martes, 29 de diciembre de 2015

Lista de los mejores libros que leí en el 2015

Lista de los mejores libros que leí en el 2015: Meursault, contre-ênquete*, Actes Sud (Meursault, caso revisado, Editorial Almuzara) de Kamel Daoud (Premio Goncourt a la primera novela 2015- Finalista Gremio Goncourt 2014). Es de lejos una joya literaria, tan grande como el Extranjero de Albert Camus. Kamel Daoud (Argelia, 1970) escogió la lengua francesa para su creación literaria; de hecho comenzó a trabajar en el Quotidien d’Oran, periódico francófono, en 1994. Y este dato es muy importante tenerlo en cuenta, ya que Mersault, contre-enquête es un elogio a Camus y a la lengua francesa. De hecho a todo lo largo de la narración hay múltiples frases que exploran la belleza de esta lengua, incluso dice que tiene visos de diamante: “Hay algo que me asombra: nadie, ni siquiera después de la independencia, ha tratado de conocer el nombre de la víctima, su dirección, sus antepasados, sus posibles hijos. Nadie. Todos se quedaron boquiabiertos ante esta lengua perfecta que da al aire puntas de diamante…”. Meursault, contre-enquête, se mira al espejo de El Extranjero, de hecho al escribirla en la misma lengua lo hace no de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda; es más, comienza con una frase contraria a la de El Extranjero: Hoy mamá sigue viva, parodiando la frase de Meursault: Hoy ha muerto mamá. Posteriormente va a tratar de dilucidar el nombre de Meursault, Meur, de meurt, muere, y sault que le recuerda a seul, solo; o sea Meurseult es el hombre que muere solo. Pero yo diría también que sault, me hace pensar en el saut, el salto; o sea el muerto que salta. Y es que Meursault va a estar presente en toda la narración, a veces incluso se confunde con su autor, o sea con Camus. Incluso Daoud nos recuerda al final del libro que la pronunciación de Meursault en árabe es El-Merssoul, o sea El Enviado o El Mensajero. ------------------------------------- La comadrona de Katja Kettu Katja Kettu (Finlandia 1978) es una escritora sin par. Leí La Comadrona (Alfaguara 2014) prácticamente de un tirón. Es una obra sobre el amor y la guerra. Aunque sería más acertado decir que es un descenso a los infiernos, un viaje a las profundidades del delirio que nos acosa en épocas de enfrentamiento bélico. La obra se desarrolla en un campo de concentración nazi en tierras laponas y narra la extraña historia de amor de una campesina, Ojo Salvaje, que trabaja como comadrona, y de Johann Angelhorst, un oficial SS alemán. La novela se sitúa en los meses previos a los enfrentamientos entre Finlandia y Alemania y a los primeros meses de la Guerra de Laponia. Su encuentro es bastante peculiar por decir lo menos. La primera vez que Johann Angelhorst se cruza con Ojo Salvaje observa, poco menos que alucinado, que ella tiene un cordón umbilical que le cuelga de la boca, ya que acaba de atender un parto y ha cortado el cordón con sus propios dientes. La mirada que recibe por parte del oficial, que es también fotógrafo, es la mirada de un macho que busca una hembra. Ella siente su olor mezclado con los propios efluvios de su cuerpo y del cuerpo que acaba de dar a luz. Desde ese momento ella se dirá que si logra ser amada por él no necesitará buscar otro hombre. Al respecto Katja Kettu ha dicho: « El tema más importante de la novela es conseguir el amor. Personalmente solo he estado enamorada una vez. Cuando le vi por primera vez me prometí a mí misma que si podía conseguir a este hombre ya no pediría ninguno más. Quería incluir esta experiencia en la novela.» -------------------------------------- Peut-être Esther de Katja Petrowskaja Posiblemente Esther, (Ediciones Adriana Hidalgo, traducción de Nicolás Gelormini), de la ucraniana Katja Petrowskaja (1970), obtuvo el importante galardón literario Ingeborg-Bachmann, Alemania 2013. Vielleicht Esther, fue escrito originalmente en alemán, una lengua que su autora aprendió cuando ya era adulta. Katja Petrowskaja nació en Kiev en 1970, y luego vivió en Rusia y Estonia, para luego instalarse definitivamente en Berlín. De origen judío, la autora indaga en las raíces de su familia materna y paterna. Tal vez Esther, evoca la historia europea, al menos la historia de la Europa del Este, partiendo de la evocación de la historia familiar de la autora. Tal vez Esther, es un poderoso relato familiar, nunca había leído algo similar. Es hermoso, profundo y muy doloroso. Los recuerdos de la autora, de sus progenitores, de su familia, amigos y personas que encuentra a lo largo de su peregrinación al pasado, se tejen en un inmenso patchwork, en el que ineluctablemente el lector termina atrapado por una de las tantas agujas con las que cose uno a uno cada cuadro del pasado; algunas veces vivido, otras imaginado, o leído, o escuchado. El resultado es una investigación sorprendente sobre la historia del pueblo judío, su persecución y su exterminio ; no sólo por parte de la locura de Adolfo Hitler sino de la locura de Stalin y de sus secuaces comunistas. Desafortunadamente cuando se habla de El Holocausto, olvidamos que también los rusos jugaron un papel terrible, y que a su manera participaron en La Solución Final ; esa enorme herida del siglo XX. Horror es el término adecuado. --------------------------------------- La carta a Helga de Bergsveinn Birgisson Bergsveinn Birgisson (Islandia-1971), autor de una nouvelle, escrita en forma epistolar, La carta a Helga, (La Lettre à Helga, Editions Zulma 2013 – 125 páginas,traducido del islandés al francés por Catherine Eyjólfosson ). He leído esta hermosa carta de amor, pero también de reivindicación de la identidad, meciéndome en una mezcla de emociones que rara vez experimento cuando leo una novela. Y es que La carta a Helga no pretende ser un discurso racional, sino emotivo. Bjarni, el hombre que le escribe a Helga, tiene noventa años y en el umbral de la muerte, cuando ella lo espera del otro lado, decide contestarle la misiva de amor que muchos años antes ella le enviase. Bjarni, un eterno enamorado de la mujer por la que no supo o no quiso luchar, nos va a relatar uno a uno los episodios de un mundo que ya no existe: el de los pastores de ovejas del sureste de Islandia. A través de Bjarni descubrimos una literatura oral de una gran riqueza y belleza, las sagas, que narran las historias vikingas; pero también nos enseña un nuevo lenguaje: el de los pastores, agricultores y hombres de mar. Una forma de vida que practicamente ha dejado de existir en los últimos cincuenta años. No porque ese tipo de actividades ya no exitan en Islandia, sino porque la tecnología y la modernidad, ¿o postmodernidad?, las ha enterrado para siempre, o al menos es lo que pretenden. Es de anotar que Bjarni escribe su hermosa carta de amor a Helga en Kolkustadir, el 29 de agosto de 1997; así que el siglo XX, con todos sus cambios y con dos guerras mundiales, ha desfilado ante sus ojos atónitos; por lo que es plenamente consciente que su mundo está en peligro y que su desaparición es inminente. ---------------------------------- Boussole de Mathias Enard (Actes Sud, 2015) Actualmente estoy leyendo Boussole (Brújula) la obra ganadora del Premio Goncourt 2015. Una obra de una gran erudición. Es un peregrinaje a Oriente a través de la música, de la literatura, del arte, de los viajeros, de los científicos. Un viaje que comienza en el siglo XIX hasta nuestros días. Es un puente entre Oriente y Occidente, una invitación al diálogo entre culturas milenarias y de una inmensa riqueza. Es también la historia de una rara historia de amor, de un amor no correspondido. Es un viaje que interroga al desierto, que quiere borrar fronteras físicas para mostrar que en el fondo somos seres humanos que seguimos la senda del conocimiento y de la estética. Un mundo que camina en la cuerda floja de Las Mil y Una Noches y En busca del tiempo perdido de Proust, que camina entre el llamado a la oración de un muecín o los lieders alemanes. ------------------------------------ Literatura colombiana: Tríptico de la infamia de Pablo Montoya (Penguin Random House, 2ª reimpresión, julio 2015). Es a partir de la visión que los hugonotes tienen de la conquista española, en esas tierras indómitas y lejanas de las cuales llegaban las más insólitas leyendas pero también los relatos mas escabrosos, que Pablo Montoya construye su espléndido libro Tríptico de la infamia, y con el cual obtuvo este año el prestigioso Premio Rómulo Gallegos. Tríptico de la infamia es escrito con una rara erudición, con una de esas sapiencias que uno creería que hacen parte del cuarto de san Alejo y que ya no hay nadie que se interese por un mundo perdido para siempre en los anaqueles de las viejas bibliotecas europeas. Y de pronto, un autor colombiano va y desempolva papeles para luego pintarnos un fresco de ese mundo convulsionado del sigo XVI y traernos a pintores, grabadores y cartógrafos desconocidos para la gran mayoría de la gente, aún para aquellos que amamos la historia del arte; así algunos de sus cuadros no nos sean del todo desconocidos. Me refiero a Jacques Le Moyne (Francia,1533-1588), François Dubois (Francia,1529- 1594) y Théodore De Bry (Lieja,1528-1598), tres artistas hugonotes que van a representar uno a uno la locura desatada por el fanatismo católico en contra de su comunidad; me refiero a la Noche de San Bartolomé, pero también en contra de los indios del Nuevo Mundo. No hay que olvidar que estos personajes fueron víctimas de las Guerras de la Religión que azotaron a Francia desde 1562 hasta 1598; una guerra que de alguna forma habría de tener fuertes consecuencias en los países vecinos, sobre todo en la región de Flandes. Pablo Montoya nos sumerge en un mundo para muchos desconocido con una frescura propia del pincel de un artista del Renacimiento francés; recuérdese que Francia había quedado rezagada del Renacimiento italiano por haber estado inmersa en la Guerra de los Cien Años; así que como otros países llega tarde a este momento estelar de la historia del arte y del pensamiento. Montoya nos muestra, uno a uno, los cuadros que estos pintores realizaron y la denuncia visceral que hicieron de la religión y de la sociedad de su época. Tríptico de la infamia es un soberbio diálogo entre estos tres personajes históricos, poseedores de una gran cultura, políglotas, pero sobre todo poseedores de una gran sensibilidad social e histórica. Ellos eran conscientes de ser testigos privilegiados de su época y de las calamidades que el fanatismo religioso engendra. Sin olvidar que detrás de esa infamia está siempre escondida la ambición y el deseo de expoliar a los más indefensos; llámense en este caso hugonotes o indígenas americanos. Por eso estos artistas se saben elegidos, saben que son ellos los llamados a retratar la historia para que el horror de su tiempo no quede en el olvido. El pianista que llegó de Hamburgo (Pijao Editores, 3ª edición 2014) y La baronesa del circo Atayde (Ediciones Cangrejo, 2015) de Jorge Eliécer Pardo El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del circo Atayde, primer y segundo tomos de la saga El Quinteto de la frágil memoria, aaon un fresco que pone de manifiesto la gran erudición de Jorge Eliécer Pardo y su profunda sensibilidad social que lo compromete con el desamparado, con el desahuciado, no sólo víctima del sistema político y económico, sino del desarraigo que nos acompaña en la larga noche en la que pueblan nuestros sueños -léase pesadillas- metafísicos. Es por ello que El pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde deberían ser una lectura obligatoria en escuelas, colegios, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos; estoy segura que aprenderíamos mucho sobre nuestra idiosincrasia y entenderíamos este remolino de violencia en el que hemos navegado por décadas. Para entender el presente hay que conocer el pasado y para proyectarse hacia el futuro tenemos que conocer el pasado y el presente. El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Eso lo sabemos con creces los colombianos. ------------------------------- Verónica resucitada (Pijao Editores, 2014) del editor y escritor Carlos Orlando Pardo, una obra que se entronca en el puzzle de la zaga El Quinteto de la frágil memoria de su hermano Jorge Eliécer Pardo y que compite con ella en el dominio narrativo y en el lenguaje utilizado; ésto demuestra hasta que punto hay una simbiosis literaria entre los dos escritores. Lo que habla muy bien de su trabajo mancomunado en pro de la literatura y de su interés mutuo por la historia reciente de Colombia; pero sobre todo por el interés de narrar la época convulsa de la mal llamada violencia. Sin olvidar el mejor libro que leí en el 2014: Le chapiteau vert de Ludmila Oulistkaïa Le chapiteau vert, Editions Gallimard 2014, de la escritora rusa Ludmila Oulistkaïa (1943); no conozco su título en español, tampoco sé si ya ha sido traducido. Es una escritora a la que no dudo en comparar con Marguerite Yourcenar, así de grande es. Es un libro de largo aliento, denso, erudito, con esa erudición de las novelas rusas. Oulitskaïa nos pasea por los senderos del arte, por los de su música y los de su literatura; nos sumerge en un refinado tratado de sociología e historia rusa. Nos pasea por la época estalinista y pos estalinista, pero también por el época de los zares y del grupo de oposición llamado Los Decembristas. Es uno de esos libros que nos ponen retos y a veces se tiene la impresión que se está leyendo a Dostoievski o a Tolstoi. Yo ya había leído un libro de cuentos de dicha autora, Mensonges de femmes (Mentiras de mujeres) Gallimard 2008, pero es este libro el que me sedujo completamente. Otro de los aspectos que resalto en el libro Le Chapiteau vert es el estilo con el que ha sido escrito. Es una obra que podría leerse como si fuesen cuentos, ya que cada capítulo cuenta una historia diferente, pero todos se entrelazan entre sí; bucean en el inconsciente colectivo y en la memoria colectiva e individual. Y es que ese es otro de los grandes méritos del libro, ya que rinde homenaje a la memoria. Nos recuerda que si bien somos individuos, también formamos parte de un círculo social y político; y que por ende todas las manifestaciones artísticas, culturales, sociales y políticas, deben ser conocidas y reconocidas por nuestros contemporáneos y por nuestros descendientes. Nos recuerda que no somos islas sino continentes, y que no somos nada sin los otros. Nos recuerda que somos producto de la lengua y de la cultura que nos ha alimentado desde antes de nacer; que sin ellas no existimos, no somos nada; sin ellas viviríamos en el limbo. ------------------------------ *Nota : Todas estas reseñas, a excepción de Boussole de Mathias Enard, pueden leerse en su integralidad en este blog.

sábado, 5 de diciembre de 2015

ABRIL ROJO DE SANTIAGO RONCAGLIOLO

CUANDO LA IGNORANCIA -O LA INCOMPETENCIA- SE TOMA EL PODER En estos días hemos asistido inermes ante la debacle de Venezuela, de Ucrania, por no hablar de la guerra fratricida que asola a Siria o la terrible incompetencia de varios de los gobernantes africanos que consideran que sus países son sus feudos personales y que el pueblo es sólo su esclavo. Pero tampoco podemos ignorar a personajes como Uribe, y su larga y oscura noche, hoy alargada por ese siniestro personaje salido del bestiario medieval conocido como Ordoñez. /7 La ignorancia y la incompetencia no tienen color político, ¿cómo habrían de tenerlo si lo único que les interesa es su ambición personal, el enriquecimiento de su propia familia, o de sus allegados más íntimos? ¿aunque para lograrlo recurran a la persecución y asesinato de los opositores, a la manipulación de la justicia, al robo electoral, y muchas veces al genocidio de su propio pueblo? todo esto para escapar a la prisión dónde deberían purgar sus delitos. // Y si me refiero a dicho tema es porque en estos días he estado inmersa en la lectura de Abril Rojo*, el libro sobre el Sendero Luminoso, de Santiago Roncagliolo; aunque para ser honesta más bien debería decir el libro que se sumerge en la corrupción de las fuerzas armadas, de la policía y de la justicia peruana. En realidad una parábola de la fragilidad de nuestras democracias, por lo que no puedo evitar hacer una lectura de la política colombiana, de su más que cuestionada justicia, de su execrable guerra, y de su terrible desigualdad social, económica y educativa. Sin olvidar el nefasto papel que han jugado la Iglesia católica y las sectas que pululan en sus calles polvorientas, con las que tratan de ocultar las huellas de los 220.000 cadáveres que ha dejado este confrontamiento armado en los últimos cincuenta años. // Y es que Maduro, como lo fue Fujimori en su momento, los Kirchner de antes y de ahora, las dictaduras del Cono Sur, el Uribe de antes y de ahora con su implacable twitter; verdadero azote con el que nos recuerda todos los días que durante su paso por el Palacio de Nariño lanzó al país en un lodazal de fanatismo y sectarismo, con el que buscó perpetuarse en el poder y convertirse en un ídolo, olvidando que la mayoría de ellos son sólo de barro y excrementos; tal y como lo prueba el escándalo en el que se ahogan ahora las Fuerzas Militares de este país que pugna por salir de la hecatombe que él propició. // La misma hecatombe que legó Chávez, no solo por su pésima administración, sino por haber dejado en el poder a un hombre sin ninguna preparación intelectual ni académica; por lo que el barco está zozobrando ante la enorme ola que amenaza con tragárselo. Sin olvidar que detrás del timonel están los Castro que manipulan al Maduro, nunca maduro, o a Evo, o a la marioneta que tienen en Nicaragua; sin olvidar los aplausos que le dan a la persecución de la prensa en el Ecuador. // Y es que el fascismo, como lo decía Héctor Abad Faciolince en su columna de El Espectador, publicada el pasado domingo (15 de febrero de 2014) no es sólo de extrema derecha. También lo es cuando la extrema izquierda, y su incapacidad administrativa derrumba las bases de una democracia y sume a la población en el miedo, en la precariedad, en la violencia y en el hambre que corroe sus entrañas. ............................................... Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo. Premio Alfaguara de Novela 2006. Punto de Lectura, 2007.

jueves, 3 de diciembre de 2015

VENUS KHOURY-GHATA

El 7 de diciembre de 2011 fue otorgado el Premio Goncourt de Poesía a Venus Khoury-Ghata, quien ha ganado innumerables preseas literarias, como el Premio de la Academia Francesa (2009), el Premio Apollinaire o el Premio Mallarmé, entre otras. // Venus Khoury-Ghata nació en 1937 en el norte del Líbano, en un pequeño pueblo llamado Pshery, el mismo que vio llegar al mundo al poeta Jalil Gibran. Desde 1972 vive en París. Inicialmente trabajó para la revista Europa, dirigida en ese entonces por Louis Aragon, a quien ella, en compañía de otros colegas, tradujo al árabe. Es novelista y poeta, ha publicado alrededor de treinta títulos. Es de anotar que el New Yorker, al referirse a esta insigne poeta y novelista, dijo la siguiente frase: “Venus Khoury-Ghata es a la poesía lo que Gabriel García Márquez es a la novela”. /7 Su última libro Où vont les arbres? (¿Adónde van los árboles?) Mercvre de France 2011, indaga en su tema predilecto, la muerte. Ante nuestros ojos desfila la patria herida, violada, devastada por el fuego inclemente de la guerra. La Patria que tiene mil, un millón de amantes, la Patria que se casa todos los días con alguien diferente y a la que la autora llama madre: // “Se casa con guerreros y soldados de plomo/ La casa se hundía a medida que ella se casaba de nuevo y que/ Las lágrimas corrían por nuestras mejillas” // Es una progenitora que a pesar de estar muerta sigue engendrando hijos de hombres desconocidos que la violan en el patio trasero de un cementerio. en realidad ella representa a la muerte: // A veces es una madre que ama a sus hijos, pero otras: “La madre quería vender a sus hijos pero ningún camino los aceptaba” “Entre la madre y nosotros estaba la sombra del invierno” “La madre nos quería con brazos largos… para introducirnos en su sueño” La madre, con cara de fuego, se pierde en las colinas o detrás de los árboles, es esquiva, a veces amante, pero en general violenta. Es una trashumante en un “paisaje sedentario”. Cree partir cuando en realidad es el camino el que avanza. // Cuando hace referencia a la casa, describe su techo como una tumba, pero también como un hueco que entierra el sol: “La casa le dio la espalda/ Ella cavó un hueco dentro de otro hueco y cada noche enterró un sol” // La madre, eterna lavandera, lava la sangre de la tierra mientras que las manos de sus hijos se transforman en piedras. Al final se pregunta quienes somos para contar la vida de nuestros padres mientras morimos con cada lámpara que se extingue. ----------------------------------------------------------------------------- Nota: La lectura de este libro me hizo sentir que en vez del Líbano, arrasado por guerras intestinas, la poeta estaba hablando de Colombia y de nuestros ríos de sangre, un país muy diferente a aquellos que se empeñan en mostrar sus habitantes, marcados por el signo de la violencia y de la pobreza, como los más felices del planeta.

sábado, 28 de noviembre de 2015

LA BALADA DE ISA DE MAGDA SZABÓ

La escritora húngara Magda Szabó (1917-2007), Premio Fémina 2003, con el libro La Puerta, es una de las escritoras más importantes de la Hungría del siglo XX, fue ignorada y apabullada por el régimen comunista de su país por espacio de varios años; léase literalmente borrada de la actividad literaria e intelectual de parte de un Estado totalitario que anuló a miles de artistas, escritores e intelectuales que no estaban de acuerdo con los postulados políticos y con las directrices que les imponían. Esta ceguera ideológica la hemos visto esta semana con la carta virulenta que Laura Villa, una guerrillera, -para quien ese “título” es motivo de orgullo- le escribió a la periodista María Jimena Duzán, inmediatamente después de la publicación de la entrevista que la guerrillera en cuestión le diese en La Habana (Cuba). http://www.semana.com/nacion/articulo/entrevista-de-maria-jimena-duzan-con-guerrillera/367320-3 carta de Laura Villa a María Jimena Duzán: http://www.semana.com/nacion/articulo/carta-de-guerrillera-de-las-farc-maria-jimena-duzan/367919-3 Y esta ceguera ideológica la sentimos -la respiramos- a todo lo largo de la lectura de La balada de Iza. Magda Szabó la retrata muy bien en la figura de Vince, un antiguo juez que fue apartado de sus labores por un fallo contrario a los intereses del Estado, habiendo sido confinado a un exilio en su propio pueblo; donde además era un delito acercarse a él, o a su familia, incluso saludarlo podía ser una causa de persecución política. Algo parecido a lo que Uribe, en su siniestra y larga noche, y ahora, a través de la marioneta temible de Ordoñez, nos ha impuesto a todos aquellos que no aprobamos su ideología de extrema derecha. Y es que los sátrapas no tienen ideologías únicas, la arista donde se encuentran es el odio y la polarización, por eso son tan peligrosos, esto incluye a la extrema derecha o a la extrema izquierda; léase toda clase de fanatismo religioso o político. // Magda Szabó, a la mejor manera de un Dostoievski, nos muestra un retrato psicológico de Vince, su mujer Etelka e Iza, la hija de ambos. Esta última, médica reumatóloga, controla la vida de sus padres, y la de los hombres que la han amado. Aparentemente es la mujer perfecta, es trabajadora, buena hija, excelente estudiante y excelente profesional, es dueña de una ecuanimidad a toda prueba, madura desde su más tierna infancia, por lo que todos sus racionamientos hacían sentir a sus padres como si fuesen ellos quienes habían incurrido en algún error; sentimiento que nunca los abandonó y que sería luego compartido por el entorno social de Iza; cuando en realidad lo que hace es anular la vida de los seres que la rodean, hasta convertirlos en sombras de sí mismos. A este terrible designio escaparán los dos hombres que la amaron, los únicos en darse cuenta de los hilos tenebrosos con los que pretende manejar sus vidas. // A la muerte del padre, Iza decide vender la casa familiar y trasladar a su madre, una campesina que ni siquiera había aceptado la electricidad y el alcantarillado en su casa, a su apartamento de Budapest. La decisión de tamaño desarraigo la toma sola, creyendo que así su madre estaría mejor. De ahí en adelante asistimos inertes a la caída al vacío de Etelka, su madre. A medida que pasa el tiempo ella va entrando en un túnel que la engulle a pasos cada vez más rápidos. Etelka es una mujer que nunca tuvo la ocasión de pensar por ella misma. Ancorada desde siempre en una Hungría rural, no pudo ser protagonista del paso acelerado de una vida campesina del siglo XIX, cuasi feudal, hacía la Hungría de mediados del siglo XX. Mientras que Iza, su hija – aparentemente perfecta, pero diabólica en su manera de dirigir y controlar la vida de las personas que ama- está perfectamente integrada a la nueva sociedad que ha surgido con la industrialización del nuevo siglo. // La Balada de Iza es una parábola sobre el amor -más bien sobre el desamor-, pero sobre todo es una obra sobre la incomunicación humana, sobre la dificultad que tenemos de construirnos como personas autónomas y de la dificultad de defendernos de un amor mal comprendido. A veces los hijos se convierten en los carceleros de los padres, creen que al sacarlos de su hogar, y llevarlos a vivir a su propia casa -donde no tienen nada que hacer- va a alegrarles la vida que les resta, y lo que hacen es cortarles las raíces que los ataban a su propia identidad, menguándoles las fuerzas y socavando su propia dignidad. Eso es lo que le sucede a Etelka. Cuando por fin decida liberarse de tanta opresión será con una determinación férrea y definitiva; es entonces que Iza entenderá que ya es demasiado tarde para recuperar a la madre. // En La Balada de Iza asistimos, como si se tratase de una puesta en escena, al despojo que la hija hace de la vida de su madre, no porque le robe sus bienes materiales -aunque también lo hace cuando decide vender su casa y los bienes que hay en ella sin consultarle nada-, sino porque le roba su propia vida, la anula como individuo, como ser humano, le roba su identidad. Impedirle a alguien hacer algo, sobre todo cuando esa actitud es repetitiva, es una forma de buscar una atrofia definitiva en su capacidad cognitiva, y por supuesto manual, entre otros aspectos; y eso es lo que hace Iza con su madre. // Sin embargo, esta anulación de la identidad se hace de una forma bastante camuflada, la madre, en vez de quejarse de los excesos de la hija, busca la forma de disculparla y se atrinchera cada vez más en el fondo de la habitación donde ha sido confinada. Y es que esta es posiblemente la mayor magia narrativa de Magda Szabó, ya que no nos sirve la tragedia de un ser humano en bandeja de plata, para que luego la devoremos con el fin de aplacar nuestras ansias de antropofagia, sino que nos habla de los acontecimientos de humillación y anulación como si la viésemos detrás de una cortina, como si en vez de asistir a una tragedia griega asistiésemos a una obra de teatro negro. Por lo que las emociones pasan por un cedazo y nos llegan mitigadas, sin ecos de dolor y sin gritos, pero la desesperanza está ahí, agazapada, dispuesta a lanzarse sobre nosotros al menor descuido. // El amor de Iza por su madre, y por las personas que la rodean, es semejante a tirar a alguien al fondo de un precipicio, y antes que llegue al fondo la atrapa en una red que ha puesto anteriormente, así que la devuelve a lo alto de la roca y la vuelve a lanzar. Así, una y otra vez, convirtiendo a su víctima en un eterno Sísifo que debe subir una cuesta empinada con una roca a cuestas, y justo antes de llegar a la cresta la piedra vuelve a rodar. // La balada de Iza es el retrato agónico de una sociedad más interesada en el éxito profesional que en construir verdaderos lazos con las personas que nos rodean y que nos aman. Yo diría que es la derrota que pagamos como individuos inmersos en los cambios vertiginosos de una sociedad que cambia cada segundo, por lo que no hemos aprendido el valor de la comunicación humana y mucho menos a ser seres de carne y hueso. ——————— Las complejas relaciones entre madre e hija también han sido exploradas por Magda Zsabó en La balada de Isa, pueden ver mi reses en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/11/29/todo-un-caracter-de-la-escritora-catalana-imma-monso/

TODO UN CARÁCTER DE IMMA MONSÓ

"Escribo para vivir, escribo por vicio, escribo para reír, escribo para reconstruir lo que pierdo y volver a tenerlo, escribo para poner cada cosa en su lugar, escribo para multiplicar la vida, escribo para comunicarme mejor, escribo para seducir, escribo para amar, para polemizar, yo qué sé… Escribo, en fin, por las mismas razones que leo.” Imma Monsó ---------- Mi encuentro con esta escritora fue bastante singular. Siempre he creído que yo no fui a su encuentro sino que ella vino hacía mi e hizo que comprara su libro Todo un carácter. Fue en el marco de la IV Feria del Libro de Manizales en el año de 2003. Excepcionalmente la Cámara del Libro había puesto un stand gigante con libros que feriaba por la increíble suma de $5000 (2.50 US al cambio de hoy), algo que para una lectora compulsiva, como es mi caso, era como un regalo caído de no se sabe dónde. No obstante, mi magro presupuesto no me permitía comprar todo lo que hubiese deseado, así que de todas formas debía escoger, hacer filtros; algo muy doloroso cuando de comprar libros se trata. Y sin buscar mucho me saltó a las manos una obra de una autora completamente desconocida para mí, Imma Monsó. Leyendo la contracarátula me enteré que era catalana y que se había ganado varios premios, entre ellos uno al mejor libro escrito en lengua catalana. Pero el título de la obra no me seducía lo suficiente como para llevármelo conmigo. Al día siguiente regresé, y volví a vivir los mismos instantes. El libro me quemaba las manos pero yo no me decidía a comprarlo; así pasaron tres días. Hasta que me di cuenta que el libro me había “escogido”, por extraño que parezca. Cuando llegué a la casa me lo devoré, al día siguiente ya lo había terminado. Quise entonces buscar más obras de Imma Monsó, pero la escritora se había vuelto esquiva y no fue posible encontrar ni una obra más. Alguna vez, en un viaje a Barcelona, busqué sus libros, pero sólo estaban en catalán, así que tuve que renunciar a leerla nuevamente. Fue sólo cinco años después del mágico encuentro, que pude comprar dos obras más: Nunca se sabe (Tusquets Editores) y Un hombre de palabra (Alfaguara). // Imma Monsó (1959) es graduada en Filología Inglesa, de la Universidad de Barcelona y con estudios de postgrado en Lingüística Aplicada en las Universidades de Caen y Estrasburgo (Francia). Durante varios años se desempeñó como profesora en un instituto de enseñanza media, hasta que se dedicó por completo al oficio de la creación literaria. Su primera obra la escribió a la edad de treinta años, No se sap mai (Nunca se sabe). Una vez terminada, la envió por correo a la Editions 62, anónimamente. Al día siguiente de haberla enviado fue contactada directamente por el editor, Oriol Castanys, quien aceptó gustoso publicar el libro. El editor no se había equivocado. La publicación de la obra fue un éxito inmediato. Fue muy bien acogida tanto por la crítica como por los lectores. Algo que raramente le sucede a un escritor, sobre todo a un buen escritor. Al recordar ese episodio Imma Monsó dice que “quedó perpleja” y que desde entonces es la perplejidad la que la impulsa a escribir. La obra vió la luz en 1996 y en 1997 ganó el XXI Premio Tigre Juan. Este reconocimiento literario terminó de catapultar a la obra y a su autora. En 1998 ganó el Premio Prudenci Bertrana, con la obra Como unas vacaciones. Ese mismo año el libro fue elegido como la mejor obra escrita en lengua catalana por la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana. En el 2001 apareció Tot un carácter (Todo un carácter), traducido al español por Roger Moreno. // Todo un carácter: Este libro, a mi modo de ver, representa la consagración de la autora. Está narrado en primera persona, y quien habla es una joven mujer que cuenta -más que contar se lamenta- la relación con su madre. El lector se convierte en un espectador mudo e impotente ante la escena que se le devela: el vínculo a todas luces íntimo entre dos personas muy semejantes entre sí y a la vez completamente diferentes, como es el lazo madre-hija. Ningún otro nexo está tan marcado por sentimientos tan antagónicos como el amor y el odio, la aceptación y el rechazo visceral, la admiración y el horror que experimentan al saberse retratadas la una en la otra. Y alrededor de esos sentimientos, el juego diabólico que se establece entre las dos, en las que un día son amigas entrañables y al otro, enemigas irreconciliables que compiten por el amor del mismo hombre (léase esposo y padre). Los celos que se instauran en lo más profundo de cada una de ellas, en las que la madre es la rival de la hija y viceversa. Las críticas ácidas de parte y parte. El no querer reconocer que las hijas crecemos y que las madres tienen derecho a su propia autonomía e independencia; así eso signifique que se busquen amantes, incluso más jóvenes que ellas. El no aceptar que a veces invadimos los espacios de nuestra progenitora por el simple hecho que es nuestra madre y la apropiación de ese concepto nos da la falsa certeza que podemos, de un momento a otro, regresar a casa cuando hace tiempo hemos dejado el hogar familiar y tratar por lo tanto de imponer nuestros deseos, rutinas, vicios, “neuras”, a esa otra mujer que desde hace algunos años ha encontrado su propio espacio, su propia vida, su independencia; en la mayoría de los casos su verdadera independencia. Para muchas mujeres la primera vez que conocen el significado de dicha palabra es cuando los hijos se han marchado del hogar y cuando se ha enviudado. “… yo intuía que la soledad era el medio en que se sentía más cómoda, yo sospechaba que la soledad era su medio natural, pero una cosa es la naturaleza y otra la vocación, y su vocación era de calor familiar pero su naturaleza le impedía desarrollar esta vocación ya que rechazaba el calor y lo expulsaba como si se tratara de un tizón. Su modo de conjurar el temor a la soledad y al hielo consistía en condensar la atmósfera que la rodeaba, y esa atmósfera densa, que daba lugar a un clima que todo lo hacía posible salvo el aburrimiento, era la misma que ocasionaba el fenómeno de refracción: la radiación del afecto que le era enviado se desviaba y nunca llegaba a caldear aquel corazón que, de todos modos, se hallaba siempre en ignición por las características de su propio núcleo.” Como siempre es la hija la que habla, conocemos a su madre por lo que ella nos cuenta, por sus propias percepciones y prejuicios; sin darnos la oportunidad de conocer de primera mano lo que piensa y siente la progenitora; a no ser por algunas frases que ella escuchó decirle y que al traerlas a colación nos permiten conocerla más de cerca y más objetivamente: “los hombres no valen un duro cuando envejecen, no como las mujeres, que incluso a edades avanzadas saben defenderse solas y lucen de maravilla”. Con esta frase vemos a una mujer que le gusta provocar con las palabras, que lo que dice siempre obedece a algo, a buscar una reacción por parte del interlocutor e incluso escandalizarlo. A esa frase podría agregársele que cuando se quedan solas, cuando enviudan y los hijos hacen su propia vida, es cuando aprenden a ser amadas, pero sobre todo, deseadas: “La existencia de los pretendientes le iba a mamá como anillo al dedo: eran pocos molestos, se mantenían a distancia y, como siempre pretendían, jamás conseguían nada. Ilustraban una vez más a la perfección la idea de una carencia permanente, de aquello que falta y no se tiene, de lo nunca cumplido, ilustraban a la perfección la ausencia del presente y, en este caso, también la del futuro. Todo lo que concernía a los pretendientes era, eso sí muy misterioso”. A todo lo largo del relato nos enfrentamos a dos mujeres que son a la vez verdugo y víctima. Al final, la hija entiende que cada vez se parece más a su madre, que los gestos o palabras que detestaba en ella, son los mismos gestos y palabras que ella utiliza a medida que los años pasan. // Pero lo que en realidad me cautivó del libro fue el lenguaje utilizado. Un lenguaje cáustico, corrosivo, amargo, pero hermoso. Al leer el libro sentía la fuerza de una cata-rata, puesto que las palabras van a la misma velocidad del pensamiento, son arrolladoras. Es como caer por un precipicio que no tiene fin, y a medida que caemos podemos ver toda nuestra vida delante de nosotros, como en una película. Y cuando finalmente entendemos nuestra propia historia, y lo que es más importante, su propia historia, descubrimos que ella ya no está, que se ha ido. Por lo que de una u otra forma nos sentimos identificadas con esos dos personajes, tan ricamente concebidos desde el punto de vista psicológico. La mirada de Imma Monsó, sobre las relaciones entre los seres humanos, es una “mirada irónica”, como ella misma lo ha reconocido. // En el 2004 publicó un libro de cuentos Mejor que no me lo expliques, con el cual ganó el Premio Ciutat de Barcelona de Narrativa. Y en el 2006 apareció Un home de paraula, traducido al español por ella misma. Un hombre de palabra Con este libro Imma Monsó obtuvo el Premio Salambó 2006. Es una obra autobiográfica, en la cual la autora le rinde un homenaje al hombre amado. Es un libro altamente lírico, intimista; que narra el dolor profundo de la pérdida de la pareja, del amado, que aún amándonos nos deja por una amada más importante y más fuerte: la muerte. El libro está escrito a dos voces, una voz en tercera persona y otra voz que narra en primera persona. Esta polifonía es importante tenerla en cuenta a la hora de analizar la obra. “Ella”, la tercera persona, cuenta una historia de amor feliz, con encuentros y desencuentros, pero donde el amor se erige como bien supremo. “Cometa”, el hombre amado, más que pasar raudo por el firmamento, es la estrella que alumbra sus días y sus noches. Para “ella”, todo lo que él hace es perfecto, lo que ella hace no es tan importante. Quiere emularlo, así eso signifique dejar su propia naturaleza y así él trate de hacerle ver cúan importante es su propio oficio, el de escritora. “Si yo pudiera satisfacer a un auditorio como lo haces tú, si me acompañara la contundencia del gesto, de la voz, de la mirada, si tuviera tu capacidad de improvisación, ¿qué más podría necesitar?” Cuando ella le elogiaba esta habilidad, él, en consecuencia, se dedicaba a desacreditarla: “La palabra es sucia”, le decía. Está impregnada del engaño de la seducción. En cambio, la palabra escrita es limpia. Ah… Pero eso a ella le daba igual, limpia o sucia, habría deseado poseer el don de la palabra elocuente, justa, improvisada, que las frases le fluyeran bellas y cargadas de sentido a la vez. ¡Le habría gustado tanto tejer palabras que a continuación se llevara el viento, seducir con la palabra que envuelve el gesto y la mirada y las manos y la voz, siempre la voz!”. // “Ella” recuerda cada palabra, cada gesto, recrea el pasado, el pasado real, no el ilusorio; el pasado en que era feliz al lado del hombre que amaba, que la alimentaba, que la hacía llorar o reír, el hombre que en definitiva era su mundo, su universo; su principio, su fin, la otra cara de la moneda, el puente que te conduce a paisajes, a mundos desconocidos. En cambio, la voz de la primera persona es dolorosa, catártica, como la misma Imma Monsó la describe. Es la voz que hace el duelo del ser amado, es la voz que no se resigna a la pérdida; y a medida que pasa el tiempo, tres años, termina por aceptar su partida y por entender que ella tiene una vida por delante, que le pertenece a ella sola y a la hija de ambos: “En el libro hay una propuesta de lectura. Se pueden elegir los capítulos sobre la presencia de ese hombre, o leer solamente los de su ausencia, mucho más duros…” El libro está lleno de referencias musicales y filosóficas, porque el amado era básicamente eso, un ser musical y filosófico. // Escribir, para Imma Monsó, tal y como lo dije anteriormente, es una catarsis que le permite sacar los dolores más profundos, aquellos que deseamos no ver ni tener ni sentir, pero que nos hacen daño y que por lo mismo debemos enfrentar. “Nada cura de una forma definitiva (al hablar de su duelo), ni siquiera el tiempo, al que tanto se alude cuando se habla de curar las penas… Sin embargo, la palabra es una gran aliada contra el dolor, el placer de narrar y de verter sobre lo narrado constantes miradas críticas, es un tiempo ganado a la tristeza, es un rato de placer en que la alegría triunfa sobre la parálisis que produce la tristeza. En cuanto a mí en concreto creo que he hecho el duelo con la palabra, y a medida que escribía el libro, durante esos tres años, así que duelo y palabra están ahí indisociablemente unidos y el duelo se puede apreciar paso a paso”. Para terminar, quisiera resaltar que Imma Monsó utiliza la “palabra”, como el médico utiliza el “bisturí”. En Todo un carácter y en Un hombre de palabra, esa herramienta le permite exorcizar el dolor y comprenderlo, conocerse a sí misma y al otro. Hablar del otro, con esa “mirada irónica”, a la que ella se refiere cuando hace alusión a sus libros. Su escritura intimista alude a nuestro propio yo, en sus dolores nos reconocemos, pero también en sus amores. Es una autora que goza con el asombro, un asombro que logra transmitir al lector más desprevenido. ————————– El complejo tema de la relación madre-hija también ha sido desarrolla por Magda Zabó en su libro La balada de Iza, pueden ver mi reseña en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/12/15/magda-szabo/

jueves, 26 de noviembre de 2015

BORRARLE EL ROSTRO A UNA MUJER

------------------------------ MUJEREA ATACADAS CON ÁCIDO: Nota: Publico nuevamente este artículo en homenaje a Natalia Ponce de León y a las más de 500 mujeres víctimas de este flagelo machista, sin olvidar a los hombres que también has sido sus víctimas; y celebro la ley que eleva a cincuenta años de cárcel a los depredadores que le borran el rostro a una mujer o a un hombre. Artículos relacionados: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/04/22/la-violencia-machista-y-las-mujeres-victimas-de-quemaduras/ http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2014/04/02/las-victimas-del-acido-en-el-pais-de-machitos/ ———————-------------------------- En enero del 2010 Especiales Pirry presentó un especial sobre las mujeres atacadas con ácido y en los últimos meses hemos sido testigos impotentes de varios casos de mujeres quemadas de esa forma en Bogotá y en Medellín. En los últimos quince años decenas de mujeres habrían sido víctimas de este horrible flagelo machista. Desafortunadamente en Colombia no se considera un delito grave, sólo entra dentro de la denominación de “lesiones personales”, delito excarcelable, mientras que la mujer víctima del mismo debe de vivir permanentemente con las secuelas que deja el ácido en su cara, en su cuerpo y en su psiquis. No obstante, poco hablamos sobre ésto, como si quisiéramos ponernos un velo ante un drama de esa magnitud, lo que permite que cada vez se haga más común el que alguien decida tirarle ácido a una novia o esposa o a la rival de turno, o al menos a la que imaginamos nuestra rival. Esto demuestra, una vez más, que la sociedad colombiana está enferma, y que esa premisa que tratan de vendernos de ser el país “más feliz del mundo”, sólo es una gran falacia que trata de ocultar la violencia permanente en la que vivimos, pero sobre todo en la que vive la mujer. // Y si bien en Colombia este grave delito pareciera ser algo nuevo, en los países musulmanes es una práctica antigua que se conoce como crimen de honor, expresión que sólo conocí en 2005 con la lectura de Quemada viva de Souad, libro al que me referiré más tarde y con el testimonio de Casada a la fuerza de Leila. El “Crimen de honor” tiene un sinnúmero de variantes: la mujer puede ser quemada viva, rociada con ácido, estrangulada, degollada, lapidada. En otras palabras, las mujeres que se opongan a la voluntad masculina están expuestas a las mayores perversidades que la mente humana pueda imaginar. Leila describe esta situación de la manera más desgarradora que una mujer pueda expresar sobre su propia condición de mujer: “… el cuerpo de la mujer musulmana representa un pecado desde el momento mismo de su nacimiento. Para un padre, una hija es sinónimo de sirvienta de la casa, la alcoba es su prisión y su virginidad es el regalo más preciado que él dará al hombre que escogerá como su marido”. // Tal vez el caso más difundido por la prensa colombiana sobre el crimen de honor es el de la iraní Ameneh Bahrami, quien quedó ciega el 3 de noviembre de 2004 al serle lanzado ácido a los ojos por un compañero de universidad furioso porque ella había rechazado su propuesta de matrimonio. El aspirante a “pretendiente” fue finalmente condenado por la ley iraní el 27 de noviembre de 2008 y Ameneh Bahrani exigió que se llevase a cabo la “ghesa”, o Ley del Talión; lo que quiere decir que el victimario recibiría 20 gotas del mismo ácido en sus ojos. No obstante, para que esto pudiese llevarse a cabo, la víctima, a la que desfiguró y dejó ciega destruyéndole la vida, tendría que pagarle la suma de 20000 euros, ya que la misma ley considera que los dos ojos de una mujer equivalen a un ojo de un hombre. En agosto del 2011 poco antes que el hombre recibiese su castigo, Ameneh lo perdonó. ----------------------------------- El caso de Souad* Quemada viva, es el testimonio de Souad, una de las pocas sobrevivientes a esta tradición que cobra cientos de vidas en diferentes lugares del mundo. Su caso no difiere mucho de la historia de miles de mujeres musulmanas. Su familia se da cuenta que está embarazada, el padre del niño huye, como lo hacen todos los cobardes, y ella es condenada por sus padres a ser quemada viva. El elegido para “lavar el honor” es su cuñado, pero podría haber sido el padre o el hermano, e incluso su progenitora. Souad cuenta como vio a su madre ahogar a un bebé con la almohada inmediatamente después del parto, cuando se dio cuenta que era una niña. También cuenta como su hermana adolescente fue estrangulada con la cuerda del teléfono por su propio hermano. ¿Cuál habría sido su crimen? ¿Hablar por teléfono? ¿O tal vez mirar a un hombre a los ojos, hablar con un desconocido? // Souad es una campesina cisjordana, que pudo sobrevivir gracias a la ayuda de SURGIR, una ONG suiza que se dedica a investigar este tipo de crímenes. El 80% de su cuerpo guarda las señas de la gasolina ardiendo. En Pakistán y en Yemen, son cientos las mujeres que son desfiguradas cada año por sus maridos o por desconocidos. La práctica más utilizada es el ácido que les corroe la piel hasta dejarlas convertidas en monstruos. Lo peor es que ni las autoridades ni el gobierno ni los médicos hacen nada para protegerlas. No suelen interferir en lo que consideran “decisiones familiares”. Pero no solamente son quemadas en sus países de origen. En noviembre de 2005, en los suburbios de París, una mujer de 18 años de origen marroquí, fue rociada con gasolina por un pretendiente que había sido rechazado por su familia. Ella estuvo varias semanas en coma y él simplemente despareció en la multitud. ___________________________ * La reseña de este testimonio hace parte de mi libro ¡Cuidado! Escritoras a la vista… Ediciones Ble, Manizales, 2009. Pueden leer gratuitamente en el portal de la Biblioteca Digital de la Universidad Nacional de Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/41949/

martes, 24 de noviembre de 2015

PARÍS ARDE

Todos hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas hablar de París, me refiero al hijo del rey Príamo y de la reina Hécuba, criado por Agelao que le evitó la muerte violenta que habían decretado sus padres. París no sólo creció sino que se convirtió en un amante de la música y de la belleza. París, el hermoso efebo protagonista de una de las transgresiones que más impacto han tenido en la mitología griega, me refiero al rapto de Helena, transgresión que desencadenó uno de los conflictos bélicos más famosos de la historia de la humanidad, la guerra de Troya. Esta guerra tuvo como origen el amor y la pasión. Ahora la ciudad luz, que lleva su nombre, está a punto de arder, el caballo de Troya entró a uno de sus centros disfrazado de otra pasión, la del odio por una cultura, que en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad, ha avasallado pueblos y los ha reducido a cenizas. París, el ombligo del mundo, al menos para los occidentales, es la ciudad más hermosa que conozco, y más que eso, es mi ciudad bien amada; imagino que comparto esa pasión con millones de personas de diferentes culturas, orígenes, credos y lenguas. No obstante, y emulando al zorro, el amigo del Principito, la certeza de este amor me hace única, como deben ser únicos los miles o millones de seres humanos que también la aman. Viví en París por espacio de cuatro años, tenía un diminuto apartamento al lado de su monumento más conocido, La tour Eiffel, y realicé estudios en su milenaria universidad, La Sorbona. Conozco su barrio latino mejor que muchas calles de Bogotá donde caminé varios años cuando estudiaba literatura en la Javeriana; y si digo que conozco mejor París que Bogotá a lo mejor es porque caminar por sus calles nunca me ha producido miedo. Pero ahora sé que eso puede cambiar, de hecho he debido de ir al día siguiente de la tragedia; sin embargo, decidí quedarme en casa, de todas formas los museos y el metro estaban cerrados y el gobierno recomendó no salir a las calles. Desde el atentado al periódico satírico de Charlie Hebdo* he tenido la sensación que París estaba en peligro. Ya en los años 80, cuando era estudiante, una bomba explotó a sólo dos calles de donde yo me encontraba, un diario había sido su objetivo. Recuerdo el salto que di y el miedo que me paralizó por breves e interminables segundos. También recuerdo que las marchas multitudinarias, me refiero a las de 1984 y 1985, a favor de la paz y en contra de la OTAN, eran cadenas humanas que parecían infinitas; las cuales se llevaron a cabo en Francia, en Alemania, en España**. El fantasma de La II Guerra Mundial aún se movía por entre los callejones y en todas partes se veían afiches que conmemoraban la liberación de París, afiches alusivos a diversas exposiciones sobre esos años fatídicos en que la locura humana se apoderó del continente europeo que había logrado salir de las tinieblas para entrar a un mundo secular y aparentemente más justo. El miedo me perseguía y esa fue una de las razones por las cuales decidí regresar a Colombia; lo hice en julio de ese año y en noviembre me tocó la toma del Palacio de Justicia. Yo trabajaba en esa época en el Fondo Cultural Cafetero que tiene su sede al frente del Palacio de Nariño. Lo que vi fue la guerra de la que quería escapar, soldados arrastrándose por la calle, todo el día estuvimos encerrados, salimos al finalizar la tarde por la parte trasera donde había un muro que colindaba con un parqueadero; en el muro había un hueco no muy grande pero lo suficientemente ancho para poder pasar a través de él. La sede del FCC cerró por unos días y yo fui trasladada a la sede de Manizales donde en esos días se preparaba una exposición de fotografías de la historia de la ciudad. Pero la guerra encontró otro disfraz y me dio alcance, el volcán del Nevado del Ruiz explotó y lo que dejó fue tierra arrasada. No hablo de Manizales, sino del puente que en ese entonces comunicaba la ciudad con Chinchiná; el paisaje era desolador, árboles caídos, piedras enormes que habían sido arrastradas por la avalancha y puestas donde antes pasaba la carretera, y barro, mucho barro y cientos de muertos que vivían en las riberas del río; uno hubiese creído que era algo así como el apocalipsis; sin olvidar a Armero. Ese fue el recibimiento que mi país me dio después de mis años de estudio en París. Después vendrían las masacres, la de la UP, y la de cientos de colombianos humildes que han muerto en esta guerra que no ha conocido tregua desde hace sesenta años. También vinieron los asesinatos y las bombas de Pablo Escobar, los asesinatos selectivos que fueron llevados a cabo por muchachos imberbes y que él dirigía como un batallón personal. Lo que me hacía pensar a menudo en Apocalypse Now, la película de Coppola, ese viaje al infierno, donde no hay salida, ni salvación posible. Los colombianos nos convertimos en parias; no es que antes no tuviéramos mala fama sino que los prejuicios contra nosotros se multiplicaron y en el 2000 nos comenzaron a exigir visa para ir a Europa. Para los que nos gusta viajar esa era una especie de tortura psicológica, sin contar con la humillación de todo un pueblo que no ha hecho sino trabajar para tratar de sobrevivir en un país donde las desigualdades sociales lo ponen casi al mismo nivel de los países centroamericanos y del Caribe. Regresé a Francia en 2005 y desde entonces he visto como la radicalización de los musulmanes ha ido in crescendo. En los años 80, para poner un ejemplo, las únicas mujeres que uno veía con un niqab o un shador, me refiero al velo que cubre la cabeza, eran mujeres que pasaban de los 50 y una sola vez vi a una mujer con una burka. A mi regreso ya se había dado la discusión sobre el uso del velo en las escuelas públicas, discusión que por supuesto fue ganada por el espíritu secular francés; sin embargo, el uso del velo se había intensificado y ya era común ver mujeres de todas las edades llevándolo; no obstante, aún no era demasiado común. Esto ha cambiado en los últimos cinco años, su uso se ha incrementado y mujeres que antes no lo llevaban han comenzado a hacerlo y en la ciudad donde vivo ya es común encontrar mujeres muy jóvenes cubiertas de la cabeza a los pies, sólo se les ven los ojos. Imagino que algunas lo hacen por rebeldía, otras por verdadera convicción religiosa, pero la mayoría de ellas, de eso estoy completamente segura, lo hacen obligadas por sus familias, por el medio social y por supuesto por los dictámenes de la mezquita a la que acuden. Muchos dirán que las mujeres musulmanas son libres de vestirse como quieran y no lo discuto; con lo que no estoy de acuerdo es que deseen imponer sus costumbres en un continente con una cultura diferente. Pienso que cuando se emigra a un país debe respetarse su cultura y tratar de integrarse a ella; con ello no quiero decir que se dejen atrás las propias convicciones religiosas u olvidar la cultura en la que se creció. Para defender mi teoría sólo tendría que recordar que si una mujer occidental va a Arabia Saudita, o a Irán, por dar sólo dos ejemplos, debe plegarse a las costumbres de dicho país, lo que incluye la forma de vestirse. Y no sólo las mujeres sino los hombres; éstos últimos no pueden ingerir licor ni pueden besar a una mujer en público. Así que ¿por qué nosotros, los occidentales, no podríamos exigir que los inmigrantes musulmanes nos respeten y no traten de imponernos su cultura? Porque de eso se trata este conflicto que muchos ya no se niegan a llamar La Tercera Guerra Mundial. Es una guerra de culturas. Ya Mario Vargas Llosa habló de ello en un ensayo muy lúcido que escribió inmediatamente después del atentado a las torres gemelas de Nueva York en el que decía, palabras menos palabras más, que el siglo XXI sería el de la confrontación de culturas y religiones entre Oriente y Occidente. Tampoco pretendo ignorar las guerras que Francia ha llevado a cabo en los últimos años, por no hablar de los conflictos en los que se ha sumido en este año fatídico de 2015. Tampoco pretendo ignorar su pasado colonialista, ni el despojo que ha hecho a los países del tercer mundo, ni su pasado esclavista, ni las Cruzadas en las que participó. Es cierto que ha creado odio, un oído ancestral, que se trasmite de generación en generación. También es cierto que la gran mayoría de musulmanes que viven en Francia son gente de bien, trabajadora, honesta, que salió de su país de origen para brindar un mejor futuro a sus hijos; sólo que en muchos casos, en la mayoría de ellos, ese futuro nunca llegó. Francia creó guetos y cerró las puertas a una mejor educación y por ende a una integración eficaz de una juventud que siente que el país donde nació la rechaza y no le ofrece condiciones dignas de vida. No hay que olvidar que las tasas de desempleo y de violencia, en dichos guetos, son muy importantes; el trabajo que se ha creado es el del tráfico de estupefacientes, con las consecuencias funestas que esto puede acarrearle a una sociedad y a un Estado de derecho. París arde, Bruselas arde, Europa está ad portas de no volver a ser la misma que se construyó después de La Segunda Guerra Mundial. La Comunidad Europea, al menos el espacio Schengen, está por volverse añicos. Y mientras tanto los grandes beneficiados son los grupos de extrema derecha como el Frente Nacional en Francia, o Pegida en Alemania, o el Partido por la Libertad en Holanda, o Aurora en Grecia ***, para no nombrar sino unos cuantos. Para terminar yo diría que es la libertad de todos los pueblos la que está comprometida. Un conflicto bélico, como el que podemos avizorar, puede llevar a todos los países a una hecatombe sin precedentes; ni siquiera América Latina saldría bien librada. ___________________________________________________________________ * http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/01/07/in-memoriam-de-charlie-hebdo/ ** http://elpais.com/diario/1984/12/03/espana/470876402_850215.html *** http://www.laizquierdadiario.com/El-mapa-de-la-extrema-derecha-en-Europa

miércoles, 18 de noviembre de 2015

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS SECRETAS DE MURASAKI SHIKIBU: TERCERA PARTE

Utsusemi, Fujitsubo y Murasaki, algunas de las mujeres de Genji: La historia de Utsusemi es bastante trágica. Estando casada con un viejo gobernador de provincia es violada en su propia casa por Genji y aunque la narradora lo cuenta de una forma bastante difuminada no deja lugar a dudas en cuanto al acto violento de El Iluminado: “Era tan pequeña que la levantó de la cama sin dificultad y se la llevó a su apartamento. Por el camino tropezó con Chujo (una de las criadas) que se sorprendió y trató de ver que estaba ocurriendo en las tinieblas que la envolvían. El perfume inconfundible del vestido del príncipe proclamaba con quien se había topado, … muy confusa no sabía qué hacer. De haberse tratado de un hombre de linaje inferior, hubiera saltado encima de él para defender el honor de su señora… Y más adelante: (La experiencia) de aquella noche fatídica la llenaba de angustia. No estaba dispuesta (se refiere a Utsusemi) a volver a pasar por aquella vergüenza”. // La otra violación es la de Fujitsubo, la esposa del emperador, o sea del padre de Genji, de esta relación nacerá un hijo, el príncipe Reizei, quien llegará a ser también emperador. Esta relación, que transgrede todas las normas sociales, acarrea en los dos personajes estados de ánimo que van desde el remordimiento hasta la entrada de Fujitsubo como vestal; es decir su entrada en religión. // Estos no son los únicos casos de violencia sexual que se narran en el libro. Murasaki, el gran amor de Genji, es una niña de 10 años que él lleva a vivir a su propia casa, en realidad la rapta, y con la cual duerme todas las noches. Cuando Murasaki cumple 14 años la viola, y simplemente, a modo de “excusa”, le dice que “algún día tenía que suceder”: “Un día Genji se levantó de la cama temprano, pero Murasaki permaneció en el lecho hasta muy entrada la mañana en contra de su costumbre de madrugar. ¿Qué había sucedido entre los dos durante la noche?…” Antes de abandonar la estancia Genji introdujo una carta detrás de las cortinas de la cama. Al encontrarse sola, Murasaki levantó la cabeza de la almohada y descubrió una hoja de papel escrita con una caligrafía sin pretensiones. El poema decía así: ¡Qué absurda distancia/ nos mantenía separados/ cuando, noche tras noche,/ yacíamos juntos bajo la misma colcha!/ Tarde o temprano el momento tenía que llegar…”/ Este poema corresponde a “la carta del día siguiente”. Esta era una misiva que el “afortunado amante” dejaba debajo de la almohada de la elegida al día siguiente del primer encuentro sexual, a veces iba acompañada de un fastuoso regalo. // Genji, a pesar de amarla, también sentirá el peso de la culpa. Esta transgresión, que no es la única en la novela de Murasaki Shikibu, es necesaria para llamar la atención del lector, así como el estado de conciencia que se establece de culpa y expiación. Algo parecido a lo que aún se sigue utilizando en literatura, incluso en las telenovelas que invaden nuestras pantallas a diario. Lo que quiere decir que la condición humana no cambia y que nuestros deseos y miserias son los mismos desde que la especie humana existe. // En La novela de Genji hay otras escenas de violación, o al menos de intento, en las cuales las mujeres que rodean a la “codiciada” se convierten en cómplices del violador. Podríamos ver en ellas la representación de La Celestina de Fernando de Rojas. // Genji, un exiliado del amor: “Fujitsubo recordaba las atenciones que hasta entonces había recibido de Genji como una pesadilla que quería relegar al olvido a toda costa”. Y es que Fujitsubu, muy a su pesar, se enamora de Genji, un amor correspondido en la medida en que él ama a todas las mujeres. Yo diría que es un enamorado del amor. Genji es un personaje que hubiese podido servir de modelo para los escritores románticos, es un eterno Don Juan, que va detrás de un amor idealizado y nunca experimentado, va detrás de todas las posibilidades que pueda brindar la sexualidad, sin saciarse nunca; por lo que siempre tiene la sensación de desarraigo amoroso, es un exiliado del amor. Para entender mejor esta idea, habría que tener en cuenta que Genji nunca abandona, o al menos en muy contadas ocasiones, la posibilidad de una nueva aventura, tanto sexual como afectiva, de ahí su eterna sed por lo desconocido y por transgredir las reglas sociales de su tiempo. “El pecado que supuso para ambos la concepción del heredero aparente no dejaba de atormentarla. Intuía que hasta entonces había conseguido escapar milagrosamente a su karma, pero que, cuando finalmente le tocara pagar por su crimen, el precio sería terrible”. /7 Significado de Murasaki y Genji: Murasaki significa lavanda, espliego, por lo que podría suponerse que sus vestidos llevaban siempre este olor, ya que el perfume estaba directamente asociado con las personas, era su distintivo más preciado. // Por su parte, Genji no es un nombre propiamente dicho, sino el título que recibían los hijos ilegítimos del emperador, y si bien gozaban de muchos privilegios nunca podían ascender al trono. Es por ello que con frecuencia la narradora se refiere a Genji, como Genji El Iluminado, o Genji el Resplandeciente. // Características psicológicas: Con una gran delicadeza la autora representa, como si de una pintura se tratase, las características de cada personaje. “Mientras ella leía en voz alta una novela a sus mujeres, Genji reflexionó sobre lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo se explicaba que aquellos arrebatos súbitos de pasión no le hubieran abandonado todavía? A veces sentía vergüenza de sí mismo. ¡tenía ya treinta y dos años, y a su edad resultaban completamente ridículos! // En otro tiempo se había comportado de un modo horrible, pero entonces era joven y alocado. Por otra parte, estaba seguro de que las faltas de entonces le habían sido perdonadas. ¿Iba a volver a las andadas? Trató de consolarse de algún modo, y acabó reconociendo -¡triste consuelo!- que ahora tenía más conciencia de los peligros que corría, de manera que algo había ganado con la edad”. “En la corte de cierto emperador, cuyo nombre y año omitiré, vivía…” Otra característica de extrema modernidad es la frase que da inicio al libro, ya que nos preguntamos: ¿En qué reino fue?, puesto que Murasaki Shikibu nos muestra claramente que los acontecimientos que serán narrados no pertenecen a la época en la que ella vive, lo que demuestra una gran habilidad narrativa. // Los diálogos de poemas, no son directos, son alusivos, obedecen a códigos establecidos, nunca improvisados: “-Hubiese preferido marchar contigo/ a la vida de los pescadores / a estar sola y triste en la ciudad, / pensando en ti. / “Esos cuadros me hubiesen servido de gran consuelo…/ Y Genji respondió, compadeciéndola:/ -Más lloro ahora que entonces,/ en los tiempos de mi exilio,/ al evocar las muchas lágrimas/ que en aquellos días derramé”./ La música también forma parte de los diálogos y algunas veces reemplazan a los poemas: “Dominaba el son de la flauta, pero no faltaba tampoco el koto japonés y el laúd. La flauta es un instrumento melancólico cuya voz combina a la perfección con las brisas de otoño, especialmente en noches de luna tranquilas y radiantes como aquélla”. // A modo de conclusión: Para terminar podríamos decir que la época Heian se caracterizó por una gran sensibilidad por la naturaleza, la música, la lengua china, la poesía. Por su parte, la caligrafía tenía un papel muy importante y era muy apreciada. // Murasaki Shikibu sabía que necesitaba de transgresiones para poder llamar la atención del lector, amores prohibidos y “faltas repetidas”, con su consecuente castigo, de ahí que las mujeres entren en religión y que Genji se sienta culpable a todo lo largo de la obra. Kaoru, su hijo, al menos el que pasa como tal, es introvertido, delicado, no es mundano como el padre, en realidad es el héroe ya que Genji era alguien que había transgredido todas las normas sociales. Es decir, Genji, el Iluminado, sería un héroe a la inversa. En cuanto a Kaoru se refiere, es la antítesis de Genji, ya que nunca es capaz de tomar la decisión apropiada en el momento apropiado. // La madre era la encargada, al menos en una gran medida, de asegurar el futuro de los hijos. Esto estaba dado por el linaje al que pertenecía y por la influencia que pudiese tener sobre el emperador y por supuesto al apoyo político que pudiese tener. // La novela, en época de Murasaki Shikibu, era considerada como hoy en día, lo que hay allí escrito es ficción, así parta de la realidad: condición humana, ascenso político de un hombre o su caída, relaciones entre seres humanos. // Para poder entender a cabalidad el mundo en el que vivió Murasaki Shikibu hay que tener en cuenta algunos aspectos, a saber: 1. Es una sociedad devota de la belleza, tanto física como espiritual. 2. En la corte Heian se rendía culto al ocio. En otras palabras sus súbditos vivían en un perenne Carpe Diem, puesto que vivían por y para el refinamiento más sofisticado; no sólo en cuanto a las actividades artísticas y literarias se refiere, sino a los objetos que los rodeaban y a los vestidos que utilizaban. 3. El Genji Monogatari no es una tratado de política, aunque como lectores penetramos muy bien en la jerarquía de la Época Heian. Sus gobernantes no se preocupan por hacer justicia social, sino por la caligrafía, la música, la literatura, las fiestas, los regalos suntuosos y al mismo tiempo se preocupan por los “tiempos degenerados” que les ha tocado vivir. El libro nos muestra la ambición por el poder, las rencillas, el arribismo y los conciliábulos para acceder a él e incluso la corrupción (se habla, incluso, de ahogar en dinero a un futuro yerno y de comprarle un ministerio). 4. Esta era una sociedad que vivía para el goce de los sentidos y al mismo tiempo eran profundamente espirituales, ya que el peso de la religión budista atraviesa toda la obra. No sólo viven rodeados de bonzos y sacerdotes, sino que siempre buscan la oportunidad de realizar retiros espirituales y cuando no pueden hacerlo dedican gran parte del tiempo a la oración, léase la repetición de los sutras, o la lectura de las escrituras sagradas. Según la concepción del mundo de Genji, hay que aprender a ser un ser humano y la única posibilidad es a través de la religión. Esta es la búsqueda de Genji o de su primo el emperador Suzaku, pero también de Murasaki, la esposa de Genji, o de muchos otros personajes de la obra. Todos ellos desean terminar sus días en un monasterio, y al optar por la vida monástica esperan dejar atrás el mundo de las “apariencias”, lo que les abriría la puerta para acceder al mundo espiritual. Es el caso de los personajes Kaoru y Ukifune, en los que yo vislumbro una reencarnación de Genji y Murasaki. // En el caso específico de la mujer, la entrada a la vida monástica es una posibilidad de sobrevivencia; ya que al quedar viuda, o al perder el interés de su marido, o dejar de ser considerada “favorita”, la vida monástica le permitía tener un techo y comida, así fuera precaria. No hay que olvidar que este aspecto también se daba en Occidente; no sólo durante el Medioevo sino durante muchos siglos después. // Para terminar yo diría que Murasaki Shikibu es un gran árbol del que crecen las ramas que dan cobijo a Yasunari Kawabata, a Yukio Mishima, a Haruki Murakami, a Marguerite Yourcenar o a Jorge Luis Borges. La literatura japonesa se alimenta de su savia y la occidental busca su sombra. ------------------------------------ Bibliografía : Le dit du Genji, Murasaki Shikibu, Editions Selliers, 2008. El libro de Genji, Murasaki Shikibu, Editorial Planeta, 2007. Journaux des dames de cour du Japon ancien, Editions Philippe Picquier, 1998. Notes de chevet, Sei Shônagon, Gallimard/UNESCO, 1966.

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS SECRETAS DE MURASAKI SHIKIBU: SEGUNDA PARTE

Murasaki Shikibu, como toda gran escritora, tiene como premisa que para poder escribir hay que leer mucho, no olvida que detrás de ella hay toda una tradición literaria, religiosa, filosófica y artística que debe conocer, bien sea para perpetuarla, refutarla o para rendirle culto. En su caso específico las letras y la lengua china; pero también las letras japonesas, su arte, su tradición oral. // Pero al mismo tiempo es una mujer orgullosa de su cultura. Es por ello que su obra es un fresco en el que pueden leerse, léase verse, respirar, sentir la sociedad en la que le tocó vivir. Sin embargo, la manera de narrar es etérea, difuminada, como si fuese un dibujo en carboncillo en el que las imágenes han sido semiborradas por los dedos del artista. Me refiero, básicamente, a esa moral difusa que navega entre las costumbres fuertemente ancoradas en la Corte Heian y el deseo de cambiarlas, de hacerlas más púdicas, si cabe la expresión, más acordes con la religión budista. Y para ello Murasaki Shikibu se sirve del arte de las palabras, que no es otro que el arte de la poesía; por lo que suscita diversas emociones en el lector, independientemente del tiempo y las diferencias culturales que lo separan de la autora. Esto se ve claramente en el cambio que comienza a gestarse en Genji al regreso de su largo exilio; ocasionado precisamente, por la vida disoluta que llevaba, pero sobre todo por haber osado poner “los ojos” en una mujer que estaba consagrada al Emperador. // Otra característica es la evocación permanente, a veces como si se tratase de un sueño u otras como una realidad de la que se es contemporáneo: el nacimiento de Genji, su infancia, adolescencia y plenitud y luego la decadencia que narra la vida de sus descendientes. La corte Heian, vista a través de la melancolía, es el resultado de la mirada contemplativa de Murasaki Shikibu. // Las lágrimas, los poemas, los sueños que se confunden con la realidad, recorren como temas sucesivos estos textos en los que la imprecisión de la realidad, la luna llena, las hojas del otoño, las flores fugaces de un cerezo, la furia de un torrente o las montañas inhóspitas, son el trasfondo de profundas angustias o de amores no correspondidos, pero también son objeto de la confidencia y de la reflexión, del elogio de la amistad, el lamento de la separación o de la muerte como separación definitiva. // La escritura de La novela de Genji: No hay que olvidar la gran importancia que la lengua china tenía en la corte Heian; de hecho, los ideogramas utilizados por sus súbditos habían sido inspirados en la escritura china conocida como KANJI, pero con una adaptación a la fonética de la lengua japonesa. Posteriormente los kanji fueron simplificados en símbolos fonéticos conocidos como KANA; produciéndose dos vertientes: HIRAGANA, o Kana fácil KATAKANA, o kana suplementario // Es el hiragana la escritura que va ser adoptada por las mujeres, al punto que las obras escritas en esta modalidad se conocían como “literatura femenina”; concepto que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, creemos haber inventado. Y aunque Murasaki Shikibu y Sei Shônagon hablaban y escribían correctamente el chino, escribieron sus obras en Hiragana. Algunos hombres, incluso, se burlaban de esta escritura y la consideraban intelectualmente inferior a la utilizada por ellos. // Una explicación plausible que se ha dado de dicho fenómeno, era que en la Corte Heian estaba mal visto que una mujer hiciese un gran despliegue de sabiduría, por lo que a menudo era el hazmerreír de sus contemporáneos; como lo serían siglos más tarde “les femmes savantes” que ridiculizara Molière. No obstante, yo quisiera ver en esa decisión un rasgo más libre y más independiente de la parte de las mujeres; puesto que veo más bien una especie de código secreto que les ayudaba a comunicarse entre sí, a poder expresar sus más íntimos sentimientos de una forma diferente a la utilizada por los hombres. Tal y como sucedió durante siglos en la provincia de Hunan, situada en el centro de la China, al oeste de Pekín, donde las mujeres desarrollaron un complejo sistema de signos llamado Nushu, y el cual desapareció ante la persecución que sufrieron las mujeres que lo conocían durante la Revolución Cultural. // Y si me permito hacer esta afirmación es porque en la Corte Heian una persona como Murasaki Shikibu no era una excepción, ya hemos visto que varias de sus contemporáneas pasaron a la historia como mujeres de letras. Ellas participaban activamente en las actividades culturales y el modo de comunicación era en poesía escrita y epistolar. En Occidente habría que recordar a Eloísa y a Pedro Abelardo (s XII) y posteriormente a los súbditos de la corte de Luis XIV (s XVII-comienzos del XVIII). // Por otra parte, Murasaki Shikibu y Sei Shônagon, lideraban círculos literarios y artísticos, como más tarde lo harían Mme de Pompadour o Mme de Sevigné; recuérdese que es gracias a ellas que la lengua francesa se transformó y que las tertulias literarias y musicales se impusieron en el arte de vivir francés, pero también lo que se ha conocido como La Cultura de la Conversación, aspecto admirablemente analizado por Benedetta Craveri. // La novela de Genji, escrita en Hiragana, fue dividida en 54 libros, de los cuales tres podrían ser apócrifos y la escritora incluyó 795 TANKA, o poemas, de 31 sílabas. Son los poemas a los que hago alusión. Siendo utilizados por las personas de la corte, así podían comunicar su manera de pensar y sus más íntimos sentimientos. Los Tanka eran utilizados en todas las manifestaciones de las relaciones humanas; es decir, no eran poemas sólo para la vida galante. // Rasgos postmodernos en La novela de Genji: El primer rasgo postmoderno del Genji Monogatari, es que la creadora no escribió los libros por entregas, como lo hizo Balzac en el siglo XIX, sino que la obra obedece a toda una estructura bastante compleja, ya que se hacen saltos en el tiempo. En el capítulo 5 ya aparecen personajes y temas que serán desarrollados en el capítulo 13. Otro ejemplo de su postmodernidad está dado en el capítulo 15; allí se cuentan episodios del exilio de Genji, cuando ya hace mucho tiempo que él se ha reintegrado a la vida de la corte, y que ha recuperado su posición anterior, incluso cuando ya la ha fortalecido considerablemente. // El segundo rasgo postmoderno, está dado por la utilización del Monólogo Interior, ese estilo literario que atribuimos a Virginia Woolf y a Joyce; pero que Murasaki Shikibu ya había desarrollado en la obra que nos ocupa. Es el caso de algunas de las reflexiones que Genji se hace a sí mismo sobre una mujer determinada, o sobre su propia vida y su espacio en el mundo: ““Si”, pensó Genji, “el mundo es un lugar ilusorio, como un sueño””. // Y más adelante: “”¡Qué extraño es el mundo en que vivimos!”, pensó. “Han pasado casi treinta años desde que estuve aquí por primera vez, y se diría que todo ocurrió ayer. A veces me turba pensar en la transitoriedad de las cosas, siempre en perpetuo cambio… Pero basta con que me sea dado contemplar las flores de una nueva primavera para que me aferre a la realidad visible, por más que sepa que es sólo un sueño volátil…”” // Cada personaje está encerrado dentro de sí mismo, con sus culpas, sus deseos; es un clima sombrío, de ahí que los diálogos directos sean muy pocos, ya que la mayoría es a través de poemas. // El tercer rasgo postmoderno está dado por la INTERTEXTUALIDAD que abarca toda la obra. En ella se citan poetas clásicos, tanto chinos como japoneses, y la autora sabe que sus lectores sabrán reconocer cada uno de los poemas y podrán atribuirlos, sin problema alguno, a sus autores originales. Precisamente uno de los poetas más citados es el chino Po Chu I (772-846). // El cuarto rasgo postmoderno está dado cuando pasa de narradora omnisciente a narradora homodiegética. Por ejemplo, cuando habla en primera persona y se queja de dolor de cabeza y que en ese momento está deprimida: “Hablaré de la sorpresa que tuvo su tía al regresar a la capital y encontrarla tan bien instalada, así como de la alegría y el sentimiento de culpa de Jiju en otro momento, pero ahora me duele la cabeza y me siento un tanto deprimida. Si se presenta la ocasión y no se me ha olvidado por completo, volveré sobre el tema en otro lugar de la obra”. Y más adelante: “Omitiré los detalles, pues demorarse en ceremonias de este tipo suele resultar tedioso, sobre todo si el narrador es tan incompetente como yo”. // Con esta confesión Murasaki Shikibu nos quiere hacer ver cuán profundamente conoce la historia que está relatando, e incluso que ella hace parte integral de la misma. // Sus personajes son emblemáticos, el Genji Monogatari no es una crónica social, ni la autora se interesa por este tema, habla más bien sobre la condición humana; otro rasgo posmoderno. Uno de las características más sobresalientes de Genji es su deseo nunca saciado, al cual se había aludido anteriormente. No obstante, no puede comparársele con el Don Juan de la literatura occidental, en cuanto que Genji nunca olvida a sus amantes, así lo hayan sido por espacio de unas horas: “Su voz se fundió en un susurro que encantó a Genji. El príncipe suspiró: ¿cómo era posible que todas las damas que le habían interesado tuvieran algo especial que las hacía imposible de olvidar?” (fragmento que puede verse como monólogo interior). // Genji, a pesar de ser un mujeriego empedernido, también busca placeres en su propio sexo y aunque Murasaki Shikibu es bastante prudente, o bastante timorata, para hablar de este tema, hay, sin embargo, varias alusiones a relaciones homosexuales en su obra. Una de ellas es con el joven hermano de Utsusemi, una de las mujeres por las que él suspira. “Genji pidió al mocito que se tumbara junto a él, y Kogimi se alegró de poder estar tan a la vera de un príncipe tan joven y hermoso. Cuentan que aquella noche Genji halló al muchacho mucho más complaciente que su inabordable hermana”. // No hay que olvidar que en la época Heian, como en Grecia y Roma, la homosexualidad era aceptada por la sociedad, así Murasaki Shikibu no sea muy explícita cuando narra este tipo de relaciones afectivas. O posiblemente sean las versiones contemporáneas las que ponen un velo de censura en los párrafos que sus traductores consideran polémico en la sociedad en la que actualmente vivimos y por ende dejan su huella de intolerancia e incomprensión de la historia social y sexual de los pueblos.

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS SECRETAS DE MURASAKI SHIKIBU: I PARTE

¿Qué es La novela de Genji? // La novela de Genji es considerada como la obra cumbre de la literatura japonesa; pero no es algo nuevo, lo ha sido desde siempre. En el siglo XV Ichijo Kaneghoshi (1402-1481) escribió 30 libros sobre esta monumental novela y aseguraba que “de todos los tesoros del Japón, el Genji Monogatari, es el más precioso”. Kaneghoshi fue un gran Estadista, habiendo ocupado varios cargos: Primer Ministro, Regente y Gran Canciller, se destacó también como erudito, escritor, crítico literario, poeta y filólogo. Por su parte, el Premio Nobel Yasunari Kawabata (1899-1972) lo sorprendió la muerte cuando estaba trabajando sobre una nueva versión de La Novela de Genji. Y Haruki Murakami (1949 – Premio Internacional Catalunya 2011), en uno de sus libros, Kafka en la orilla, dedica varias páginas a Murasaki Shikibu. En cuanto a los escritores occidentales se refiere, habría que recordar que Marguerite Yourcenar (1903-1987) decía que “No se ha escrito nada mejor en ninguna literatura” y Jorge Luis Borges a su vez decía que “es una obra de arte jamás igualada”. // Hay que tener en cuenta que la versión que seguramente leyó Borges es la de Arthur Waley, realizada entre 1921 y 1933, por lo que aún adolece de la moral victoriana; Waley quitó y cambió pasajes que encontraba seguramente molestos para su época. No obstante, esta es la versión que Virginia Woolf leyó y admiró. Otro de los admiradores incondicionales de La novela de Genji es Harold Bloom, pero yo tengo varias diferencias con respecto a algunos postulados que él hace y a los que luego haré referencia. // La primera traducción completa de La novela de Genji al español se hizo apenas en el 2006. Es de anotar, que la edición de la colección Austral, del Grupo Planeta, es bastante mediocre, por no decir pésima, pero fue con la que inicialmente pude trabajar. Luego compré la versión en lengua francesa publicada por Diane De Selliers Editeur, una traducción que pone en relieve el genio literario de Murasaki Shikibu. Además, ilustrada, como lo eran las novelas en la época de la escritora. // Por otra parte, en la traducción de Planeta hay otro aspecto que me parece muy grave, me refiero a los reiterados juicios de valor que hace Xavier Roca-Ferrer sobre las costumbres sexuales de la época, viéndola con una ceguera judeocristiana que no hace sino empobrecer la lectura de la novela. Hay que tener en cuenta que la Historia de la Literatura que conocemos en Occidente ha sido escrita por y para hombres, por lo que ha dejado a un lado, muy conscientemente, la investigación sobre las escritoras; es por ello que se nos ha enseñado que la primera novela es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, borrando, desconociendo, o simplemente por ignorancia, que ya en el siglo XI, en la refinada Corte Heian del Japón, había novelas que se leían y circulaban entre sus súbditos sedientos, no sólo de buena literatura, sino de la representación de diversas manifestaciones culturales y artísticas. // La familia Fujiwara, a la cual pertenecía Murasaki Shikibu, ostentaba el poder detrás del Emperador, puesto que éste básicamente era una figura representativa, y en algunos casos decorativa, ya que muchos de ellos llegaban al poder a la escasa edad de 7 años. Por otra parte, nunca estaban en el trono por muchos años, ya que abdicaban con frecuencia a favor de alguno de sus descendientes, no necesariamente a favor del primogénito. // Las mujeres vivían en recintos vedados al hombre, pero eso no quiere decir que fuesen gineceos en el sentido que hoy conocemos dicha palabra, ya que las mujeres tenían libertad de circulación y podían recibir a los hombres que ellas deseasen en sus aposentos privados. De hecho las costumbres sexuales eran bastante diferentes a las de hoy en día; para decirlo de otro modo, y de una forma más coloquial, eran costumbres bastante relajadas, donde la virginidad no tenía ninguna importancia para el matrimonio. Es más, la concepción del matrimonio, como nosotros la conocemos hoy en día, no existía. // Para entender un poco la complejidad de las relaciones sociales, hay que pensar en la cortina, o “kichó”, ya que formaba parte integral de la sociedad Heian, ya que los hombres y las mujeres no debían verse cara a cara si no eran marido y mujer. Los biombos servían para crear diferentes ambientes dentro de una misma habitación, ya que el concepto de privacidad del siglo XI, era desconocido en la sociedad nipona de la época. Ni los hombres, ni las mujeres estaban nunca solos. Entre más alto era el rango, más personas los rodeaban; costumbre muy en boga en la corte francesa, sobre todo en la época de Luis XIV. // La época Heian, si bien fue de una gran opulencia, también es cierto que las personas que disfrutaban de la riqueza pertenecían a una pequeña minoría. Ello llevó al desgaste irreversible de la clase gobernante; es decir de la familia Fujiwara. No obstante, es importante anotar que durante 400 años Japón vivió en paz. La clase guerrera, los Shogun, vendría después de la desaparición de dicho período. Los pocos guerreros de la época Heian eran sobre todo para vigilar las fronteras, eran mal vistos y se les consideraba poco menos que patanes, sin ningún gusto, ni refinamiento. // Detrás de los visillos de las estancias privadas de Murasaki Shikibu: // Ubiquémonos detrás de un biombo y fisgoneemos la vida de la corte Heian y de su más prestigiosa representante: Murasaki Shikibu, novelista y poeta. No obstante ella no era la única escritora de su tiempo, puesto que no hay que olvidar a las grandes poetas Ono No Komachi, Izumi Shikibu y Akazome Emon y por supuesto a la narradora y rival de Murasaki Shikibu, Sei Shônagon, quien escribió El libro de la almohada o Anotaciones de la almohada. Para entender un poco más su compleja personalidad leamos lo que la propia Murasaki Shikibu escribió en su diario, lo que podría ser su mejor semblanza: “ “Hermosa, pero tímida, poco amiga de miradas ajenas, retraída, amante de las viejas historias, tan aficionada a la poesía que casi todo lo demás no cuenta para ella, y desdeñosa del mundo entero”, he aquí la opinión tan desagradable que la gente tiene de mí. Y, sin embargo, cuando me conocen me consideran dulce y muy distinta de los que les han hecho creer. Sé que la gente me tiene por una especie de proscrita, pero me he acostumbrado a ello y me digo para mis adentros: “Yo soy como soy” ”. Murasaki Shikibu, (973? – 1014?) pertenecía a la clase media y tuvo una educación bastante esmerada. Se casó muy joven y enviudó dos años después, sin haberse vuelto a casar; de esta relación nació su única hija. En el año 1008 La novela de Genji aún no estaba terminada, pero ya era leída y escuchada en la corte, puesto que se hacían lecturas en voz alta o se representaban pasajes de la obra. La autora nos narra la vida de la corte, un mundo que ella conocía de primera mano, puesto que al enviudar entró a formar parte del círculo de las damas de compañía de la emperatriz y en la que muy seguramente jugó un rol decisivo, gracias a su inmensa cultura y a su genio creador. // Harold Bloom la compara incluso con Marcel Proust, puesto que La novela de Genji es una forma de recuperar el tiempo perdido; yo diría que en realidad es un gran fresco del Japón de los siglos X y XI. Bloom también la compara con Jane Austen y con Virginia Woolf, en cuanto a la laicidad de dichas autoras. Sin embargo, para mí Murasaki Shikibu es una escritora profundamente religiosa. En La novela de Genji se debaten dos corrientes teológicas: el Sintoísmo y el Budismo y es la segunda la que sobresale a través de toda la obra del Genji Monogatari. // En realidad La novela de Genji es un tratado sobre la condición humana. En la época de la autora se consideraba que la sociedad en la que vivían era la época más corrupta que Japón había conocido hasta ese momento. En otras palabras Murasaki Shikibu, al igual que la gente de la Corte Heian, pensaba que vivía en una época de franca decadencia. Esta idea reflejaba el pensamiento religioso del budismo japonés, ya que creían vivir una especie de apocalipsis búdico, donde las enseñanzas de Buda no serían ni obedecidas ni respetadas. // Yo diría que el Genji Monogatari es la búsqueda del placer absoluto sin que nunca se llegue a encontrarlo. Genji no conjuga el verbo saciar, siempre está detrás de nuevas sensaciones, el erotismo es una senda cuasi filosófica que rige su forma de vida, su pensamiento, su conducta. No obstante, no puede decirse que La novela de Genji sea una obra erótica. Es, en cambio, una novela profundamente sensual. Dicho de otra forma, es una égloga de los sentidos: el tacto, la visión, el olor, el gusto y el oído, y yo agregaría otro: el refinamiento. // La novela de Genji es una visión bucólica del alma humana, si es que esa imagen es posible, y como se manifiesta a través de la sensualidad. La lectura de este libro me hizo no sólo recordar sino entender aún más esa gran película japonesa, El Imperio de los Sentidos, de Nagisa Oshima (1976). No obstante, cabe resaltar que en tiempos de Murasaki Shikibu el desnudo se consideraba algo fuera de toda estética, ella misma dice en su diario que una persona desnuda es horrible. Ni siquiera se desnudaban en el momento del coito, tal y como se puede apreciar en infinidad de ilustraciones. Tanto hombres como mujeres dormían vestidos, podían llevar hasta veinte prendas de vestir sobre sus cuerpos, sobre todo en invierno, ya que sus casas eran húmedas y al carecer de paredes interiores bastante frías; eso en un país donde las estaciones suelen ser verdaderamente marcadas. // La obra de Murasaki Shikibu es, ante todo, un compromiso con la estética literaria; por lo que este rasgo la hace de por sí contemporánea, o mejor, la pone por fuera de una época determinada. La autora es consciente de su genialidad, de su sapiencia, sabe que su pluma es superior a la de sus congéneres, sean hombres o mujeres y que su obra pasará a la historia; por lo que se esfuerza, en todo momento, por dejar en su escritura una huella de calidad, pero sin dejar a un lado la delicadeza de su estilo.

domingo, 15 de noviembre de 2015

JULIE OTSUKA: PREMIO FÉMINA A LA MEJOR OBRA EXTRANJERA 2012

Nota: En estos días Isabel Allende ha estado haciendo la promoción de su último libro, El amante japonés, y en las entrevistas que ha dado suele decir que cuando estuvo documentándose para escribirlo descubrió que en Estados Unidos hubo campos de concentración donde se recluyó a la población japonesa que en ese momento ya era bastante numerosa en ese país. Lo que quiere decir que ella no lee a las escritoras que han ganado premios importantes, como es el Fémina; si lo hiciera hubiese sabido de la existencia de dichos campos antes de escribir su libro. Me refiero a Algunas no habían visto nunca el mar de Julie Otsuka. ——————– En octubre de 2012 el nombre de Julie Otsuka no me decía nada, nunca la había oído nombrar. Vi su libro Algunas no habían visto nunca el mar en la vitrina de una librería e inmediatamente entré a echarle una mirada a la contracarátula, ya que no solo me interesa leer lo que la gente llama, erróneamente, “literatura de género” sino que además la literatura japonesa, o la de sus descendientes, como es el caso de Otsuka, me atrae poderosamente la atención. Comencé a leerlo con un gran deleite, a pequeños sorbos, como quien toma el elixir de los dioses y no quiere que el placer termine, e incluso lo dejé a un lado cinco días ya que me fui de viaje, ayer lo retomé y lo terminé cuatro horas antes de saber que el libro en cuestión había ganado el Premio Fémina Extranjero 2012. Es de anotar que el Premio Fémina lo ganó Patrick Deville, con su libro Peste&Cólera. // Julie Otsuka (USA-1962), nació en California, su padre es japonés y su madre es estadounidense, descendiente directa de japoneses, así que siempre se impregnó de la cultura, de la tradición y de la lengua nipona; y aunque su formación es artística, finalmente la abandonó para dedicarse por entero a la literatura. Su primer libro, Cuando el emperador era un dios (2002), fue aclamado por la crítica, desde entonces no publicaba nada. // Algunas no habían visto nunca el mar, fue inmediatamente catalogado por la crítica de su país como una obra de arte y obtuvo el Premio PEN/Faulkner Award for fiction. La narradora es una voz colectiva, a la manera de los coros antiguos, un coro de mujeres que cuenta las vicisitudes del exilio de cientos de mujeres japonesas que emigran a comienzos del siglo XX a California en busca de una mejor vida; pero sobre todo detrás de un matrimonio arreglado con anterioridad. Van tras las huellas de hombres que nunca han visto y que les han enviado fotos, en muchos de los casos que no les pertenecen, o que han sido tomadas años antes cuando aún eran jóvenes y hermosos, hombres que les han enviado cartas en las que les pintan un mundo fantástico, donde el dinero y las casas, llenas de luz, son los protagonistas, para encontrarse finalmente con que el sueño de hadas a la occidental nunca existió, y que han sido traídas no sólo para que ellos tengan con quien acostarse en las noches y poder reproducirse, sino para ponerlas a trabajar como mulas de carga. No en vano Otsuka dice: // “Una jovencita debe fundirse en la decoración: debe quedarse allí sin que nadie se dé cuenta de su presencia. Nosotras sabíamos comportarnos como se debe en un sepelio, escribir poemas cortos y melancólicos sobre la llegada del otoño que tuvieran exactamente 17 sílabas”. Algunas de ellas sólo habían recibido como instrucción para la nueva vida una sentencia que habría de marcarlas toda la vida: “Ya verás: las mujeres son débiles, pero las madres son fuertes”. Y en cuanto a la primera noche: “Nos cogieron sorpresivamente, algunas de nosotras no habíamos sido informadas por nuestra madre de los que nos esperaba. Yo tenía trece años y nunca había mirado a un hombre a los ojos”. Es el libro del encuentro de dos culturas, la dominante y la invisible: “No nos querían como vecinos, no nos querían en sus valles, ni como amigos. Nosotros vivíamos en cabañas horribles y ni siquiera hablábamos el inglés básico”. // Algunas no habían visto nunca el mar, es el libro del exilio, de la sumisión absoluta y ancestral, es el libro del miedo del presente y de la angustia por el futuro, es el libro de la evocación frente a un mundo nuevo en el que no encuentran ningún punto de referencia a la isla perdida para siempre. Sin embargo, el pasado siempre nos atrapa, nos encarcela detrás de barrotes de olvido y bruma, ya que las trompetas de guerra suenan en los oídos de cada una de ellas, de sus maridos e hijos, y se los llevan al lugar de donde no se regresa nunca. // Este libro me hizo pensar una y otra vez en esa pequeña joya del cine colombiano, tal vez la única, así algunos digan que esta película pudo haber sido mejor, que le faltó sensibilidad, dramatismo, que la fotografía le roba protagonismo a los actores que son demasiado estáticos, me refiero a Sueño en el Paraíso (2007) de Carlos Palau; cinta que me hizo pensar en Akira Kurosawa, no en vano Palau vivió varios años en Japón y es un gran admirador de la culturajaponesa.

viernes, 13 de noviembre de 2015

MARGUERITE YOURCENAR: LA MUJER QUE ILUMINÓ EL SIGLO XX

Marguerite Yourcenar es la mujer que iluminó el siglo XX, nadie como ella merecía el Premio Nobel de Literatura, pero no lo obtuvo, como muchos otros escritores que murieron si ese presea. Los invito a escuchar la entrevista que me hizo Radio Uruguay sobre esta maravillosa mujer y escritora. Pueden escuchar en el siguiente vínculo: http://radiouruguay.com.uy/innovaportal/v/67386/22/mecweb/berta-lucia-estrada-un-estudiosa-de-yourcenar?parentid=62683

sábado, 7 de noviembre de 2015

LA SEMIPENUMBRA

Tengo setenta y cinco años y desde que enviudé, hace más de veinte, vivo sola. Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que algún familiar vino a visitarme. Ni tampoco me importa mucho. Recibirlos, ofrecerles algo para tomar, un té, un café o un jugo, galletas o un pan, era un esfuerzo inútil. Cuando aceptaban, yo me levantaba de mala gana, sin ocultar mi malestar por haber sido interrumpida en mi vida cotidiana, por lo que sus visitas se hicieron cada vez más y más escasas. El teléfono dejó de sonar y un buen día lo cortaron, yo había dejado de pagar las facturas. ¿Para qué?, me decía, si ya no lo usaba. Mi contacto con el exterior era permanente. Todos los días salía a hacer las compras. Iba a la panadería, a la tienda de la esquina, a la farmacia si tenía dolor de cabeza. Y dos o tres veces al mes iba a la librería. Miraba las carátulas, leía los comentarios que había en la contratapa, y si el libro me llamaba la atención, lo compraba. Además siempre estaba pendiente de las obras premiadas. El librero lo sabía. Rara vez se dirigía a mí. Era silencioso, por eso me gustaba ir allí. Sólo me hablaba si yo le hacía alguna pregunta. Es un hombre sin edad, muy culto, como debe de serlo todo librero. Pero lo que más me gustaba de él era que no hacía ostentación de su conocimiento. Me dejaba mirar las pilas de libros, “les nouveautés”, como él los llama, que había en las mesas. En las estanterías estaban los clásicos y cada anaquel tenía el nombre del autor que estaba allí, invitando a su lectura. Su librería es un remanso de paz, por lo que a veces pienso si no la habré soñado. Sus luces indirectas no me herían los ojos y al mismo tiempo podía leer fácilmente las reseñas de los libros. Siempre hay música de fondo y en el mostrador la carátula de un cd, con un discreto anuncio: -Este es el disco que está escuchando. Así que si a uno le gustaba no tenía más que decirle que le diera uno. Siempre salía con tres o cuatro libros. Eran las únicas ocasiones en las que caminaba de prisa. Quería llegar a casa lo más pronto posible y tirarme en la cama o en el sofá para leer las obras que acababa de adquirir. // Hacía tiempo que me había jubilado. Comencé a trabajar siendo muy joven. Entré al magisterio cuando aún no tenía 18 años. Primero fui profesora de primaria y luego de bachillerato. Enseñaba español y literatura. En el colegio conocí al que más tarde sería mi marido. Era profesor de química. No tuvimos hijos, ni nos hicieron falta. Con los alumnos teníamos suficiente. Por otra parte, nuestra responsabilidad para con ellos se terminaba en la puerta del salón de clase. Las noches, los fines de semana y las vacaciones eran para nosotros dos. Nos entregábamos por completo a la lectura, nuestra única y verdadera pasión. Por eso no sucumbí a su muerte. En los libros encontré el único refugio que yo necesitaba. Al principio me hizo un poco de falta. Sus comentarios inteligentes, el análisis, escueto, pero certero, de un libro determinado, siempre me habían ayudado con mis clases, por lo que lo echaba de menos. O bien la ausencia del calor de su cuerpo, en las frías noches de invierno, me hacía pensar en él con cierta nostalgia. Pero los seres humanos nos acostumbramos a todo, sin mayor esfuerzo ni mayor pena me habitué a su ausencia. Poco tiempo después de su muerte dejé de trabajar, había llegado a la edad en que podía reclamar mi pensión y aunque podía seguir laborando un tiempo más, hasta la edad de retiro forzoso, decidí jubilarme. En casa me esperaban los libros. ¡Qué delicia! Encerrarme en la biblioteca horas y horas enteras, sin mirar el reloj, sin tener que cumplir citas ni obligaciones, sin tener que corregir exámenes, ni preparar clases, ni rendir informes a rectoría. En otras palabras, había encontrado el paraíso que Milton creía perdido; el verdadero, el de la tranquilidad y sobre todo el de la seguridad económica. Mensualmente recibo mi pensión y la de mi marido, ninguna de las dos es mala, no podría quejarme. Además, siempre fuimos ahorrativos. Antes de su muerte, en previsión de nuestra vejez, compramos algunos bienes inmuebles ; así que el dinero no me falta. Mi cuenta bancaria está siempre bien provista y mis gastos personales se restringen a lo estrictamente necesario, la comida y los libros. Como no me gusta salir no tengo que pensar en comprar ropa, con la que tengo es suficiente. Algunos cuantos sacos de lana, un abrigo para el invierno, dos pares de zapatos que renuevo cada 8 meses, tres vestidos y tres camisas. Nada más, lo demás es superfluo. // Sobra decir que tengo una biblioteca importante, pero rara vez releo un libro, aunque me haya gustado mucho. ¿Para qué hacerlo si siempre puedo encontrar algo nuevo, diferente? Hace poco, por ejemplo, leí un libro de Yasushi Inoué, un autor japonés que no conocía. Es un relato corto, epistolar. Tres mujeres le escriben a un mismo hombre y las tres lo hacen sobre el impacto brutal que él tuvo en sus vidas. Un libro que narra una bella y trágica historia de amor. Un clásico del siglo XX. ¡Qué lástima que las novelas de Corín Tellado o de Bárbara Cartland, sean las que batan records de venta! Aunque en este país, lo que bate record es la TV con las telenovelas; sobre todo si son mexicanas y venezolanas. Entre más almibaradas y sosas sean, más éxito tienen, aunque las colombianas no se quedan atrás. Y cuando no es la Tellado, a la que leen, es a la paisa, la misma que escribe versos en las tarjetas de enamorados. Alguna vez escuché decir en la librería que vendía más libros que García Márquez. El librero me miró y yo creí ver en sus ojos una cierta sonrisa sarcástica. Y si no son las novelas rosas, son los libros de autoayuda o de crecimiento personal, como los del brasilero. Un fenómeno de masas lo llaman. Y eso para no hablar de la autora del pequeño brujo. Imaginación no le falta, pero calidad estética, toda. Otro fenómeno de masas. // Y aunque la habitación que alberga la biblioteca es grande, hace ya bastante tiempo que las estanterías se llenaron. Así que comencé a dejar los libros en las mesas, luego en el suelo. Se fueron formando pequeñas pirámides, lo necesario para que no se desperdigaran por el piso. Un buen día ya no pude acostarme en el sofá que queda al lado de la chimenea, estaba lleno de libros. Otro día fue el umbral el que no pude cruzar. Así que decidí leer en la sala y las pirámides se apropiaron del espacio circundante. Pronto fue el comedor ; por lo que me pasaba las horas enteras en mi cuarto. Pero allí también el espacio libre desapareció. Como si la casa siguiese un complot en contra mía. Pensé en La Casa Tomada. Me pasé al cuarto de huéspedes. Y pasó lo mismo. De la cocina, ni hablar. Hacía tiempo había renunciado a deshacerme de las bolsas que se acumulaban con los residuos de comida. Limpiar y asear me quitaban un tiempo precioso para la lectura. Decidí aprovisionarme de platos de cartón y comprar comida preparada que calentaba en el microondas. // Como no podía atravesar los cuartos un buen día no abrí las ventanas. Me acostumbré a vivir en una eterna penumbra y me di cuenta que no tenía necesidad de ventilar las habitaciones. Me acostumbré al olor de casa cerrada y a la humedad que se apoderaba del aire. Caminar libremente por los corredores se volvió un martirio. Tenía que saltar por encima de libros, de objetos tirados, de platos sucios. De cuando en cuando escuchaba a una que otra rata. Aprovechaban los restos de comida que estaba regada por toda la casa. Cuando eso sucedió me fui a vivir al garaje. Dormía en el carro. Era el único lugar disponible, así que lo aproveché. De todas formas necesitaba que estuviese libre, de otra forma no hubiese podido salir al supermercado, a la tienda de la esquina dejé de ir porque allí no encontraba comida precocida. Últimamente me cansaba caminar, ya no podía hacer el trayecto a pie hasta la panadería, ni mucho menos hasta la librería. En cuanto a los vecinos se refiere, ni los conocía. Nunca me interesaron. Parece ser que fueron ellos los que se quejaron a la policía. // Lo imagino, porque al abrir la puerta del garaje esta mañana, para sacar el carro, observé un corrillo anhelante al frente de mi casa. Un señor vestido de verde se me acercó, me increpó. Me dijo que tenía orden de revisar mi casa, que habían llovido las quejas con respecto a malos olores y a ratas que husmeaban en el vecindario. Me negué enfáticamente y como él quiso entrar a la fuerza comencé a gritar y a pegarle. Seguramente me creyó histérica. Fue entonces cuando sentí que algo se clavaba en mi brazo derecho, como una aguja. Después no volví a saber nada, hasta ahora que aparentemente me despierto y descubro una habitación blanca hasta la locura. Estoy amarrada a una cama igualmente blanca. A los pies de la cama hay un ventanuco con rejas por el que se filtra la luz del día. Me hace daño, me hace falta la semipenumbra del garaje de mi casa. Aunque el silencio es el mismo que me acompaña en las largas noches de invierno.