicos; pero no es sino al final de su vida que logra, gracias a los nenúfares, acercarse a lo que posteriormente se conocería en la historia del arte como abstraccionismo. Hoy en día es considerado uno de sus precursores. Otros dos museos de visita obligatoria, en cuanto a Monet se refiere, son el de Marmottan y el de Orsay.
El Museo de L’Orangerie expone, además, dos importantes colecciones, una sobre la obra de Paul Klee, perteneciente a un importante galerista de arte, Ernest Bayeler, y la colección Walter-Guillaume con obras de Renoir, Cézanne, Modigliani, Rousseau, Laurencin, Picasso, Matisse, Derain, Utrillo y Soutine. La primera es itinerante y la segunda permanente. Y si bien reconozco que Paul Klee es un artista extraordinario, tampoco puedo negar que su obra no me hace vibrar. Por eso he decidido hablar sobre Chaïm Soutine, artista que hace parte de la colección Walter-Guillaume.
La Colección Walter-Guillaume, lleva el nombre de dos coleccionistas. Paul Guillaume, marchante de arte, cultivado y con una sensibilidad especial que le hizo comprender desde muy joven la importancia del arte moderno. Es de anotar que contó con la suerte de conocer muy joven a Guillaume Apollinaire, quien se convirtió en su mentor, y el poeta Max Jacob le presentó a personajes de la talla de Modigliani, De Chirico, Marie Laurencin, Picasso o Picabia, artistas que pasaron por su galería de arte. Paul Guillaume supo comprender desde el primer momento hasta qué punto tenía delante de sí obras que pasarían a la posteridad. Murió en el año de 1932. Su esposa Juliette Lacaze se convirtió en su heredera universal; tiempo después contrajo nupcias con el empresario Jean Walter; juntos continuaron la pasión de Guillaume. Poco antes de su muerte Madame Walter-Guillaume decidió donar la colección al Museo de L’Orangerie, que la expone desde 1984.
Y es esta colección la que me hizo descubrir un pintor extraordinario que nunca había oído nombrar: Chaïm Soutine (1893-1943), reconocido como el artista más patético del expresionismo de la escuela de París. Este pintor, de origen lituano, nació en el seno de una familia judía, enfrentada a una vida miserable. Su padre trabajaba como ayudante en un taller de sastrería y con su magro salario debía sostener una prole numerosa. El mismo Soutine comenzó a trabajar a los doce años en el taller de su tío. Pero su verdadera inclinación era la pintura y el dibujo. Su padre se oponía férreamente a esta pasión, ya que era un judío ortodoxo para quien las imágenes representadas por el hombre eran pecado. La austeridad religiosa y el miedo, asediaron su infancia y parte de su adolescencia; sin olvidar al hambre y al frío, que fueron prácticamente sus eternas compañeras. La angustia vivida en sus primeros años nunca lo abandonaría, fue la fuente primordial de su creación artística; no en vano muchos autores han dicho que la verdadera musa es la tragedia.
En 1913 llega a París, allí conoce a sus compatriotas Marc Chagall y Jacques Lipchitz, y luego encuentra a Modigliani, construyendo con él una larga amistad. Se vuelve un asiduo visitante del Museo del Louvre, y Rembrandt y Courbet se convierten en sus pintores predilectos. Rembrandt mismo es el modelo a seguir. No en vano años más tarde pintaría una obra “La res desollada”, en clara alusión a un célebre cuadro del pintor holandés. La anécdota de esta obra es bastante elocuente con respecto a la personalidad sombría de Soutine. En vez de trabajar directamente en un matadero, delante de la res que acababa de ser sacrificada, Soutine se la lleva directamente a su apartamento y allí procede a la elaboración del cuadro. Cuando el olor a carne descompuesta comienza a sentirse en los corredores, los vecinos llaman a la policía para que indaguen lo que sucede en la vivienda del pintor. Entre 1915 y 1919 descubre el sur de Francia. Sus pueblos fueron la base para un cuadro maravilloso titulado “Árbol caído” (1923-1924). Un inmenso árbol cae sobre un pueblo entero, pareciera como si sus casas fuesen como la vida misma del hombre, frágil y desamparada. En otro de sus cuadros aparece uno de los característicos pueblos franceses, pueblos suspendidos y cuyas casas se abaten las unas contra las otras, en una clara referencia a la precariedad de la existencia. Sus retratos nos muestran seres extraviados en sí mismos, alejados de todo intento de comunicación humana. Sus miradas no se dirigen a ninguna parte, ni siquiera se miran ellos mismos. Sin embargo, algunos colores utilizados, como el rojo, podrían dar destello de alegría al lienzo, como es el caso de “La joven inglesa” (1934). Pero en soutine el rojo, en vez de dar un tono de alegría a la composición, acentúa el desgarramiento interior de su personaje. En otras palabras, su obra nos enfrenta a nuestros propios demonios.
Hace poco una persona, muy cara a mis sentimientos, y a raíz de un artículo que publiqué en Papel Salmón sobre Haruki Murakami, me decía que tras la lectura de uno de sus libros “era muy difícil salir indemne”. Pues bien, al ver la exposición de Soutine recordé la frase y a su remitente; ya que sentí exactamente la misma sensación, me costó salir indemne. Y en el cuaderno que siempre me acompaña, anoté, como si de escritura automática se tratase, lo siguiente:
Su obra te lleva por terrenos baldíos, por arenas movedizas. Soutine te agarra de la mano, como si fuese una tenaza, y no te suelta, te sumerge en el desamparo, en el terror, en la pesadilla. Es una obra que molesta, que trata de ahogarte en aguas turbias; no se sale incólume después de haberla visto. Nos enfrenta a nuestros fantasmas, llama a gritos a los demonios que nos habitan, nos lleva por la cuerda floja como si fuésemos funámbulos en busca de un precipicio donde arrojarnos en una caída sin fin. O como si resbaláramos en un terreno cenagoso o fuésemos tragados por arenas movedizas, como si nos perdiésemos para siempre en un terreno hostil y desconocido. Al final tuve la impresión que para Soutine la vida es un hueco negro que atrae hasta el fondo. Este cúmulo de sensaciones lo había experimentado hace dos años con la gran exposición de Louise Bourgeois, organizada por el Centro Georges Pompidou, aunque de una manera mucho más intensa, (para mayor información puede leerse el artículo que publiqué en este mismo blog hace dos años). Esta sensación de extravío también la había sentido dos días antes cuando observaba atentamente la obra de Edvard Munch en La Pinacoteca, exposición reseñada en este blog, el pasado 29 de mayo.
Si bien los nenúfares de Monet me habían llevado al paraíso, Soutine me paseó por su propio infierno. Lo que quiero decir es que L’Orangerie nos enfrenta a dos lecturas diferentes, pero cada una de una riqueza invaluable. No en vano la vida misma nos hace bascular entre la alegría y la pesadilla a todo lo largo de nuestra existencia. Dejó como legado 482 obras, pero había pintado muchísimas más, desafortunadamente la mayoría de sus obras fueron destruidas por él mismo ya que no aceptaba ni la más leve crítica; pero otras fueron destruidas porque él mismo consideraba que no tenían valor artístico*.
Bibliografía: Musée de L’Orangerie. Guide de visite. Texte de Jean-Noël von der Weid. 2007
*Nota: No hace ni dos horas que terminé de escribir este artículo en el que hago alusión a la obra de Louise Borgeois; sin saber que había muerto en el día de ayer (31 de mayo 2010), tenía 98 años y una mente completamente lúcida, nunca dejó de trabajar. La paz sea en su tumba. Siempre la recordaré, no sólo como la excelente artista que se destacó a todo lo largo del siglo XX y en este primer decenio del XXI, sino como una mujer que supo luchar contra los avatares del tiempo, sin doblegarse nunca. Siempre será un faro en mi vida. Berta Lucía Estrada Estrada
domingo, 30 de mayo de 2010
WILLIAM TURNER (2o día)
(Vista realizada al Museo Grand Palais, París, el sábado 22 de mayo 2010)
La primera vez que escuché el nombre de William Turner (1775-1851), fue en el curso de Historia del Arte que debí tomar en la universidad por espacio de 8 semestres; y aunque había elegido la literatura como formación profesional, el arte tenía un lugar muy importante en el currículum. Tuve una profesora excelente que supo sembrar en lo más profundo de mi ser un intenso amor por el arte, siempre le estaré agradecida. Turner me fue presentado, junto con John Constable (1776-1837), como uno de los precursores del movimiento que partiría la historia del arte en dos: El Impresionismo. Así ellos no hubieran vivido para darse cuenta hasta que punto su pincelada, su paleta, la concepción de sus temas, había dado paso a una verdadera revolución artística. Y es que los grandes pintores y escultores son aquellos que se arriesgan, que osan hacer algo diferente. La verdad sea dicha no me gustan los artistas que se repiten hasta la saciedad, como un Botero; en otras palabras no me gusta cuando un artista encuentra la gallina de los huevos de oro y la explota hasta el infinito. No en vano Pablo Picasso (1881-1973) solía decir que cada vez que la obra de una de sus épocas pictóricas comenzaba a venderse fácilmente, inmediatamente cambiaba de estilo, nunca se repitió, siempre buscó la innovación, sentía horror de copiarse a sí mismo, pero no de copiar a los clásicos. William Turner fue uno de los pioneros en comprender este postulado, mucho antes que Picasso naciera. Otra de las frases de Picasso era: “Un artista copia, un gran artista roba”. Turner no copiaba las ideas de los otros, las robaba y les daba su toque personal, que no era sino el de un genio de la pintura; ya que sabía admirar la obra de su tiempo y se servía de ella cuando lo consideraba necesario.
Turner y sus pintores es el nombre de la exposición que tuvo lugar en el Museo Grand Palais de París, (de febrero a mayo de 2010). Una exposición que ha sido realizada en asociación con la Galería Tate Britain de Londres y el Museo El Prado de Madrid. Esta exposición no sólo recoge la pintura de varios museos sino que se expone de una forma bastante original y pedagógica, ya que los lienzos de Turner son expuestos al lado de las pinturas y de los autores que tuvieron una gran influencia en su desarrollo pictórico, léase artistas que lo habían precedido como algunos de sus contemporáneos.
Es el caso de una de sus obras cumbres, “Helvoetsluys”, que comparte la misma sala de “La inauguración del Puente de Waterloo” de John Constable. Estas dos obras habían sido expuestas por primera vez en la Royal Academy en el año de 1832, una al lado de la otra. Con respecto a estos dos lienzos existe una anécdota bastante elocuente sobre la personalidad de Turner. Cada vez que había una exposición se trasladaba con su lienzo y paleta al museo donde iba a realizarse la muestra pictórica y allí trabajaba hasta el último momento, sólo dejaba de trabajar el día de la inauguración. Esto le daba la posibilidad de estudiar ampliamente las obras que iban a exponerse al lado de la suya y le permitía hacer algunos cambios con el objetivo final de opacar el trabajo de sus colegas y resaltar el suyo. En el caso de la marina señalada, Turner comprendió que el trabajo desarrollado por Constable aventajaba el suyo, gracias al brillante dominio de la representación atmosférica, en este caso preciso el cielo pluvioso de Londres, tema que Constable manejaba a la perfección; además había utilizado el color rojo para resaltar algunos aspectos de la obra, entre ellos dos de los barcos allí representados, lo que confería al cuadro un aspecto festivo, necesario para conmemorar la gran derrota de las tropas francesas y la consecuente caída de Napoleón. El rojo, en medio de una gama de tonos grises, daba a su obra un destello inusitado. Así que después de observar el lienzo detenidamente, Turner decidió dar un toque final a su marina, que resultaría a la postre una excelente decisión y que haría de ella una verdadera obra maestra; simplemente pintó sobre las olas una especie de mancha bermellón, con el resultado que su obra se transformó y ganó fuerza, sobrepasando con creces la marina de Constable. Esta anécdota muestra a qué punto Turner sabía mirar y apreciar la obra de sus contemporáneos; aspecto que no siempre ha sido la característica de los artistas, enfrentados generalmente en pequeñas rencillas y celos profesionales.
Esta costumbre de trabajar hasta el último momento en el lugar preciso de la exposición hacía que los pintores temieran que sus obras fuesen expuestas en la misma sala que las del Maestro. Solían decir que colgar uno de sus cuadros al lado de un Turner era como colgarlo al lado de una ventana, ya que era el Turner el que se llevaba todas las miradas, haciendo invisibles todas las demás. Fue exactamente lo que pasó con la marina ya señalada de Constable. Y es que Turner fue un verdadero maestro de la representación pictórica del mar, lo que lo llevó a hacer circular una leyenda en la que aseguraba que estando en un barco había sobrevivido a una tempestad marina porque se había agarrado fuertemente de un mástil para no caer al mar enfurecido.
Turner fue un viajero incansable y un gran admirador del Museo del Louvre que había abierto sus puertas al público en 1793. Allí conoció la obra de Claude Lorrain, de Nicolás Poussin y de Antoine Watteau. En Holanda conoció la obra de Rembrandt y en Italia, la de Raphael, Tiziano y Canaletto, entre otros.
Turner es el pintor de lo etéreo, de lo inaprensible. Gracias a su gran capacidad de observación, a su paciencia y a su disciplina, ha sido considerado como el pintor del agua, del fuego, del cielo. Logró palpar lo impalpable y transmitirlo en un lenguaje poético. Esto permite que la sensibilidad del artista sea plenamente percibida por el espectador, pero también por los pintores que lo sucedieron. Es el caso del cuadro “El incendio del Parlamento” (1834-1835), tema que retomaría años más tarde Claude Monet (1840-1926). O bien, el color amarillo imperante en su óleo “El Temerario remolcado a dique seco” (1839), indudablemente tuvo una gran influencia en Vincent Van Gogh (1853-1890). Su gusto por la fugacidad, superficies borrosas, difuminados y colores intensos, serían tomados por los impresionistas, así como su estudio de la luz natural. Ha sido también considerado como precursor del abstraccionismo, para lo cual citaría su óleo “Paisaje de río con bahía al fondo” (1835).
En 1804 abrió una galería de arte donde exponía su propia obra y en 1822 la adecuó con un sofisticado sistema de iluminación cenital, cubrió sus paredes con pintura roja, transformando así su galería en un verdadero museo dedicado a su propia obra; un gesto extraordinario para su época, que muestra a qué punto estaba convencido de su genialidad.
En el momento de su muerte había legado su producción artística a la nación inglesa: 19000 dibujos y más de 200 lienzos. En su testamento señaló que una de sus marinas fuese expuesta siempre al lado de una marina de Le Lorrain. Su herencia fue entonces distribuida entre la National Gallery y la Tate Britain. Sus restos reposan en la Catedral de San Paul, no lejos de Lord Nelson y de otros personajes importantes de la historia británica. William Turner preside para siempre el lugar más importante en el panteón de la pintura inglesa, siendo reconocido como el más grande pintor inglés de todos los tiempos.
Bibliografía:
CLAY, Jean. L’Impressionisme. Hachette. Paris, 1971. (Préface de René Huyghe, de l’Académie Française, Professeur au Collège de France).
FAROULT, Guillaume. Turner et ses peintres. Album de l’exposition. Éditions de la réunion des musées nationaux. Paris, 2010.
HILLYER et Huey. Petite histoire de l’art et des artistas. Fernand Nathan. París.
Turner y sus pintores es el nombre de la exposición que tuvo lugar en el Museo Grand Palais de París, (de febrero a mayo de 2010). Una exposición que ha sido realizada en asociación con la Galería Tate Britain de Londres y el Museo El Prado de Madrid. Esta exposición no sólo recoge la pintura de varios museos sino que se expone de una forma bastante original y pedagógica, ya que los lienzos de Turner son expuestos al lado de las pinturas y de los autores que tuvieron una gran influencia en su desarrollo pictórico, léase artistas que lo habían precedido como algunos de sus contemporáneos.
Es el caso de una de sus obras cumbres, “Helvoetsluys”, que comparte la misma sala de “La inauguración del Puente de Waterloo” de John Constable. Estas dos obras habían sido expuestas por primera vez en la Royal Academy en el año de 1832, una al lado de la otra. Con respecto a estos dos lienzos existe una anécdota bastante elocuente sobre la personalidad de Turner. Cada vez que había una exposición se trasladaba con su lienzo y paleta al museo donde iba a realizarse la muestra pictórica y allí trabajaba hasta el último momento, sólo dejaba de trabajar el día de la inauguración. Esto le daba la posibilidad de estudiar ampliamente las obras que iban a exponerse al lado de la suya y le permitía hacer algunos cambios con el objetivo final de opacar el trabajo de sus colegas y resaltar el suyo. En el caso de la marina señalada, Turner comprendió que el trabajo desarrollado por Constable aventajaba el suyo, gracias al brillante dominio de la representación atmosférica, en este caso preciso el cielo pluvioso de Londres, tema que Constable manejaba a la perfección; además había utilizado el color rojo para resaltar algunos aspectos de la obra, entre ellos dos de los barcos allí representados, lo que confería al cuadro un aspecto festivo, necesario para conmemorar la gran derrota de las tropas francesas y la consecuente caída de Napoleón. El rojo, en medio de una gama de tonos grises, daba a su obra un destello inusitado. Así que después de observar el lienzo detenidamente, Turner decidió dar un toque final a su marina, que resultaría a la postre una excelente decisión y que haría de ella una verdadera obra maestra; simplemente pintó sobre las olas una especie de mancha bermellón, con el resultado que su obra se transformó y ganó fuerza, sobrepasando con creces la marina de Constable. Esta anécdota muestra a qué punto Turner sabía mirar y apreciar la obra de sus contemporáneos; aspecto que no siempre ha sido la característica de los artistas, enfrentados generalmente en pequeñas rencillas y celos profesionales.
Esta costumbre de trabajar hasta el último momento en el lugar preciso de la exposición hacía que los pintores temieran que sus obras fuesen expuestas en la misma sala que las del Maestro. Solían decir que colgar uno de sus cuadros al lado de un Turner era como colgarlo al lado de una ventana, ya que era el Turner el que se llevaba todas las miradas, haciendo invisibles todas las demás. Fue exactamente lo que pasó con la marina ya señalada de Constable. Y es que Turner fue un verdadero maestro de la representación pictórica del mar, lo que lo llevó a hacer circular una leyenda en la que aseguraba que estando en un barco había sobrevivido a una tempestad marina porque se había agarrado fuertemente de un mástil para no caer al mar enfurecido.
Turner fue un viajero incansable y un gran admirador del Museo del Louvre que había abierto sus puertas al público en 1793. Allí conoció la obra de Claude Lorrain, de Nicolás Poussin y de Antoine Watteau. En Holanda conoció la obra de Rembrandt y en Italia, la de Raphael, Tiziano y Canaletto, entre otros.
Turner es el pintor de lo etéreo, de lo inaprensible. Gracias a su gran capacidad de observación, a su paciencia y a su disciplina, ha sido considerado como el pintor del agua, del fuego, del cielo. Logró palpar lo impalpable y transmitirlo en un lenguaje poético. Esto permite que la sensibilidad del artista sea plenamente percibida por el espectador, pero también por los pintores que lo sucedieron. Es el caso del cuadro “El incendio del Parlamento” (1834-1835), tema que retomaría años más tarde Claude Monet (1840-1926). O bien, el color amarillo imperante en su óleo “El Temerario remolcado a dique seco” (1839), indudablemente tuvo una gran influencia en Vincent Van Gogh (1853-1890). Su gusto por la fugacidad, superficies borrosas, difuminados y colores intensos, serían tomados por los impresionistas, así como su estudio de la luz natural. Ha sido también considerado como precursor del abstraccionismo, para lo cual citaría su óleo “Paisaje de río con bahía al fondo” (1835).
En 1804 abrió una galería de arte donde exponía su propia obra y en 1822 la adecuó con un sofisticado sistema de iluminación cenital, cubrió sus paredes con pintura roja, transformando así su galería en un verdadero museo dedicado a su propia obra; un gesto extraordinario para su época, que muestra a qué punto estaba convencido de su genialidad.
En el momento de su muerte había legado su producción artística a la nación inglesa: 19000 dibujos y más de 200 lienzos. En su testamento señaló que una de sus marinas fuese expuesta siempre al lado de una marina de Le Lorrain. Su herencia fue entonces distribuida entre la National Gallery y la Tate Britain. Sus restos reposan en la Catedral de San Paul, no lejos de Lord Nelson y de otros personajes importantes de la historia británica. William Turner preside para siempre el lugar más importante en el panteón de la pintura inglesa, siendo reconocido como el más grande pintor inglés de todos los tiempos.
Bibliografía:
CLAY, Jean. L’Impressionisme. Hachette. Paris, 1971. (Préface de René Huyghe, de l’Académie Française, Professeur au Collège de France).
FAROULT, Guillaume. Turner et ses peintres. Album de l’exposition. Éditions de la réunion des musées nationaux. Paris, 2010.
HILLYER et Huey. Petite histoire de l’art et des artistas. Fernand Nathan. París.
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