En este blog podrán leerse artículos, poemas o cuentos sobre mujeres y hombres que han jugado un rol decisivo en la construcción de nuestro imaginario colectivo; bien sea a través de la literatura, del arte y por ende de la cultura.
lunes, 12 de agosto de 2013
El tristísimo y sonadísimo ocaso de una seudodiva criolla o las tribulaciones de una niña bien destinada a convertirse en dama de la lata sociedad
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Hace rato llegué al quinto piso, cada vez me acerco más al sexto. Lo hago con desgana, más que desgana habría que decir que me produce terror. Nunca me ha gustado la vejez. Mi vida ha estado dedicada al culto de la belleza y de la juventud. Hubiera querido ser una aprendiz de Nicolás Flamel, el alquimista, para que me enseñara la transmutación del mercurio en oro y la manipulación de la piedra filosofal. O hubiese seguido, sin dudarlo ni un minuto, a Juan Ponce de León, el conquistador español que recorrió la Florida en el siglo XVI, en busca de la fuente de la eterna juventud. Y si me hubiese encontrado a Uraquimataro, le habría impedido que abriese el cofre que le había dado el dragón. Yo había visto en sueños al pájaro que estaba en su interior, por lo que conocía el secreto que él guardaba. Si él abría el cofre el pájaro se escapaba con el don anhelado, no envejecer nunca. Al compartir mi secreto con Uraquimataro yo habría podido disfrutar de ese privilegio, el dragón me lo había dicho en otro sueño. Por eso dentro de mis lecturas predilectas están El Retrato de Dorian Grey y el Orlando. //……………..
Hace algunos años hubiera negociado mi alma con el diablo, a cambio hubiese pedido un porrón de agua de la fuente sagrada. Pero se la vendí a un diablo sin cuernos y sin cola, pero con unas garras de aquí a Cafarnaum. Se la vendí al capo dei capi, cuasi iletrado y de baja estofa, que se tomó este país hace más de veinte años. Y como cualquier candinga, me engañó, no me concedió nada. En vez de otorgarme la belleza eterna, me quitó los ojos. Me pasó lo mismo que a Yocasta, me acosté con el hombre equivocado, ella pagó con su vida y Edipo se arrancó los ojos. En el caso nuestro, fue él quien encontró una trágica muerte y soy yo quien está perdiendo la visión. Me estoy quedando ciega, ese es el obsequio que recibí como pago a mi compañía. //……………..
Pero es mejor comenzar por el principio. Nací para ser amada, venerada. Mi belleza ya es una leyenda. En este país soy la Marilyn Monroe criolla. A diferencia de ella, soy políglota, me gusta la poesía, estoy enterada de los movimientos bursátiles y vengo de una familia burguesa. Asistí a uno de los tres mejores colegios de este país y a uno de los 10 mejores del continente latinoamericano. Soy educada, delicada, conozco el glamour como la palma de mi mano y me vistieron las mejores casas de costura francesa e italiana. Como no estaba contenta con mi nariz, un leve defecto de producción, me hice corregir esos milímetros de más que afeaban mi rostro. Pero como siempre, aquí creen que saben mucho, cuando en realidad lo ignoran todo. El cirujano plástico, si es que puede llamársele así al tegua que me operó, lo que hizo fue dejarme la nariz peor de lo que era. Por fortuna conocía al brasilero que había operado a las grandes estrellas de Hollywood; así que él corrigió lo que el medicucho en cuestión había terminado de averiar. //………………
De ahí a saltar a la pantalla chica no había sino un paso. Desde pequeña me moví en los círculos sociales más exigentes de la capital. Con mi don de gentes, mis conocimientos y mi belleza, tenía el cielo a mis pies. Aunque debiera decir a mis piernas. Me convertí en la imagen de una reconocida marca de medias de nylon y todos los días, en los horarios de más alta sintonía, millones de compatriotas soñaban conmigo. Marlene Dietrich había asegurado sus piernas por un millón de dólares, de haberlo querido yo las habría asegurado por cinco. De todas formas lo que he debido asegurar no eran las piernas sino los ojos. Me estoy quedando ciega, ya se los había dicho. Pero pareciera que nadie comprendiese mi tragedia. Los periódicos y la televisión hablan de ello. En estos últimos días he hecho correr ríos de tinta, sólo equiparables al río Amarillo, al Ganges o al Amazonas. Cuando debieran hacer una teletón para poder pagar la operación. Y no es broma lo que digo, harto que les hice ganar hace más de veinte años, me lo deben, no me cabe la menor duda. //……………..
Me convertí de la noche a la mañana en la presentadora de un noticiero. De tener un bajo rating y de pasar por dificultades económicas, el noticiero pasó a batir records de audiencia en pocas semanas y eso durante todo el tiempo que me tuvo como imagen. Y por supuesto que lo salvé de la bancarrota, si lo sabré yo. Fue entonces cuando los hombres de este país, sin distinciones de clase, comenzaron a soñar conmigo. Los escotes , cada vez más pronunciados, que me ponía cada noche les cortaban el aliento, preferían mirar el noticiero solos, sin que sus esposas los acompañaran, vaya uno a saber porqué. El hecho es que muchas de ellas, ya no eran molestadas en la noche; a otras la situación les llegaba de maravillas, sobre todo si debían cumplir doble jornada, después de haberse visto con el tinieblo de turno en cualquier apartamento prestado por una amiga chévere. Pero para algunas, no tan pasivas, en el caso de las primeras, ni tan permisivas, en el caso de las segundas; en otras palabras, para las que de verdad lo disfrutaban en su propia cama, me les convertí en un problema. Yo era la amante etérea de sus mariditos. Si bien algunas se hubiesen contentado con el orgasmotrón que se inventó Woody Allen para una de sus películas, éste nunca llegó a los supermercados. Y para colmo de males en esa época las boutiques de objetos calientes aún no habían hecho su aparición en la carrera 13. Tampoco se acostumbraban las tardes de té entre amigas, en el que se rifan los favores de un mancebo bien dotado, al que previamente se ha contratado con el fin de amenizar las tardes con una danza más que sensual. La costumbre de hacer el amor por Internet, aún no se vislumbraba, y a pocas personas se les ocurría hacerlo por teléfono. La moda vendría después, yo fui una de las pioneras. //…………………
Entre tanto, de ser la modelo de medias para dama, pasé a modelo de toallas íntimas, como se les llama ahora. Un nombre más discreto, más púdico; léase decoroso e incluso casto. Los pocos hombres que aún se resistían cayeron rendidos al piso, besaban las huellas que dejaba a mi paso. A esas alturas mis hombres iban desde políticos -senadores y alguno que otro futuro, presente o pasado presidente- hasta banqueros, joyeros, industriales, periodistas y alguno que otro intelectual o artista. Me convertí en la barbie de lujo, en una cortesana criolla del siglo XX, en la mujer que sirve para hacer ostentación de autoridad, de dinero y con la que se despierta envidia en los demás. Ellos me utilizaban y yo los utilizaba. El comercio, y por supuesto las ganancias, era recíproco. En otras palabras yo estaba detrás del poder. Aprendí a amarlo, tanto como a mi cuerpo. Supe que no debía tener hijos, en su ausencia radicaba mi belleza y mi poderío. En el colegio había leído Historias de amor de la historia de Francia, y había entendido que eran las mujeres las que tejían y destejían los hilos del dominio absoluto de un país o de un imperio. Pensé en la hetaira más famosa de la antigüedad, Aspasia, la amante de Pericles e inspiradora de guerras y de complots. El rapto de dos de sus pupilas, habría sido la causa de la guerra del Peloponeso. Cuando la quisieron procesar, las lágrimas de su marido la salvaron de una muerte segura. Ella le enseñó el arte de la oratoria. También estaba Friné, cuya belleza fue inmortalizada en la soberbia escultura que le hizo Praxíteles, La Venus de Cnido. Parece ser que cuando fue llamada a juicio, por la vida licenciosa que llevaba, no aceptó que la defendiesen. Simplemente se desvistió delante del tribunal dispuesto a condenarla. Entendieron que una belleza de esa magnitud tenía por fuerza que pertenecer a todos. Llegó a poseer una gran fortuna. Cuenta la leyenda que con su dinero reconstruyó las murallas de Tebas, la ciudad de su infancia. Y por supuesto, estaba una de las pupilas de Aspasia, Lais de Corinto, considerada una de las bellezas más grandes de todos los tiempos. Aún no había nacido Pauline, la hermana de Napoleón, conocida por ser bastante ligera de cascos. Lais enloqueció a más de un hombre de la Grecia antigua. Mirón, le ofreció toda su fortuna por una noche. Ella lo rechazó, pero no dudó en aceptar a Diógenes por una moneda. Le interesaba más alardear de haberse acostado con un filósofo que con un escultor. Todas estas mujeres tenían en común el gusto por el arte, la literatura, la filosofía, la política y por supuesto el amor por sus propios cuerpos. Ellas fueron las diosas que me enseñaron como sacar provecho de las artes amatorias. /………………
Y cuando se ha recibido una iniciación de esa magnitud, uno está en la obligación de perpetuarla. Las hetairas, no sólo recibían hombres, podían también recibir mujeres; así que yo no podía dejar atrás tan interesante costumbre. Por mis sábanas de seda roja, pasaron los hombres más influyentes de la época, ya lo había dicho. Pero allí también recibía, cuando la ocasión lo ameritaba, niñas recién egresadas de los colegios non plus ultra de la ciudad, algunas habían pasado por las pasarelas de Cartagena. Con ellas hablaba en inglés o en francés. Los hombres de aquí a duras penas hablan español. Las escogía cuidadosamente. Para lo cual tenía en cuenta su gusto artístico y su elegancia. Luego debían pasar por una conversación rigurosa en historia del arte y en literatura. Si clasificaban, pasaban a formar parte de mi círculo privado, con el cual me entretenía en las horas de la tarde. Las noches eran reservadas para los señores. No me gustaban las monas. Prefería las morenas por ser más ardientes. Y cuando ya estaban bien entrenadas, se las pasaba a algún senador. ¡Les encantaba! A las unas y a los otros. Por eso me buscaban. Hubo una incluso que llegó a ser la preferida de un presidente y otra de un conde portugués. Y por supuesto que la primera en sacar provecho de la situación era yo. ¡Ni más faltaba! Con las más osadas hicimos algunas partouzes. Poco a poco me convertí en una madame. Me he debido quedar con ese oficio, hoy mi vida sería diferente. No hice caso a la historia de Lais. En su vejez, y después de haber recibido a Platón en su Jardín de elocuencia y arte de amor, no como amante sino para que le mostrase los caminos de la filosofía, terminó vendiéndose en las calles por una copa de vino; así comenzó a rendirle más culto a Dionisos que a Afrodita. La diosa no dudó en castigarla, perdió toda su fortuna y su cuerpo se secó como la arena del desierto. //…………………..
Pero la ambición rompe el saco. Son expresiones populares que no siempre tenemos en cuenta. No supe retirarme a tiempo, ni rechazar las mieles que la vida me daba a manos llenas. Cuando estaba en la cima del poder y de la gloria, uno de mis más influyentes amigos, integrante de una de las familias más importantes del país, presidenciable, para más datos, me presentó a quien sería el hombre de mi vida. Al principio creí que era una especie de rey Midas, todo lo que tocaba lo convertía en oro. Así que lo invité a compartir mi lecho, esperaba que sus largueros de madera se convirtieran en oro macizo. Era senador, y aunque mal hablado, como muchos de ellos, y de pésimo gusto para vestir, otro drama bastante generalizado entre mis compatriotas, yo creí que por fin haría algo grande con mi vida. A partir de ese momento me convertí en su sombra. Lo acompañaba a todas partes, con él recorrí todo el territorio nacional y por supuesto con su compañero de fórmula. Sólo que no era la fórmula 1, sino una más veloz y por lo tanto más peligrosa, la búsqueda de la silla dorada del palacio de gobierno. Esa no la podía transmutar en oro, había que ganarla. Así que todos los métodos fueron utilizados. Sin contemplaciones de ninguna índole. Sin pudor y sin remordimientos me convertí en su cómplice. Quise apropiarme del paraíso y terminé recorriendo los nueve círculos del horror. Allí quedé atrapada para siempre, como un alma en pena. El rey Midas no era sino un farsante, megalómano, mitómano y poseedor de la mente asesina más abyecta que se haya conocido hasta ahora. Lo comprendí muy tarde. Acabó con esta nación y en lo que a mí concierne me dejó sin nada. Para sobrevivir he debido dedicarme a las ventas por correspondencia. Las clases de glamour, que hubiese podido dictar a las jovencitas que se presentan cada año en sociedad, no funcionaron. Los hombres que me habían adorado, simplemente les dio amnesia y de la severa. Nadie se volvió a acordar de mi existencia. Hasta ahora que vuelvo del olvido a remover las cenizas que todo el mundo creía desperdigadas en los cuatro puntos cardinales. El pasado siempre regresa. La historia nos lo ha demostrado con creces. A veces lo solemos olvidar. //………………………
Nota: Este cuento, así como los tres que ya han sido publicados por El Magazín de El Espectador, incluyendo En átomos volando, fue publicado en mi libro Féminas o el dulce aroma de las feromonas, seguido del libro de cuentos Voces del Silencio, Ble Ediciones, Manizales, 2008.
*Autora del blog El Hilo de Ariadna
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/
Blog Voces del Silencio
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sábado, 10 de agosto de 2013
LA GUERRA Y LA PAZ - CARTA ABIERTA A URIBE Y A LOS ENEMIGOS DE LA PAZ
“Los muertos no resucitan, ni siquiera cuando se lavan los cadáveres”
El pasado miércoles 7 de agosto de 2013 tuve la oportunidad de conocer la ciudad de Nuremberg (Alemania), y la visita a la iglesia de San Sebaldo me sumió en una reflexión profunda sobre la guerra y la paz. Pero no sólo por lo que la iglesia en cuestión representa, surgir como ave fénix de las cenizas, sino por el proceso de paz que Colombia, en cabeza de Juan Manuel Santos, está construyendo. Inevitablemente pensé en sus detractores, en sus enemigos, en esas fuerzas ocultas que no quieren que nada cambie, porque eso va en contra de sus intereses de clase, en contra de sus intereses políticos, en contra de sus propios intereses de tenencia de tierra, intereses cuasi feudales. Y por supuesto pensé en esa sombra siniestra que es Uribe, pensé en sus gritos y en su llamado al odio, en la apología que hace día a día de la violencia, en la caricatura en la que se convierte cada vez que vocifera como un energúmeno, seguido por el eco de sus fanáticos seguidores, que a veces son sólo secuaces de intenciones oscuras que tratan a todo precio de ensombrecer el horizonte que los colombianos de bien tratamos de construir a lo largo de nuestra vida.
Uribe no me representa. Nunca me ha representado. Nunca voté por él, ni nunca lo haría. Me niego a aceptar que su cólera nos conduzca al cadalso, a la muerte, a la guerra perpetua a la que pretendió jugar cuando quiso reelegirse para un tercer mandato, con el secreto a voces de declararle la guerra a Chávez, sólo por su deseo de jugar con soldaditos de plomo, queriendo olvidar que ni son soldaditos ni son de plomo, queriendo ignorar que ya no tiene la edad para jugar a bravuconadas, queriendo ignorar que el hacerlo solo lo empequeñece ante los ojos de la historia.
Y si hablo de todo ésto, es porque la iglesia de San Sebaldo, a la que hago mención, supo convertirse en un lugar de reflexión y de denuncia de lo que es la guerra y del llamado horroroso de personajes como Hitler y sus secuaces, algunos de los cuales estaban escondidos en las entrañas mismas de la Iglesia; tal y como ha sucedido muchas veces en Colombia en estos cincuenta años de crímenes abyectos de la extrema derecha, y de los oscuros personajes que se han lucrado de la guerra, entre ellos las cabezas de las FARC o del ELN, pero también de los paramilitares y de algunos militares que creen que la guerra es la única forma de ejercer su trabajo.
La iglesia de San Sebaldo (1215), un monumento para la paz (Nuremberg) *
20 de abril de 1945
Las armas guardan silencio. Nuremberg caída y sumida en el horror de una guerra que nadie había imaginado… Despedazadas, horadadas y vacías, las torres de San Sebaldo se elevan hacia el cielo.
Iglesia y Estado bajo el manto de una paz engañosa. La semilla de la violencia fue sembrada y germinó en los espíritus y corazones de mucha gente.
El desierto de ruinas de la ciudad se extiende casi hasta el infinito. Pero uno de los tejados ya ha sido reconstruido; no hay duda, los demás lo imitarán.
Paz… Pero ¿Qué significa? Acaso que se puede deambular por las ruinas sin tener miedo a las bombas? ¿Acaso significa que el sol calienta a los hombres y a las piedras como si nada hubiera pasado? ¿Acaso significa que el horror ya comienza a ser pasado?
La casa de dios se convirtió en su propio sepulcro. He aquí los altares destruidos y la cultura de varios siglos pisoteada.
Las campanas han sido destruidas, fundidas. Como mucha gente, San Sebaldo se ha quedado sin voz. En el verano de 1945, cuando se conocieron los crímenes horribles de los Nazis, las palabras se atoraron en el fondo de su garganta. ¿Acaso las guerras son al mismo tiempo una forma de pagar deudas?
Los habitantes de la ciudad vieja se niegan a abandonar la casa de dios, limpian los escombros, despejan las calles adyacentes. Una tímida esperanza cubre el cielo, mientras que la primera barraca aparece en la nave lateral norte, destruida en el bombardeo.
¿Acaso no sería mejor demolerla por completo?
Las heridas…
¿Acaso el portal de los novios será de nuevo testigo de la felicidad de un nuevo matrimonio?
Esfuerzos increíbles para que la reconstrucción de la iglesia de San Sebaldo no se detenga, el andamio no deja de crecer. La iglesia de San Sebaldo es una construcción viva.
Al fin, en 1954, nueve años después de la guerra, la armazón del techo de la iglesia de San Sebaldo ha sido terminada; todavía faltan tres años para la nueva consagración, pero ¡qué felicidad!
La primera misa es una sensación de cobijo. En la nave central, amurallada, está la gente turbada por la guerra, marcada por el sufrimiento; no sólo busca lo que representó, sino lo que queda de ella.
Los primeros trabajos de reconstrucción fueron más bien ineficaces. Los muertos no resucitan, ni siquiera cuando se lavan los cadáveres.
*Estas frases acompañan una serie de fotos que van desde la multitud que aclama a Hitler, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, hasta la foto del 17 de diciembre de 1992 que muestra a otra multitud, 100.000 personas con velas encendidas, que clama porque el horror no vuelva a repetirse nunca. Las frases son una traducción libre que he hecho del francés al español.
martes, 23 de julio de 2013
EN ÁTOMOS VOLANDO (CUENTO)
Son las cinco de la mañana. He dormido mal, ha llovido casi toda la noche y el agua se ha entrado al cambuche. Tengo hambre, aunque siempre estoy hambrienta. Es como una enfermedad. En casa la comida a duras penas alcanzaba para medio llenar el plato de cada uno. Así que repetir, lo que se dice repetir un plato, nunca. La diferencia era que si quedaba hambrienta siempre había frutas con las que podía embolatar al estómago. Pero en plena selva eso no ocurre. Aquí llevo cuatro años. Es una marcha forzada. Sin descanso. Cada día caminamos varias horas, o en la noche, todo depende. El arma me pesa una tonelada, sin contar las municiones, ni el morral. Es una vida muy dura la que llevo. Yo no la escogí. Ninguno de nosotros la ha escogido. Simplemente fuimos obligados a seguir a los muchachos al monte. Un día, un grupo de diez guerrilleros llegó a la casa, pidió almuerzo y luego me embarcó con él. Mi papá sabía que era inútil oponerse. Así es la vida en el campo.//
Desde entonces me ha tocado ver de todo. Ya perdí la cuenta de los combates en los que he participado. Si llevara la cuenta, hace rato habría perdido la cordura. Con el delirio de la jungla ya tengo bastante. La selva me produce mucho miedo. Pero no puedo decir nada. Sobre todo en las noches. Los ruidos, la oscuridad, el no saber donde se pisa, ni qué se pisa. Le tengo terror a las culebras, aunque ya debería estar acostumbrada porque me las encuentro casi todos los días. Pero no lo he podido superar. Cada vez que veo alguna la boca del estómago se me cierra y me dan ganas de vomitar. Pero me aguanto, nadie puede darse cuenta de la sensación que me producen. Aquí el miedo está proscrito. Cuando escuché esa palabra, pregunté qué quería decir, me respondieron: -Prohibido. Sólo tenía 14 años y me decían que estaba prohibido tener miedo. Desde entonces vivo siempre poco menos que aterrorizada. Tengo miedo de tener miedo.
Cuando los muchachos me obligaron a seguirlos, creí que era el fin del mundo. Atrás quedaba mi familia, el rancho, la tierra. Hasta Tony, el perro que me regaló mi papá cuando cumplí doce años. En realidad ha debido de ser el fin del mundo para mi familia. Los paras no perdonan, supongo que echaron a mi familia del predio apenas se dieron cuenta que yo me había ido con la guerrilla. Ellos se adueñan de todo. Aquí es igual. Si mi familia ya no está en el rancho, debe un número más de los miles de desplazados que ha dejado la guerra. Aunque yo no sé porque peleamos. No entiendo las explicaciones que nos dan. Lo único que tengo claro es que si no cumplo las órdenes, me castigan. Y el castigo aquí es duro, sin contemplaciones. //
A los tres días de dejar mi casa supe cual era el principio de la obediencia absoluta. Tenía que acostarme con el guerrillero que dirigía el grupo. Yo no quería. Pero una bofetada me mandó al suelo y entendí que de todas formas estaba a su merced. De ahí a pasar a los brazos de otros no hubo sino un paso. Yo era la recién llegada. En otras palabras el fruto aún no maduro, deseado por varios de mis camaradas. Me sentía sucia, así me bañara en un río helado, seguía sucia; por lo que aprendí a evadirme de mi cuerpo cuando alguno de ellos me arrastraba detrás de un matorral. Aprendí que la evasión primero se hace con la mente, luego con el cuerpo. Aunque yo todavía no he podido evadirme físicamente. Esta vida no es para nadie. Al año de estar con la guerrilla encontré a Julián. Es el único hombre que he conocido, fuera de mi papá, por el que he sentido confianza. Estuvimos juntos un tiempo, pero hace ocho meses murió en un combate con el ejército. //
Desde entonces me siento más sola que nunca. Julián y yo soñábamos con una casa para nosotros dos. Estábamos haciendo planes para escaparnos, pero fue cuando una granada lo hizo saltar por los aires, quedó “en átomos volando”, como dice el himno nacional. Yo no pude hacer nada, sino salir corriendo, evadirme, pero no de la guerrilla sino del sitio de combate. Desde entonces los deseos de dejar todo ésto se hacen cada vez más grandes. Quiero escapar con vida. Pero hasta esa oportunidad me la negó la guerra. Hoy van a ajusticiarme. Ayer, mientras limpiaba el arma, se me escapó un tiro. El compañero que estaba a mi lado cayó al suelo, cuando me agaché para ver que le había pasado, ya estaba muerto. No hubo lugar a la defensa. Se me condenó a muerte. Me confinaron en el cambuche y apenas salga el sol me sacarán de aquí, leerán el veredicto y con el dedo escogerán al encargado de hacer justicia. No hubiera querido irme así. Quería vivir como lo hacen muchas mujeres, lejos de la guerra, del hambre y del frío. Lejos del miedo. Pero no fue posible. Mis compañeros han comenzado a despertarse, pronto vendrán por mí. Hace rato los espero.
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Autora del blog El Hilo de Ariadna:
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domingo, 21 de julio de 2013
ISUMBOCHI, HIMELIA Y PULGARCITO, PERSONAJES DE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
“Isumbochi no era mucho más alto y grueso que un pulgar... Sus padres lo amaban tiernamente. Cuando trabajaban en el arrozal, lo colocaban sobre una ramita, ... a veces se dormía en el cuenco de una flor de cerezo”. (El Gran Isumbochi – Cuento popular japonés).
Isumbochi es la versión oriental de Pulgarcito, pero también de David, el personaje de la tradición judeocristiana. Isumbochi, como Pulgarcito, cabe en las hojas de los árboles, en este caso en las hojas de los cerezos, y al igual que él, viaja a través de los ríos teniendo que esconderse para no ser devorado por un sapo o raptado por un pájaro. Pero si es pequeño de estatura, no lo es de razonamiento; puesto que su inteligencia es aguda y su deseo de conocer y viajar por el mundo, enorme. A diferencia de Pulgarcito, Isumbochi logra tener una estatura normal, cuando al final del relato enfrenta y derrota al gigante que asola la aldea que él desea proteger. Pero si bien Pulgarcito no logra crecer en estatura si logra ser considerado y respetado por sus congéneres, algo que muchos hombres de estatura normal no alcanzan nunca. Esta idea ha sido desarrollada por Gianni Rodari en el magnífico cuento “Los Enanos de Mantua”.
En una de las tantas versiones de Pulgarcito se nos relata cómo sus padres, que no podían tener hijos, lo encuentran un día dentro de una rosa, al lado de una de las ventanas de la casa donde vivían. Este aspecto es importante tenerlo en cuenta, ya que los antiguos romanos llamaban a los hijos ilegítimos terrae filius (hijos de la tierra), este sustrato lingüístico sobrevive aún hoy en día en la lengua rumana, llamándoseles Hijos de las Flores. Pulgarcito debe ser entonces considerado como nacido de una pareja no formalizada legalmente, o simplemente abandonado por alguna madre desesperada por su condición de soltera.
En “Almendrita”, relato de Hans Christian Andersen, es una niña diminuta que ha sido encontrada por una pareja de ancianos, dentro de una flor. La niña crece bajo la custodia de sus padres adoptivos, pero un día se extravía y cae a un lago, por lo que se sube a un inmenso loto para no ahogarse, y allí es secuestrada por un sapo enorme y horrendo, que luego desea casarla con su hijo. Almendrita es rescatada por un pájaro, y finalmente es desposada por un hermoso príncipe, que además, es de su misma estatura.
En otro relato japonés, “La Historia de Himelia”, se desarrolla la versión oriental de los orígenes de Pulgarcito. Una pareja de campesinos, que añoran ser padres, pasan año tras año esperando la llegada de un hijo, su espera es vana… Al cabo de un tiempo, el viejo sale a la montaña a cortar unas cañas, y cuanta no sería su sorpresa cuando:
“Al asestar un fuerte golpe a una caña de bambú… (vio) que del interior salía una figurita humana vestida con un kimono de seda blanca, pintado con flores y pájaros multicolores”.
La niña se llamaría Himelia, y al igual que Isumbochi crece normalmente. Durante toda su infancia, y parte de su adolescencia, vive al lado de sus padres, y cuando llega a la adolescencia, transformada en una bella mujer ellos deciden que es hora de desposarla. Hacen correr el rumor por las comarcas cercanas y lejanas sobre la belleza de la púber. A este llamado acuden cinco nobles, pero las pruebas que deben superar, para obtener su mano, sobrepasan cualquier posibilidad humana -una de ellas es descender al fondo del mar, y arrebatarle al dragón del mar las siete gemas que conforman su collar, que luego deberá ofrecer como presente de bodas-; ante una petición como ésta, los pretendientes deciden abandonar la misión que les ha sido encomendada y deciden olvidarse de ella, quien por otra parte no deseaba casarse con ninguno de los pretendientes. Poco antes de cumplir los quince años, la niña le confiesa a su madre que ella ha nacido en la luna, y que allí debe regresar… En una noche de plenilunio, un rayo entra por la ventana de su alcoba e Imelda es transportada junto a sus hermanas, las ninfas, a su lugar de origen.
“En el bosquecillo de mirtos”, una adaptación del cuento del napolitano Basile, Bernard Clavel nos relata la historia de una hermosa joven que ha nacido del tronco de un mirto; en su honor sus padres adoptivos le ponen el nombre de Mirta. Al igual que en los cuentos señalados anteriormente la niña viene a alegrar la vida de un matrimonio estéril. Mirta, como en el mejor de los cuentos de hadas, terminará casándose con un príncipe. Este tópico se encuentra en muchas leyendas y cuentos, no sólo europeos y asiáticos, sino también americanos. Algunos pueblos indígenas de América del Sur, creen que la muerte de un niño da lugar al nacimiento de un árbol nuevo. El origen de la mandioca, o yuca, se explica a través de una leyenda que narra como el niño Mani muere prematuramente, y su madre lo entierra dentro de su casa, allí riega su tumba día tras día, como se hace con un árbol, hasta que finalmente crece una planta, que lleva el nombre de Mani-Oca, o mandioca.
En la literatura infantil contemporánea puede leerse “La Pequeña niña grande”, de Uri Orlew y Jacky Gleich. Este relato nos habla de una “pequeña niña” que desea ser grande, al menos por un día. Y por supuesto el cuento de Rodari al que hacía alusión al comienzo de este capítulo.
Pueden ver otros los otros capítulos que ya he publicado en El Hilo de Ariadna:
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/08/20/el-poeta-y-el-m%c2%b4jusico-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/07/14/los-elfos-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/07/07/el-arbol-personaje-de-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/30/el-dragon-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/23/ondinas-personajes-de-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/17/los-cisnes-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/12/las-hadas-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
jueves, 18 de julio de 2013
EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS DE LEONARDO PADURA: UNA PARÁBOLA DEL MIEDO
La primera impresión que tuve del mundo llamado comunista fue en 1983, cuando en un viaje en bus desde París, donde estudiaba en ese momento, hasta Atenas, atravesé la Yugoeslavia pos Tito. Aunque mi paso fue rápido si pude observar la carencia de los restaurantes y de las tiendas de comestibles, donde sus anaqueles vacíos solo tenían dos o tres botellas de una supuesta gaseosa para la venta. En la tienda a la que me refiero había una mesa ocupada por cuatro hombres que jugaban a las cartas o al dominó, no me acuerdo; las otras mesas, por supuesto, estaban vacías. Como nadie me atendía pedí, en mi más que rústico inglés, una de esas botellas para calmar la sed, pregunté dos o tres veces sin que nadie se tomara el trabajo ni siquiera de mirarme, al final alguien me respondió de mala gana que pasara por detrás del mostrador y cogiera una de las botellas en cuestión. Entendí que eran los empleados de la tienda del mal llamado Estado comunista y que de todas formas les pagaban así no trabajasen. Decidí, entonces, salir de la supuesta tienda, y ya en la puerta vi en una acera a una mujer sin edad, vestida de negro bajo un sol que quemaba hasta la médula, intuí que debía estar allí desde hacía por lo menos mil años; a su lado tenía una pequeña canasta con unas pocas frutas de estación resecas por el sol. Pensé que a lo mejor venían de una pequeña parcela y que ella las vendía para poder sobrevivir en el mundo que nos habían vendido como igualitario. Fue mi primera gran desilusión con respecto a esa utopía en la que mi juventud se había inmerso en arengas que mi inmadurez no entendía, pero sobre todo que se negaba a ver la realidad tal y como era, no como unos cuantos tipejos barbudos nos la hacían creer.
Mi segunda, y enorme desilusión, en realidad el gran cataclismo, la sufrí en el 2007 en una visita de 10 días que hice a Cuba. De allí salí con un broncoespasmo severo, producto en parte del trauma que viví al corroborar día a día, momento a momento, la miseria en la que viven los cubanos. El mito que nos habían metido en la cabeza a muchos de nuestra generación, con respecto a Fidel, se me vino abajo. Entendí que la letra de muchas de las canciones de la nueva trova cubana era un espejismo, y que en realidad el pueblo era una masa informe que marchaba por las calles de La Habana como si fuesen zombis. Algunos de esos zombis, en realidad niños acompañados por sus abuelas, se acercaban a mi marido y a mí para pedirnos un jabón o un dentífrico. En cuanto al excelente servicio de salud cubano, pude observar que si existía debía ser para los dirigentes del Partido, pero no para esos esqueletos que trataban de caminar por las calles de La Habana vieja. Pude observar que la higiene dental era nula, ya que constaté que muchas de las personas con las que pude hablar les faltaban varias piezas dentales, o bien tenían una gingivitis en grado agudo, por no hablar de una periodontitis. También vi algunas tiendas sin clientes, símbolos del capitalismo, como Zara o Mango, ofreciendo en sus vitrinas prendas a precios inaccesibles para ese pueblo que se paseaba por los andenes tratando de esquivar el sol del trópico. Pero sobre todo sentí el miedo subterráneo que circula en todas las direcciones. Ese miedo nos recibió y luego nos despidió en el aeropuerto, cuando yo ya sabía que mientras que la dictadura castrista esté aupada en el poder y maneje a Cuba como si fuera su feudo personal, yo no regresaría a esa gran mentira que es la Cuba de hoy.
Pues bien, ese miedo soterrado lo volví a sentir con la lectura de Máscaras de Leonardo Padura (pueden ver mi breve reseña en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/03/06/leonardo-padura/), pero sobre todo lo he sentido en estos días en que he estado sumida en la lectura de El Hombre que amaba a los perros, la extraordinaria novela sobre Ramón Mercader, el asesino de León Trotski.
Este magnífico libro, escrito en un español impecable, con una riqueza de vocabulario asombrosa, teje y desteje la historia de la antigua Unión Soviética y de la Cuba de los años 70 hasta nuestros días. Leyéndolo entendí que en realidad es una metáfora de nuestro tiempo, ya que muchas de sus descripciones con respecto al abuso del poder, de las purgas estalinianas, sin olvidar lo que Padura llama las equivocaciones de Trotski, en realidad delitos de lesa humanidad, así como del nefasto rol que jugó el Partido Comunista Español, y su gran responsabilidad en la derrota de la Guerra Civil Española o de la dictadura castrista, son descripciones del miedo que pueden aplicarse a la Colombia que nos tocó vivir en la tenebrosa y larga noche de los ocho años del siniestro Uribe, entre otros miedos que hemos tenido que atravesar. Leí El hombre que amaba a los perros con un gran placer estético e intelectual, pero sentí todo el tiempo como el miedo corroía mis entrañas.
Lo que me hizo pensar que el miedo a Stalin es comparable con el miedo que sentimos por las FARC y el ELN. Lo que Padura llama “la máquina infernal estalinista” yo lo veo como “la máquina infernal”, que ha girado y girado durante 50 años, de la mano de esos grupos terroristas convertidos también en narcotraficantes. Y si esa es la Colombia que ellos desean, con zombis movidos por el pavor, yo me niego a aceptarlos y a vivir en su pesadilla.
Mientras leía el libro escribía en mi cuaderno de ruta que somos marionetas en las manos de los dictadores -o de sus eternos aspirantes como Uribe-, que estamos condenados al silencio, condenados a la nada, condenados al abuso del poder de unos pocos sátrapas; que aupados en falsas ideologías políticas, entendidas solamente para su propio bienestar, hacen de la gran mayoría rebaños de borregos que siguen la campana del terror.
Pensar en los cinco mil muertos de la UP, en “los falsos positivos”, esa terrible vergüenza vivida bajo Uribe, y a la que él cínicamente le restó importancia al decir que si esos muchachos habían sido asesinados, no era precisamente por sus buenas costumbres. Y por supuesto que pienso en las miles de víctimas de las FARC y del ELN. Grupos que escondiéndose en guerrillas armadas, que ya no tienen nada que ver en un mundo como el actual, han asesinado miles y miles de compatriotas, realizando de ese modo su propia purga estalinista; no es sino recordar el vil asesinato de los diputados del Valle, o de los adolescentes que secuestran para mantener vivo el comercio de la guerra y que son asesinados por un sí por un no.
En Colombia hemos vivido purgas uribistas, sin olvidar las purgas y la persecución aterradora del gobierno de Barco, de las purgas perpetradas por años por el Estado y por sus Fuerzas Armadas y por supuesto por los grupos conformados por los paramilitares, sin olvidar que algunos nacieron de esa siniestra creación del exministro Botero y de Uribe cuando era gobernador de Antioquia; me refiero a las Convivir. Y es que el Estado colombiano muchas veces ha sido un verdugo salido de las cloacas. Tal y como sucedió en la época de Stalin, como sucede en la Rusia de Putin, en la Venezuela de Chávez y Maduro, en la Nicaragua de Somoza y de Ortega, en el Chile de Pinochet, en la España de Franco, en la Alemania de Hitler, en la Italia de Mussolini, en la China actual, o en la recién conquistada democracia de Birmania, donde la Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi -1991-, aún no ha condenado la persecución que ha emprendido la mayoría de la población de credo budista en contra de la minoría musulmana; y si sigo nombrando constataría que no tengo espacio para nombrar a todos los sátrapas de los últimos cien años.
Y en cuanto a Colombia se refiere, es imprescindible la recuperación de la memoria, es importante evitar la tergiversación de la historia, por eso también es importante conocer el testimonio de cada víctima, de cada plagiado, de cada torturado; sino nunca habrá una verdadera reconstrucción de esta Colombia escindida, polarizada por las vallas que ponen los uribistas en todas partes llamando al odio, al fanatismo y a la guerra. Por eso es importante evitar el culto a la personalidad que labran día a día Uribe y Ordoñez de un lado, e Iván Márquez o Santrich, con la bufanda del temible Gadafi al cuello, del otro lado del río.
domingo, 14 de julio de 2013
LOS ELFOS EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Los elfos aparecen en diversas literaturas orales europeas, entre ellas la escandinava y la inglesa. Al igual que los silfos, son seres que simbolizan el aire, la tierra, el fuego. Los Elfos principales son: Elfos de la luz, Elfos de la Oscuridad o de la Semipenumbra. Estos fantásticos seres pertenecen a épocas legendarias, donde los sueños y recuerdos se entremezclan, donde la realidad y la fantasía tienen barreras muy débiles. ¿Pero quién dudaría que a lo mejor, en algún recodo del camino o detrás de algún árbol antiguo, encontremos un elfo dormido?
Tolkien nos habla de diferentes clases de elfos: de la luz, de los bosques, del este o avari, del mar, del oeste, grises, oscuros profundos, silvanos y verdes. Cada uno con características propias a su especie; no obstante, todos los elfos poseen una característica semejante, sus ojos tienen el brillo de las estrellas:
“Celeborn y Galadriel... estaban vestidos de blanco, y los cabellos de la Dama eran de oro, y los cabellos del Señor Celeborn eran de plata, largos y brillantes; pero no había en ellos signos de vejez, excepto quizás en lo profundo de los ojos, puesto que eran penetrantes como lanza a la luz de las estrellas, y, sin embargo, hondos como pozos de recuerdos”.
Los elfos de la luz son dueños de una gran sabiduría, su virtud más excelsa es la nobleza. Sus ciudades sobresalen por su extremada belleza y además son excelentes orfebres; especialmente los elfos de los días antiguos, quienes eran especialistas en la forja de espadas, a las cuales les otorgan un poder mágico que las hace brillar con una “luz fría”, si llegan a detectar a un orco cerca. Dada su bondad, y limpieza de espíritu, sus cuerpos resplandecen como la luz del sol; por eso es considerado el pueblo más hermoso que habita en el Círculo del Mundo. Los elfos son amantes de la música, de la poesía y de las leyendas, y su “belleza más que humana”, es equiparable a la belleza y gallardía de los cisnes:
“Amroth... había sido antaño un rey élfico,
... hermoso y fuerte Deslizándose como un cisne” ( JR.R. Tolkien. Op cit. Pág. 366).
Los elfos profundos son los herederos de Aulë, el herrero hacedor de montañas, quien hizo de ellos excelentes artesanos. Los elfos del bosque oscuro, aman las leyendas que hablan sobre la luz del sol y de las estrellas reflejadas en los prados. Los elfos de silvana le temen al mundo exterior, y su mundo aún posee la magia “del despertar del mundo” y sus ropas son tejidas con materiales poco comunes, “hoja y rama, agua y piedra, tienen el color y la belleza de todas esas cosas que amamos a la luz del crepúsculo en Lórien, pues en todo lo que hacemos ponemos el pensamiento de todo lo que amamos” . (J.R.R. Tolkien – Op. Cit. Pág. 398)
Los elfos de silvana reciben también el nombre de elfos de Lórien o Galadrim (que quiere decir gentes de los árboles), ya que sus casas son construidas en los árboles, y cerca de las cascadas. La tierra de los elfos de silvana, es una tierra donde el tiempo no transcurre, y donde el común denominador de sus habitantes pareciese ser la felicidad:
“Me demoré allí en el tiempo sin edad de aquellas tierras, donde los días curan y no arruinan. Me curé y fui vestido de blanco. Aconsejé y me aconsejaron”( Op. Cit. Pág. 538)
Esta hermosa descripción la hace Gandalf, al narrarle a Aragorn como fue curado por la Dama Galadriel, después de su pelea con Balrog y de su largo cautiverio en el reino de los orcos.
Existen también los elfos noldorin de Lindon, conocidos con el nombre de gwaith-i-mírdain, o herreros elfos. Los cuales establecieron comercio con los enanos, puesto que en su reino se encontraba el famoso metal mithril, con el que los elfos forjarían los anillos de poder. Este mismo metal lo utilizó Sauron, el Señor Oscuro, para forjar el anillo único.
Nota: Este artículo hace parte de mi libro … de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos, Ble Ediciones, 2008. Es solo un manual de consulta para padres de familia, profesores, estudiantes, animadores de lectura o bibliotecarios, por lo que no pretende abarcar todas las leyendas que existen con relación a estos personajes maravillosos como son los elfos.
Pueden ver otros los otros capítulos que ya he publicado en El Hilo de Ariadna:
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/07/07/el-arbol-personaje-de-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/30/el-dragon-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/23/ondinas-personajes-de-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/17/los-cisnes-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/06/12/las-hadas-en-la-literatura-infantil-y-juvenil/
domingo, 7 de julio de 2013
LOS ÁRBOLES EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
El árbol, las plantas, las flores, los lagos, o los ríos, han jugado un rol muy importante en el pensamiento religioso de las comunidades campesinas, independientemente si son europeas, asiáticas, africanas o americanas. El árbol, especialmente, ha tenido una fuerte significación espiritual. A veces ha sido visto como una fuerza del bien, considerándosele a una divinidad benefactora, y otras como una fuerza del mal que devora a los intrusos que osan internarse en sus dominios. En otras ocasiones el árbol, o el bosque, es considerado un refugio para ermitaños, sabios u hombres y mujeres solitarios que desean huir de las veleidades de la vida citadina. _____________________
Con respecto al origen sagrado de los árboles Mircea Eliade dice:
“La imagen del árbol no se ha escogido únicamente para simbolizar el Cosmos, sino también para expresar la vida, la juventud, la inmortalidad, la sabiduría... El árbol ha llegado a expresar todo lo que el hombre religioso considera real y sagrado por excelencia, todo cuanto sabe que los dioses poseen por su propia naturaleza y que no es sino rara vez accesible a individuos privilegiados, héroes y semidioses... todas las plantas cultivadas actualmente se consideran en un principio como plantas sagradas”. (Lo Sagrado y lo Profano de Mircea Eliade, Editorial Labor, Punto Omega, 5º edición 1.983 pág. 128-129)_____________________________________
Este aspecto sagrado puede observarse muy bien en el maravilloso libro El Señor de los anillos; puesto que Tolkien rescata la rica tradición celta que reverenciaba a los robles, con la figura mágica de los Ents, cuya figura principal es Bárbol. Estos míticos personajes son árboles enormes y su misión es la de ser pastores de otros árboles, son poseedores de una gran sabiduría y viejos “como los montes”. Uno de los hobbits, Pippin, no olvidaría nunca su encuentro con Bárbol, y la fuerte impresión que le causarían sus ojos profundos y penetrantes, es uno de los párrafos más significativos de la obra, poseedor de una gran calidad estética:_____________________________
“- Uno hubiera dicho que había un pozo enorme detrás de los ojos, colmado de siglos de recuerdos, y con una larga, lenta y sólida reflexión; pero en la superficie centelleaba el presente: como el sol que centellea en las hojas exteriores de un árbol enorme, o sobre las ondulaciones de un lago muy profundo. No lo sé, pero parecía algo que crecía de la tierra, o que quizá dormía y era a la vez raíz y hojas, tierra y cielo, y que hubiera despertado de pronto y te examinase con la misma lenta atención que había dedicado a sus propios asuntos interiores durante años interminables”. (El Señor de los Anillos, J.R.R. Tolkien, Ediciones Minotauro, S.A. Séptima reimpresión, julio de 2001, pág. 496-497).___________________________________________
Por otra parte, la figura de los Ents, como pastores de un gran rebaño de árboles, está haciendo alusión a antiguas creencias campesinas, donde los bosques han jugado un papel preponderante en su cultura y en sus ritos. Los árboles, y sus misterios insondables, aparecen una y otra vez en los cuentos de hadas tradicionales: Hansel y Gretel, La Bella Durmiente, Blanca Nieves y los 7 Enanos, La Bella y la Bestia, entre muchos otros. Penetrar en un bosque, perderse en él y encontrar de nuevo el camino a casa, es el equivalente a un viaje interior, al conocimiento que todo ser humano debe tener de sí mismo. También significa superar las diferentes pruebas que la comunidad exige para que los infantes pasen a la edad adulta y puedan integrarse como una persona útil y productiva a la vida en comunidad. Este aspecto está relacionado con la creencia en la sabiduría de los árboles y en el rol mágico que se les atribuye. No obstante, el culto al árbol hay que buscarlo en pueblos más antiguos que los mismos celtas, y para ellos tendríamos que remontarnos a los persas (1.500 a.c.). En el Museo del Louvre se conserva una tabla de bronce denominada Sit-Shamsi, en la cual se relatan los rituales de esta extraordinaria cultura, los cuales incluían su devoción por el árbol, y la concepción religiosa que tenían de los bosques._____________________________________
Esta característica sacra con respecto al árbol, y a todos los mitos que lo rodean, sigue presente en otro de los más fuertes sincretismos religiosos, El Árbol de Navidad. A comienzos del siglo XVI, cuando surge La Reforma y se plantea la escisión de la Iglesia Católica, dando paso a la Iglesia Luterana, surge un dilema teológico, si el protestantismo le niega a María su condición de virgen, no puede ni debe realizar un pesebre, puesto que ella es su figura central. No obstante la celebración de la navidad debe ser continuada, para lo cual se acude a los antiguos ritos campesinos en torno al culto de los árboles, especialmente al roble. _____________________________________
Las antiguas religiones europeas, y su culto a la naturaleza, especialmente a las especies vegetales, y el culto a los druidas, nunca desapareció totalmente, o al menos no entre las comunidades campesinas europeas; especialmente en Gran Bretaña, donde aún existe una creencia popular con respecto al roble. Se cree que la persona que abrace uno de sus inmensos troncos, estará protegido de los malos espíritus y el roble le otorgará la fuerza necesaria para continuar el camino de la vida. Esta presencia se constata cada vez que se visita un antiguo monasterio o una catedral, puesto que fueron construidas en sitios de culto de los celtas; otra de las manifestaciones del sincretismo religioso, pero sobre todo el ardid de los cristianos para imponer el nuevo culto y ahogar el antiguo.____________________________________
Por otra parte, la tradición navideña del muérdago aún sigue tan vigente como lo pudo haber sido hace dos mil o mil quinientos años atrás. La costumbre de besarse debajo de una de sus ramas, está íntimamente relacionada con los ritos druídicos de fertilización, puesto que su savia era considerada por los sacerdotes celtas como el semen del Señor de los Bosques. Plinio, el historiador latino, hace referencia a una antigua leyenda y describe el ritual que la acompañaba. En la sexta noche del plenilunio un druida, preparado por un previo ayuno y vestido de blanco, se subía al árbol y con su mano izquierda cortaba una rama, poco después se sacrificaban dos toros; su sangre, mezclada con la savia de la rama recién cortada, era enterrada a los pies del árbol. Este rito permitía la regeneración del tiempo y la permanente fertilidad de la tierra. Esta planta es conocida también como arfueyo o almuérdago. Hoy en día son reconocidas sus propiedades medicinales, pero durante muchos siglos esta creencia fue ridiculizada, se creía que eran inventos populares y poco científicos. _________________________________
Hay muchas leyendas que tienen como protagonista a un árbol o a un bosque. Bernard Clavel hace alusión a una leyenda de las Islas Baleares, llamada Bosquecillo. Su protagonista, una hermosa y joven mujer vive aislada en las profundidades de un bosque, y como única compañía están los árboles -su verdadero refugio- y los animales que la proveen de lo más esencial. Entre todos ellos la cuidan y la llaman Bosquecillo e impiden que cualquier forastero entre a perturbar la paz que la rodea, finalmente logra llegar hasta ella un príncipe. La historia sigue el tópico tradicional de los cuentos de hadas, se enamoran y el príncipe renuncia al trono con tal de no perder a su amada. En este caso, Bosquecillo no tiene que abandonar el bosque, como es el caso de Blanca Nieves y los Siete Enanitos, es el príncipe quien abandona el boato de la corte por la vida salvaje y ruda del bosque.____________________________________
En otra región de España, en Cantabria, se encuentra la leyenda del Roblón. Este era un viejo roble con un gran hueco en el tronco. Un día una hermosa jovencita, cansada de caminar por el bosque, se recostó a descansar, y luego lo abrazó. El viejo roble se sintió rejuvenecido ante su calor, por lo que decidió atrapar a la joven doncella. La joven vida hizo que su savia volviera a correr por dentro del viejo tronco, el viejo roble se transformó en una mezcla de diversos árboles y adquirió la habilidad del desplazamiento. Los demás árboles le tienen miedo ya que se alimenta de su savia y a los riachuelos los deja completamente secos.__________________________________________
Nota: Este artículo hace parte de mi libro … de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos, Ble Ediciones, 2008. Este libro es un manual de consulta para padres de familia, profesores, estudiantes, animadores de lectura o bibliotecarios, por lo que no pretende abarcar todas las leyendas que existen con relación al árbol o al bosque.
domingo, 30 de junio de 2013
EL DRAGÓN EN LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
Imagen encontrada en Internet
“El príncipe del mar (dragón) tenía un aspecto terrible. Su cuerpo era largo y sinuoso. Sus garras eran poderosas, y su larga cola terminaba en un mechón de pelos... terrible con los enemigos, pero muy amable con los seres buenos y generosos”. (Uraquimataro - Cuento popular japonés).
Definitivamente uno de los personajes que más seducen durante la infancia, y que siguen siendo fielmente recordados a través de toda la existencia, son los dragones. Estos míticos animales hacen parte del folklore europeo, y en Oriente es uno de los símbolos más importantes de las diversas culturas que lo pueblan, especialmente en China. No se puede concebir la celebración del nuevo año chino sin un dragón que presida el festejo. No obstante, la figura del dragón en Oriente es diferente a la figura occidental. En China este mítico animal es considerado un dios benéfico, celeste, protector; mientras que en Europa representa el mal, el caos, la destrucción, el fin.
En la tradición oral europea el dragón representa las sucesivas invasiones bárbaras. Después de la derrota de Darío III, por parte de Alejandro Magno, derrota que marcó el fin de la invasión persa, Darío III es representado como un dragón bajo la figura de ese mítico animal.
El mito del dragón no sólo pertenece a oriente y a Europa, en las culturas precolombinas, también encontramos leyendas que tienen como protagonista principal a enormes serpientes, versión indígena del dragón; es el caso del pueblo Muisca, del altiplano cundiboyacense, que creían en una enorme serpiente que habitaba en las profundidades de la Laguna de Tota.
En el mito mapuche el diluvio es desencadenado por dos enormes serpientes que luchan por el poder. Para los aztecas, el regreso de la serpiente emplumada, Quetzacoalt, significaba el fin de una era y el derrumbe de la clase guerrera, la que ostentaba el poder.”
En el Medioevo, la figura del dragón tuvo un lugar muy importante en el folklore europeo y la leyenda del Rey Arturo no podía escapar a su influencia. Una de las tareas de los caballeros de la mesa redonda era precisamente luchar contra él. A diferencia del dragón oriental, el occidental es alado; sin embargo, los dos lanzan fuego por el hocico, esta característica es de gran ayuda para combatir al enemigo o para quemar aldeas:
“Cuando llegó a la corte de Irlanda la noticia de que un feroz dragón estaba asolando las regiones circundantes, Tristán se apresuró a comparecer ante el rey y argumentó que como paladín de Anguín le correspondía a él acabar con aquel monstruo. Protegido con un hechizo de buena suerte echado por Isolda, salió en busca de la guarida del dragón; tan visibles eran las huellas de la destructora rabia del dragón que no tardó en llegar al territorio del que se había enseñoreado la espantosa criatura. En efecto, el ardiente aliento de la bestia había reducido a cenizas a los campos, otrora fértiles y verdes, y un fétido hedor se cernía sobre la tierra como una enorme y nauseabunda nube” (El Rey Arturo y sus Caballeros, de Jules Heller y Deirdre Headon, Grupo Editorial CEAC, S.A., Barcelona, 1990, pág. 104).
En el cuento japonés de Uraquimataro encontramos una variante de la caja de Pandora, y su dueño es un dragón. Cuando el protagonista del relato, Uraquimataro, decide abandonar los reinos profundos de este mítico animal, el dragón le da un obsequio aparentemente humilde, una pequeña caja con la previa advertencia que no debe ser abierta, porque entonces el don que le ha sido conferido desaparecerá. Uraquimataro, como es lógico suponer, desconoce la naturaleza del don en cuestión, por lo que la curiosidad pudo más que la prudencia, y el pescador termina por abrir el cofrecillo; es cuando se percata del enorme regalo que le había sido otorgado, la eterna juventud, pero con su desobediencia vuelve a ser un mortal como era antes de su descenso a los reinos del príncipe del mar:
“(Uraquimataro) levantó la tapa del cofrecito y un pájaro salió del interior. Remontó el vuelo, y desde lejos se oyó su voz:
- Has perdido el don de la juventud eterna Uraquimataro. Ahora el cuerpo cargará con los años que pasaste en el reino del Dragón del Mar”.
Como es lógico suponer Uraquimataro creía que sólo habían transcurrido unos pocos días en el reino del dragón, cuando en realidad habían pasado varios decenios.
Este deseo de ser eternamente joven ha estado siempre presente en toda la literatura. En el Medioevo era una búsqueda insaciable por parte de los alquimistas, quienes no solamente pretendían encontrar la fórmula mágica que les permitiese la transmutación del mercurio en oro, sino que la piedra filosofal permitiese también lograr una transmutación en el hombre, lo que redundaría en la eterna juventud. Los alquimistas fueron cruelmente perseguidos por la Iglesia, no obstante lograron dejar su huella indeleble en las catedrales góticas, donde muy seguramente participaron en su construcción. Este aspecto es fácilmente comprobable en las decenas de esculturas y gárgolas que las adornan, allí aparecen símbolos utilizados por estos enigmáticos investigadores. Uno de ellos es la salamandra, a quienes consideraban inmune al fuego. Los alquimistas que no fueron perseguidos, o que lograron escapar a las persecuciones, morían en accidentes ocasionados en la manipulación del sulfuro y del mercurio; otros desaparecían misteriosamente, como es el caso de un célebre alquimista francés llamado Nicolás Flamel, quien se ganaba la vida como escribano, pero secretamente se dedicaba a la alquimia. El 17 de enero de 1.382, Flamel habría asegurado haber encontrado la fórmula de la transmutación del mercurio en oro puro. Los documentos del París medieval revelan un extraordinario hecho, Nicolás Flamel y su esposa habrían hecho una donación bastante sorprendente en cualquier época y lugar, ya que donaron 14 hospitales, 3 capillas y 7 iglesias. La pregunta es: ¿Cómo un humilde escribano podría realizar una donación de esta índole? Aunque es de anotar que en la época de Flamel el oficio de escribano gozaba de gran prestigio dadas las connotaciones socioculturales de su tiempo; puesto que en el Medioevo eran muy pocas las personas que sabían leer y escribir, y el acceso al conocimiento estaba reservado para los integrantes del clero, sobre todo a los que ostentaban altos rangos. El pueblo, e incluso la aristocracia, con algunas excepciones, eran analfabetos. Pero los hechos relacionados con este personaje, ya no legendario sino histórico, van más allá de cualquier ficción literaria. El conocimiento y la manipulación de la piedra filosofal le habrían otorgado la búsqueda más anhelada de los alquimistas: la vida eterna. El matrimonio Flamel habría desaparecido misteriosamente de su lugar de habitación y de los lugares que solía frecuentar.
Veinte años después de su misteriosa desaparición, la gente aseguraba haberlos visto en diferentes lugares de Europa, cubiertos con láminas de oro, y como si los años no les hubieran hecho mella. Esta magnífica leyenda resurgiría nuevamente en 1.818, cuando un personaje que se hacía llamar Nicolás Flamel, recorría los cafés parisinos ofreciendo revelar los secretos alquimistas a todo aquel que quisiese escucharlo. Los registros históricos, en cambio, registran que Nicolás Flamel y su esposa están enterrados en la Catedral de Cluny en París. Pero los alquimistas no sólo fueron oscuros personajes, El Bosco, con su obra cumbre “El Jardín de las Delicias”, revela los profundos conocimientos que el pintor tenía de la cábala, de alquimia y del esoterismo. Paracelso era también un alquimista de renombre, y el legado de la alquimia perduraría durante siglos atrapando con su magia a científicos de la talla de Isaac Newton (1.642 – 1.727), aunque él nunca hubiese revelado abiertamente su secreta pasión.
La leyenda de Nicolás Flamel también aparece en la saga de J. K. Rowling, puesto que Harry Potter y su amiga Hermione investigan la vida de este enigmático personaje. Quiero anotar que el libro en cuestión me parece bastante malo, por no decir pésimo; así la industria editorial nos haga creer lo contrario:
“El antiguo estudio de la alquimia está relacionado con el descubrimiento de la Piedra Filosofal, una sustancia legendaria que tiene poderes asombrosos. La Piedra puede transformar cualquier metal en oro puro. También produce el Elíxir de la Vida, que hace inmortal al que lo bebe.
Se ha hablado mucho de la Piedra Filosofal a través de los siglos, pero la única Piedra que existe actualmente pertenece al señor Nicolás Flamel, el notable alquimista y amante de la ópera. El señor Flamel, que cumplió seiscientos sesenta y cinco años el año pasado, lleva una vida tranquila en Devon, con su esposa Perenela (de seiscientos cincuenta y ocho años)”. (Harry Potter y la Piedra Filosofal, J.K. Rowling, Ediciones Salamandra 2000, España, 4ª edición. pág. 184-185).
El legado alquimista, como hemos visto, no quedó en el olvido. “El Retorno de los Brujos”, de Louis Pauwel y Jacques Bergier, hace alusión a este apasionante oficio. Los autores aseguran que en el siglo XVII se les atribuían poderes mágicos a los Rosacruces; como la transmutación de los metales, la prolongación de la vida, el conocimiento de lo que ocurre en lugares ignotos, el conocimiento de las ciencias ocultas y el descubrimiento de los objetos perdidos. Aseguran, además, que algunas declaraciones, o discursos, dados por Einstein u Oppenheimer tienen el mismo tono que el manifiesto de los Rosacrucistas. En una conferencia sobre radioisótopos, celebrada en París en 1.957, el escritor soviético Vladimir Orlof escribía:
“Todos los alquimistas de hoy deben recordar los estatutos de sus predecesores de la Edad Media, estatutos conservados en una biblioteca de París y que proclaman que sólo pueden consagrarse a la alquimia los hombres de corazón puro y elevadas intenciones”. (El Retorno de los Brujos. Louis Pauwel y Jacques Bergier. Plaza & Janés, S.A. Editores Barcelona. 1.970. Pág. 56).
El tema de la inmortalidad es también desarrollado en “El Señor de los Anillos” de Tolkien. El anillo es forjado por Sauron con un metal precioso, el mithril, que sólo se encuentra en las profundidades de la tierra y es custodiado por los enanos. Una vez forjado el anillo adquiere connotaciones mágicas, y quien logre ser su propietario podrá ser el Amo y Señor de la Tierra Media. Sus características principales, además del infinito poder que otorga, es la de volver invisible a quien lo porte en uno de sus dedos, al mismo tiempo que le otorga los dones de la juventud y alarga la vida mucho más allá de lo normal.
La búsqueda de la eterna juventud también hizo parte de grandes y costosas expediciones. Cuando los españoles conquistaron La Florida en el siglo XVI, surgió la leyenda de la Fuente de la Eterna Juventud, y Juan Ponce de León sería el conquistador que saldría en su búsqueda, llegando incluso a afirmar que la había encontrado. En el siglo XIX, Oscar Wilde perseguiría la fuente de la eterna juventud a través de su obra “El Retrato de Dorian Gray”. Y posteriormente sería Virginia Woolf con su extraordinaria novela “Orlando”. Esta idea se ve reflejada en el cuento medieval flamenco “El mercader y el Ángel Negro”, donde se hace patente el deseo de la inmortalidad.
En los cuentos occidentales, como en “La Estatua” de Basile, el dragón es la eterna representación del mal y del dolor. En dicho relato hay una batalla entre el animal y el héroe, el dragón es derrotado por lo que debe huir y no regresar jamás al reino del que ha sido expulsado.
Con frecuencia, los dragones son en verdad brujos o hechiceros que buscan bajo esta temible apariencia vencer al enemigo. Es el caso del dragón que aparece en el mito germano “El Anillo de los Nibelungos”. Sigfrido, héroe mítico, desconoce el miedo, por lo que va en busca de Fafner que habita dentro de una caverna y quien tiene el poder de transformarse en dragón. La lucha es descrita así:
“Sigfrido avanzó cautelosamente, observando los movimientos del dragón, tal como procedía cuando luchaba contra un oso, una pantera o un jabalí... El monstruo lanzó un rugido espantoso, pero el joven no se inmutó. Siguió avanzando con la espada en la diestra, y cuando el dragón se empinó para caer sobre él, retrocedió unos pasos. La fiera cayó pesadamente, y antes de que pudiera recobrarse y ponerse en guardia, Sigfrido avanzó con rapidez fulmínea y le sepultó la espada en la garganta”.
Fafner es en realidad un gigante que posee poderes sobrenaturales y que guarda un yelmo mágico que le permite transformarse en un animal o en un objeto según sea la naturaleza de su deseo.
En la leyenda del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, la visión de un dragón puede tener connotaciones premonitorias:
“Cuando llegaron junto al lago, Merlín se acercó a la orilla, extendió los brazos y aspiró profundamente. Luego exhaló el aire junto a las aguas, que se rizaron hasta formar espumantes olas. Después las aguas se separaron y dejaron ver en el fondo del lago dos dragones dormidos: uno tenía la escamada piel de color blanco y el otro de color rojo, pero nadie de los presentes sabía qué significaba aquello.
Como leyendo el pensamiento de los reunidos, Merlín explicó:
El dragón rojo simboliza a los britanos, y el blanco a los sajones. Durante el día las dos criaturas duermen como dos bebés en la misma cuna, pero cuando cae la noche luchan en mortal combate.” (El Rey Arturo y sus Caballeros, op. cit. pág. 10)
Dentro del mismo relato el dragón puede convertirse también en una figura protectora y en un guía espiritual:
“El mago se enfrascó en un libro... Después se levantó y de lo más hondo de su pecho surgió un profundo gruñido y, mientras el gruñido resonaba en su garganta, comenzó a salirle por la boca un humo azul (que) empezó a tomar forma... Arturo vislumbró la forma de una bandera blasonada con el feroz símbolo de un dragón. Arturo, intrigado, se preguntaba cuál sería el significado de todo aquello.
Es tu destino, Arturo - le dijo Merlín en tono solemne -. Acuérdate siempre del dragón y siempre te guiará.”
En esta revelación podemos suponer que el dragón es el Mago Merlín, puesto que él tiene los poderes mágicos que le permiten transformarse en los animales u objetos que desee; y cuando adopta esta figura mítica lo hace con fines claros, bien sea para proteger a Arturo o para luchar contra los enemigos de Camelot.
En otra leyenda medieval, San Jorge y el Dragón, nos encontramos con un caballero que lucha contra un dragón que después de asolar campos y obligar a la gente a huir a la ciudad amurallada, pide finalmente que le sea entregada una joven, so pena de destruir los muros y quemar el villorrio. La hija del rey, en realidad su única hija, se ofrece para salvar a su pueblo, abandona el palacio y en las afueras de la ciudad se encuentra con San Jorge, que a su vez había salido en busca de aventuras; cabe recordar que su condición de caballero lo obliga a ayudarla. En un feroz combate, el dragón sucumbe ante el caballero y en el lugar de la derrota nace un rosal rojo como su sangre. San Jorge, luego de darle muerte al dragón, se dirige triunfante hacia la ciudad amurallada en compañía de la princesa. El rey, agradecido, le pide que se quede con ellos y a su muerte San Jorge es nombrado como su sucesor.
Esta extraordinaria leyenda es recordada en Cataluña cada 23 de abril y sirve como marco para la conmemoración del Día del Idioma, del Libro y del Bibliotecario. La costumbre, en honor a San Jorge y a la Princesa, requiere que los hombres les regalen una rosa a las mujeres, y éstas a su vez deben obsequiarles un libro; pero la conmemoración más importante de la leyenda se revive cuando la figura del dragón es quemada.
En la población catalana de Alcoy, se celebra cada año la fiesta de Moros y Cristianos en honor a San Jorge. Esta festividad conmemora la batalla que libraron los alcoyanos el 23 de abril de 1276, en contra del ejército de los sarracenos, comandado por Al-Azraq. Esta batalla habría sido ganada por el pueblo de Alcoy, gracias a la milagrosa aparición de San Jorge. Dicha festividad se remonta a varios siglos atrás, la primera de la que se tenga noticia, fue celebrada en el año de 1672.
Pero ¿Quién era en realidad San Jorge? San Jorge era un militar romano convertido al cristianismo; como no renunció a su nueva fe, fue torturado por el emperador romano Dioclesiano, ésto habría acaecido en el año 303. Una de las leyendas catalanas, más difundidas de San Jorge, o Sant Jordi, cuenta que un dragón inmenso y cruel, tenía atemorizados a los habitantes de la villa de Montblanc (la región que hoy se conoce como Cataluña). Para calmar su apetito voraz debían darle cada día un cordero y una doncella, hasta que un día el turno fue para la hija del rey, una hermosa princesa, que tuvo la fortuna de encontrarse a la salida de las murallas con el valiente caballero. Este habría de acompañarla, y una vez en presencia del dragón, lo habría atado con un lazo que ella portaba; por lo que el dragón temible pasó a ser un manso animal y luego San Jorge desenfunda su espada y lo mata, liberando así al pueblo del terrible infortunio que lo había azotado por largo tiempo. Tanto el rey, como la princesa y sus súbditos, se convierten al cristianismo. Esta leyenda daría paso para convertir a San Jorge en el Patrón de Cataluña, y de numerosas regiones europeas, Inglaterra, Grecia; incluso en la región de Georgia en Asia.
Es el caso de la ciudad francesa de Tarascón, desde el Medioevo se le rinde tributo a un animal mitológico, cercano al dragón, conocido como Le Tarasque, La Tarasca. Las fiestas que lo rememoran fueron declaradas patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el 2005 y en el 2008 fueron integradas a la asociación Gigantes y Dragones que agrupa las festividades que tienen lugar sobre el animal en cuestión en Bélgica y Francia. La leyenda de la Tarasca también se lleva a cabo en España.
En “El Dragón de siete Cabezas”, cuento adaptado por Teresa Duran, de un relato que rescata la tradición oral española y realizado por Valeri i Boldú, con el título de “Les Set Cireres” (Las siete Cerezas), se observa a un dragón que posee siete cabezas leoninas, coronadas con diez cuernos. Con patas de águila, alas de murciélago y una cola retorcida y erizada como puntas de dardos. Esta versión se asemeja mucho a la leyenda de San Jorge y el Dragón. No obstante, difiere de la presentación de un personaje que aparece en los cuentos medievales, el perro; el cual es representado como una figura protectora y poseedor de poderes mágicos. También difiere de dicha leyenda, ya que la adaptación hace acopio de diversas leyendas de dragones, en las cuales se narra que para poder matar a uno de ellos, y evitar que renazca nuevamente, es necesario cortarle la lengua; en este caso son siete lenguas las que debe cortar el valiente campesino para poder derrotar al monstruo. Igual que San Jorge, Miguelín, el protagonista del cuento, salva al reino, rescata a la princesa de las garras del dragón y luego la desposa.
En el universo mítico de Tolkien los dragones son encarnaciones de los espíritus malignos de algunos seres como los hombres y los enanos. Cuando se desea luchar contra un dragón, como es lógico suponerlo, se entra en una batalla bastante desigual, puesto que las escamas de sus cuerpos son hechas del hierro más potente. Sus dientes semejan jabalinas, y sus colas pueden aplastar ejércitos enteros. Los dragones alados van siempre en compañía de fuertes vientos, de huracanes que barren todo lo que encuentran a su paso, y los dragones de fuego lanzan enormes llamaradas, quemando todo lo que se les atraviese.
Pero no todos los relatos de dragones nos remiten a leyendas del Medioevo. También hay cuentos contemporáneos que rescatan esta rica tradición literaria. Me refiero a “Escamas de Dragón y Hojas de Sauce”, un hermoso relato infantil, donde su autor, Terryl Givens, nos remonta a la época de reinas y caballeros que luchan con temibles dragones. En otra notable adaptación de un cuento tradicional chino, “La Perla del Dragón”, realizada por Pep Coll, se narran los orígenes de este mítico animal. En este cuento, un niño campesino, bastante pobre, se tropieza con una perla roja, y como es lógico suponerlo, la perla posee poderes mágicos. La casa del niño se convierte en un próspero lugar. La madre es obligada por sus vecinos a revelar el secreto que rodea a su pequeño hijo, quien para evitar que la preciosa piedra le sea robada se la traga. Inmediatamente la sed se apodera de él, el fuego le quema las entrañas, y para apagarlo bebe toda el agua del caserío, y luego la del río, hasta dejarlo seco. Una vez bebida la última gota, el niño comienza a sufrir una sorprendente transformación; su cuerpo se alarga hasta adoptar la figura de un dragón, y comienza a echar fuego por el hocico. El nuevo dragón ruge a modo de despedida, y se hunde para siempre bajo el lecho del río.
Es importante anotar que en la milenaria cultura china el dragón es considerado una divinidad que protege a la tierra y a los hombres probos, a quienes recompensa con regalos y riquezas; también representa la sapiencia y la equidad.
Pero no todas las obras que hablan de dragones son cuentos o leyendas. También se encuentran obras de teatro como “La Verdadera y singular Historia de la Princesa y el Dragón”, del dramaturgo español J.L. de Santos. Esta obra, escrita inicialmente para niños, se representó durante varios años con gran éxito. Uno de sus aciertos es el parlamento escrito en verso, a la usanza medieval, lo cual confiere un aire renovador a las leyendas que terminaron por ser contadas o leídas en prosa.
En la región cantábrica existe la leyenda del Culebre, un animal mítico, mitad serpiente, mitad dragón, posee alas de murciélago y su aliento es fétido. Aún conserva el gusto por las doncellas y una vez al año suele comerse a una de ellas. Cuenta la leyenda que cuando Santiago iba camino de la ciudad de Compostela se topó con uno de ellos al cual habría dado muerte.
El autor español Lolo Rico de Alba, nos trae la historia de un pequeño dragón que desea fervientemente ser un niño. Me refiero al texto “Llorón, Hijo de Dragón”. Cuento infantil que rompe con todos los esquemas creados alrededor de los dragones que echan fuego por la boca, que destruyen poblados y que raptan princesas…
miércoles, 26 de junio de 2013
ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO
Primera voz
Pronto va a amanecer, oiré el gallo cantar y las viejas beatas se apresurarán para venir a escuchar la misa de seis. Será la última misa que yo oficie, aunque ellas todavía no lo saben. Hoy me bendicen, mañana me maldecirán. Sé que dentro de poco vendrán por mí. Saldré de la casa parroquial esposado y en un segundo tendré a todo el pueblo mirando mi salida al cadalso. Porque, ¿qué es la prisión, sino un cadalso? Hay muchas formas de matar a un hombre. Y la prisión es una de ellas. Mata las esperanzas, destruye la dignidad, aniquila el futuro. Es la primera vez que lo pienso, tal vez porque ahora tengo la certeza de terminar en una celda maloliente, húmeda, rodeado de cucarachas, de ratas, de asesinos a sueldo, de malandrines sudorosos y mal hablados.________________
Soy un sacerdote. Mi lugar está en la iglesia, rodeado de fieles que esperan impacientes mis consejos, mi ayuda espiritual. No he tenido vida propia. Siempre pendiente de la gente. Siempre escuchando sus pecados, algunas veces tan blancos como un vestido de novia y otros oscuros como las profundidades de una caverna. Los seres humanos llevamos dentro el infierno y el paraíso. Pero no puedo decírselo a los fieles. Sería una herejía por la que tendría que pagar caro, aunque yo no crea en ello. Porque si hay una justicia estatal, hay una peor, la de la Iglesia. Creen que la Inquisición se ha acabado. Y es cierto. Siempre y cuando uno crea que la Inquisición es el potro de tortura o morir en una hoguera, entonces sí, ya no existe. Lo que no se dice es que la tortura peor nunca ha dejado de existir, la psicológica. ¿Cómo exponerme a ser excomulgado? Sería el escarnio público y fuera de ser cura lo único que sé hacer es tajar carne. Lo aprendí de mi padre que compraba reses en pie para luego vender cada una de sus partes en la ciudad donde vivíamos; pero es un negocio que no me gusta. No sabría ganarme la vida por fuera de la parroquia. Sé muy bien que en el temor a Dios que le infundimos a la gente, está nuestro poder. Un poder absoluto, al que no deseo renunciar. Controlamos la vida de la gente. Nosotros les damos tranquilidad espiritual, a cambio nos dan sus vidas, a veces también nos dan sus bienes. Y yo no tengo porque ser la excepción. Solo he tomado lo que han querido darme, a cambio les he indicado el camino a seguir, el de la salvación eterna. Así que cuando alguna de mis feligreses ha querido confesarse en horas non sanctas, no me he negado. Ellas saben lo que hacen y yo también. Soy un sacerdote, conmigo no cabe la palabra compromiso. Estoy unido a Dios, es la única alianza posible para mí. Por eso no acepto que después vengan con chantajes emocionales, con llantos y con historias. Si ellas vienen por su propia voluntad, puesto que yo no las obligo, también deben tomar las medidas pertinentes, para evitar consecuencias no deseadas. Cuando eso sucede, me transformo, dejo de ser el cura apacible, bonachón y cualquier cosa puede suceder. Al día siguiente lo olvido, total, el día que tomé los hábitos también tomé conciencia de que era un elegido, y a los elegidos no nos pasa nada; estamos por encima del bien y del mal. Eso pensaba hasta esta noche, porque fue ella, cuando creía que ya no podía hacerme daño, que vino a decirme que vendrían por mí y que no había escapatoria posible______________________________________
Segunda voz:
El día que lo busqué, era porque me sentía sola. Varias veces me había pedido que le diera una mano con los papeles parroquiales, yo aceptaba a regañadientes. Poco a poco me convertí en su secretaria privada, le ayudaba en el despacho parroquial o lo acompañaba en su labor de catequesis. Me decía que mi presencia era necesaria y que los jóvenes se sentían más a gusto si yo estaba presente. En mi casa les gustaba que yo ayudara al cura, “es tan buena gente”, decían. Todos en el pueblo le prendían velas. No es un cura joven, pero tampoco es viejo, digamos que está en una edad interesante. Sin ser un apolo, no deja de ser buen mozo. ¿Quién dijo que los curas no son hombres? ¿Quién dijo que no los podemos mirar, como miramos las mujeres a los hombres que nos atraen? Porque el cura me atraía, no sé si era la cadencia de su voz, o la forma de caminar pausado, como si el mundo no fuera a acabarse jamás, o si era ese pelo negro e hirsuto en que mis manos clamaban hundirse. Su pelo y sus ojos me invitaban a un viaje. ¿Pero adónde? Fue la pregunta que me hice durante mucho tiempo. Creo que ya encontré la respuesta. Su pelo semeja una selva y las selvas se tragan a los extraños. Eso fue lo que me pasó. El me tragó, me absorbió sin que yo me diese mucha cuenta de ello.______________________________
Trabajamos un tiempo juntos, siempre bajo la mirada vigilante de Ifigenia, el ama de llaves de la casa cural. Me daba cuenta de que ella no se sentía a gusto con mi presencia. Parecía un felino. Nunca la sentía llegar, cuando levantaba la cabeza del computador, la veía en el umbral de la puerta, observándome sin pestañear. ¿Qué me quería decir? ¿Que me fuera? ¿Que saliera volando y que no regresase nunca? Pero no se lo pregunté. Finalmente yo estaba allí porque había entendido que afuera no había nada, solo un calor sofocante y unas calles polvorientas. Quedarme en casa era convertirme en la sirvienta de mis hermanos, sin que me diesen un peso además. Al menos, el trabajo de secretaria me daba para la leche de mi hijo. Y estaba él, por supuesto. Y aunque Ifigenia no abandonaba nunca la casa, al menos cuando yo estaba presente, yo sabía que era cuestión de tiempo. Algún día se le presentaría algo ineludible y tendría que ausentarse. Yo fui quien le dio la noticia, su madre estaba agonizando, se la habían llevado al hospital de la ciudad. En el pueblo no pasábamos de tener un puesto de salud. Se tomaría los tres días que le correspondían por calamidad doméstica.____________________
Primera voz:
La sentí caminar por la casa cural, mover mis cosas, mirar, tocar, algo que detesto que hagan, ni siquiera Ifigenia puede hacerlo. Yo me quedé sentado al lado de la ventana. No habría podido impedírselo. Ni siquiera intenté acostarme. Por sus pasos apresurados y por el ruido que hacía en mi despacho, sabía que había venido para hacerme saber que mi vida de cura había llegado a su final y que pronto vendrían por mí. Hay actos que pueden dar marcha atrás, pero hay otros a los que quedamos encadenados por el resto de nuestras vidas e incluso aún más allá. Ella había sido mi secretaria. Al principio ni la miraba, su juventud no me atraía. Prefiero las mujeres maduras, con experiencia y con marido. Las viudas habían sido descartadas hacía tiempo; con ellas el rumbo que tomaba cada historia terminaba en el chantaje. Varias veces me vi en la cuerda floja. Además, comprendí que el estatus de casada, hace a las mujeres inmunes a la sensiblería. Pensar en un compromiso conmigo estaba de antemano descartado. Cuando alguna de ellas se confesaba en horas non sanctas, yo sabía que en realidad buscaba lo que la cama matrimonial le negaba. Y es que en este país de machos, el matrimonio es un biombo que a menudo esconde sus verdaderas inclinaciones sexuales. ¡Si lo sabré yo! Al fin y al cabo todos terminan en el confesionario. A otros, la droga y el alcohol les impide comportarse como los machos que fingen ser. Otros se la pasan de cama en cama y cuando llegan a la oficial, es sólo para dormir. En fin, el hecho es que nunca me había faltado la tibieza de un cuerpo que me ayudase a soportar la soledad. La Iglesia pretende que los curas estamos por encima de los placeres terrenales, pero la castidad no es una de las reglas que más se practican en nuestro seno, así se predique lo contrario. Y yo no soy la excepción. Así que sin buscarlo, al menos conscientemente, terminé enredándome en la tela de araña que se construía poco a poco a mi alrededor. Debería haber recordado que Atenea las detestaba.____________________________
Segunda voz:
Tenía tres días libres, nadie me vigilaría. Estaría sola con él, y por supuesto, estaba dispuesta a no desperdiciar esa oportunidad. Yo sabía que le gustaba. A menudo lo pillaba mirándome de reojo, sobre todo cuando me ponía la minifalda negra y los zapatos rojos de tacón alto. Era cuando sentía su olor de macho cabrío flotando a mi alrededor. Su aroma quedaba impregnado en mi cuerpo y mis senos se erguían como si los hubiese rozado con sus dedos. Trabajar con él en el mismo despacho era semejante a tener un acceso de fiebre. Sentía que cada parte de mi ser ardía y que el único alivio posible era poderme meter en las sábanas con él o en últimas sentarme a horcajadas en el escritorio. Ni siquiera me importaba que fuese en el despacho parroquial. Cualquier lugar podía servir para darle rienda suelta al deseo que se apoderaba de mí. Yo sabía que era el amor, o más que el amor, la pasión. Como muchas jóvenes de mi generación había sucumbido a los embates del noviecito de turno; el mismo que desapareció cuando quedé en embarazo. Eso me debería haber curtido. Pero cuando las hormonas se alborotan, las experiencias quedan olvidadas en algún baúl secreto de nuestra memoria.
He debido tomar “precauciones”, como él me diría tiempo después. Pero la primera, y única precaución, ha debido ser no involucrarme ni sentimental ni sexualmente con él. Pero esos razonamientos vienen después. Si uno los previese, ¡cuántas desgracias se podrían evitar! A veces la fatalidad hace parte de nuestro sino y alejarla es imposible. Esta vez era ella quien tocaba a mi puerta. No había escapatoria posible, pero yo aún no lo sabía. Cuando fui consciente de su llegada, la luz que guiaba mi camino se había trocado en una tiniebla tenebrosa. Terminé en un laberinto que no conocía, y Dédalo no estaba allí para mostrarme la salida. Así que me pasó lo mismo que a las mujeres atenienses. Serví de comida para el monstruo, aunque para ese entonces yo no sabía que tiempo atrás se había tragado a una que otra mujer del pueblo. Nadie lo sabía. Nadie sospechaba que había un minotauro entre todos nosotros y para colmo de males escondido en la iglesia.____________________________
Primera voz:
Hacía tiempo que no aceptaba viudas en mi vida y de pronto tenía una en mi propio despacho. No sólo había sido atrapado por la tela de araña, sino que su dueña pertenecía a la especie más peligrosa: Latrodectus tredecimguttatus, más conocida como la viuda negra. Debí sospecharlo cuando al día siguiente de la partida de Ifigenia, llegó a trabajar con la minifalda que se ponía desde hacía algún tiempo, conocedora del efecto que eso me producía. ¿A qué mujer se le ocurre ir a trabajar a un despacho parroquial con una minifalda negra y zapatos rojos de tacón alto? A ninguna supongo. Es más una vestimenta arrabalera, propia de las cantinas y de prostitutas, que de una secretaria que trabaja para un sacerdote. He debido de darle tres días libres. He debido decirle que regresara cuando Ifigenia estuviese de vuelta. Total no había nada importante que no pudiese aplazarse. No lo hice. Siempre dejamos de hacer las cosas más fundamentales, en los momentos de más vulnerabilidad. Supongo que en el fondo de mí mismo esperaba que eso sucediese.
Al día siguiente de la partida de Ifigenia, la vi llegar desde la ventana de mi cuarto. Atravesaba la plaza muy despacio, pero con paso seguro. Cuando llegó a la altura del flamboyán, se detuvo un momento y observé como arrancaba una de sus flores. La acercó a su cara, y durante algunos segundos, que a mí me parecieron una eternidad, la acercó a su cara y la olió. Luego se arregló el pelo y la flor se hundió en su cabellera. Luego prosiguió su marcha. Cuando ella entró al despacho, yo ya la estaba esperando. La vi entrar, como quien entra a un escenario sabiéndose la protagonista de la historia que se va a desarrollar. Sólo dijo: -¡Buenos días! Así, a secas, sin el Padre de todos los días, por lo que he debido ponerla de patitas en la calle. Pero quien ha jugado con fuego alguna vez, sabe el placer que se siente, no habría sino que preguntárselo a un pirómano. El fuego es purificador, pero también puede ser destructor. El hecho es que se me invitaba a una queimada y yo no tenía ninguna intención de rechazarla._________________
Segunda voz:
Cuando dije ¡Buenos días!, sin el Padre, lo hice adrede. Él ni siquiera respondió. Me senté en su escritorio, muy cerca de él, crucé las piernas y comencé a balancearlas. Los zapatos parecían dos llamas y sus ojos los seguían, extasiados. Con la punta de uno de ellos, comencé a tocarle los ojos, las mejillas, como si fuera un pincel delineé el contorno de su boca y comencé a descender. Con mis manos deshice el peinado que venía de hacerme, y olí nuevamente la flor que hacía pocos instantes había colocado en mi cabeza. A medida que mi pie tocaba su cuerpo, sentía como su respiración de animal en celo iba in crescendo. Con el tacón presionaba su pecho. Cuando ya había descendido lo suficiente para sentir debajo de mi pie como su sexo se abultaba, comencé a desabotonar mi camisa. Acaricié mis pechos y me deshice del brasier. Él no se movía, me dejaba hacer. Me acerqué lentamente y como antes lo había hecho con la flor, empecé a oler su cuello, su boca. Cuando mis labios tocaron los suyos, cualquier resistencia que hubiese podido tener, había quedado atrás. En la pared del fondo se reflejaba una sombra que seguía los movimientos de una danza tan antigua como la especie humana. Poco tiempo después, en el letargo del amor, pensaría que teníamos tres días para nosotros dos.___________________
Primera voz:
Los tres días se convirtieron en semanas. Yo sentía como Ifigenia resoplaba en la cocina. Pero yo sabía que no diría nada. El pacto de silencio que se había sellado entre nosotros, hacía muchos años, nunca se había roto. Por eso estaba aquí, en la casa parroquial. Era el precio que yo debía pagar, aún si su presencia no siempre me agradara. Alguna que otra vez, pensé en cambiar las reglas del juego, pero entonces la veía erigirse ante mí como si fuera un ave de mal agüero. Así que terminé por aceptar que mi vida estaba ligada a su silencio. Y cuando las reglas son claras, el juego puede continuar. Pero siempre hay un final. Lo que pasa es que nunca sabemos cuándo será.______________________
Segunda voz:
Yo tenía un hijo. Un hijo hermoso. Así que sabía muy bien qué podía pasarme sino tomaba las “precauciones” necesarias. No lo hice, ni él tampoco. La mañana en que me senté a desayunar y terminé en el baño, vomitando lo que acababa de comer, constaté lo que ya intuía. No dije nada, esperé algunos días hasta estar completamente segura y luego me hice la prueba. Dio positivo. Cuando llegué a la casa cural, se lo dije. Tranquilamente, como si se tratara de mandarme al dentista para la extracción de una muela, me dijo que abortara. Me negué. Sus ojos negros se clavaron en los míos por un largo rato. Sentí un mal presagio. Sin embargo, no insistió. Días después me dijo que estaba buscando una solución para mi caso. Como si ese caso no fuese de los dos.______________
Primera voz:
Le dije que en la ciudad tenía una casa que había heredado de mis padres y que se podría trasladar allí por un tiempo, mientras encontrábamos una solución. Le indiqué que debía partir sola, que más tarde podría llevarse consigo a su hijo y que no le dijera a nadie donde iba a estar. Quedamos de encontrarnos en la noche, en las afueras del pueblo, donde yo pudiese recogerla sin que nadie nos viera partir juntos. Cuando llegué al lugar de la cita, ella ya estaba esperándome con una pequeña maleta y con un morral, lleno a reventar, por lo que no cerraba bien. Le dije que se durmiera, que el trayecto era largo. Más adelante, y cuando constaté que ella dormía profundamente, tomé un atajo, no me convenía encontrarme con nadie. Me interné en un paraje boscoso, descendí del carro, la desperté, se bajó confiada, no sabía dónde estábamos. Miró alrededor y entonces comprendió, me miró aterrada, el morral que llevaba consigo cayó al suelo, algunas de sus cosas se desparramaron a su alrededor. No tuvo tiempo de gritar, mis dedos en su cuello se lo impidieron. Procedí a hacer una maniobra que creía olvidada, pero al tocar el cuchillo mis manos recordaron los pasos que debían seguir. Terminada la operación, cavé una fosa donde fueron a parar sus restos, el morral, la maleta, las cosas que recogí del suelo y la ropa que yo llevaba puesta. Luego me lavé con un porrón de agua que tenía en la bodega del carro y me puse una muda limpia que había guardado para la ocasión. Eché la tierra encima y partí sin mirar atrás.____________________
Ifigenia:
La mañana en que ella no apareció a las ocho en punto, como lo hacía siempre, supe que había pasado lo inevitable. Había tratado de decírselo de mil maneras, pero ella me miraba como si yo fuese su enemiga. Soy mujer de pocas palabras, al fin y al cabo soy de origen campesino y en mi familia sólo se hablaba lo estrictamente necesario; por lo que nunca supe decir las palabras adecuadas en el momento adecuado. Sabía que se había metido en la cueva del lobo, como me metí yo cuando enviudé, como se metieron las otras dos viudas antes que yo, aunque no sé si pudo haber otras antes de su llegada a este pueblo. Sólo que las otras corrieron con la peor de las suertes. Yo escapé a sus manos de carnicero, porque entendió que yo no diría nada. Por eso me convertí en su sombra. Por eso nunca abandoné esta casa maldita. Fue por eso que se dedicó a las casadas, a las que no le daban ningún problema. Pero yo seguí de vigía. Hasta que llegó ella. El día que entró por primera vez a la casa parroquial, dejó tras de sí un olor a gladiolos y a cartuchos que me dejó sin aliento. Me quedé parada en el umbral de la puerta, sin cerrarla, como diciéndole -¡no siga! ¡Devuélvase! Pero ella ni siquiera volteó a mirarme.
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Ni siquiera preguntó por ella. Yo tampoco dije nada. A la hora del almuerzo entró al comedor sin mirarme, como era su costumbre; luego se sentó en la mesa como si nada hubiera pasado. Yo le puse el plato de fríjoles haciendo un ruido casi imperceptible, por lo que se dio cuenta que yo sabía. Me miró por un buen instante y luego sin decir nada se puso a almorzar.___________________________
Segunda voz:
Todo está negro a mi alrededor. La selva terminó por engullirme. Trato de tocarme, pero no me encuentro, parece como si todos mis miembros estuviesen diseminados y mi tronco separado de la cabeza. Pero no veo nada, debe de ser una pesadilla. La misma pesadilla que se repite cada noche, desde que quedé en embarazo. Quiero gritar, pero no puedo. Ningún sonido sale de mi boca. Es entonces cuando siento algo pegajoso alrededor de los labios. Sé que es sangre. Mi sangre. Ahora entiendo lo que me pasó. Esta vez no se trata de una pesadilla. Ya no veré más a mi niño. Pero, ¿Cómo pudo hacerlo? E ¿Ifigenia? ¿Ella lo sabía? ¿Por eso se paraba en el umbral de la puerta y me miraba hasta que me ponía nerviosa? Recuerdo que la única vez que hablamos me dijo que ella era viuda, que no tenía a nadie en el pueblo y que no había tenido hijos. También recuerdo que me habló de dos viudas, solas como ella, que un buen día habían desaparecido del pueblo sin que nadie volviese a saber nada sobre su paradero. Me dijo que eso había pasado hacía mucho tiempo, agregó que no era buena la viudez, sobre todo en un pueblo donde el calor del mediodía, hace que todo el mundo se refugie en sus casas para hacer la siesta. El letargo es malo, muy malo. Lo repitió con un deje que me heló la sangre, me miró a los ojos y como yo no respondí ni pregunté nada, dio media vuelta y se fue. Yo sentí alivio. El ave de mal agüero ya no emitía sonidos desagradables. Ahora entiendo que no era un ave de mal agüero y que no eran sonidos los que emitía, sino mensajes que querían salvarme de esta selva que me engulló.
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Primera voz:
Ifigenia lo sabe. Me di cuenta por la forma como me puso el plato de fríjoles delante. Ese ruido inhabitual, aunque muy leve, es su forma de decirme que lo sabe todo. Es su forma de gritar. Una vez más estoy en sus manos. Pero sé que no hablará, ya lo habría hecho hace mucho tiempo. Tendré que volverme más precavido. No he debido bajar la guardia. Debo cuidarme de las viudas negras._________________________
Segunda voz:
Sé que me están buscando. Lo sé porque oigo el ladrido de los perros. Pronto la policía estará aquí con mi padre y mis hermanos. En cuanto a él, ya sabe que yo los he guiado hasta aquí. Está esperando que vayan por él. Al menos tuvo el coraje de no escapar y yo podré descansar en paz.__________________________
Epílogo:
-Ya casi amanece, -pensó el teniente-. Llevamos varias horas buscándola. Hemos rastreado toda la zona, sin encontrar nada. Voy a decirles que lo dejemos para mañana.
-¡Hey! ¡Mi teniente! -gritó uno de sus subalternos- ¡Mire! los perros han encontrado algo, parece un zapato. ¡Rápido, una linterna! ¡Es un zapato rojo_____________________________________________________________________________________________________________
*Este cuento fue publicado en el 2008 y forma parte del libro de cuentos Voces del Silencio (Ble Ediciones, Manizales). Fue escrito en el 2006, antes que el cura José Francey Díaz Toro, condenado la semana pasada a 45 años y 10 meses de cárcel, por el asesinato de su compañera sentimental y de su hija de cinco años, cometiese el crimen encuestión.
Nota: Este cuento también fue publicado por el Magazín, de www.elespectador.com, el 26 de junio de 2013, pueden verlo en el siguiente vínculo:
http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/06/25/entre-el-cielo-y-el-infierno/
domingo, 23 de junio de 2013
LAS ONDINAS, PERSONAJES DE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL
En las leyendas europeas las ninfas, o divinidades femeninas, dependiendo del lugar donde vivan, tienen varios nombres: Ninfas de los Bosques: Dríadas, Ninfas de los Montes: Oréades, Ninfas de las Fuentes: Náyades, Ninfas de los Lagos: Ondinas, Ninfas del Aire: Sílfides. Ninfas del fuego: Salamandras. Pueden destruir, pero también pueden crear, una vez terminado su período terrestre. Pueden transformarse en: Farrallis, Aspiretes y Ra-Arus. Las ninfas son los espíritus de la naturaleza y cada una de ellas tiene una apariencia diferente. Su origen se remonta a la mitología griega, con las Nereidas, Hijas de Nereo. Hesíodo se refiere a ellas de una forma altamente poética:
“Ninfas de Nereo, las de hermosos rostros, castas, llenas de salud, que gustáis de las aguas profundas y seguís los caminos húmedos, y siendo ochenta vírgenes, os regocijáis en la superficie de las aguas”.( [1] Himnos Órficos. Hesíodo. Prometeo, Sociedad Editorial, Valencia. Pág. 163)
Tal vez la ninfa más famosa de la historia de la literatura sea Galatea (la blanca como la noche), hija de Nereo, dios marino que representaba la sabiduría insondable del océano. Ella le inspiró una gran pasión y un amor desenfrenado al cíclope Polifemo, hijo de Poseidón. Quevedo haría de este mito uno de los más bellos poemas de la lengua castellana, imprimiéndole, además, la magia del lenguaje barroco. Las Nereidas encarnan la suave pero a la vez temible fuerza de las olas. Los griegos adoraban muy especialmente a las divinidades marinas, dada su cercanía al mar, al que amaban y temían por sobre todas las cosas.
No obstante, la mitología griega nos habla de muchas otras ninfas, y todas las leyendas que se refieren a ellas poseen un encanto particular. Una de ellas es Cipariso, una ninfa que habita en la isla de Cos. En sus campos corre un ciervo consagrado a ellas, pero Cipariso es la que más devoción siente por él. Un día en que el ciervo descansaba sobre la hierba, Cipariso, que iba de cacería, le disparó con la jabalina ocasionándole la muerte, sin saber que era su bien amado. Cuando se le acerca y lo reconoce, una profunda pena la invade. Apolo intenta consolarla, pero sin resultado. Su llanto termino por destruir su bello rostro, llenándolo de zanjas profundas, sus cabellos se tornaron del color de la nieve y se elevaron al cielo en forma de pirámide, su cuerpo se convirtió en un grueso árbol, que hoy conocemos como ciprés. Desde entonces, está presente en los duelos de las comunidades campesinas europeas y acompaña a las personas afligidas por alguna pena, especialmente por el dolor ocasionado por la muerte de un ser querido.
Las ondinas, espíritus del agua, viven en inmensas ciudades construidas en las profundidades de los lagos o de los ríos y una de sus tantas funciones es guiar el curso del agua por su cauce natural. Una de sus principales recreaciones la encontramos en el poema épico alemán “El Anillo de los Nibelungos”. Las ondinas, hijas del Rin, son las guardianas del oro, tesoro que yace en sus profundidades y que le otorga una apariencia dorada, haciendo relucir al río cada vez que el sol lo ilumina. Por supuesto la existencia del oro hace que muchos deseen robarlo. Además porque su posesión otorgará poder y riquezas sin límites; pero el que ose sustraerlo tendrá que haber renunciado de antemano a los placeres del amor, de otra forma las ondinas lo seducirían antes que pudiese descender a las profundidades de su padre el Rin. Es lo que le sucede a Alberico, el nibelungo, que gélido por todos los desaires de las ondinas, decide apropiarse del oro y construirse un yelmo que lo hará invisible, y que le ayudará a dominar el mundo.
En la leyenda del Rey Arturo y de los Caballeros de la Mesa Redonda, encontramos otra variante de estas fantásticas mujeres: La Dama del Lago. Ella preside una corte de herreros que ha forjado a Excalibur, la mítica espada que le permitirá a Arturo escapar ileso y vencer en múltiples batallas:
Ante Arturo y Merlín apareció “la resplandeciente figura de la Dama del Lago, envuelta en un manto de brocado de espléndido color verde con hilos de oro; largos rubios y rizados le enmarcaban el rostro. Caminó sobre las aguas hacía donde Merlín y Arturo la contemplaban arrobados; cuando estuvo cerca ambos vieron que llevaba un cinturón y una vaina para Excalibur, decoradas con los colores verde y oro de su mágico reino.
Recuérdalo, Arturo – dijo la Dama con voz suave y sonora – mientras lleves este cinturón y esta vaina jamás perderás ni una gota de sangre en combate”. (El Rey Arturo y sus Caballeros. Jules Heller y Deirdre Headon. Grupo Editorial CEAC, Barcelona,pág. 48).
El “arrobamiento” que logra la Dama del Lago sobre Merlín será el comienzo del fin del mago. El amor que Merlín siente por ella le nubla los ojos y la razón. Cuando termina de enseñarle todos sus poderes, ella lo sepulta en el fondo del lago, hasta donde aún hoy duerme un sueño infinito:
“El astuto de Merlín se había enamorado de Nimue, la Dama del Lago. Ansiaba sobre todas las cosas estar a su lado, pero sabía muy bien que tendría que pagar un precio muy alto por su pasión… La Dama del Lago ambicionaba que Merlín le enseñara todos los secretos de sus mágicas artes, y él así lo hizo, con la esperanza de que de este modo ella lo amaría. Pero Nimue se resistía a sus deseos con taimadas excusas y no tardó en hacer del enamorado mago su más rendido esclavo. Acabó por arrebatarle todo su misterioso saber y se dispuso entonces a echar sobre él un último y definitivo hechizo”. (El Rey Arturo. Op.cit.)
Víctima de un encantamiento, Merlín desciende por unas escalinatas hasta el fondo del lago, cuyas aguas han sido separadas para tal efecto por su dama. Una vez terminado el descenso, Merlín penetra en una caverna, y sintiendo un repentino y profundo sueño se tiende sobre el suelo, al mismo tiempo que la entrada a la gruta se cierra con una gran loza de piedra y las aguas se unen nuevamente, cubriendo hasta el fin de los tiempos la prisión del más maravilloso de los magos de todos los tiempos, al menos para los occidentales.
La Dama del Lago, o Suma Sacerdotisa de Avalon, es la encargada de mantener el balance de todas las cosas y de todos los seres de la tierra; sin ella la destrucción y el caos prevalecerían, y los hombres vivirían sumidos en las tinieblas y en el horror. La presencia de figuras femeninas, tan enraizadas en la tradición oral, nos habla de un pasado matriarcal, donde la mujer tuvo que haber jugado un rol preponderante en las comunidades precristianas. En la película “Las Nieblas de Avalon”, de David Minkowskj y Justin Muller, realizada en la década de los años 80 del siglo pasado, se plantea incluso un fuerte sincretismo religioso, cuando al final Morgana identifica el culto a María como una supervivencia de la Diosa del Lago.
Es importante resaltar que los lagos, lagunas y riachuelos, jugaban un rol preponderante en la mitología celta. El agua era sagrada y allí habitaban sus divinidades, algunas se fusionarían con la religión cristiana, negándose a desaparecer y perpetuando su culto. Es el caso de Santa Brígida, antigua deidad celta, hija de un druida. Santa Brígida pasó a formar parte de las santas cristianas, como la protectora de las mujeres encintas, de los partos y de las comadronas; generándose de este modo otro sincretismo religioso.
En los dos relatos analizados (Los Nibelungos y la Leyenda del Rey Arturo) los metales extraídos de las profundidades de las aguas tienen poderes mágicos que hacen invisible a su dueño o que lo protege en las batallas. Este tema también se encuentra en El Señor de los Anillos de Tolkien.
En “El Libro de las Virtudes”, selección de cuentos infantiles hecha por William Bennett, hay otra variante de la leyenda de la Dama del Río. En el cuento “El Honrado Leñador”, su protagonista, un humilde labriego, pierde en el río su único instrumento de trabajo y por lo tanto su única riqueza, un hacha. El buen hombre comienza a quejarse amargamente, pues ya no sabe cómo podrá alimentar a sus hijos. Sus lamentos hacen que surja en la superficie de las aguas un hada, que le pregunta que le sucede, cuando él le relata lo sucedido, ella desciende a las profundidades del río y regresa con un hacha de plata; como el leñador le dice que no es la suya, se sumerge nuevamente en busca de otra hacha, esta vez de oro; el leñador vuelve a negar que sea la suya. El Hada del Río baja una tercera vez y regresa con el hacha extraviada. El leñador la reconoce y la Dama lo premia por su honestidad con las hachas de oro y de plata.
La Dama del Río también está presente en “El Mercader y el Ángel Negro”, cuento popular flamenco, un rico mercader que ha tenido un sueño premonitorio sobre su próxima muerte, desea a toda costa evitarla; por lo que se dirige al lago e invoca a la bella Dama, la misma que se le había aparecido la noche anterior en sueños, y a quien desea invocar para pedirle un gran deseo, la vida eterna.
“Miró un instante la superficie tranquila del agua y luego arrojó una moneda de oro, de acuerdo con la indicación de la figura del sueño. Esperó, con los ojos fijos en el agua, y a los pocos instantes vio surgir de las ondas una bellísima figura de mujer.
- ¿Qué deseas? – preguntó la aparecida.
Y el aterrado mercader alcanzó a balbucear con voz temblorosa: – Quiero vivir muchos años; no quiero morir todavía…
-Bien… comprendo lo que quieres decir, te lo concederé.
El mercader sabe muy bien que dicho deseo debe tener un precio:
- ¿Qué debo darte en pago de este privilegio?
En medio del profundo silencio de la noche se oyó un suave rumor de ondas. Eran las aguas del lago, que temblaban antes que la reina de las sombras formulara su exigencia”.
El relato continua con la descripción de la exigencia de la Dama del Río, la vida del mercader a cambio de otra vida, cuando el mercader está por abandonar la rivera del río aparece un hombre joven en estado de embriaguez; este hombre se caerá, y dado su estado de ebriedad terminará ahogándose en sus profundas aguas. De ahí en adelante el mercader tendrá una larga vida, pero los remordimientos finalmente no lo dejarán vivir en paz, y finalmente buscará darle fin al pacto realizado con la Dama del Río. Este tema de la eterna juventud lo retomaré en otro artículo, cuando les hable de un personaje de la literatura infantil y juvenil japonesa.
Tolkien, también hace alusión a las Damas del Río, una de ellas, Dama Baya de Oro, debe ser dueña de una belleza inconmensurable, puesto que su paso “deja una estela luminosa y risueña (donde) crecen siempre las flores”. (Bestiario de Tolkien. David Day. Editorial Timun Mas S.A. Barcelona.1.989)
Esta imagen que se nos aparece en la mente de una hermosa mujer, dejando tras de sí una estela de flores, nos trae la imagen de Ofelia. Ese maravilloso personaje creado por William Shakespeare, del que Millais, el pintor prerrafaelista más dotado y destacado técnicamente, haría una representación bidimensional de una gran belleza y sensibilidad, imprimiéndole un toque poético indiscutible a la figura de Ofelia flotando en las aguas del río. Por su parte Tolkien nos describe así la hermosura de Baya de Oro:
“¡Oh delgada como vara de sauce! ¡Oh más clara que el agua clara!
¡Oh junco a orillas del estanque! ¡Hermosa hija del Río!
¡Oh tiempo de primavera y de verano, y otra vez primavera!
¡Oh viento en la cascada y risa en las hojas!” (El señor de los Anillos. Op. Cit. pág. 140)
En esta obra Tolkien también nos deleita con otro personaje que tiene su origen en las ninfas, esta vez en las ninfas de los bosques: La Dama Galadriel, sacerdotisa de los elfos, poseedora de una exuberante belleza; y ademas protectora de Frodo, Sam, Merry y Peppin, y de toda la Compañía; no hay que olvidar que también tuvo un rol importante en la destrucción del anillo del poder. La Dama recibe varios nombres: Reina Galadriel, Dama de los Elfos, Dama Elfíca, Dama Blanca, Dama de Lórien, Dama del Bosque, Dama de los Galadhrim, Dama que no Muere, Dueña de la Magia, Dama del Bosque de Oro. La descripción que se hace de sus cabellos es descrita con una excelsa metáfora:
(su hermosura) “supera al oro de la tierra como las estrellas superan a las gemas de las minas”. (El Señor de los Anillos – Op. Cit. pág. 404)
En la leyenda australiana “La Serpiente del Arco Iris” aparece otra ninfa, La Señora de las Aguas. Es ella quien tiene el poder de beneficiar con las lluvias a los poblados que le eleven sus plegarias, o castigarlos si no lo hacen. Esta mítica señora puede verse cada cierto tiempo, cuando después de la lluvia se transforma en una gran serpiente de colores, dando así origen al Arco Iris.
Las ninfas orientales, a diferencia de sus hermanas occidentales, viven en el cielo, se caracterizan por ser muy hermosas y delicadas, pero sobre todo por ser excelentes bailarinas, los movimientos que le imprimen a la danza, tienen la cadencia y el ritmo del vuelo de las mariposas y de las garzas.
En “El Velo Encantado”, cuento popular japonés, un humilde pescador descubre un delicado velo, que luego su propietaria viene a reclamar, pues sin él le sería imposible regresar al lado de las otras ninfas; pero antes de entregárselo le ruega que dance para él:
“apareció una doncella que avanzaba hacia él sobre la punta de sus pies descalzos. Aquella joven con su amplio vestido de tela floreada, y los brazos levantados, parecía una gran mariposa que descendía de la copa del pino… la ninfa se le acercó y tomó delicadamente el velo. Lo desplegó como un ala de garza y empezó una danza. Sus pies se movían armoniosamente sobre el verde húmedo de la hierba, y sus brazos seguían el ritmo de una música ausente”.
Las sílfides, espíritus del aire, son también representadas en la mitología occidental como mariposas, y están relacionadas con la primavera, controlan a su vez el curso de los vientos. En la literatura oriental también existen los espíritus masculinos: Los silfos, al igual que las Sílfides son los espíritus del aire. En el cuento chino “La Reina del Lago Tung-Ting”, su protagonista, un joven poeta, les compone los siguientes versos:
“Los silfos del viento vagan/por el aire alucinado/y danzan extrañas rondas/sobre la hierba del prado”.
En el cuento japonés “La Historia de Himelia” se hace mención a las ninfas de la luna, al igual que las ninfas del cielo, su misión es danzar para brindar regocijo a los seres amados, pero también para regocijarse ellas mismas.
En la mitología amerindia abundan los personajes que pueden muy bien ser descritos como ninfas. En la mitología embera existe la leyenda de unas niñas llamadas wandras, son las protectoras de las cascadas, ríos, riachuelos; cuando los indígenas desean recoger el agua deben primero pedirles permiso siguiendo un ritual, de lo contrario podrían sufrir la consecuencia de su enojo.
En la tradición oral venezolana se encuentran los cabruncos, espíritus guardianes de las lagunas de los páramos. Viven en sus profundidades y no pueden ser molestados. Cuando algún intruso grita en la orilla de una de sus lagunas o tira piedras al agua, puede ocasionar la ira de sus pacíficos moradores, por lo que una intensa niebla cubre la región y entonces el intruso desaparece en ella. La leyenda también cuenta que cada treinta años estos espíritus atrapan a dos o tres personas y no las devuelven jamás.
Por otra parte, no hay que olvidar que los chibchas tenían una relación muy íntima con la laguna, de allí emergía Bachué, y en ella se bañaba el cacique en una complicada ceremonia, habiéndose adornado antes todo el cuerpo con polvo de oro.
Y por supuesto está Yemayá, la diosa de origen yoruba traída a Cuba y a Brasil por los africanos. Esta diosa es la madre de las aguas, de ella salieron los ríos y todo lo que vive en la tierra.
En Chile está otra figura fantástica, La Pincoya que vive en el mar y trata siempre de salvar a los náufragos, cuando no lo logra los lleva a un barco fantasma, donde finalmente encuentran la felicidad. A veces sale del mar y danza por largo tiempo en las playas, si la danza es mirando al mar, significa que los pescadores tendrán las redes llenas de peces y mariscos. Y si por el contrario danza mirando de espaldas al océano, los pescadores deberán buscar su sustento muy lejos de sus puertos.
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