martes, 21 de febrero de 2017

BOHEMIAN RHAPSODY, DE CARLOS PARDO VIÑA, UNA PARÁBOLA DE LA FRAGILIDAD HUMANA

A MODO DE INTRODUCCIÓN: Para ningún colombiano, al menos los que seguimos de cerca el mundo de la literatura y de la cultura, el nombre de los Pardo nos es ajeno, ya que inmediatamente pensamos en Jorge Eliécer Pardo y en Carlos Orlando Pardo; éste último además de escritor y gestor cultural es editor. Pijao Editores es un referente editorial en Colombia e incluso fuera de ella, sin olvidar Caza de Libros de Pablo Pardo. Pues bien, Carlos Pardo Viña, ha seguido la senda de la literatura, y ya cuenta con dos libros Como si fuera viernes y Bohemian Rhapsody; eso sin contar los innumerables artículos sobre historia y cultura que han sido publicados en diversos medios de comunicación; así que su nombre y su trayectoria profesional ya son reconocidos en diferentes ámbitos del país. Con ésto no quiero decir que la profesión de escritor se herede o se lleve en la sangre, como erróneamente piensa mucha gente. El oficio de escritor se aprende leyendo, leyendo mucho, y el ser hijo de un escritor no garantiza la pasión por la lectura; lo que si ayuda es el ambiente, puesto que al crecer rodeado de escritores, pintores, gestores culturales, poetas, y al crecer con una importante biblioteca en su casa las puertas al conocimiento son mucho más asequibles que para el común de la gente; y eso de por sí ya es un privilegio; sobre todo en un país como Colombia donde las bibliotecas familiares son bastante escasas, y las públicas durante decenios se dedicaron más a la compra de textos escolares o libros de autoayuda antes que comprar buena literatura. Bohemian Rhapsody (Pijao Editores y Caza de Libros - 2015), precisamente está dedicado a Jorge Eliécer y Carlos Orlando Pardo, a quienes llama “mis maestros”, así como a Benhur y Héctor Sánchez y Hugo Ruiz, todos escritores con raigambre tolimense. El beber de la fuente misma de la creación, o compartir conversaciones eternas sobre la literatura, su magia y su condena, o escuchar durante noches enteras las narraciones de ese período oscuro de la historia de Colombia conocido como la época de La Violencia, así como poder apreciar pinturas originales en la sala de su casa, son factores que dejan una huella indeleble en las personas que han tenido el privilegio de creer que éso forma parte natural de la vida; así que si además se convierte en un lector voraz, es muy fácil pasar al acto de escribir; esa catarsis interior que nos pone en frente de nuestros propios fantasmas y que saca a flote nuestras más oscuras pesadillas. Y esa parece ser la senda de Carlos Pardo Viña, al menos es lo que se desprende de la nouvelle a la que hago mención, Bohemian Rhapsody; una obra que me dejó una agradable sensación de sorpresa. Esa sensación la busco cada vez que abordo un nuevo autor sin que necesariamente me invada ese sentimiento de haber encontrado una nueva voz, o al menos que la obra que ha llegado a mis manos valga la pena de ser leída y estudiada. Y en caso de Bohemian Rhapsody la leí dos veces, sin intervalos de semanas, ni siquiera de días; puesto que quise entrar en su esencia para poder hablar después sobre las impresiones que me produjo a medida que desentrañaba el ambiente gris y de no futuro que atraviesa cada una de sus páginas. Ese ambiente de la derrota absoluta, del sentimiento de pérdida que sacude a sus dos personajes, Nicolás y Santiago. El primero un periodista que solo desea ser escritor, y el segundo un profesor y escritor, ambos “atrapados en los escombros de sus propias miserias”. Nicolás y Santiago son, en cierta forma, el retrato de todos y cada uno de nosotros; son la metáfora de la fragilidad de la condición humana, la parábola del fracaso y de la aceptación del naufragio que son sus existencias. Son la metáfora que nos hace ver que somos ciegos sempiternos que vamos dando tumbos por la vida, y que a cada caída es más difícil volver a levantarse; como si en cada una de ellas los bolsillos de nuestros impermeables se llenarán con piedras que no tiramos nunca, por lo que inevitablemente llega el momento en que el peso impide levantarnos. Bohemian Rhapsody, araña, escarba en el delirio. Su narración es una forma de suicidio, al menos en el sentido que le daban los poetas Simbolistas; puesto que es un viaje interior en el que tanto los personajes principales como los lectores de la obra nos enfrentamos a nuestros propios fantasmas, monstruos cancerberos, que nos conducen ineluctablemente por la senda del desarraigo, del exilio interior, haciendo de nosotros mismos seres inseguros, grises, en cierta forma pasmados, sombras de nosotros mismos. Nicolás y Santiago son seres que vagan en busca de una quimera que nunca se hace realidad. Son viejos decrépitos antes de llegar a los cuarenta años y saben que no hay una puerta de escape, que están atrapados en el ojo del huracán y que allí van a perecer. ANOTACIONES SOBRE EL TÍTULO DE LA OBRA: BOHEMIAN RHAPSODY Antes de hablar de la obra de Pardo Viña habría que decir que su título, Bohemian Rhapsody, es, a su vez, el nombre de una famosa composición musical de Queen (1975), he aquí apartes de su letra que el autor nos trae a colación en su libro : Demasiado tarde, mi hora/ ha llegado/ manda escalofríos por mi espalda/ el cuerpo duele todo el tiempo/ Adiós a todos, tengo que irme/ debo dejarlos a todos atrás y afrontar la verdad/ Mañana/ no quiero morir, /aunque algunas veces desearía no haber nacido nunca. (Idem, pág. 118) Esta canción es la clave con la que Pardo Viña abre y cierra el libro ; no en vano su primer capítulo se titula ¿ Siempre suena Queen?. Y el narrador omnisciente le dice a Santiago : No recuerdas por qué te condenaste al exilio ni por qué te resignaste a saber del mundo y sus miserias únicamente a través de tu ordenador, de tu red, de tu tristeza. (Idem. Pág. 10). De esta forma el lector se enfrenta al logos, al ethos y al pathos de la obra ; puesto que conoce inmediatamente el discurso que va a leer y al personaje con el que va a vivir algunas horas. Sabe que Santiago es un hombre atormentado y que no desea salir de ese marasmo en el que se ha hundido. Intuye que su vida bohemia es sólo aparente, que hasta en eso ha fracasado, y que es un ser marginal; intuye que la redención no le interesa, ya que se sabe condenado de antemano y que nada de lo que haga, diga o escriba, podrá ser su tabla de salvación en los mares ignotos en los que ha naufragado su nao. Y ésto es válido también para el otro personaje, Nicolás, su alter ego. Pardo Viña al mismo tiempo que le rinde un homenaje a Queen, y a su canción Bohemian Rhapsody, también le hace un homenaje a Truman Capote y a su novela A sangre fría. Bohemian Rhapsody debe ser vista como un homenaje a la música y a la literatura; puesto que Pardo Viña entabla un diálogo permanente con ellas a través de Santiago y Nicolás ; sus dos personajes marginales y atormentados. PARÁBOLA DE LA FRAGILIDAD DE LA CONDICIÓN HUMANA: Para comprender bien esta premisa de la fragilidad de la condición humana, eje de la nouvelle de Pardo Viña, habría que resaltar la palabra clave, la misma que está presente a todo lo largo de la narración: el suicidio. Es importante tener en cuenta que el suicidio, al menos en la obra que nos ocupa, es visto como una escapatoria a la vida gris, a los sueños rotos y nunca alcanzados de sus dos personajes; así el suicidio no lo lleven hasta sus últimas consecuencias, contentándose con acariciarlo en las noches sin fin. No obstante, ¿qué peor suicidio que sumirse en una sombra de ellos mismos y abandonar las ilusiones, los sueños de la adolescencia? El suicidio, en términos generales, también puede ser visto como la única forma de redención posible, como la única forma de salvación, no eterna – con esto no me refiero a la connotación religiosa que puede tener para las tres religiones monoteístas- léase salvarnos de nosotros mismos. Salvarnos del fiasco que significa la existencia misma y las penurias que ésta conlleva; no sólo por los apuros económicos y los empleos precarios; sino, ante todo, salvarnos de la miseria humana, de la condición de seres mortales, alejados de los dioses y de los mitos fundacionales que pregonan la vida eterna. No hay peor sentencia que el sabernos derrotados de antemano, así como conocer nuestras propias limitaciones, ya que somos conscientes que nada de lo que hagamos podrá cambiar el sino maldito que nos condena al hades. Y cuando hablo de hades me refiero a la connotación que le daban los griegos, más exactamente a su idea de lo que ellos más temían: el Tártaro -el antecedente del infierno judeocristiano-; o sea, un lugar de tortura, de sufrimiento eterno, una mazmorra, una especie de oubliette; ese hueco oscuro, maloliente y húmedo donde los señores de los castillos medievales, e incluso posteriores a dicha época, olvidaban a los prisioneros hasta que morían de sed, y por supuesto morían rodeados de sus propios excrementos, de ratas, de murciélagos y de toda suerte de alimañas. El hades también puede ser visto en el sentido que le dan los judíos; en hebreo lo designan con el nombre de scheol, lo que traduce tumba o pozo de suciedad. Podría decirse que si Charles Baudelaire, Édouard Manet y Paul Gauguin se enfrentaron a la sífilis, y al horror de su propia hecatombe, el hombre contemporáneo se enfrenta al vacío, a la nada, léase néant, un poco como lo concebía Pascal. La diferencia radica, a mi modo de ver, en que para Pardo Viña el hombre no es un coloso sino un ser ínfimo; pienso más bien en Lin Yutang, que el hombre es una hoja sacudida por la tormenta; en otras palabras que no hay salida posible porque ese vacío lo ha tragado, succionado, aspirado, sin que el hombre mismo sea consciente, al menos la gran mayoría de las veces, de su propia desgracia. El hombre contemporáneo se sabe aniquilado de antemano, y sabe que los dioses de otrora no le darán la mano; más bien lo condenarán a deambular con los pies desnudos en un camino lleno de guijarros y de espinas, un camino lleno de baches y de huecos profundos. Y cuando los personajes de Pardo Viña hurgan, cuando escarban, sólo ven delante de sí mismos sus propios delirios, no pueden, o no quieren, comunicarse con los demás. En los túneles de su errancia maldita no hay ventanas por las que puedan vislumbrar a otro ser desamparado como ellos dos. Y cuando logran penetrar en un túnel con ventanas, como Juan Pablo Castel, el personaje de El Túnel de Ernesto Sábato, es para ver sus alter ego, así crean que es el amigo de adolescencia que está al otro lado del vidrio. UNA NOUVELLE DE PRECISIÓN: Bohemian Rhapsody es una nouvelle de precisión, como un reloj suizo, casi matemática, no es alambicada, no necesita de subterfugios, va directo al grano. En cierta forma me recuerda a esa joya literaria de Albert Camus, El extranjero. Tanto Nicolás como Santiago, sus protagonistas, son en cierta forma los alter ego de Meursault y de Castel; seres mustios, sin mayores ambiciones, derrotados por la vida, errantes perpetuos, exiliados en sí mismos y habitados por una soledad proverbial. También se identifican con Castel y con Meursault por la precariedad económica que afrontan cada día y ante todo por la precariedad de sus propias existencias. Al contrario de Castel y de Meursault, ni Nicolás ni Santiago son asesinos. Ellos saben que el asesino postmoderno es el suicida, el que se corta las venas o se defenestra como un acto de justicia consigo mismo, como un acto de rechazo a la hostilidad de una sociedad para la que no se cuenta; saben, al igual que los otros dos personajes, que son extranjeros y que no caben en ninguna parte: “A veces cierras los ojos y te llenas de rabia, atrapado entre los escombros de tus propias miserias. Sientes el dolor por todo tu cuerpo pero no es el dolor el que te asusta: es la muerte. No quieres morir. No vas a hospitales ni a velorios y le huyes incluso a quienes visten de negro sin importar la ocasión” (Bohemian Rapsody, de Carlos Pardo Viña, op. cit., pág. 35) Nicolás está convencido que odia a la muerte, no quiere morir, detesta los funerales; sin embargo, cada día se suicida un poco con el trabajo de la página de judiciales del periódico para el que trabaja y al que detesta porque le impide escribir. Se apega como puede a los recuerdos de su infancia, a la figura totémica de la abuela, único lugar de paz y del patio de los naranjos; reviviendo así los ataques de asma, en realidad pequeñas muertes, y sumiéndose en el olvido momentáneo que le produce un cacho de marihuana. Odia a su mujer y a su hija, le estorban; en realidad es él quien se estorba a sí mismo. Lo mismo le pasa a Santiago, no quiere morir, no quiere ni siquiera escuchar hablar de la muerte. Sin embargo, su encierro voluntario es sinónimo de muerte y su apartamento es su tumba. … el cuarto pequeño que convirtió en su propia celda. (Idem, pág. 109) La celda puede entonces ser vista como un panteón. El mismo se viste con una mortaja, con un sudario, así no sea del todo consciente de ello. Su deseo de apartarse de los otros es como si hubiese atravesado el río Estigia y como si él mismo fuese Caronte, el barquero que nos espera para la última travesía. “Hoy tú mismo eres un grito, silencioso y blanco como la pantalla de tu portátil” (ídem, pág 43). “Sabes que no hay futuro en una ciudad pequeña para un hacedor de frases que escribe para revistas culturales que por aquí nadie lee, que en la capital te olvidaron, que llegó gente más joven que tú y más preparada y más talentosa que tú”. (Idem, pág.46). “Hoy no hay camino, ni pasos. Se te acabaron las palabras y no sabes cómo más llenar tu vida… Te ganó la carrera la nostalgia, que como decía Cabrera Infante, es la puta de los recuerdos, la rabia escondida, el dolor que jamás calla”. (Idem, pág. 56) Nicolás desea escribir la novela de su vida, pero sabe que no es Truman Capote y que no hay escapatoria posible: “No puede coger una maleta de cartón y viajar a Holcomb, Kansas, no puede averiguar la vida del cuerpo, solo tiene que escribir y correr y cerrar, porque la hora del cierre es ya, mijo, suelte la nota que tengo que corregirla, le va a gritar, y él no tiene nada, solo un cuerpo, un cuerpo cubierto por una sábana blanca que está a punto de retirar del rostro, un cuarto lleno de sangre, una pecera sin pez, el olor a sangre, el olor, el olor, el olor. El puto olor a muerte”. (Idem, pág, 59). Tanto Nicolás como Santiago o Meursault o Juan Pablo Castel o Jonathan Noel, el protagonista de La Paloma, de Patrick Süskind, son seres atormentados; y aunque viven rodeados de tumultos, de un maremágnum de gente, son seres recluídos en sí mismos, eternos misántropos que no logran conectar con la sociedad de su tiempo porque son conscientes de la inutilidad del gesto, saben de antemano que la batalla está perdida y que los apartamentos donde habitan son en realidad grutas donde no llega la luz del sol. Son eternos ermitaños y sus habitaciones son ermitas, como las grutas inhóspitas que los albergaban. Se contemplan a sí mismos, lo que los hace incapables de conectar con la realidad o al menos de tratar de aceptarla para poder asimilar un poco más sus normas sociales; a lo mejor porque saben hasta la saciedad que dichas conductas no se rigen por el altruismo. Lo que me lleva a pensar en Winston Smith, el personaje de 1984 de Georges Orwell, puesto que si hay algo que lo caracteriza es la marginalidad, la falta de confianza en sí mismo, el miedo, la soledad atávica que lo habita; y aunque anhela creer en un futuro mejor en el fondo de sí mismo sabe que éso es imposible. Visto de esta forma Santiago es una especie de alter ego de Smith, puesto que el Gran Hermano es la red que controla nuestras vidas; y Santiago, en cierta forma, reemplaza la realidad que no desea ni quiere afrontar por los algoritmos de su computadora : … sigues navegando por la red. Buscas el poema de T.S. Elliot, Los hombres huecos, que el gringo inglés, sacó de una combinación de La tierra hueca de William Morris y de El hombre destrozado de Kippling. Abres Google y escribes Elliot, hombres huecos. Clic en el primer link. (Idem, pág. 53) No es una simple coincidencia que Santiago haya pensado en Los hombres huecos o en La tierra hueca o en El hombre destrozado, esas tres obras son el reflejo oscuro y dramático de su propia existencia. Su encierro ¿voluntario ? no le impide ser consciente de la miseria de la condición humana, ese sino trágico, a la que él, ni nadie, puede escapar. Lo que me lleva a pensar en Mario Conde, el personaje de la serie negra de Leonardo Padura. Conde podría ser también una especie de Smith ya que se sabe vigilado, sabe que la libertad no existe y que todos sus movimientos son registrados; sabe que cada paso que da en La Habana será debidamente anotado en un cuaderno que lo conoce mejor que lo que él se conoce a sí mismo. Al menos es lo que se vislumbra en Máscaras : Máscaras, nos deja ver poco a poco la verdadera esencia de sus personajes, aunque cada uno de ellos quiera ocultar sus propios demonios, pero sobre todo ocultarlos a los demás. Los demás son los esbirros del régimen que están en todas partes, y en ninguna, pareciera que son invisibles, pero están ahí, lo ven todo, lo escuchan todo, lo saben todo. Por lo que cada personaje vive con el miedo de no saber cuándo va a ser llamado para un interrogatorio, cuando va a perder la vida que ha llevado hasta ese momento; algunas, muy pocas en verdad, de privilegio, y otras, en realidad la mayoría, la vida por la lucha infructuosa por sobrevivir en un ambiente donde la felicidad pareciera proscrita. (Berta Lucía Estrada, Leonardo Padura, Blog El Hilo de Ariadna, diario elespectador.com http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/leonardo-padura) Y si hablo de Mario Conde es porque Santiago sabe que él no es él sino son muchos hombres : Sabes que al otro día ese hombre no estará. Tendrás la garganta seca y un incipiente dolor de cabeza. Quisieras no haberlo llevado al bar para no tener que dejar de contestar las llamadas insistentes que te hacen al celular que porque hay desenguayabe, que la niña bonita quiere verte, que por qué te fuiste sin despedirte, que qué hay para hacer hoy. No quieres más fiesta y ruegas para que tu otro tarde en volver, que no se aparezca con su voz impostada y su cara de seductor de película de los años cuarenta. … Tú eres muchos hombres. (Bohemian Rapsody, op. cit, pág. 63) Santiago podría ser visto también como el alter ego de Conde, como su extensión, como su hijo o su hermano gemelo; puesto que los dos son escritores frustrados, los dos son amantes de la literatura, así la literatura no los salve; por el contrario la literatura los condena a ser prisioneros de sí mismos; los condena a ser eternos suicidas, en realidad actores fracasados, incapaces de pasar al acto final. Por otra parte, esa frase Tú eres muchos hombres nos lleva inmediatamente a pensar en Sábato. Ya sabemos que en Sobre Héroes y Tumbas Bruno habla de las máscaras que cada ser humano se pone varias veces al día y como finalmente nadie puede conocer a otro puesto que lo que conoce de esa persona es la máscara que utiliza cuando se encuentran en alguna parte. Cada pedazo de ti es un hombre que piensa diferente, siente diferente, aunque la voz sea la misma, aunque la mirada sea la misma. Los conoces bien. (Idem, pág. 62) Según Bruno sólo nos despojamos de nuestras miles de máscaras cuando estamos solos, o cuando nos creemos solos; es ahí cuando el peso de la soledad atávica sale a flote y se adueña de cada individuo. Aunque si se piensa en Homo Deus, de Juval Noah Harari, no se podría hablar de individuos, sino de dividuos ; es decir, seres escindidos, divididos. Y volviendo a Sábato y a Pardo Viña habría que pensar en seres rotos, destrozados, aniquilados por dentro, anéantis sería la palabra más adecuada. No en vano Santiago dice : No quieres parecer un existencialista, siempre has dicho que no vale la pena serlo, pero también lo eres : tú eres muchos hombres. Muchos actores en el juego de vivir las caretas que tú mismo te impones. (Idem, pág. 73) Bohemian Rhapsody es el relato de la soledad; una característica sabatiana : Te volviste un hombre solitario y tus textos no son más que un pequeño registro de los días en que creíste ser feliz. Y es entonces cuando descubres que aunque eres muchos hombres, todos ellos son tristes. Uno el que escribe, otro el que enseña, otro, el que se enamora, otro el que huye, otro el que habla, otro de esos que llegan a casa solo. Eres todos, si, pero todos, tristes. (Idem, pág. 82) Estos personajes son seres derrotados, destruidos, rotos, escindidos. Saben de antemano que la partida está perdida; como en el poema de León de Greiff, Relato de Sergio Stepsanky: Juego mi vida, cambio mi vida,/
la llevo perdida
/sin remedio.
//Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo/...:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos;/
todo, todo me da lo mismo:/
lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto, lo malo...
 Ninguno de ellos busca, una salvación, ni siquiera la desean; por el contrario, se hunden cada vez más en el aislamiento y en la podredumbre de sus propias vidas. Son conscientes que hagan lo que hagan nada impedirá el fracaso y nada los sacará de su vida gris. Son la párabola de la generación perdida : Pero creciste y te convertiste en uno más. Uno mas de una generación perdida que quedó en la mitad de la nada. (Idem, pág. 90) Son los suicidas que deja la exclusión, esa otra violencia que nace del desamparo, del hambre, de la falta de oportunidades, del olvido, de la incertidumbre, del no futuro al que que ya se había hecho alusión. Ya hemos visto que el suicidio es el eje central de la nouvelle de Pardo Viñas, y por supuesto el miedo que acompaña el día a día de Nicolás y de Santiago, léase la incapacidad que tienen de aceptar sus propias limitaciones e incluso el pavor que les causa su propio fracaso, el derrumbe ineluctable de sus vidas. Saben que el pasado siempre los atrapa y que las puertas de escape están cerradas o a lo mejor ni siquiera existen; lo que los lleva a pensar que el futuro es solo una ilusión, una puesta en escena por algún dramaturgo que ha querido burlarse de ellos y del hombre en general; peor aún, que los ha condenado a la tragedia, al sino atroz que significaría la carencia del libre albedrío. … los hombres no somos más que una larga espera. Esperamos en la oscuridad de los días sin memoria a que se conozcan los padres, a que se invente el amor. Esperamos entre la viscosidad tibia de un vientre bueno los nueve meses que nos separan de la luz. Esperamos que pasen los años de la primaria mientras soñamos con ser adultos y sobrevivimos los días de la adultez soñando con volver a ser un niño. Esperamos que llegue la muerte. La espera. (Idem, pág. 105) Visto de esa forma podría decirse que somos eternos suicidas; puesto que en cada paso que damos ignoramos conscientemente el presente, o bien nos vemos en un futuro que posiblemente nunca llegue, al menos no como lo hemos imaginado; o bien entramos en una especie de sopor, de saudade, que nos lleva a anhelar el pasado y a desear hacer el viaje de Marcial, el personaje de El viaje a la semilla, de Alejo Carpentier. En otras palabras nos suicidamos cada minuto, cada segundo. Como decía Virginia Woolf : -Vivir es muy peligroso, así sea por un instante. Y más adelante es Nicolás el que reflexiona sobre el suicidio : … el suicidio no lo inventamos nosotros, que ha estado por siempre rondando la vida y que ese hombre de la foto, cubierto por una sábana manchada de sangre no es otra cosa que uno más envuelto en el torrente de la violencia que llevamos dentro. (Idem, pág, 113) Estos personajes son antihéroes, o si se prefiere héroes del absurdo, héroes postmodernos, individuos que habitan en ciudades en las que sus ciudadanos se fagocitan entre sí o se autofagocitan. Por ello puede decirse que la nouvelle de Pardo Viña es una obra urbana, como lo es La Paloma de Süskind; la diferencia es que Jonathan Noel logra salir del laberinto, mientras que a los otros personajes no les interesa buscar la salida ni tienen la fuerza para hacerlo ni saben cómo hacerlo. Por eso mismo Santiago piensa en Vincent Van Gogh, y como él sabe que : Crear no es otra cosa que abrise paso entre paredes de hierro que se levantan entre lo que sientes y lo que puedes. Sabes que tus muros son altos y pesados y cubiertos de un óxido que descascara la estructura y anquilosa las bisagras que se niegan a moverse, pero en medio del mar de tus pequeños fracasos, insistes en hacer de la literatura tu propia tabla de salvación personal. (Idem, pág. 123) No obstante, sabe muy bien que la salvación no existe, que es una simple quimera. Tal vez por eso Nicolás, el alter ego de Santiago, evoca a Vallejo : … el que quería morir en aguacero, un día del cual ya había tenido el recuerdo (Idem, pág. 84) Bohemian Rhapsody es una parábola del fracaso del hombre, en el sentido ontológico de la palabra. También es una búsqueda de la identidad. Nicolás y Santiago están perdidos, extraviados, desaviados en sí mismos ; creen conocerse cuando en realidad son verdaderos extraños, habitan en cuerpos equivocados, ni siquiera se reconocen cuando se miran en el espejo. Navegan en un mar de incertidumbres, de remordimientos, de temores; se saben vigilados, son conscientes que no hay libre albedrío, y que el mañana depende de hoy, de lo que haga en el trabajo, de la aprobación de los otros; sobre todo en el caso de Nicolás, él sabe que es su jefe el que mueve los hilos de su vida, es una marioneta con la que él juega; dicho de otro modo sabe que el jefe de redacción juega con él como el gato con el ratón. Es por ello que son conscientes del fracaso de sus vidas; lo ven como un sino trágico del cual no hay escapatoria. No creen en los discursos cristianos que venden la ilusión de una vida maravillosa, la que está en el otro lado, en el lado invisible de la cama. No creen en una divinidad que ve y escucha todo y que perdona todo; por el contrario, se dan cuenta que ese discurso acentúa la incapacidad que tiene el ser humano de aceptar sus propias limitaciones, sus propias fronteras, su desamparo innato y su incapacidad para ser feliz. Bohemian Rhapsody es una parábola de la cotidianidad a la que ningún citadino del siglo XXI escapa, una cotidianidad que se transforma en una pesadilla, no la que nos visita en sueños y de la que escapamos apenas nos despertamos, sino en una pesadilla que nos acompaña las 24 horas del día y los 365 días del año; es una parábola sin concesiones del fracaso de la existencia humana. Nicolás y Santiago pertenecen a la generación de los descreídos, de los desencantados; son los herederos de los poetas malditos, comenzando por los rapsodas griegos, no en vano el libro se titula Bohemian Rapsody (Rapsodia Bohemia). Los rapsodas, cantores de la Grecia antigua, vagaban de portal en portal para pedir un plato de comida, un jergón donde dormir y algunos óbolos ; todo ésto a cambio de amenizar un poco los banquetes de los poderosos de su tiempo. Eso mismo harían siglos más tarde los juglares, y luego Villon; posiblemente el poeta más marginado de la historia de la literatura. Para terminar quisiera decir que Santiago y Nicolás son seres desestabilizados, caminan permantemente en arenas movedizas, conscientes que en cualquier momento pueden hundirse para siempre; no sólo saben que no hay posibilidad de escape, sino que no desean ser rescatados ni salir de ese embrollo que es la existencia humana. Ahogarse es su única salida, su única salvación, su única redención. Adenda : Quisiera resaltar una característica de Bohemian Rhapsody y es que toda la narración está comprendida en 24 horas; un claro elogio al Ulises de Joyce y a La señora Dalloway de Virginia Woolf.

domingo, 12 de febrero de 2017

MARIANNE VON WEREFKIN Y EL EXPRESIONISMO ALEMÁN

En noviembre de 2011 La Pinacoteca de París, fiel a su espíritu de diálogo, presentó por primera vez una exposición sobre el Expresionismo Alemán, no por autores, como se ha hecho hasta ahora, sino exhibiendo las dos corrientes pictóricas, tan diferentes entre sí; tanto desde el punto de vista de la pincelada y de la paleta como desde la búsqueda filosófica, especialmente Der Blaue Reiter (El Jinete Azul), movimiento intelectual que incursionó incluso en la música al aceptar en sus filas a Shönberg, y Brücke (Puente), movimiento más centrado en la emoción, en la sensibilidad. Los artistas, adscritos a estas dos corrientes, sufrieron la persecución nacionalsocialista y fueron considerados artistas degenerados. Der Blaue Reiter, se desarrolla, básicamente en Munich y la región Bávara, mientras que Brücke lo hace en Dresde, Moritzburg y Berlín. Pero antes de hablar un poco más sobre el Expresionismo Alemán, me gustaría recordar que la Historia del Arte del siglo XX se centró sobre todo en analizar y mostrar, una y otra vez, el arte del Renacimiento italiano; por lo cual muchos otros movimientos han sido poco difundidos. Es el caso específico de Las Puertas de Ghiberti (1378-1455), conocidas por todas aquellas personas que se hayan interesado, poco o mucho, por el arte florentino. No obstante, el trabajo en bronce de Las Puertas de Bernward (1015) y de La Columna de Cristo (1020), de la Catedral de Hildesheim, denotan un florecimiento extraordinario en las artes alemanas del Medioevo; siendo prácticamente desconocidas no sólo para los neófitos sino para muchas personas que se precian de conocer un poco el arte occidental. Después de este breve paréntesis podemos dar un salto en la historia y ubicarnos a comienzos del siglo XX. Desde 1905 artistas como Franz Marc, Paul Klee, Kirchner, Von Jawlensky o Heckel, habían puesto sus ojos en el fauvismo, pero también entendieron la importancia de Vincent van Gogh, al mismo tiempo que descubrían el “arte negro”, que les mostraba otros códigos estéticos, tan diferentes al mundo occidental. O en el caso de Kirchner el arte realizado en los mares australes. No obstante, me interesa hacer énfasis en las mujeres que participaron activamente en el movimiento expresionista, a saber: Gabriele Münter (Alemania, 1877-1962), Natalia Sergejewna Goncharova (Rusia, 1881-1962) y Marianne von Werefkin (Rusia, 1860-1938). Gabriele Münter, junto con Paula Modershon-Becker (Alemania, 1876-1907), es uno de los íconos de la pintura expresionista. Compañera sentimental de Kandisky por espacio de varios años, incursionó en la pintura abstracta desde sus primeros años como pintora. Después de la II Guerra Mundial se dedicó en cuerpo y alma a la difusión de Der Blaue Reiter. Consciente de su genialidad decidió donarle su obra a la ciudad de Munich. Natalia Sergejewna Goncharova, de espíritu autónomo, rebelde, contestaria, desde muy joven se vio envuelta en persecuciones moralistas que la acusaban de moverse en círculos de pornografía. Su talento sobrepasaba el interés por la pintura, ya que siempre le interesó trabajar como decoradora de compañías de ballet clásico; habiéndose desarrollando plenamente en este campo cuando decidió instalarse definitivamente en París. Marianne Von Werefkin De los artistas que hacen parte de la exposición de La Pinacoteca, hay una que me llamó poderosamente la atención y a quien no conocía, hablo de Marienne Von Werefkin (Rusia, 1860-1938). Nacida en el seno de una familia aristócrata, con el nombre de Marianna Wladimirowna Werefkina, en 1883 decide entrar a la Escuela de Arte de Moscú, en 1886 hasta 1896 toma cursos particulares con el artista Ilya Répin y éste le presenta a Alexej von Jawlensky quien se convierte en su compañero sentimental, poco tiempo después se instalan en Munich, donde abren una galería de arte que expone los trabajos de Jawlensky. Marianne Von Werefkin se dedica por completo a la difusión de la obra de su compañero, lo que les permite entrar de lleno en la vida artística de la ciudad. Durante 10 años se olvida de su propio trabajo; pero también es cierto que años antes había sufrido un accidente de caza en el cual su mano derecha había perdido gran parte de su movimiento, lo que le dificultaba mucho el ejercicio de la pintura. La relación con su pareja es cada vez más tormentosa y la artista se da cuenta que su vida profesional es verdaderamente ahogada por su compañero sentimental, en realidad es su sombra; así que en 1905 retoma nuevamente las riendas de su vida y con ella los pinceles. En 1909 crea, junto con Kandisky y Franz Marc, La Nueva Asociación de Artistas de Munich, en 1912 la abandona y participa en la primera exposición de Der Blaue Reiter, organizada por la Galería Sturm de Berlín y se convierte en una de sus principales teóricas. Muchos de los postulados artísticos que se le atribuyen a Kandinsky son en realidad postulados de Marianne von Werefkin; Kandinsky la respetaba y admiraba; era consciente de su gran capacidad analítica y crítica y de su gran visión artística; no en vano había dirigido con gran éxito la galería de arte que exhibía la obra de von Jawlensky. Un año después Marianne von Werefkin forma parte de Primer Salón del Otoño Alemán, que acoge la vanguardia artística europea. En 1917 conoce a Rilke y en 1918 se instala en Ascona. En 1924 funda Der Grösse Bar, en el cual participan los pintores Walter Helbig, Ernst Frick, Albert Kohlen, Gordon McCouch, Otto Niemayer y Otto van Rees. Aunque su obra es lago extensa sólo me remitiré a hablar sobre dos de su cuadros : Otoño y La mujer de la linterna : Sus obras pictóricas tienen como centro temático a la mujer, a su aislamiento, a su soledad intrínseca; así ella hubiese sido respetada por todos sus congéneres masculinos, entendía como pocas personas el dolor de ser mujer en un mundo gobernado por hombres. Es el caso del cuadro “Otoño” (La Escuela) realizado en 1907, donde se observa a un grupo de niñas acompañadas de su maestra, el grupo camina al lado de un lago apacible pero triste.
Ni la maestra ni las niñas tienen rostros definidos, llevan una máscara que las hace iguales, carecen de futuro, son ovejas que van por su propia decisión rumbo al sacrificio. Un sacrificio por lo demás inútil, puesto que la sociedad que lo espera lo considera fútil; como si la profesora y las niñas no tuviesen otra escapatoria distinta a la muerte; en realidad son cadáveres que se pasean antes de quitarse el disfraz que oculta su terrible soledad.
Nadie mejor que ella para entender el dolor humano, y lo plasmaba, incluso, en una extraña mezcla de “realismo onírico”. Cuando hago esta aseveración es básicamente al observar el cuadro que se titula “La Mujer de la Linterna”, 1910. En él se representa a una mujer, que puede también ser un monje medieval, paseándose por un paisaje invernal, desolado; es una persona abatida por la vida, su joroba habla de una vida ruda y un ambiente inhóspito. Al observar la obra pictórica siento el frío corroerme los huesos y el viento helado me pega en la cara. Sin embargo, el color rojo, caro a los fauvistas, está presente en toda la pintura; en ella, dos cerdos duermen plácidamente, como si no les esperara un triste fin, ajenos al drama de la mujer que se aproxima con la linterna. Marianne Von Werefkin murió en Ascona (Rusia) en 1938 después de haber vivido varios años de penuria ecomómica. --------------------------------------------------- Pueden obervar algunas de sus pinturas en el siguiente sitio :

miércoles, 8 de febrero de 2017

SCIO MAGAZINE

Los invito a leer el primer número de SCIO MAGAZINE, un hermoso y valioso proyecto cultural que vale la pena ser difundido y apoyado. Mis más sinceras felicitaciones a Daniela Jiménez y a Catalina Cruz por esta magnífica idea que han sabido concretizar. ¡Buen viento y buena mar para esta nao; espero que surque muchos mares y que llegue a puertos muy diversos!

lunes, 6 de febrero de 2017

La niña alemana, de Armando Lucas Correa

Llegue a este libro por una reseña de Arcadia; no obstante, no ha colmado mis expectativas. La niña alemana es una novela que puede clasificarse como best-sellers, pero está muy lejos de ser buena literatura; de lo que si estoy segura es que puede ser una excelente película. La 1a y 2a parte (252 páginas) han podido narrarse en cien páginas. La 3a y la 4a parte están mejor escritas, pero no lo suficiente para hacer de esta novela un buen libro. El valor de La niña alemana está, sin duda alguna, en sacar a la luz el drama de los 900 pasajeros, en su gran mayoría judíos alemanes, que atravesaron el Atlántico con visas para Cuba, la isla sería solo un lugar de espera para luego emigrar a EEUU, país que también les había otorgado la visa correspondiente. A su llegada a la isla, y a pesar de tener todos los papeles en regla, el gobierno de Federico Laredo Brú les impidió la entrada. El capitán Gustav Schröder condujo el barco a EEUU y luego a Canadá, en ninguno de los dos países se permitió la entrada de estos migrantes. Finalmente regresó a Europa y logró que Holanda, Bélgica, Inglaterra y Francia los recibieran. Solo los judíos (287) que fueron a Gran Bretaña lograron sobrevivir al Holocausto. En los archivos de Cuba han desaparecido los documentos concernientes a este drama y tampoco se enseña este terrible episodio en las clases de historia.

sábado, 28 de enero de 2017

ORLANDO SIERRA, DESCANSA EN PAZ

Amigo, puedes descansar en paz. La sombra siniestra que te segó la vida, y que nos dejó a todos los manizaleños un poco huérfanos, por fin pasará el resto de su vida en la sombra de una mazmorra. * A MI AMIGO ORLANDO SIERRA HERNÁNDEZ Nota: Esta reseña sobre Orlando la publiqué el 26.12.2013, y ahora vuelvo a hacerlo como un homenaje al hombre cálido y a la mente brillante que fue Orlando Sierra Hernández. -------------------------------------- El 30 de enero de 2002 un sicario le disparó a mi amigo Orlando Sierra Hernández, Subdirector del diario La Patria de Manizales. El 1 de enero de ese mismo año había perdido a mi hermano, luego de una serie de desastrosas operaciones que tenían como objetivo curarle un cáncer terminal que se lo había comido a pasos de gigante sin que él mismo se hubiese dado cuenta del enemigo que albergaba en su esófago. Fue Carlos Arboleda Gonzalez, Director del Instituto de Cultura de Caldas para ese entonces, quien me dio la noticia: -A Orlando le dieron dos disparos en la cabeza. Sé que no dije nada. Nunca he olvidado esa frase y lo que yo sentí. Un enorme grito salió de mis entrañas y se quedó atorado en mi garganta. Aún hoy, casi 12 años después, sigue ahí, sin salir. Pensé: -Le han dado en la cabeza, en lo más grande que él tiene. Dos días después moría. Doce años después lloro sus muertes. Eran dos hombres que yo amaba, con amores diferentes. Uno era el amor filial y el otro la amistad, abierta, transparente, honesta. Orlando tenía una inteligencia única, de esas que pocas veces encontramos en nuestras vidas. Era lúcido, brillante, culto -con una cultura enciclopédica-, un gran lector y un gran conversador. Era un duende maravilloso, poseía un gran sentido del humor. Estar con él, así fueran cinco minutos –ya que siempre estaba ocupado- era reírse a carcajada batiente; siempre tenía algo para decir que hiciera sentir a su interlocutor como la persona más importante en el universo. Pero también era crítico y analítico, no dejaba nada en el tamiz de sus escrutinios. Decidió poner el dedo en la llaga de un departamento que desde los años 80 no ha dejado de conocer el látigo de la corrupción y de la politiquería barata; sobre todo la de tres seudos políticos de baja estofa que hicieron de las arcas del departamento sus alcancías personales. Uno de ellos está muerto, el otro se pasea por las calles tranquilo, con aire burlón y cobrando una millonaria pensión del Senado después de haber desvalijado a Caldas, y el otro lleva en sus hombros un historial delictivo que heredó uno de sus vástagos. No sé cómo se miran a la cara. Lo que uno desea para sus hijos es una herencia de honestidad y trabajo, no de corrupción ni de ambición sin medida. Desafortunadamente esa ha sido un poco la historia de este país de electores que se dejan comprar por una teja -o en el mejor de los casos por un almuerzo- sin ponerse a pensar que no es el minuto siguiente el que hay que resolver, sino la vida entera y la vida de los hijos de los hijos. Orlando intuía lo que iba a pasarle. En una de sus publicaciones, que rivalizaban con un huracán, le pregunté si no le daba miedo, le dije que era muy valiente, me respondió: - No, no lo soy. Sé con quién debo medirme. En este caso concreto hablaba de un intelectualoide que ha dedicado gran parte de su vida a hablar mal de los escritores. Esa sabia frase se le olvidó muy pronto cuando decidió tomar pulso con la vagabundería que se había tomado los pasillos de la Asamblea de Caldas desde hace más de tres décadas. Ayer un juez, de eminente no tiene nada, dejó en babia el proceso que se adelantaba por el asesinato de uno de los ciudadanos más ilustres que ha tenido Caldas,y de uno de los mejores periodistas de Colombia. No obstante, me pregunto,¿podrá el asesino, al menos el que dio la orden de matar a Orlando, dormir en paz? --------------------------- * Hoy, 25.06.15, puedo escribir: Amigo: Ese hombre, Ferney Tapasco, el mismo que le ha hecho tanto daño a Manizales y Caldas, el que segó tu vida, ya ha sido condenado a 36 años de cárcel. Eso no te hace regresar a nosotros, ni a tu amado periódico La Patria, pero al menos podemos dormir tranquilos sabiendo que se hizo justicia. Descansa en paz querido amigo, siempre tendrás mi aprecio y admiración; así ahora tenga los ojos llenos de lágrimas, sigues aquí, en el centro de mi intelecto y de mi cariño. En cuanto a Tapasco, el otrora todopoderoso, no por su inteligencia y cultura, que no las tiene, sino por el círculo mafioso que creó a su alrededor, huía como el cobarde que siempre ha sido. Es muy fácil dárselas de macho enfurecido cuando se tiene un revólver en la mano y cientos de sicarios alrededor. Otra muy diferente es cuando la justicia falla en su contra y lo declara culpable por el asesinato de Orlando Sierra; recuérdese que no es el único muerto que cabalga sobre sus espaldas de viejo decrépito. Esta condena es también una enorme montaña de lodo que cae sobre los políticos y contratistas que hicieron fortuna bajo su sombra siniestra. ¡Qué verguenza! Sin olvidar que otros cobardes siguen sus pasos, como Hoyos y los Zuluaga. Hay balas que se disparan de muchas otras formas y convertirse en un traidor a la Patria es una forma terrible de disparar una ametralladora o un cañon de extrema potencia. -------------------------

martes, 24 de enero de 2017

ELEMENTOS MÍTICOS EN CANTO GENERAL DE PABLO NERUDA

Foto Foto: artículo.mercadolibre.com ------------------------------ Cuando pensamos en Pablo Neruda* generalmente lo relacionamos con una poesía intimista y amatoria, tal vez porque siempre se nos vienen a la cabeza los 20 Poemas de Amor y una Canción Desesperada, o los 100 Sonetos de Amor o los Versos del Capitán, ese gran libro que Neruda le escribiera a Matilde Urrutia y que sólo reconocería 20 años después de su primera publicación, cuando ya los poemas habían logrado ser reconocidos por sí solos, independientemente del nombre de su ya conocido autor. Pero Neruda incursionó en todos los temas que la poesía puede tocar, incluyendo la rica cosmogonía americana. Canto General, como su nombre lo indica, es una hermosa oda a un continente aún no nombrado, a los extensos dominios anteriores a la “peluca y la casaca”, y “a las tierras sin nombres y sin números”, y donde el hombre fue “arcilla… cántaro caribe, piedra chibcha”. Y para recordar ese pasado prodigioso y sagrado, ahí está el poeta, como el elegido que impedirá el olvido del pasado mítico, del tiempo no histórico, el poeta erigido en la conciencia colectiva que nunca olvida y que siempre denuncia: “yo estoy aquí para contar la historia”; para ello hurga en sus orígenes prehispánicos: Yo, incásico del légamo”, haciendo alusión a la tierra arcillosa y al barro viscoso, que amasaron tantas manos durante siglos, para dejar una impronta imborrable de su paso por esta “Tierra mía sin nombre, sin América” a la América mítica de “lluvia de hilos celestes”, donde el tiempo circular “devolvía las flores y las vidas”. El poeta hace alusión al árbol como el axis-mundi que permite a los chamanes araucanos el viaje por los tres mundos, para ello sólo nombra las especies nativas, como “el ceibo bermellón, el árbol caucho “. A los que luego se sumaría la fragancia del tabaco y por supuesto el maíz , origen del pueblo maya. La naturaleza indómita desconocía la avaricia y violencia de las ciudades europeas: “América, zarza salvaje entre los mares, de polo a polo balanceabas, tesoro verde, tu espesura”. Pero entonces irrumpen las premoniciones de un retorno al caos: “Germinaba la noche”, y la historia, o tiempo lineal, irrumpe con la utilización del pretérito perfecto simple: “una rama nació como una isla, una hoja fue forma de la espada”, sino de sangre , violación. La América saqueada aparece bajo la imagen de “una raíz (que) descendió a las tinieblas”, verso que se contrapone a los míticos “hilos celestes”. América ha quedado perdida, sin guía, ha sido profanada con la llegada de “una montaña marina”, y con el vuelo de innumerables pájaros que semejan un “cometa… que oscurecen el sol del mundo”. Es entonces cuando la figura del poeta se hace imprescindible para el recuerdo permanente del pasado, para la transmisión de la tradición oral, cuando una de las tantas arterias del continente, en este caso el Bío-Bío (hermoso río chileno), habla a través de Neruda: “tú me diste el lenguaje, el canto nocturno… me contaste el amanecer de la tierra… lo que las hojas del canelo en mil años te relataron,… y luego te vi entregarte al mar… murmurando una historia color de sangre”. El río sagrado de los araucanos ha depositado en el poeta toda su sapiencia, para que él denuncie, y así evitar que la historia del despojo de América quede en el olvido, como quedaron el árbol y las piedras araucanas al ser desacralizados: “Sólo son las piedras, Arauco”. Es entonces cuando el poeta rescata al indígena desconocido y a sus descendientes ignorados, les devuelve su identidad, y les pide que se unan para denunciar la ignominia, la injusticia: “Juan Cortapiedras, hijo de Wiracocha…Juan Piesdescalzos, nieto de la turqueza, sube a nacer conmigo, hermano”, puesto que pareciera que el hambre fuera el sino inevitable de América Latina: “América enterrada, guardaste en lo más bajo, en el amargo intestino, como un águila, el hambre?”. Es por ello que al final de Canto General confiesa que el libro “ha nacido de la ira como una brasa”. Su palabra, dinámica indestructible, “nacerá de nuevo.. tal vez en otro tiempo sin dolores”, no en vano en algunas comunidades amazónicas el jefe es quien ostenta el poder de la palabra. Pero para poder rescatar al hermano primero debe emprender un viaje, es entonces cuando escribe el canto delirante que es Alturas de Macchu-Picchu “hundí la mano turbulenta…en lo más genital de lo terrestre…descendí como una gota entre la paz sulfúrica…regresé al jazmín/de la gastada primavera humana”. El viaje no es otro que la búsqueda del conocimiento y del planteamiento ontológico: “Qué era el Hombre?…en cual de sus movimientos metálicos/vivía lo indestructible, lo imperecedero, la vida?” El ascenso a Macchu-Picchu, le hace comprender que la ciudad sagrada es también la ciudad de los orígenes: “cuna del relámpago y del hombre”, pero también refugio de cóndores, el ave mítica de los pueblos andinos, por eso la reconoce como “la morada… el sitio” donde todo “ropaje, piel , vasijas, /palabras…, / se fue, cayó a la tierra”, regreso simbólico a los orígenes, a la madre-tierra, a la Pacha-mama del pueblo incaico. Una vez bajo su manto protector “el aire entró con dedos/de azahar sobre todos los dormidos; / mil años de aire… / lustrando el solitario recinto de piedra”. El aire, que luego se convierte en huracán, le cerró el paso al advenedizo, a la pisada profana. Macchu-Picchu sería resguardada hasta 1.911 cuando Hiram Bingham la redescubriera, gracias a la tradición oral que hablaba de un antiguo recinto sagrado ubicado en algún lugar de Los Andes peruanos. Nota: Pueden leer mi artículo sobre la visita que realice a Isla Negra en el siguiente vínculo: Bibliografía: ELIADE, Mircea. Aspects du mythe. Idées/Gallimard. 1983. . El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis. Fondo de Cultura Económica. México. 1982. . El mito del eterno retorno. Alianza /Emecé. Madrid. 5S edidón. 1984. . Herreros y alquimistas. Alianza Editorial. Madrid, 1984. . Mythes, rêves et mysterès. Idées/Gallimard. 1981. . Mefístófeles en andrógino. Labor/Punto Omega. 2§ edidón. 1984. . Lo sagrado y lo profano. Labor/Punto Omega. 5a edidón. 1983. .NERUDA, Pablo. Selección de Poemas. Círculo de Lectores. Barcelona.1975

miércoles, 7 de diciembre de 2016

RAFAEL URIBE NOGUERA EL ASESINO CONFESO DE YULIANA SAMBONÍ

LO QUE NO TIENE NOMBRE, EL CASO DE YULIANA SAMBONÍ Una vez más el horror, lo que no tiene nombre, es el protagonista de una sociedad que ha enseñado a los hombres que las mujeres son para su placer personal y que sus vidas no tienen importancia. Esta sociedad se llama patriarcal, y la religión judeocristiana es su gran cómplice; por supuesto, sin olvidar a todas las otras religiones, sean monoteístas o no. La sociedad contemporánea, heredera de la misoginia que ha sido estimulada desde hace más de 2000 años, es una eterna serpiente que se come la cola. Habría que recordar a los griegos y a su dios principal -Zeus disfrazado de cisne violando a Leda, o disfrazado de toro, o de lluvia de oro- para entender lo que trato de explicar; sin olvidar a los judíos y a su credo misógino. El mismo que la Iglesia católica -sin olvidar a las infinidades de sectas que hoy se hacen llamar cristianas- ha pregonado desde los púlpitos en todos los idiomas y en todos los ámbitos posibles. Los crímenes en contra de la mujer son tan antiguos que ya en La Biblia vemos como a las mujeres adúlteras se les castigaba con la lapidación. La misoginia tiene raíces muy profundas, la sociedad griega y romana lo era, pero también la judía; y nosotros, que nos consideramos un país católico, hemos heredado muchos aspectos de su cultura, entre ellos el odio a la mujer. La violencia machista, o violencia de género, o violencia sexual, como quieran llamarla, pareciera que nunca tuviese fin; y cada vez que asistimos a un nuevo hecho de misoginia creemos, muy ilusamente, que no va a volver a suceder; que se trata sólo de un caso aislado, que la sociedad católica o cristiana donde vivimos es la ideal y que nada malo nos puede suceder. Una gran parte de la sociedad colombiana es machista hasta la médula, misógina por tradición, por lo que muchas veces considera que la mujer es un ser inferior y que está allí para someterla a sus bajos instintos. No creo que Rafael Uribe Noguera, sindicado del atroz feminicidio de Yuliana Samboní, una niña de siete años, sea un monstruo, tal y como lo ha sostenido reiteradamente Blu Radio. Yo diría que es simplemente un machito marchito, un miserable tipejo, que creyó que por su status social, económico y educativo estaba por encima de la ley. Tal vez por ello se ha declarado inocente, porque es incapaz de reconocer su crimen; por algo la juez dijo que no veía ningún signo de arrepentimiento y recordó que trató de ingresar a una clínica para toxicómanos ; seguramente para demostrar que era « simplemente un pequeño evento producto de las drogas y del alcohol consumido ». Sin embargo, ya habrían pasado varias horas, incluso podría haber dormido y parece ser que incluso se había bañado. Y como muchos colombianos que comienzan a emborracharse, cuando aún toman biberon, podría tratar de escudarse en que son cosas de tragos y de droga.+ No creo que este sea su primer caso en que se involucra con menores de edad; espero equivocarme. En Colombia, como en muchos otros lugares, creemos que agredir a las mujeres es normal; y que hacerlo convierte a los hombres en los machos que la sociedad y el país necesitan. De ahí que elegir presidentes como Álvaro Uribe sea considerado una virtud. No en vano, cuando ocupaba el Palacio de Nariño, la gente solía decir : -¡es que es un verraco ! y la turba enardecida lo aplaudía y gritaba en las graderías del circo romano que es Colombia : – ¡Bravo ! ¡Que acabe con todos! En este orden de ideas Uribe Noguera también es el producto es el producto de esos tenebrosos ocho años de Uribe; el mismo que decía :- Cuando lo vea ¡le doy en la cara, marica ! ¿Y porqué lo digo ? Porque este individuo posiblemente cree que secuestrar, violar, torturar y matar a una niña indígena no es nada grave; a lo mejor piensa que al no tener sus privilegios de casta, pues simplemente es un objeto desechable; como dice la ranchera : « tú eres la chancla que yo dejé tirada en la basura… »; recuerden que la ropa de la niña aún no ha sido encontrada. Incluso en uno de los videos se molesta porque lo están filmando; se le olvida que cuando se cruza el límite que lleva a un individuo a agredir a una mujer, en este caso a una niña de siete años, o a cualquier ser humano, el agresor se convierte en un criminal. No es un « actuar » como sostiene su familia », no es un error, ni una equivocación, es un crimen. Él mismo habría dicho reiteradamente : La embarré, la embarré, la embarré… No, no la embarró; por algo la justicia lo incriminó por los delitos de feminicidio agravado, tortura, secuestro simple y acceso carnal violento. El feminicidio es una realidad, así nos tapemos los ojos para no verlo, así nos tapemos los oídos para no escuchar los gritos de las mujeres agredidas, así las mismas mujeres, como la otrora senadora, y también abogada, excandidata a la gobernación de Antioquia, traten de verlo como algo que merecemos porque sencillamente “somos muy jodonas”. Una verdadera vergüenza. Una vergüenza que debiera ser colectiva. Desafortunadamente el enfoque de género no es enseñado ni en la intimidad del hogar ni en la escuela ni en la universidad y pocas veces combatida al interior de las instituciones públicas. Ninguna borrachera, ni el consumo de alúcinogenos, puede jamás ser una excusa para explicar un crimen. Y agredir a una mujer es un crimen execrable, aunque aún haya muchas personas, hombres, mujeres, curas, o los que se hacen llamar pastores, y por supuesto adolescentes, que tratan de minimizar la violencia de género. Por último quisiera decir que no se nos olvide que el lenguaje misógino es cómplice de la violación y del feminicidio. También es importante tener en cuenta que una persona que ha sido víctima de una violación nunca volverá a ser la misma. La violación es un crimen que debería ser consagrado de lesa humanidad. No hay excusas que valgan. Y no es que los hombres, o mujeres abusadoras, que también las hay, sean enfermos mentales, o monstruos, son personas que se sientan al lado suyo en el banco de una iglesia y que incluso comulgan y rezan. La violación y el feminicidio deben ser condenados desde todos los ámbitos posibles, deben combatirse en todas las esferas sociales, políticas, religiosas, económicas. Un violador y un feminicida se esconde en muchas partes y utiliza muchos disfraces; como el disfraz de arquitecto de una universidad católica. ¡Que no se nos olvide! +

domingo, 4 de diciembre de 2016

CARLOS ENRIQUE RUIZ, UN HOMBRE LLAMADO CULTUS-LIBERTAS

Pocas veces nos es dable conocer a un hombre al que pueda nombrársele Cultus en todo el sentido de la palabra; sobre todo si se tiene en cuenta su significado intrínseco, o sea, cultivar el intelecto y por ende la esencia que nos hace humanos. Cultus es el nombre que podría ostentar el académico Carlos Enrique Ruiz, profesor de la Universidad Nacional de Colombia e incansable gestor cultural a través de su egregia revista Aleph; un homenaje al libro de Jorge Luís Borges con el que infinidad de latinoamericanos nos hemos acercado a la literatura. Carlos Enrique Ruiz es un hombre probo, atento y respetuoso; como supongo que solían ser los caballeros del siglo XIX. A veces me lo imagino con una flor en la solapa y con un pañuelo con olor a lavanda a la altura del corazón. Su voz es pausada, con un tono que inspira respeto a la persona que tiene el privilegio de ser su interlocutor. Sin olvidar que Carlos Enrique Ruiz lo pone en el centro del universo como si el importante no fuera él sino quien lo escucha. Una rara cualidad que pocos intelectuales poseen, sobre todo en los tiempos que corren donde el hedonismo y la egolatría hacen estragos en todas las esferas de la sociedad consumista y de selfies que hemos creado, al creer que así escapamos a las grandes preguntas metafísicas, ignorando que deberían ser la razón principal en la senda de nuestro efímero paso por este planeta llamado Tierra. Carlos Enrique Ruiz es un hombre que conoce el significado de la palabra humano, no sabe de trapacerías ni de rudezas. Es un hombre delicado, como el más fino de los encajes de Flandes. Es un hombre fuerte que sabe sobrevivir y salir indemne de las borrascas y de las tempestades. Siempre tiene la palabra adecuada para el momento adecuado. Una palabra poética, cargada de significados, de análisis y no siempre exenta de crítica. Carlos Enrique Ruiz sabe que la educación es el jardín que toda sociedad justa debería sembrar y cultivar. Sabe que un pueblo educado no necesita la guerra, ni los gritos, ni las armas. Sabe que la ilustración le impide caer en el abismo y que es la vara mágica que ahuyenta a los sátrapas que buscan esclavizarlo. Carlos Enrique Ruiz es un hombre que conoce el significado de libertad y posee el maravilloso don de transmitirla. Por eso es un paedagogus e incluso un verdadero magister; o sea, sabe transmitir el profundo conocimiento que ha adquirido a través de la lectura y de una vida fructífera y respetuosa. Es un profiteri en el sentido que el Medioevo le confería a esa palabra, dispuesto a hablar en público; tal y como lo hacía Pedro Abelardo. Carlos Enrique Ruiz es un Maese como pocos maestros llegan a serlo. Es por eso que también podría llamarlo Libertas y decir en tono firme: Me crucé con Libertas en un recodo del camino./ Llevaba el gorro frigio que libera al esclavo,/ rompió las cadenas del oprobio,/ su túnica de lino blanco iluminaba el sendero./ Sus rayos de luz/ evitan las sombras,/ dan cobijo en épocas de aguaceros./ Carlos Enrique Ruiz también es un escritor y editor; no en vano estamos conmemorando los cincuenta años de su revista Aleph. Pocos medios sobreviven tantos decenios, sobre todo en América Latina donde publicar una revista cultural es una tarea de quijotes que pelean a diario con gigantes disfrazados de molinos de viento. Y él es un Quijote que no le teme a la adversidad, en vez de lanza lleva una pluma, y su Rocinante es un libro. En vez de Sancho Panza lo acompaña una hermosa Dulcinea, su escudera Libia Gonzáles. Libia, la de los largos dedos,/ -como diría Homero- / acaricia uno a uno los números del Aleph. / Carlos Enrique Ruiz no imagina su voz, / la escucha en la hora del alba / y en cada puesta del sol. / Confía en ella, / sabe que es su compañera./ Juntos han construido la lealtad/ e hicieron del árbol de la sabiduría/ su hogar./ Allí le dieron cobijo a sus hijos/ y allí acogen a sus amigos./ El amor es la senda por la que caminan desde que eran estudiantes universitarios. Ella, del Conservatorio de la Universidad de Caldas, donde más tarde sería profesora de canto, y él, estudiante de Ingeniería de Caminos de la Universidad Nacional; no sólo llegó a ser su Vicerrector, sino que aún sigue presente con su cátedra Aleph. Una cátedra que le recuerda a los detractores de las Humanidades la importancia de la crítica, del análisis, la importancia del verbo cogitar, del latín cogitare: cum, con, y gitare, agitar; o sea, agitar el pensamiento. Hablar con él es eso: sumergirse en las ideas, en la historia del pensamiento humano. Él es Aleph, un compendio de filosofía, de arte, de literatura. Por eso escribe. Carlos Enrique Ruiz bucea en la condición humana y para ello hace acopio de la poiesis; esa palabra griega que quiere decir creación, o hacer ver lo que no se ve, o traer a nuestros ojos lo invisible; porque ¿Qué otra cosa es el conocimiento? La Ingeniería de Caminos le ha enseñado que las grandes preguntas, aquellas que tienen que ver con el cataclismo humano, surgen, o encuentran respuesta, en los senderos que ineluctablemente recorremos en este tránsito efímero que solemos llamar existencia: Imaginería de caminos (Fragmento I) Alguien guarda un secreto en este espacio./ Las palabras son tímidas/ entrecortado el diálogo./ Los rostros tienen un aire extraño./ Hay algo en el fondo de los silencios./ Se conversa y las palabras se van yendo sin sentirse./ Alguien guarda un secreto en este espacio./ Será el momento. Será la circunstancia./ Será el simple presentimiento. / Alguien guarda un secreto en todos los espacios. (© Carlos-Enrique Ruiz, Cuestiones del decir. Antología personal, 2011) ¿A qué arcano se refiere el poeta ? ¿Cuál es el diálogo que se ahoga en los silencios? ¿Qué misterio insondable se oculta en el espacio sideral ? ¿Acaso la respuesta está en Aleph? ¿No sería el Aleph un vestigio del oráculo de Delfos ? ¿Pueden sus miles de páginas esconder el enigma de la vida ? Podríamos preguntarle al poeta o podríamos leer una y otra vez los cientos de ensayos que reposan en su Aleph. Tal vez nos enviaría directamente a la biblioteca de Borges. Y éste, a su vez, nos remitiría a Milton, y éste, por supuesto, a Homero. Quien a su vez diría que no interrogamos a Shakespeare y que olvidamos hablar con Leonardo y con Miguel Ángel, incluso con Botticelli. Tal vez en su Primavera o en el Nacimiento de Venus estén algunas de las preguntas que surgieron en la noche de los tiempos. Tal vez La Tempestad albergue algunas de las huellas que debemos seguir para encontrarnos con nosotros mismos, para dejar de ser los exiliados sempiternos que viajan colgados de la cola de un cometa en la búsqueda de un perpetuo atardecer. Por eso seguimos trás las huellas de sus poemas : Imaginería de caminos (Fragmento II) Lento sonido en las alas del coleóptero/ como distante zumbido. / Vibraciones en el viento que vienen y van./ Sensación de balbuceo en la ventana de la tarde./ El sol alcanza a enterarse en la despedida./ Lento decir. Lento caminar./ Nabucodonosor narró la historia/ con los pasos del vencedor. / Heráclito pensó en la vida / al ritmo de aguas que corren./ Einstein predijo la conquista total de la materia / con la herramienta del cerebro. / Hoy cada hombre cruza la calle / con las máximas precauciones./ (© Carlos-Enrique Ruiz, Cuestiones del decir. Antología personal, 2011) ¿Porqué con las máximas precauciones ? ¿Tan difícil es la vida ? ¿Tan arduo el caminar ? ¿Qué trampas acechan nuestros pasos ? ¿En qué abismo podemos caer por el resto de la eternidad ? ¿Es en las aguas de Heráclito donde debemos buscar las explicaciones de los enigmas ? ¿No nos pasaría lo que a Ofelia o a Virginia Woolf ? Nabucodonosor narró la historia/ con los pasos del vencedor. Nos dice el poeta. ¿Pero acaso Alejandro Magno, hijo de Filipo II de Macedonia y brillante discípulo de Aristóteles, no pereció de paludismo a la temprana edad de treinta y tres años y lejos de su patria, cuando había sobrevivido a múltiples batallas y consolidado un Imperio que desapareció poco después de su fallecimiento ? ¿Acaso el Imperio de Nabucodonosor resistió a su muerte ? Él reinó por espacio de cuarenta y tres años y su legado fue borrado veinticinco años después de su muerte por Ciro. Entonces, ¿Cuáles serían los pasos del vencedor ? He ahí una hermosa metáfora con la que el poeta Ruiz nos explica que aún los grandes hombres y sus imperios desaparecen de la faz de la tierra como desaparecieron los jardines de Babilonia ; sin dejar trazos. Nos explica que sólo somos sombras, así sobrevivan algunos de nuestros nombres. Y son los nombres de Carlos Enrique Ruiz y el de su revista Aleph que han vencido a la ignorancia y a la estulticia ; han hecho historia, han dejado huella. Es por eso que hoy nos levantamos y susurramos al unísono su nombre y lo escribimos en la estela de una estrella, no fugaz, sino perenne. ¡Gracias Maestro de Maestros ! -------------------------------- Nota: Este artículo forma parte del libro El Caleidoscopio Aleph (Universidad Nacional de Colombia-2016) en conmemoración de los 50 años de la revista Aleph, editada por el académico Carlos Enrique Ruiz. Aprovecho la oportunidad para agradecer al profesor Jorge Hernán Arbelaez,recopilador y editor del libro, por haber tenido mi nombre en cuenta para este hermoso homenaje al humanista Ruiz.

domingo, 27 de noviembre de 2016

LEONARDO PADURA VERSUS FIDEL CASTRO

¿POR QUÉ NO LAMENTO LA MUERTE DE UN SÁTRAPA COMO FIDEL CASTRO? Para responder a esta pregunta traigo a colación mi reseña sobre El hombre que amaba a los perros de Leonardo Padura, un libro de una soberbia lucidez, objetivo, claro y sobre todo excepcionalmente bien escrito. Nota: Este artículo lo publique inicialmente el 18 de julio de 2013, y hoy vuelvo a hacerlo para responder a las miles de personas que lamentan que un dictador de la talla de Fidel haya muerto. UNA PARÁBOLA DEL MIEDO: La primera impresión que tuve del mundo llamado comunista fue en 1983, cuando en un viaje en bus desde París, donde estudiaba en ese momento, hasta Atenas, atravesé la Yugoeslavia pos Tito. Aunque mi paso fue rápido si pude observar la carencia de los restaurantes y de las tiendas de comestibles, donde sus anaqueles vacíos solo tenían dos o tres botellas de una supuesta gaseosa para la venta. En la tienda a la que me refiero había una mesa ocupada por cuatro hombres que jugaban a las cartas, o al dominó, no me acuerdo; las otras mesas, por supuesto, estaban vacías. Como nadie me atendía pedí, en mi más que rústico inglés, una de esas botellas para calmar la sed, pregunté dos o tres veces sin que nadie se tomara el trabajo ni siquiera de mirarme, al final alguien me respondió de mala gana que pasara por detrás del mostrador y cogiera una de las botellas en cuestión. Entendí que eran los empleados de la tienda del mal llamado Estado comunista, y que de todas formas les pagaban así no trabajasen. Decidí, entonces, salir de la supuesta tienda, y ya en la puerta vi en una acera a una mujer sin edad, vestida de negro bajo un sol que quemaba hasta la médula, intuí que debía estar allí desde hacía por lo menos mil años; a su lado tenía una pequeña canasta con unas pocas frutas de estación resecas por el sol. Pensé que a lo mejor venían de una pequeña parcela y que ella las vendía para poder sobrevivir en el mundo que nos habían vendido como igualitario. Fue mi primera gran desilusión con respecto a esa utopía en la que mi juventud se había inmerso en arengas que mi inmadurez no entendía, pero sobre todo que se negaba a ver la realidad tal y como era, no como unos cuantos tipejos barbudos nos la hacían creer. Mi segunda, y enorme desilusión, en realidad el gran cataclismo, la sufrí en el 2007 en una visita de 10 días que hice a Cuba. De allí salí con un broncoespasmo severo, producto en parte del trauma que viví al corroborar, día a día, momento a momento, la miseria en la que viven los cubanos. El mito que nos habían metido en la cabeza a muchos de nuestra generación, con respecto a Fidel, se me vino abajo. Entendí que la letra de muchas de las canciones de la nueva trova cubana era un espejismo, y que en realidad el pueblo era una masa informe que marchaba por las calles de La Habana como si fuesen zombis. Algunos de esos zombis, en realidad niños acompañados por sus abuelas, se acercaban a mi marido y a mí para pedirnos un jabón o un dentífrico. En cuanto al excelente servicio de salud cubano, pude observar que si existía debía ser para los dirigentes del Partido, pero no para esos esqueletos que trataban de caminar por las calles de La Habana vieja. Pude observar que la higiene dental era nula, ya que constaté que muchas de las personas con las que pude hablar les faltaban varias piezas dentales, o bien tenían una gingivitis en grado agudo, por no hablar de una periodontitis. También vi algunas tiendas sin clientes, símbolos del capitalismo, como Zara o Mango, ofreciendo en sus vitrinas prendas a precios inaccesibles para ese pueblo que se paseaba por los andenes tratando de esquivar el sol del trópico. Pero sobre todo sentí el miedo subterráneo que circula en todas las direcciones. Ese miedo nos recibió y luego nos despidió en el aeropuerto, cuando yo ya sabía que mientras que la dictadura castrista esté aupada en el poder, y maneje a Cuba como si fuera su feudo personal, yo no regresaría a esa gran mentira que es la Cuba de hoy. Pues bien, ese miedo soterrado lo volví a sentir con la lectura de Máscaras de Leonardo Padura, pero sobre todo lo he sentido en estos días en que he estado sumida en la lectura de El Hombre que amaba a los perros, la extraordinaria novela sobre Ramón Mercader, el asesino de León Trotski. Este magnífico libro, escrito en un español impecable, con una riqueza de vocabulario asombrosa, teje y desteje la historia de la antigua Unión Soviética y de la Cuba de los años 70 hasta nuestros días. Leyéndolo entendí que en realidad es una metáfora de nuestro tiempo, ya que muchas de sus descripciones, con respecto al abuso del poder, de las purgas estalinianas, sin olvidar lo que Padura llama las equivocaciones de Trotski, en realidad delitos de lesa humanidad, así como del nefasto rol que jugó el Partido Comunista Español, y su gran responsabilidad en la derrota de la Guerra Civil Española, o de la dictadura castrista, son descripciones del miedo que pueden aplicarse a la Colombia que nos tocó vivir en la tenebrosa y larga noche de los ocho años del siniestro Uribe, entre otros miedos que hemos tenido que atravesar. Leí El hombre que amaba a los perros con un gran placer estético e intelectual, pero sentí todo el tiempo como el miedo corroía mis entrañas. Lo que me hizo pensar que el miedo a Stalin es comparable con el miedo que sentimos por las FARC y el ELN. Lo que Padura llama “la máquina infernal estalinista” yo lo veo como “la máquina infernal”, que ha girado y girado durante 50 años de la mano de esos grupos terroristas convertidos también en narcotraficantes. Y si esa es la Colombia que ellos desean, con zombis movidos por el pavor, yo me niego a aceptarlos y a vivir en su pesadilla. Mientras leía el libro escribía en mi cuaderno de ruta que somos marionetas en las manos de los dictadores -o de sus eternos aspirantes como Uribe-, que estamos condenados al silencio, condenados a la nada, condenados al abuso del poder de unos pocos sátrapas; que aupados en falsas ideologías políticas, entendidas solamente para su propio bienestar, hacen de la gran mayoría rebaños de borregos que siguen la campana del terror. Pensar en los cinco mil muertos de la UP, en “los falsos positivos”, esa terrible vergüenza vivida bajo Uribe, y a la que él cínicamente le restó importancia al decir que si esos muchachos habían sido asesinados, no era precisamente por sus buenas costumbres. Y por supuesto que pienso en las miles de víctimas de las FARC y del ELN. Grupos que escondiéndose en guerrillas armadas, que ya no tienen nada que ver en un mundo como el actual, han asesinado miles y miles de compatriotas, realizando de ese modo su propia purga estalinista; no es sino recordar el vil asesinato de los diputados del Valle, o de los adolescentes que secuestran para mantener vivo el comercio de la guerra y que son asesinados por un sí por un no. En Colombia hemos vivido purgas uribistas, sin olvidar las purgas y la persecución aterradora del gobierno de Barco, de las purgas perpetradas por años por el Estado y por sus Fuerzas Armadas y por supuesto por los grupos conformados por los paramilitares, sin olvidar que algunos nacieron de esa siniestra creación del exministro Botero y de Uribe cuando era gobernador de Antioquia; me refiero a las Convivir. Y es que el Estado colombiano muchas veces ha sido un verdugo salido de las cloacas. Tal y como sucedió en la época de Stalin, como sucede en la Rusia de Putin, en la Venezuela de Chávez y Maduro, en la Nicaragua de Somoza y de Ortega, en el Chile de Pinochet, en la España de Franco, en la Alemania de Hitler, en la Italia de Mussolini, en la China actual, o en la recién conquistada democracia de Birmania, donde la Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi -1991-, aún no ha condenado la persecución que ha emprendido la mayoría de la población de credo budista en contra de la minoría musulmana; y si sigo nombrando constataría que no tengo espacio para nombrar a todos los sátrapas de los últimos cien años. Y en cuanto a Colombia se refiere, es imprescindible la recuperación de la memoria, es importante evitar la tergiversación de la historia, por eso también es importante conocer el testimonio de cada víctima, de cada plagiado, de cada torturado; sino nunca habrá una verdadera reconstrucción de esta Colombia escindida, polarizada por las vallas que ponen los uribistas en todas partes llamando al odio, al fanatismo y a la guerra. Por eso es importante evitar el culto a la personalidad que labran día a día Uribe y Ordoñez de un lado, e Iván Márquez o Santrich, con la bufanda del temible Gadafi al cuello, del otro lado del río.

LA LUZ QUE NO PUEDES VER, DE ANTHONY DOERR

LA LUZ QUE NO PUEDES VER, de Anthony Doerr (697 páginas), Premio Pulitzer 2015, es un libro conmovedor y bastante original. Muy bien escrito, bastante poético, y es, también, un excelente taller de escritura. La obra se desarrolla en los años previos a la 2a Guerra Mundial, pasando portes período aciago hasta la liberación francesa. Por otra parte, está construido como si se tratase de un fino rompecabezas, hay que unir las historias que están desperdigadas a todo lo largo del libro; en una clara maestría del manejo del tiempo.No diría que se trata de una novela histórica, ya que no se adapta al concepto que tenemos de dicho género. LA LUZ QUE NO PUEDES VER es, más bien, la historia de los individuos atrapados en la trampa de la guerra y como logran conservar su esencia humana sin perder nunca la luz que siempre debe guiar a todos los seres; a menos aquellos que evitan caer en el abismo del odio y que se resisten a convertirse en guiñapos humanos. No es una gran obra literaria, pero si es un buen libro. Sin embargo, hay un aspecto que puede hacer un poco tediosa la lectura, y es la lentitud de los temas desarrollados, como si se tratase de una narración en cámara lenta. Lectura recomendada, sobe todo los que seguimos delectándonos con las novelas con fondo histórico.

lunes, 14 de noviembre de 2016

BABYLONE, DE YASMINA REZA – PREMIO RENAUDOT 2016

La semana pasada publiqué una reseña sobre el libro ganador del Premio Goncourt 2016, Chanson Douce, de Leïla Slimani y hoy lo hago con Babylone, de Yasmina Reza, Premio Renaudot 2016. Para los que nunca han escuchado el nombre de Yasmine Reza (Francia 1959) podría decirles que sus orígenes no podrían ser más diversos; ya que su padre es mitad ruso- mitad iraní y su madre húngara; los dos huyen de la dictadura soviética y se instalan en París. Es en la ciudad luz donde ven nacer a su hija Yasmina. Sin embargo, en Francia su nombre es conocido y admirado; sobre todo por su obra de teatro Art (1994). Sus obras teatrales han sido adaptadas a más de 34 idiomas y su autora ha recibido numeroso premios, como los anglosajones Tony Awards y Laurence Olivier Awards. Y hace menos de dos semanas recibió el Premio Renaudot por su obra de ficción Babylone. Babylone (Flammarion -2016), es lo que los franceses llaman un huis-clos; o sea, una obra cuyo escenario es cerrado, aunque en algunos de sus apartes dos de sus personajes principales, la narradora y el personaje central de la historia, se encuentren en espacios abiertos. Elisabeth nos narra su relación con Jean-Lino, no una relación de amantes sino de vecinos. Básicamente sus conversaciones se llevan a cabo cuando los dos se encuentran en el hall del edificio y suben las escaleras juntos; él, por miedo a los ascensores, y ella, para hacer un poco de ejercicio. En estos breves encuentros cada uno trata, a su manera, de reconstruir un tiempo que no volverá nunca; es un ejercicio de memoria; como si se tratase de fotografiar las imágenes del pasado para impedir el olvido total. Una forma de evitar que la propia identidad se extravíe si no se la nombra, si no se la recuerda. Babylone es, ante todo, la historia de un crimen. Jean-Lino estrangula a su esposa después de una discusión aparentemente banal y luego les cuenta a sus vecinos, Elisabeth y su marido Pierre, el crimen que acaba de cometer. Babylone es, en cierta forma, una fotografía de la sociedad actual. Una sociedad que le da la espalda a las grandes preguntas metafísicas, a los grandes cataclismo interiores, y que se esconde detrás de pequeñas victorias, cuando en realidad las derrotas son más importantes. Babylone es, también, un libro sobre el tedio que se instala en las parejas y como lo eluden; aunque no siempre se logre hacerlo, de ahí el asesinato de la que es víctima la esposa de Jean-Lino; un hombre tranquilo, respetuoso, un poco anodino y para nada violento. Babylone no es una gran obra literaria; al menos no merecía un reconocimiento como el Premio Renaudot. Es un libro de fácil lectura, de esas que pueblan las tardes de algún domingo lluvioso y en la que no se sabe que hacer, pero nada más.

domingo, 13 de noviembre de 2016

ALEPH, LA REVISTA DIRIGIDA POR CARLOS ENRIQUE RUÍZ LLEGA A SUS 50 AÑOS

Gracias Carlos-Enrique Ruiz por incluir mi ensayo sobre Frida Kahlo en la conmemoración de los 50 años de ALEPH. Una edición maravillosa.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

EL DÍA NEFASTO QUE MARCA LA ERA DONALD TRUMP:

9 DE NOVIEMBRE 2016 De la misma forma en que pensé que el NO podría ser el ganador del plebiscito en Colombia también he creído desde hace algún tiempo que la caricatura de Trump, no por ser caricatura menos peligroso, podría ser el ganador de las elecciones presidenciales de EEUU. Una de las razones que me llevó a pensar en ello, aparte de su carácter populista que tanto terreno fértil encuentra en las capas de la sociedad menos educadas y con mas problemas económicos, es que Michael Moore, a quien admiro profundamente por su visión crítica y analítica con respecto a su propio país, dijo estar completamente seguro que D. Trump sería el próximo presidente de dicho país. Vienen tiempos muy duros para la paz mundial. Nota: Y todavía el "inteligente" alcalde de Cartagena (Colombia) dice que la filosofía no sirve para nada. Yo le respondo, aunque sé que igual no va a escucharme, que si sirve; sirve para pensar, y pensar sirve para escoger buenos gobernantes. Él lo sabe, por eso se opone a que la gente piense por su cuenta, de hacerlo no lo habrían elegido para el cargo que hoy ostenta y que avergüenza a toda la sociedad colombiana.

martes, 8 de noviembre de 2016

PREMIO GONCOURT 2016, LEÏLA SLIMANI

Chanson Douce , de Leïla Slimani, Premio Goncourt 2016 El pasado jueves 3 de noviembre se dio a conocer la novela ganadora del premio literario más importante de las letras francesas, Chanson douce (Gallimard-2016, 227 páginas), de la autora de origen franco-marroquí Leïla Slimani (Marruecos-1981); y el viernes madrugué a comprar su libro. En el 2014 ya había publicado Dans le jardín de l’ogre (En el jardín del ogro, Gallimard), seleccionado para el Premio de Flore de ese mismo año; obra que no he leído y es más que probable que no lo haga. Evidentemente Canción dulce no me sedujo, no me atrapó. Es decir, el pathos que toda obra debe tener en los lectores no produjo en mí ningún efecto; más bien me sentí obligada a leerlo para poder explicar las razones por las que no me gustó. Y antes de dar mi punto de vista voy a hablar un poco sobre el argumento de la novela. Chanson douce, un título bastante prosaico, nos remite a las canciones de cuna que les cantamos a los niños cuando están pequeños. Louise, su protagonista, es una nana que cuida a dos pequeños a los que decide matar. No se trata de una obra negra, ya que el desenlace se conoce desde la primera frase: El bebé está muerto… La pequeña todavía estaba viva cuando la ambulancia llegó. Había luchado como una fiera. (pág. 13-la traducción es mía). Desde este punto de vista el ethos, aparentemente, está muy bien desarrollado; puesto que desde el principio se sabe cual es el asunto principal de la novela que se va a leer; así que no hay suspenso en el sentido clásico del término. Y si digo aparentemente es porque el asesinato de los dos infantes son sólo el resultado trágico de la historia personal de Louise. Se trata más bien de un flaschback que va a ser reiterativo a todo lo largo de la narración. Yo diría que es una obra pensada más bien como un escenario para una película de Hollywood; de esas que hacen llorar a los espectadores al mismo tiempo que les ponen los pelos de punta. Y viéndolo así creo que cuando hagan la película, basada en esta novela, seguramente va a tener mucho éxito; ya que es una obra visual. Chanson douce es bastante perturbadora (dérangeante es la palabra francesa que mejor describe este escenario); su atmósfera es gris, los rayos del sol no la penetran nunca y los colores son inexistentes. Louise, aparentemente, es una mujer admirable, cuida bien a los niños, es buena cocinera, limpia hasta la obsesión, no cuenta las horas trabajadas, no se queja, no desperdicia el mercado, no hay que darle órdenes puesto que conoce mejor que nadie sus obligaciones, imponiéndose incluso tareas que no le corresponden; en otras palabras ella misma decide que no sólo va a ser la niñera sino que va a ser la gouvernante, o sea, una especie de ama de llaves; no de una familia rica o aristocrática, sino de una familia de la clase media parisiense. Y si utilizo la palabra obsesión es porque define a la perfección la personalidad oscura y atormentada de Louise. Es una narración que me hizo pensar un poco en Casa tomada de Julio Cortázar, si bien en dicho cuento nunca vemos, ni oímos a los supuestos invasores de la vieja mansión, en Chandon douce es Louise quien poco a poco invade y se apodera de la casa y de sus habitantes; hasta el punto que termina creyendo que en verdad le pertenecen y hace todo lo posible por volverse indispensable en sus vidas. Ahora bien, ya había dicho que la obra no me gustó y que su lectura me aburrió considerablemente. Una de las razones por las que leo ficción es porque espero ser sorprendida, me gusta la originalidad; y Chanson douce si bien lo es si se piensa en el argumento no lo es desde el narrativo. Con ésto no quiero desconocer que es una obra bien escrita, cuya semántica es muy bien lograda y la construcción narrativa también lo es; pero no es suficiente para hacer de ella una obra de arte, menos ganadora de un premio tan importante como el Goncourt. Otro aspecto que busco en una obra es el lenguaje. Y en el caso que nos ocupa no hay poesía, es un lenguaje plano, bastante coloquial, a veces me daba la impresión de estar leyendo el guión de una telenovela venezolana o mexicana de los años 70 u 80. La poiesis, tan necesaria en la construcción narrativa, es inexistente en Chanson douce. Para terminar con la novela de Slimani habría que anotar que es una crítica a la sociedad contemporánea; es una muestra de la miseria humana, del racismo, de la diferencia de clases y de los prejuicios sociales. También hurga en esa nueva sociedad que está surgiendo en las grandes urbes francesas, me refiero a los nuevos pobres, ese ejército de parias, que nadie quiere ver y que se hunden en las deudas, víctimas de la banca y del fisco, organismos que no logran entender. Y en vez de hacerles frente poco a poco se van alejando de las obligaciones inherentes a una sociedad basada en el capitalismo; y al hacerlo se van volviendo un ovillo, se desdibujan, se ponen una mampara con la que creen escapar a sus tentáculos; un biombo que siempre termina por aplastar al ingenuo que ha querido burlarse del sistema económico que gobierna la sociedad contemporánea. ---------------------- A lo mejor soy un lectora difícil, lo que si sé es que muy rara vez me deslumbran los premios literarios. Es el caso de la obra Amours, de Léonor de Récondo (Premio de los Libreros 2015 y el Gran Premio RTL-Lire 2015). http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/cuando-los-galardones-literarios-los-ganan-los-malos-libros O el de Contigo en la distancia, de Carla Guelfenbein (Premio Alfaguara-2015): http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/premio-alfaguara-de-novela-2015-contigo-en-la-distancia-de-carla-guelfenbein En cambio Mersault contre-enquête, del argelino Kamel Daoud, una obra que considero una verdadera joya literaria, quedó de segunda en el Goncourt de 2014. La obra ganadora fue Pas Pleurer (No hay que llorar), de Lydie Salvayre ; una novela muy inferior a la Daoud. http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/mersault-contra-enquete-de-kamel-daoud-o-la-descontruccion-de-el-extranjero-de-camus

sábado, 5 de noviembre de 2016

¿Y QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO? EL CASO DE CAROLINA SANÍN

Leí el post de la Universidad de los Andes, ya había leído algo al respecto, y la verdad es que me parece una iniciativa muy loable y muy importante de denunciar la violencia de género. http://www.uniandes.edu.co/noticias/informacion-general/rechazo-a-la-violencia-de-genero No obstante, considero que la primera que tiene que analizar el lenguaje utilizado es la misma Carolina Sanín; he leído algunas declaraciones suyas con un vocabulario bastante salido de tono (procaz sería la palabra adecuada); es muy fácil denunciar a los otros y no mirarse en el propio espejo. Por supuesto que no justifico las amenazas y las frases horribles que ha recibido. Lo que quiero decir es que de una forma u otra las personas que escribimos tenemos una responsabilidad social. No hay que ignorar que algunas veces la forma del texto que publicamos puede desatar una violencia que luego es muy difícil de parar. Creo que ella lo sabe muy bien, sin embargo ¿juega? a querer decir todo lo que se le atraviesa por la mente y luego grita cuando ve los alcances de su propio discurso. Creo que todos, absolutamente todos, somos responsables de nuestros propios actos y algunas veces de los actos de los demás (pienso en las campañas de odio del CD o de los grupos religiosos, entre otras). También leí lo que les escribió a los alumnos de Los Andes, se olvida que ella es egresada y profesora del mismo claustro, así que el lenguaje ha podido ser menos virulento y más respetuoso; algo que nos hace mucha falta en este país tan convulsionado, tan polarizado, tan dividido, tan pasional, tan emocional. Y reitero: condeno los ataques aleves de los que ha sido víctima, espero que eso también la ponga a reflexionar sobre la forma de construir su propio discurso. Por último quiero manifestarle mi solidaridad a Héctor Abad Faciolince por el ataque que recibió de la profesora de Los Andes; pueden leer lo que le escribió en el siguiente vínculo: http://www.pulzo.com/nacion/pelea-carolina-sanin-hector-abad/PP154067

domingo, 30 de octubre de 2016

COLECCIÓN DE ARTE DE SERGUEI CHTCHOUKIN: FUNDACIÓN LOUIS VUITTON

Visita a la maravillosa colección de arte de Serguei Shchoukin, son 130 obras de arte que van desde Los Impresionistas, pasando por los Postimpresionistas y hasta algunos representantes del arte moderno como Picasso y Braque. Esta colección muestra obras del Museo de L'Ermitage y del Museo de Arte del Estado Pushkin. Es la primera vez que estas pinturas se encuentran en un mismo recinto y la primera vez que son exhibidas fuera de Rusia. En esta soberbia exposición pude contemplar por Le déjeuner sur l'herbe de Claude Monet (Museo Pushkin). Si piensan venir a París en los próximos tres meses no dejen de incluir esta maravillosa visita; pocas veces nos es dable asistir a un evento pictórico de esta categoría. En los próximos días pienso escribir un breve artículo, ya les contaré al respecto.

sábado, 29 de octubre de 2016

A VIVIANE MORALES (carta abierta)

(21 de febrero de 2015) Esta semana ha debido ser muy difícil para usted, imagino que ha perdido la calma más de una vez y que no ha podido conciliar el sueño que le hace falta para recobrar la cordura que necesita en el ámbito privado y en el público. Sin embargo, no logro sentir lástima por usted; y si lo digo es porque usted no siente lástima por la mayoría de personas que habitamos en este país convulso y violento, al que muchas veces declaraciones como la suya ahondan más en la inequidad y en la discriminación. Usted sostiene que “la familia es sagrada”, debo decirle, antes de continuar, que para mí lo único sagrado es la vida de mis congéneres. Considera que familia es solo aquella conformada por un hombre y una mujer. ¿Dónde quedamos las miles de mujeres u hombres que hemos tenido hijos sin casarnos? ¿Usted misma no dejó al padre de sus hijos por irse a vivir con el hombre que amaba? Un hombre por lo demás cuestionable en muchos aspectos. De guerrillero habría pasado a formar parte de grupos paramilitares y según parece habría tenido negocios turbios en los que el Estado habría quedado mal parado; en otras palabras un hombre con un prontuario bastante extenso. ¿Cuál es su escala de valores? ¿Dónde está el umbral entre la ética y el amor? Y después usted quiere hacerse pasar como adalid de la moral. ¿De cual moral? ¿De veras cree que es portadora de la verdad revelada y única? Porque para mí no existe una verdad, hay infinidad de verdades e infinidad de mentiras. Por si fuera poco, enceguecida por los postulados de sus creencias religiosas, habría sido incapaz de comprender y aceptar las posibles diferencias sexuales de su propia hija. ¿Y aún así persiste en darnos lecciones de moral? ¿Cómo es posible discriminar a alguien a quien se ha traído al mundo porque no piensa ni siente como usted cree que debería hacerlo? ¿De cuándo acá traemos hijos al mundo para que sigan únicamente la senda que supuestamente hemos trazado para ellos? ¿Acaso no traemos hijos al mundo para que sean felices, autónomos, independientes, libres? Usted debería saber algo al respecto; no en vano ha seguido sus propios impulsos afectivos y sexuales. Aunque imagino que en su momento eso debió ser una etapa muy difícil para sus hijos. Pero usted, si algo ha demostrado a lo largo de su vida, es que es una mujer guerrera y en cierta forma autónoma. ¿Por qué le niega ese derecho a cientos, miles, millones de personas? Ahora bien. Dice que nadie debe inmiscuirse en su vida privada. Eso es cierto cuando no se es una figura pública, ni cuando con sus actuaciones se afecta la vida privada de millones de colombianos. Cuando se opta por una carrera política, o se pretende legislar en contra de los derechos de las minorías, o cuando se ejercen juicios de valor que discriminan a las madres solteras, entonces no debe extrañarle que se hable claramente de su familia. Ha debido pensar primero en ella antes de tomar decisiones tan graves como el referendo que pretende imponernos simplemente porque usted practica una religión intolerante, que la aleja del respeto y de la caridad que supuestamente predican los cristianos y los católicos. Usted, si verdaderamente tiene algo de ética, debería no sólo renunciar a seguir adelante con esa cruzada en contra de muchos colombianos, sino renunciar al senado. Personas como usted deberían primero hacer un alto en el camino para reflexionar sobre las equivocaciones que no hacen sino polarizar aún más esta sociedad ya dividida por sesenta años de guerra fratricida, sino para poder ganarse el respeto de su propia hija y por ende el de muchos colombianos que hoy nos sentimos agredidos por usted. Somos los mismos colombianos que nos sentimos agredidos por el procurador y por Uribe, entre muchos otros actores violentos -entre ellos las guerrillas- que ha generado esta sociedad, que con postulados como los suyos, o como los del Opus Dei* -a través de la Universidad de la Sabana- no han hecho sino hurgar en la herida que han abierto al pretender mostrarse como entes infalibles y que están por encima del mal, cuando el mal viene en muchos casos de los discursos violentos que predican en los púlpitos o utilizando los puestos que ocupan como servidores públicos; olvidando, más bien ignorando cínicamente, que Colombia es un Estado de Derecho y laico, así a usted y a Ordoñez, y por supuesto a Uribe o a la Hoyos, les pese. Ojalá no le dé por utilizar cilicios, o por de flagelarse. Más bien busque la forma de aceptar que hay personas que no piensan como usted, ni que sienten como usted, ni que aman como usted. Y recuerde, uno no echa a un hijo de la casa por su condición sexual, ni religiosa, ni política. No estamos en el Medioevo. Podemos conversar y tratar de aceptar las diferencias, así no las compartamos. No instale una nueva Inquisición, así sueñe con ella. Por último, y aunque usted lo sabe mejor que yo, recuerde que los homosexuales nacen de padres heterosexuales y que no siempre son los mejores padres ni los peores, simplemente padres. Lea una vez más las cifras de niños abandonados por los padres, o que viven en familias extensas, o los miles de niños que han sido criados por madres o padres solteros o viudos. O simplemente divorciados como es su caso. Y que negarle la oportunidad de adoptar a los homosexuales es ir en contra de los cientos de niños abandonados por padres heterosexuales. Atentamente, Berta Lucía Estrada Estrada * Pueden ver la respecto: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/02/14/cuando-el-opus-dei-se-mete-en-nuestras-casas/

jueves, 27 de octubre de 2016

PUBLICACIÓN EN LIBRO DE UNIOESTE

Es con una gran alegría y satisfacción profesional que les comparto el libro publicado por la Universidade Estadual do Oeste do Paraná (UNIOESTE-Brasil), coordinado por los profesores Antonio Donizeti da Cruz, Ximena Diaz Merino y Lourdes Kaminsky Alves; en el cual han incluido el ensayo que escribí sobre La Shoah en clave de Atenea de Clara Schoenborn. Gracias profesores por apreciar mi trabajo literario y por incluirlo en sus publicaciones.

miércoles, 26 de octubre de 2016

¡QUIERO SER INCINERADA! DESOBEDEZCO AL VATICANO

DICTÁMENES PARA CUANDO ME MUERA : Le he dicho a mi familia, marido e hijo, que cuando me muera me incineren y que mis cenizas sean esparcidas en tres lugares diferentes, ellos saben donde hacerlo. No lo hago por creencias panteístas, no soy precristiana; lo hago porque soy atea y no me gusta el ritual católico. Y me encanta poder desobedecer desde ya los dictámenes del Vaticano, ¡qué maravilla que me den esta oportunidad de decirles no quiero estar en sus cementerios ni pagarles para que me permitan reposar en ellos! No me interesa. http://cnnespanol.cnn.com/2016/10/25/el-vaticano-prohibe-dispersar-o-conservar-en-casa-las-cenizas-de-los-muertos/#0

martes, 18 de octubre de 2016

LA IMPORTANCIA DE LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS

LA IMPORTANCIA DE LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS: La verdad es que siempre he sido una crítica de ese argumento que pretende explicar que la causa principal por la que en Colombia no se lee sea porque los libros son muy caros. No creo en ese argumento. Como estudiante siempre fui una visitante asidua de las biblioteca públicas y por supuesto de las universitarias; por otra parte trabajé durante diez años en una municipal; así que creo conocer un poco su importancia social, educativa y cultural. El problema no radica en que los libros sean caros, por supuesto que lo son, siempre lo han sido, sobre todo en Colombia. El problema, al menos para mí, proviene de otras fuentes. En Colombia SIEMPRE hay dinero par comprar, al menos, una botella de licor a la semana. SIEMPRE hay dinero para pagar una boleta excesivamente cara para ir al fútbol o comprarse el último modelo de TV; pero NUNCA hay dinero para comprar libros con el argumento que son muy caros. Asumamos que así sea, en ese caso ¿porqué no vistamos las bibliotecas públicas? pocos profesores llevan a sus alumnos y pocos les dicen que los libros pueden ser llevados a casa.Olvidamos lo fácil que es hacerse a un carnet de la Biblioteca del banco de la República, por ejemplo. Eso sin olvidar que muchos rectores de los colegios privados tienen los libros bajo llave, y en algunos casos en su propia oficina; tal y como lo observé en alguna ocasión cuando me tocaba visitarlas como funcionaria pública. La explicación inverosímil, pero real, era que los libros estaban bajo su responsabilidad, es decir bajo su inventario, así que no podían arriesgarse a perderlos. También recuerdo que en muchas ocasiones la biblioteca del colegio ha sido utilizada como lugar de castigo para los estudiantes indisciplinados; Lo que me recuerda que para muchos padres "obligar" a leer un libro es también una especie de castigo y el premio es ver TV. Eso sin contar que los padres no leen nunca o raramente; sin embargo, exigen que su hijos "ojeen" uno que otro libro.