miércoles, 18 de noviembre de 2015

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS SECRETAS DE MURASAKI SHIKIBU: SEGUNDA PARTE

Murasaki Shikibu, como toda gran escritora, tiene como premisa que para poder escribir hay que leer mucho, no olvida que detrás de ella hay toda una tradición literaria, religiosa, filosófica y artística que debe conocer, bien sea para perpetuarla, refutarla o para rendirle culto. En su caso específico las letras y la lengua china; pero también las letras japonesas, su arte, su tradición oral. // Pero al mismo tiempo es una mujer orgullosa de su cultura. Es por ello que su obra es un fresco en el que pueden leerse, léase verse, respirar, sentir la sociedad en la que le tocó vivir. Sin embargo, la manera de narrar es etérea, difuminada, como si fuese un dibujo en carboncillo en el que las imágenes han sido semiborradas por los dedos del artista. Me refiero, básicamente, a esa moral difusa que navega entre las costumbres fuertemente ancoradas en la Corte Heian y el deseo de cambiarlas, de hacerlas más púdicas, si cabe la expresión, más acordes con la religión budista. Y para ello Murasaki Shikibu se sirve del arte de las palabras, que no es otro que el arte de la poesía; por lo que suscita diversas emociones en el lector, independientemente del tiempo y las diferencias culturales que lo separan de la autora. Esto se ve claramente en el cambio que comienza a gestarse en Genji al regreso de su largo exilio; ocasionado precisamente, por la vida disoluta que llevaba, pero sobre todo por haber osado poner “los ojos” en una mujer que estaba consagrada al Emperador. // Otra característica es la evocación permanente, a veces como si se tratase de un sueño u otras como una realidad de la que se es contemporáneo: el nacimiento de Genji, su infancia, adolescencia y plenitud y luego la decadencia que narra la vida de sus descendientes. La corte Heian, vista a través de la melancolía, es el resultado de la mirada contemplativa de Murasaki Shikibu. // Las lágrimas, los poemas, los sueños que se confunden con la realidad, recorren como temas sucesivos estos textos en los que la imprecisión de la realidad, la luna llena, las hojas del otoño, las flores fugaces de un cerezo, la furia de un torrente o las montañas inhóspitas, son el trasfondo de profundas angustias o de amores no correspondidos, pero también son objeto de la confidencia y de la reflexión, del elogio de la amistad, el lamento de la separación o de la muerte como separación definitiva. // La escritura de La novela de Genji: No hay que olvidar la gran importancia que la lengua china tenía en la corte Heian; de hecho, los ideogramas utilizados por sus súbditos habían sido inspirados en la escritura china conocida como KANJI, pero con una adaptación a la fonética de la lengua japonesa. Posteriormente los kanji fueron simplificados en símbolos fonéticos conocidos como KANA; produciéndose dos vertientes: HIRAGANA, o Kana fácil KATAKANA, o kana suplementario // Es el hiragana la escritura que va ser adoptada por las mujeres, al punto que las obras escritas en esta modalidad se conocían como “literatura femenina”; concepto que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, creemos haber inventado. Y aunque Murasaki Shikibu y Sei Shônagon hablaban y escribían correctamente el chino, escribieron sus obras en Hiragana. Algunos hombres, incluso, se burlaban de esta escritura y la consideraban intelectualmente inferior a la utilizada por ellos. // Una explicación plausible que se ha dado de dicho fenómeno, era que en la Corte Heian estaba mal visto que una mujer hiciese un gran despliegue de sabiduría, por lo que a menudo era el hazmerreír de sus contemporáneos; como lo serían siglos más tarde “les femmes savantes” que ridiculizara Molière. No obstante, yo quisiera ver en esa decisión un rasgo más libre y más independiente de la parte de las mujeres; puesto que veo más bien una especie de código secreto que les ayudaba a comunicarse entre sí, a poder expresar sus más íntimos sentimientos de una forma diferente a la utilizada por los hombres. Tal y como sucedió durante siglos en la provincia de Hunan, situada en el centro de la China, al oeste de Pekín, donde las mujeres desarrollaron un complejo sistema de signos llamado Nushu, y el cual desapareció ante la persecución que sufrieron las mujeres que lo conocían durante la Revolución Cultural. // Y si me permito hacer esta afirmación es porque en la Corte Heian una persona como Murasaki Shikibu no era una excepción, ya hemos visto que varias de sus contemporáneas pasaron a la historia como mujeres de letras. Ellas participaban activamente en las actividades culturales y el modo de comunicación era en poesía escrita y epistolar. En Occidente habría que recordar a Eloísa y a Pedro Abelardo (s XII) y posteriormente a los súbditos de la corte de Luis XIV (s XVII-comienzos del XVIII). // Por otra parte, Murasaki Shikibu y Sei Shônagon, lideraban círculos literarios y artísticos, como más tarde lo harían Mme de Pompadour o Mme de Sevigné; recuérdese que es gracias a ellas que la lengua francesa se transformó y que las tertulias literarias y musicales se impusieron en el arte de vivir francés, pero también lo que se ha conocido como La Cultura de la Conversación, aspecto admirablemente analizado por Benedetta Craveri. // La novela de Genji, escrita en Hiragana, fue dividida en 54 libros, de los cuales tres podrían ser apócrifos y la escritora incluyó 795 TANKA, o poemas, de 31 sílabas. Son los poemas a los que hago alusión. Siendo utilizados por las personas de la corte, así podían comunicar su manera de pensar y sus más íntimos sentimientos. Los Tanka eran utilizados en todas las manifestaciones de las relaciones humanas; es decir, no eran poemas sólo para la vida galante. // Rasgos postmodernos en La novela de Genji: El primer rasgo postmoderno del Genji Monogatari, es que la creadora no escribió los libros por entregas, como lo hizo Balzac en el siglo XIX, sino que la obra obedece a toda una estructura bastante compleja, ya que se hacen saltos en el tiempo. En el capítulo 5 ya aparecen personajes y temas que serán desarrollados en el capítulo 13. Otro ejemplo de su postmodernidad está dado en el capítulo 15; allí se cuentan episodios del exilio de Genji, cuando ya hace mucho tiempo que él se ha reintegrado a la vida de la corte, y que ha recuperado su posición anterior, incluso cuando ya la ha fortalecido considerablemente. // El segundo rasgo postmoderno, está dado por la utilización del Monólogo Interior, ese estilo literario que atribuimos a Virginia Woolf y a Joyce; pero que Murasaki Shikibu ya había desarrollado en la obra que nos ocupa. Es el caso de algunas de las reflexiones que Genji se hace a sí mismo sobre una mujer determinada, o sobre su propia vida y su espacio en el mundo: ““Si”, pensó Genji, “el mundo es un lugar ilusorio, como un sueño””. // Y más adelante: “”¡Qué extraño es el mundo en que vivimos!”, pensó. “Han pasado casi treinta años desde que estuve aquí por primera vez, y se diría que todo ocurrió ayer. A veces me turba pensar en la transitoriedad de las cosas, siempre en perpetuo cambio… Pero basta con que me sea dado contemplar las flores de una nueva primavera para que me aferre a la realidad visible, por más que sepa que es sólo un sueño volátil…”” // Cada personaje está encerrado dentro de sí mismo, con sus culpas, sus deseos; es un clima sombrío, de ahí que los diálogos directos sean muy pocos, ya que la mayoría es a través de poemas. // El tercer rasgo postmoderno está dado por la INTERTEXTUALIDAD que abarca toda la obra. En ella se citan poetas clásicos, tanto chinos como japoneses, y la autora sabe que sus lectores sabrán reconocer cada uno de los poemas y podrán atribuirlos, sin problema alguno, a sus autores originales. Precisamente uno de los poetas más citados es el chino Po Chu I (772-846). // El cuarto rasgo postmoderno está dado cuando pasa de narradora omnisciente a narradora homodiegética. Por ejemplo, cuando habla en primera persona y se queja de dolor de cabeza y que en ese momento está deprimida: “Hablaré de la sorpresa que tuvo su tía al regresar a la capital y encontrarla tan bien instalada, así como de la alegría y el sentimiento de culpa de Jiju en otro momento, pero ahora me duele la cabeza y me siento un tanto deprimida. Si se presenta la ocasión y no se me ha olvidado por completo, volveré sobre el tema en otro lugar de la obra”. Y más adelante: “Omitiré los detalles, pues demorarse en ceremonias de este tipo suele resultar tedioso, sobre todo si el narrador es tan incompetente como yo”. // Con esta confesión Murasaki Shikibu nos quiere hacer ver cuán profundamente conoce la historia que está relatando, e incluso que ella hace parte integral de la misma. // Sus personajes son emblemáticos, el Genji Monogatari no es una crónica social, ni la autora se interesa por este tema, habla más bien sobre la condición humana; otro rasgo posmoderno. Uno de las características más sobresalientes de Genji es su deseo nunca saciado, al cual se había aludido anteriormente. No obstante, no puede comparársele con el Don Juan de la literatura occidental, en cuanto que Genji nunca olvida a sus amantes, así lo hayan sido por espacio de unas horas: “Su voz se fundió en un susurro que encantó a Genji. El príncipe suspiró: ¿cómo era posible que todas las damas que le habían interesado tuvieran algo especial que las hacía imposible de olvidar?” (fragmento que puede verse como monólogo interior). // Genji, a pesar de ser un mujeriego empedernido, también busca placeres en su propio sexo y aunque Murasaki Shikibu es bastante prudente, o bastante timorata, para hablar de este tema, hay, sin embargo, varias alusiones a relaciones homosexuales en su obra. Una de ellas es con el joven hermano de Utsusemi, una de las mujeres por las que él suspira. “Genji pidió al mocito que se tumbara junto a él, y Kogimi se alegró de poder estar tan a la vera de un príncipe tan joven y hermoso. Cuentan que aquella noche Genji halló al muchacho mucho más complaciente que su inabordable hermana”. // No hay que olvidar que en la época Heian, como en Grecia y Roma, la homosexualidad era aceptada por la sociedad, así Murasaki Shikibu no sea muy explícita cuando narra este tipo de relaciones afectivas. O posiblemente sean las versiones contemporáneas las que ponen un velo de censura en los párrafos que sus traductores consideran polémico en la sociedad en la que actualmente vivimos y por ende dejan su huella de intolerancia e incomprensión de la historia social y sexual de los pueblos.

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS SECRETAS DE MURASAKI SHIKIBU: I PARTE

¿Qué es La novela de Genji? // La novela de Genji es considerada como la obra cumbre de la literatura japonesa; pero no es algo nuevo, lo ha sido desde siempre. En el siglo XV Ichijo Kaneghoshi (1402-1481) escribió 30 libros sobre esta monumental novela y aseguraba que “de todos los tesoros del Japón, el Genji Monogatari, es el más precioso”. Kaneghoshi fue un gran Estadista, habiendo ocupado varios cargos: Primer Ministro, Regente y Gran Canciller, se destacó también como erudito, escritor, crítico literario, poeta y filólogo. Por su parte, el Premio Nobel Yasunari Kawabata (1899-1972) lo sorprendió la muerte cuando estaba trabajando sobre una nueva versión de La Novela de Genji. Y Haruki Murakami (1949 – Premio Internacional Catalunya 2011), en uno de sus libros, Kafka en la orilla, dedica varias páginas a Murasaki Shikibu. En cuanto a los escritores occidentales se refiere, habría que recordar que Marguerite Yourcenar (1903-1987) decía que “No se ha escrito nada mejor en ninguna literatura” y Jorge Luis Borges a su vez decía que “es una obra de arte jamás igualada”. // Hay que tener en cuenta que la versión que seguramente leyó Borges es la de Arthur Waley, realizada entre 1921 y 1933, por lo que aún adolece de la moral victoriana; Waley quitó y cambió pasajes que encontraba seguramente molestos para su época. No obstante, esta es la versión que Virginia Woolf leyó y admiró. Otro de los admiradores incondicionales de La novela de Genji es Harold Bloom, pero yo tengo varias diferencias con respecto a algunos postulados que él hace y a los que luego haré referencia. // La primera traducción completa de La novela de Genji al español se hizo apenas en el 2006. Es de anotar, que la edición de la colección Austral, del Grupo Planeta, es bastante mediocre, por no decir pésima, pero fue con la que inicialmente pude trabajar. Luego compré la versión en lengua francesa publicada por Diane De Selliers Editeur, una traducción que pone en relieve el genio literario de Murasaki Shikibu. Además, ilustrada, como lo eran las novelas en la época de la escritora. // Por otra parte, en la traducción de Planeta hay otro aspecto que me parece muy grave, me refiero a los reiterados juicios de valor que hace Xavier Roca-Ferrer sobre las costumbres sexuales de la época, viéndola con una ceguera judeocristiana que no hace sino empobrecer la lectura de la novela. Hay que tener en cuenta que la Historia de la Literatura que conocemos en Occidente ha sido escrita por y para hombres, por lo que ha dejado a un lado, muy conscientemente, la investigación sobre las escritoras; es por ello que se nos ha enseñado que la primera novela es El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra, borrando, desconociendo, o simplemente por ignorancia, que ya en el siglo XI, en la refinada Corte Heian del Japón, había novelas que se leían y circulaban entre sus súbditos sedientos, no sólo de buena literatura, sino de la representación de diversas manifestaciones culturales y artísticas. // La familia Fujiwara, a la cual pertenecía Murasaki Shikibu, ostentaba el poder detrás del Emperador, puesto que éste básicamente era una figura representativa, y en algunos casos decorativa, ya que muchos de ellos llegaban al poder a la escasa edad de 7 años. Por otra parte, nunca estaban en el trono por muchos años, ya que abdicaban con frecuencia a favor de alguno de sus descendientes, no necesariamente a favor del primogénito. // Las mujeres vivían en recintos vedados al hombre, pero eso no quiere decir que fuesen gineceos en el sentido que hoy conocemos dicha palabra, ya que las mujeres tenían libertad de circulación y podían recibir a los hombres que ellas deseasen en sus aposentos privados. De hecho las costumbres sexuales eran bastante diferentes a las de hoy en día; para decirlo de otro modo, y de una forma más coloquial, eran costumbres bastante relajadas, donde la virginidad no tenía ninguna importancia para el matrimonio. Es más, la concepción del matrimonio, como nosotros la conocemos hoy en día, no existía. // Para entender un poco la complejidad de las relaciones sociales, hay que pensar en la cortina, o “kichó”, ya que formaba parte integral de la sociedad Heian, ya que los hombres y las mujeres no debían verse cara a cara si no eran marido y mujer. Los biombos servían para crear diferentes ambientes dentro de una misma habitación, ya que el concepto de privacidad del siglo XI, era desconocido en la sociedad nipona de la época. Ni los hombres, ni las mujeres estaban nunca solos. Entre más alto era el rango, más personas los rodeaban; costumbre muy en boga en la corte francesa, sobre todo en la época de Luis XIV. // La época Heian, si bien fue de una gran opulencia, también es cierto que las personas que disfrutaban de la riqueza pertenecían a una pequeña minoría. Ello llevó al desgaste irreversible de la clase gobernante; es decir de la familia Fujiwara. No obstante, es importante anotar que durante 400 años Japón vivió en paz. La clase guerrera, los Shogun, vendría después de la desaparición de dicho período. Los pocos guerreros de la época Heian eran sobre todo para vigilar las fronteras, eran mal vistos y se les consideraba poco menos que patanes, sin ningún gusto, ni refinamiento. // Detrás de los visillos de las estancias privadas de Murasaki Shikibu: // Ubiquémonos detrás de un biombo y fisgoneemos la vida de la corte Heian y de su más prestigiosa representante: Murasaki Shikibu, novelista y poeta. No obstante ella no era la única escritora de su tiempo, puesto que no hay que olvidar a las grandes poetas Ono No Komachi, Izumi Shikibu y Akazome Emon y por supuesto a la narradora y rival de Murasaki Shikibu, Sei Shônagon, quien escribió El libro de la almohada o Anotaciones de la almohada. Para entender un poco más su compleja personalidad leamos lo que la propia Murasaki Shikibu escribió en su diario, lo que podría ser su mejor semblanza: “ “Hermosa, pero tímida, poco amiga de miradas ajenas, retraída, amante de las viejas historias, tan aficionada a la poesía que casi todo lo demás no cuenta para ella, y desdeñosa del mundo entero”, he aquí la opinión tan desagradable que la gente tiene de mí. Y, sin embargo, cuando me conocen me consideran dulce y muy distinta de los que les han hecho creer. Sé que la gente me tiene por una especie de proscrita, pero me he acostumbrado a ello y me digo para mis adentros: “Yo soy como soy” ”. Murasaki Shikibu, (973? – 1014?) pertenecía a la clase media y tuvo una educación bastante esmerada. Se casó muy joven y enviudó dos años después, sin haberse vuelto a casar; de esta relación nació su única hija. En el año 1008 La novela de Genji aún no estaba terminada, pero ya era leída y escuchada en la corte, puesto que se hacían lecturas en voz alta o se representaban pasajes de la obra. La autora nos narra la vida de la corte, un mundo que ella conocía de primera mano, puesto que al enviudar entró a formar parte del círculo de las damas de compañía de la emperatriz y en la que muy seguramente jugó un rol decisivo, gracias a su inmensa cultura y a su genio creador. // Harold Bloom la compara incluso con Marcel Proust, puesto que La novela de Genji es una forma de recuperar el tiempo perdido; yo diría que en realidad es un gran fresco del Japón de los siglos X y XI. Bloom también la compara con Jane Austen y con Virginia Woolf, en cuanto a la laicidad de dichas autoras. Sin embargo, para mí Murasaki Shikibu es una escritora profundamente religiosa. En La novela de Genji se debaten dos corrientes teológicas: el Sintoísmo y el Budismo y es la segunda la que sobresale a través de toda la obra del Genji Monogatari. // En realidad La novela de Genji es un tratado sobre la condición humana. En la época de la autora se consideraba que la sociedad en la que vivían era la época más corrupta que Japón había conocido hasta ese momento. En otras palabras Murasaki Shikibu, al igual que la gente de la Corte Heian, pensaba que vivía en una época de franca decadencia. Esta idea reflejaba el pensamiento religioso del budismo japonés, ya que creían vivir una especie de apocalipsis búdico, donde las enseñanzas de Buda no serían ni obedecidas ni respetadas. // Yo diría que el Genji Monogatari es la búsqueda del placer absoluto sin que nunca se llegue a encontrarlo. Genji no conjuga el verbo saciar, siempre está detrás de nuevas sensaciones, el erotismo es una senda cuasi filosófica que rige su forma de vida, su pensamiento, su conducta. No obstante, no puede decirse que La novela de Genji sea una obra erótica. Es, en cambio, una novela profundamente sensual. Dicho de otra forma, es una égloga de los sentidos: el tacto, la visión, el olor, el gusto y el oído, y yo agregaría otro: el refinamiento. // La novela de Genji es una visión bucólica del alma humana, si es que esa imagen es posible, y como se manifiesta a través de la sensualidad. La lectura de este libro me hizo no sólo recordar sino entender aún más esa gran película japonesa, El Imperio de los Sentidos, de Nagisa Oshima (1976). No obstante, cabe resaltar que en tiempos de Murasaki Shikibu el desnudo se consideraba algo fuera de toda estética, ella misma dice en su diario que una persona desnuda es horrible. Ni siquiera se desnudaban en el momento del coito, tal y como se puede apreciar en infinidad de ilustraciones. Tanto hombres como mujeres dormían vestidos, podían llevar hasta veinte prendas de vestir sobre sus cuerpos, sobre todo en invierno, ya que sus casas eran húmedas y al carecer de paredes interiores bastante frías; eso en un país donde las estaciones suelen ser verdaderamente marcadas. // La obra de Murasaki Shikibu es, ante todo, un compromiso con la estética literaria; por lo que este rasgo la hace de por sí contemporánea, o mejor, la pone por fuera de una época determinada. La autora es consciente de su genialidad, de su sapiencia, sabe que su pluma es superior a la de sus congéneres, sean hombres o mujeres y que su obra pasará a la historia; por lo que se esfuerza, en todo momento, por dejar en su escritura una huella de calidad, pero sin dejar a un lado la delicadeza de su estilo.

domingo, 15 de noviembre de 2015

JULIE OTSUKA: PREMIO FÉMINA A LA MEJOR OBRA EXTRANJERA 2012

Nota: En estos días Isabel Allende ha estado haciendo la promoción de su último libro, El amante japonés, y en las entrevistas que ha dado suele decir que cuando estuvo documentándose para escribirlo descubrió que en Estados Unidos hubo campos de concentración donde se recluyó a la población japonesa que en ese momento ya era bastante numerosa en ese país. Lo que quiere decir que ella no lee a las escritoras que han ganado premios importantes, como es el Fémina; si lo hiciera hubiese sabido de la existencia de dichos campos antes de escribir su libro. Me refiero a Algunas no habían visto nunca el mar de Julie Otsuka. ——————– En octubre de 2012 el nombre de Julie Otsuka no me decía nada, nunca la había oído nombrar. Vi su libro Algunas no habían visto nunca el mar en la vitrina de una librería e inmediatamente entré a echarle una mirada a la contracarátula, ya que no solo me interesa leer lo que la gente llama, erróneamente, “literatura de género” sino que además la literatura japonesa, o la de sus descendientes, como es el caso de Otsuka, me atrae poderosamente la atención. Comencé a leerlo con un gran deleite, a pequeños sorbos, como quien toma el elixir de los dioses y no quiere que el placer termine, e incluso lo dejé a un lado cinco días ya que me fui de viaje, ayer lo retomé y lo terminé cuatro horas antes de saber que el libro en cuestión había ganado el Premio Fémina Extranjero 2012. Es de anotar que el Premio Fémina lo ganó Patrick Deville, con su libro Peste&Cólera. // Julie Otsuka (USA-1962), nació en California, su padre es japonés y su madre es estadounidense, descendiente directa de japoneses, así que siempre se impregnó de la cultura, de la tradición y de la lengua nipona; y aunque su formación es artística, finalmente la abandonó para dedicarse por entero a la literatura. Su primer libro, Cuando el emperador era un dios (2002), fue aclamado por la crítica, desde entonces no publicaba nada. // Algunas no habían visto nunca el mar, fue inmediatamente catalogado por la crítica de su país como una obra de arte y obtuvo el Premio PEN/Faulkner Award for fiction. La narradora es una voz colectiva, a la manera de los coros antiguos, un coro de mujeres que cuenta las vicisitudes del exilio de cientos de mujeres japonesas que emigran a comienzos del siglo XX a California en busca de una mejor vida; pero sobre todo detrás de un matrimonio arreglado con anterioridad. Van tras las huellas de hombres que nunca han visto y que les han enviado fotos, en muchos de los casos que no les pertenecen, o que han sido tomadas años antes cuando aún eran jóvenes y hermosos, hombres que les han enviado cartas en las que les pintan un mundo fantástico, donde el dinero y las casas, llenas de luz, son los protagonistas, para encontrarse finalmente con que el sueño de hadas a la occidental nunca existió, y que han sido traídas no sólo para que ellos tengan con quien acostarse en las noches y poder reproducirse, sino para ponerlas a trabajar como mulas de carga. No en vano Otsuka dice: // “Una jovencita debe fundirse en la decoración: debe quedarse allí sin que nadie se dé cuenta de su presencia. Nosotras sabíamos comportarnos como se debe en un sepelio, escribir poemas cortos y melancólicos sobre la llegada del otoño que tuvieran exactamente 17 sílabas”. Algunas de ellas sólo habían recibido como instrucción para la nueva vida una sentencia que habría de marcarlas toda la vida: “Ya verás: las mujeres son débiles, pero las madres son fuertes”. Y en cuanto a la primera noche: “Nos cogieron sorpresivamente, algunas de nosotras no habíamos sido informadas por nuestra madre de los que nos esperaba. Yo tenía trece años y nunca había mirado a un hombre a los ojos”. Es el libro del encuentro de dos culturas, la dominante y la invisible: “No nos querían como vecinos, no nos querían en sus valles, ni como amigos. Nosotros vivíamos en cabañas horribles y ni siquiera hablábamos el inglés básico”. // Algunas no habían visto nunca el mar, es el libro del exilio, de la sumisión absoluta y ancestral, es el libro del miedo del presente y de la angustia por el futuro, es el libro de la evocación frente a un mundo nuevo en el que no encuentran ningún punto de referencia a la isla perdida para siempre. Sin embargo, el pasado siempre nos atrapa, nos encarcela detrás de barrotes de olvido y bruma, ya que las trompetas de guerra suenan en los oídos de cada una de ellas, de sus maridos e hijos, y se los llevan al lugar de donde no se regresa nunca. // Este libro me hizo pensar una y otra vez en esa pequeña joya del cine colombiano, tal vez la única, así algunos digan que esta película pudo haber sido mejor, que le faltó sensibilidad, dramatismo, que la fotografía le roba protagonismo a los actores que son demasiado estáticos, me refiero a Sueño en el Paraíso (2007) de Carlos Palau; cinta que me hizo pensar en Akira Kurosawa, no en vano Palau vivió varios años en Japón y es un gran admirador de la culturajaponesa.

viernes, 13 de noviembre de 2015

MARGUERITE YOURCENAR: LA MUJER QUE ILUMINÓ EL SIGLO XX

Marguerite Yourcenar es la mujer que iluminó el siglo XX, nadie como ella merecía el Premio Nobel de Literatura, pero no lo obtuvo, como muchos otros escritores que murieron si ese presea. Los invito a escuchar la entrevista que me hizo Radio Uruguay sobre esta maravillosa mujer y escritora. Pueden escuchar en el siguiente vínculo: http://radiouruguay.com.uy/innovaportal/v/67386/22/mecweb/berta-lucia-estrada-un-estudiosa-de-yourcenar?parentid=62683

sábado, 7 de noviembre de 2015

LA SEMIPENUMBRA

Tengo setenta y cinco años y desde que enviudé, hace más de veinte, vivo sola. Ya ni recuerdo cuando fue la última vez que algún familiar vino a visitarme. Ni tampoco me importa mucho. Recibirlos, ofrecerles algo para tomar, un té, un café o un jugo, galletas o un pan, era un esfuerzo inútil. Cuando aceptaban, yo me levantaba de mala gana, sin ocultar mi malestar por haber sido interrumpida en mi vida cotidiana, por lo que sus visitas se hicieron cada vez más y más escasas. El teléfono dejó de sonar y un buen día lo cortaron, yo había dejado de pagar las facturas. ¿Para qué?, me decía, si ya no lo usaba. Mi contacto con el exterior era permanente. Todos los días salía a hacer las compras. Iba a la panadería, a la tienda de la esquina, a la farmacia si tenía dolor de cabeza. Y dos o tres veces al mes iba a la librería. Miraba las carátulas, leía los comentarios que había en la contratapa, y si el libro me llamaba la atención, lo compraba. Además siempre estaba pendiente de las obras premiadas. El librero lo sabía. Rara vez se dirigía a mí. Era silencioso, por eso me gustaba ir allí. Sólo me hablaba si yo le hacía alguna pregunta. Es un hombre sin edad, muy culto, como debe de serlo todo librero. Pero lo que más me gustaba de él era que no hacía ostentación de su conocimiento. Me dejaba mirar las pilas de libros, “les nouveautés”, como él los llama, que había en las mesas. En las estanterías estaban los clásicos y cada anaquel tenía el nombre del autor que estaba allí, invitando a su lectura. Su librería es un remanso de paz, por lo que a veces pienso si no la habré soñado. Sus luces indirectas no me herían los ojos y al mismo tiempo podía leer fácilmente las reseñas de los libros. Siempre hay música de fondo y en el mostrador la carátula de un cd, con un discreto anuncio: -Este es el disco que está escuchando. Así que si a uno le gustaba no tenía más que decirle que le diera uno. Siempre salía con tres o cuatro libros. Eran las únicas ocasiones en las que caminaba de prisa. Quería llegar a casa lo más pronto posible y tirarme en la cama o en el sofá para leer las obras que acababa de adquirir. // Hacía tiempo que me había jubilado. Comencé a trabajar siendo muy joven. Entré al magisterio cuando aún no tenía 18 años. Primero fui profesora de primaria y luego de bachillerato. Enseñaba español y literatura. En el colegio conocí al que más tarde sería mi marido. Era profesor de química. No tuvimos hijos, ni nos hicieron falta. Con los alumnos teníamos suficiente. Por otra parte, nuestra responsabilidad para con ellos se terminaba en la puerta del salón de clase. Las noches, los fines de semana y las vacaciones eran para nosotros dos. Nos entregábamos por completo a la lectura, nuestra única y verdadera pasión. Por eso no sucumbí a su muerte. En los libros encontré el único refugio que yo necesitaba. Al principio me hizo un poco de falta. Sus comentarios inteligentes, el análisis, escueto, pero certero, de un libro determinado, siempre me habían ayudado con mis clases, por lo que lo echaba de menos. O bien la ausencia del calor de su cuerpo, en las frías noches de invierno, me hacía pensar en él con cierta nostalgia. Pero los seres humanos nos acostumbramos a todo, sin mayor esfuerzo ni mayor pena me habitué a su ausencia. Poco tiempo después de su muerte dejé de trabajar, había llegado a la edad en que podía reclamar mi pensión y aunque podía seguir laborando un tiempo más, hasta la edad de retiro forzoso, decidí jubilarme. En casa me esperaban los libros. ¡Qué delicia! Encerrarme en la biblioteca horas y horas enteras, sin mirar el reloj, sin tener que cumplir citas ni obligaciones, sin tener que corregir exámenes, ni preparar clases, ni rendir informes a rectoría. En otras palabras, había encontrado el paraíso que Milton creía perdido; el verdadero, el de la tranquilidad y sobre todo el de la seguridad económica. Mensualmente recibo mi pensión y la de mi marido, ninguna de las dos es mala, no podría quejarme. Además, siempre fuimos ahorrativos. Antes de su muerte, en previsión de nuestra vejez, compramos algunos bienes inmuebles ; así que el dinero no me falta. Mi cuenta bancaria está siempre bien provista y mis gastos personales se restringen a lo estrictamente necesario, la comida y los libros. Como no me gusta salir no tengo que pensar en comprar ropa, con la que tengo es suficiente. Algunos cuantos sacos de lana, un abrigo para el invierno, dos pares de zapatos que renuevo cada 8 meses, tres vestidos y tres camisas. Nada más, lo demás es superfluo. // Sobra decir que tengo una biblioteca importante, pero rara vez releo un libro, aunque me haya gustado mucho. ¿Para qué hacerlo si siempre puedo encontrar algo nuevo, diferente? Hace poco, por ejemplo, leí un libro de Yasushi Inoué, un autor japonés que no conocía. Es un relato corto, epistolar. Tres mujeres le escriben a un mismo hombre y las tres lo hacen sobre el impacto brutal que él tuvo en sus vidas. Un libro que narra una bella y trágica historia de amor. Un clásico del siglo XX. ¡Qué lástima que las novelas de Corín Tellado o de Bárbara Cartland, sean las que batan records de venta! Aunque en este país, lo que bate record es la TV con las telenovelas; sobre todo si son mexicanas y venezolanas. Entre más almibaradas y sosas sean, más éxito tienen, aunque las colombianas no se quedan atrás. Y cuando no es la Tellado, a la que leen, es a la paisa, la misma que escribe versos en las tarjetas de enamorados. Alguna vez escuché decir en la librería que vendía más libros que García Márquez. El librero me miró y yo creí ver en sus ojos una cierta sonrisa sarcástica. Y si no son las novelas rosas, son los libros de autoayuda o de crecimiento personal, como los del brasilero. Un fenómeno de masas lo llaman. Y eso para no hablar de la autora del pequeño brujo. Imaginación no le falta, pero calidad estética, toda. Otro fenómeno de masas. // Y aunque la habitación que alberga la biblioteca es grande, hace ya bastante tiempo que las estanterías se llenaron. Así que comencé a dejar los libros en las mesas, luego en el suelo. Se fueron formando pequeñas pirámides, lo necesario para que no se desperdigaran por el piso. Un buen día ya no pude acostarme en el sofá que queda al lado de la chimenea, estaba lleno de libros. Otro día fue el umbral el que no pude cruzar. Así que decidí leer en la sala y las pirámides se apropiaron del espacio circundante. Pronto fue el comedor ; por lo que me pasaba las horas enteras en mi cuarto. Pero allí también el espacio libre desapareció. Como si la casa siguiese un complot en contra mía. Pensé en La Casa Tomada. Me pasé al cuarto de huéspedes. Y pasó lo mismo. De la cocina, ni hablar. Hacía tiempo había renunciado a deshacerme de las bolsas que se acumulaban con los residuos de comida. Limpiar y asear me quitaban un tiempo precioso para la lectura. Decidí aprovisionarme de platos de cartón y comprar comida preparada que calentaba en el microondas. // Como no podía atravesar los cuartos un buen día no abrí las ventanas. Me acostumbré a vivir en una eterna penumbra y me di cuenta que no tenía necesidad de ventilar las habitaciones. Me acostumbré al olor de casa cerrada y a la humedad que se apoderaba del aire. Caminar libremente por los corredores se volvió un martirio. Tenía que saltar por encima de libros, de objetos tirados, de platos sucios. De cuando en cuando escuchaba a una que otra rata. Aprovechaban los restos de comida que estaba regada por toda la casa. Cuando eso sucedió me fui a vivir al garaje. Dormía en el carro. Era el único lugar disponible, así que lo aproveché. De todas formas necesitaba que estuviese libre, de otra forma no hubiese podido salir al supermercado, a la tienda de la esquina dejé de ir porque allí no encontraba comida precocida. Últimamente me cansaba caminar, ya no podía hacer el trayecto a pie hasta la panadería, ni mucho menos hasta la librería. En cuanto a los vecinos se refiere, ni los conocía. Nunca me interesaron. Parece ser que fueron ellos los que se quejaron a la policía. // Lo imagino, porque al abrir la puerta del garaje esta mañana, para sacar el carro, observé un corrillo anhelante al frente de mi casa. Un señor vestido de verde se me acercó, me increpó. Me dijo que tenía orden de revisar mi casa, que habían llovido las quejas con respecto a malos olores y a ratas que husmeaban en el vecindario. Me negué enfáticamente y como él quiso entrar a la fuerza comencé a gritar y a pegarle. Seguramente me creyó histérica. Fue entonces cuando sentí que algo se clavaba en mi brazo derecho, como una aguja. Después no volví a saber nada, hasta ahora que aparentemente me despierto y descubro una habitación blanca hasta la locura. Estoy amarrada a una cama igualmente blanca. A los pies de la cama hay un ventanuco con rejas por el que se filtra la luz del día. Me hace daño, me hace falta la semipenumbra del garaje de mi casa. Aunque el silencio es el mismo que me acompaña en las largas noches de invierno.

jueves, 5 de noviembre de 2015

CONTIGO EN LA DISTANCIA DE CARLA GUELFENBEIN PREMIO ALFAGUARA DE NOVELA 2015

Hoy hago una breve reseña del libro Contigo en la distancia, de la escritora chilena Carla Guelfenbein (1959), Premio Alfaguara de novela 2015. Pude leerlo gracias a que mi buen amigo Winston Morales Chavarro, más conocido como el poeta Aniquirona de Brucco, me lo hizo llegar por correo; de otra forma hubiese tenido que esperar varios meses para poder comprarlo. Esperé su llegada con muchos deseos de leerlo, ya que la entrevista que había leído en Arcadia me había interesado: http://www.revistaarcadia.com/impresa/literatura/articulo/contigo-distancia-carla-guelfenbein/43600 Por otra parte, el acta del jurado dice lo siguiente: “Una novela de suspense literario construida con gran eficacia narrativa en torno a un memorable personaje femenino y al poder de la genialidad. La autora ha sabido entrelazar amores y enigmas con una escritura a la vez compleja y transparente ». Y para algunas personas se trata de una novela compleja : https://laslecturasdeguillermo.wordpress.com/2015/06/22/contigo-en-la-distancia-de-carla-guelfenbein/ No obstante, debo decir que el libro no me generó mayores expectativas, no me sorprendió ni por su manejo del lenguaje, ni por su estructura narrativa, ni por las historias narradas y por supuesto no me pareció para nada complejo*; por el contrario, la trama se decanta sin lograr el suspense que algunas personas han creído ver en ella. // En otras palabras me pareció más bien insulso; no en vano Francisco Solano, de Babelia, titula su presentación Música de Bolero (El País, 16 de junio de 2015) http://cultura.elpais.com/cultura/2015/06/10/babelia/1433947776_149627.html Una reseña que tritura el libro de Guelfenbein y con la que yo estoy de acuerdo. // Contigo en la distancia es, según su autora, un homenaje a la escritora brasileña, de origen judío-ucraniano, Clarice Lispector. Y si doy este dato es porque la obra está construida en torno a una escritora de culto, Vera Sigall, que se entrelaza con la vida de Lispector, de la abuela de Guelfenbein, también de origen ucraniano, y de la misma autora del libro. En torno a Sigall están su antiguo amante, Horacio Infante, poeta que construyó su fama apuntalado en una mentira, Daniel, el arquitecto y vecino de Vera, y Emilia, la francesa que va a Santiago para estudiar la obra de la escritora Sigall. // No obstante, yo diría que Contigo en la distancia es ante todo un homenaje a Mrs Dalloway, esa gran novela de Virginia Woolf, al menos yo lo considero así, puesto que hay múltiples alusiones a dicha obra, alusiones que saltan a la vista para cualquiera que la haya leído con cuidado. // El libro también me hizo pensar en un libro que disfruté mucho, Olor a rosas invisibles de Laura Restrepo, y en Je l’aimais de la francesa Anna Gavalda, una obra que me parece bastante mediocre, aunque debo decir que en Francia goza de gran renombre. // Contigo en la distancia es un libro malo, más bien pareciera una novela de Corín Tellado, solo que con algo más de trama y con el ingrediente de novela negra; aunque bastante desacertado. // Lo leí sin pasión y si lo leí hasta el final fue para entender porque el jurado le otorgó el premio Alfaguara de novela 2015. Y para ser honesta lo único que logré corroborar es el malestar que me producen los dos grandes premios literarios de España, Alfaguara y Planeta. Desafortunadamente estos dos gigantes editoriales designan premios con el fin de crear autores como si se tratase de una marca, pienso en Adidas o en Nike, por decir algo. Los premios literarios deben ser autónomos, independientes y no deben pertenecer a editoriales, como lo son el Goncourt, el Renaudot, o el Fémina, o el Médicis, premios de gran prestigio literario, aunque no siempre considere que son acertados; pero al menos hay independencia, ya que participan múltiples editoriales francesas. // Para terminar diría que otro desacierto del libro es que es bastante extenso. Si Guelfenbein lo hubiese concebido como una nouvelle creo que hubiese ganado bastante. Pero es como una especie de chicle que se alarga y se alarga sin dar elementos nuevos y sin generar nuevas expectativas. Lo único que me quedó es la amarga sensación de haberme equivocado al encargarlo y por lo tanto de haber perdido el dinero que pagué por él. // ------------ * Libros complejos son por ejemplo Le chapiteau vert de Ludmila Oultizkaïa: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2014/08/17/ludmila-oulitskaia/ o La comadrona de Katya Kettu: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/04/07/la-comadrona-de-katja-kettu-los-campos-de-concentracion-vistos-por-una-mujer/ También pueden leer dicho reseñas en este blog.

viernes, 9 de octubre de 2015

LAS OFENSAS DE LA IGLESIA CATÓLICA

LAS OFENSAS DE LA IGLESIA CATÓLICA En el día de ayer monseñor Castro, ante la condena a la Iglesia por el caso de pederastia de uno de sus curas , http://www.elespectador.com/noticias/judicial/iglesia-responsable-de-los-abusos-de-los-clerigos-articulo-591584 no encontró otra forma de eludir la grave situación que la de ponerse de víctima : Condena a la Iglesia por caso de pederastia es una ofensa: Monseñor Castro http://www.elespectador.com/noticias/judicial/condena-iglesia-caso-de-pederastia-una-ofensa-monsenor-articulo-591742#comment-9728676 OFENSA ES… Ofensa es la terrible máquina de la Inquisición. Ofensa es la cacería de brujas instaurada por la Iglesia. Ofensa son las Cruzadas. Ofensa es acoger en su seno al Opus Dei. Ofensa es considerarse como la única religión verdadera. Ofensa es decir que es una religión monoteísta cuando en realidad es politeísta. Léase culto mariano y los miles y miles de santos que pueblan su imaginario mágico-religioso. Ofensa es erigir al papa como si fuese otro santo. Ofensa es ser una religión deicida. Ofensa son los miles, posiblemente millones, de niños violados por curas pederastas. Ofensa es haber protegido a cinetos de curas pederastas y simplemnte haberlos cambiado de parroquia. Ofensa es haber protegido a uan depredador como Marcial Maciel, entre tantos otros. Ofensa es perseguir a los homosexuales. Ofensa es negarles a los homosexuales la posibilidad de tener una familia. Ofensa es perseguir a las mujeres, condenarlas al ostracismo e impedirles que tengan los mismos privilegios que sus homólogos masculinos ; sobre todo en el seno mismo de la Iglesia. Ofensa es haber negado durante siglos la educación de las mujeres. Ofensa es haber relegado a la mujer a la cocina y al cuidado de los hijos ; como si esa fuera su única labor en la familia y como si el cuidado de los hijos no fuese también una obligación del padre. Ofensa es hacer de la virginidad de la mujer un camino a seguir. Ofensa es el celibato que impone a sus curas en Occidente cuando en Oriente se pueden casar y tener hijos. Ofensa es promulgar la sumisión y devoción de las mujeres como única posibilidad de salvación eterna. Ofensa es la misoginia y machismo de la Iglesia. Ofensa es olvidar que somos seres sexuados y mamíferos. Ofensa en condenar el placer sexual, algo tan necesario como respirar, comer, dormir, caminar, pensar. Ofensa es condenar el aborto. 
 Ofensa es condenar la planificación familiar. Ofensa es prohibir el uso del condón en países africanos donde el sida es casi que una peste. Ofensa es prohibir las relaciones sexuales libres y respetuosas. Ofensa es pedirles a las mujeres que se cubran la cabeza con un velo, como en el caso de las musulmanas. Digo esto porque hay muchas católicas fundamentalistas que lo hacen. 
 Ofensa es excluir de la Iglesia a los divorciados. 
 Ofensa es negar sepultura a los suicidas. 
 Ofensa son los lazos non sanctos entre el Vaticano y la mafia ; léase Banco del Vaticano : http://economia.elpais.com/economia/2015/04/18/actualidad/1429375817_190309.html Ofensa es que el banco del Vaticano tenga el segundo tesoro más importante del mundo. Ofensa es que el banco del Vaticano sea accionista de Zara : https://www.facebook.com/notes/que-el-dios-que-has-inventado-te-perdone/sab%C3%ADan-que-el-vaticano-posee-la-cantidad-de-dinero-suficiente-para-acabar-con-la/193567317348725 Ofensa es el fausto del Vaticano. Ofensa es que la Iglesia sea la propietaria de los mejores edificios en todo el mundo, la mayoría de ellos habitados por cuatro o cinco monjes. Ofensa es que la mayoría de edificios del centro histórico de Lima sean propiedad de la Iglesia que se niega a restaurarlos y los tiene como viviendas insalubres donde los más pobres viven en condiciones de hacinamiento, disputándose un mendrugo de pan con las ratas. Ofensa es tener todavía la figura de un papa como si se tratase de un rey medieval ; o en el mejor de los casos como si se tratase de emular a Luis XIV, conocido como el rey sol. Ofensa es el mercado de supuestos objetos sagrados, llamados pomposamente relicarios, como un pedazo de la cruz o un hueso de Teresa de Ávila; lo cual no está muy lejos de la característica mágica que podría tener la pata de un conejo o un pedazo de cuarzo; o sea un talismán cualquiera. Ofensa es vender indulgencias para una supuesta vida más allá de la muerte. Ofensa es pedir dinero a los fieles y en muchas ocasiones dejarlos sin nada. Ofensa es el papel que jugó la iglesia en la II Guerra Mundial.
 Ofensa es haber apoyado las dictaduras del cono sur y la violencia partidista en Colombia.
 Ofensa es haber estado del lado de Mariano Ospina Pérez o de otros políticos. que tienen un largo historial de abusos de poder y de violación de los Derechos Humanos. Ofensa es haber alimentado el racismo durante siglos. Fray Bartolomé de las Casas fue uno de los que promulgó la trata de esclavos proveniente de África. Ofensa es que haya tan pocos cardenales negros y ningún papa negro. Y podría seguir y no terminaría… LA IGLESIA CATÓLICA Y SU IDEOLOGÍA DE EXTREMA DERECHA SON UNA OFENSA.

viernes, 18 de septiembre de 2015

VERÓNICA RESUCITADA DE CARLOS ORLANDO PARDO

Pasé tres días inmersa en el último libro del editor y escritor Carlos Orlando Pardo, Verónica resucitada (Pijao Editores, 2014). Una obra que se entronca en el puzzle de la zaga El Quinteto de la frágil memoria* de su hermano Jorge Eliécer Pardo y que compite con ella en el dominio narrativo y en el lenguaje utilizado; ésto demuestra hasta que punto hay una simbiosis literaria entre los dos escritores. Lo que habla muy bien de su trabajo mancomunado en pro de la literatura y de su interés mutuo por la historia reciente de Colombia; pero sobre todo por el interés de narrar la época convulsa de la mal llamada violencia. //......... Por otra parte, las miradas de los dos escritores nos permiten ver mucho más que cuando acercamos el ojo a una cerradura. En este caso preciso es como mirar un prisma, donde pueden verse las mismas situaciones pero desde ángulos distintos, con sus consecuentes refracciones y descomposiciones de la luz; lo que enriquece considerablemente la visión histórica y la construcción narrativa de los escritores Pardo Rodríguez. Es algo así como mirar el pasado a través de un caleidoscopio, donde el mismo acontecimiento desfila raudo delante del ojo que lo escruta, pero narrado siempre de una forma diferente. //...... Podría también decirse que es una construcción cubista; o sea, se presenta lo que en esta escuela artística se denomina perspectiva múltiple; donde ningún aspecto del objeto, en este caso de la historia, queda en la oscuridad, todos pasan por el tamiz de la luz; lo que redunda en una mayor objetividad de los hechos, para que el lector pueda entrar y comprender más fácilmente la narración que se le presenta. //......... ¿Cuántas veces debemos descomponer una idea, un recuerdo, una palabra, un acontecimiento histórico o personal, para poder entender finalmente lo que pudo haber sucedido? Los investigadores policiales manejan muy bien este proceso cognitivo; aspecto que no es ajeno a los escritores de novela negra. Agatha Christie y Georges Simenon indagaron bastante en este método.//............. En realidad es el trabajo de muchos escritores; puesto que la palabra es memoria. Sin ella corremos el riesgo de convertirnos en víctimas de la peste que azotó a Macondo, cuando todos sus habitantes comenzaron a perder la memoria y con ella a olvidar el sentido de las palabras. //........... Primer tópico: La guerra: Y si digo mal llamada violencia es porque ese nombre ha sido un eufemismo para no decir claramente que se trató de una guerra civil nunca reconocida por las élites ni por el Estado colombiano ni mucho menos por las fuerzas militares, así muchos políticos liberales y conservadores, que hicieron parte del poder después del derrocamiento de Rojas Pinilla, me refiero al Frente Nacional, hubiesen participado en ese enfrentamiento bélico que nos dejó como herencia esta época de delirium tremens en que hemos crecido y envejecido millones de colombianos y para los que la paz es sólo una palabra carente de significado real; por lo que a algunos nos cuesta verdaderamente pensar en ella como una posibilidad que está casi a la vuelta de la esquina, para utilizar otro eufemismo. //......... Verónica resucitada se sumerge en la historia familiar y desde allí se relata la historia de Colombia y nos llega el eco de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo que nos topamos con los discos de acetato que reemplazaron al gramófono o las primeras escuelas de teatro y de títeres o la llegada de la televisión y con ella programas que nos acompañaron por años como Yo y Tú, con la inolvidable Alicia del Carpio. Esa extraordinaria mujer que abandonó la España de Franco para venir a instalarse en las antípodas de su tierra y que entendió como pocas personas la idiosincrasia del rolo de los años 60 y 70 del siglo pasado. //............ Verónica resucitada parte pues de la historia de una familia. Pienso por supuesto en Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, no sólo porque la novela de Pardo es un soberbio homenaje a esa gran obra colombiana, tal y como lo señalaré más tarde, sino porque al leerla recordé una de sus frases recurrentes; me refiero a cuando hacía alusión a que nada extraordinario le había ocurrido después de la muerte de su abuelo acaecida cuando él sólo contaba ocho años. Este recurso no es nuevo. Pienso en Coplas a la muerte de mi padre de Jorge Manrique; esa elegía fundacional de la poesía castellana, donde el poeta se conduele por la muerte de su padre, al mismo tiempo que recuerda y ensalza su vida y reflexiona sobre la fugacidad de la existencia. Por supuesto que también recordé al vasco Kirmen Uribe con su magnífica zaga familiar Bilbao-New York-Bilbao** (Editorial Seix Barral 2009); y Ru (Éditions Liana Levi, 2010) de Kim Thúy, escritora canadiense de origen vietnamita, en el que narra su infancia en Vietnam y la huida en un boat-people con toda su familia y su posterior exilio en Canadá. //............ Y si traigo a colación a estos autores, para hablar de Verónica resucitada de Carlos Orlando Pardo, es porque a veces olvidamos que un autor escribe generalmente sobre lo que mejor conoce; y que mejor que el microcosmos familiar para narrar la universalidad e indagar en los vericuetos de la condición humana. //.............. El libro de Pardo narra la lucha de una familia por mejorar su nivel de vida, sobre todo lo que concierne a la educación de los hijos, brindarles un futuro mejor y hacerlos ciudadanos de bien en un país sacudido por los vaivenes de la violencia política. Es así como el lector asiste de la mano de Arturo a las correrías por los Llanos Orientales o a las reuniones clandestinas con el fin de asesorar a los obreros o campesinos en la creación de sindicatos o para hablarles sobre la necesidad de luchar por sus intereses laborales y sociales. Al mismo tiempo que le toca asistir a esa gran debacle que fue el bogotazo y el asesinato de Gaitán. Arturo, acompañado de una de sus hijas, huye de Bogotá, mientras su yerno se oculta de los pájaros que llegan a su hogar del Líbano (Tolima). Los dos, en realidad toda la familia, son como las hojas sacudidas por la tormenta de las que nos habla Lin Yutang, con la diferencia que no se quiebran ni nadie las aplasta con sus botas untadas de fango color ocre. Salen indemnes de la guerra, eso si, con cicatrices invisibles y perennes, pero al fin y al cabo salen vivos y con deseos de seguir en la lucha. Algo que miles de nuestros compatriotas no lograron, ya que muchos de ellos fueron cayendo por la furia del vendaval que quiso borrarlos de la historia, al mismo tiempo que dejaba la tierra arrasada, quemada, colonizada por aves rapaces. //............. Segundo tópico: El amor y el desamor: Verónica resucitada es también un libro sobre el amor y el desamor, sobre el encuentro y el desencuentro, sobre la libertad del presente y las cadenas del pasado. Sobre el libre albedrío y las consecuencias que trae consigo, no siempre las que se esperaban; tal vez porque la educación, la sociedad y la religión impiden romper las esposas que nos atan a ellas y nos hacen prisioneros eternos de sus designios aparentemente imperecederos. //............ Su personaje principal, Verónica, es una mujer cuasi legendaria, pero también es una especie de fantasma que se niega a caer en los brazos de la muerte, tal vez para evitar el olvido que termina por instalarse en algún amanecer. En otras palabras, ella encarna la lucha entre la memoria y el olvido. //............ Verónica, feminista convencida cuando la palabra aún no se conocía, va tras sus propios sueños, así caminar en pos de ellos le cueste dejar atrás marido e hijas. Así le cueste acostumbrarse a la idea que para él ya no existe y que sus hijas crecerán con la imagen de una madre muerta prematuramente. Ese olvido impuesto, marcado a fuego como si se tratara de marcar a una fiera indómita, es la venganza de un marido, que si bien la ama y la desea, no acepta que ella prefiera una vida diferente a la del hogar. //........... Verónica, como las serpientes que siempre se muerden la cola, regresa a sus orígenes, al menos a uno de ellos. En lo más oscuro de su conciencia sabe que no siempre se llamó así, sabe que en algún momento una mujer que la amaba la llamaba Esperanza. Pero también sabe que fue robada de sus brazos por otra mujer, esta vez una gitana. Es ella la que le da una nueva identidad, un nuevo nombre, Verónica. Ella, la gitana, le enseña el amor por los caminos y por los amaneceres con paisajes diversos. Le enseña la trashumancia, la libertad que ofrece el cielo abierto, así a veces se tropiece con montañas. Para luego ser raptada otra vez por otra mujer que desea arrancarla de la errancia y educarla bajo sus propios códigos de buena conducta, apegados además a los preceptos católicos que para esa nueva madre son fundamentales. Sin embargo, Verónica buscará nuevamente la libertad de los caminos y la incertidumbre de nuevos amaneceres en tierras desconocidas. Es cuando decide huir de su tercera madre, no porque ella la maltrate, sino porque el horizonte le hace guiños, la llama, la acaricia para que lo siga en su loca e infatigable carrera donde nadie, que no sea ella, puede asirlo. //.............. Y la forma más expedita de llegar a él es huyendo con el circo que una vez más pasa por su pueblo, allí donde perdió a su segunda madre. //............... Es cuando encuentra a Arturo y él le enseña otro horizonte, el de las alturas, donde volar es posible. Él le pone alas y la recoge en el aire antes que el sol le derrita la cera con las que ha pegado las plumas. Uno diría que es una Ícara. Verónica-Ícara. En otras palabras libertad-vuelo-horizonte sin límites. ¿Y cuando se ha recibido ese obsequio y se ha bebido su néctar, cómo olvidarlo al lado de un fogón de leña? //............. Es lo que Arturo no pudo predecir porque no quiso descifrar las volutas de humo o leer las cartas que narraban el futuro. En otras palabras se negó a consultar a Pilar Ternera; tal vez porque siempre supo que nada ni nadie podría nunca encerrar a su amada Verónica detrás de los barrotes de la posesión, y que amar es precisamente dejar volar, así sea en otros horizontes y en otros cielos. //............... Arturo decide escapar a la ausencia de la amada; le huye al saudade declarándola muerta, huye del pasado lanzándose por los acantilados del olvido; aunque el olvido se niega a darle cobijo. Es por ello que siempre guardó la foto de su esposa debajo del colchón, una forma de tenerla siempre consigo, de asir lo inasible, de escapar a la pérdida, y de no caer en las trampas del olvido; esas que finalmente cubren los rostros de las personas que hemos amado detrás de brumas de desolación. //............. Verónica se entronca con María Rebeca y Arturo con Carlos Arturo Aguirre, dos de los personajes de La baronesa del circo Atayde de Jorge Eliécer Pardo. Y es aquí donde armamos el rompecabezas que los escritores Pardo han puesto en la mesa para ser descifrados y para que sus piezas se unan en un perfecto mapa que dibuja múltiples aspectos que van desde la vida familiar propiamente dicha, pasando por el mapa político colombiano hasta llegar al occidental. //........ Verónica María Rebeca sigue las sendas del aire como eterna funámbula que se resiste a la caída y al olvido. //.......... Y en el caso de Arturo Carlos Arturo se recuerda su hermoso oficio de ebanista; aunque prefiero hablar de arquitecto de muebles a los que les imprime los sueños de la familia y el amor por las máscaras. Y es cuando decide hacer estos muebles para su hija y su yerno, que habían dedicado su vida al teatro, que Arturo se encuentra de nuevo con el mundo de los Buendía. Al igual que Amaranta, que tejía su mortaja despacio para alargar un poco su vida, él esculpe las máscaras en los espaldares de las sillas del comedor tomándose su tiempo, a sabiendas que cuando las termine ya no le quedará nada más por hacer y que luego se acostará para no volverse a levantar nunca. //........... Las máscaras también son un reflejo de su propia vida y de los secretos que lleva por doquier y que le recuerdan a la esposa aventurera que ha declarado como occisa o a los intríngulis políticos a los que debe hacer frente y que nunca están exentos de peligro. Lo que lo hace caminar nuevamente, ya no como Carlos Arturo Aguirre sino como Arturo, por su antiguo oficio, el de acróbata de circo; el mismo en el que Verónica María Rebeca escapaba a la muerte gracias a sus manos que la atrapaban en el aire, evitándole una segura caída ante los espectadores que asistían a las presentaciones de la carpa y que como gitanos recorrían los pueblos polvorientos; llevándoles de esa forma algo de ilusión a sus vidas marcadas por la abulia y la eterna repetición a las que estaban condenadas. No en vano Aureliano Buendía pensaba que el tiempo “daba vuelta en redondo”. //.......... Esto nos lleva inmediatamente a recordar a Melquíades y a los gitanos que lo precedían; los mismos que trataban de vender ilusiones o vender el hielo como uno de sus tantos insumos mágicos. //.......... La intertextualidad: Ya se hizo alusión a la historia nacional e internacional como eje narrativo de Verónica resucitada. No obstante, aún no he desarrollado un aspecto, entre muchos otros, que no quisiera dejar suspendido en el aire, me refiero al diálogo con otras obras literarias; aspecto que contribuye a armar el puzzle con las piezas de la zaga El quinteto de la frágil memoria de Jorge Eliécer Pardo, en este caso preciso con El pianista que llegó de Hamburgo. El entronque no sólo está dado por el bogotazo sino en la narración que nos pone a viajar a los Llanos Orientales en compañía de Arturo. Allí no sólo es un espectador y protagonista de los movimientos campesinos, sino que de una u otra forma encarna, como ya lo había hecho Hendrik Joachim Pfalzgraf en la obra referenciada, a ese otro Arturo que sostiene la base de la ficción colombiana, me refiero a Cova, el protagonista de La Vorágine. //.......... Y por supuesto reaparecen Las Alondras del Llano que había encontrado Pfalzgraf en ese viaje que terminaría en delirio. En verónica resucitada las alondras son las hijas de Arturo, el comunista que recorre los caminos del Llano con su máscara de ebanista: //............ « De ahí en adelante estaban en la primera fila actuando en las representaciones teatrales del colegio, realizando secretamente los resúmenes de los libros que recibía Arturo del Partido en forma clandestina y conociendo las fotos de Europa donde se realizaba el contraste entre la clase trabajadora y la realeza con una propaganda escrita en letra roja. Su padre les explicaría que los postulados del Partido eran como los de Jesús que quería proteger a los humildes, pero les tocaba estar como el divino maestro y sus discípulos, simplemente escondidos en las catacumbas para evitar la muerte ». (Verónica resucitada, pág. 79). //.......... No hay que olvidar que las obras de Carlos Orlando Pardo y de Jorge Eliécer Pardo, a las que hago mención, son un elogio profundo a algunas de las obras fundacionales de la literatura colombiana. Me refiero no sólo a La Vorágine de José Eustasio Rivera sino a la obra de Vargas Vila. Ese gran contestatario que vivió a caballo entre dos siglos, de 1860 a 1933. //.......... El influjo de la rebeldía de Vargas Vila marcó el inicio de un cambio social, religioso e ideológico de una sociedad que pugnaba por salir de una época cuasi feudal. No en vano Vargas Vila, anticlerical por excelencia, siempre se consideró como anarquista. Al mismo tiempo que supo identificar el gran peligro que significaban los Estados Unidos, y abogó, como lo haría Arturo Carlos Arturo, por la libertad de los pueblos y por una verdadera justicia social. //............ Arturo, al igual que Vargas Vila, se refugia por un tiempo en el Casanare, escapando así a una posible muerte. De esta forma el personaje de ficción sigue los pasos del personaje histórico. Se convierten en uno solo y nos recuerdan que aunque “el tiempo de vueltas en redondo”, no todos los pueblos están condenados a su desaparición. No en vano Pilar Ternera decía que “un siglo de naipes y de experiencias le había enseñado que la historia de la familia era un engranaje de repeticiones irreparables, una rueda giratoria que hubiera seguido dando vueltas, hasta la eternidad, de no haber sido por el desgaste progresivo e irremediable del eje”. (Cien años de Soledad, Gabriel García Marquez). //......... Arturo, digno discípulo de Vargas Vila, sabe que al menos hay que intentar romper con esa maldición. Mientras que Verónica María Rebeca abandona su vida de trashumante y encuentra un trabajo sedentario también como ebanista, lo que le permite finalmente instalarse en una vivienda propia y ser independiente, no necesita de un hombre en su casa que la mantenga; así los fines de semana, después de unos vasos de cerveza, decida llevarse a alguien que le caliente un poco las sábanas que permanecen frías toda la semana. Verónica decide un buen día buscar a las hijas que abandonó cuando una de ellas tenía solo unos pocos días de nacida, se reconcilia con las dos y finalmente abandona el mundo rodeada de la familia que siempre la había creído muerta. Otra forma de regresar a los orígenes, como si fuera la protagonista femenina de Viaje a la semilla, pero sobre todo la protagonista femenina de Los pasos perdidos de Alejo Carpentier. ..................................................................................... Bibliografía: GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Cien Años de Soledad. Editorial La Oveja Negra, 1982. PARDO, Carlos Orlando. Verónica resucitada. Pijao Editores 2014. PARDO, Jorge Eliécer. El pianista que llegó de Hamburgo. 3ª edición, Pijao Editores 2014. ----------------------------. La baronesa del circo Atayde. 1º edición, Cangrejo Editores, 2015. • Resumen del artículo El Puzzle de la historia: • http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-puzzle-de-historia-articulo-575050 Leer el artículo completo: El puzzle de la historia o el aroma a trópico de Jorge Eliécer Pardo, por Berta Lucía Estrada Estrada http://jorgeepardoescritor.blogspot.fr/2015/08/ensayos.html ** http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/08/22/la-saga-familiar-de-kirmen-uribe/

martes, 8 de septiembre de 2015

EL TRÍPTICO DE LA INFAMIA DE PABLO MONTOYA

-------------------- Siempre he creído que una de las grandes diferencias que existen entre los españoles y los latinoamericanos es la visión tan diferente que tenemos de los dos lados del Atlántico del mal llamado descubrimiento de América, de la Conquista y de la Colonia. ------------------------ Muchos españoles hablan del genocidio llevado a cabo por el imperio español como si fuese algo del pasado y como si las personas que lo llevaron a cabo como una ideología de Estado, amparándose, por supuesto, en los excesos del fanatismo religioso, en este caso preciso el credo católico, no tuviesen nada que ver con ellos. Y si digo ésto es porque se lo he escuchado decir a varios de ellos: - Nosotros no tenemos nada que ver con esos hombres. Así de simple y así de cruel. Lo que refleja una ignorancia histórica y una estulticia enormes. Para muchos otros la conquista y la colonia fue una forma de civilizar a unos cuantos salvajes que desconocían al dios verdadero. Eso sí, nunca hablan del despojo brutal que hizo España de estas tierras ricas en oro y plata, entre muchos otros recursos que ambicionaba y que necesitaba para pagar las guerras que libraba constantemente y poder pagar el derroche de sus monarquías; así Felipe II hubiese llevado una vida cuasi monacal en su castillo de El Escorial. --------------------------- Los Latinoamericanos en cambio, al menos una gran mayoría, somos conscientes del horror, de la ignominia, del genocidio del que fueron víctimas los pueblos que habitaban este continente a la llegada de unos cuantos fanáticos cuya única lectura era La Biblia, y eso para los pocos que sabían leer y escribir. Los intelectuales, los artistas, los hombres probos de la España del siglo XVI, nunca vinieron a estas tierras. En cambio los dominicos y franciscanos se apropiaron de este territorio, de sus hombres y de sus riquezas y cerraron los ojos ante la infamia de la esclavitud; como fue el caso de Bartolomé de las Casas. Recuérdese que a comienzos del siglo XVI, en la isla de La Española (hoy territorio de Haití y República Dominicana), Bartolomé de las Casas si bien es cierto que abogaba por los indios y denunciaba la explotación de la cual eran objeto por parte de los españoles, proponía en cambio, como único medio para abolirla, traer esclavos negros del África. Para defender a los nativos alegaba que eran hijos de dios y que al igual que los cristianos poseían un alma. Los indígenas Taínos, por su parte, dejaban a los cadáveres de los prisioneros españoles varios días al sol con el fin de verificar si sufrían o no putrefacción; eso con el fin de corroborar si eran de naturaleza humana o divina. -------------------------- Los dominicos y franciscanos, a su llegada al Nuevo Mundo, impusieron la Inquisición y con ella toda la barbarie que sus mentes pusilánimes y violentas eran capaces de imaginar. No en vano a los dominicos se les llamaba desde el siglo XII Los Dominican, Los perros de dios. Al menos ese es el apelativo que se les comienza a dar en la Cruzada contra los Albigenses; o sea, una forma de nombrar el terror que sus monjes inspiraban en la población cátara. Terror que trajeron consigo siglos más tarde; sólo que sus técnicas de tortura eran aún más sofisticadas. Y si hablo del mal llamado descubrimiento de América es porque según Lévi-Strauss a finales del siglo XV el continente que recibiría el nombre de América tenía una población aproximada de 80’000.000 de habitantes, algo que recuerda muy bien Pablo Montoya en su libro Tríptico de la Infamia. Así que ¿cómo podrían unos cuántos hombres barbudos, sucios, malolientes, desnutridos, zarrapastrosos, algunos con sífilis, con sus dientes llenos de caries, muchos de ellos recién salidos de las cárceles por delitos comunes, haber descubierto a 80 millones de hombres? Una gran falacia, la peor de todas; de eso no me cabe la menor duda. ----------------------- Mientras los pueblos indígenas eran borrados por las armas de fuego, los caballos y las enfermedades europeas, para la cuales no tenían ni defensas ni conocimientos para combatirlas, entre ellas la viruela que comenzó a diseminar poblaciones enteras a partir de 1519 aproximadamente, lo que pasaría a la historia como una de las tantas guerras bacteriológicas que se han llevado a cabo desde la antigüedad, en Francia los católicos encarcelaban, torturaban y asesinaban a los hugonotes y a sus mujeres las marcaban de la misma forma que lo hacían con las prostitutas. No obstante, no hay que olvidar que la furia se apoderó de los dos bandos, católicos y hugonotes; una época de intolerancia se cernía otra vez sobre Europa y opacaba la sabiduría de unos cuantos eruditos que entendían y condenaban el siglo de ignominia que les había tocado en suerte. Por otra parte, Enrique de Navarra, cuya familia era precisamente de credo protestante, accede al trono de Francia y abjura de su fe con la famosa frase: París bien vale una misa; convirtiéndose así en Enrique IV, rey de Francia. ------------------------- Es a partir de la visión que los hugonotes tienen de la conquista española, en esas tierras indómitas y lejanas de las cuales llegaban las más insólitas leyendas pero también los relatos mas escabrosos, que Pablo Montoya construye su espléndido libro Tríptico de la infamia, y con el cual obtuvo este año el prestigioso Premio Rómulo Gallegos. ------------------------- Tríptico de la infamia es escrito con una rara erudición, con una de esas sapiencias que uno creería que hacen parte del cuarto de san Alejo y que ya no hay nadie que se interese por un mundo perdido para siempre en los anaqueles de las viejas bibliotecas europeas. Y de pronto, un autor colombiano va y desempolva papeles para luego pintarnos un fresco de ese mundo convulsionado del sigo XVI y traernos a pintores, grabadores y cartógrafos desconocidos para la gran mayoría de la gente, aún para aquellos que amamos la historia del arte; así algunos de sus cuadros no nos sean del todo desconocidos. Me refiero a Jacques Le Moyne (Francia,1533-1588), François Dubois (Francia,1529- 1594) y Théodore De Bry (Lieja,1528-1598), tres artistas hugonotes que van a representar uno a uno la locura desatada por el fanatismo católico en contra de su comunidad; me refiero a la Noche de San Bartolomé, pero también en contra de los indios del Nuevo Mundo. No hay que olvidar que estos personajes fueron víctimas de las Guerras de la Religión que azotaron a Francia desde 1562 hasta 1598; una guerra que de alguna forma habría de tener fuertes consecuencias en los países vecinos, sobre todo en la región de Flandes. -------------------------- Pablo Montoya nos sumerge en un mundo para muchos desconocido con una frescura propia del pincel de un artista del Renacimiento francés; recuérdese que Francia había quedado rezagada del Renacimiento italiano por haber estado inmersa en la Guerra de los Cien Años; así que como otros países llega tarde a este momento estelar de la historia del arte y del pensamiento. Montoya nos muestra, uno a uno, los cuadros que estos pintores realizaron y la denuncia visceral que hicieron de la religión y de la sociedad de su época. Tríptico de la infamia es un soberbio diálogo entre estos tres personajes históricos, poseedores de una gran cultura, políglotas, pero sobre todo poseedores de una gran sensibilidad social e histórica. Ellos eran conscientes de ser testigos privilegiados de su época y de las calamidades que el fanatismo religioso engendra. Sin olvidar que detrás de esa infamia está siempre escondida la ambición y el deseo de expoliar a los más indefensos; llámense en este caso hugonotes o indígenas americanos. Por eso estos artistas se saben elegidos, saben que son ellos los llamados a retratar la historia para que el horror de su tiempo no quede en el olvido. -------------------------- Y como su nombre lo indica el libro está dividido en tres partes, cada una de ellas dedicada a uno de los pintores. En la primera parte la voz principal es la de un narrador omnisciente, en la segunda la narración se hace en primera persona y la tercera rompe con los esquemas anteriores para convertirse en una obra postmoderna donde el autor mezcla la vida agitada del siglo XXI con una completamente diferente, la del siglo XVI. Es así como sigue los pasos de Théodore de Bry y respira la vida de la Lieja que lo vio nacer y luego lo persigue por las calles de Francfort del Meno; lo ve hablar con sus amigos, casi lo podría tocar y decirle cuanto lo admira y que él, un escritor del Nuevo Mundo, ha venido del futuro sólo para decirle cuanto lo admira por su labor artística e intelectual. Pero también para agradecerle la labor realizada en su imprenta donde sacó a la luz la serie Grandes Viajes, en la cual imprimió muchas de las pinturas de Jacques Le Moyne. ------------------------ Otro de los aspectos que resalto de Tríptico de la infamia es la pluma ágil con la que Pablo Montoya lo escribió. Este libro no sólo es una novela histórica, como las mejores novelas de ese género que se han escrito en Europa, al menos de las que yo he leído, sino que además le imprime un sello muy personal; ya que en algunos de sus apartes la novela se mezcla con el ensayo, lo que le genera un ambiente de erudición bastante holgado. Y no lo digo únicamente por el conocimiento que tiene el autor con respecto a la historia francesa sino a la historia del arte y por supuesto al conocimiento que tiene de la sociedad del siglo XVI. La gran diferencia con las novelas históricas es el ojo crítico de un latinoamericano que se conduele por ese gran genocidio que fue la conquista española en tierras americanas. Me refiero a la rabia sorda y profunda y al dolor que están implícitos en su narración, la cual se convierte en una denuncia visceral. ------------------------- Pablo Montoya entiende y analiza esa sociedad convulsionada de un tiempo en crisis religiosa, donde el dios de los católicos había dejado de ser el centro del universo para rendirle culto al hombre y a la razón; o sea lo que comúnmente conocemos como el paso del teocentrismo del Medioevo al antropocentrismo del Renacimiento. Una zancada enorme en la historia europea, lo que dejó heridas que tardarían mucho tiempo en cerrarse o bien que nunca lo han hecho, como es el caso de los latinoamericanos que aún nos conduele esa infamia y ese horror que fue la llegada de los españoles a estas tierras indómitas y que ellos jamás quisieron comprender porque hacerlo les significaba reconocer que su mundo no era el único ni el más civilizado, ni que su dios era la única deidad que reinaba sobre los pueblos; pero sobre todo reconocerlo les significaba renunciar al despojo del que fueron víctimas los indígenas americanos, también significaba reconocerlos como seres humanos, poseedores de una gran inteligencia y artífices de sociedades cultas, sofisticadas, refinadas. Lo que si reconocieron, porque eso les era de una gran ayuda en su política de exterminio, fue las grandes diferencias que había entre los pueblos, supieron identificar sus guerras tribales y sacar provecho del odio ancestral que alimentaban como una especie de ritual que desencadenaba cada cierto tiempo en una guerra fratricida; ritual que de cierta forma restauraba el mundo de sus ancestros. Aunque por supuesto ésto último jamás pudieron contemplarlo los españoles. Su fanatismo religioso, y el considerarse una raza superior, les impedía pensar en los términos antropológicos que les hubiesen dado las pistas para un mejor entendimiento entre los pueblos y las culturas; esa incapacidad para entender la otredad fue la causa principal de la debacle que se generó en el fatídico 12 de octubre de 1492, y lo que la llegada de las tres carabelas significaría para ese continente que recién nacía a los ojos europeos. -------------------------- Es muy posible que la historia de América hubiese sido diferente si entre los hombres incultos, fanáticos religiosos y llenos de ambición, si hubiesen venido más artistas e intelectuales; lo que habría podido abrirles los ojos y el entendimiento a los millones de hombres que llegaron a violar mujeres, a robar, a matar y a extinguir pueblos enteros y con ellos sus culturas y sus lenguas. A lo mejor hubieran podido evitar el etnocidio más atroz de la historia de la humanidad. Más hombres como Jacques Le Moyne, en el caso de los franceses, o de más frailes como Bernardino de Sahagún, en el caso de los españoles. Incluso más de Las Casas, pero que no solamente hubiesen abogado por los indios sino que hubiesen combatido la trata de esclavos, esa gran vergüenza, ese gran crimen contra la humanidad que representó esa empresa del oprobio y que se extendió durante varios siglos y que aún se respira; sobre todo en un país como Colombia donde el racismo está ancorado en lo mas profundo de una sociedad elitista y excluyente como es la nuestra. Una ignominia que aún perpetuamos. -------------------------- Tríptico de la infamia de Pablo Montoya es una reflexión inteligente, aguda, perspicaz, que deberían leer muchos políticos que están utilizando sus creencias religiosas para dividir el país y tratar de imponernos su forma de pensar violenta y segregacionista. Pero también es una lección para la Iglesia católica aupada en un vil poder que la mantiene alejada de la verdadera realidad de millones de ciudadanos a todo lo largo y ancho del continente americano en general y de Colombia en particular. ----------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Nota: Quisiera hablar de un error histórico que encontré en el libro de Pablo Montoya, ya que cuando habla de Dominique de Gourges (Francia 1530-1593) dice textualmente “sirvió con lealtad a tres reyes francos” (página 158); cuando en realidad los reyes francos habían desaparecido con la dinastía de los Capetos. Es en 1254 cuando se comenzó a hablar claramente de rey de Francia; ya Luis IX recibía este título; recuérdese que pasó a la historia como san Luís y que fue hijo de Blanca de Castilla y bisnieto de Leonor de Aquitania; aunque en la historia aparece como primer rey de Francia Luís VI el gordo, cuyo reinado va desde 1108 hasta 1137. ------------------------- Otra incongruencia que encontré en la novela fue en la página 60: “El ejército se detuvo y Utina convocó a uno de sus magos. Es un hombre que, eso decían los indios a modo de murmullo, tenía ciento veinte años”. Mi pregunta es: ¿Tenían los indios, cuando apenas comenzaban a tener contacto con los franceses, noción del tiempo cronológico, tal y como lo concebían los europeos? Es decir, ¿los indígenas conocían el calendario juliano? Recuérdese que el calendario gregoriano sólo se instauró en 1582, aunque ya se conocía desde 1515. Y si bien los aztecas tenían un calendario que se aproximaba mucho al gregoriano, los indios que conocieron a Jacques Le Moyne pertenecían a otro pueblo, los Timucua, y a otra geografía, lo que más tarde se conocería como La Florida; por lo tanto, su concepción del tiempo tenía que ser muy diferente a la de Le Moyne. --------------------------- Tríptico de la infamia, de Pablo Montoya, Penguin Random House, 2ª reimpresión, julio 2015.

domingo, 6 de septiembre de 2015

APROXIMACIONES A LA OBRA DE ERNESTO SABATO

El 29 de abril de 2011 murió en su casa de siempre, en Santos Lugares (Buenos Aires, Argentina) el gran escritor, pensador y ensayista, Ernesto Sábato, Premio Cervantes 1984. El próximo 24 de junio hubiera cumplido la edad legendaria de 100 años. Es por eso que su muerte no me tomó por sorpresa, al igual que él, yo sabía que su partida era más que inminente; aunque Sábato la esperaba desde hacía más de veinte años. Murió prácticamente ciego, como si su enfermedad hubiese sido una consecuencia directa de su portentoso texto “Informe sobre ciegos”. No en vano Sábato decía que las coincidencias no existen, como si en el fondo todo tuviese un sentido predeterminado, pero ante todo trágico. Y es que la obra de Sábato, como su vida, está signada por el dolor y el sufrimiento. Él mismo decía que siempre sintió estar viviendo en el cuerpo de otro, ese otro era su hermano mayor que había muerto antes de los dos años y al que su madre había bautizado Ernesto. Cuando el Ernesto del que hablo nació, su progenitora decidió llamarlo así para reemplazar al hijo que había perdido. Es posible que eso haya influido en el hecho de querer sobreproteger a ese nuevo hijo; puesto que durante toda la infancia Sábato miraría la vida a través de una ventana. De esa forma vería jugar a los demás niños, los vería correr, caerse y volver a levantarse, los vería pelear y reconciliarse; por lo que la realidad para él era algo que se veía a través de un vidrio, no algo que se vive. Ese sentimiento de soledad y aislamiento aparecerá más tarde en su obra “El Túnel” (1948), publicada inicialmente por la Revista El Sur. “El Túnel”, narrada en primera persona, presenta algunas semejanzas con esa otra joya literaria de Albert Camus, “El Extranjero” (1942), obra existencialista, donde la incapacidad de mostrar los sentimientos lleva a Mersault, su protagonista, a ser condenado a muerte por un asesinato, que en otras circunstancias no le habría valido si no una ligera pena de prisión. En el caso de Juan Pablo Castel, él mismo afirma que mató a la única mujer que amaba y la única que lo comprendía. Camus, como lo había hecho antes Marguerite Yourcenar con la obra de Virginia Woolf y de Constantino Kavafis, da a conocer a Ernesto Sábato en los círculos intelectuales de París; y en Alemania es Thomas Mann quien lo elogia. Según Sábato, la existencia humana se desarrolla en un túnel en el que hay pequeñas ventanas, en las cuales nos detenemos a mirar otros túneles, y de vez en cuando nos tropezamos con la mirada de otra persona que se ha detenido al mismo tiempo que nosotros y que también nos observa; es entonces cuando hacemos gestos inútiles que buscan establecer una comunicación con ese otro ser que vaga perdido en un túnel paralelo al nuestro. En “El Túnel”, su protagonista, Juan Pablo Castel, conoce a María Iribarne, la única persona que se detiene a mirar el pequeño detalle que ha pintado en una obra, “Maternidad”, en la que hay una mujer que observa jugar a un niño; pero en un extremo del lienzo hay otra pequeña escena, una mujer mira el mar a través de una pequeña ventana; detalle que ha pasado inadvertido para todos los asistentes a su exposición, menos para ella. Y es que Sábato es, ante todo, el escritor de la soledad y de la incomunicación humana. Su obra metafísica narra el dolor humano, pero también la incomprensión y el desconocimiento que cada uno de nosotros tiene en cuanto a su propio ser se refiere. Para entender mejor esta idea en “Sobre Héroes y Tumbas” (1961), Sábato habla de las máscaras que cada uno de nosotros se pone para ocultarle a los demás nuestros verdaderos sentimientos; dice que para cada ocasión, y para cada interlocutor, utilizamos una máscara diferente, y que sólo nos despojamos de ella cuando estamos solos o cuando creemos estarlo. “Sobre Héroes y Tumbas” es también una epopeya, ya que Sábato narra una parte de la historia argentina; pero también es una discusión filosófica y literaria. Hay un capítulo, que debería ser lectura obligatoria en las clases de literatura, en el que dos de sus personajes, Martín y Bruno, hablan de Borges. Pero sobre todo hay una frase que considero maravillosa y que resume muy bien lo que debería ser considerado buena literatura, en ella Bruno le dice a Martín, palabras menos, palabras más, que no entiende porque en Europa le piden a la literatura argentina hablar de gauchos o de la pampa, cuando hablar de una pareja que se besa en un parque, hace que la narración deje de ser local para convertirse en universal. Pero a Martín y a Bruno también los une el fantasma de una mujer, Alejandra. Heredera de una vieja y rancia familia de abolengo, Alejandra termina inmolándose en la casa de sus ancestros junto con su padre, Fernando Vidal Olmos; acto premeditado que busca, a través del rito del fuego, purificar el incesto en el que viven desde hace muchos años. No obstante, Sábato siempre deja abierta una posibilidad hacia un futuro mejor, por ello, al final del libro, hace alusión a una vela encendida en medio de una tormenta, y luego Martín viaja el sur como una posibilidad de renacimiento y de esperanza. “Sobre Héroes y Tumbas” es, también, una obra surrealista, completamente onírica. No hay que olvidar que Sábato, luego de obtener un Doctorado en Física, había viajado a París en el año de 1938 con una beca para seguir sus estudios en el Instituto Curie; pero su encuentro con André Bréton le mostró que había otra senda diferente a la ciencia. Esa senda era la literatura y Sábato se sumergió en ella como si fuese un mar insondable, donde nadaría siempre en busca de una orilla en la cual pudiese descansar; aunque era consciente de ese imposible. “Abbadón, el exterminador” (1974), es tal vez su obra más compleja y densa, pero también la más perturbadora de su trilogía literaria. Podría decirse que es una continuación de “Informe sobre ciegos”, ese relato prodigioso que hace parte de “Sobre Héroes y Tumbas” *. En este libro, Sábato bucea en realidades y mundos diferentes. Se pasa de la historia argentina y de la historia del siglo XX a mundos aún más oníricos, si cabe la expresión, que en su obra anterior; es una búsqueda del absoluto y una lucha contra fuerzas ocultas que acechan al ser humano. También encontramos crítica literaria y a un Sábato que hace gala de una inmensa erudición y reflexión existencial, donde él se convierte en un personaje más de la ficción. Con dicha obra ganó en Francia, en 1976, el premio a la mejor obra extranjera. Pero Sábato no sólo fue un excelente novelista, sino un excelente ensayista, que de una u otra forma creó una corriente filosófica, la “cosificación” del hombre contemporáneo. Para Sábato, la angustia y la soledad del hombre del siglo XX, y porque no decirlo del XXI, se debe a una eterna expiación que estaría pagando, por haber dejado a un lado la época de la espiritualidad que imperaba en el Medioevo, donde el mundo giraba en torno a Dios, lo que comúnmente se conoce como teocentrismo; para dar paso al Renacimiento, donde el mundo olvidó a ese ser superior y entronizó a la razón y pasó a ser antropocentrista. Sábato también jugó un papel decisivo en política; en su juventud fue comunista y anarquista. Fue, también, un gran defensor de los Derechos Humanos. En 1984, al año siguiente del derrumbe del gobierno de facto (1976-1983); Raúl Alfonsín creó una comisión, la CONADEP, encargada de investigar el horror de esa larga y tenebrosa noche que fue la dictadura argentina; con el fin primordial que los 30000 desaparecidos, y el horror de las torturas a las que fueron sometidos muchos más, no quedaran en el olvido ni en la impunidad, un esfuerzo heroico para el rescate de la memoria y que aún hoy sigue dando frutos con la condena a perpetuidad, en una prisión común, el pasado 22 de diciembre de 2010, de Jorge Rafael Videla, presidente de facto de la junta militar; el mismo que Ernesto Sábato visitara al comienzo de la dictadura. La comisión en cuestión fue presidida por Sábato y nueve meses después se publicó el informe “Nunca más-Informe de la CONADEP- Septiembre de 1984”, con un prólogo escrito por él. Para terminar con esta breve presentación de una parte de su extensa obra, quisiera reseñar su último libro “España en los diarios de mi vejez” (2004). Oda a ese país al que los latinoamericanos estamos unidos por sentimientos de rencor y de amor; es una obra lírica e intimista, cuya lectura me produjo un inmenso placer y me hizo recordar ese gran poema de Pablo Neruda, “España en el corazón” (1937). Es de anotar que la primera vez que escribí sobre Ernesto Sábato, fue en 1980 y 1981, cuando con un gran entusiasmo y pasión leí su obra y escribí una monografía para obtener el diploma universitario en la Universidad Javeriana. Trabajo que fue dirigido por el docente y crítico literario Cristo Rafael Figueroa. La lectura y análisis del universo sabatiano, tuvieron una fuerte influencia en mi desarrollo y madurez; nunca más volví a ser la misma, Sábato, sin saberlo, me cambió la vida para siempre. *Para mayor información sobre Informe sobre ciegos puede leerse en mi blog la entrada titulada: Ernesto Sábato: elementos míticos en Informe sobre ciegos. Blog: http://beluesfeminas.blogspot.com

EL MITO EN INFORME SOBRE CIEGOS DE ERNESTO SABATO

Nota 1: Para mayor información sobre la obra de Ernesto Sabato pueden ver mi otra entrada: Ernesto Sabato o el laberinto de la soledad: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/05/27/ernesto-sabato-o-el-laberinto-de-la-soledad/ Nota 2: El 30 de abril de 2011 una noticia me llegó como si hubiera sido una mirada de ultratumba; me refiero a la muerte de Ernesto Sabato, el gran intelectual, pensador y escritor argentino que el 24 de junio de ese mismo año hubiese cumplido 100 años. Es por ello que publico en mi blog un artículo que escribí a finales de los años 80 del siglo pasado sobre Informe sobre ciegos publicado inicialmente por una revista de la Universidad de Caldas, hoy desaparecida como tantos esfuerzos culturales de América Latina. ————————————– EL REINO DE ESTE MUNDO, PEDRO PÁRAMO, CIEN AÑOS DE SOLEDAD, rompen con los postulados de una narrativa facilista y descriptiva, para sumergirnos de golpe en un mundo que va mucho más allá de las tesis del surrealismo que propugnaba André Bretón o del realismo mágico de Franz Roth. Este rompimiento se da por la irrupción de lo real maravilloso (que difiere del realismo mágico) en las letras hispanoamericanas; los escritores transcribieron el mundo circundante, el mundo americano que nunca ha dejado de maravillar a los europeos: “Lo real maravilloso nuestro, es el que encontramos en estado bruto, omnipresente en todo lo latinoamericano. Aquí lo insólito es cotidiano, siempre fue cotidiano”[1]. Esta irrupción tuvo como consecuencia directa el lanzamiento publicitario del boom, e hizo que la crítica literaria se revaluara, labor que exigía de los críticos nuevas disciplinas y nuevos enfoques que permitieran un acertado análisis y comprensión de la obra. Dentro de las nuevas disciplinas se encontraba el estudio del mito que permitiría una reivindicación y un acercamiento a las ricas tradiciones orales del continente, dando así una visión más amplia y más real al análisis del discurso literario. Las concepciones del espacio sagrado y espacio profano, de tiempo lineal y tiempo circular, como la explicación de la labor de un chaman o de un medicine-man van a ser ampliamente desarrolladas, lo que significa que la literatura, la antropología, la historia de las religiones, la sociología y la etnología van a unirse con el fin de lograr una acertada interpretación del texto. Por otra parte, no hay que olvidar que Juan Rulfo y José María Arguedas se entregaron de lleno al estudio de la antropología. En el presente ensayo se analizarán los aspectos míticos en Informe sobre ciegos, esa pequeña joya literaria que hace parte de “Sobre Héroes y Tumbas” de Ernesto Sábato. Leer a Sábato es enfrentarse a los grandes problemas metafísicos que aquejan al hombre del siglo XX: la angustia, la soledad, el derrumbamiento de los valores que otrora lo sostenían; es hacer un buceo de la irracionalidad y del sentimiento lírico. Su trilogía está conformada por el desvelamiento de la realidad exterior y de la realidad interior, de la razón y de la sinrazón. Es ante todo una búsqueda de la verdadera condición humana. Su principal inquietud es la de devolverle al hombre su verdadera esencia, su ser; en un deseo de unificar nuevamente la naturaleza humana escindida, según Sábato, por la razón. De esta búsqueda surge su trilogía El Túnel, Sobre Héroes y Tumbas y Abbadón el Exterminador, además de incontables ensayos y artículos. Por otra parte, Sábato promulga que el arte es la única herramienta de conocimiento, más válida aún que la ciencia; puesto que para el arte lo existente equivale tanto a lo objetivo como a lo subjetivo, mientras que para la ciencia sólo cuenta lo que es demostrable en un laboratorio o sea solamente lo objetivo: “La novela colocada como está entre el arte y el pensamiento, desempeña una triple y trascendental misión: la catártica, ya intuida por Aristóteles, la cognoscitiva, al explorar regiones de la realidad que solo ella puede llevar a cabo y la integración de una realidad humana desintegrada por la civilización abstracta”. [2] La crisis del mundo moderno: Con el siglo XX aparecieron los grandes cataclismos que habrían de estremecer al hombre contemporáneo: las dos guerras mundiales, la bomba atómica, los campos de concentración. Sumado a lo anterior, el siglo XX es también testigo de la aparición de la gran urbe, y dadas sus connotaciones podría muy bien denominársela como un laberinto, donde reinan la angustia y las tinieblas y donde ninguna escapatoria es posible: “La ciudad está dominada por el dinero y por la razón”. [3] La ciudad contribuye a la alienación del hombre, a su enajenación absoluta, le niega la posibilidad de existir, lo sumerge en una profunda soledad e incomunicación. Pero la causa principal de la masificación, de la “cosificación”, del hombre se debe a la razón. Diosa entronizada en el renacimiento, y cuya labor fue relegar a los lugares más ocultos a las fuerzas irracionales que habían caracterizado al espíritu medieval; siendo solo rescatadas, siglos más tarde, por el romanticismo en su abierta rebelión contra la razón, la ciencia y el incipiente, pero tenaz, capitalismo. [4] “El arte nos salvará de la alienación total, de esa segregación brutal del pensamiento mágico y del pensamiento lógico”. 5] La lucha de la razón y de la sinrazón, de la lógica y de la intuición, de la realidad exterior (para el autor es sólo aparente) y de la realidad onírica, caracterizan a Informe sobre ciegos. Narración desbordante, delirante, relatada en primera persona por Fernando Vidal Olmos. Es un diario en el que cuenta los pormenores de la investigación que emprende con el fin de descubrir los secretos de la secta de los ciegos, secta que podría muy bien simbolizar a la razón. Su descenso lo irá poco a poco alejando de esa hipótesis al irse transformando en el retorno hacia los orígenes. Elección e iniciación: Fernando Vidal Olmos, al igual que Tiresias y Edipo, es el elegido para hurgar en las fuerzas desconocidas que rigen el universo. El primer indicio de la labor que debe realizar se produce en un sueño iniciático al escuchar “una campanilla como de alguien que quisiera despertarme de un sueño milenario” [6]. El sueño es sólo la continuación de las “pesadillas y alucinaciones” que habían poblado su infancia, sin comprender entonces, que representaban una revelación. La labor que se le encomienda es la de luchar contra las fuerzas oscuras del universo que impiden que la verdad y el conocimiento le sean develados al hombre. Las diferentes etapas que conforman la investigación están regidas por la intuición y la premonición. Una de ellas es el anuncio que hace de su propia muerte por medio del fuego: “Verdaderamente ¡Qué manga de canallas! Que para creer necesiten que a uno lo quemen”. [7] Atravesar el fuego o morir a causa del mismo, en un intento de purificación, significa -según la tradición judeo- cristiana- que la condición humana es abolida y por lo tanto el acceso al paraíso es permitido. El laberinto: En su descenso, o viaje iniciático, a las cloacas de Buenos Aires, Vidal Olmos encuentra pasadizos, habitaciones, puertas, escaleras y túneles que por su estructura conforman un espacio laberíntico: “¿Quién sospecharía, …que el taller de una modista pudiera ser la entrada al gran laberinto?”. [8] Esto nos remonta a la prehistoria, época en la cual la caverna era asimilada o transformada en laberinto, lugar sagrado que servía a la iniciación de los neófitos y para la sepultura de los muertos. El laberinto es, a su vez, homologado al cuerpo de la madre-tierra (la Pachamama de los mineros peruanos). Tener acceso a un laberinto, a un túnel o a una caverna, simboliza el retorno a las entrañas de la madre-tierra. La matriz subterránea: “Polvo eres y en polvo te has de convertir”. Lo que en un principio se había revelado como la búsqueda de las fuerzas ocultas del universo se metamorfosea en la búsqueda de los orígenes: “Allí está la gruta…, costase lo que costase, debía penetrar en ella”. [9] Es significativo que el autor utilice el verbo penetrar, en vez de entrar. Más que significativo, es simbólico, puesto que esa gruta representa al útero de la madre-tierra. En muchos mitos los hombres fueron sacados de las cavernas, de las entrañas de la tierra, como los minerales, plantas y piedras; siendo todos homologados a pequeños embriones que esperan su momento de crecimiento y desarrollo. La nostalgia del estado prenatal se convierte, a menudo, en un fenómeno colectivo que obliga al grupo tribal a renunciar a la lucha y a la consecuente espera de su desaparición total. Aún hoy el hombre occidental conserva hasta su muerte un fuerte sentimiento de solidaridad para con la tierra que lo vio nacer. Un sentimiento que va mucho más allá del falso patriotismo inculcado por la clase dirigente o por la educación tradicional. Es admiración y amor por el paisaje familiar o el recuerdo de los ancestros enterrados en el cementerio local. Este sentimiento aparece tanto en los mitos y leyendas como en el lenguaje: los romanos llamaban a los hijos ilegítimos TERRAE FILIUS, y los rumanos continúan denominándolos “hijos de las flores” [10]. La madre sólo es portadora de la obra de la madre-tierra. De ahí, que cuando la muerte se acerca, el hombre desee, ante todo, ser enterrado en su región natal, puesto que ese último acto le permite regresar al vientre materno, único lugar de paz verdadera jamás conocido por el hombre. El retorno significa que el ciclo de la vida se ha cumplido: “La soledad absoluta, la imposibilidad de distinguir los límites de la caverna en que me hallaba… Me creí solo en el mundo y atravesó mi espíritu como un relámpago, la idea de que había descendido hasta sus orígenes. Me sentí grandioso e insignificante”. [11] La soledad y las tinieblas son el común denominador de las cuevas, pero también del útero, es el estado natural de la vida embrionaria. El sufrimiento como medio de iniciar al neófito: El sufrimiento siempre ha tenido un gran valor espiritual en los mitos. En la tradición judeo-cristiana nos dice que Jesús para poder salvar a los hombres tuvo que ser sacrificado. Más aún, todos conocemos el proverbio que dice “más fácil pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. La pobreza y el sufrimiento son bendecidos por Dios, y entre más pobre sea el hombre y entre más dolor lo agobie, más cerca estará de la salvación eterna. En el mito, como en la religión cristiana, la tortura y el sufrimiento son siempre ocasionados por espíritus y dioses, y tienen como fin primordial la regeneración espiritual del hombre. Soportar el sufrimiento estoicamente, significa para el neófito dejar atrás la vida profana para nacer a una nueva vida, esta vez sagrada. En Informe sobre ciegos observamos diferentes etapas de tortura: pesadillas delirio, extravío… “Sentí que aquel pico entraba en mi ojo izquierdo… En virtud de un mecanismo que no alcanzo todavía a comprender, por su falta de lógica yo mantenía mi cabeza siempre en la misma posición, como si quisiera facilitar la perversa tarea, como, aunque sufrimos, mantenemos la boca y la cabeza ante el dentista”. [12] El sufrimiento, tanto físico como mental, es indispensable a la iniciación, es la prueba que debe cumplirse para que el iniciado se regenere espiritualmente. La cópula con la deidad: Otra de las pruebas iniciáticas es la de ser tragado por un monstruo (bastaría con citar el pasaje bíblico de Jonás y la ballena). Semejante prueba tiene dos significados: 1. En el Medioevo, generalmente se representaba al infierno como un gran monstruo marino, y ser engullido por él no sólo era la muerte sino la condenación eterna. 2. Por otra parte, el acceso al vientre del monstruo, al igual que la penetración en la caverna, es el medio para reintegrarse al estado embrionario. Lo anterior nos enfrenta a un dualismo: de un lado la muerte, el fin de la existencia y por consiguiente del tiempo; de otro el retorno a los orígenes que precede el comienzo de toda existencia temporal. [13] En el análisis que nos ocupa, encontramos también esta prueba iniciática: “Tuve la certeza de que allí tendría acabamiento mi largo peregrinaje y que tal vez, en aquel reducto poderoso encontraría por fin el sentido de mi existencia”. [14] Cita que corrobora el tema anteriormente desarrollado: la búsqueda de los orígenes. Esta nueva etapa comienza con una metamorfosis que se acentúa a medida que Vidal penetra la deidad: “La cordillera parecía la espina dorsal de un monstruoso dragón petrificado… Y a medida que avanzaba veía que nada era viviente, que todo había sido calcinado por la lava o petrificado por las ardientes cenizas que aquel cataclismo cósmico había lanzado en edades pretéritas”. [15] En este viaje se hace contemporáneo de la creación, de los albores de la naturaleza, regresa a la edad primera del cosmos: “Me sentí de pronto tan horrendamente solo que grité. Y mi grito, en aquel silencio mineral y fuerza de la historia, resonó y pareció atravesar centurias y generaciones desaparecidas”. [16] El tiempo lineal es abolido, por ello puede ser testigo del tiempo primigenio en el que vivieron los ancestros míticos: “Ahora entra. Este es tu comienzo y tu fin”. [17] El ciclo total se ha cumplido. Sólo le resta llevar a cabo la etapa final: “Algo atroz me sucedía a medida que ascendía por aquel resbaladizo, crecientemente cálido y sofocante túnel: mi cuerpo se iba convirtiendo en el cuerpo de un pez”. [18] En la cópula, Vidal sufre una metamorfosis y al mismo tiempo recuerda hechos remotos y olvidados, que debían ser conservados en la memoria colectiva al igual que hechos de su infancia. Posteriormente pierde el sentido y al recobrarlo se encuentra en el cuarto de la ciega (donde había comenzado su viaje iniciático). Con ella tendrá la siguiente cópula, pero en realidad la ciega es la madre de Fernando que a su vez representa a la madre-tierra. Una de las obsesiones permanentes de Sábato, es el incesto, acto que permite el retorno al útero. El incesto es para Fernando Vidal Olmos el encuentro consigo mismo, la recuperación de una identidad perdida: “por un instante tuve la vertiginosa, y ahora inequívoca revelación: ¡Era ella!… mientras espero la muerte medito sobre el misterio de aquella encarnación, quizá semejante al que convocado por un deseo imperioso se apodera del cuerpo de una médium… Entré furiosamente en aquel ídolo y entonces tuve la sensación de que era un volcán de carne, cuyas fauces me devoraban y cuyas entrañas llameantes llegaban al centro de la tierra”. [19] El incesto termina con una fiesta saturnal: “El volcán de carne fue entonces desgarrado a cornadas por minotauros, cavado ávidamente por ratas gigantescas”. [20] El desgarramiento de la deidad coincide con el retorno al caos: “La funesta luna radioactiva estalló… un gran incendio se desató, y propagándose con furia inició la destrucción total y la muerte… El universo entero se derrumbó sobre mí”. [21] Esta visión apocalíptica es el aniquilamiento total del tiempo y del espacio, aniquilamiento por medio del fuego, símbolo de purificación y de premonición de su propia muerte. Bibliografía: ELIADE, Mircea. Mythes, rêves et Mystères. Paris. Gallimard, 1957. SABATO, Ernesto. Abbadón el Exterminador. Barcelona. Seix Barral.1982. Hombres y Engranajes. Madrid. Alianza Editorial. 1983 Más sobre las Misiones trascendentales de la novela. En: Antología. Buenos Aires. Librería del Colegio.1975 Sobre Héroes y Tumbas. Barcelona. Círculo de Lectores. 1973. Referencias [1] Alejo Carpentier, la novela latinoamericana en vísperas de un nuevo siglo y otros ensayos, siglo XXI editores, México 2ª edción,1981, pág.130 [2] SABATO, Ernesto. “Más sobre las Misiones Trascendentales de la Novela”. En: Antología. Buenos Aires, Librería del Cole¬gio, 1975. p. 137. [3] SABATO, Ernesto. Hombres y Engranajes. Madrid, Alianza Editorial, 1983. p. 23. [4] ídem. p. 199. [5] SABATO, Ernesto. Abbadón el Exterminador Barcelona, Seix Barral, 1982. p. I99 [6] SABATO, Ernesto. Sobre Héroes y Tumbas. Barcelona, Círculo de Lectores 1973 p. 261. [7] ídem, p. 366. [8] ídem, p. 339. [9] ídem, p. 343. [10] ELIADE, Mircea. Mythes, Rêve et Mystères. París, Gallimard, 1957. [11] SABATO, Ernesto. Sobre Héroes y Tumbas. Op. Cit. p. 383. [12] ídem, p. 345. [13] ELIADE, Mircea. Op. Cit. [56] SABATO, Ernesto: Sobre Héroes y Tumbas. Op. Cit. p. 390. [57] ídem, pp. 390-391. [14] ídem, p. 392. [15] ídem, p. 393. [16] ídem, p. 394. [17] ídem, pp. 398-399. [18] ídem, p. 400. [19-20-21] ídem, pp. 400-401.