domingo, 27 de septiembre de 2026

LA HISTORIA DE MI PIEL Y EL LUGAR DE LAS PALABRAS, DE MARÍA GÓMEZ LARA

 LA HISTORIA DE MI PIEL Y EL LUGAR DE LAS PALABRAS, DE MARÍA GÓMEZ LARA

Berta Lucía Estrada
Crítica literaria
Este es el segundo poemario que leo de esta poeta colombiana que ha hecho de su cuerpo el camino por el que transita con las palabras. Su cuerpo es una brújula, que aunque casi siempre indica el Norte, a veces la conduce por caminos de desvarío y de angustia. Su cuerpo es bajel, es bitácora, es receptáculo del dolor que anida en él por el horror que fue la diáspora de la esclavitud. A través de él narra la historia de la familia, la historia de Colombia, la de América Latina e incluso la española y la italiana. Un hermoso poemario que confronta a España con América Latina, como en El espejo enterrado, de Carlos Fuentes. Lastimosamente, la mayoría de los españoles no reconocen el oprobio ni el genocidio cometido en la conquista y en la Colonia. El dolor que habita en la piel de los latinoamericanos es un dolor mudo que se da de bruces ante la sordera de los españoles de hoy en día; al menos de la gran mayoría de ellos. La historia de mi piel puede abrir otros escenarios donde se produzcan diálogos interculturales y donde se pueda entender que no hay un castellano único (ella lo llama “español”, olvida que en España hay varias lenguas oficiales y que por lo tanto el español, como lengua propiamente dicha, no existe) y que lo importante es que es una lengua viva y en constante evolución. Incluso habría que recordarles a los madrileños que su “castellano” puro no es igual al de las Islas Canarias ni al que se habla en Andalucía; y eso que esos dos territorios forman parte del país llamado España.
No obstante, debo decir que hay dos planteamientos que María Gómez Lara aborda y con los cuales no estoy de acuerdo. El primero es el concepto de “raza”; una palabra que atraviesa todo el poemario y que lo hiere como si fuese un rayo fulminante que busca aniquilar a las personas de piel negra y a las que se les suele identificar, ella nos lo recuerda varias veces como demasiado “folklóricas”; lo digo por su pasión por los colores vivos. Yo no creo en la raza, creo en la especie a la que pertenecemos; me refiero al Homo Sapiens quien a su vez forma parte de esa gran especie que es la especie de los Homínidos. Antes de terminar con esta breve reseña volveré sobre el Homo Sapiens. El segundo concepto, aunque más que un concepto es una equivocación de parte de la autora Gómez Lara. Al hablar de Dante y de Cristóbal Colón, hace alusión a la lengua italiana; lo cual me lleva a recordarle que Dante, como Leonardo Da Vinci y como Colón, no hablaba “italiano” sino toscano. Es el toscano-florentino de Dante, precisamente, el que da lugar al italiano que conocemos hoy en día.
Ahora bien, pasemos al color de la piel; en este caso la piel negra.
Hace unos 45.000 a 40.000 años que el Homo Sapiens, que ya había realizado dos migraciones hacia lo que hoy en día es Asia e incluso Oceanía, se instala en el continente que hoy conocemos como Europa. Para ese momento ya se había cruzado con el Neandertal y con el Denisoviano; las otras dos especies que desaparecieron pero cuyos genes aún sobreviven en el Homo Sapiens actual. Ese Homo Sapiens que se instala en Europa no era blanco, era negro. El cambio de piel, debido a una pérdida progresiva de la melanina (mélas: del griego antiguo que significa negro), se da solamente hace unos 10.000 a 4.000 años atrás; y eso, en términos de la evolución humana, es menos que un parpadeo. No hay que olvidar que el Homo Sapiens lleva en el Planeta Tierra unos 300.000 años; el mismo período de tiempo que duraron los neandertales. Es por ello que creo que ninguna persona negra debería sentirse excluida por el color de su piel; por el contrario, tendría que estar muy orgullosa por ser el emblema de esta especie que conquistó este planeta, una especie que ha sido capaz de innovar, crear y adaptarse a diferentes climas; como también ha sido capaz de ser una máquina depredadora y brutal. En otras palabras, cabe decir que los primeros Homo Sapiens que poblaron el continente europeo no eran blancos sino negros; algo que deberíamos saber para poder combatir el racismo y la ignorancia. Creo que este tema de paleantropología no es menor sino decisivo al momento de abordar un tema tan doloroso como es el racismo.
Chapeau, María Gómez Lara! Este es un poemario necesario en estos tiempos convulsos y violentos.
La historia de mi piel (Fondo de Cultura Económica, 2026)