domingo, 30 de junio de 2013

EL DRAGÓN EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Imagen encontrada en Internet “El príncipe del mar (dragón) tenía un aspecto terrible. Su cuerpo era largo y sinuoso. Sus garras eran poderosas, y su larga cola terminaba en un mechón de pelos... terrible con los enemigos, pero muy amable con los seres buenos y generosos”. (Uraquimataro - Cuento popular japonés). Definitivamente uno de los personajes que más seducen durante la infancia, y que siguen siendo fielmente recordados a través de toda la existencia, son los dragones. Estos míticos animales hacen parte del folklore europeo, y en Oriente es uno de los símbolos más importantes de las diversas culturas que lo pueblan, especialmente en China. No se puede concebir la celebración del nuevo año chino sin un dragón que presida el festejo. No obstante, la figura del dragón en Oriente es diferente a la figura occidental. En China este mítico animal es considerado un dios benéfico, celeste, protector; mientras que en Europa representa el mal, el caos, la destrucción, el fin. En la tradición oral europea el dragón representa las sucesivas invasiones bárbaras. Después de la derrota de Darío III, por parte de Alejandro Magno, derrota que marcó el fin de la invasión persa, Darío III es representado como un dragón bajo la figura de ese mítico animal. El mito del dragón no sólo pertenece a oriente y a Europa, en las culturas precolombinas, también encontramos leyendas que tienen como protagonista principal a enormes serpientes, versión indígena del dragón; es el caso del pueblo Muisca, del altiplano cundiboyacense, que creían en una enorme serpiente que habitaba en las profundidades de la Laguna de Tota. En el mito mapuche el diluvio es desencadenado por dos enormes serpientes que luchan por el poder. Para los aztecas, el regreso de la serpiente emplumada, Quetzacoalt, significaba el fin de una era y el derrumbe de la clase guerrera, la que ostentaba el poder.” En el Medioevo, la figura del dragón tuvo un lugar muy importante en el folklore europeo y la leyenda del Rey Arturo no podía escapar a su influencia. Una de las tareas de los caballeros de la mesa redonda era precisamente luchar contra él. A diferencia del dragón oriental, el occidental es alado; sin embargo, los dos lanzan fuego por el hocico, esta característica es de gran ayuda para combatir al enemigo o para quemar aldeas: “Cuando llegó a la corte de Irlanda la noticia de que un feroz dragón estaba asolando las regiones circundantes, Tristán se apresuró a comparecer ante el rey y argumentó que como paladín de Anguín le correspondía a él acabar con aquel monstruo. Protegido con un hechizo de buena suerte echado por Isolda, salió en busca de la guarida del dragón; tan visibles eran las huellas de la destructora rabia del dragón que no tardó en llegar al territorio del que se había enseñoreado la espantosa criatura. En efecto, el ardiente aliento de la bestia había reducido a cenizas a los campos, otrora fértiles y verdes, y un fétido hedor se cernía sobre la tierra como una enorme y nauseabunda nube” (El Rey Arturo y sus Caballeros, de Jules Heller y Deirdre Headon, Grupo Editorial CEAC, S.A., Barcelona, 1990, pág. 104). En el cuento japonés de Uraquimataro encontramos una variante de la caja de Pandora, y su dueño es un dragón. Cuando el protagonista del relato, Uraquimataro, decide abandonar los reinos profundos de este mítico animal, el dragón le da un obsequio aparentemente humilde, una pequeña caja con la previa advertencia que no debe ser abierta, porque entonces el don que le ha sido conferido desaparecerá. Uraquimataro, como es lógico suponer, desconoce la naturaleza del don en cuestión, por lo que la curiosidad pudo más que la prudencia, y el pescador termina por abrir el cofrecillo; es cuando se percata del enorme regalo que le había sido otorgado, la eterna juventud, pero con su desobediencia vuelve a ser un mortal como era antes de su descenso a los reinos del príncipe del mar: “(Uraquimataro) levantó la tapa del cofrecito y un pájaro salió del interior. Remontó el vuelo, y desde lejos se oyó su voz: - Has perdido el don de la juventud eterna Uraquimataro. Ahora el cuerpo cargará con los años que pasaste en el reino del Dragón del Mar”. Como es lógico suponer Uraquimataro creía que sólo habían transcurrido unos pocos días en el reino del dragón, cuando en realidad habían pasado varios decenios. Este deseo de ser eternamente joven ha estado siempre presente en toda la literatura. En el Medioevo era una búsqueda insaciable por parte de los alquimistas, quienes no solamente pretendían encontrar la fórmula mágica que les permitiese la transmutación del mercurio en oro, sino que la piedra filosofal permitiese también lograr una transmutación en el hombre, lo que redundaría en la eterna juventud. Los alquimistas fueron cruelmente perseguidos por la Iglesia, no obstante lograron dejar su huella indeleble en las catedrales góticas, donde muy seguramente participaron en su construcción. Este aspecto es fácilmente comprobable en las decenas de esculturas y gárgolas que las adornan, allí aparecen símbolos utilizados por estos enigmáticos investigadores. Uno de ellos es la salamandra, a quienes consideraban inmune al fuego. Los alquimistas que no fueron perseguidos, o que lograron escapar a las persecuciones, morían en accidentes ocasionados en la manipulación del sulfuro y del mercurio; otros desaparecían misteriosamente, como es el caso de un célebre alquimista francés llamado Nicolás Flamel, quien se ganaba la vida como escribano, pero secretamente se dedicaba a la alquimia. El 17 de enero de 1.382, Flamel habría asegurado haber encontrado la fórmula de la transmutación del mercurio en oro puro. Los documentos del París medieval revelan un extraordinario hecho, Nicolás Flamel y su esposa habrían hecho una donación bastante sorprendente en cualquier época y lugar, ya que donaron 14 hospitales, 3 capillas y 7 iglesias. La pregunta es: ¿Cómo un humilde escribano podría realizar una donación de esta índole? Aunque es de anotar que en la época de Flamel el oficio de escribano gozaba de gran prestigio dadas las connotaciones socioculturales de su tiempo; puesto que en el Medioevo eran muy pocas las personas que sabían leer y escribir, y el acceso al conocimiento estaba reservado para los integrantes del clero, sobre todo a los que ostentaban altos rangos. El pueblo, e incluso la aristocracia, con algunas excepciones, eran analfabetos. Pero los hechos relacionados con este personaje, ya no legendario sino histórico, van más allá de cualquier ficción literaria. El conocimiento y la manipulación de la piedra filosofal le habrían otorgado la búsqueda más anhelada de los alquimistas: la vida eterna. El matrimonio Flamel habría desaparecido misteriosamente de su lugar de habitación y de los lugares que solía frecuentar. Veinte años después de su misteriosa desaparición, la gente aseguraba haberlos visto en diferentes lugares de Europa, cubiertos con láminas de oro, y como si los años no les hubieran hecho mella. Esta magnífica leyenda resurgiría nuevamente en 1.818, cuando un personaje que se hacía llamar Nicolás Flamel, recorría los cafés parisinos ofreciendo revelar los secretos alquimistas a todo aquel que quisiese escucharlo. Los registros históricos, en cambio, registran que Nicolás Flamel y su esposa están enterrados en la Catedral de Cluny en París. Pero los alquimistas no sólo fueron oscuros personajes, El Bosco, con su obra cumbre “El Jardín de las Delicias”, revela los profundos conocimientos que el pintor tenía de la cábala, de alquimia y del esoterismo. Paracelso era también un alquimista de renombre, y el legado de la alquimia perduraría durante siglos atrapando con su magia a científicos de la talla de Isaac Newton (1.642 – 1.727), aunque él nunca hubiese revelado abiertamente su secreta pasión. La leyenda de Nicolás Flamel también aparece en la saga de J. K. Rowling, puesto que Harry Potter y su amiga Hermione investigan la vida de este enigmático personaje. Quiero anotar que el libro en cuestión me parece bastante malo, por no decir pésimo; así la industria editorial nos haga creer lo contrario: “El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La Piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elíxir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe. Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon, con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años)”. (Harry Potter y la Piedra Filosofal, J.K. Rowling, Ediciones Salamandra 2000, España, 4ª edición. pág. 184-185). El legado alquimista, como hemos visto, no quedó en el olvido. “El Retorno de los Brujos”, de Louis Pauwel y Jacques Bergier, hace alusión a este apasionante oficio. Los autores aseguran que en el siglo XVII se les atribuían poderes mágicos a los Rosacruces; como la transmutación de los metales, la prolongación de la vida, el conocimiento de lo que ocurre en lugares ignotos, el conocimiento de las ciencias ocultas y el descubrimiento de los objetos perdidos. Aseguran, además, que algunas declaraciones, o discursos, dados por Einstein u Oppenheimer tienen el mismo tono que el manifiesto de los Rosacrucistas. En una conferencia sobre radioisótopos, celebrada en París en 1.957, el escritor soviético Vladimir Orlof escribía: “Todos los alquimistas de hoy deben recordar los estatutos de sus predecesores de la Edad Media, estatutos conservados en una biblioteca de París y que proclaman que sólo pueden consagrarse a la alquimia los hombres de corazón puro y elevadas intenciones”. (El Retorno de los Brujos. Louis Pauwel y Jacques Bergier. Plaza & Janés, S.A. Editores Barcelona. 1.970. Pág. 56). El tema de la inmortalidad es también desarrollado en “El Señor de los Anillos” de Tolkien. El anillo es forjado por Sauron con un metal precioso, el mithril, que sólo se encuentra en las profundidades de la tierra y es custodiado por los enanos. Una vez forjado el anillo adquiere connotaciones mágicas, y quien logre ser su propietario podrá ser el Amo y Señor de la Tierra Media. Sus características principales, además del infinito poder que otorga, es la de volver invisible a quien lo porte en uno de sus dedos, al mismo tiempo que le otorga los dones de la juventud y alarga la vida mucho más allá de lo normal. La búsqueda de la eterna juventud también hizo parte de grandes y costosas expediciones. Cuando los españoles conquistaron La Florida en el siglo XVI, surgió la leyenda de la Fuente de la Eterna Juventud, y Juan Ponce de León sería el conquistador que saldría en su búsqueda, llegando incluso a afirmar que la había encontrado. En el siglo XIX, Oscar Wilde perseguiría la fuente de la eterna juventud a través de su obra “El Retrato de Dorian Gray”. Y posteriormente sería Virginia Woolf con su extraordinaria novela “Orlando”. Esta idea se ve reflejada en el cuento medieval flamenco “El mercader y el Ángel Negro”, donde se hace patente el deseo de la inmortalidad. En los cuentos occidentales, como en “La Estatua” de Basile, el dragón es la eterna representación del mal y del dolor. En dicho relato hay una batalla entre el animal y el héroe, el dragón es derrotado por lo que debe huir y no regresar jamás al reino del que ha sido expulsado. Con frecuencia, los dragones son en verdad brujos o hechiceros que buscan bajo esta temible apariencia vencer al enemigo. Es el caso del dragón que aparece en el mito germano “El Anillo de los Nibelungos”. Sigfrido, héroe mítico, desconoce el miedo, por lo que va en busca de Fafner que habita dentro de una caverna y quien tiene el poder de transformarse en dragón. La lucha es descrita así: “Sigfrido avanzó cautelosamente, observando los movimientos del dragón, tal como procedía cuando luchaba contra un oso, una pantera o un jabalí... El monstruo lanzó un rugido espantoso, pero el joven no se inmutó. Siguió avanzando con la espada en la diestra, y cuando el dragón se empinó para caer sobre él, retrocedió unos pasos. La fiera cayó pesadamente, y antes de que pudiera recobrarse y ponerse en guardia, Sigfrido avanzó con rapidez fulmínea y le sepultó la espada en la garganta”. Fafner es en realidad un gigante que posee poderes sobrenaturales y que guarda un yelmo mágico que le permite transformarse en un animal o en un objeto según sea la naturaleza de su deseo. En la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, la visión de un dragón puede tener connotaciones premonitorias: “Cuando llegaron junto al lago, Merlín se acercó a la orilla, extendió los brazos y aspiró profundamente. Luego exhaló el aire junto a las aguas, que se rizaron hasta formar espumantes olas. Después las aguas se separaron y dejaron ver en el fondo del lago dos dragones dormidos: uno tenía la escamada piel de color blanco y el otro de color rojo, pero nadie de los presentes sabía qué significaba aquello. Como leyendo el pensamiento de los reunidos, Merlín explicó: El dragón rojo simboliza a los britanos, y el blanco a los sajones. Durante el día las dos criaturas duermen como dos bebés en la misma cuna, pero cuando cae la noche luchan en mortal combate.” (El Rey Arturo y sus Caballeros, op. cit. pág. 10) Dentro del mismo relato el dragón puede convertirse también en una figura protectora y en un guía espiritual: “El mago se enfrascó en un libro... Después se levantó y de lo más hondo de su pecho surgió un profundo gruñido y, mientras el gruñido resonaba en su garganta, comenzó a salirle por la boca un humo azul (que) empezó a tomar forma... Arturo vislumbró la forma de una bandera blasonada con el feroz símbolo de un dragón. Arturo, intrigado, se preguntaba cuál sería el significado de todo aquello. Es tu destino, Arturo - le dijo Merlín en tono solemne -. Acuérdate siempre del dragón y siempre te guiará.” En esta revelación podemos suponer que el dragón es el Mago Merlín, puesto que él tiene los poderes mágicos que le permiten transformarse en los animales u objetos que desee; y cuando adopta esta figura mítica lo hace con fines claros, bien sea para proteger a Arturo o para luchar contra los enemigos de Camelot. En otra leyenda medieval, San Jorge y el Dragón, nos encontramos con un caballero que lucha contra un dragón que después de asolar campos y obligar a la gente a huir a la ciudad amurallada, pide finalmente que le sea entregada una joven, so pena de destruir los muros y quemar el villorrio. La hija del rey, en realidad su única hija, se ofrece para salvar a su pueblo, abandona el palacio y en las afueras de la ciudad se encuentra con San Jorge, que a su vez había salido en busca de aventuras; cabe recordar que su condición de caballero lo obliga a ayudarla. En un feroz combate, el dragón sucumbe ante el caballero y en el lugar de la derrota nace un rosal rojo como su sangre. San Jorge, luego de darle muerte al dragón, se dirige triunfante hacia la ciudad amurallada en compañía de la princesa. El rey, agradecido, le pide que se quede con ellos y a su muerte San Jorge es nombrado como su sucesor. Esta extraordinaria leyenda es recordada en Cataluña cada 23 de abril y sirve como marco para la conmemoración del Día del Idioma, del Libro y del Bibliotecario. La costumbre, en honor a San Jorge y a la Princesa, requiere que los hombres les regalen una rosa a las mujeres, y éstas a su vez deben obsequiarles un libro; pero la conmemoración más importante de la leyenda se revive cuando la figura del dragón es quemada. En la población catalana de Alcoy, se celebra cada año la fiesta de Moros y Cristianos en honor a San Jorge. Esta festividad conmemora la batalla que libraron los alcoyanos el 23 de abril de 1276, en contra del ejército de los sarracenos, comandado por Al-Azraq. Esta batalla habría sido ganada por el pueblo de Alcoy, gracias a la milagrosa aparición de San Jorge. Dicha festividad se remonta a varios siglos atrás, la primera de la que se tenga noticia, fue celebrada en el año de 1672. Pero ¿Quién era en realidad San Jorge? San Jorge era un militar romano convertido al cristianismo; como no renunció a su nueva fe, fue torturado por el emperador romano Dioclesiano, ésto habría acaecido en el año 303. Una de las leyendas catalanas, más difundidas de San Jorge, o Sant Jordi, cuenta que un dragón inmenso y cruel, tenía atemorizados a los habitantes de la villa de Montblanc (la región que hoy se conoce como Cataluña). Para calmar su apetito voraz debían darle cada día un cordero y una doncella, hasta que un día el turno fue para la hija del rey, una hermosa princesa, que tuvo la fortuna de encontrarse a la salida de las murallas con el valiente caballero. Este habría de acompañarla, y una vez en presencia del dragón, lo habría atado con un lazo que ella portaba; por lo que el dragón temible pasó a ser un manso animal y luego San Jorge desenfunda su espada y lo mata, liberando así al pueblo del terrible infortunio que lo había azotado por largo tiempo. Tanto el rey, como la princesa y sus súbditos, se convierten al cristianismo. Esta leyenda daría paso para convertir a San Jorge en el Patrón de Cataluña, y de numerosas regiones europeas, Inglaterra, Grecia; incluso en la región de Georgia en Asia. Es el caso de la ciudad francesa de Tarascón, desde el Medioevo se le rinde tributo a un animal mitológico, cercano al dragón, conocido como Le Tarasque, La Tarasca. Las fiestas que lo rememoran fueron declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el 2005 y en el 2008 fueron integradas a la asociación Gigantes y Dragones que agrupa las festividades que tienen lugar sobre el animal en cuestión en Bélgica y Francia. La leyenda de la Tarasca también se lleva a cabo en España. En “El Dragón de siete Cabezas”, cuento adaptado por Teresa Duran, de un relato que rescata la tradición oral española y realizado por Valeri i Boldú, con el título de “Les Set Cireres” (Las siete Cerezas), se observa a un dragón que posee siete cabezas leoninas, coronadas con diez cuernos. Con patas de águila, alas de murciélago y una cola retorcida y erizada como puntas de dardos. Esta versión se asemeja mucho a la leyenda de San Jorge y el Dragón. No obstante, difiere de la presentación de un personaje que aparece en los cuentos medievales, el perro; el cual es representado como una figura protectora y poseedor de poderes mágicos. También difiere de dicha leyenda, ya que la adaptación hace acopio de diversas leyendas de dragones, en las cuales se narra que para poder matar a uno de ellos, y evitar que renazca nuevamente, es necesario cortarle la lengua; en este caso son siete lenguas las que debe cortar el valiente campesino para poder derrotar al monstruo. Igual que San Jorge, Miguelín, el protagonista del cuento, salva al reino, rescata a la princesa de las garras del dragón y luego la desposa. En el universo mítico de Tolkien los dragones son encarnaciones de los espíritus malignos de algunos seres como los hombres y los enanos. Cuando se desea luchar contra un dragón, como es lógico suponerlo, se entra en una batalla bastante desigual, puesto que las escamas de sus cuerpos son hechas del hierro más potente. Sus dientes semejan jabalinas, y sus colas pueden aplastar ejércitos enteros. Los dragones alados van siempre en compañía de fuertes vientos, de huracanes que barren todo lo que encuentran a su paso, y los dragones de fuego lanzan enormes llamaradas, quemando todo lo que se les atraviese. Pero no todos los relatos de dragones nos remiten a leyendas del Medioevo. También hay cuentos contemporáneos que rescatan esta rica tradición literaria. Me refiero a “Escamas de Dragón y Hojas de Sauce”, un hermoso relato infantil, donde su autor, Terryl Givens, nos remonta a la época de reinas y caballeros que luchan con temibles dragones. En otra notable adaptación de un cuento tradicional chino, “La Perla del Dragón”, realizada por Pep Coll, se narran los orígenes de este mítico animal. En este cuento, un niño campesino, bastante pobre, se tropieza con una perla roja, y como es lógico suponerlo, la perla posee poderes mágicos. La casa del niño se convierte en un próspero lugar. La madre es obligada por sus vecinos a revelar el secreto que rodea a su pequeño hijo, quien para evitar que la preciosa piedra le sea robada se la traga. Inmediatamente la sed se apodera de él, el fuego le quema las entrañas, y para apagarlo bebe toda el agua del caserío, y luego la del río, hasta dejarlo seco. Una vez bebida la última gota, el niño comienza a sufrir una sorprendente transformación; su cuerpo se alarga hasta adoptar la figura de un dragón, y comienza a echar fuego por el hocico. El nuevo dragón ruge a modo de despedida, y se hunde para siempre bajo el lecho del río. Es importante anotar que en la milenaria cultura china el dragón es considerado una divinidad que protege a la tierra y a los hombres probos, a quienes recompensa con regalos y riquezas; también representa la sapiencia y la equidad. Pero no todas las obras que hablan de dragones son cuentos o leyendas. También se encuentran obras de teatro como “La Verdadera y singular Historia de la Princesa y el Dragón”, del dramaturgo español J.L. de Santos. Esta obra, escrita inicialmente para niños, se representó durante varios años con gran éxito. Uno de sus aciertos es el parlamento escrito en verso, a la usanza medieval, lo cual confiere un aire renovador a las leyendas que terminaron por ser contadas o leídas en prosa. En la región cantábrica existe la leyenda del Culebre, un animal mítico, mitad serpiente, mitad dragón, posee alas de murciélago y su aliento es fétido. Aún conserva el gusto por las doncellas y una vez al año suele comerse a una de ellas. Cuenta la leyenda que cuando Santiago iba camino de la ciudad de Compostela se topó con uno de ellos al cual habría dado muerte. El autor español Lolo Rico de Alba, nos trae la historia de un pequeño dragón que desea fervientemente ser un niño. Me refiero al texto “Llorón, Hijo de Dragón”. Cuento infantil que rompe con todos los esquemas creados alrededor de los dragones que echan fuego por la boca, que destruyen poblados y que raptan princesas…

miércoles, 26 de junio de 2013

ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

Primera voz Pronto va a amanecer, oiré el gallo cantar y las viejas beatas se apresurarán para venir a escuchar la misa de seis. Será la última misa que yo oficie, aunque ellas todavía no lo saben. Hoy me bendicen, mañana me maldecirán. Sé que dentro de poco vendrán por mí. Saldré de la casa parroquial esposado y en un segundo tendré a todo el pueblo mirando mi salida al cadalso. Porque, ¿qué es la prisión, sino un cadalso? Hay muchas formas de matar a un hombre. Y la prisión es una de ellas. Mata las esperanzas, destruye la dignidad, aniquila el futuro. Es la primera vez que lo pienso, tal vez porque ahora tengo la certeza de terminar en una celda maloliente, húmeda, rodeado de cucarachas, de ratas, de asesinos a sueldo, de malandrines sudorosos y mal hablados.________________ Soy un sacerdote. Mi lugar está en la iglesia, rodeado de fieles que esperan impacientes mis consejos, mi ayuda espiritual. No he tenido vida propia. Siempre pendiente de la gente. Siempre escuchando sus pecados, algunas veces tan blancos como un vestido de novia y otros oscuros como las profundidades de una caverna. Los seres humanos llevamos dentro el infierno y el paraíso. Pero no puedo decírselo a los fieles. Sería una herejía por la que tendría que pagar caro, aunque yo no crea en ello. Porque si hay una justicia estatal, hay una peor, la de la Iglesia. Creen que la Inquisición se ha acabado. Y es cierto. Siempre y cuando uno crea que la Inquisición es el potro de tortura o morir en una hoguera, entonces sí, ya no existe. Lo que no se dice es que la tortura peor nunca ha dejado de existir, la psicológica. ¿Cómo exponerme a ser excomulgado? Sería el escarnio público y fuera de ser cura lo único que sé hacer es tajar carne. Lo aprendí de mi padre que compraba reses en pie para luego vender cada una de sus partes en la ciudad donde vivíamos; pero es un negocio que no me gusta. No sabría ganarme la vida por fuera de la parroquia. Sé muy bien que en el temor a Dios que le infundimos a la gente, está nuestro poder. Un poder absoluto, al que no deseo renunciar. Controlamos la vida de la gente. Nosotros les damos tranquilidad espiritual, a cambio nos dan sus vidas, a veces también nos dan sus bienes. Y yo no tengo porque ser la excepción. Solo he tomado lo que han querido darme, a cambio les he indicado el camino a seguir, el de la salvación eterna. Así que cuando alguna de mis feligreses ha querido confesarse en horas non sanctas, no me he negado. Ellas saben lo que hacen y yo también. Soy un sacerdote, conmigo no cabe la palabra compromiso. Estoy unido a Dios, es la única alianza posible para mí. Por eso no acepto que después vengan con chantajes emocionales, con llantos y con historias. Si ellas vienen por su propia voluntad, puesto que yo no las obligo, también deben tomar las medidas pertinentes, para evitar consecuencias no deseadas. Cuando eso sucede, me transformo, dejo de ser el cura apacible, bonachón y cualquier cosa puede suceder. Al día siguiente lo olvido, total, el día que tomé los hábitos también tomé conciencia de que era un elegido, y a los elegidos no nos pasa nada; estamos por encima del bien y del mal. Eso pensaba hasta esta noche, porque fue ella, cuando creía que ya no podía hacerme daño, que vino a decirme que vendrían por mí y que no había escapatoria posible______________________________________ Segunda voz: El día que lo busqué, era porque me sentía sola. Varias veces me había pedido que le diera una mano con los papeles parroquiales, yo aceptaba a regañadientes. Poco a poco me convertí en su secretaria privada, le ayudaba en el despacho parroquial o lo acompañaba en su labor de catequesis. Me decía que mi presencia era necesaria y que los jóvenes se sentían más a gusto si yo estaba presente. En mi casa les gustaba que yo ayudara al cura, “es tan buena gente”, decían. Todos en el pueblo le prendían velas. No es un cura joven, pero tampoco es viejo, digamos que está en una edad interesante. Sin ser un apolo, no deja de ser buen mozo. ¿Quién dijo que los curas no son hombres? ¿Quién dijo que no los podemos mirar, como miramos las mujeres a los hombres que nos atraen? Porque el cura me atraía, no sé si era la cadencia de su voz, o la forma de caminar pausado, como si el mundo no fuera a acabarse jamás, o si era ese pelo negro e hirsuto en que mis manos clamaban hundirse. Su pelo y sus ojos me invitaban a un viaje. ¿Pero adónde? Fue la pregunta que me hice durante mucho tiempo. Creo que ya encontré la respuesta. Su pelo semeja una selva y las selvas se tragan a los extraños. Eso fue lo que me pasó. El me tragó, me absorbió sin que yo me diese mucha cuenta de ello.______________________________ Trabajamos un tiempo juntos, siempre bajo la mirada vigilante de Ifigenia, el ama de llaves de la casa cural. Me daba cuenta de que ella no se sentía a gusto con mi presencia. Parecía un felino. Nunca la sentía llegar, cuando levantaba la cabeza del computador, la veía en el umbral de la puerta, observándome sin pestañear. ¿Qué me quería decir? ¿Que me fuera? ¿Que saliera volando y que no regresase nunca? Pero no se lo pregunté. Finalmente yo estaba allí porque había entendido que afuera no había nada, solo un calor sofocante y unas calles polvorientas. Quedarme en casa era convertirme en la sirvienta de mis hermanos, sin que me diesen un peso además. Al menos, el trabajo de secretaria me daba para la leche de mi hijo. Y estaba él, por supuesto. Y aunque Ifigenia no abandonaba nunca la casa, al menos cuando yo estaba presente, yo sabía que era cuestión de tiempo. Algún día se le presentaría algo ineludible y tendría que ausentarse. Yo fui quien le dio la noticia, su madre estaba agonizando, se la habían llevado al hospital de la ciudad. En el pueblo no pasábamos de tener un puesto de salud. Se tomaría los tres días que le correspondían por calamidad doméstica.____________________ Primera voz: La sentí caminar por la casa cural, mover mis cosas, mirar, tocar, algo que detesto que hagan, ni siquiera Ifigenia puede hacerlo. Yo me quedé sentado al lado de la ventana. No habría podido impedírselo. Ni siquiera intenté acostarme. Por sus pasos apresurados y por el ruido que hacía en mi despacho, sabía que había venido para hacerme saber que mi vida de cura había llegado a su final y que pronto vendrían por mí. Hay actos que pueden dar marcha atrás, pero hay otros a los que quedamos encadenados por el resto de nuestras vidas e incluso aún más allá. Ella había sido mi secretaria. Al principio ni la miraba, su juventud no me atraía. Prefiero las mujeres maduras, con experiencia y con marido. Las viudas habían sido descartadas hacía tiempo; con ellas el rumbo que tomaba cada historia terminaba en el chantaje. Varias veces me vi en la cuerda floja. Además, comprendí que el estatus de casada, hace a las mujeres inmunes a la sensiblería. Pensar en un compromiso conmigo estaba de antemano descartado. Cuando alguna de ellas se confesaba en horas non sanctas, yo sabía que en realidad buscaba lo que la cama matrimonial le negaba. Y es que en este país de machos, el matrimonio es un biombo que a menudo esconde sus verdaderas inclinaciones sexuales. ¡Si lo sabré yo! Al fin y al cabo todos terminan en el confesionario. A otros, la droga y el alcohol les impide comportarse como los machos que fingen ser. Otros se la pasan de cama en cama y cuando llegan a la oficial, es sólo para dormir. En fin, el hecho es que nunca me había faltado la tibieza de un cuerpo que me ayudase a soportar la soledad. La Iglesia pretende que los curas estamos por encima de los placeres terrenales, pero la castidad no es una de las reglas que más se practican en nuestro seno, así se predique lo contrario. Y yo no soy la excepción. Así que sin buscarlo, al menos conscientemente, terminé enredándome en la tela de araña que se construía poco a poco a mi alrededor. Debería haber recordado que Atenea las detestaba.____________________________ Segunda voz: Tenía tres días libres, nadie me vigilaría. Estaría sola con él, y por supuesto, estaba dispuesta a no desperdiciar esa oportunidad. Yo sabía que le gustaba. A menudo lo pillaba mirándome de reojo, sobre todo cuando me ponía la minifalda negra y los zapatos rojos de tacón alto. Era cuando sentía su olor de macho cabrío flotando a mi alrededor. Su aroma quedaba impregnado en mi cuerpo y mis senos se erguían como si los hubiese rozado con sus dedos. Trabajar con él en el mismo despacho era semejante a tener un acceso de fiebre. Sentía que cada parte de mi ser ardía y que el único alivio posible era poderme meter en las sábanas con él o en últimas sentarme a horcajadas en el escritorio. Ni siquiera me importaba que fuese en el despacho parroquial. Cualquier lugar podía servir para darle rienda suelta al deseo que se apoderaba de mí. Yo sabía que era el amor, o más que el amor, la pasión. Como muchas jóvenes de mi generación había sucumbido a los embates del noviecito de turno; el mismo que desapareció cuando quedé en embarazo. Eso me debería haber curtido. Pero cuando las hormonas se alborotan, las experiencias quedan olvidadas en algún baúl secreto de nuestra memoria. He debido tomar “precauciones”, como él me diría tiempo después. Pero la primera, y única precaución, ha debido ser no involucrarme ni sentimental ni sexualmente con él. Pero esos razonamientos vienen después. Si uno los previese, ¡cuántas desgracias se podrían evitar! A veces la fatalidad hace parte de nuestro sino y alejarla es imposible. Esta vez era ella quien tocaba a mi puerta. No había escapatoria posible, pero yo aún no lo sabía. Cuando fui consciente de su llegada, la luz que guiaba mi camino se había trocado en una tiniebla tenebrosa. Terminé en un laberinto que no conocía, y Dédalo no estaba allí para mostrarme la salida. Así que me pasó lo mismo que a las mujeres atenienses. Serví de comida para el monstruo, aunque para ese entonces yo no sabía que tiempo atrás se había tragado a una que otra mujer del pueblo. Nadie lo sabía. Nadie sospechaba que había un minotauro entre todos nosotros y para colmo de males escondido en la iglesia.____________________________ Primera voz: Hacía tiempo que no aceptaba viudas en mi vida y de pronto tenía una en mi propio despacho. No sólo había sido atrapado por la tela de araña, sino que su dueña pertenecía a la especie más peligrosa: Latrodectus tredecimguttatus, más conocida como la viuda negra. Debí sospecharlo cuando al día siguiente de la partida de Ifigenia, llegó a trabajar con la minifalda que se ponía desde hacía algún tiempo, conocedora del efecto que eso me producía. ¿A qué mujer se le ocurre ir a trabajar a un despacho parroquial con una minifalda negra y zapatos rojos de tacón alto? A ninguna supongo. Es más una vestimenta arrabalera, propia de las cantinas y de prostitutas, que de una secretaria que trabaja para un sacerdote. He debido de darle tres días libres. He debido decirle que regresara cuando Ifigenia estuviese de vuelta. Total no había nada importante que no pudiese aplazarse. No lo hice. Siempre dejamos de hacer las cosas más fundamentales, en los momentos de más vulnerabilidad. Supongo que en el fondo de mí mismo esperaba que eso sucediese. Al día siguiente de la partida de Ifigenia, la vi llegar desde la ventana de mi cuarto. Atravesaba la plaza muy despacio, pero con paso seguro. Cuando llegó a la altura del flamboyán, se detuvo un momento y observé como arrancaba una de sus flores. La acercó a su cara, y durante algunos segundos, que a mí me parecieron una eternidad, la acercó a su cara y la olió. Luego se arregló el pelo y la flor se hundió en su cabellera. Luego prosiguió su marcha. Cuando ella entró al despacho, yo ya la estaba esperando. La vi entrar, como quien entra a un escenario sabiéndose la protagonista de la historia que se va a desarrollar. Sólo dijo: -¡Buenos días! Así, a secas, sin el Padre de todos los días, por lo que he debido ponerla de patitas en la calle. Pero quien ha jugado con fuego alguna vez, sabe el placer que se siente, no habría sino que preguntárselo a un pirómano. El fuego es purificador, pero también puede ser destructor. El hecho es que se me invitaba a una queimada y yo no tenía ninguna intención de rechazarla._________________ Segunda voz: Cuando dije ¡Buenos días!, sin el Padre, lo hice adrede. Él ni siquiera respondió. Me senté en su escritorio, muy cerca de él, crucé las piernas y comencé a balancearlas. Los zapatos parecían dos llamas y sus ojos los seguían, extasiados. Con la punta de uno de ellos, comencé a tocarle los ojos, las mejillas, como si fuera un pincel delineé el contorno de su boca y comencé a descender. Con mis manos deshice el peinado que venía de hacerme, y olí nuevamente la flor que hacía pocos instantes había colocado en mi cabeza. A medida que mi pie tocaba su cuerpo, sentía como su respiración de animal en celo iba in crescendo. Con el tacón presionaba su pecho. Cuando ya había descendido lo suficiente para sentir debajo de mi pie como su sexo se abultaba, comencé a desabotonar mi camisa. Acaricié mis pechos y me deshice del brasier. Él no se movía, me dejaba hacer. Me acerqué lentamente y como antes lo había hecho con la flor, empecé a oler su cuello, su boca. Cuando mis labios tocaron los suyos, cualquier resistencia que hubiese podido tener, había quedado atrás. En la pared del fondo se reflejaba una sombra que seguía los movimientos de una danza tan antigua como la especie humana. Poco tiempo después, en el letargo del amor, pensaría que teníamos tres días para nosotros dos.___________________ Primera voz: Los tres días se convirtieron en semanas. Yo sentía como Ifigenia resoplaba en la cocina. Pero yo sabía que no diría nada. El pacto de silencio que se había sellado entre nosotros, hacía muchos años, nunca se había roto. Por eso estaba aquí, en la casa parroquial. Era el precio que yo debía pagar, aún si su presencia no siempre me agradara. Alguna que otra vez, pensé en cambiar las reglas del juego, pero entonces la veía erigirse ante mí como si fuera un ave de mal agüero. Así que terminé por aceptar que mi vida estaba ligada a su silencio. Y cuando las reglas son claras, el juego puede continuar. Pero siempre hay un final. Lo que pasa es que nunca sabemos cuándo será.______________________ Segunda voz: Yo tenía un hijo. Un hijo hermoso. Así que sabía muy bien qué podía pasarme sino tomaba las “precauciones” necesarias. No lo hice, ni él tampoco. La mañana en que me senté a desayunar y terminé en el baño, vomitando lo que acababa de comer, constaté lo que ya intuía. No dije nada, esperé algunos días hasta estar completamente segura y luego me hice la prueba. Dio positivo. Cuando llegué a la casa cural, se lo dije. Tranquilamente, como si se tratara de mandarme al dentista para la extracción de una muela, me dijo que abortara. Me negué. Sus ojos negros se clavaron en los míos por un largo rato. Sentí un mal presagio. Sin embargo, no insistió. Días después me dijo que estaba buscando una solución para mi caso. Como si ese caso no fuese de los dos.______________ Primera voz: Le dije que en la ciudad tenía una casa que había heredado de mis padres y que se podría trasladar allí por un tiempo, mientras encontrábamos una solución. Le indiqué que debía partir sola, que más tarde podría llevarse consigo a su hijo y que no le dijera a nadie donde iba a estar. Quedamos de encontrarnos en la noche, en las afueras del pueblo, donde yo pudiese recogerla sin que nadie nos viera partir juntos. Cuando llegué al lugar de la cita, ella ya estaba esperándome con una pequeña maleta y con un morral, lleno a reventar, por lo que no cerraba bien. Le dije que se durmiera, que el trayecto era largo. Más adelante, y cuando constaté que ella dormía profundamente, tomé un atajo, no me convenía encontrarme con nadie. Me interné en un paraje boscoso, descendí del carro, la desperté, se bajó confiada, no sabía dónde estábamos. Miró alrededor y entonces comprendió, me miró aterrada, el morral que llevaba consigo cayó al suelo, algunas de sus cosas se desparramaron a su alrededor. No tuvo tiempo de gritar, mis dedos en su cuello se lo impidieron. Procedí a hacer una maniobra que creía olvidada, pero al tocar el cuchillo mis manos recordaron los pasos que debían seguir. Terminada la operación, cavé una fosa donde fueron a parar sus restos, el morral, la maleta, las cosas que recogí del suelo y la ropa que yo llevaba puesta. Luego me lavé con un porrón de agua que tenía en la bodega del carro y me puse una muda limpia que había guardado para la ocasión. Eché la tierra encima y partí sin mirar atrás.____________________ Ifigenia: La mañana en que ella no apareció a las ocho en punto, como lo hacía siempre, supe que había pasado lo inevitable. Había tratado de decírselo de mil maneras, pero ella me miraba como si yo fuese su enemiga. Soy mujer de pocas palabras, al fin y al cabo soy de origen campesino y en mi familia sólo se hablaba lo estrictamente necesario; por lo que nunca supe decir las palabras adecuadas en el momento adecuado. Sabía que se había metido en la cueva del lobo, como me metí yo cuando enviudé, como se metieron las otras dos viudas antes que yo, aunque no sé si pudo haber otras antes de su llegada a este pueblo. Sólo que las otras corrieron con la peor de las suertes. Yo escapé a sus manos de carnicero, porque entendió que yo no diría nada. Por eso me convertí en su sombra. Por eso nunca abandoné esta casa maldita. Fue por eso que se dedicó a las casadas, a las que no le daban ningún problema. Pero yo seguí de vigía. Hasta que llegó ella. El día que entró por primera vez a la casa parroquial, dejó tras de sí un olor a gladiolos y a cartuchos que me dejó sin aliento. Me quedé parada en el umbral de la puerta, sin cerrarla, como diciéndole -¡no siga! ¡Devuélvase! Pero ella ni siquiera volteó a mirarme. ____________________ Ni siquiera preguntó por ella. Yo tampoco dije nada. A la hora del almuerzo entró al comedor sin mirarme, como era su costumbre; luego se sentó en la mesa como si nada hubiera pasado. Yo le puse el plato de fríjoles haciendo un ruido casi imperceptible, por lo que se dio cuenta que yo sabía. Me miró por un buen instante y luego sin decir nada se puso a almorzar.___________________________ Segunda voz: Todo está negro a mi alrededor. La selva terminó por engullirme. Trato de tocarme, pero no me encuentro, parece como si todos mis miembros estuviesen diseminados y mi tronco separado de la cabeza. Pero no veo nada, debe de ser una pesadilla. La misma pesadilla que se repite cada noche, desde que quedé en embarazo. Quiero gritar, pero no puedo. Ningún sonido sale de mi boca. Es entonces cuando siento algo pegajoso alrededor de los labios. Sé que es sangre. Mi sangre. Ahora entiendo lo que me pasó. Esta vez no se trata de una pesadilla. Ya no veré más a mi niño. Pero, ¿Cómo pudo hacerlo? E ¿Ifigenia? ¿Ella lo sabía? ¿Por eso se paraba en el umbral de la puerta y me miraba hasta que me ponía nerviosa? Recuerdo que la única vez que hablamos me dijo que ella era viuda, que no tenía a nadie en el pueblo y que no había tenido hijos. También recuerdo que me habló de dos viudas, solas como ella, que un buen día habían desaparecido del pueblo sin que nadie volviese a saber nada sobre su paradero. Me dijo que eso había pasado hacía mucho tiempo, agregó que no era buena la viudez, sobre todo en un pueblo donde el calor del mediodía, hace que todo el mundo se refugie en sus casas para hacer la siesta. El letargo es malo, muy malo. Lo repitió con un deje que me heló la sangre, me miró a los ojos y como yo no respondí ni pregunté nada, dio media vuelta y se fue. Yo sentí alivio. El ave de mal agüero ya no emitía sonidos desagradables. Ahora entiendo que no era un ave de mal agüero y que no eran sonidos los que emitía, sino mensajes que querían salvarme de esta selva que me engulló. _____________________________ Primera voz: Ifigenia lo sabe. Me di cuenta por la forma como me puso el plato de fríjoles delante. Ese ruido inhabitual, aunque muy leve, es su forma de decirme que lo sabe todo. Es su forma de gritar. Una vez más estoy en sus manos. Pero sé que no hablará, ya lo habría hecho hace mucho tiempo. Tendré que volverme más precavido. No he debido bajar la guardia. Debo cuidarme de las viudas negras._________________________ Segunda voz: Sé que me están buscando. Lo sé porque oigo el ladrido de los perros. Pronto la policía estará aquí con mi padre y mis hermanos. En cuanto a él, ya sabe que yo los he guiado hasta aquí. Está esperando que vayan por él. Al menos tuvo el coraje de no escapar y yo podré descansar en paz.__________________________ Epílogo: -Ya casi amanece, -pensó el teniente-. Llevamos varias horas buscándola. Hemos rastreado toda la zona, sin encontrar nada. Voy a decirles que lo dejemos para mañana. -¡Hey! ¡Mi teniente! -gritó uno de sus subalternos- ¡Mire! los perros han encontrado algo, parece un zapato. ¡Rápido, una linterna! ¡Es un zapato rojo_____________________________________________________________________________________________________________ *Este cuento fue publicado en el 2008 y forma parte del libro de cuentos Voces del Silencio (Ble Ediciones, Manizales). Fue escrito en el 2006, antes que el cura José Francey Díaz Toro, condenado la semana pasada a 45 años y 10 meses de cárcel, por el asesinato de su compañera sentimental y de su hija de cinco años, cometiese el crimen encuestión. Nota: Este cuento también fue publicado por el Magazín, de www.elespectador.com, el 26 de junio de 2013, pueden verlo en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/06/25/entre-el-cielo-y-el-infierno/

domingo, 23 de junio de 2013

LAS ONDINAS, PERSONAJES DE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

En las leyendas europeas las ninfas, o divinidades femeninas, dependiendo del lugar donde vivan, tienen varios nombres: Ninfas de los Bosques: Dríadas, Ninfas de los Montes: Oréades, Ninfas de las Fuentes: Náyades, Ninfas de los Lagos: Ondinas, Ninfas del Aire: Sílfides. Ninfas del fuego: Salamandras. Pueden destruir, pero también pueden crear, una vez terminado su período terrestre. Pueden transformarse en: Farrallis, Aspiretes y Ra-Arus. Las ninfas son los espíritus de la naturaleza y cada una de ellas tiene una apariencia diferente. Su origen se remonta a la mitología griega, con las Nereidas, Hijas de Nereo. Hesíodo se refiere a ellas de una forma altamente poética: “Ninfas de Nereo, las de hermosos rostros, castas, llenas de salud, que gustáis de las aguas profundas y seguís los caminos húmedos, y siendo ochenta vírgenes, os regocijáis en la superficie de las aguas”.( [1] Himnos Órficos. Hesíodo. Prometeo, Sociedad Editorial, Valencia. Pág. 163) Tal vez la ninfa más famosa de la historia de la literatura sea Galatea (la blanca como la noche), hija de Nereo, dios marino que representaba la sabiduría insondable del océano. Ella le inspiró una gran pasión y un amor desenfrenado al cíclope Polifemo, hijo de Poseidón. Quevedo haría de este mito uno de los más bellos poemas de la lengua castellana, imprimiéndole, además, la magia del lenguaje barroco. Las Nereidas encarnan la suave pero a la vez temible fuerza de las olas. Los griegos adoraban muy especialmente a las divinidades marinas, dada su cercanía al mar, al que amaban y temían por sobre todas las cosas. No obstante, la mitología griega nos habla de muchas otras ninfas, y todas las leyendas que se refieren a ellas poseen un encanto particular. Una de ellas es Cipariso, una ninfa que habita en la isla de Cos. En sus campos corre un ciervo consagrado a ellas, pero Cipariso es la que más devoción siente por él. Un día en que el ciervo descansaba sobre la hierba, Cipariso, que iba de cacería, le disparó con la jabalina ocasionándole la muerte, sin saber que era su bien amado. Cuando se le acerca y lo reconoce, una profunda pena la invade. Apolo intenta consolarla, pero sin resultado. Su llanto termino por destruir su bello rostro, llenándolo de zanjas profundas, sus cabellos se tornaron del color de la nieve y se elevaron al cielo en forma de pirámide, su cuerpo se convirtió en un grueso árbol, que hoy conocemos como ciprés. Desde entonces, está presente en los duelos de las comunidades campesinas europeas y acompaña a las personas afligidas por alguna pena, especialmente por el dolor ocasionado por la muerte de un ser querido. Las ondinas, espíritus del agua, viven en inmensas ciudades construidas en las profundidades de los lagos o de los ríos y una de sus tantas funciones es guiar el curso del agua por su cauce natural. Una de sus principales recreaciones la encontramos en el poema épico alemán “El Anillo de los Nibelungos”. Las ondinas, hijas del Rin, son las guardianas del oro, tesoro que yace en sus profundidades y que le otorga una apariencia dorada, haciendo relucir al río cada vez que el sol lo ilumina. Por supuesto la existencia del oro hace que muchos deseen robarlo. Además porque su posesión otorgará poder y riquezas sin límites; pero el que ose sustraerlo tendrá que haber renunciado de antemano a los placeres del amor, de otra forma las ondinas lo seducirían antes que pudiese descender a las profundidades de su padre el Rin. Es lo que le sucede a Alberico, el nibelungo, que gélido por todos los desaires de las ondinas, decide apropiarse del oro y construirse un yelmo que lo hará invisible, y que le ayudará a dominar el mundo. En la leyenda del Rey Arturo y de los Caballeros de la Mesa Redonda, encontramos otra variante de estas fantásticas mujeres: La Dama del Lago. Ella preside una corte de herreros que ha forjado a Excalibur, la mítica espada que le permitirá a Arturo escapar ileso y vencer en múltiples batallas: Ante Arturo y Merlín apareció “la resplandeciente figura de la Dama del Lago, envuelta en un manto de brocado de espléndido color verde con hilos de oro; largos rubios y rizados le enmarcaban el rostro. Caminó sobre las aguas hacía donde Merlín y Arturo la contemplaban arrobados; cuando estuvo cerca ambos vieron que llevaba un cinturón y una vaina para Excalibur, decoradas con los colores verde y oro de su mágico reino. Recuérdalo, Arturo – dijo la Dama con voz suave y sonora – mientras lleves este cinturón y esta vaina jamás perderás ni una gota de sangre en combate”. (El Rey Arturo y sus Caballeros. Jules Heller y Deirdre Headon. Grupo Editorial CEAC, Barcelona,pág. 48). El “arrobamiento” que logra la Dama del Lago sobre Merlín será el comienzo del fin del mago. El amor que Merlín siente por ella le nubla los ojos y la razón. Cuando termina de enseñarle todos sus poderes, ella lo sepulta en el fondo del lago, hasta donde aún hoy duerme un sueño infinito: “El astuto de Merlín se había enamorado de Nimue, la Dama del Lago. Ansiaba sobre todas las cosas estar a su lado, pero sabía muy bien que tendría que pagar un precio muy alto por su pasión… La Dama del Lago ambicionaba que Merlín le enseñara todos los secretos de sus mágicas artes, y él así lo hizo, con la esperanza de que de este modo ella lo amaría. Pero Nimue se resistía a sus deseos con taimadas excusas y no tardó en hacer del enamorado mago su más rendido esclavo. Acabó por arrebatarle todo su misterioso saber y se dispuso entonces a echar sobre él un último y definitivo hechizo”. (El Rey Arturo. Op.cit.) Víctima de un encantamiento, Merlín desciende por unas escalinatas hasta el fondo del lago, cuyas aguas han sido separadas para tal efecto por su dama. Una vez terminado el descenso, Merlín penetra en una caverna, y sintiendo un repentino y profundo sueño se tiende sobre el suelo, al mismo tiempo que la entrada a la gruta se cierra con una gran loza de piedra y las aguas se unen nuevamente, cubriendo hasta el fin de los tiempos la prisión del más maravilloso de los magos de todos los tiempos, al menos para los occidentales. La Dama del Lago, o Suma Sacerdotisa de Avalon, es la encargada de mantener el balance de todas las cosas y de todos los seres de la tierra; sin ella la destrucción y el caos prevalecerían, y los hombres vivirían sumidos en las tinieblas y en el horror. La presencia de figuras femeninas, tan enraizadas en la tradición oral, nos habla de un pasado matriarcal, donde la mujer tuvo que haber jugado un rol preponderante en las comunidades precristianas. En la película “Las Nieblas de Avalon”, de David Minkowskj y Justin Muller, realizada en la década de los años 80 del siglo pasado, se plantea incluso un fuerte sincretismo religioso, cuando al final Morgana identifica el culto a María como una supervivencia de la Diosa del Lago. Es importante resaltar que los lagos, lagunas y riachuelos, jugaban un rol preponderante en la mitología celta. El agua era sagrada y allí habitaban sus divinidades, algunas se fusionarían con la religión cristiana, negándose a desaparecer y perpetuando su culto. Es el caso de Santa Brígida, antigua deidad celta, hija de un druida. Santa Brígida pasó a formar parte de las santas cristianas, como la protectora de las mujeres encintas, de los partos y de las comadronas; generándose de este modo otro sincretismo religioso. En los dos relatos analizados (Los Nibelungos y la Leyenda del Rey Arturo) los metales extraídos de las profundidades de las aguas tienen poderes mágicos que hacen invisible a su dueño o que lo protege en las batallas. Este tema también se encuentra en El Señor de los Anillos de Tolkien. En “El Libro de las Virtudes”, selección de cuentos infantiles hecha por William Bennett, hay otra variante de la leyenda de la Dama del Río. En el cuento “El Honrado Leñador”, su protagonista, un humilde labriego, pierde en el río su único instrumento de trabajo y por lo tanto su única riqueza, un hacha. El buen hombre comienza a quejarse amargamente, pues ya no sabe cómo podrá alimentar a sus hijos. Sus lamentos hacen que surja en la superficie de las aguas un hada, que le pregunta que le sucede, cuando él le relata lo sucedido, ella desciende a las profundidades del río y regresa con un hacha de plata; como el leñador le dice que no es la suya, se sumerge nuevamente en busca de otra hacha, esta vez de oro; el leñador vuelve a negar que sea la suya. El Hada del Río baja una tercera vez y regresa con el hacha extraviada. El leñador la reconoce y la Dama lo premia por su honestidad con las hachas de oro y de plata. La Dama del Río también está presente en “El Mercader y el Ángel Negro”, cuento popular flamenco, un rico mercader que ha tenido un sueño premonitorio sobre su próxima muerte, desea a toda costa evitarla; por lo que se dirige al lago e invoca a la bella Dama, la misma que se le había aparecido la noche anterior en sueños, y a quien desea invocar para pedirle un gran deseo, la vida eterna. “Miró un instante la superficie tranquila del agua y luego arrojó una moneda de oro, de acuerdo con la indicación de la figura del sueño. Esperó, con los ojos fijos en el agua, y a los pocos instantes vio surgir de las ondas una bellísima figura de mujer. - ¿Qué deseas? – preguntó la aparecida. Y el aterrado mercader alcanzó a balbucear con voz temblorosa: – Quiero vivir muchos años; no quiero morir todavía… -Bien… comprendo lo que quieres decir, te lo concederé. El mercader sabe muy bien que dicho deseo debe tener un precio: - ¿Qué debo darte en pago de este privilegio? En medio del profundo silencio de la noche se oyó un suave rumor de ondas. Eran las aguas del lago, que temblaban antes que la reina de las sombras formulara su exigencia”. El relato continua con la descripción de la exigencia de la Dama del Río, la vida del mercader a cambio de otra vida, cuando el mercader está por abandonar la rivera del río aparece un hombre joven en estado de embriaguez; este hombre se caerá, y dado su estado de ebriedad terminará ahogándose en sus profundas aguas. De ahí en adelante el mercader tendrá una larga vida, pero los remordimientos finalmente no lo dejarán vivir en paz, y finalmente buscará darle fin al pacto realizado con la Dama del Río. Este tema de la eterna juventud lo retomaré en otro artículo, cuando les hable de un personaje de la literatura infantil y juvenil japonesa. Tolkien, también hace alusión a las Damas del Río, una de ellas, Dama Baya de Oro, debe ser dueña de una belleza inconmensurable, puesto que su paso “deja una estela luminosa y risueña (donde) crecen siempre las flores”. (Bestiario de Tolkien. David Day. Editorial Timun Mas S.A. Barcelona.1.989) Esta imagen que se nos aparece en la mente de una hermosa mujer, dejando tras de sí una estela de flores, nos trae la imagen de Ofelia. Ese maravilloso personaje creado por William Shakespeare, del que Millais, el pintor prerrafaelista más dotado y destacado técnicamente, haría una representación bidimensional de una gran belleza y sensibilidad, imprimiéndole un toque poético indiscutible a la figura de Ofelia flotando en las aguas del río. Por su parte Tolkien nos describe así la hermosura de Baya de Oro: “¡Oh delgada como vara de sauce! ¡Oh más clara que el agua clara! ¡Oh junco a orillas del estanque! ¡Hermosa hija del Río! ¡Oh tiempo de primavera y de verano, y otra vez primavera! ¡Oh viento en la cascada y risa en las hojas!” (El señor de los Anillos. Op. Cit. pág. 140) En esta obra Tolkien también nos deleita con otro personaje que tiene su origen en las ninfas, esta vez en las ninfas de los bosques: La Dama Galadriel, sacerdotisa de los elfos, poseedora de una exuberante belleza; y ademas protectora de Frodo, Sam, Merry y Peppin, y de toda la Compañía; no hay que olvidar que también tuvo un rol importante en la destrucción del anillo del poder. La Dama recibe varios nombres: Reina Galadriel, Dama de los Elfos, Dama Elfíca, Dama Blanca, Dama de Lórien, Dama del Bosque, Dama de los Galadhrim, Dama que no Muere, Dueña de la Magia, Dama del Bosque de Oro. La descripción que se hace de sus cabellos es descrita con una excelsa metáfora: (su hermosura) “supera al oro de la tierra como las estrellas superan a las gemas de las minas”. (El Señor de los Anillos – Op. Cit. pág. 404) En la leyenda australiana “La Serpiente del Arco Iris” aparece otra ninfa, La Señora de las Aguas. Es ella quien tiene el poder de beneficiar con las lluvias a los poblados que le eleven sus plegarias, o castigarlos si no lo hacen. Esta mítica señora puede verse cada cierto tiempo, cuando después de la lluvia se transforma en una gran serpiente de colores, dando así origen al Arco Iris. Las ninfas orientales, a diferencia de sus hermanas occidentales, viven en el cielo, se caracterizan por ser muy hermosas y delicadas, pero sobre todo por ser excelentes bailarinas, los movimientos que le imprimen a la danza, tienen la cadencia y el ritmo del vuelo de las mariposas y de las garzas. En “El Velo Encantado”, cuento popular japonés, un humilde pescador descubre un delicado velo, que luego su propietaria viene a reclamar, pues sin él le sería imposible regresar al lado de las otras ninfas; pero antes de entregárselo le ruega que dance para él: “apareció una doncella que avanzaba hacia él sobre la punta de sus pies descalzos. Aquella joven con su amplio vestido de tela floreada, y los brazos levantados, parecía una gran mariposa que descendía de la copa del pino… la ninfa se le acercó y tomó delicadamente el velo. Lo desplegó como un ala de garza y empezó una danza. Sus pies se movían armoniosamente sobre el verde húmedo de la hierba, y sus brazos seguían el ritmo de una música ausente”. Las sílfides, espíritus del aire, son también representadas en la mitología occidental como mariposas, y están relacionadas con la primavera, controlan a su vez el curso de los vientos. En la literatura oriental también existen los espíritus masculinos: Los silfos, al igual que las Sílfides son los espíritus del aire. En el cuento chino “La Reina del Lago Tung-Ting”, su protagonista, un joven poeta, les compone los siguientes versos: “Los silfos del viento vagan/por el aire alucinado/y danzan extrañas rondas/sobre la hierba del prado”. En el cuento japonés “La Historia de Himelia” se hace mención a las ninfas de la luna, al igual que las ninfas del cielo, su misión es danzar para brindar regocijo a los seres amados, pero también para regocijarse ellas mismas. En la mitología amerindia abundan los personajes que pueden muy bien ser descritos como ninfas. En la mitología embera existe la leyenda de unas niñas llamadas wandras, son las protectoras de las cascadas, ríos, riachuelos; cuando los indígenas desean recoger el agua deben primero pedirles permiso siguiendo un ritual, de lo contrario podrían sufrir la consecuencia de su enojo. En la tradición oral venezolana se encuentran los cabruncos, espíritus guardianes de las lagunas de los páramos. Viven en sus profundidades y no pueden ser molestados. Cuando algún intruso grita en la orilla de una de sus lagunas o tira piedras al agua, puede ocasionar la ira de sus pacíficos moradores, por lo que una intensa niebla cubre la región y entonces el intruso desaparece en ella. La leyenda también cuenta que cada treinta años estos espíritus atrapan a dos o tres personas y no las devuelven jamás. Por otra parte, no hay que olvidar que los chibchas tenían una relación muy íntima con la laguna, de allí emergía Bachué, y en ella se bañaba el cacique en una complicada ceremonia, habiéndose adornado antes todo el cuerpo con polvo de oro. Y por supuesto está Yemayá, la diosa de origen yoruba traída a Cuba y a Brasil por los africanos. Esta diosa es la madre de las aguas, de ella salieron los ríos y todo lo que vive en la tierra. En Chile está otra figura fantástica, La Pincoya que vive en el mar y trata siempre de salvar a los náufragos, cuando no lo logra los lleva a un barco fantasma, donde finalmente encuentran la felicidad. A veces sale del mar y danza por largo tiempo en las playas, si la danza es mirando al mar, significa que los pescadores tendrán las redes llenas de peces y mariscos. Y si por el contrario danza mirando de espaldas al océano, los pescadores deberán buscar su sustento muy lejos de sus puertos.

miércoles, 19 de junio de 2013

PEDRO PABLO RUBENS EN EL LOUVRE-LENS

Antes de hablarles sobre la exposición La Europa de Rubens, voy a referirme al Museo que la acoge, El Louvre-Lens, ubicado en la región Norte-Pas de Calais, cerca a Lille, en la ciudad que lleva su nombre Lens (Francia), inaugurado el 12 de diciembre de 2012, y hasta el momento ya ha recibido más de medio millón de visitantes. El Museo es una apuesta por descentralizar la cultura y llevar las grandes obras artísticas a todas las provincias francesas; sin importar si son turísticas o no. Es el caso de Lens, que es considerada una ciudad “sinistrée”, ya que en los años 80 perdió, junto a muchas otras de la región, la fuente de trabajo que la hizo vivir por espacio de muchos siglos, el carbón. Por espacio de varios años estas ciudades se sumieron en un abandono estatal que las sumió en diversos problemas sociales relacionados con el alto desempleo que el cierre de dicha actividad generó. Pobreza extrema, alcoholismo, alta deserción escolar, violencia intrafamiliar, entre otros males. El Museo Louvre-Lens está ubicado cerca al estadio de la ciudad, pero lo que más me llamó la atención la primera vez que lo visité, fue que para llegar a él hay que atravesar un antiguo barrio minero. Sus casas dignas llevan las heridas de la debacle que representó el cierre de las minas. Considero que hacer un museo, máxime cuando se trata de una extensión del Louvre, en un barrio popular, es una apuesta por dignificar a un segmento de la población que por milenios ha sido ignorada por los grandes arquitectos y urbanistas que han querido esconderla en las periferias para que sus hijos no se enteren que la miseria existe, ni tengan que establecer relaciones con la muchachada de la mal llamada plebe. El Museo del Louvre-Lens es una enorme construcción de un solo piso y con un teatro en su sótano. Es una construcción moderna, considero que ya es un ícono en la arquitectura de este siglo. No obstante, no es la única sucursal de un museo importante, ya que anteriormente se había construido el Centro Pompidou-Metz. Además está en construcción la sede del Museo del Louvre Abu-Dhavi, en los Emiratos Árabes Unidos, cuya sede ha debido ser terminada este año, por lo que la inauguración se aplazó para el 2015 y el diseñador de la obra es el arquitecto francés Jean Nouvel, tiene una superficie de 24.000 m2 y un costo aproximado a los 108 millones de euros. Actualmente el Museo Louvre-Lens expone una cuidadosa selección de algunas de las obras del gran pintor barroco Pedro Pablo Rubens (1577-1640); entre ellas el cuadro de su segunda esposa Hélène Fourment y sus dos hijos, una de mis pinturas favoritas, no ahora, desde siempre, desde que tuve la fortuna de conocer a este pintor en las clases de historia del arte que recibí en mi época universitaria. Y aunque ya la había visto varias veces, el sábado pasado no podía moverme del sitio donde estaba colgada; era como si mis pies se hubiesen convertido en raíces que crecían y crecían tierra abajo, pero mi cuerpo, convertido en tronco, tampoco quería moverse; sólo mis ojos, alucinados por tanta belleza, se movían de un lado a otro. El cuadro de Rubens, al que hago referencia, es una obra inacabada; en eso se adelantó a muchas escuelas pictóricas que vendrían después de él. Pero además la pincelada suelta, propia de la Escuela de Barbizon, pero sobre todo de la Impresionista, marcó un hito en la obra de este pintor genial. Hay otro aspecto fundamental, y es el manejo de la luz. Es una luz que baña todo el cuadro, una luz que ilumina prácticamente toda la escena y que hace que sus personajes estén como suspendidos en el espacio y en el tiempo. Incluso un visitante que estaba a mi lado, viendo que su emoción era plenamente compartida por mí, me dijo: - Uno diría que es un cuadro de Renoir. Y no le faltaba razón, ya que con esta obra Rubens se adelantó doscientos años al movimiento que habría de cortar la historia del arte en dos, y al que acabo de referirme, el Impresionismo. Hélène Fourment es en realidad su verdadera musa y yo diría que la mujer de su vida. Se casó con ella a la edad de 53 años, Hélène sólo tenía 16, después de una viudez de 19 largos años, en los que se dedicó básicamente a viajar, y por supuesto a pintar. Fue un pintor prolífico, puesto que el legado pictórico que dejó suma alrededor de 3000 obras, muchas de ellas de gran formato. Además de gran viajero, Rubens se destacó por ser un hombre de una enorme cultura, y también por ser políglota; ya que hablaba alemán, español, francés, latín, y por supuesto la lengua de sus padres, el flamenco oneerlandés, o sea el idioma de las provincias flamencas de la actual Bélgica, y por supuesto de Holanda. Ya que no hay que olvidar que si bien Rubens nació en Siegen, cerca a la ciudad de Colonia (Alemania), su familia era originaria de Amberes, y allí habría de vivir luego con su padre. Fue también un hombre que se interesó por estrechar lazos con los hombres cultos de su época, así que estableció con ellos una profunda y extensa correspondencia, en la que se ve claramente todos los temas que le interesaban. En otras palabras, Rubens era un hombre universal, no sólo un artesano que había aprendido una técnica pictórica, sino un hombre de gran relevancia intelectual. Por otra parte, fue un pintor que nunca dudó de copiar a los maestros de la pintura italiana, como Tiziano, Veronese, Caravaggio,Tintoretto. Admiraba a Miguel Ángel y a Leonardo. Pero también copió a Durero y a Holbein, entre otros. De hecho, la exposición a la que hago referencia es un diálogo con varios de estos pintores. Así que a medida que recorremos las salas vemos las obras de sus grandes influencias y las obras que hizo de cada una de ellas. Este dato es muy importante, ya que en la actualidad muchos artistas consideran que no hay necesidad de ir a las fuentes y que la historia del arte sólo es un estorbo del que hay que sacudirse, y entre más rápido mejor. No obstante, quiero agregar que no todas las obras de Rubens me seducen; si bien admiro muchas de ellas, sobre todo las que corresponden a su última etapa, también es cierto que las alegorías mitológicas me aburren y no logran atraparme. Me refiero a obras como Venus y Adonis o El Rapto de Europa. No me pasa lo mismo con Las tres gracias, donde podemos observar a Hélène en la musa de la izquierda. Otra obra revolucionaria, desde el punto de vista pictórico, al menos para mí, es Paseo en el jardín de Amberes (1631), en el que aparece junto a su joven esposa. Pedro Pablo Rubens es un pintor que nunca dejará de sorprendernos, pero ante todo hace parte del legado cultural de Occidente, en este caso pictórico, y que como muchos otros legados, venidos de otras culturas y de otras latitudes, me reconcilia con el hecho de pertenecer a la especie humana.

lunes, 17 de junio de 2013

LOS CISNES EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

“El cisne en la sombra parece de nieve… / el cisne es de plata bañado de sol…/ Olímpico pájaro herido de amor, / y viola en las linfas sonoras a Leda, Buscando su pico los labios en flor.” (Rubén Darío) En la mitología griega Zeus es el padre de los dioses y de los hombres. Sus símbolos principales son el rayo y el águila y también puede adoptar la figura de un ser humano, de animal, de un objeto inanimado o el de una fuerza de la naturaleza. Zeus era considerado un dios conquistador por excelencia, con frecuencia adoptaba diversas formas para seducir a las mujeres que amaba, como cuando se transformó en una delicada lluvia de oro para poseer a Dánae. También adoptó la forma de un cisne para poseer a Leda y como no logró ser correspondido, la atrapó con su largo y sinuoso cuello, para fundirse con ella en un largo abrazo. De esta unión Leda pondrá un huevo, del que posteriormente nacerá Helena de Troya y Pólux. También hay otra variante del mito en cuestión y es la de Zeus violando a Némosine, quien previamente se había convertido en oca para tratar de escapar del dios promiscuo. De dicha unión Némosine pondrá un huevo en un pantano y luego lo abandona; más tarde Leda lo encuentra y lo recoge. De todos los mitos griegos éste es posiblemente el que ha sido más representado en la historia del arte. Incluso la astronomía se apropió de él para darle el nombre de cisne o cygnus a la Constelación Cruz del Norte; la cual representa a un cisne. La constelación está situada en la Vía Láctea y es una de las más hermosas del firmamento. Antes de los griegos se le conocía con el nombre de “pájaro”, pero dada su semejanza con el cisne, con su largo cuello y sus alas extendidas, lo que recordaba el mito de Zeus y Leda, el nombre de cisne se impuso y perdura hasta nuestros días. La figura del cisne también aparece en otras mitologías europeas. En la mitología lapona se encuentra a la Diosa-Cisne, a veces toma la forma de una grulla, y la conocen con el nombre de Gourga, esta diosa juega un rol muy importante dentro de dicha cultura, puesto que es la encargada de guiar las almas al Paraíso, o Lambé-Aimo donde reina la diosa Lambé-Akka. En lo que concierne a la mitología celta, encontramos que son las barqueras Bamsidhes, transformadas en cisnes, las encargadas de guiar las almas al paraíso ubicado en la isla de Avalón, donde reinaban la Diosa Bodbh o Babd, junto a las sacerdotisas Morgana, Morrigan o Ginebra. En otra variante de la leyenda encontramos a las nueve Hermanas de la Diosa Morgana como barqueras, que en forma de águilas, conducían las almas al mítico y ansiado Avalón. La figura estilizada del cisne, su color blanco y su característica migratoria, nos han deleitado desde que tenemos memoria. La literatura infantil no podía escapar a su magia, y los cuentos de hadas sucumbieron a este magnífico animal con uno de los relatos más hermosos que se puedan leer: “Los Cisnes Salvajes”, de Hans Christian Andersen. Los cisnes, son en realidad once príncipes que han sido hechizados por su madrastra, una bruja malvada que no los desea en palacio. En el día surcan los cielos y en la noche se refugian en una choza, en lo más oscuro del bosque, puesto que una vez que se oculta el sol, recobran su naturaleza humana. Su única hermana, Elisa, será la encargada de romper el encantamiento mediante la ayuda de una anciana que posee los poderes mágicos necesarios para deshacer el hechizo de la reina bruja. Pero antes, Elisa debe enfrentar innumerables penas, entre ellas tejer para cada uno de ellos una camisa hecha de ortiga, lo que le destroza las manos. Por otra parte, mientras dura su labor de tejedora no puede hablar ni reírse. El hechizo se rompe cuando Elisa, que está pronta a ser quemada en la hoguera por haber sido acusada de hechicera, ve a sus hermanos volando por encima de ella y en un último intento por salvarlos les lanza a cada uno su prenda. Los cisnes recobran inmediatamente su condición humana, con excepción del más pequeño que no la alcanza a recobrar del todo, ya que su hermana no había podido terminar una de las mangas de la camisa en cuestión, por lo que uno de sus brazos queda para siempre convertido en un ala, como prueba de su naturaleza indómita y libre. Elisa es perdonada y bajada de la hoguera. Una vez destruido el hechizo, la princesa puede romper el silencio en el que se había sumido durante todo el tiempo que pasó como tejedora. Podrá vivir feliz en palacio al lado del príncipe que la había desposado sin saber quién era y junto a sus once hermanos. Existe otra versión dada por los Hermanos Grimm y conocida con el nombre de “Los Doce Hermanos”. Al igual que en la versión de Andersen, doce príncipes son víctimas de un cruel encantamiento. De día surcan los aires convertidos en cuervos y por la noche recuperan su naturaleza humana. Un día su hermana menor se entera de su existencia y sale en su búsqueda. Al igual que Elisa, debe tejer doce camisas guardando absoluto silencio, el final del cuento es similar al de Los Cisnes Salvajes. Otro ejemplo que cabe en este breve artículo sobre los cisnes en la literatura infantil y juvenil es el cuento que todos hemos conocido en nuestra infancia, El Patito Feo, también de Hans Christian Andersen. Aquí asistimos a la transformación de un patito a quienes todos los animales de la granja rechazan por ser diferente a sus hermanos. El Patito debe huir y pasar por innumerables aventuras, pues nadie lo acepta. Finalmente, en un duro invierno, y en completa soledad, se transforma en un espléndido cisne, y con su transformación logra ser aceptado y amado por los niños y por supuesto por los otros cisnes que llegan con el verano. Por su parte Tolkien, en su hermoso libre El señor de los anillos, hace referencia a los cisnes como magníficas aves, “blancas como la espuma”. Es una bandada de cisnes la encargada de conducir la flota de los elfos hasta Eldamar, la ciudad ubicada “bajo las estrellas de la Víspera Eterna”. Una vez llegados a buen puerto, los cisnes les transmitirían el conocimiento de la navegación y el dominio de los barcos. En honor a ellos los elfos construirían la ciudad de Alqualondë, “Puerto de los Cisnes”, sus naves tienen además la forma de las aves que los habían guiado hasta su nueva tierra. Por ello se les conoce como elfos del mar. En “El Señor de los Anillos” el mascarón de proa de las naves de los elfos de Lórien, también tiene la forma de un cisne. Para terminar los dejo con la hermosa descripción que hace Tolkien de estos maravillosos personajes de la literatura mal llamada infantil: “… navegando orgullosamente hacia ellos, vieron un cisne de gran tamaño. El agua se abría en ondas a cada lado del pecho blanco, bajo el cuello curvo. El pico del ave chispeaba como oro bruñido, y los ojos relucían como azabache engarzado en piedras amarillas; las inmensas alas blancas se alzaban a medias. Una música los acompañaba mientras descendía por el río; y de pronto se dieron cuenta de que aquel cisne era una nave construida y esculpida con todo el arte elfico”. (El Señor de los anillos. J.R.R. Tolkien. Ediciones Minotauro, S.A. 7ª reimpresión. Pág. 400).

miércoles, 12 de junio de 2013

GLORIA YOUNG

Nada que ocultar, el último poemario de la gran poeta y feminista Gloria Young, publicado por Ediciones doce Calles S.L. (España-2013), es una hermosa publicación que impacta por ser una pequeña obra de arte. Más allá de su alta calidad poética, a la cual me referiré más tarde, resalta el trabajo estético de las artistas Silvia Costa, Soledad Velasco Hernández y Perla Bajder. Estas tres pintoras aceptaron con entusiasmo la propuesta que les hizo Gloria Young para participar con su trabajo en la edición a la que hago referencia. Cada una hizo su propia lectura y el resultado es un objeto artístico-literario que será difícil de clasificar en los anaqueles de una biblioteca ¿En la parte de literatura, más específicamente en la parte consagrada a la poesía? ¿O en la estantería de los libros de arte? Yo lo pondría en la mesa de la sala, donde normalmente pongo dos o tres libros de arte. Ahora mismo tengo uno sobre Los Etruscos, y Nada que ocultar podría acompañarlo. Pero ésta no es la única sorpresa, ya que la obra de Gloria Young lleva un her moso y acertado prólogo de la poeta española Monserrat Doucet: ‘Sin anuncio previo/ soltó el viento/ una furia de hojarasca’ así abre Gloria Young este bellísimo poemario en el que sin previo aviso y sin ‘nada que ocultar’, poema a poema, con pasión, con furia, nos va inundando de sensaciones, de emociones de imágenes inolvidables de manera fluida y como debe ser, sin que advirtamos su sabio manejo de las técnicas poéticas’. Nada que ocultar es un libro de gran calidad estética, fruto de la madurez, tanto intelectual como creadora, de Gloria Young. Pero también es el resultado de su combatividad como luchadora de los derechos de las mujeres. No en vano los primeros versos se refieren a ‘árboles arrancados... / doblados / desde las raíces’. Sin embargo, al día siguiente ‘se aviva la esperanza / y el huerto pide (sus) manos nuevamente’. Y es que una feminista como Gloria Young sabe que la destrucción total no existe, que siempre hay un renacer y que las mujeres sabemos encontrar la salida, así nos hayamos perdido en el ojo del huracán o en un túnel oscuro. Así como damos a luz a otros seres humanos, perpetuando esta maravillosa posibilidad de dadoras de vida, de esa mis ma forma nos damos a luz eternamente a nosotras mismas. La guerra puede ser larga, pero llena de batallas; algunas las ganamos, otras las perdemos. No obstante, cada batalla nos deja enseñanzas, experiencias que tarde o temprano nos conducirán a un claro en el bosque; y como eternas Gretels encontraremos el camino, no de retorno a un pasado doloroso, pero sí la senda que conduce a una nueva vida. Por otra parte, al final del libro encontramos el capítulo Llama de los abrojos. Un poema-cuento-testimonio-diatriba-unalaridocolérico-ungritodoloroso. Todo eso, y más, es Llama de los abrojos. Gloria Young se convierte en la poeta que habla por millones de mu jeres que ven a cada instante cómo sus vidas son aplastadas, borradas, como ‘cristales cortados que lastimaban mis (nuestros) ojos’. Llama de los abrojos está escrita en prosa, sin signos de puntuación, es una larga queja salida de la noche de los tiempos; al menos de la noche que dio origen a la sociedad patriarcal. Es, además, un lamento proverbial como el de Fernanda del Carpio, la esposa de Aureliano Segundo; me refiero, por supuesto a Cien años de Soledad. Por último, quiero agradecer la oportunidad que me ha dado Gloria Young de conocer y de hacer la presentación de este hermoso libro, símbolo de la opresión que hemos vivido solo por el hecho de ser mujeres en un mundo masculino y de las batallas milenarias que hemos tenido que librar para no extinguirnos como seres humanos. ¡LARGA VIDA A TU LIBRO NADA QUE OCULTAR GLORIA YOUNG! Pueden ver la reseña en el portal de Estrella de Panamá en el siguiente sitio: http://www.laestrella.com.pa/online/impreso/2013/06/12/nada-que-ocultar-de-gloria-young.asp

LAS HADAS EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Ilustración encontrada en Internet.// Los cuentos de hadas son, según Bruno Bettelheim, una supervivencia de antiguas religiones paganas, que se negaron a desaparecer con la imposición del cristianismo a todo lo largo de la Alta y Baja Edad Media. Si acogiésemos esta teoría estaríamos hablando de un gran sincretismo religioso. La creencia en hadas está inmersa en lo más profundo de la memoria colectiva. Los pueblos europeos, y en especial las comunidades rurales, han conservado una gran riqueza de tradiciones relativas a estos seres que adoptan una gran variedad de formas y que pueden ser buenos o malos, perjudiciales o benéficos. Para protegerse de ellos, o para ganarse su favor, hay amuletos, gestos, rituales, etc., en los que la gente confía ciegamente. Y es que la relación entre hadas y humanos es muy compleja, puede haber una mutua dependencia y estar regidas por unos parámetros fuera de lo cotidiano, ya que el mundo de las hadas tiene sus propias leyes, muy distintas de las nuestras. Existen crónicas de principios del siglo XII en las que aparecen cuentos donde las hadas tienen un rol importante. En algunos lugares de las Islas Británicas, el folklore relativo a las hadas es de una riqueza impresionante y hasta cierto punto sigue aún vivo; al menos dentro de los corazones de sus habitantes. El mundo de las hadas está inmerso en un mundo pletórico, lleno de magia, de encanto; yo diría que representan, más que ningún otro, la literatura infantil de todos los tiempos. Con ella nos llenamos el alma de ensoñaciones, de fantasías y la vida se nos vuelva más placentera, son también una invitación a la reflexión y al conocimiento; o más bien, a la transmisión de la rica tradición oral de los pueblos, en este caso del pueblo europeo. En un cuento de Andersen, se fusionan los mitos griegos y judeocristianos con los cuentos populares de la Edad Media, me refiero a la narración titulada “El Jardín de las Delicias”. Allí podemos asistir al paraíso perdido, pero también a una variante del mito de Orfeo y Eurídice; al mismo tiempo que encontramos un personaje mágico que aparece en muchos cuentos occidentales: el viento. No hay que olvidar que los griegos le rendían un culto especial a Eolo, el dios de los vientos. Con la llegada del cristianismo Eolo ya no sería considerado un dios, sin embargo se negó a desaparecer de la tradición oral. Bajo la figura de un ser benefactor, se introdujo de lleno en los cuentos de hadas. El viento se encuentra en una bella narración de origen escandinavo, conocida con el nombre “Los regalos del Viento del Norte”, por otra parte este viento juega un rol muy importante en el duro invierno europeo. En diciembre, cuando comienzan a haber oleadas de frío intenso, la gente siempre alude a la llegada del viento del norte. En “El Jardín de las Delicias” uno de los principales personajes es el viento del este, y al igual que el viento del norte es un personaje benéfico que está a nuestro lado para ayudarnos a superar las pruebas necesarias para nuestra integración a la comunidad, y para que seamos aceptados por ella. Su protagonista, un joven príncipe, es llevado por su amigo el viento del este, a un lugar provisto de una belleza paradisíaca, pero para poder quedarse allí debe superar una dura prueba iniciática; en este caso preciso el encuentro con un hada de inconmensurable hermosura. El príncipe, como es lógico suponerlo, queda inmediatamente prendado de ella. Sin embargo, la prueba consiste en poder resistir al llamado insistente del hada, el cual se repite una y otra vez, sin que le príncipe pueda sucumbir, ni siquiera una vez, de lo contrario el tendrá un castigo ejemplar: “Todas las noches... te diré:”Acompáñame”... Guárdate de hacerlo; no te muevas; a cada paso que dieras, serías menos fuerte para resistir mi llamada... te llamaré y te invitaré a seguirme con mi mejor sonrisa. Por última vez, te digo: no me escuches. Todas las noches, durante cien años, haré lo mismo; cada vez que logres resistir a mi fascinación, tu fuerza aumentará y pronto no pensarás en violar la prohibición”. En el mito griego de Orfeo y Eurídice, el joven músico desciende al Hades para rescatar a su amada de las sombras, y regresar con ella a la tierra. Su deseo le será concedido, pero antes tendrá que pasar por una prueba, en el tiempo que dure su ascenso hacia la luz, Orfeo no podrá mirar nunca hacia atrás para corroborar que su esposa lo sigue, so pena de perderla para siempre: “Eurídice saldrá precedida de Orfeo; éste no podrá verla hasta que ambos hayan salido del reino de las sombras. Si se vuelve para mirarla, Eurídice ya no podrá seguirlo. Se la devuelvo con esa condición”. (Mitos y Leyendas – Editorial Codex, 1963, Tomo III, Pág. 35) En los dos casos la prueba es clara, debe tenerse confianza, voluntad, perseverancia y fortaleza, la falta de una de ellas sería la perdición para los dos jóvenes. En el caso de “El Jardín de las Delicias” el príncipe termina por sucumbir a los encantos del hada y en el mito griego Orfeo se da vuelta, aunque sólo sea por la fracción de un segundo, para comprobar si su amada lo sigue. En los dos relatos el castigo por haber violado las reglas sagradas de la prueba no se dejan esperar. En el primero aparece el ángel de la muerte para llevarse al príncipe trasgresor y en el segundo es Orfeo quien ya no recuperará nunca a Eurídice, ésta seguirá hasta el fin de los tiempos en el Reino del Hades, es decir en el reino de la muerte. No todos los cuentos de hadas se remontan a la tradición oral del Medioevo. En la actualidad podemos leer a autoras como Catherine Paterson, con su obra “Igual al rey”, en la que desarrolla, además, una visión de perspectiva de género; con esta obra obtuvo el Premio Hans Christian Andersen. También me refiero a la brasileña Marina Colasanti, con su extraordinario obra “Lejos como mi Querer y otros cuentos” y a la argentina María Teresa Andruetto (Premio Hans Cristina Anderson), con su libro “El Anillo Encantado”, entre muchos otros. Nota: Este artículo está publicado en mi libro sobre literatura infantil y juvenil "...de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos", Ble ediciones, Manizales 2008, y también se encuentra gratis por Internet. Pueden buscar en: Google: ellibrototal Colombia total Caldas total Luego se busca por autor o por título, en este protal hay cinco libros míos y todos son gratis, pueden bajarlos si así lo desean

martes, 4 de junio de 2013

EL AZUL ES UN COLOR CÁLIDO, DE JULIE MAROH

El pasado 29 de mayo se celebró en Montpellier (Francia) el primer matrimonio homosexual, y La vie d’Adèle se había llevado la Palma de Oro del Festival de Cine de Cannes tres días antes. Podría ser una coincidencia, lo que sí es cierto es que la incitación al odio de fanáticos religiosos, tanto de la Iglesia católica, como de la judía y la musulmana, no pudieron hacer nada para impedir que esta deuda de la sociedad para con un grupo minoritario fuera realidad. Los grupos de derecha, y de extrema derecha, en su absurda ceguera, tampoco pudieron impedirlo. La vie d’Adèle, película del tunecino Abdellatif Kechiche, interpretada por Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos, está basada en la historieta Le bleu est une couleur chaude (El azul es un color cálido) de la francesa Julie Maroh; con la cual obtuvo el Premio del Público del Festival de Angulema 2011. Pero además ha sido galardonada con los siguientes premios: -Premio Esperanza de la Quincena BD de Bruselas 2008 -Premio de jóvenes autores del Salón de la BD y Artes Gráficos de Roubaix 2010 -Premio Ciudadano del Festival de Blois 2011 -Premio al mejor álbum del Festival de BD de Argel 2011 Aún no he visto el filme, pero si leí el libro, del cual puedo decir que no me impactó, al menos en lo que se refiere a los diálogos propiamente dichos, los cuales me parecieron bastante banales, poco estructurados, alejados de toda poesía e incluso insulsos; y no es problema de la traducción, ya que lo leí en francés. Lo que sí es un verdadero logro son los dibujos que conforman el cómic y la acertada utilización del color azul en algunas de las viñetas. El azul es un color cálido cuenta la vida de Clémentine, una adolescente de 15 años, y su despertar sexual, y la vida de Emma, la universitaria de la cual se enamora. Más allá de la historia de amor de dos mujeres, el libro narra las vicisitudes que Clémentine debe vivir para aceptarse a sí misma y ser aceptada por los demás. A mi modo de ver hay varios aspectos que vale la pena resaltar: -Muestra los prejuicios de la sociedad en contra de los homosexuales, el odio que este sentimiento genera, y el rechazo del que son víctimas las personas que no son heterosexuales y que osan salir del clóset. -Muestra las fallas en la educación, ya que si bien vivimos en un mundo globalizado y con la tecnología de punta, sobre todo en el aspecto de comunicaciones, no hemos logrado comunicarnos con nuestro vecino o con nuestra compañera de clase. Pretendemos que la vida debe ser tal y cual nosotros la concebimos, sin darle espacio a la otredad, a la diferencia sexual, religiosa, ideológica o étnica. -Muestra las fallas del hogar. Padres que sólo aceptan a los hijos si éstos replican el modelo que se espera de ellos. Padres que olvidan que cuando se trae un hijo al mundo no es para hacerlos felices a ellos, como padres propiamente dicho, sino para que el hijo sea feliz. -Muestra el matoneo en la escuela, flagelo que azota a muchos adolescentes, independientemente de su orientación sexual. En otras palabras, yo diría que el libro de Julie Maroh es una denuncia de una sociedad que se cree muy civilizada, pero que en realidad ha fracasado en su intento de ser humana. Y si bien no considero que los diálogos sean elaborados, los encuentro más bien banales, y hasta sosos, otra cosa muy diferente son las viñetas. Los dibujos son de una gran pericia, logran atrapar al lector, y cuentan la historia de una forma mucho más elaborada que los textos que los acompañan. Por otra parte la historieta de Maroh rompe con tabúes y clichés que se les han impuesto a las mujeres. Esa imagen de niña de trenzas, obediente, casta hasta en los sueños, sumisa y callada, Maroh la vuelve añicos. Clémentine, el personaje principal, busca su felicidad, es una guerrera que cuando decide algo raramente lo abandona; así sea abandonar el hogar paterno cuando se da cuenta que no la aceptan por su condición de mujer homosexual. Pero también abandona a las amigas que no la entienden y que la insultan. Busca su propio mundo, y en esa búsqueda se da cuenta que existe otro universo de inclusión donde es aceptada y amada. En cuanto a la banalidad de la historia, entre otros aspectos, me parecieron bastante flojas las escenas de celos, pero también el deseo de posesión del otro, el deseo de adueñarnos de la persona amada, olvidando que cada ser humano es libre e independiente y que amar no significa dejar de ser libre. Me parece bastante patético reproducir el modelo de parejas heterosexuales y de todos los traumas que algunas de ellas llevan en sus hombros y en sus vidas. Me hubiese gustado que la historia narrase una forma diferente de vivir el amor, pero me doy cuenta que ni siquiera las personas que rompen con los esquemas que la sociedad patriarcal y la religión, en este caso preciso la católica, les ha impuesto, son capaces de asumirse como seres libres y capaces de comprender que el ser amado también tiene sus propias fragilidades, porque también es un ser humano, que tiene virtudes pero también defectos. Nota: En El Hilo de Ariadna publiqué un comentario sobre otra historieta, Persépolis, de la iraní Marjani Satrapi, por si les interesa leerlo. http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/10/09/marjane-satrapi/

domingo, 2 de junio de 2013

LA SUPUESTA FELICIDAD DE LOS COLOMBIANOS Y LOS CRÍMENES ATROCES

Colombia es un país misógino por excelencia, la violencia en contra de las mujeres no ha hecho sino recrudecerse. El crimen, de una sevicia inusitada, en contra de una indefensa mujer de noventa y dos años, cometido por el nieto que había acogido en su hogar, o las mujeres quemadas con ácido, sin hablar de las violaciones y del maltrato del que son víctimas todos los días y a todas horas, no hacen sino constatar que Colombia no es el paraíso que los medios de comunicación quieren vendernos todos los días al decirnos que es el país más feliz del mundo. Crímenes llevados a cabo por todos los actores de la sociedad, incluyendo a las FARC y el ELN, que reclutan niñas en contra de su voluntad y las convierten en juguete sexual de adolescentes engañados, y obligados a hacer la guerra. Pero también convertidas en juguetes sexuales de los mal llamados comandantes;obligándolas, además, a abortar cuando quedan embarazadas, aún en contra de su voluntad, hablan de un país violento desde sus mismas entrañas. Todo ésto sin olvidar a los grupos de exterminio conformados por los paramilitares y por las bacrim; a veces orqeustados por algunos oscuros militares, jueces u hombres políticos. Todo ésto, sin contar el papel que juega la Iglesia católica, y por supuesto las cristianas, en su discurso violento, machista y misógino que gritan a los cuatro vientos y desde todas las tribunas. Incluyendo al tenebroso e inquisitorial procurador, y a Hoyos, su escudera de cabecera; la que supuestamente debería estar de la parte de las mujeres. Las religiones judeocristianas de un lado, la judía y la musulmana del otro, tienen una enorme responsabilidad en los asesinatos y en la violación que día a día sufren mujeres y niños; puesto que han vendido la idea que la mujer es fuente de pecado, que es impura, y que minuto a minuto tienta al hombre, y si éste sucumbe en sus “redes”, es porque no pudo controlar sus bajos instintos, convirtiéndose en este modo en la verdadera víctima de las terribles artimañas con las que fue supuestamente seducido. Las tres religiones, mal llamadas monoteístas, pregonan que la mujer debe de ser recatada, obediente y sumisa; preferiblemente debería quedarse encerrada en su casa y callar ante el maltrato verbal o físico ejercido por el hombre de la casa. Supongo que ese es el sueño secreto de hombres como Gerlein, o del homofóbico concejal Durán, o del machista alcalde de Segovia. Lo que habría que analizar en todos estos discursos violentos, que se están convirtiendo en pan de cada día, es también la responsabilidad de personajes, que aupados en el poder que les confiere el temor que inspiran, llenan el aire de odio e intolerancia cuando los medios de comunicación les abren los micrófonos, o través de twitter, cuando no logran ser escuchados como lo desearían. Me refiero por supuesto a Uribe, por quien nunca voté; puesto que siempre estuve consciente del peligro que representaba su llegada al poder. Pero también habría que nombrar a centenas de curas y a muchas mujeres, que como la senadora Liliana Rendón, no logran comprender la problemática de género. Y cuando día a día constato la violencia de los colombianos me pregunto, una y otra vez, ¿cómo pueden creer, aunque sea por un solo instante, que Colombia es uno de los países más felices del planeta? Si esto fuera verdad las tasas de violencia, de toda clase de violencia, serían mucho menores, y las leyes que protegen a las mujeres, a los niños y a las personas de la tercera edad, serían muchas más, pero sobre todo serían verdaderamente eficaces, y el proyecto de ley que lleva el nombre de Rosa Elvira Cely no estaría a punto de caerse. Por último, quisiera agregar que no sólo no considero que Colombia sea un país de gente feliz, sino que considero que una gran parte de su población tiene problemas mentales; lo cual no justifica crímenes como el de la señora Emperatriz o el de Rosa Elvira, entre tantos otros. Pueden ver algunos artículos que he publicado en este sentido: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/03/13/algunos-de-los-origenes-de-la-violencia-en-contra-de-la-mujer/ http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/11/28/venus-emergiendo-de-las-aguas/ http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/01/17/tabues-y-prohibiciones-derivados-de-la-menstruacion/

domingo, 26 de mayo de 2013

NO EXISTEN VERSOS FEMENINOS

No existen versos femeninos El diario El Tiempo, en su edición del sábado 25 de mayo 2013, publicó un artículo firmado por Carlos Restrepo, en la sección cultura y entretenimiento, titulado “Reivindican la historia de los versos femeninos”, refiriéndose a la investigación seria, disciplinada y respetuosa que han hecho Guiomar Cuesta Escobar y Alfredo Ocampo Zamorano, dueños de la Ediciones Apidama. Dicha publicación es una soberbia antología que agrupa el trabajo poético de decenas de mujeres colombianas nacidas a finales del siglo XIX y la primera mitad del XX. En el 2014 se publicará el segundo tomo que agrupará a las poetas que han nacido después de 1950. Es importante resaltar la importancia de la poesía, en este caso específico escrita por mujeres. Con lo que no estoy de acuerdo es en la utilización de la expresión “versos femeninos”. Me parece que el título utilizado por el autor del artículo es una visión misógina, machista y sesgada, como si la poesía tuviese género. Existe buena o mala literatura, no lo digo solo yo, antes de mí lo decía Marguerite Yourcenar. En Colombia hay buenos y malos poetas, muchos de ellos también son hombres. Pero imagino que el señor Restrepo no diría nunca “versos masculinos” o “versos viriles”. El trabajo de gran altura poética que han desarrollado mujeres como Maruja Vieira (Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura 2012), Gloria Cepeda Vargas, Matilde Espinosa, Meira del Mar, Dora Castellanos, Marga López, Olga Helena Mattei, Clara Schoenborn, Juana María Echeverry, Guiomar Cuesta Escobar, María Tabares, Piedad Bonnett, entre muchas otras más, dan cuenta de una creación poética que no es producto del azar, ni dictada por las musas en una noche de luna llena o en un aguacero bíblico. Es producto de un trabajo literario de años, de mucha lectura, y de un enorme compromiso con la literatura. Las mujeres, a diferencia de muchos hombres, nos demoramos más para publicar, y cuando lo hacemos es porque la obra ha logrado una cierta madurez que no siempre está presente en la producción de nuestros homólogos masculinos. Debemos probarnos a nosotras mismas que lo que escribimos es buena literatura, en este caso preciso buena poesía. Hablar de “versos femeninos” es reducir nuestra producción poética a algo meramente anecdótico, es seguir perpetuando la imagen de la mujer encerrada en casa y que entre bordado y bordado, entre plato y plato, entre escoba y escoba, a veces, si le queda tiempo, saca un cuaderno del colegio y escribe “versos” para combatir la melancolía. No escribe poesía, eso no está a su altura. Comentarios como el de Carlos Restrepo es un insulto para con el trabajo de mujeres serias, de grandes intelectuales y de grandes poetas. Esto me lleva a recordar a un odontólogo que me dijo un día que yo “había estudiado una carrera muy pichurria”, la palabra es de él, no mía. Es de anotar que yo estudié literatura en la Universidad Javeriana y en la Universidad de la Sorbona, pero sobre todo he sido una lectora incansable toda mi vida. Para terminar, transcribo lo que Marguerite Yourcenar le dijo a Matthieu Galey en la excelente entrevista recopilada en el libro “Con los ojos abiertos” que Galey le hiciese en 1980: “Un hombre que lee, o que piensa, o que calcula, pertenece a la especie y no al sexo; en sus mejores momentos escapa incluso a lo humano”. La literatura, en este caso la poesía, no puede ser contemplada como una producción realizada por hombres o por mujeres. Simplemente hay buena o mala literatura, lo demás son clichés que menosprecian el oficio de escribir cuando quien lo ejerce es una mujer. Berta Lucía Estrada Estrada Autora del libro de ensayos ¡Cuidado! Escritoras a la vista… Ble Ediciones, Manizales, 2009