martes, 15 de agosto de 2017

SER CRÍTICA LITERARIA EN COLOMBIA

SER CRÍTICA LITERARIA EN COLOMBIA: Soy crítica literaria, esa es una de las más grandes certezas que tengo en cuanto a mi actividad profesional se refiere, aunque sé que muchos autores colombianos consideran que en mi país no hay personas que puedan considerárseles como tal; así a veces nos escriban diciéndonos que desean enviarnos uno de sus libros para que los leamos e incluso nos dicen que esperan un artículo. También hay autores que sin preguntarme nada me envían sus obras y me dicen claramente que esperan mi concepto; a ellos ni siquiera les respondo; simplemente los ignoro, como si no existiesen. Otros me dicen que escriben cuento o poesía y que quieren que yo se los corrija y por supuesto que les haga algún comentario; como si yo fuese su profesora. Y si bien me considero crítica literaria, eso no quiere decir que mi oficio deba ser del agrado de todo el mundo; es igual con la narrativa o la poesía, puede que un autor gane premios y que a mí me parezca muy malo, y viceversa, puede ser que no gane ninguno y a mí me guste mucho. Lo cual no invalida para nada ni mi crítica ni la obra de un autor determinado. Y me pregunto: ¿Cómo alguien puede pedirle a un crítico analizar su libro o hacer una reseña sobre él, sobre todo cuando prácticamente no se conocen? ¿Y si no nos gusta su trabajo? Incluso cuando manifestamos que la obra que conocemos es de calidad, eso no quiere decir que estemos interesados en estudiarla; así que ¿cómo pueden solicitarnos un artículo? ¿acaso no saben cuánto trabajo hay detrás de una lectura? ¿O creen que no tenemos nada más que hacer? En cuanto a mí se refiere envío mi producción literaria a muy pocas personas, y cuando lo hago es porque hemos construido una amistad previa, sin pedirles nunca que me den su concepto. Y esto es importante aclararlo porque el hecho de conocer a la gente no quiere decir que haya una amistad de por medio; de hecho tengo muy pocos amigos. Y lo digo porque soy huraña por naturaleza, muy esquiva, rebelde, independiente, y muy muy solitaria. En otras palabras soy más arisca que toro de lidia, no hay Cordobés que valga; ni siquiera Shakespeare podría domarme. Por mi parte, confieso que soy alérgica a este tipo de peticiones, me molestan mucho; sólo escribo sobre una obra determinada cuando lo deseo, y la mayor parte de las veces, digamos que el 98%, es sobre autores que no saben que yo existo, y me interesa seguir así.

CÁSCARA DE NUEZ, DE IAN MCEWAN

Soy una lectora asidua de la literatura anglófona, regularmente me sumerjo en las páginas de algunos de sus autores ; aunque no tanto como yo desearía, así que no puedo decir que sea una gran conocedora de dicho universo literarario; mucho menos una especialista, solo soy una lectora atenta y entusiasta. Y entusiasmo es lo que sentí con el libro Cáscara de Nuez, de Ian McEwan (Reino Unido 1948), uno de los escritores con más renombre de la literatura contemporánea; al que le han sido otorgados numerosos premios literarios; entre ellos el Premio Fémina 1993. Muchos colombianos lo conocimos en el Hay Festival de Cartagena en el 2009. La lectura de esta novela me hizo pensar en el cuento El universo humano, de Elmo Valencia (Colombia-1933), poeta, cuentista y ensayista. Valencia es un contemporáneo de Gonzalo Arango, Jotamario Arbelaez y Eduardo Arango, y fue uno de los fundadores del Movimiento Nadaísta. Pueden leer el cuento al que hago referencia en el siguiente vínculo : https://redyaccion.wordpress.com/2012/07/08/13-cuentos-nadaistas-nuevo-libro-de-elmo-valencia/ Cáscara de Nuez es narrada en primera persona por un feto al que le faltan pocos días para nacer, y el tema principal gira en torno a la historia de su familia; historia que lo involucra, así los otros personajes ni piensen en ello. El feto, aunque aún no tiene nombre, es un auténtico diletante que se interesa por diversos temas; especialmente la poesía y la enología. Es un filósofo que escucha atentamente todo lo que se dice a su alrededor, lo que le permite desarrollar un gran sentido de observación y análisis. El feto y Trudy, su madre, escuchan regularmente noticias o música, y por supuesto él las analiza y construye su propia vision del mundo al que inevitablemente va a llegar. De esa misma forma aprende a apreciar el licor ; al que describe con un lenguaje que denota al sibarita que ya es incluso antes de nacer y con un vocabulario propio de los enólogos profesionales cuando hablan de su aroma, del sabor a frutas o a otros componentes naturales, o de las cepas, o las caraterísticas del viñedo de donde proviene un vino determinado. Sobra decir que posee un exquisito paladar ; y por supuesto que esa habilidad le permite desarrollar al mismo tiempo un refinado gusto por el farniente. Y es precisamente su predisposición a escuchar lo que dicen los demás que poco a poco descubre un terrible plan que contempla el asesinato de su propio padre (Jhon); un poeta enamorado hasta la médula de su madre, o al menos es lo que el feto cree, y que ha sido despojado de su propia vivienda por Trudy que alega desear estar sola por unos meses. La realidad es que ella tiene un amante, y el feto descubrirá luego que se trata de su tío paterno (Claude), el único hermano de su padre. A partir de ese momento se convierte en detective y trata de evitar el vil asesinato que hará de él un huérfano sin haber nacido todavía y que lo privará de ese padre al que ama y admira profundamente; y por supuesto siente que los dos amantes toman desiciones radicales que le conciernen directamente y que lo van a afectar tanto en su infancia como en su vida de adulto. Dentro de las medidas que imagina está una carta que redacta para su padre, y que por razones obvias no puede enviar. El ambiente se lleva a cabo en un huis-clos húmedo; con el característico olor a casa cerrada, sucia y llena de desperdicios de toda índole, donde los roedores se pasean a su antojo. En otras palabras, es una casa que refleja la miseria humana de los adultos que la habitan; una especie de condenados de la tierra, sin escapatoria posible; no creen en el paraíso y se niegan a cualquier tipo de redención; como si el descenso a los infiernos fuera la solución a la vida gris y sombría que llevan. Otra de las caracterísitcas de este libro es un fino humor, un elaborado divertimento; hubo pasajes en los que me reí a carcajada batiente, como el momento en que el feto decide nacer sabiendo que aún le faltan dos semanas de gestación. Cáscara de Nuez, es un parodia de la novela detectivesca ; puesto que desde el inicio sabemos quienes son los futuros asesinos. Es un libro verdaderamente sorprendente desde todo punto de vista, muy original, con gran sentido del humor, un relato genial. Ojalá lo lean. Es una joya literaria.

martes, 8 de agosto de 2017

LA LITERATURA NO TIENE PORQUÉ DAR LECCIONES DE MORAL

Nunca he creído que la literatura deba dar lecciones de moral. En lo que concierne a las fábulas,muchas de ellas escritas en verso, son un género que no tienen nada que ver ni con la poesía ni con la novela. Las moralejas por lo tanto son características de dicha expresión literaria, y a mi modo de ver no deben extrapolarse ni a la poesía ni al cuento ni a la novela ni al ensayo. Hacerlo es demeritar el trabajo del poeta o escritor. Sacar moralejas o dar lecciones de moral es lo que hacen seudoescritores como Paulo Coelho; o sea, eso es propio de los libros de autoayuda o de superación como la gente los llama comúnmente. Por ejemplo, no creo que a A Pizarnik le hubiera gustado que alguien criticara su decisión personal, autónoma y libre con respecto a su suicidio. Y con esto no quiero decir que no se pueda debatir sobre el suicidio u otro tema sensible, o que las personas o alumnos de literatura no puedan dar su opinión; lo que trato de decir es que para ello hay otros espacios, y por supuesto que la literatura ayuda a reflexionar sobre temas tan espinosos en una sociedad tan creyente como la colombiana, donde el suicidio está al mismo nivel que el pecado; algo que yo por supuesto no comparto.

viernes, 4 de agosto de 2017

Aspectos míticos en Cien Años de Soledad:

Un artículo mío publicado en un medio portugués: Un honor haber sido seleccionada para para participar en la Revista TriploV de Artes, Religioes e Ciencias (Portugal), cuya directora es Estela Guedes; gracias a ella por esta publicación y por los poemas que ya me ha publicado con anterioridad. http://www.triplov.com/novaserie.revista/numero_66/index.html

jueves, 27 de julio de 2017

Lectura de mi poema UN HOMBRE CONDENADO A MUERTE

FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE CURTEA DE ARGES (RUMANIA) DEL 12 al 18 de julio de 2017: Lectura de mi poema UN HOMBRE CONDENADO A MUERTE (Homenaje a Juan Gelman)// Ya no tengo preguntas/ sé que no hay respuestas/ le pregunté al cancerbero/ le pregunté a los muros/ le pregunté a los túneles7 le pregunté a los grilletes7 le pregunté a la penumbra/ a la hoja que entró por el ventanuco/ a la gota de agua que perfora el techo/ a los ríos de sangre/ que corren por mis túneles secretos/ Sólo recibí silencio tras silencio/ intuí que no hay respuestas/ -sólo soy uno más de los condenados de la tierra-/ Como única compañía/ la sombra larga que crece/ cada noche en el húmedo muro de la celda/ En las noches de insomnio/ -en realidad todas-/ el olvidado de la tierra/ roba el sudario de la luna,/ se arropa con él/ una voz gélida/ le canta una antigua nana//

viernes, 21 de julio de 2017

RITUALES DEL AZAR, DE CAROLINA ZAMUDIO

Me gustaría decir que conozco a Carolina Zamudio (Argentina, 1973) desde hace algunos años, ¿quién no conoce su nombre en Colombia ?; me refiero, por supuesto, a los lectores de la poesía. Sin embargo, sólo hasta hace poco tiempo comencé a leer su trabajo, sin que ninguno de sus versos me haya decepcionado. Debo decir también que el trabajo poético de Carolina Zamudio es denso, a veces impenetrable, es un trabajo muy elaborado, donde cada palabra tiene exactamente el sitio que le corresponde; su poesía no es anecdótica ni facilista; por el contrario, se sumerge en mares insondables, tortuosos, y aún así leerla es una experiencia que se transforma en un gran goce estético e intelectual. Al menos es lo que he sentido con la lectura de su último libro Rituales del azar (Éditions Villa-Cisneros, Toulon, 2017), en una hermosa y cuidada edición del traductor y editor Rémy Durand, una publicación bilingüe que le permite al lector navegar entre las dos lenguas, pasar de una a otra como quien se contempla en un espejo de agua; no como lo hiciera Narcizo, sino para solazarse con la belleza de sus imágenes, así duelan como una espina invisible que es lanzada al centro mismo del cosmos. Rituales del azar invita a muchas lecturas, a muchas interpretaciones, a muchos viajes. Y cuando hablo de viajes lo hago pensando en la Poesía Simbolista, un viaje al interior de sí mismo, en una especie de travesía del río Aqueronte, sólo que no hay barca ni Caronte nos pide óbolos para llevarnos a la otra orilla. Es un viaje que debemos hacer por nuestros propios medios, aún a sabiendas que será imposible salir indemne de dicha travesía. Podemos ahogarnos o bien podemos respirar nuevamente. Sin embargo, si logramos tener la cabeza afuera, y evitar que los remolinos jueguen con nosotros como si fuéramos marionetas en manos de los dioses que no ríen, de esos que se hacen llamar agelastes, habremos de alcanzar la otra orilla, aunque ya no seremos los mismos. Ahora bien, entremos en el libro, y para hacerlo debemos comenzar por su título : Rituales del azar. Y si hablo del título es porque considero que en él está la clave de los poemas que contiene el libro. Un título debe ser, en la medida de lo posible, por no decir siempre, bitácora y aguja naútica, y aunque se navegue por mares ignotos, y la nao sea sacudida por tormentas, la bitácora y la brújula sabrán finalmente llevarnos a una playa segura, así la mayoría de las veces sea desconocida. Rituales del azar es de por sí todo un reto. Recordemos que los rituales se basan en repeticiones ad infinitum en el que los gestos y las palabras poco o nada cambian con el transcurrir del tiempo. En cambio el azar es algo imprevisto, desconocido, no sabemos que va a pasar en el minuto siguiente, ni siquiera sabemos si aún estaremos con vida. Y es ahí precisamente donde esos dos conceptos se entrelazan y se hacen necesarios el uno al otro. Recordemos que la bitácora también es vista como un cuaderno de a bordo donde se registran todas las maniobras del piloto que conduce el bajel; como el estado del tiempo o las visicitudes vividas durante la navegación. Y aún así, por más que todos los contratiempos y aciertos, vividos a bordo, estén debidamente anotados, nada asegura que en el minuto siguiente la marea no cambie y que un temporal sacuda la carcaza desde la proa hasta la popa ; poniendo en peligro a la nave y a sus tripulantes . Ésto es en cierta forma el azar. Ahora desmenucemos esa hermosa palabra : AZAR María Moliner, en su Diccionario de uso del español (Editorial Gredos, España, 3a edición, 2007), nos explica que la palabra azar viene del árabe andalucí azzáhr y del árabe clásico zhar, palabras que quieren decir dado. O sea, cuando los eventos no obedecen a desiciones divinas ni a fenómenos naturales, sino a lo que pueda surgir de un momento a otro, algo inesperado, dejando así las desiciones al azar ; como en un juego de dados en los que se juega la vida misma. Rituales del azar es entonces el compendio del pathos que Carolina Zamudio va a desarrollar a todo lo largo de su discurso poético. Para explicar un poco esta premisa habría que recordar que pathos se refiere al discurso con el que un autor espera cautivar y capturar al lector. La bitácora llamada Rituales del azar se convierte a su vez en una línea muy delgada en la que el lector -leáse funámbulo- va a caminar tratando de no caer en el abismo que sortea la existencia humana. Es por ello que el título es un gran acierto que abre el umbral de una poiesis muy elaborada, en la que ningún verso sobra. Recuérdese que la poiesis tiene el poder de transformación de la realidad; podría decirse que es la fuente que da origen a la vida, de ahí su carácter ontológico y metafísico incontestable. Y por supuesto, hay que recordar a Heidegger cuando habla de la poeisis como una iluminación; característica incontestable del trabajo poético de Carolina Zamudio. Para entender el aspecto ontológico y metáfisico de Zamudio leamos uno de sus poemas: Sin red En tierra de mariposas/ a la caza de sofismas./ Sin red./ La noche tiene un balcón/ con la vista hacia dentro./ A veces ingreso.// Amo el silencio que duerme/ la casa. Y yo/ todo agita/ yo muchos, ninguno,/ desde afuera hacia un bullicio único/ que todo ancla/ vierte./ Noche : tus pasillos me develan/ el infinito/ y ese yo./ Los otros claudican.// Veamos ce cerca algunos de sus versos : Sin red./La noche tiene un balcón/con la vista hacia dentro./A veces ingreso. ¿Cómo no pensar en un eterno funámbulo y en la eterna caída –la chute-, esa a la que hace alusión Camus ? Porque esa es la existencia humana, un eterno salto al abismo, a la nada –léase néant-. Es por ello que el poema Codicia nos revela la palabra clave de su poesía : Hueco. hueco de luz amanecido ancla Un vacío sin fondo, sin redes que mitiguen la caída o que la interrumpan. De ahí el miedo atávico a lo desconocido, el pavor de las tinieblas que rodean la chute inherente a la existencia misma. El ancla es invisible, mitiga la caída y aún así no la impide. Recuerda que la condena de los dioses es ineludible, y que el Hades es el único puerto posible. El Hades -o Haides- morada de los muertos, es visto en la tradición cristiana como pozo de suciedad o tumba; este último es un concepto que viene del hebreo Sheol o Scheʼóhl, el cual también puede ser traducido como hoyo, infierno o sepulcro. O sea, la caída y el hueco, a los que hace alusión Carolina Zamudio, son el eterno viaje hacia la muerte que todo ser humano emprende desde el momento mismo de la concepción; y por supuesto debe ser leído como condena, castigo a los que ningún ser humano puede escapar. Es por ello que la poeta dice: La misma noche suspendida en el tiempo … la misma noche, el mismo olor (Poema : Y dejó de ser silencio) Una hermosa forma de hablar de la muerte, de la finitud, de la mortalidad vista, por supuesto, como el secreto de la condición humana y de su inconmensurable fragilidad y soledad. Y luego : como alguien que leyó el destino y se dejó ser silencio (Idem) No hay concesiones, ni perdones, solo hueco (vacío), noche (tinieblas) y silencio (muerte). Ese silencio sideral que ensordece y sume en el delirio a este especie que desea ser inmortal aún a sabiendas que sólo es una ínfima partícula que navega en el aire y que está destinada inexorablemente a desaparecer de la faz de la tierra. Y luego la muerte surge con toda la intensidad de un ritual perenne, inmortal; no todo podía ser azar, así el juego de dados también sea eterno. Veamos : Otoño Si muero en otoño/ seré redimida por mi falta de fé./ Si muero en otoño/ mi cuerpo vuelto polvo/ volará al fin libre/ -cadencia hoja-/ ocre, amarillo.// Si muero en otoño, joven/ viva quizá con tezón/ en las mujeres de mi descendencia./ Pues si muero en otoño este canto/ será un presagio dulce lanzado de madrugada/ al arrullo de los espasmos de mi madre/ que duerme la casa de la infancia.// Si no es otoño, acaso, que alguien sepa/ que la dulzura de castañas/ la íntima penumbra de un atardecer cualquiera/ hubiera sido el escenario certero/ para deshojar de una vez, ese, el día. La poeta, elegida para narrar la historia -su historia-, sabe que es una hoja barrida por el viento, una pequeña hoja que navega por centurias, tanto pasadas como futuras. Como hoja sacudida, balanceada, por el viento -como si se tratase de un cuerpo en una hamaca sempiterna- sabe que es sólo una extensión de un antiguo árbol, en este caso de un castaño, pero también podría ser de una sequoia; no en vano es un árbol que vive entre dos mil y tres mil años, alcanza una altura de 115.61 metros, sin contar, por supuesto, la inmensa longitud de sus raíces, y la circunferencia de la base del tronco puede medir 7.9 m.; en otras palabras un árbol milenario e indestructible. Y así los vientos sean huracanes y las lluvias tempestades, no hay fuerza de la naturaleza que los abata ; están ahí como testigos inmortales, como individuos que ven pasar los siglos y los milenios, mientras desgranan una a una las semillas que vendrán a acompañarlos en esa fiesta que se llama eternidad. Por eso la poeta hace alusión a las : mujeres de mi descendencia …. al arrullo de los espasmos de mi madre que duerme la casa de la infancia (Poema Otoño) Y luego, en otro poema de igual calidad poética, dice : Los zapatos de la muerta en la hamaca. …Era el patio de la casa de mi madre. Mi casa. Era la hamaca de mis hijas. Esos zapatos eran de la muerta. ¿ De quién? Sólo supe que había muerto.// Más no así su memoria./ Mi conciencia en reposo se resiste a morir./ Despierta y vive muertes./ Cierta memoria aún vive en mí./ O vivo para revivirla./ Al alba, junto a mí. (Poema Los zapatos de la hamaca) La poeta, testigo de su tiempo, testigo de los tiempos, sabe que su ascendencia y su progenie es indestructible, inmortal ; así a veces la muerte pase el umbral de su casa. Y en el poema Mis muertos dice : Llevo mis muertos en mí. Vienen de mañana a extasiarse en mi mano (como si fuesen pájaros que vienen a coger la semilla que perpetuará la descendencia, o sea un ritual; y al diseminarla la dejan caer en diversos lugares, algunos cercanos y otros lejanos, o sea el azar). cuando acarician luminosos las frentes de mis hijas. Uno mira al espejo en mis ojos de un pardo más ocre que verdoso asomando enigmático por los párpados caídos de otro muerto que vive en mí hasta que la muerte nos separe. Los rituales finalmente le ganan la partida a ese juego de dados llamado azar. Para terminar quisiera hacer alusión nuevamente al poema Codicia: un hueco de luz amanecido ancla y en Luz : Sola./ No madre, no hija, no amante./ Artesana, camina entre las dudas./ Las certezas son del sol./ Con lágrimas, es de porcelana./ Cuidado con tocarla./ Se quiebra.// Agnóstica y maltrecha./ El vientre curtido de desgarros/ cuchilladas. Con estos dos poemas Carolina Zamudio nos pone frente a un doble espejo: El de la izquierda: es el espejo de la frágil condición humana, el que se quiebra en millones de partículas. 1. El de la derecha: es el insondable misterio de ser mujer en un universo que también se quiebra en cada respiración, en cada segundo; testigo mudo de la caída al vacío en que está suspendida esta especie que escribe poesía y que trata de sobrevivir agónicamente entre la belleza y el desamparo. ¿Cómo salir indemne después de esta lectura? Por otra parte, quisiera resaltar la traducción hecha por Rémy Durand; una traducción que he disfrutado tanto desde el punto de vista estético como intelectual; puesto que la voz de Carolina Zamudio encuentra su voz gemela en esta hermosa y emotiva traducción. Un gran honor leer a esta poeta tan cara a los colombianos. Recomiendo los siguientes documentos : Rituales del azar: h Presentación de Rituales del azar en Francia (2017): Pueden leer algunos de los poemas del libro Rituales del azar en la revista de poesía La raíz invertida: También recomiendo la entrevista que le hizo el escritor argentino Pablo Di Marco en la revista Libros y Letras:

miércoles, 19 de julio de 2017

FESTIVAL DE POESÍA DE CURTEA DE ARGES (RUMANIA) Julio 2017

FESTIVAL DE POESÍA DE CURTEA DE ARGES (RUMANIA) del 12 al 18 de julio 2017 Gracias al poeta y traductor rumano CRISTIAN SABAU por el trabajo de traducción que hizo de varios de mis poemas; dos de los cuales aparecen publicados en el diario de Curtea de Arges.

viernes, 7 de julio de 2017

PARA NOMBRAR LA MADRUGADA, DE FLAVIA FALQUEZ

Acabo de leer Para nombrar la madrugada (2017-EDR Editor Independiente) de la poeta colombo-española Flavia Falquez; lo hice dos veces, deteniéndome en sus imágenes, releyendo algunos versos, bebiendo el néctar dulce de sus palabras y escuchando el eco lejano de una cítara perdida en el confín de los tiempos. Este poemario se debate entre el olvido y la memoria. El olvido a veces se viste con la mortaja de Penélope, pero la misma Penélope le da vida nuevamente a través del tejido que hace con las palabras que invitan a una evocación permanente. Para nombrar la madrugada, es un libro que indaga en la ausencia; es una forma de conjurar el dolor inherente a la pérdida. De ahí que la evocación sea tan importante, a través de ella regresan los momentos y las personas que la poeta ha amado. A través de la evocación la poeta impide que las personas amadas desaparezcan de sus ojos, así algunas veces las busque “en cada baldosa/ de nuestra casa vacía”. Para nombrar la madrugada es también una forma de nombrar lo inasible; y lo hace a través de la sensualidad, de un erotismo que conoce la suavidad que da el tiempo y la sabiduría, la sapiencia del amor. Esa sapiencia que no nació ayer, ni en esta madrugada, sino que viene de lejos: “Los hombres nacemos con destino de estrella/condenados a ser el amor y su imagen./Sin embargo sabes que mi voz es la tuya y conservo tu cuerpo,/tan mío y tan ajeno,/único camino/ en el que siempre me pierdo/y al que regreso constante”. Y así a veces se sienta desterrada, sabe que el exilio no es por siempre ni definitivo; sabe que en algún recodo habrá de reencontrarse consigo misma y que será a través del poema que encontrará refugio: “Sin rumbo,/abandonada de los dioses y la luna,/caí sin mástiles ni amarras/en tu vieja trampa de sirena./Borracha de crepúsculos/y derrotada en la ternura, te volví poema/y me senté/en la línea de algún verso/sola/conmigo/a quererte”. El saudade, lejos de sumirla en el delirio, le ofrece el ancla que necesitaba para no seguir en el naufragio de los recuerdos y de las sombras. Los versos son leños encontrados en la infinitud del océano, gracias a ellos no sucumbe, no se ahoga; en cierta forma encuentra una especie de Edén, al menos el que ella anhela.

viernes, 30 de junio de 2017

HA MUERTO SIMONE VEIL, LA MUJER QUE DESPENALIZÓ EL ABORTO EN FRANCIA

Simone Veil (Francia, 1927-2017) El uso de la píldora y la legislación en pro del aborto en Francia se hizo de la mano de una gran defensora de los Derechos de la Mujer y gran defensora de los Derechos Humanos. Me refiero a Simone Veil (1927). De origen judío, Veil fue deportada a Auschwitz en marzo de 1944 y liberada en 1945; lo que tuvo que haberla marcado indeleblemente, tanto como ser humano en general, como mujer en particular. Por lo que no es raro que el tema de los Derechos Humanos, específicamente los de la mujer, hayan sido el baluarte de la lucha política que emprendió al terminar sus estudios de derecho y ciencias políticas. Bajo el gobierno de Giscard d’Estaing (1974-1981), ejerció el Ministerio de Salud, de la Seguridad Social y de la Familia, y en calidad de Ministra aprobó la distribución de la píldora anticonceptiva. Un año más tarde legisló a favor del aborto, lo que se conocería como la Ley Veil; lo cual generó una fuerte polémica entre la sociedad laica y la Iglesia católica. En 1979, fue nombrada Presidenta del Parlamento Europeo, siendo la primera mujer en acceder a dicho cargo; máxime que su elección se hizo por medio del sufragio universal. En 1993 regresó nuevamente al Ministerio de Salud y firmó un documento elaborado por médicos forenses y observadores de la Comunidad Europea, en el cual se denunciaba la violación de mujeres y niñas bosnias durante el conflicto de Bosnia-Herzegovina. En 1998 fue nombrada Miembro del Consejo Constitucional de Francia, título que ostentó hasta el 2007. En el 2005 fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Cooperación Internacional, por el combate en pro de los derechos y de la dignidad del hombre y de la lucha de la mujer; presea que venía a sumarse a muchas otras que ya había ganado con anterioridad. Además, catorce universidades le han otorgado el Doctorado Honoris Causa. En el 2008 recibió el Premio Yuste, otorgado por la Fundación Academia Europea, por su defensa de los derechos de la mujer. Actualmente, es la presidenta honoraria de la Fundación para el Recuerdo del Holocausto, o de la Shoah, y desde el 2003 colabora con el Tribunal Penal Internacional. El 20 de noviembre de 2008 obtuvo el más grande galardón al que un ciudadano francés, o francófono, puede aspirar: fue elegida miembro de la Academia Francesa. Su último libro lleva un título bastante sugestivo: “Los hombres también se acuerdan”. Sin embargo, para que la Ley Veil fuese una realidad, primero tuvo que darse una lucha sin cuartel por parte de las mujeres, para que se les reconociese su derecho inalienable a decidir sobre su propio cuerpo. Por lo que es importante nombrar a Giselle Halimi (1927), de origen tunecino, hija de madre judía y de padre bereber. Autora de “La Kahina, Reina de los Bereberes”, gran conocedora del mundo, de la cultura y de la historia de este grupo étnico. Feminista, jurista, escritora. Amiga personal de François Mitterand (1916-1996). Representante de Francia ante la Unesco y fundadora de “Choisir la cause des femmes” (Escoger la causa de las mujeres), movimiento feminista que trabajó arduamente en pro de la legislación que hizo posible el reconocimiento del derecho al aborto en Francia. Desde sus inicios ha denunciado, igualmente, la violación de los Derechos Humanos en el Norte de África. El Movimiento buscaba básicamente lo siguiente: – “abrogación de la ley represiva de 1920 que condena el aborto. – defensa gratuita de las mujeres acusadas de aborto. – contracepción libre y gratuita. A partir de 1974, los objetivos del movimiento Choisir se amplían y abarcan el estatuto general de la mujer en la sociedad: -lucha contra la violación, las violencias físicas y morales y los esquemas culturales sexistas. -lucha por la igualdad profesional. -lucha por una mejor representación de la mujer en la vida pública (entre otras peticiones)”. [1] Simone de Beauvoir (1908-1986) era una de sus colaboradoras. Por lo que no es de extrañar que hubiera sido una de las trescientas cuarenta y tres mujeres que firmaron el manifiesto publicado en la prensa y que llevaba el nombre de “343 salopes”; lo que en español puede traducirse como puta, pero también como desalmada o sinvergüenza. Adjetivo que venía siendo utilizado por la sociedad francesa para designar a las mujeres sospechosas de haber abortado. “El 15 abril de 1971, en Francia, el Movimiento de Liberación Femenino (MLF) inauguraba una manera de hacer campaña por la conquista del derecho del aborto mediante una modalidad sumamente novedosa y superadora de las prácticas tradicionales, recreando lógicas de acción. Apareció entonces a doble página, en el periódico Le Monde, un manifiesto firmado por 343 mujeres que reconocían públicamente haber abortado. El mismo fue conocido bajo el nombre de las 343 Sinvergüenzas; en el cual periodistas, artistas, obreras, intelectuales, amas de casa, activistas, escritoras, entre otras tantas, salían de la esfera privada a partir de su pública reivindicación política. Hubo firmas de talla por su trayectoria que provocaron un fuerte impacto a esta estrategia de visibilidad: Simone de Beauvoir, Catherine Deneuve, Giselle Halimi, Jeanne Moreau, Marguerite Duras”. El texto era breve, pero contundente: “Un millón de mujeres abortan cada año en Francia. Ellas lo hacen en condiciones peligrosas a causa de la clandestinidad a la cual están condenadas, cuando esta operación, practicada bajo el control médico, es de las más simples. Se hace el silencio sobre este millón de mujeres. -Yo declaro ser una de ellas. -Yo declaro haber abortado. -De la misma manera que nosotras reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre”.[2] La lucha por la legalización del aborto tuvo como abanderada a otra gran feminista: Betty Friedan (1921-2006). Nacida en Estados Unidos, en el seno de una familia judía, bastante convencional. Asistió a la universidad y obtuvo el título de psicóloga. Trabajó luego como reportera en diferentes diarios y revistas; y en 1952, embarazada de su segundo hijo, es despedida del trabajo. Este acto, que debió sentir como un gran atropello, fue el detonante de la labor que emprendería por el resto de su vida: la lucha por las reivindicaciones de la mujer. En 1963 publicó su primer libro: La mística de la feminidad (Premio Pulitzer 1964), habiendo vendido tres millones de ejemplares; lo que lo convirtió en uno de los bestsellers más exitosos de todos los tiempos. Este libro representaba para la mujer de clase media de los Estados Unidos lo que El Segundo Sexo (1949) de Simone de Beauvoir había representado años antes en la sociedad francesa. Betty Friedan, abogó por los derechos laborales de las mujeres, entre ellos el obligar a las aerolíneas a aceptar como azafatas a mujeres mayores de 32 años, sin importar su condición civil. El 26 de agosto de 1970 presidió una marcha, que no sólo conmemoraba los cincuenta años del sufragio femenino, sino que tenía como objetivo principal la exigencia del “aborto gratis e inmediato”, la cual congregó a cerca de 50.000 mujeres. [1] “Choisir la cause des femmes”. [2] Las 343 sinverguenzas. Bellucci, Mabel. ———————————- Acerca de este artículo: La reseña “El aborto y el manifiesto de 343 salopes francesas” hace parte del libro “¡Cuidado! Escritoras a la vista…“ (Be Ediciones, Manizales, 2009) de la escritora Berta Lucía Estrada. Este libro ha sido recientemente incluido por la Universidad Nacional de Colombia en su Biblioteca virtual; pueden leer en el siguiente vínculo:

miércoles, 28 de junio de 2017

El cumpleaños de Aracne y otros cuentos

El cumpleaños de Aracne y otros cuentos, de Sial Pigmalión (Madrid 2017) es un hermoso proyecto de cuentos infantiles escritos al alimón, no a dos manos sino a siete; veamos: José Revelo Revelo, Socorro Soco Mármol Brís, Carlos Orlando Pardo, Fermín Fernández Belloso, Ondina Zea, Laura Hernández Muñoz y Ángeles Cantalapiedra. En él encontramos siete cuentos en los que cada autor tiene su parte de autoría; y lo que es importante de anotar es que las historias nunca pierden ilación ni el tono ni el estilo decaen. Son narraciones que si bien están escritas pensando en un público infantil denotan un gran respeto por los lectores a los que van destinadas; y si digo ésto es precisamente pensando que no todos los autores que escriben libros mal llamado "infantiles" tienen en cuenta a la hora de construir el discurso narrativo, puesto que a veces suelen creer que escribir para niños es algo fácil y que pueden salir con cualquier historia. Es el caso de Los gnomos de Gnu, de Umberto Eco, un autor que respeto y admiro, pero este libro denota su desconocimiento de la literatura infantil. Eco quizo escribir un cuento que tratase de fomentar el respeto por el planeta tierra, y aunque la idea es buena la narración es bastante floja y obvia. Felicidades a los autores, espero que sigan con este proyecto polifónico.

martes, 27 de junio de 2017

“Los muertos no resucitan, ni siquiera cuando se lavan los cadáveres”

Iglesia de San Sebaldo (Nuremberg-Alemania) “Los muertos no resucitan, ni siquiera cuando se lavan los cadáveres” (frase leída en la iglesia de San Sebaldo) El 7 de agosto de 2013 tuve la oportunidad de conocer la ciudad de Nuremberg (Alemania), y la visita a su iglesia de San Sebaldo me sumió en una reflexión profunda sobre la guerra y la paz. Pero no sólo por lo que la iglesia en cuestión representa, surgir como ave fénix de las cenizas, sino por el proceso de paz que Colombia, en cabeza de Juan Manuel Santos, ha construido en estos años y que hoy, martes 27 de junio de 2017 culmina con la entrega de las armas de las FARC. En esa visita pensé inevitablemente en sus detractores, en sus enemigos, en esas fuerzas ocultas que no quieren que nada cambie, porque eso va en contra de sus intereses de clase, en contra de sus intereses políticos, en contra de sus propios intereses de tenencia de tierra, intereses cuasi feudales. Y por supuesto pensé en esa sombra siniestra que es Uribe, pensé en sus gritos y en su llamado al odio, en la apología que hace día a día de la violencia, en la caricatura en la que se convierte cada vez que vocifera como un energúmeno; seguido por el eco de sus fanáticos seguidores, que a veces son sólo secuaces de intenciones oscuras que tratan a todo precio de ensombrecer el horizonte que los colombianos de bien tratamos de construir a lo largo de nuestra vida. Uribe no me representa. Nunca me ha representado. Nunca voté por él, ni nunca lo haría. Me niego a aceptar que su cólera nos conduzca al cadalso, a la muerte, a la guerra perpetua a la que pretendió jugar cuando quiso reelegirse para un tercer mandato, con el secreto a voces de declararle la guerra a Chávez; sólo por su deseo de jugar con soldaditos de plomo, queriendo olvidar que ni son soldaditos ni son de plomo, queriendo ignorar que ya no tiene la edad para jugar a bravuconadas, queriendo ignorar que el hacerlo solo lo empequeñece ante los ojos de la historia. Y si hablo de todo ésto, es porque la iglesia de San Sebaldo, a la que hago mención, supo convertirse en un lugar de reflexión y de denuncia de lo que es la guerra y del llamado horroroso de personajes como Hitler y sus secuaces, algunos de los cuales estaban escondidos en las entrañas mismas de la Iglesia; tal y como ha sucedido muchas veces en Colombia en estos cincuenta años de crímenes abyectos de la extrema derecha, y de los oscuros personajes que se han lucrado de la guerra, entre ellos las cabezas de las FARC o del ELN, pero también de los paramilitares y de algunos militares que creen que la guerra es la única forma de ejercer su trabajo. La iglesia de San Sebaldo (1215), un monumento para la paz (Nuremberg) * 20 de abril de 1945 Las armas guardan silencio. Nuremberg caída y sumida en el horror de una guerra que nadie había imaginado… Despedazadas, horadadas y vacías, las torres de San Sebaldo se elevan hacia el cielo. Iglesia y Estado bajo el manto de una paz engañosa. La semilla de la violencia fue sembrada y germinó en los espíritus y corazones de mucha gente. El desierto de ruinas de la ciudad se extiende casi hasta el infinito. Pero uno de los tejados ya ha sido reconstruido; no hay duda, los demás lo imitarán. Paz… Pero ¿Qué significa? Acaso que se puede deambular por las ruinas sin tener miedo a las bombas? ¿Acaso significa que el sol calienta a los hombres y a las piedras como si nada hubiera pasado? ¿Acaso significa que el horror ya comienza a ser pasado? La casa de dios se convirtió en su propio sepulcro. He aquí los altares destruidos y la cultura de varios siglos pisoteada. Las campanas han sido destruidas, fundidas. Como mucha gente, San Sebaldo se ha quedado sin voz. En el verano de 1945, cuando se conocieron los crímenes horribles de los Nazis, las palabras se atoraron en el fondo de su garganta. ¿Acaso las guerras son al mismo tiempo una forma de pagar deudas? Los habitantes de la ciudad vieja se niegan a abandonar la casa de dios, limpian los escombros, despejan las calles adyacentes. Una tímida esperanza cubre el cielo, mientras que la primera barraca aparece en la nave lateral norte, destruida en el bombardeo. ¿Acaso no sería mejor demolerla por completo? Las heridas… ¿Acaso el portal de los novios será de nuevo testigo de la felicidad de un nuevo matrimonio? Esfuerzos increíbles para que la reconstrucción de la iglesia de San Sebaldo no se detenga, el andamio no deja de crecer. La iglesia de San Sebaldo es una construcción viva. Al fin, en 1954, nueve años después de la guerra, la armazón del techo de la iglesia de San Sebaldo ha sido terminada; todavía faltan tres años para la nueva consagración, pero ¡qué felicidad! La primera misa es una sensación de cobijo. En la nave central, amurallada, está la gente turbada por la guerra, marcada por el sufrimiento; no sólo busca lo que representó, sino lo que queda de ella. Los primeros trabajos de reconstrucción fueron más bien ineficaces. Los muertos no resucitan, ni siquiera cuando se lavan los cadáveres. *Estas frases acompañan una serie de fotos que van desde la multitud que aclama a Hitler, poco antes de la Segunda Guerra Mundial, hasta la foto del 17 de diciembre de 1992 que muestra a otra multitud, 100.000 personas con velas encendidas, que clama porque el horror no vuelva a repetirse nunca. Las frases son una traducción libre que he hecho del francés al español.

viernes, 23 de junio de 2017

VIRGO POTENS, DE MA. SOCORRO MÁRMOL; UNA REESCRITURA DE LA PICARESCA ESPAÑOLA

Conocí personalmente a Ma. Socorro Mármol Brís (España) en la pasada Feria del Libro de Madrid; se me acercó entusiasmada después de haberme oído hablar sobre el tema Mujer y Literatura a la que había sido invitada por Basilio Rodríguez Cañada, Presidente de Sial Pigmalion, y por Carlos Orlando Pardo, presidente de Pijao Editores; me la presentó Carlos Pardo Viña, y ella me preguntó si podía obsequiarme su libro Virgo Potens (Grupo Editorial Sial Pigmalión-Madrid 2016, 247 páginas). Pues bien, acabo de leerlo y me ha dejado una muy grata impresión. No sólo es una obra muy bien escrita sino que me hizo remontarme en el tiempo y creer que estaba leyendo una obra de la picaresca; ese género que surgió en el Siglo de Oro Español. El lenguaje de Ma. Socorro Mármol Brís hace gala de una gran riqueza; pocas veces emulada por los autores contemporáneos. También refleja el lenguaje local de su tierra natal, Sierra Mágina, a tal punto que a veces creía que el castellano que leía era de otros tiempos, como el del Lazarillo de Tormes, o el mundo de un Guzmán de Alfarache. Precisamente uno de sus personajes, Torcuatillo el Cojo, me hizo rememorar al Lazarillo; así como la sociedad en la que se mueve, los contrastes socioeconómicos, la vida de los renegados, de los desarrapados, de los olvidados por esa otra clase que se cree superior y que en vez de mejorar el modus vivendi del pueblo, que supuestamente protege, profundiza aun más en las infinitas argucias que pone sobre la mesa para que las diferencias sociales existan, puesto que sin ellas muchos de sus privilegios de clase –léase casta- desaparecerían irremediablemente. Para ello necesita apoyarse en los pilares de la sociedad patriarcal, veamos: El cura, en representación de la Iglesia, el juez, en representación de un supuesto Estado de Derecho, y el abogado, que aunque pertenece a una clase privilegiada trata infructuosamente de proteger a los desvalidos. El mundo turbio en el que se cruzan los ricos del pueblo con la clase mal llamada popular y con los que están en lo más bajo de la pirámide social -me refiero a las prostitutas y a los renegados por sus orígenes non sanctos, tal y como sucede en la picaresca- está contado en primera persona, otra de las características del género en cuestión. El relato es más bien el retrato de la vida de un pequeño villorrio devenido en infierno grande. Allí vemos desfilar retazos de la historia española, ya no del siglo XVI sino del XX; me refiero a la Guerra Civil Española y a los temibles años que siguieron a la más larga dictadura europea, la de Franco; y todo ésto a través de los ojos impertérritos de una niña, Ginesa, a la que aún no la ha visitado la menarquia; aunque a veces su relato se mezcla con los recuerdos que tiene en su etapa adulta y en la que trata de exorcizar los demonios que la acosan desde esa infancia en que debía esconderse cada vez que escuchaba las peleas descomunales de sus padres o cuando escapaba de los castigos inclementes de una madre para la que sólo contaban sus muertos; mientras que su padre, abogado de profesión, se mece en la desazón de un amor prohibido; me refiero a la relación abierta que sostiene con la hetaira más hermosa e hidalga del pueblo. Otra de las narradoras es Violante, la mujer, ya hecha adulta, desea a toda costa ser escritora, pero para ello necesita de la ayuda de la otra amiga, Salomoncica, narradora oral por excelencia. Al final cada una de ellas necesitará de la presencia de Torcuatillo el Cojo, al menos de lo que queda de su presencia, para armar el rompecabezas de sus vidas y de la vida del pueblo. Y si hablo de hidalga, en el sentido que le da la RAE, o sea, una persona “generosa, noble, valiente”, es porque en suma Virgo Potens es ante todo una novela que ensalza a la mujer. Es una novela feminista en el sentido más contemporáneo del término. Las mujeres no son sólo las protagonistas del relato sino que son los personajes que verdaderamente salen avante de todos los contratiempos que los hombres -supuestamente “probos”, y a los que ya se había hecho alusión, como son el cura y el juez- les habían sembrado en el camino arduo y difícil que tendrán que recorrer; no para que triunfen sino para destruirlas. Con la diferencia que ellas sobreviven así crean que han fracasado en el intento. Sólo al final se dan cuenta que no, que sus vidas no son un fracaso y que están allí no sólo como testigos de un oprobio sin nombre sino para contarlo; y así, de una forma o de otra, lograr recuperar la decencia que creían sepultada en el pasado. Pero sobre todo evitan que el olvido reine y que la memoria se imponga por encima del dolor, del sufrimiento y de la bajeza humana. En otras palabras recuperan la memoria que todo pueblo debe tener para poder comprender el presente y poder proyectarse a un futuro; puesto que ellas finalmente entienden que es la memoria histórica la que logra redimir a los pueblos y por ende a los hombres y mujeres que lo conforman. Virgo Potens también es una novela que me hizo pensar todo el tiempo en La amiga estupenda de Elena Ferrante; con la diferencia que en la novela de Mármol Brís no son dos amigas sino tres y además hay una presencia masculina, Torcuatillo el Cojo, con el que conforman un extraño cuarteto donde no es la música la que va a hacer bailar sus vidas sino el desamparo y la tragedia. Ese cuarto integrante, por muy disparatado que parezca, es una de las figuras principales -léase columna vertebral- de esa amistad que nada ni nadie podrá destruir, ni siquiera la muerte. Por último quisiera hacer un breve análisis comparativo entre Virgo Potens, de Ma. Sócorro Mármol Brís, con La amiga estupenda, de Elena Ferrante, teniendo en cuenta que las dos obras hurgan en el mundo secreto de las mujeres. Me refiero a la menstruación, al abuso sexual, al machismo o la misoginia; pero sobre todo la diferencia en la educación impartida a hombres y mujeres. Estas dos obras bucean en la intimidad de la mujer; en ese universo femenino que ningún hombre podrá vislumbrar por razones evidentes. Así que si les interesa conocer un poco más sobre nuestra psiquis y sobre nuestra forma de ver y sentir el mundo, la familia, los vecinos, el primer amor o las primeras caricias –entre muchos otros aspectos- deberían leer estas dos obras. Otra de las características que vale la pena resaltar es que los dos libros son un registro de los cambios que sufrieron España e Italia después de la 2a Guerra Mundial. La amiga estupenda, de Elena Ferrante, es el libro que Daniel Pennac le obsequia a todos sus amigos y debo confesar que no lo leí con el mismo entusiasmo que lo anima. Es más, no me produjo ni frío ni calor, una especie de aletargamiento más bien. Y aunque La amiga estupenda es una obra muy bien escrita, la verdad es que no me sedujo para nada, incluso me aburrió, no veía la hora de terminar su lectura. Me parece una obra más decimonónica que del siglo XXI. En cambio Virgo Potens es una novela que me sedujo, que me interpeló, que mueve montañas, y cuya lectura no me dejó indemne. No dudo en afirmar que Virgo Potens es una lectura que debería ser hacerse en los cursos de literatura de colegios y universidades; sin olvidar el excelente curso de español que su autora nos brinda; por lo que no dudo en afirmar que considero a Ma. Socorro Mármol Brís una narradora no sólo excelente sino muy superior a Elena Ferrante. Por último quisiera resaltar que Virgo Potens es un soberbio homenaje a esa gran mujer que fue Minerva Mirabal (República Dominicana 1926-1960); otra razón más para recomendar su lectura. ____________________ Adenda 1: Y no, definitivamente La amiga estupenda no es un libro que pueda ser catalogado como realismo mágico; lo digo porque algunos críticos literarios han hecho ese comentario, algo que a mi modo de ver es completamente disparatado. Y por supuesto que en el caso de Virgo Potens tampoco podría hablarse de realismo mágico, sino como una reescritura de la novela picaresca española; tal y como lo había explicado al inicio de esta reseña. Adenda 2: Para que se hagan una idea del lenguaje de Ma. Socorro Mármol Brís aquí les dejo este enlace; espero que lo disfruten: http://www.publicatuslibros.com/autor/info/maria-socorro-marmol-bris/

domingo, 18 de junio de 2017

NADA QUE OCULTAR, DE GLORIA YOUNG: GÉNESIS O TURBULENCIA DE LA PALABRA-I PARTE

Nota: El ensayo que hoy publico hace parte de la conferencia que dicté el pasado jueves 8 de junio en la Casa de América (Madrid-España), con la presencia de los Embajadores de Panamá y Colombia en España, señores sr. Milton Cohen Enriquez Sasso y sr. Alberto Furmanski Goldstein. PRIMERA PARTE Conocí a Gloria Young en el marco del IX Encuentro Internacional de Mujeres Escritoras en Bogotá en el año de 2010. En esa ocasión el Encuentro estaba dedicado a Matilde Espinosa, una de las más importantes voces poéticas de Colombia. Coincidimos en la presentación de dos trabajos, cada una había escrito un ensayo sobre una poeta de su país. La escuché atentamente, no solo conocía a una escritora de la que nunca había oído hablar, sino que ante mí nacía una mujer, Gloria Young, que con el tiempo se transformaría en una de mis grandes amigas. Dos años después, en el 2012, Gloria me invitó al X Encuentro que se llevó a cabo en su país natal, Panamá, y del cual era su presidenta. El evento conmemoraba a Diana Morán, la escritora que me había regalado hacía dos años. Desde entonces la magia de su amistad no ha hecho sino enriquecer mi vida. Gloria Young está hoy a mi lado, y como imagino que habrá algunas personas que no la conocen, o que la conocen poco, voy a permitirme hablar un poco sobre ella, sobre ti admirada poeta Young. Sé que no le gustan los elogios; sin embargo, no podrá evitar que yo los diga. Así que comenzaré por una pregunta muy simple y a la vez categórica:¿Quién es Gloria Young?¿Young? Dirán algunos de ustedes, pero si ese apellido no es español… Y ahí comienza el enigma y la veta insondable que es Gloria Young. Una mujer mestiza como lo somos todos los latinoamericanos e incluso los europeos; es decir como lo somos todos los seres humanos. Gloria Young es descendiente de esclavos africanos, de migrantes europeos, no sólo españoles sino húngaros, y como veremos detenidamente es descendiente directa de lo que se ha denominado la diáspora china. No temas avanzar lentamente, teme solo detenerte. (Confucio) Su bisabuelo paterno era originario de Manchuria; para ser más exacta pertenecía a la etnia tungú, uno de los pueblos que se sometieron al dominio de Gengis Khan. Tal vez la insignia que más conocemos de este pueblo es su costumbre de rapar el área frontal del cráneo de los hombres y al mismo tiempo dejar crecer una larga coleta (trenza); lo que también ayudaba a identificarlos en los campos de batalla. Esta etnia tuvo el control de China desde 1654 hasta su caída en 1912, en el período conocido como Dinastía Qing; la cual impuso sus códigos vestimentarios en todo el Imperio. El bisabuelo de Gloria Young, cuyo progenitor lo entregó a una familia que tenía proyectado emigrar a la Guayana Británica -posiblemente para escapar de alguna hambruna- hizo parte de las primeras migraciones de trabajadores chinos –más conocidos como culíes o coolíes- en el Caribe, llevadas a cabo básicamente a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Aunque hablar de “migraciones” es un eufemismo; puesto que en realidad se trataba mano de obra bajo un régimen cuasi esclavista que en no pocos casos fue el germen de la actual presencia china en los diferentes países antillanos y que venía a reemplazar a los esclavos venidos de África, cuyo mercado comenzaba a ser prohibido. En el año de 1833 el Imperio Británico es el primero en promulgar una legislación que pretendía combatir dicha infamia; en realidad un crimen de lesa humanidad. Veamos que dice la literatura sobre esta migración que también ha recibido, como acabo de anotarlo, el nombre de La Diáspora China. El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, describe la Cartagena de Indias de 1895, así como la comunidad china que albergaba; un fresco sociológico que cuenta lo que sucedía en el Caribe decimonónico: “Nadie creyó que el autor fuera el chino premiado. Había llegado a fines del siglo anterior huyendo del flagelo de fiebre amarilla que asoló a Panamá durante la construcción del ferrocarril de los dos océanos, junto con muchos otros que aquí se quedaron hasta morir, viviendo en chino, proliferando en chino, y tan parecidos los unos a los otros que nadie podía distinguirlos. Al principio no eran más de diez, algunos de ellos con sus mujeres y sus niños y sus perros de comer, pero en pocos años desbordaron cuatro callejones de los arrabales del puerto con nuevos chinos intempestivos que entraban en el país sin dejar rastro en los registros de aduana. Algunos de los jóvenes se convirtieron en patriarcas venerables con tanta premura, que nadie se explicaba cómo habían tenido tiempo de envejecer. La intuición popular los dividió en dos clases: los chinos malos y los chinos buenos. Los malos eran los de las fondas lúgubres del puerto, donde lo mismo se comía como un rey o se moría de repente en la mesa frente a un plato de rata con girasoles, y de las cuales se sospechaba que no eran sino mamparas de la trata de blancas y el tráfico de todo. Los buenos eran los chinos de las lavanderías, herederos de una ciencia sagrada, que devolvían las camisas más limpias que si fueran nuevas, con los cuellos y los puños como hostias recién planchadas. Fue uno de estos chinos buenos el que derrotó en los Juegos Florales a setenta y dos rivales bien pertrechados. Nadie entendió el nombre cuando Fermina Daza lo leyó ofuscada. No sólo porque era un nombre insólito, sino porque de todos modos nadie sabía a ciencia cierta cómo se llamaban los chinos.” García Márquez deja así constancia de la presencia, a veces ignorada, de las comunidades chinas en el Caribe, y por ende en toda Hispanoamérica. Un desconocimiento producto no sólo de la escasez de fuentes sino de la dispersión de las mismas. La migración china llegó a las Antillas en la segunda mitad del siglo XIX. La prohibición de 1833, que impedía la importación de esclavos negros del África Occidental, tenía como efecto inmediato el arribo de coolíes para trabajar en las plantaciones. Esta llegada de un nuevo pueblo engendró un cambio fundamental en la sociedad caribeña. Debido a la gran escasez de mujeres chinas, los nuevos llegados crearon familias con esclavas o hijas de esclavos libertos. Los migrantes chinos no sólo se instalaron sino que se integraron en las diferentes comunidades del Caribe, contribuyendo en gran medida a la gran riqueza étnica y cultural de dicha región. Pues bien, el bisabuelo de Gloria Young era uno de esos coolies que llegaron en un viejo y destartalado barco a las costas de la Guayana Inglesa. En otras palabras fue uno más de los millones de inmigrantes que llegaron a América; no me refiero sólo a los EEUU, sino al continente, a ese continente que Neruda nos describiera en Canto General; esa oda americana que muchas personas de mi generación no hemos dejado nunca de admirar y de leer. AMOR AMÉRICA (Pablo Neruda) Antes de la peluca y la casaca fueron los ríos, ríos arteriales, fueron las cordilleras, en cuya onda raída el cóndor o la nieve parecían inmóviles: fue la humedad y la espesura, el trueno sin nombre todavía, las pampas planetarias. Y ese hombre debió haber llegado, como muchos otros inmigrantes de todos los tiempos, con una valija en la que guardaba su mayor tesoro: su lengua, su cultura, el pasado milenario de su pueblo; y allí, oculto, imagino a Po Chi-I (372-427) recitándole a su bisabuelo versos que le recordaran a su amada China: RETENIDO POR UNA NOCHE EN UNA CALETA Viajando en barco a Chiang-chou En la oscuridad me trepo a la margen del río, me paro acá, [solo: viento sobre el agua, aire helado -una fresca tarde. Me vuelvo, miro el bote atracado en la caleta - entre brotes de cañas y ráfagas, un rayo de luz. Afortunadamente el bisabuelo de Gloria Young no estaría por siempre solo. Él, al igual que muchos otros de sus compatriotas, encontró el amor y dejó una semilla que se fructifica cada vez más. La tierra pródiga que le dio cobijo ha sabido reproducir una y otra y otra vez la simiente que viajó en una antigua nao. De esa simiente nació su padre, un hombre probo, trabajador incansable, que junto a otra mujer maravillosa horadaron la tierra en busca de la veta que hizo posible que una vez más las semillas germinasen y saliesen a la luz en su tierra, esa tierra llamada América. *Nota: Este ensayo será publicado en cuatro entregas. Pueden ver el video de la conferencia en el siguiente vínculo:

sábado, 10 de junio de 2017

viernes, 2 de junio de 2017

Escucha el canto del viento, de Haruki Murakami

Escucha el canto del viento, de Haruki Murakami (1972).
Acabo de leer el primer libro de Murakami; lo hice con verdadero deleite; es una obra muy diferente a sus libros posteriores, y aunque en algunos partes cuenta anécdotas bastante banales no deja de ser un relato que desnuda al hombre, lo muestra delante del espejo tal y como es, un ser miserable que debe soportarse a sí mismo y soportar por ende a los demás; un hombre que se sabe finito y que así no ame su propio reflejo debe aprender a vivir consigo mismo a no ser que se dé un tiro en la cabeza o se lance de lo alto de un edificio o de una roca.

Abril rojo, de Santiago Roncagliolo, una obra que pierde vigencia y bastante mediocre

NOTA: Hace unos días Santiago Roncagliolo, bastante orondo, decía que Cien años de soledad ya no tiene vigencia... Yo le respondo que lo que no tiene vigencia es su obra; sólo he leído Abril rojo, y la verdad sea dicha me parece un libro bastante mediocre; y por supuesto no pienso volver a leer nada de él, comprar otro de sus libros es perder el dinero. (Mayo 2017) ABRIL ROJO: CUANDO LA IGNORANCIA -O LA INCOMPETENCIA- SE TOMA EL PODER (ensayo escrito en 19, febrero de 2014) En estos días hemos asistido inermes ante la debacle de Venezuela, de Ucrania, por no hablar de la guerra fratricida que asola a Siria o la terrible incompetencia de varios de los gobernantes africanos que consideran que sus países son sus feudos personales y que el pueblo es sólo su esclavo. Pero tampoco podemos ignorar a personajes como Uribe, y su larga y oscura noche, hoy alargada por ese siniestro personaje salido del bestiario medieval conocido como Ordoñez. La ignorancia y la incompetencia no tienen color político, ¿cómo habrían de tenerlo si lo único que les interesa es su ambición personal, el enriquecimiento de su propia familia, o de sus allegados más íntimos? ¿aunque para lograrlo recurran a la persecución y asesinato de los opositores, a la manipulación de la justicia, al robo electoral, y muchas veces al genocidio de su propio pueblo? todo esto para escapar a la prisión dónde deberían purgar sus delitos. Y si me refiero a dicho tema es porque en estos días he estado inmersa en la lectura de Abril Rojo*, el libro sobre el Sendero Luminoso, de Santiago Roncagliolo; aunque para ser honesta más bien debería decir el libro que se sumerge en la corrupción de las fuerzas armadas, de la policía y de la justicia peruana. En realidad una parábola de la fragilidad de nuestras democracias, por lo que no puedo evitar hacer una lectura de la política colombiana, de su más que cuestionada justicia, de su execrable guerra, y de su terrible desigualdad social, económica y educativa. Sin olvidar el nefasto papel que han jugado la Iglesia católica y las sectas que pululan en sus calles polvorientas, con las que tratan de ocultar las huellas de los 220.000 cadáveres que ha dejado este confrontamiento armado en los últimos cincuenta años. Y es que Maduro, como lo fue Fujimori en su momento, los Kirchner de antes y de ahora, las dictaduras del Cono Sur, el Uribe de antes y de ahora con su implacable twitter; verdadero azote con el que nos recuerda todos los días que durante su paso por el Palacio de Nariño lanzó al país en un lodazal de fanatismo y sectarismo, con el que buscó perpetuarse en el poder y convertirse en un ídolo, olvidando que la mayoría de ellos son sólo de barro y excrementos; tal y como lo prueba el escándalo en el que se ahogan ahora las Fuerzas Militares de este país que pugna por salir de la hecatombe que él propició. La misma hecatombe que legó Chávez, no solo por su pésima administración, sino por haber dejado en el poder a un hombre sin ninguna preparación intelectual ni académica; por lo que el barco está zozobrando ante la enorme ola que amenaza con tragárselo. Sin olvidar que detrás del timonel están los Castro que manipulan al Maduro, nunca maduro, o a Evo, o a la marioneta que tienen en Nicaragua; sin olvidar los aplausos que le dan a la persecución de la prensa en el Ecuador. Y es que el fascismo, como lo decía Héctor Abad Faciolince en su columna de El Espectador, publicada el pasado domingo (15 de febrero de 2014) no es sólo de extrema derecha. También lo es cuando la extrema izquierda, y su incapacidad administrativa, derrumba las bases de una democracia y sume a la población en el miedo, en la precariedad, en la violencia y en el hambre que corroe sus entrañas. Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo. Premio Alfaguara de Novela 2006. Punto de Lectura, 2007.

miércoles, 10 de mayo de 2017

VIVIANE MORALES: UNA MUJER FANÁTICA . CARTA ABIERTA

Esta semana ha debido ser muy difícil para usted, imagino que ha perdido la calma más de una vez y que no ha podido conciliar el sueño que le hace falta para recobrar la cordura que necesita en el ámbito privado y en el público. Sin embargo, no logro sentir lástima por usted; y si lo digo es porque usted no siente lástima por la mayoría de personas que habita en este país convulso y violento, al que muchas veces declaraciones como la suya ahondan más en la inequidad y en la discriminación. Usted sostiene que “la familia es sagrada”, debo decirle, antes de continuar, que para mí lo único sagrado es la vida de mis congéneres. Considera que familia es solo aquella conformada por un hombre y una mujer. ¿Dónde quedamos las miles de personas que hemos tenido hijos sin casarnos? ¿Usted misma no dejó al padre de sus hijos por irse a vivir con el hombre que amaba? Un hombre por lo demás cuestionable en muchos aspectos. De guerrillero habría pasado a formar parte de grupos paramilitares y según parece habría tenido negocios turbios en los que el Estado habría quedado mal parado; en otras palabras un hombre con un prontuario bastante extenso. ¿Cuál es su escala de valores? ¿Dónde está el umbral entre la ética y el amor? ¿Y aún así usted quiere hacerse pasar como adalid de la moral? ¿De cuál moral? ¿De veras cree que es portadora de la verdad revelada y única? Porque para mí no existe una verdad, hay infinidad de verdades e infinidad de mentiras. Por si fuera poco, enceguecida por los postulados de sus creencias religiosas, habría sido incapaz de comprender y aceptar las posibles diferencias sexuales de una persona cercana a usted. ¿Y aún así persiste en darnos lecciones de moral? ¿Cómo es posible discriminar a alguien porque no piensa ni siente como uno cree que debería hacerlo? ¿De cuándo acá nuestra senda es la única? ¿Acaso las personas no vienen al mundo para que sean felices, autónomas, independientes, libres? Usted debería saber algo al respecto; no en vano ha seguido sus propios impulsos afectivos y sexuales. Aunque imagino que en su momento eso debió ser una etapa muy difícil para sus hijos y no por eso ellos la quieren menos. Pero usted, si algo ha demostrado a lo largo de su vida, es que es una mujer guerrera y en cierta forma autónoma. ¿Por qué le niega ese derecho a cientos, miles, millones de personas? Ahora bien. Dice que nadie debe inmiscuirse en su vida privada. Eso es cierto cuando no se es una figura pública, ni cuando con sus actuaciones se afecta la vida privada de millones de colombianos. Cuando se opta por una carrera política, o se pretende legislar en contra de los derechos de las minorías, o cuando se ejercen juicios de valor que discriminan a las madres solteras, entonces no debe extrañarle que se hable claramente de su familia. Ha debido pensar primero en ella antes de tomar decisiones tan graves como el referendo que pretende imponernos simplemente porque usted practica una religión intolerante, que la aleja del respeto y de la caridad que supuestamente predican los cristianos y los católicos. Usted, si verdaderamente tiene algo de ética, debería no sólo renunciar a seguir adelante con esa cruzada en contra de muchos colombianos, sino renunciar al senado. Personas como usted deberían primero hacer un alto en el camino para reflexionar sobre las equivocaciones que no hacen sino polarizar aún más esta sociedad ya dividida por sesenta años de guerra fratricida, sino para poder ganarse el respeto de muchos colombianos que hoy nos sentimos agredidos por usted. Somos los mismos colombianos que nos sentimos agredidos por Alejandro Ordoñez y por Uribe, entre muchos otros actores violentos -entre ellos las guerrillas- que ha generado esta sociedad, que con postulados como los suyos, o como los del Opus Dei* -a través de la Universidad de la Sabana- no han hecho sino hurgar en la herida que han abierto al pretender mostrarse como entes infalibles y que están por encima del mal, cuando el mal viene en muchos casos de los discursos violentos que predican en los púlpitos o utilizando los puestos que ocupan como servidores públicos; olvidando, más bien ignorando cínicamente, que Colombia es un Estado de Derecho y laico, así a usted y a Ordoñez, y por supuesto a Uribe o a la Hoyos, les pese. Ojalá no le dé por utilizar cilicios, o por flagelarse. Más bien busque la forma de aceptar que hay personas que no piensan como usted, ni que sienten como usted, ni que aman como usted. Uno no echa a alguien de la casa por su condición sexual, ni religiosa, ni política. No estamos en el Medioevo. Podemos conversar y tratar de aceptar las diferencias, así no las compartamos. No instale una nueva Inquisición, así sueñe con ella. Por último, y aunque usted lo sabe mejor que yo, recuerde que los homosexuales nacen de padres heterosexuales y que no siempre son los mejores padres ni los peores, simplemente padres. Lea una vez más las cifras de niños abandonados por los padres, o que viven en familias extensas, o los miles de niños que han sido criados por madres o padres solteros o viudos o simplemente divorciados como es su caso, y que negarle la oportunidad de adoptar a los homosexuales es ir en contra de los cientos de niños abandonados por padres heterosexuales. Atentamente, Berta Lucía Estrada Estrada

sábado, 29 de abril de 2017

Feria del Libro Madrid 2017

FERIA DEL LIBRO DE MADRID 2017 Lanzamiento de mi libro ... de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos (Pijao Editores y Grupo Editorial Sial Pigmalion). Llegar a España es el sueño que todo escritor latinoamericano contempla y espera; en mi caso es una realidad gracias al apoyo de Carlos Orlando Pardo, de Jorge Eliecer Pardo, de Carlos Pardo Viña, y por supuesto del editor Basilio Rodriguez Cañada. Nos veremos en la Feria de Madrid a celebrarse del 26 de mayo al 11 de junio 2017.

jueves, 27 de abril de 2017

BREVE REFLEXIÓN SOBRE LOS BAJOS NIVELES DE LECTURA EN COLOMBIA

BREVE REFLEXIÓN SOBRE LOS BAJOS NIVELES DE LECTURA EN COLOMBIA: Siempre escucho decir que si en Colombia hay un nivel muy bajo de lectura se debe a que los libros son muy caros; lo cual es sólo una verdad a medias. Lo digo porque la mayoría de padres de familia, estudiantes, profesionales jóvenes, compran al menos una botella de licor semanalmente o una cajetilla de cigarrillos diaria; ni que decir del dinero que se invierte en ropa o en productos de belleza o en cirugías estéticas. Vivo en Francia, y aquí, al igual que en Colombia, los libros son muy costosos. Para que tengan una idea les cuento que hace una semana compré cuatro libros que me costaron 100€, poco más de $300.000=, y uno solo era de bolsillo; en cuanto a los libros de bolsillo cuestan alrededor de 7.50€, mucho más que una cerveza, y lo digo porque un señor aduce que en México los libros cuestan lo mismo que dicha bebida. Dirán que en Francia los salarios son muy altos, y puede ser verdad si se comparan con los salarios colombianos; lo que es una realidad es que la vida es muy costosa; piensen solamente en lo que cuesta la calefacción en invierno; la vida de una gran parte de franceses es bastante precaria. Olvidamos que las bibliotecas públicas existen, trabajé en una de ellas durante 10 años, y conozco la Biblioteca del Banco de la República que es excelente. Olvidamos que en Internet se encuentran miles de libros gratuitos. Les cuento también que las universidades de Manizales han creado una red que incluye a sus bibliotecas, así que cualquier estudiante puede acceder a las bibliotecas de las cinco universidades. La lectura debe ser estimulada desde la familia: ¿Cuántos padres les leen a sus hijos pequeños? ¿Cuántos padres les compran libros a sus hijos bebés o de dos o tres años? Dirán que no saben leer, cuando la lectura es mucho más que descifrar los signos del alfabeto. ¿O cuántos padres llevan a sus hijos a una librería semanal o mensualmente? ¿O cuántos padres regalan libros en aniversarios o navidad o primeras comuniones? ¿En cuántos hogares hay más de 5 o 10 libros que no sean textos escolares? y esto incluye a hogares con buena capacidad adquisitiva. Les cuento también que en la ciudad de Ibagué la editorial Caza de Libros de Pablo Pardo, hermano de los escritores Jorge Eliecer Pardo y de Carlos Orlando Pardo, promueve la compra de libros de una forma totalmente inédita: por un libro que un estudiante compré puede acceder a la lectura de 500; cada vez que lee un libro va a la editorial y lo cambia por otro. Una idea excelente que combate la teoría que la gente no lee porque los libros son muy costosos.

martes, 11 de abril de 2017

LA VÍSPERA DE CASI TODO, de Víctor del Árbol

LA VÍSPERA DE CASI TODO, de Víctor del Árbol, Premio Nadal 2016 (Editorial Planeta 2017), 411 páginas. Víctor del Árbol ha recibido los siguientes premios: Premio Tiflos, 2006 Finalista del Premio Fernando Lara, 2008 Premio Polar Europeo de novela negra, 2012 Premio Query Noir, 2013 Premio Tormo Negro de novela policiaca, 2013. Gran premio de literatura policial extranjera en Francia, 2015. Premio Nadal, 2016. Y a pesar de todas estas preseas literarias nunca había leído uno de sus libros; La víspera de casi todo es la primera obra que leo de este autor. Debo decir que es una novela bien estructurada, con un lenguaje muy poético, sobre todo en las primeras doscientos páginas. En esta obra se narran varias historias en tiempos y lugares diferentes que terminan entroncándose la una con la otra. Todos, y cada uno de los personajes, vivos o muertos, tienen su propio infierno; saben que no hay escapatoria posible y que están irremediablemente condenados a la peor de las torturas. Saben que deben expiar sus culpas, o las culpas de sus padres, por el resto de sus vidas. Son conscientes que no hay redención posible; conocen el infierno, habitan en él y saben que el purgatorio es sólo una quimera y que el hogar a veces puede ser un abismo en el que se cae sin fin. Los personajes de La víspera de casi todo también son conscientes que son unos perdedores y que ganar es sólo una utopía. Están atrapados en la tela de una araña de la cual es imposible salir. Viven en una trampa mortal, por algo habitan en el fin del mundo; allí donde el horizonte es solo una quimera. Debo decir que si bien leí la primera mitad del libro con mucho entusiasmo desde el punto de vista literario y con bastante desazón desde el punto de vista psicológico, esas impresiones y sentimientos fueron cayendo, desmoronándose, difuminándose. Al final sentía que leía sólo una novela del montón; poco a poco iba adivinando lo que iba a ser narrado a posteriori; así que la tensión cada vez era menor y el suspenso parecía diluirse dando paso a imágenes que me detallaban lo que el autor quería ocultar hasta el final. No la considero una obra extraordinaria, aunque vale la pena leerla.

martes, 7 de marzo de 2017

SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ

Nota: El 8 de marzo se considera el Día Internacional de la Mujer, no es una celebración propiamente dicha sino la conmemoración de un terrible suceso en contra de varias mujeres; ya otras veces he hablado al respecto y seguramente muchas personas lo harán en el día de hoy; así que decidí que mejor recordar a Juana Inés de Asbaje, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz. Este artículo es uno de los capítulos de mi libro ¡Cuidado! Escritoras a la vista…, y forma parte del acervo bibliográfico de la Biblioteca Virtual de la Universidad Nacional de Colombia; si les interesa leerlo pueden hacer click en el siguiente vínculo: ------------------------------------------------------------------------------------------------ En el siglo XVII surge una eminente figura, su nombre es Sor Juana Inés de la Cruz *(1651-1695), una de las más grandes escritoras de todos los tiempos. Su obra ha sido estudiada por Pedro Salinas, Octavio Paz y Pedro Henríquez Ureña, para no nombrar sino tres de los grandes intelectuales que han analizado su portentoso legado. Su verdadero nombre era Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, hija ilegítima del militar español Pedro Manuel de Asbaje y Vargas Machuca y de la criolla Isabel Ramírez de Santillana. Sor Juana es una mujer completamente diferente de sus predecesoras, yo diría que si hubiese que compararla a alguna de ellas sería con Eloísa; no obstante las separan cinco siglos. Sor Juana nace en 1651 y muere en 1695, en territorio del Nuevo Mundo. Eloísa había nacido en Francia en la Alta Edad Media, en el paso de las iglesias románicas a las góticas, mientras que Sor Juana lo hacía en México, en tiempos de la colonia española y en pleno apogeo del Barroco. Sin embargo, tienen en común el profesar un culto inmenso al conocimiento, al estudio de las lenguas y a la creación literaria. Sor Juana hablaba latín, náhuatl y por supuesto español. Fue autodidacta, y su formación la debe a la gran biblioteca que tenía su abuelo materno. Fue poeta y dramaturga, y tenía una gran pasión por la ciencia. Al no experimentar ningún deseo de casarse, ni poder hacerlo con alguien de su condición soical al ser hija ilegítima, un pecado enorme para la sociedad de su epóca, decide seguir el único camino que le quedaba a una joven soltera de su siglo: la vida religiosa. Al respecto dice: “entréme de religiosa porque para la total negación que tenía para el matrimonio, era lo más decente que podía elegir en materia de salvación”. Más tarde explicará su opción de vida: «Vivir sola... no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros». Al igual que Eloísa, leyó los clásicos griegos y latinos, y por supuesto realizó estudios de teología. Conocía a la perfección a Góngora, a Quevedo, a Gracián y a todos los poetas del Siglo de Oro español. Pero también hay que ver en su lírica la influencia de la filosofía neoplatónica, del lenguaje cortesano y de Petrarca. Su primer ingreso monacal lo hace en la orden de las Carmelitas Descalzas, pero su salud no soportó su ascetismo extremo por lo que pronto cayó enferma, debiendo abandonar dicha comunidad. Una vez recuperada ingresó a la orden de las Jerónimas, a la que perteneció por el resto de su vida. Al igual que Eloísa sufrió una persecución acérrima por parte de uno de los representantes de la Iglesia. En su caso, la persecución fue realizada por su confesor, el jesuita Antonio Núñez de Miranda, quien llegó incluso a prohibirle que escribiese, ya que consideraba que no era un oficio apto para la mujer. Por otra parte, desaprobaba la enorme acogida que Sor Juana tenía dentro de la sociedad de su tiempo al ser reconocida como una verdadera intelectual. La postura del religioso fue rechazada por la Virreina Marquesa de la Laguna, quien fue una de las más fervientes seguidoras de Sor Juana. Incluso se ha especulado mucho sobre la verdadera relación que habría habido entre las dos. Algunos de los versos de las endechas reales de Sor Juana dicen así: “Divina Lysi mía Perdona si me atrevo a llamarte así, cuando Aun de ser tuya el nombre no merezco … Así, cuando yo mía Te llamo, no pretendo que juzguen que eres mía, Sino sólo que yo ser tuya quiero”. Ahora bien, ¿Cómo explicar un tono tan mundano y una relación tan cercana entre una mujer de alta alcurnia y una religiosa? Para ello habría que tener en cuenta que la vida monacal del siglo XVII difería mucho de lo que había sido en los siglos inmediatamente anteriores. El monasterio de las Jerónimas, al no ser de clausura, gozaba de una gran libertad en cuanto a la vida de las monjas se refiere. La tradición monacal española era bastante diferente a la de los otros países europeos; así que la vida en un convento podía equipararse muchas veces a la vida de la corte. La gente entraba y salía; las monjas recibían visitas constantemente, y muchas de ellas estaban lejos de seguir una vida de retiro espiritual como hoy en día lo concebimos. Teniendo en cuenta este precepto es fácil entender que las mujeres de alcurnia, o procedentes de familias adineradas, aunque vivieran dentro del claustro, su vida poco difería de las costumbres que habían llevado antes de tomar los hábitos. Un monasterio, como el de las Jerónimas, estaba francamente jerarquizado. Por un lado estaban las monjas que venían de “noble cuna” y por el otro las monjas que carecían de apellidos nobles o burgueses y que por lo tanto no aportaban dote en el momento de tomar los hábitos. Estas monjas debían entonces pagar su estadía en el convento con el trabajo manual. Es decir, los oficios que tenían que ver con la cocina, el aseo, la costura, entre otros. Una prueba fehaciente de la vida monacal a la que hago referencia es el monasterio de Santa Catalina de Siena en Arequipa, Perú. Este monasterio en realidad fue construido como una inmensa ciudadela, con una superficie de 20.426 m2. Hoy en día se visita y el turista puede pasear por sus calles y conocer los apartamentos privados, algunos de los cuales aún conservan los muebles originales, su recorrido puede durar hasta un día entero. Y si bien su vida era de clausura, las religiosas, provenientes de las familias más adineradas de la ciudad, vivían rodeadas de doncellas y de seglares que estaban a su servicio. En el caso del convento de Sor Juana, la vida en comunidad, propiamente dicha, era incluso mínima, ya que las monjas adineradas contaban con apartamentos donde vivían con sus criadas, y allí recibían incluos a algunas personas; y ese era el caso de Sor Juana. Por otra parte no hay que olvidar que ella, como las otras religiosas de alcurnia, pagaban dotes para ser aceptadas en la comunidad. La vida de Sor Juana fue durante años bastante mundana y correspondía a la vida de la corte que se llevaba en México en el siglo XVII, cuyas costumbres estaban insertas en la tradición monacal española, a la que se hizo referencia recientemente. Respuesta a Sor Filotea de la Cruz En 1650 el predicador Antonio Viera había lanzado en Lisboa un sermón, que luego se conocería como Sermón del Mandato. Cuatro décadas después, y en el retiro del convento, Sor Juana hizo un análisis crítico de dicha prédica, con tanta brillantez que se le solicitó escribiese los argumentos con los cuales refutaba el pensamiento de Viera. Su artículo llegó a manos del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, quien lo publicó con el nombre de Carta atenagórica y al mismo tiempo publicó una carta escrita por él mismo, pero firmada con el seudónimo de Sor Filotea de la Cruz. En la cual hacía una crítica mordaz a la autora de la Carta Atenagórica y ponía en duda el que fuese una mujer la autora del artículo en cuestión. En otras palabras la Carta de Sor Filotea de la Cruz ponía en duda los postulados filosóficos de Sor Juana. Pero, sobre todo, pretendía imponerle los temas que debía abordar, lo cual es lógico imaginar que éstos debían ser sagrados y alejarse por completo de los temas profanos. Según estudiosos de la obra de Sor Juana, y de su siglo, el obispo Manuel Fernández de Santa Cruz, si bien admiraba a Sor Juana, deseaba ante todo que ella siguiese sus consejos. Una prueba que corrobora la admiración que sentía por ella es una frase escrita en una misiva que le envió el 25 de noviembre de 1690: “quien leyere su apología de usted no podrá negar que cortó la pluma más delgada que ambos y que pudiera lograrse de verse impugnado de una mujer que es honra de su sexo”. Con esta afirmación el obispo reconoce la supremacía intelectual de Sor Juana. Pero más adelante le dice: “ciencia que no alumbra para salvarse, Dios, que todo lo sabe, lo califica por necedad… Lástima es que un tan grande entendimiento de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, que no desea penetrar lo que hay en el cielo; y ya que se humilla al suelo, que no baje más abajo, considerando lo que pasa en el Infierno. Y si gustare algunas veces de inteligencias dulces y tiernas, aplique su entendimiento al Monte Calvario donde viendo finezas del Redentor e ingratitudes del redimido, hallará gran campo para ponderar excesos de un amor infinito y para formar apologías no sin lágrimas contra una ingratitud que llegue a los sumo. O que útilmente, otras veces, se engolfara de ese rico galeón de su ingenio de V. Md, en la alta mar de las perfecciones divinas”. ( Sor Juana Inés de la Cruz. Lírica. Introducción, comentarios y notas de Raquel Asún. Bruguera. 1ª edición. 1983. Pág. 24) Este párrafo es claro en cuanto a la opinión que tenía Manuel Fernández de Santa Cruz con respecto a la obra profana de Sor Juana; puesto que consideraba que ella debería dedicarse únicamente al ensalzamiento de Dios y al olvido de las cosas terrenales. Como era de esperarse Sor Juana publica Respuesta a Sor Filotea, en la cual hace una profunda e inteligente defensa de la mujer y de su actividad intelectual. En otras palabras, Sor Juana hace una reflexión de su condición de mujer, de intelectual, de religiosa y de su derecho al análisis y al libre ejercicio de su labor como escritora. Todo ello con un lenguaje modesto, que debe entenderse por ser una carta dirigida a un superior eclesiástico. No hay que olvidar que en la época de Sor Juana la Inquisición estaba en su máximo apogeo. La respuesta a Sor Filotea es no sólo una hermosa reflexión sobre su propia condición de mujer y de intelectual, sino que es una explicación que se da a sí misma de su propia opción de vida. Octavio Paz lo entendió más que cualquier otro al afirmar que su verdadera pasión no había sido la literatura sino la búsqueda permanente del conocimiento, de la sabiduría. Pienso que si Virginia Woolf hubiese conocido la obra de Sor Juana otra habría sido su visión en Una habitación propia; y lo digo ya que Sor Juana entendió muy bien la necesidad del silencio, de la soledad y de un espacio privado para el ejercicio intelectual. Pero dejemos que sea Sor Juana quien nos lo explique: “El escribir nunca ha sido dictamen propio, sino fuerza ajena; que les pudiera decir con verdad: Vos me coegistis (vosotros me obligasteis). Lo que sí es verdad que no negaré (lo uno porque es notorio a todos, y lo otro porque, aunque sea contra mí, me ha hecho Dios la merced de darme grandísimo amor a la verdad) es que desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación hacia las letras, que ni ajenas reprensiones –que he tenido muchas- ni propias reflejas –que he hecho no pocas- han bastado a que deje de seguir este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe porqué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento, dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos en una mujer; y aún hay quien diga que daña. Sabe también Su Majestad que no consiguiendo esto, he intentado sepultar con mi nombre mi entendimiento, y sacrificárselo sólo a quien me lo dio; y que no por otro motivo me entré en religión, no obstante que al desembarazo y quietud que pedía mi estudiosa intención y eran repugnantes, los ejercicios y compañía de una comunidad; y después, en ella sabe el Señor, y lo sabe en el mundo quien sólo lo debió saber, lo que intenté en orden a esconder mi nombre, y que no me lo permitió, diciendo que era tentación; y si sería.” (Idem, pág: 438) Y más adelante agrega: “… el leer públicamente en las cátedras y predicar en los púlpitos no lícito a las mujeres; pero que el estudiar, escribir y enseñar privadamente no sólo les es lícito, pero muy provechoso y útil; claro está que esto no se debe entender con todas, sino con aquellas a quienes hubiere Dios dotado de especial virtud y prudencia y que fueran muy provectas y eruditas y tuvieren el talento y requisitos necesarios para tan sagrado empleo. Y esto es tan justo que no sólo a las mujeres, que por ser tan ineptas están tenidas, sino a los hombres, que con sólo serlo piensan que son sabios, se había de prohibir la interpretación de las Sagradas Letras, en no siendo muy doctos y virtuosos y de ingenios dóciles y bien inclinados; porque de lo contrario creo yo que han salido tantos sectarios y que ha sido la raíz de tantas herejías; porque hay muchos que estudian para ignorar, especialmente los que son de ánimos arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la ley (que es quien las rehúsa); y así hasta que por decir lo que nadie ha dicho dicen una herejía, no están contentos”. (Idem., pág. 456-457) Con la Respuesta a Sor Filotea, Sor Juana surge como una gran pensadora de la condición femenina. Podría decirse, incluso, que es la primera feminista del Nuevo Mundo, heredera de muchas otras mujeres, como ella misma lo reconoce en la carta en cuestión: “Veo adorar por diosa de la ciencia a una mujer como Minerva, hija del primer Júpiter y maestra de toda la sabiduría de Atenas. Veo una Pola Argentaria, que ayudó a Lucano, su marido, a escribir la gran Batalla Farsálica. Veo a la hija del divino Tiresias más docta que su padre. Veo a una Cenobia, reina de los palmirenos, tan sabia como valerosa. A una Arete, hija de Aristipo, doctísima. A una Nicostrata, inventora de las letras latinas y eruditísima en las griegas. A una Aspasia Milesia que enseñó filosofía y retórica y fue maestra del filósofo Pericles. A una Hispasia, que enseñó astrología y leyó mucho tiempo en Alejandría. A una Leoncia, griega, que escribió contra el filosófo Teofrasto y le convenció.” Y la lista continúa. Pocas mujeres, aun hoy en día, son capaces de reconocer una tradición femenina tan rica; como pocas son capaces de enfrentarse al mundo masculino y a las reglas que lo rigen. La respuesta a Sor Filotea, es, en realidad, un curso de gran erudición sobre la condición femenina y sobre la sumisión ancestral que han querido imponernos nuestros homólogos masculinos. Por otra parte, es importante señalar que Sor Juana entiende muy bien el papel de la educación en la mujer y su consecuente influencia en la sociedad de su época. Es por ello que hace énfasis en la preparación de la mujer, de lo contrario sabe que la tarea de un cambio sería en vano. Sabe que a la mujer no hay que admirarla por el simple hecho de serlo, sino que hay que admirarla en la medida en que sus capacidades intelectuales así se lo permitan; tal y como sostuviera en su tiempo Hrotsvitha de Gandersheim. Sor Juana murió muy joven, víctima de una epidemia que azotó México. Sin embargo, a la hora de su muerte nos había dejado un legado inconmensurable, difícilmente emulable por cualquier otro intelectual. Respuesta a Sor filotea sigue siendo de gran actualidad, es una obra atemporal, que no puede circunscribirse tampoco a un espacio determinado. He ahí su verdadera universalidad. Sor Juana Inés de la Cruz gozó de un gran reconocimiento en vida, al punto que en España fue durante siglos la autora más publicada. Recibió los nombres de El fénix de América y La décima musa. Su pluma es excelsa, su inteligencia aguda y su sapiencia infinita. Pocas autoras, incluyendo sus homólogos masculinos, pueden preciarse de un purismo del lenguaje y de una estética literaria tan extraordinariamente bien lograda. Su herencia literaria se compone de varios géneros: lírica: endechas, villancicos, romances, glosas, sonetos; incursionó en la prosa y en la dramaturgia; y en cada género supo hacer gala de un estilo brillante, fiel reflejo de su profunda erudición y de su genio sin límites. Si Eloísa había iluminado el Viejo Mundo en el siglo XII, Sor Juana iluminó el Nuevo Mundo en el XVII. Una vez más, estas dos grandes mujeres se cruzaban en el camino, para mostrarnos cuán larga e importante es la tarea de la búsqueda del conocimiento y de la creación literaria. * Recomiendo la serie Juana Inés; pueden verla en Netflix.

martes, 21 de febrero de 2017

BOHEMIAN RHAPSODY, DE CARLOS PARDO VIÑA, UNA PARÁBOLA DE LA FRAGILIDAD HUMANA

A MODO DE INTRODUCCIÓN: Para ningún colombiano, al menos los que seguimos de cerca el mundo de la literatura y de la cultura, el nombre de los Pardo nos es ajeno, ya que inmediatamente pensamos en Jorge Eliécer Pardo y en Carlos Orlando Pardo; éste último además de escritor y gestor cultural es editor. Pijao Editores es un referente editorial en Colombia e incluso fuera de ella, sin olvidar Caza de Libros de Pablo Pardo. Pues bien, Carlos Pardo Viña, ha seguido la senda de la literatura, y ya cuenta con dos libros Como si fuera viernes y Bohemian Rhapsody; eso sin contar los innumerables artículos sobre historia y cultura que han sido publicados en diversos medios de comunicación; así que su nombre y su trayectoria profesional ya son reconocidos en diferentes ámbitos del país. Con ésto no quiero decir que la profesión de escritor se herede o se lleve en la sangre, como erróneamente piensa mucha gente. El oficio de escritor se aprende leyendo, leyendo mucho, y el ser hijo de un escritor no garantiza la pasión por la lectura; lo que si ayuda es el ambiente, puesto que al crecer rodeado de escritores, pintores, gestores culturales, poetas, y al crecer con una importante biblioteca en su casa las puertas al conocimiento son mucho más asequibles que para el común de la gente; y eso de por sí ya es un privilegio; sobre todo en un país como Colombia donde las bibliotecas familiares son bastante escasas, y las públicas durante decenios se dedicaron más a la compra de textos escolares o libros de autoayuda antes que comprar buena literatura. Bohemian Rhapsody (Pijao Editores y Caza de Libros - 2015), precisamente está dedicado a Jorge Eliécer y Carlos Orlando Pardo, a quienes llama “mis maestros”, así como a Benhur y Héctor Sánchez y Hugo Ruiz, todos escritores con raigambre tolimense. El beber de la fuente misma de la creación, o compartir conversaciones eternas sobre la literatura, su magia y su condena, o escuchar durante noches enteras las narraciones de ese período oscuro de la historia de Colombia conocido como la época de La Violencia, así como poder apreciar pinturas originales en la sala de su casa, son factores que dejan una huella indeleble en las personas que han tenido el privilegio de creer que éso forma parte natural de la vida; así que si además se convierte en un lector voraz, es muy fácil pasar al acto de escribir; esa catarsis interior que nos pone en frente de nuestros propios fantasmas y que saca a flote nuestras más oscuras pesadillas. Y esa parece ser la senda de Carlos Pardo Viña, al menos es lo que se desprende de la nouvelle a la que hago mención, Bohemian Rhapsody; una obra que me dejó una agradable sensación de sorpresa. Esa sensación la busco cada vez que abordo un nuevo autor sin que necesariamente me invada ese sentimiento de haber encontrado una nueva voz, o al menos que la obra que ha llegado a mis manos valga la pena de ser leída y estudiada. Y en caso de Bohemian Rhapsody la leí dos veces, sin intervalos de semanas, ni siquiera de días; puesto que quise entrar en su esencia para poder hablar después sobre las impresiones que me produjo a medida que desentrañaba el ambiente gris y de no futuro que atraviesa cada una de sus páginas. Ese ambiente de la derrota absoluta, del sentimiento de pérdida que sacude a sus dos personajes, Nicolás y Santiago. El primero un periodista que solo desea ser escritor, y el segundo un profesor y escritor, ambos “atrapados en los escombros de sus propias miserias”. Nicolás y Santiago son, en cierta forma, el retrato de todos y cada uno de nosotros; son la metáfora de la fragilidad de la condición humana, la parábola del fracaso y de la aceptación del naufragio que son sus existencias. Son la metáfora que nos hace ver que somos ciegos sempiternos que vamos dando tumbos por la vida, y que a cada caída es más difícil volver a levantarse; como si en cada una de ellas los bolsillos de nuestros impermeables se llenarán con piedras que no tiramos nunca, por lo que inevitablemente llega el momento en que el peso impide levantarnos. Bohemian Rhapsody, araña, escarba en el delirio. Su narración es una forma de suicidio, al menos en el sentido que le daban los poetas Simbolistas; puesto que es un viaje interior en el que tanto los personajes principales como los lectores de la obra nos enfrentamos a nuestros propios fantasmas, monstruos cancerberos, que nos conducen ineluctablemente por la senda del desarraigo, del exilio interior, haciendo de nosotros mismos seres inseguros, grises, en cierta forma pasmados, sombras de nosotros mismos. Nicolás y Santiago son seres que vagan en busca de una quimera que nunca se hace realidad. Son viejos decrépitos antes de llegar a los cuarenta años y saben que no hay una puerta de escape, que están atrapados en el ojo del huracán y que allí van a perecer. ANOTACIONES SOBRE EL TÍTULO DE LA OBRA: BOHEMIAN RHAPSODY Antes de hablar de la obra de Pardo Viña habría que decir que su título, Bohemian Rhapsody, es, a su vez, el nombre de una famosa composición musical de Queen (1975), he aquí apartes de su letra que el autor nos trae a colación en su libro : Demasiado tarde, mi hora/ ha llegado/ manda escalofríos por mi espalda/ el cuerpo duele todo el tiempo/ Adiós a todos, tengo que irme/ debo dejarlos a todos atrás y afrontar la verdad/ Mañana/ no quiero morir, /aunque algunas veces desearía no haber nacido nunca. (Idem, pág. 118) Esta canción es la clave con la que Pardo Viña abre y cierra el libro ; no en vano su primer capítulo se titula ¿ Siempre suena Queen?. Y el narrador omnisciente le dice a Santiago : No recuerdas por qué te condenaste al exilio ni por qué te resignaste a saber del mundo y sus miserias únicamente a través de tu ordenador, de tu red, de tu tristeza. (Idem. Pág. 10). De esta forma el lector se enfrenta al logos, al ethos y al pathos de la obra ; puesto que conoce inmediatamente el discurso que va a leer y al personaje con el que va a vivir algunas horas. Sabe que Santiago es un hombre atormentado y que no desea salir de ese marasmo en el que se ha hundido. Intuye que su vida bohemia es sólo aparente, que hasta en eso ha fracasado, y que es un ser marginal; intuye que la redención no le interesa, ya que se sabe condenado de antemano y que nada de lo que haga, diga o escriba, podrá ser su tabla de salvación en los mares ignotos en los que ha naufragado su nao. Y ésto es válido también para el otro personaje, Nicolás, su alter ego. Pardo Viña al mismo tiempo que le rinde un homenaje a Queen, y a su canción Bohemian Rhapsody, también le hace un homenaje a Truman Capote y a su novela A sangre fría. Bohemian Rhapsody debe ser vista como un homenaje a la música y a la literatura; puesto que Pardo Viña entabla un diálogo permanente con ellas a través de Santiago y Nicolás ; sus dos personajes marginales y atormentados. PARÁBOLA DE LA FRAGILIDAD DE LA CONDICIÓN HUMANA: Para comprender bien esta premisa de la fragilidad de la condición humana, eje de la nouvelle de Pardo Viña, habría que resaltar la palabra clave, la misma que está presente a todo lo largo de la narración: el suicidio. Es importante tener en cuenta que el suicidio, al menos en la obra que nos ocupa, es visto como una escapatoria a la vida gris, a los sueños rotos y nunca alcanzados de sus dos personajes; así el suicidio no lo lleven hasta sus últimas consecuencias, contentándose con acariciarlo en las noches sin fin. No obstante, ¿qué peor suicidio que sumirse en una sombra de ellos mismos y abandonar las ilusiones, los sueños de la adolescencia? El suicidio, en términos generales, también puede ser visto como la única forma de redención posible, como la única forma de salvación, no eterna – con esto no me refiero a la connotación religiosa que puede tener para las tres religiones monoteístas- léase salvarnos de nosotros mismos. Salvarnos del fiasco que significa la existencia misma y las penurias que ésta conlleva; no sólo por los apuros económicos y los empleos precarios; sino, ante todo, salvarnos de la miseria humana, de la condición de seres mortales, alejados de los dioses y de los mitos fundacionales que pregonan la vida eterna. No hay peor sentencia que el sabernos derrotados de antemano, así como conocer nuestras propias limitaciones, ya que somos conscientes que nada de lo que hagamos podrá cambiar el sino maldito que nos condena al hades. Y cuando hablo de hades me refiero a la connotación que le daban los griegos, más exactamente a su idea de lo que ellos más temían: el Tártaro -el antecedente del infierno judeocristiano-; o sea, un lugar de tortura, de sufrimiento eterno, una mazmorra, una especie de oubliette; ese hueco oscuro, maloliente y húmedo donde los señores de los castillos medievales, e incluso posteriores a dicha época, olvidaban a los prisioneros hasta que morían de sed, y por supuesto morían rodeados de sus propios excrementos, de ratas, de murciélagos y de toda suerte de alimañas. El hades también puede ser visto en el sentido que le dan los judíos; en hebreo lo designan con el nombre de scheol, lo que traduce tumba o pozo de suciedad. Podría decirse que si Charles Baudelaire, Édouard Manet y Paul Gauguin se enfrentaron a la sífilis, y al horror de su propia hecatombe, el hombre contemporáneo se enfrenta al vacío, a la nada, léase néant, un poco como lo concebía Pascal. La diferencia radica, a mi modo de ver, en que para Pardo Viña el hombre no es un coloso sino un ser ínfimo; pienso más bien en Lin Yutang, que el hombre es una hoja sacudida por la tormenta; en otras palabras que no hay salida posible porque ese vacío lo ha tragado, succionado, aspirado, sin que el hombre mismo sea consciente, al menos la gran mayoría de las veces, de su propia desgracia. El hombre contemporáneo se sabe aniquilado de antemano, y sabe que los dioses de otrora no le darán la mano; más bien lo condenarán a deambular con los pies desnudos en un camino lleno de guijarros y de espinas, un camino lleno de baches y de huecos profundos. Y cuando los personajes de Pardo Viña hurgan, cuando escarban, sólo ven delante de sí mismos sus propios delirios, no pueden, o no quieren, comunicarse con los demás. En los túneles de su errancia maldita no hay ventanas por las que puedan vislumbrar a otro ser desamparado como ellos dos. Y cuando logran penetrar en un túnel con ventanas, como Juan Pablo Castel, el personaje de El Túnel de Ernesto Sábato, es para ver sus alter ego, así crean que es el amigo de adolescencia que está al otro lado del vidrio. UNA NOUVELLE DE PRECISIÓN: Bohemian Rhapsody es una nouvelle de precisión, como un reloj suizo, casi matemática, no es alambicada, no necesita de subterfugios, va directo al grano. En cierta forma me recuerda a esa joya literaria de Albert Camus, El extranjero. Tanto Nicolás como Santiago, sus protagonistas, son en cierta forma los alter ego de Meursault y de Castel; seres mustios, sin mayores ambiciones, derrotados por la vida, errantes perpetuos, exiliados en sí mismos y habitados por una soledad proverbial. También se identifican con Castel y con Meursault por la precariedad económica que afrontan cada día y ante todo por la precariedad de sus propias existencias. Al contrario de Castel y de Meursault, ni Nicolás ni Santiago son asesinos. Ellos saben que el asesino postmoderno es el suicida, el que se corta las venas o se defenestra como un acto de justicia consigo mismo, como un acto de rechazo a la hostilidad de una sociedad para la que no se cuenta; saben, al igual que los otros dos personajes, que son extranjeros y que no caben en ninguna parte: “A veces cierras los ojos y te llenas de rabia, atrapado entre los escombros de tus propias miserias. Sientes el dolor por todo tu cuerpo pero no es el dolor el que te asusta: es la muerte. No quieres morir. No vas a hospitales ni a velorios y le huyes incluso a quienes visten de negro sin importar la ocasión” (Bohemian Rapsody, de Carlos Pardo Viña, op. cit., pág. 35) Nicolás está convencido que odia a la muerte, no quiere morir, detesta los funerales; sin embargo, cada día se suicida un poco con el trabajo de la página de judiciales del periódico para el que trabaja y al que detesta porque le impide escribir. Se apega como puede a los recuerdos de su infancia, a la figura totémica de la abuela, único lugar de paz y del patio de los naranjos; reviviendo así los ataques de asma, en realidad pequeñas muertes, y sumiéndose en el olvido momentáneo que le produce un cacho de marihuana. Odia a su mujer y a su hija, le estorban; en realidad es él quien se estorba a sí mismo. Lo mismo le pasa a Santiago, no quiere morir, no quiere ni siquiera escuchar hablar de la muerte. Sin embargo, su encierro voluntario es sinónimo de muerte y su apartamento es su tumba. … el cuarto pequeño que convirtió en su propia celda. (Idem, pág. 109) La celda puede entonces ser vista como un panteón. El mismo se viste con una mortaja, con un sudario, así no sea del todo consciente de ello. Su deseo de apartarse de los otros es como si hubiese atravesado el río Estigia y como si él mismo fuese Caronte, el barquero que nos espera para la última travesía. “Hoy tú mismo eres un grito, silencioso y blanco como la pantalla de tu portátil” (ídem, pág 43). “Sabes que no hay futuro en una ciudad pequeña para un hacedor de frases que escribe para revistas culturales que por aquí nadie lee, que en la capital te olvidaron, que llegó gente más joven que tú y más preparada y más talentosa que tú”. (Idem, pág.46). “Hoy no hay camino, ni pasos. Se te acabaron las palabras y no sabes cómo más llenar tu vida… Te ganó la carrera la nostalgia, que como decía Cabrera Infante, es la puta de los recuerdos, la rabia escondida, el dolor que jamás calla”. (Idem, pág. 56) Nicolás desea escribir la novela de su vida, pero sabe que no es Truman Capote y que no hay escapatoria posible: “No puede coger una maleta de cartón y viajar a Holcomb, Kansas, no puede averiguar la vida del cuerpo, solo tiene que escribir y correr y cerrar, porque la hora del cierre es ya, mijo, suelte la nota que tengo que corregirla, le va a gritar, y él no tiene nada, solo un cuerpo, un cuerpo cubierto por una sábana blanca que está a punto de retirar del rostro, un cuarto lleno de sangre, una pecera sin pez, el olor a sangre, el olor, el olor, el olor. El puto olor a muerte”. (Idem, pág, 59). Tanto Nicolás como Santiago o Meursault o Juan Pablo Castel o Jonathan Noel, el protagonista de La Paloma, de Patrick Süskind, son seres atormentados; y aunque viven rodeados de tumultos, de un maremágnum de gente, son seres recluídos en sí mismos, eternos misántropos que no logran conectar con la sociedad de su tiempo porque son conscientes de la inutilidad del gesto, saben de antemano que la batalla está perdida y que los apartamentos donde habitan son en realidad grutas donde no llega la luz del sol. Son eternos ermitaños y sus habitaciones son ermitas, como las grutas inhóspitas que los albergaban. Se contemplan a sí mismos, lo que los hace incapables de conectar con la realidad o al menos de tratar de aceptarla para poder asimilar un poco más sus normas sociales; a lo mejor porque saben hasta la saciedad que dichas conductas no se rigen por el altruismo. Lo que me lleva a pensar en Winston Smith, el personaje de 1984 de Georges Orwell, puesto que si hay algo que lo caracteriza es la marginalidad, la falta de confianza en sí mismo, el miedo, la soledad atávica que lo habita; y aunque anhela creer en un futuro mejor en el fondo de sí mismo sabe que éso es imposible. Visto de esta forma Santiago es una especie de alter ego de Smith, puesto que el Gran Hermano es la red que controla nuestras vidas; y Santiago, en cierta forma, reemplaza la realidad que no desea ni quiere afrontar por los algoritmos de su computadora : … sigues navegando por la red. Buscas el poema de T.S. Elliot, Los hombres huecos, que el gringo inglés, sacó de una combinación de La tierra hueca de William Morris y de El hombre destrozado de Kippling. Abres Google y escribes Elliot, hombres huecos. Clic en el primer link. (Idem, pág. 53) No es una simple coincidencia que Santiago haya pensado en Los hombres huecos o en La tierra hueca o en El hombre destrozado, esas tres obras son el reflejo oscuro y dramático de su propia existencia. Su encierro ¿voluntario ? no le impide ser consciente de la miseria de la condición humana, ese sino trágico, a la que él, ni nadie, puede escapar. Lo que me lleva a pensar en Mario Conde, el personaje de la serie negra de Leonardo Padura. Conde podría ser también una especie de Smith ya que se sabe vigilado, sabe que la libertad no existe y que todos sus movimientos son registrados; sabe que cada paso que da en La Habana será debidamente anotado en un cuaderno que lo conoce mejor que lo que él se conoce a sí mismo. Al menos es lo que se vislumbra en Máscaras : Máscaras, nos deja ver poco a poco la verdadera esencia de sus personajes, aunque cada uno de ellos quiera ocultar sus propios demonios, pero sobre todo ocultarlos a los demás. Los demás son los esbirros del régimen que están en todas partes, y en ninguna, pareciera que son invisibles, pero están ahí, lo ven todo, lo escuchan todo, lo saben todo. Por lo que cada personaje vive con el miedo de no saber cuándo va a ser llamado para un interrogatorio, cuando va a perder la vida que ha llevado hasta ese momento; algunas, muy pocas en verdad, de privilegio, y otras, en realidad la mayoría, la vida por la lucha infructuosa por sobrevivir en un ambiente donde la felicidad pareciera proscrita. (Berta Lucía Estrada, Leonardo Padura, Blog El Hilo de Ariadna, diario elespectador.com http://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/leonardo-padura) Y si hablo de Mario Conde es porque Santiago sabe que él no es él sino son muchos hombres : Sabes que al otro día ese hombre no estará. Tendrás la garganta seca y un incipiente dolor de cabeza. Quisieras no haberlo llevado al bar para no tener que dejar de contestar las llamadas insistentes que te hacen al celular que porque hay desenguayabe, que la niña bonita quiere verte, que por qué te fuiste sin despedirte, que qué hay para hacer hoy. No quieres más fiesta y ruegas para que tu otro tarde en volver, que no se aparezca con su voz impostada y su cara de seductor de película de los años cuarenta. … Tú eres muchos hombres. (Bohemian Rapsody, op. cit, pág. 63) Santiago podría ser visto también como el alter ego de Conde, como su extensión, como su hijo o su hermano gemelo; puesto que los dos son escritores frustrados, los dos son amantes de la literatura, así la literatura no los salve; por el contrario la literatura los condena a ser prisioneros de sí mismos; los condena a ser eternos suicidas, en realidad actores fracasados, incapaces de pasar al acto final. Por otra parte, esa frase Tú eres muchos hombres nos lleva inmediatamente a pensar en Sábato. Ya sabemos que en Sobre Héroes y Tumbas Bruno habla de las máscaras que cada ser humano se pone varias veces al día y como finalmente nadie puede conocer a otro puesto que lo que conoce de esa persona es la máscara que utiliza cuando se encuentran en alguna parte. Cada pedazo de ti es un hombre que piensa diferente, siente diferente, aunque la voz sea la misma, aunque la mirada sea la misma. Los conoces bien. (Idem, pág. 62) Según Bruno sólo nos despojamos de nuestras miles de máscaras cuando estamos solos, o cuando nos creemos solos; es ahí cuando el peso de la soledad atávica sale a flote y se adueña de cada individuo. Aunque si se piensa en Homo Deus, de Juval Noah Harari, no se podría hablar de individuos, sino de dividuos ; es decir, seres escindidos, divididos. Y volviendo a Sábato y a Pardo Viña habría que pensar en seres rotos, destrozados, aniquilados por dentro, anéantis sería la palabra más adecuada. No en vano Santiago dice : No quieres parecer un existencialista, siempre has dicho que no vale la pena serlo, pero también lo eres : tú eres muchos hombres. Muchos actores en el juego de vivir las caretas que tú mismo te impones. (Idem, pág. 73) Bohemian Rhapsody es el relato de la soledad; una característica sabatiana : Te volviste un hombre solitario y tus textos no son más que un pequeño registro de los días en que creíste ser feliz. Y es entonces cuando descubres que aunque eres muchos hombres, todos ellos son tristes. Uno el que escribe, otro el que enseña, otro, el que se enamora, otro el que huye, otro el que habla, otro de esos que llegan a casa solo. Eres todos, si, pero todos, tristes. (Idem, pág. 82) Estos personajes son seres derrotados, destruidos, rotos, escindidos. Saben de antemano que la partida está perdida; como en el poema de León de Greiff, Relato de Sergio Stepsanky: Juego mi vida, cambio mi vida,/
la llevo perdida
/sin remedio.
//Y la juego, o la cambio por el más infantil espejismo,
la dono en usufructo, o la regalo/...:
o la trueco por una sonrisa y cuatro besos;/
todo, todo me da lo mismo:/
lo eximio y lo ruin, lo trivial, lo perfecto, lo malo...
 Ninguno de ellos busca, una salvación, ni siquiera la desean; por el contrario, se hunden cada vez más en el aislamiento y en la podredumbre de sus propias vidas. Son conscientes que hagan lo que hagan nada impedirá el fracaso y nada los sacará de su vida gris. Son la párabola de la generación perdida : Pero creciste y te convertiste en uno más. Uno mas de una generación perdida que quedó en la mitad de la nada. (Idem, pág. 90) Son los suicidas que deja la exclusión, esa otra violencia que nace del desamparo, del hambre, de la falta de oportunidades, del olvido, de la incertidumbre, del no futuro al que que ya se había hecho alusión. Ya hemos visto que el suicidio es el eje central de la nouvelle de Pardo Viñas, y por supuesto el miedo que acompaña el día a día de Nicolás y de Santiago, léase la incapacidad que tienen de aceptar sus propias limitaciones e incluso el pavor que les causa su propio fracaso, el derrumbe ineluctable de sus vidas. Saben que el pasado siempre los atrapa y que las puertas de escape están cerradas o a lo mejor ni siquiera existen; lo que los lleva a pensar que el futuro es solo una ilusión, una puesta en escena por algún dramaturgo que ha querido burlarse de ellos y del hombre en general; peor aún, que los ha condenado a la tragedia, al sino atroz que significaría la carencia del libre albedrío. … los hombres no somos más que una larga espera. Esperamos en la oscuridad de los días sin memoria a que se conozcan los padres, a que se invente el amor. Esperamos entre la viscosidad tibia de un vientre bueno los nueve meses que nos separan de la luz. Esperamos que pasen los años de la primaria mientras soñamos con ser adultos y sobrevivimos los días de la adultez soñando con volver a ser un niño. Esperamos que llegue la muerte. La espera. (Idem, pág. 105) Visto de esa forma podría decirse que somos eternos suicidas; puesto que en cada paso que damos ignoramos conscientemente el presente, o bien nos vemos en un futuro que posiblemente nunca llegue, al menos no como lo hemos imaginado; o bien entramos en una especie de sopor, de saudade, que nos lleva a anhelar el pasado y a desear hacer el viaje de Marcial, el personaje de El viaje a la semilla, de Alejo Carpentier. En otras palabras nos suicidamos cada minuto, cada segundo. Como decía Virginia Woolf : -Vivir es muy peligroso, así sea por un instante. Y más adelante es Nicolás el que reflexiona sobre el suicidio : … el suicidio no lo inventamos nosotros, que ha estado por siempre rondando la vida y que ese hombre de la foto, cubierto por una sábana manchada de sangre no es otra cosa que uno más envuelto en el torrente de la violencia que llevamos dentro. (Idem, pág, 113) Estos personajes son antihéroes, o si se prefiere héroes del absurdo, héroes postmodernos, individuos que habitan en ciudades en las que sus ciudadanos se fagocitan entre sí o se autofagocitan. Por ello puede decirse que la nouvelle de Pardo Viña es una obra urbana, como lo es La Paloma de Süskind; la diferencia es que Jonathan Noel logra salir del laberinto, mientras que a los otros personajes no les interesa buscar la salida ni tienen la fuerza para hacerlo ni saben cómo hacerlo. Por eso mismo Santiago piensa en Vincent Van Gogh, y como él sabe que : Crear no es otra cosa que abrise paso entre paredes de hierro que se levantan entre lo que sientes y lo que puedes. Sabes que tus muros son altos y pesados y cubiertos de un óxido que descascara la estructura y anquilosa las bisagras que se niegan a moverse, pero en medio del mar de tus pequeños fracasos, insistes en hacer de la literatura tu propia tabla de salvación personal. (Idem, pág. 123) No obstante, sabe muy bien que la salvación no existe, que es una simple quimera. Tal vez por eso Nicolás, el alter ego de Santiago, evoca a Vallejo : … el que quería morir en aguacero, un día del cual ya había tenido el recuerdo (Idem, pág. 84) Bohemian Rhapsody es una parábola del fracaso del hombre, en el sentido ontológico de la palabra. También es una búsqueda de la identidad. Nicolás y Santiago están perdidos, extraviados, desaviados en sí mismos ; creen conocerse cuando en realidad son verdaderos extraños, habitan en cuerpos equivocados, ni siquiera se reconocen cuando se miran en el espejo. Navegan en un mar de incertidumbres, de remordimientos, de temores; se saben vigilados, son conscientes que no hay libre albedrío, y que el mañana depende de hoy, de lo que haga en el trabajo, de la aprobación de los otros; sobre todo en el caso de Nicolás, él sabe que es su jefe el que mueve los hilos de su vida, es una marioneta con la que él juega; dicho de otro modo sabe que el jefe de redacción juega con él como el gato con el ratón. Es por ello que son conscientes del fracaso de sus vidas; lo ven como un sino trágico del cual no hay escapatoria. No creen en los discursos cristianos que venden la ilusión de una vida maravillosa, la que está en el otro lado, en el lado invisible de la cama. No creen en una divinidad que ve y escucha todo y que perdona todo; por el contrario, se dan cuenta que ese discurso acentúa la incapacidad que tiene el ser humano de aceptar sus propias limitaciones, sus propias fronteras, su desamparo innato y su incapacidad para ser feliz. Bohemian Rhapsody es una parábola de la cotidianidad a la que ningún citadino del siglo XXI escapa, una cotidianidad que se transforma en una pesadilla, no la que nos visita en sueños y de la que escapamos apenas nos despertamos, sino en una pesadilla que nos acompaña las 24 horas del día y los 365 días del año; es una parábola sin concesiones del fracaso de la existencia humana. Nicolás y Santiago pertenecen a la generación de los descreídos, de los desencantados; son los herederos de los poetas malditos, comenzando por los rapsodas griegos, no en vano el libro se titula Bohemian Rapsody (Rapsodia Bohemia). Los rapsodas, cantores de la Grecia antigua, vagaban de portal en portal para pedir un plato de comida, un jergón donde dormir y algunos óbolos ; todo ésto a cambio de amenizar un poco los banquetes de los poderosos de su tiempo. Eso mismo harían siglos más tarde los juglares, y luego Villon; posiblemente el poeta más marginado de la historia de la literatura. Para terminar quisiera decir que Santiago y Nicolás son seres desestabilizados, caminan permantemente en arenas movedizas, conscientes que en cualquier momento pueden hundirse para siempre; no sólo saben que no hay posibilidad de escape, sino que no desean ser rescatados ni salir de ese embrollo que es la existencia humana. Ahogarse es su única salida, su única salvación, su única redención. Adenda : Quisiera resaltar una característica de Bohemian Rhapsody y es que toda la narración está comprendida en 24 horas; un claro elogio al Ulises de Joyce y a La señora Dalloway de Virginia Woolf.