viernes, 30 de septiembre de 2016

UN LIBRO PARA LEER CON LUPA L’AFFAIRE ARNOLFINI, DE JEAN PHILIPPE POSTEL

Jean-Philippe Postel es un médico general que hace algún tiempo hace parte de los jubilados que se niegan a quedarse en casa sin hacer nada como no sea mirar la televisión. Y si traigo a colación su formación como médico es porque su trabajo en L’affaire Arnolfini (Actes Sud-2016) es de una meticulosidad, propia de un cirujano, que pocas veces se tiene en cuenta a la hora de escribir. Esta hermosa obra, de tan solo 156 páginas, es, en realidad, una pequeña joya literaria. Debo confesar que pocas veces en mi vida he experimentado un placer estético e intelectual tan profundo como el que tuve ayer con la lectura de esta esta novela investigativa; como la ha denominado Daniel Pennac en el prólogo del libro. Remontándome en el tiempo, y en lecturas, pensé que un sentimiento así, de verdadero éxtasis, no lo había sentido desde que leí El señor de los anillos de Tolkien, y eso fue en el 2001, cuando su lectura coincidió con el proceso de escribir mi libro … de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos (Pijao Editores y Caza de Libros – 2016). L’affaire Arnolfini, es una investigación sobre una de las obras de arte más famosas de finales del Medioevo, me refiero a El matrimonio Arnolfini de Jan Van Eyck, pintado posiblemente en el año 1434. Esta obra, junto con La Gioconda (Leonardo da Vinci 1503-1504) o Las Meninas (Diego Velázquez - 1734), es una de las obras pictóricas más comentadas y estudiadas en la Historia del Arte. Creo que la mayoría de las personas, al menos las occidentales, la hemos visto así sea una vez en la vida reproducida en alguna revista o en algún libro. Entre otras porque es testigo del cambio radical de la sociedad europea de finales del Medioevo, el paso de una sociedad teocéntrica a una sociedad antropocéntrica; lo que luego se conocería como Renacimiento (recuérdese que el Renacimiento, cuya cuna es Italia, llegaría tardíamente al resto de Europa, en este caso a Flandes). Y si hablo de cambio, es porque esta obra es considerada una de las primera obras profanas, donde dos ciudadanos comunes y corrientes, con eso quiero decir que no hacían parte de la nobleza de su tiempo, son retratados no sólo con el deseo expreso de mostrar el poder económico del que gozaban sino para pasar a la posteridad. En otras palabras es el inicio de la individualidad que desde entonces se ha impuesto en esta parte del mundo. El matrimonio Arnolfini hacía parte de una clase privilegiada, la de los comerciantes, de origen italiano y radicada en el país de Flandes. No hay que olvidar que el Renacimiento fue posible gracias al desarrollo de la banca y del comercio; principalmente con Juan de Médicis, quien en compañía de otras familias florentinas había desarrollado la banca, lo que por supuesto permitió la expansión del comercio. Su hijo Cosme el Viejo, abuelo de Lorenzo el Magnífico, el gran mecenas del Renacimiento florentino, hizo posible un sofisticado conglomerado bancario a todo lo largo y ancho de Europa. Jan Van Eyck, fue un protegido del Duque de Borgoña, Felipe El Bueno, cuya fortuna era aun más importante que las de los reyes de Francia e Inglaterra juntos. Van Eyck además de pintor era un hombre poseedor de una gran cultura, incluso hablaba griego y hebreo, supongo que latín como todos los hombres cultos de su época, además de su lengua materna, por supuesto. Muy pocos hombres del siglo XV podían preciarse de algo así; además tenía conocimientos muy avanzados en geometría. En otras palabras Van Eyck ya presagiaba al hombre del Renacimiento, un hombre universal, cuya verdadera misión era la investigación y el conocimiento; características esenciales a la hora de crear una obra tan compleja como El matrimonio Arnolfini. Y si hablo de complejidad es porque ese cuadro, aparentemente banal, desde el punto de vista de un espectador del siglo XXI que sólo vería a una pareja de esposos en su alcoba, está llena de símbolos que un espectador del siglo XV entendía y leía como si fuesen las letras del abecedario, al menos una parte de los símbolos que están en esta obra pictórica de 84.5 cm por 62.5 y que hace parte de la colección de la National Gallery de Londres. Por otra parte, y este aspecto es bastante importante, es la primera obra pictórica que representa a una pareja en la intimidad de su alcoba matrimonial. Me refiero, por supuesto, a la era cristiana; puesto que los frescos romanos eran ricos en este tipo de representaciones; sin hablar de la escultura etrusca, cuyo tema de una pareja de esposos cómodamente recostada en su lecho era algo muy común. En cambio, para la sociedad pacata del siglo XV, heredera de la tradición judeocristiana, ese tema era tabú. Además, los asuntos religiosos, tan en boga a todo lo largo de la Edad Media, servían como medio de propaganda y de enseñanza de los Evangelios. Así que el cuadro de El matrimonio Arnolfini es una gran revolución pictórica desde todo punto de vista, así hoy no lo veamos de esa forma.
Otra característica de la universalidad de pensamiento que tenía Van Eyck es el hecho de firmar su obra, algo que pocos artistas antes que él hicieron, a no ser que fueran clérigos. En el centro de la pintura puede leerse: Johannes de Eyck fuit hic 1434 (Johannes de Eyck estuvo aquí en 1434), una frase ambigua que no dice si el cuadro fue pintado en 1434, o si la escena que representa tuvo lugar ese año. Ese es uno de los tantos enigmas que Jean-Philippe Postel va a tratar de elucidar en el libro al que hago referencia. También es importante anotar que Van Eyck es considerado el verdadero padre de la pintura al óleo; al menos el que logró su máxima sofisticación. L’affaire Arnolfini es un libro que hace gala de la erudición de su autor, el médico Jean-Philippe Postel, y es escrito casi como si se tratase de una investigación policiaca; lo que hace que su escritura sea ágil y se aleje del academicismo de muchos teóricos de la historia del arte. Por otra parte, es un libro que hay que leer teniendo a la mano una lupa. Y no es ninguna imagen literaria. Para hacer su lectura debe tenerse el cuadro al lado e ir mirando con lupa uno a uno los fragmentos que Postel nos describe y analiza con un conocimiento de la historia del arte verdaderamente sorprendentes. Sin embargo, a mi juicio se le escapa un detalle muy importante. Cuando hace alusión al espejo que está al fondo del cuadro, y donde se reflejan las espaldas de los esposos retratados, así como otra pareja que estaría mirando la escena desde la puerta; es decir desde el lugar donde nosotros, espectadores del siglo XXI, observamos el interior de la habitación nupcial, Postel olvida hablar de Las Meninas de Velázquez. Un olvido muy importante ya que cada vez que los críticos analizan esta obra cumbre hacen hincapié en que una de las características de la genialidad de Velázquez era haber retratado en el fondo del espejo los reyes, Felipe IV y Mariana de Austria, que en ese momento entraban a la habitación donde el pintor llevaba a cabo su trabajo. Pero nunca he leído ni escuchado en los videos que circulan en Internet sobre esta maravillosa obra que este fragmento tenga como antecedente el matrimonio Arnolfini de Van Eyck. Otra de las características que los estudiosos de Las Meninas hacen de la genialidad de la composición es el hecho que Velázquez se pintó a sí mismo. Y omiten la tesis de algunos conocedores de El matrimonio Arnolfini que afirma que el hombre de la alcoba nupcial es el pintor Van Eyck. He aquí mi video predilecto sobre Las meninas: Es importante saber que Velázquez tuvo que haber conocido y estudiado milimétricamente el cuadro de Jan Van Eyck, ya que El matrimonio Arnolfini había sido llevado a España por María de Hungría, la hija de Felipe el Hermoso y de Juana la Loca antes de su muerte, acaecida en 1558. Posiblemente un regalo que le habría hecho Diego de Guevara. En 1599, o sea el mismo año del nacimiento de Velázquez, la pintura hacía parte de El Alcázar de Madrid. El cuadro de Las Meninas data de 1656. Tanto El matrimonio Arnolfini como Las Meninas fueron salvados del gran incendio de 1734 que consumió el palacio real; sin embargo, más de quinientas obras pictóricas se perdieron en esa catástrofe. Estoy segura que a Jean-Philippe Postel no se le escapó esta posible conexión entre las dos obras, pero por una razón u otra la omite. Volvamos El matrimonio Arnofini personaje principal de la escena, según algunos historiadores, sería el pintor y la mujer que lo acompaña su esposa, ¿cuál de ellas? La pregunta es pertinente puesto que Van Eyck estuvo casado dos veces. Y este es el enigma principal que Postel va a tratar de elucidar; para ello se sirve de un escalpelo, como si se tratase de una complicada cirugía o más aún como si se tratase de la más fina y completa autopsia. El cuadro, y cada uno de sus fragmentos, es minuciosamente analizado, no deja ningún cabo suelto y es ahí donde la lupa juega un papel preponderante; de lo contrario no veríamos todos los elementos que Van Eyck pensó y puso en esa alcoba, muy posiblemente la suya, y que Postel los identifica para que nosotros, espectadores del siglo XXI los podamos ver y entender; de otra forma la mayoría de ellos nos pasarían desapercibidos, sobre todo cuando somos neófitos. Un lectura altamente recomendada.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Jueves 29 de septiembre de 2016: Un poema sobre la guerra

Este poema forma parte de un libro inédito sobre la guerra y lo publico con el deseo que nunca más volvamos a vivir lo que hemos vivido por espacio de sesenta años: _ Un cuervo me sirve de sombrero,/ me recuerda a cada instante / la fragilidad de la existencia. // _ Sus patas, garfios afilados, / desgarran mi frente. // _ Su pico, dispuesto a darse un permanente festín,/ espera devorar mi tercer ojo; / los otros dos se los engulló hace tiempo.// _ Su aleteo, oda a la muerte, / letanía de responsos, / réquiem que atraviesa centurias,/ música de un desafinado órgano; / cuyas notas caen lentamente / en el jaraíz del tiempo. / _ Su graznido, / antesala del penúltimo sueño, / mensajero que vuela de la estación de la aurora / a la estación donde se oculta la luna. // _ -a veces hace una larga escala en la aurora boreal-

EN ATTENDANT BOJANGLES, DE OLIVIER BOURDEAUT

EN ATTENDANT BOJANGLES ( Editions Finitude 2015), de Olivier Bourdeaut (Francia-1980) Hace algunas semanas mi amiga Catherine Cadou, una excelente lectora, me recomendó este libro de BOURDEAUT. Cuando lo compré el pasado sábado me encontré con la sorpresa que era su primer libro y sin embargo ya ha recibido varios premios, a saber: - Grand Prix RTL Lire - - Prix Roman France Télévision - Le roman des étudiants 2016, France Culture –Télérama - Nominada al Premio Goncourt Primera Novela. Y la verdad es que su lectura no me decepcionó ni un instante, al principio me reí a carcajada batiente y luego, poco a poco, fui entrando en un universo donde se anunciaba el dolor y la tragedia. Podría decirse que es una especie de vaudeville contemporáneo. Una historia de amor muy poco convencional, bastante original por decir lo menos, narrada por un niño y por su padre. Gracias a sus narraciones el lector conoce a una mujer fuera de serie, bastante enigmática, un ser humano que se sale de todos los convencionalismos y reglas sociales. Una mujer fuera de época, atemporal, que trata por todos los medios de escapar al tiempo histórico que le ha tocado en suerte. En esa fuga permanente del tiempo y del espacio participan los dos hombres que más ama, su marido y su hijo; así como algunos amigos y una extraña ave a la que llama Mademoiselle Superfétatoire. La música de Mr. Bojangles, de Nina Simone, atraviesa todo el texto y sus protagonistas se unen a ella en una danza frenética. Una lectura recomendada.

martes, 27 de septiembre de 2016

SI A LA PAZ POR UNA COLOMBIA MÁS HUMANA

Miércoles 28 de septiembre de 2016: Los partidarios del NO, en realidad seguidores ciegos del gran infame, guardianes de una casta que ha sabido explotar hasta la médula al pueblo colombiano, prefiere que sigamos siendo un país de parias; porque eso sí, la cúpula del NO siempre ha tenido visa y se ha ido del país cuando lo ha deseado; y sus fortunas, muchas de ellas mal habidas, están escondidas en paraísos fiscales, o algunas de las tierras que están a su nombre han sido robadas a campesinos desplazados o asesinados por ellos o por paramilitares que seguían sus instrucciones de barbarie. Las FARC no son ningún ejemplo a seguir; sin embargo, han dado un paso fundamental, la PAZ, y en eso todos debemos estar unidos. POR ESO MI VOTO ES SI A LA PAZ.

lunes, 26 de septiembre de 2016

LA PAZ EN COLOMBIA

Martes 27 de septiembre de 2016 COLOMBIA ES UN PAÍS MEJOR, MÁS HUMANO, MÁS ÉTICO, MÁS DIGNO. Comenzamos a dejar atrás una historia de fratricidio y de horror que nos ha atenazado la garganta por espacio de más de sesenta años, haciendo que casi todas las generaciones de colombianos nunca hayamos conocido un país en paz. Esta es la primera ocasión que tenemos de pensarnos en una Colombia solidaria, respetuosa de la diferencia, laica, trabajadora, mejor educada, una Colombia sin armas y más inclusiva, que piense en los miles de campesinos, indígenas y negros que han sido obligados a vivir en zonas inhóspitas o los miles de ciudadanos que viven en zonas tuguriales de las grandes urbes. Hoy hemos amanecido con un horizonte más amplio, más claro, donde el sol brilla negándole espacio a la oscuridad y a los que claman por ponerse una camisa negra. Nota: Estoy firmemente convencida que no necesitábamos hacer un plebiscito para refrendar las negociaciones con las FARC, ahora hay que salir el domingo 2 de octubre a votar SI POR LA PAZ.

FIRMA DE LA PAZ EN COLOMBIA

LA PAZ: Este lunes 26 de septiembre de 2016 es un día histórico, los colombianos que no hemos conocido sino un país en guerra, la misma que Alvaro Uribe Vélez, el gran infame, desconoció durante sus ochos largos y tenebrosos años de pesadilla e incertidumbre, para ahora decir que prefiere seguir con otros 20 años de guerra, estamos ansiosos de respirar y decir: - He alcanzado a ver lo que nunca creí que fuese posible. Colombia tendrá una guerrilla menos, y podremos comenzar a pensar en la construcción de un país más igualitario, mas justo, menos violento, con más educación, más empleo, con mejor salud, con vivienda digna, un país donde no nos matemos los unos a los otros por diferencias políticas, sino que sepamos dirimirlas en elecciones pacíficas y en condiciones de igualdad. Y si hablo de elecciones es porque si bien estoy del lado de la paz -léase del lado de la ética, de la moral, del humanismo-, también es verdad que NUNCA, NUNCA, NUNCA, JAMÁS votaré por los representantes de la cúpula de las FARC. Digan lo que digan para mí siempre serán criminales y su ideología stalinista, la misma que rige en Cuba, no hay que olvidar que el régimen de los Castro es una dictadura en todo el sentido de la palabra, los hace cómplices de los crímenes cometidos por Stalin; entre muchos otros aspectos que siempre habrá que tener en cuenta. Las FARC entregan las armas, pero de ahí a que los colombianos votemos por ellos en el 2022, hay mucha brecha.

sábado, 24 de septiembre de 2016

ANTAMAS MOCKUS Y EL PERDÓN DE UNA GUERRILLERA DE LAS FARC

HERMOSO, CONMOVEDOR, INMENSAMENTE HUMANO, ÉTICO, MORAL: Desde que se inició el proceso de paz, hace casi cuatro años, he pasado por muchas etapas, desde el escepticismo total y absoluto a una creciente certeza que me decía que estábamos al final del túnel; no obstante, nunca había llorado. Lo acabo de hacer al ver el encuentro de una guerrillera de las FARC con Antanas Mockus; confieso que hubiese deseado estar allí y darle un profundo, cálido y solidario abrazo a esta mujer que pide perdón por haber sido guerrillera, cuando en realidad no tuvo otra opción ya que la guerrilla le robó su infancia y su adolescencia, fue reclutada a los 13 años, ¿cómo podría entonces haber tenido la formación intelectual para tomar desiciones por ella misma si aún no salía de la infancia? ¿la etapa del ser humano en que más necesita de amor, de educación, de compañía? En cambio se vio con un fusil en la mano y obligada a disparar para a su vez no perder la vida. Imagino también, espero equivocarme, que fue violada como tantas mujeres que pasaron por las manos de guerrilleros que las utilizaron como si fuesen basura; muchas de ellas obligadas luego a abortar o asesinadas por que se negaron a hacerlo. Mi gran abrazo para esta valiente mujer.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

VOTO SI POR LA PAZ EN COLOMBIA

SI, MI VOTO ES POR LA PAZ Y LO ASUMO COMO UNA POSICIÓN ÉTICA Y HUMANÍSTICA No puedo entender como alguien puede decir que vota NO, que vota por la continuación de la guerra. Ya Uribe reconoció que prefiere que sigamos veinte años matándonos los unos a los otros, lo que lo hace aún mas infame de lo que siempre ha sido y no me digan ahora que hay que respetar a los que van a votar No. Hacerlo, es como decir que hay que respetar a Hitler y que por lo tanto El Holocausto judío, el genocidio del pueblo Rom y de los homosexuales fue algo bueno y que la 2a Guerra Mundial era necesaria. VOTAR NO A LA PAZ ES UNA INFAMIA, LA PEOR DE TODAS.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

DESCONOCIDO EN ESTA DIRECCIÓN, de Kressman Taylor

DESCONOCIDO EN ESTA DIRECCIÓN, de Kressman Taylor, (Flammarion, 2012). Es un sorprendente hallazgo que hice hace dos días en la FNAC, la librería en la que generalmente suelo comprar libros. Su autora, Kathrine Kressman Taylor (1903-1996), una estadounidense hija de inmigrantes alemanes, escribe esta hermosa y dura historia en forma epistolar; publicada inicialmente en 1939, solamente con sus apellidos. Y aunque ya contaba con una carrera en las letras, tanto su editor, Simon&Schuster, como su marido, la presentaron al público como si simplemente fuera un ama de casa, sumándose en alguna forma al argumento tantas veces esgrimido "que un buen día tuvo un poco de tiempo libre y escribió esas cartas para salir posiblemente de algún estado depresivo"; tal y como se ha hablado por siglos de las mujeres que piensan y que crean. Aunque en el caso especifico de Kathrine Kressman Taylor habría sido porque los temas serios no son bien abordados por las mujeres, supuestamente no tenemos las capacidades cognitiva para hacerlo. DESCONOCIDO EN ESTA DIRECCIÓN, relata la historia de dos amigos y socios en el mercado del arte que han emigrado a EEUU; los dos son alemanes, uno de ellos judío. Las iniciales de sus nombres comienzan por M, Martín y Max, como una forma de hacer ver que en realidad son hermanos gemelos. Uno de ellos, Martín Schulse, decide regresar a Alemania en compañía de su esposa e hijos, y Max Eisenstein se queda al frente de la galería de arte en USA. Es así como se da inicio a la correspondencia entre los dos amigos, en la que rápidamente se pasa del leguaje afectuoso, íntimo y respetuoso, a las dudas que el ascenso nazi, y la llegada de Hitler al poder como Canciller, comienzan a generar en los dos amigos. Dudas que van a cambiar radicalmente a Martin, hasta el punto de decirle a Marx que no desea ningún contacto con un judío. Luego se conoce una tragedia, posiblemente inevitable, que Marx siente y sufre como una afrenta y traición sin límites. Es así como fragua su venganza. Esta pequeña joya tuvo una gran acogida en EEUU y luego fue olvidada hasta ser rescatada en 1995, un año antes de la muerte de su autora. Desde entonces ha sido nuevamente reeditada y traducida al alemán y al francés, así como otros de sus libros. Es de anotar que también fue llevada al cine en los años 50. Lectura recomendada.

arte - Voces del silencio - cultura y literatura: Entrevista con la periodista cultural Luz Stella Millán

arte - Voces del silencio - cultura y literatura: Entrevista con la periodista cultural Luz Stella Millán

http://unradio.unal.edu.co/nc/detalle/cat/microfono-de-papel/article/bertha-lucia-estrada.html


martes, 13 de septiembre de 2016

VILLA DES FEMMES, DE CHARIF MAJDALANI

Villa des femmes, de Charif MAJDALANI (Éditions du Seuil 2015), Premio Jean Giono 2015, es una obra de una gran sutileza y muy bien escrita. El chofer de una acaudalada familia de Beirout, sentado en el umbral de la puerta de la mansión, un poco a la manera de los rapsodas griegos, nos describe un mundo que está ad portas de su desaparición; y todo a través de la historia de la familia para la cual trabaja y por la cual siente un enorme sentimiento de gratitud, de afecto y de admiración. En un principio asistimos a un mundo inmutable y armónico, en el que se tejen las alianzas entre dos culturas, la cristiana y la musulmana, que durante siglos supieron cohabitar y entenderse política y económicamente. Pero poco a poco van apareciendo fisuras que son el preámbulo que ese mundo armónico va a estallar en pedazos. La muerte del patriarca de la familia es la puerta por la que va a entrar un voraz huracán que va a llevar primero a la ruina de la familia y luego, cuando irrumpe la guerra de los años 70, la casa comienza su deterioro, reflejo de las ruinas en que se va sumiendo la ciudad en la que está erigida. Delante de los ojos del chofer vemos desfilar la vida, los odios y los amores de la mujeres que habitan en la casa; odios que son en cierta medida el reflejo de la guerra fratricida que tiene lugar en el jardín de su hogar. El final es en cierta forma abierto y deja entrever que la paz puede ser posible y que espera ansiosa que la casa le abra nuevamente sus puertas. Es de anotar que la primera mitad del libro es a veces bastante monótona; no obstante, vale al pena no abandonar su lectura, ya que luego la narración se hace ágil y termina por revelarse como un libro muy bien escrito y original. Una lectura que creo que va interesar a muchas personas para quienes el tema de la guerra hace parte de su búsqueda intelectual y sobre todo para quienes saben que en cualquier momento puede tocar a la puerta de nuestras casas y aspirarnos hasta hacernos desaparecer como individuos y como especie.

domingo, 11 de septiembre de 2016

UN FAUTEUIL SUR LA SEINE, DE AMIN MAALOUF

AMIN MAALOUF: En el 2006, estando en una pequeña librería de la Abadía de Sénanque, una abadía cistercience y posiblemente mi preferida por su austeridad, encontré un libro de un escritor que hasta ese momento nunca había leído, Amín Maalouf. Esa lectura fue completamente reveladora, en sus páginas aparecía un hombre poseedor de una enorme erudición y de un estilo impecable, pedagógico, ágil en la pluma, fácil de leer; me refiero a Las cruzadas vistas por los árabes, un tema que siempre me ha gustado. Luego leí León el africano y ahora acabo de leer Un fauteuil sur la Seine; en el que nuevamente Maalouf hace gala de su erudición. Al frente tengo a Samarkanda, hace tiempo que me espera. Un fauteuil sur la Seine es un recorrido prodigioso de la Academia Francesa y por supuesto de la historia de Francia e incluso de la historia europea. Maalouf nos conduce al centro literario que acogía a unos pocos hombres que amaban la literatura y que tenía lugar cada semana; eso sí, en secreto, puesto que Richelieu había prohibido que la gente se reuniera sin su consentimiento. Sin embargo, es el cardenal, y Primer Ministro de Luis XIII, el que hizo posible que esta Academia exista y que llegue hasta nuestros días. Amin Maalouf, nombrado en la silla 29, siendo su predecesor nada menos que Levi-Strauss, nos relata paso a paso la historia de los hombres que estuvieron en ella desde hace cuatrocientos años. No hay que olvidar que Maalouf recibió el Premio Príncipe de Asturias en el 2010; espero que algún día reciba el Nobel de Literatura, lo merece.

lunes, 5 de septiembre de 2016

HENNING MANKELL

Mi última lectura: HENNING MANKELL: Hace mucho tiempo que no me sumía en una lectura que me proporcionara tanta satisfacción desde todo punto de vista; desde la construcción literaria, pasando por su cuidado estético y por supuesto por el tema abordado. El nombre de Mankell no me era del todo desconocido, ya que en alguna ocasión había leído algo sobre su vida sin que hubiese tenido acceso a su obra. En Los zapatos italianos y Las botas suecas, una exquisita saga nórdica, Mankell nos trae a Fredrik Welin, un hombre que poco a poco, e ineluctablemente, ve y siente como cae en el abismo de la vejez, y de la soledad que suele llegar con ella. Sin embargo, encuentra las fuerzas para tejer los lazos que en su juventud y madurez no pudo o no quiso tener. Welin es un médico acosado por un antiguo error quirúrgico y para expiar su culpa decide alejarse de Estocolmo e irse a vivir a una pequeña isla, herencia de sus abuelos. Después de 12 años de reclusión, y de una vida gris, el pasado irrumpe inusitadamente. Luego descubre las huellas que había dejado detrás de sí y con las que debe vivir por el resto de sus días. A medida que Welin camina sobre su propia senda, el lector conoce al ser atormentado que habita en su interior y se entera de las tormentas bálticas que buscan hundirlo en el mar, doblegarlo, aniquilarlo. La saga de Mankell es, ante todo, una obra metafísica que trata de sacar a la luz la miseria humana que habita en el interior de cada uno de nosotros. Para terminar quisiera hablar de un detalle que me llamó poderosamente la atención y es que en ningún momento ni el personaje principal ni los secundarios dedican así sea algunos minutos a la lectura de un libro. Ninguno de ellos parece interesado en la literatura o en alguna otra disciplina humanística; no hay bibliotecas en sus casas, ni visitan alguna pública, como tampoco visitan librerías. Pareciera que los personajes en cuestión fuesen en cierta forma latinoamericanos donde el nivel de lectura es bastante bajo, 1.3 libro al año en el caso de los colombianos; una catástrofe, por decir lo menos. Una lectura altamente recomendada.

lunes, 6 de junio de 2016

LA LITERATURA ME HA HECHO LIBRE

LA LITERATURA ME HA HECHO LIBRE Antes que escritora, o poeta, soy ensayista y crítica literaria; pero ante todo soy LECTORA. Y si me reafirmo como tal es porque me gusta decidir por mi misma qué libros leer, cuándo y cómo. Soy lectora de escritores que no saben que yo existo. Por ejemplo, ayer terminé de leer el último libro de David Foenkinos, Le mystère Henri Pick (Gallimard-2016), bastante malo por cierto; muy diferente a Charlotte, el libro sobre la gran pintora Charlotte Salomon publicado en 2014 y cuya lectura me conmovió mucho; incluso escribí una reseña sobre dicho libro. Ahora mismo estoy leyendo J'ai toujours ton coeur avec moi (Zulma-2016) de la finlandesa Soffia Bjarnadóttir, y me espera Chasseurs de neige (Albin Michel-2016) de Paul Yoon, nacido en EEUU y de origen coreano. Otro libro a la espera es Después del banquete de Yukio Mishima; es de anotar, que es mi hijo, que sólo tiene 21 años, el que me lo prestó. Y si digo ésto, es porque no me gusta que me envíen libros que no he pedido, tampoco me gusta que me pidan comentarios; ni siquiera se toman el cuidado de decirme porque les interesa mi lectura, ni mi concepto. Como si ser crítica literaria les diese licencia para disponer de mi tiempo y de mis gustos literarios. Algunos autores se molestan porque les digo que no e incluso me dejan de escribir, lo que confirma que mi amistad no les interesa. A veces, muy pocas a decir verdad, envío lo que escribo a uno o dos escritores, pero antes construyo una amistad con ellos y después de mucho tiempo oso preguntarles si les gustaría leer lo que he escrito, pero no me atrevo a pedirles un comentario; sé cuán valioso es su tiempo como para abusar de ellos.

martes, 31 de mayo de 2016

TAMBIÉN ESTO PASARÁ, DE MILENA BUSQUETS

Leí "También esto pasará", de Milena Busquets (Editorial Anagrama, 2015), el pasado mes de enero de 2016. Me parece un libro bastante flojo, por no decir malo; es literatura light, le falta mucha profundidad. Al contrario de Milena Busquets, que cree que su libro fue publicado porque se trata de una buena creación, yo estoy convencida que su apellido y contactos le han servido en un 90%, si no es más, para que su libro haya obtenido el interés editorial y fílmico que en este momento ostenta. Si ella hubiese sido una escritora desconocida, lo más seguro es que sólo unas pocas personas hubiesen leído su libro y a lo mejor los comentarios le habrían sido muy adversos. Leer la entrevista citada: http://www.eltiempo.com/entretenimiento/musica-y-libros/entrevista-a-la-escritora-espanola-milena-busquets/16606685?ts=31 Otro libro bastante malo: Contigo en la distancia, de Carla Guelfenbein (Premio Alfaguara 2015)

viernes, 27 de mayo de 2016

Entrevista con la periodista cultural Luz Stella Millán

Los invito a escuchar la entrevista que me hizo la fotógrafa y periodista cultural de la radio de la Universidad Nacional de Colombia, Luz Stella Millán. Una periodista poseedora de una gran sensibilidad poética, de una inmensa cultura, de una sapiencia profunda y antigua. A ella mis reconocimientos por esta entrevista que me hizo bucear en mi trabajo poético con la mirada que normalmente reservo cuando hago crítica literaria; es decir, cuando analizo los textos de los escritores que leo y estudio. A ella todo mí afecto y admiración.

domingo, 20 de marzo de 2016

CUANDO LA VANIDAD ES MÁS FUERTE QUE LA RAZÓN: EL CASO DE JESSICA CEDIEL-MARTÍN CARRILLO

EL CASO CEDIEL-CARRILLO Considero a la aspirante a vedette Cediel y al médico Carrillo igual de culpables, a la presentadora por su extrema vanidad y al supuesto cirujano estético por lo que sería su desmedida ambición económica y por desear ser una estrella social, de esas que se apagan pronto: Y aunque ya he publicado este artículo vuelvo a hacerlo hoy puesto que considero de gran importancia sumarme a esta discusión sobre los falsos postulados de belleza que han creado médicos inescrupulosos, sin olvidar a los laboratorios farmacéuticos y de belleza, o la moda, en fin todas las arandelas insulsas con las que pretenden seguir controlando a las mujeres; aunque no ignoro que cada vez hay más hombres que se adhieren a esta nueva visión de una belleza fabricada con un bisturí o con químicos que dejan graves secuelas en el cuerpo en el que son inoculados, y por supuesto la muerte, como ya ha sucedido infinidad de veces. ——————————— CIRUJANOS ESTÉTICOS, LÚGUBRES MARCHANTES DE LA MISERIA HUMANA: Antes que todo deseo manifestar que no pretendo criticar ni demeritar las cirugías estéticas que buscan una solución ante situaciones extremas, como puede ser una quemadura, o un ataque con ácido* o un accidente, entre otras causas. * http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2012/02/26/quemada-viva-el-caso-de-suad/ http: Solo me voy a referir a los procedimientos estéticos que se hacen por dictámenes sociales; muchos de ellos por modas que pretenden la cosificación del ser humano; sobre todo la cosificación de la mujer en una sociedad fatua que pretende mostrarla como un objeto de decoración más que se pone en el centro de una sala. Nunca he entendido como una persona, hombre o mujer, puede someterse a una cirugía estética solo por seguir los nuevos postulados de belleza física, o para lograr un ascenso social o laboral, o para ganar un reinado de belleza, a los que la sociedad colombiana es una verdadera adicta, o para enamorar a un traficante de drogas, como si eso fuera un gran logro en la vida de una mujer; tampoco entiendo que alguien se someta a una cirugía bariátrica cuando no se amerita o cuando se acude a un médico inescrupoloso. Pero, ¿de dónde nos viene este culto al cuerpo? Primero que todo habría que pensar que es tan antiguo como la humanidad misma. Todos los pueblos del mundo han decorado sus cuerpos de diversas maneras. Y si pensamos en los griegos veremos que algunos atletas, sobre todo aquellos que ganaban carreras, entre otros, eran considerados luego semidioses. Es el caso de Antinoo, el hermoso efebo que enamoró al emperador Adriano. En el Medioevo se produciría un cambio radical. El cristianismo comenzó a condenar todo tipo de abalorios o menjurjes, y se comenzó a exaltar una belleza espiritual no física. Una forma muy efectiva de ejercer control sobre las mujeres en particular y sobre la sociedad en general. A comienzos del siglo XVI, Juan Ponce de León va tras la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, al menos eso cuenta una leyenda que decía que se encontraba en lo que hoy es la región de La Florida (USA). Pero anteriormente Herodoto (s IV a C) ya había hablado de la existencia de una fuente con esas propiedades y luego Alejandro Magno habría ido tras su búsqueda. Esa temática de la eterna juventud va a retomarla Oscar Wilde en su libro El retrato de Dorian Grey. Su protagonista, un hombre dado a las bajas pasiones, se mantiene fresco y lozano a pesar del paso del tiempo y de su vida abyecta; es su retrato el que va envejeciendo y transformándose en poco menos que un monstruo. Y Virginia Woolf, en su maravilloso libro Orlando, nos trae la vida de un hombre nacido en la época isabelina y que no solo no envejece ni muere sino que un día, en plena época victoriana, se despierta siendo mujer. Luego, en el siglo XX, más exactamente en los años 60, fue la escuálida Twiggy la que impuso la supuesta belleza de mujeres esqueléticas, supongo que sufría de una severa anorexia, muy diferentes a las mujeres soberbias, como Hélène Fourment, que pintaba Rubens, y en el siglo XIX están las mujeres de Renoir. Recuerdo a mi abuela como una de sus herederas. Una mujer sin complejos, que se sentía bien en su cuerpo, poseía una hermosa cabellera, con la cual diariamente se hacía una enorme moña, no se maquillaba, y se vestía muy bien; esa era, digamos, su única vanidad. Su verdadera belleza estaba en su inteligencia y en su autonomía; y aunque había nacido en 1900 nunca fue una mujer sumisa ni dócil, como la mayoría de las mujeres de su generación. En lo que a mí respecta recuerdo que siendo una adolescente me dijeron que debía operarme la nariz; en esa época, comienzos de los años 70, era algo común. Siempre e invariablemente dije NO. Y desde entonces he repetido una y otra vez que hay que saber envejecer. No somos eternos, ni me interesa ser eternamente joven. Pienso que lo mejor que me ha pasado en la vida es precisamente eso: envejecer. Sobre todo ahora que estoy pensionada y que no tengo que rendirle cuentas a ningún jefe (hombre o mujer). Cuando me miro al espejo y veo mis arrugas me digo a mí misma que ellas son el reflejo de las sendas que he seguido en mi vida, ahí están, son testigos de mis éxitos y de mis fracasos, de mis alegrías y de mis tristezas, no borraría ninguna de ellas ni por un minuto. Hacen parte de mi ser, son un libro donde está escrita mi vida. Ahora bien, de un tiempo para acá he escuchado decir que operarse, o sea hacerse una liposucción, o aumentarse los senos o las caderas, en fin todas las barrabasadas que se han inventado los médicos, muchos de ellos inescrupulosos, lúgubres marchantes de la miseria humana, es una inversión. No entiendo como alguien puede endeudarse solo por pretender tener el cuerpo o la cara que ha visto en Internet y que cree que le sentaría a las maravillas. Considero una verdadera atrocidad decirle a una hija menor de edad que se le va a dar como regalo de sus quince años una cirugía cualquiera, debería ser prohibido; por eso apoyo incondicionalmente la propuesta de ley del senador Mauricio Lizcano, aunque debo aclarar que no soy su seguidora ni mucho menos su admiradora. Ninguna menor de edad debería ser sometida a una cirugía innecesaria, sin contar que no tiene la madurez para poder entender el modelo de belleza que la sociedad actual, banal y fútil, espera de ella. Hacerlo es participar de un mundo que pierde sus valores éticos, que pierde su norte, y que enseña que sólo en la apariencia física está la felicidad. Por otra parte, no hay que olvidar el papel funesto que han jugado muchas veces los medios de comunicación al exaltar esa belleza de origen traqueto y venderla como una forma de éxito social. Colombia ha sufrido cambios enormes en estos últimos treinta años, muchos de los cuales han sido producto de esa alianza tenebrosa de narcotráfico y política. Afortunadamente hay miles y miles de mujeres que saben que solo con la educación y un trabajo digno podrán convertirse en personas autónomas. Por último quisiera decir que ninguna de las mujeres que conozco que se han operado me parece que han quedado bonitas; por el contrario, cuando las veo me parecen desfiguradas, y algunas que eran hermosas se convierten en aspirantes a monstruos, como Frankenstein, el personaje de Mary Shelley; sobre todo aquellas que exageran con los labios, o con las caderas o con los senos.

lunes, 7 de marzo de 2016

CLARA ZETKIN Y LA HISTORIA DEL 8 DE MARZO

Foto: Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo ---------------------------- En agosto del 2011 escuchamos a la entonces senadora Liliana Rendón dar una serie de afirmaciones que demuestran hasta que punto una persona que ha pasado por una universidad, y que ha llegado a ocupar un puesto de tanta importancia como es el de congresista, no acaba de entender que si ello ha sido posible es gracias a las luchas de millones de mujeres que la han antecedido y que han hecho cambiar la legislación patriarcal y machista que impedía la educación superior para la mujer. Sus declaraciones “soy femenina, pero no feminista”, entre otras bastante desafortunadas, sólo reflejan el desconocimiento que muchas mujeres colombianas tienen sobre el feminismo y como siguen perpetuando desde sus hogares el machismo que tanto daño nos ha causado. Para la muestra pienso en un artículo publicado en la revista Carrusel del diario eltiempo.com (20.02.2011), en el que se resaltaba la siguiente afirmación: “No son feministas que buscan reivindicarse frente al mundo apabullante de los hombres”, frase escrita con relación a cinco escritoras de un nuevo género al que han denominado “chik lit”, y del cual haría parte Isabella Santo Domingo. No sé si ella es antifeminista, lo que sí sé es que yo siempre me he considerado feminista, sin que me avergüence de ello o lo oculte. Por el contrario, he tratado que mi postura sea de carácter público, puesto que considero que la reflexión sobre la condición femenina y la investigación sobre su historia, son necesarias a la hora de entender el complejo mundo en el que vivimos. El desconocimiento de la historia nos condena a repetir infinitamente los mismos errores y las mismas injusticias. El desconocimiento del pasado nos impide comprender el presente, e impide, igualmente, que nos proyectemos al futuro. No en vano se dice “que él que ignora el pasado, está condenado a repetirlo”. Y la historia de la humanidad, léase historia política, social, religiosa, económica, artística, cultural, está viciada de argumentos y posiciones que dejan por fuera la visión del mundo de la mujer; como si ella simplemente no existiera, o no pensara, o no trabajara. Y creer en este mito es ignorar una serie de acontecimientos que han hecho posible que la mujer occidental participe hoy en día en procesos políticos, culturales, educativos, o científicos, entre otros. Si hoy en día la mujer puede votar, elegir sus gobernantes, o ser elegida; si puede decidir cuántos hijos tener y cuándo, es gracias a las luchas que llevaron mujeres como Clara Zetkin (1857-1933-sufragista y de quien hablaré más tarde), o Margaret Sanger (1879-1966) quien había ejercido como enfermera en la primera guerra mundial y que luchaba por dar a conocer a las mujeres las ventajas de la planificación familiar. Gracias a ella es que hoy en día gozamos de la píldora anticonceptiva, puesto que financió la investigación llevada a cabo por el Dr. Gregory Pincus; investigación que hizo posible la creación de la píldora anticonceptiva y que salió al mercado en 1965, la misma que cambiaría para siempre la vida de millones de mujeres y estoy segura qu también cambió la vida de la sra. Rendón; aunque ella no sea consciente de ello. Mujeres feministas han existido siempre, desde Diotima de Mantinea, sacerdotisa y filósofa, maestra de Sócrates, o Aspasia de Alejandría, pasando por la emperatriz Teodora o por Hildegarda de Bingen o por Eloísa o por Sor Juana Inés de la Cruz. Mujeres que dejaron una huella enorme en la historia de la búsqueda del conocimiento; así la historia escrita por los hombres, para los hombres, las haya borrado de un plumazo. Y si bien la revolución sexual de los años 60 y 70 del siglo XX fue posible gracias a la píldora anticonceptiva, solemos pasar por alto la otra revolución que influye en el día a día, la conquista del sufragio femenino, así como la Revolución Industrial y el derecho a la educación. Los derechos inalienables como ciudadanas solo fue posible hacerlos valer después de llevar a cabo luchas de gran magnitud. Me refiero al derecho al voto; el mismo que llevó a Liliana Rendón al Congreso de la República. La primera en reivindicarlo fue la francesa Olimpia de Gouges (1748-1793). En 1843 Flora Tristán, abuela de Paul Gauguin (1848-1903), pero sobre todo precursora de la emancipación de la mujer en Francia, redactó un discurso dirigido a los obreros, en el que los llamaba a reflexionar sobre la igualdad; aludía que ésta comenzaba con la igualdad de sexos y el respeto hacia la mujer. La lucha por el derecho al voto si bien fue notoria en las clases burguesas francesas, no lo fue en las clases populares. La clase obrera no participó y en los campos simplemente ni se hablaba de ello. No obstante, Flora Tristán luchó por los derechos de la clase trabajadora y de la mujer. La lucha por la emancipación de la mujer encontró enemigos de la talla de Proudhon (1809-1865), quien argumentaba que la igualdad entre los dos géneros sería “el fin de la institución del matrimonio, la muerte del amor y la ruina de la raza humana”; y que por lo tanto “no hay otra alternativa para las mujeres que ser amas de casa o prostitutas”. Afortunadamente había voces masculinas que ya profundizaban en la importancia de la inclusión de la mujer; me refiero a Federico Engels (1820-1895) y Carlos Marx (1818-1883), quienes proclamaban que la emancipación de la clase obrera tenía que ir acompañada de la emancipación de la mujer y de su independencia económica. El derecho al sufragio, fue una lucha larga y ardua llevada a cabo por mujeres de diversas nacionalidades y culturas, pero unidas por un único deseo: ser reconocidas como parte activa de una sociedad democrática, lo que quiere decir que sus derechos civiles les fueran acordados. En España emerge la figura de Emilia Pardo Bazán (1851-1921), que si bien reconocía que en el siglo XIX se habían logrado avances considerables en el campo de la cultura y de la política, y que se reconocía la libertad de cultos ; ponía sin embargo el dedo en la llaga al denunciar que el tema de la emancipación de la mujer había sido ignorado por los legisladores. En Estados Unidos surgieron las figuras de Matilda Electa Joselyn Gage (1826-1898), Susan B. Anthony (1820-1906) y Elizabeth Cady Stanton (1815-1902). Otra sufragista importante fue Alice Paul (1885-1977), una de las primeras mujeres en asistir a la universidad. Estudió sociología en la Universidad de Pensilvania y luego viajó a Londres para hacer un doctorado en economía y ciencias políticas. Fue una gran defensora del sufragio femenino y en 1916 fundó el Partido de Mujeres (NWP, por sus siglas en inglés). Luchó por incluir en la Constitución de 1923, una enmienda para que el derecho a la igualdad de la mujer, frente a los derechos del hombre, fuese aprobada. La enmienda fue incluida en 1972, cinco años antes de su muerte. Junto con Alice Paul luchó otra gran mujer, Lucy Burns (1879-1966), juntas enfrentaron a la sociedad de su época y la prisión. Todas estas mujeres lograron una ruptura radical con las costumbres de su época y sembraron las bases de la sociedad contemporánea. Y si bien cada sufragista jugó un papel clave en la reivindicación de los derechos políticos de las mujeres, debe destacarse a la alemana Clara Zetkin, creadora del Día Internacional de la Mujer. Normalmente se ha creído que el 8 de marzo conmemora el incendio en el que habrían perecido 129 obreras de una fábrica textil de Nueva York, Estados Unidos, incendio que habría sido provocado por el dueño para acabar de raíz la huelga inminente de las trabajadoras que luchaban por mejores condiciones laborales y el cual tuvo lugar en 1857. Sin embargo, hay otra fecha que alude también a una fábrica ardiendo con 146 obreras dentro, la mayoría de ellas de origen judío e italiano, es la del 25 de marzo 1911. Incendio que habría sido provocado por un corto circuito y en las que las empleadas quedaron atrapadas. En realidad quien concibe el Día Internacional de la Mujer, es esta valiente mujer llamada Clara Zetkin, quien había ingresado al Partido Socialdemócrata en 1881 y en 1890 creó la sección femenina del partido. Luego pasó a formar parte del partido Comunista Alemán. En la Primera Guerra Mundial se unió a un movimiento pacifista con su amiga y colaboradora Rosa Luxemburgo (1870-1919) y en 1915 realizó en Berlín una Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas contra la Guerra. Su actividad militante y su posición antibélica la condujeron varias veces a la prisión. Fue una férrea defensora de los derechos de la mujer y de su derecho al sufragio universal. Clara Setkin presenta una propuesta en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que había sido llevada a cabo en agosto de 1910, y cuya idea había surgido por el Woman’s day, que venía celebrándose en Estados Unidos desde 1908 por las sufragistas, como una clara reivindicación de sus derechos a ser consideradas ciudadanas de primera y dejar a un lado la errónea imagen de ama de casa que el ala conservadora y religiosa había defendido hasta la saciedad: la mujer como garante de la reproducción y conservación de la familia; negándole la participación en procesos económicos, políticos, culturales y sociales. Es así como el 19 de marzo de 1911 se lleva a cabo la primera celebración del Día Internacional de la Mujer; en 1914 la fecha se pasa para el día 8. Otro acontecimiento importante, silenciado por la historia oficial, es la protesta de las mujeres rusas el 8 de marzo de 1917, a causa de la escasez de alimentos, lo que desencadenó el movimiento de masas conocido como la Revolución de Octubre del mismo año. En 1975 la ONU, declara, sin hacer alusión a este acontecimiento, el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer y reconoce la figura de Clara Zetkin como su creadora. El 19 de marzo de 1911 pasó a la historia como una jornada donde más de un millón de mujeres, en diferentes ciudades europeas, salió a la calle para exigir su derecho al voto, a la educación y al trabajo y en la que también se denunciaba la discriminación laboral. La manifestación se había llevado a cabo exitosamente en Alemania, Suiza, Dinamarca y Austria ; lo que mostraba a qué punto la mujer era capaz de aglutinar fuerzas y de hacer valer sus derechos. No obstante, las mujeres que combatían la inequidad y el sometimiento ancestral al poder masculino eran muy pocas. La mayor parte de la población femenina occidental no participó y cuando lo hizo fue en su contra. Es el caso de la Liga Nacional de Mujeres Anti-Sufragio, creada en 1908, y presidida por la novelista Mary Ward (1851-1920), tía del escritor Aldous Huxley (1894-1963). La Liga rechazaba de plano el derecho al sufragio de las mujeres, con argumentos tan traídos de la cabeza, como era el de “no querer aceptar más cargas de las ya impuestas”. El derecho al sufragio femenino no fue otorgado fácilmente, ni se dio al mismo tiempo en todos los países. El primer país en otorgarlo fue Nueva Zelanda en 1893, seguido de Australia en 1901. En Europa, fue Finlandia en 1906, España en 1931, Francia en 1957 y Suiza en 1971. En América, el primer país en concederlo fue Canadá en 1918 y Estados Unidos en 1920. En Colombia en 1954 -paradójicamente fue bajo la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla que este derecho fue otorgado a las mujeres-. Y mientras todas estas luchas se daban, los hombres seguían insistiendo en sus prerrogativas patriarcales, como lo siguen haciendo hoy en día. Los salarios de las mujeres siguen siendo inferiores al de los hombres, sin tener en cuenta ni la formación ni la capacidad de unos y otros. La jornada laboral de la mujer sigue siendo más larga que la del hombre, ya que el trabajo de la casa, el cuidado de los hijos, la supervisión de los deberes escolares, siguen estando en gran medida en manos de la mujer. La mujer conquistó el derecho a la educación, a trabajar fuera del hogar y a ganar un salario que le permita mejorar su nivel de vida y el de su familia; pero al mismo tiempo incrementó su tiempo de trabajo. Y si hago esta acotación, es para afirmar que aún nos queda un largo camino para recorrer, que debemos seguir luchando por nuestros derechos, pero sobre todo que debemos educar a nuestros hijos con una conciencia de igualdad y de respeto; ya que muchas veces somos las mismas mujeres las que perpetuamos la tradición de una sociedad machista, intolerante e injusta¸ como es el caso de Liliana Rendón.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Novela por entregas: Féminas o el dulce aroma de las feromonas

La revista digital Panorama Cultural, dirigida por el escritor y periodista franco-español, Johari Cardona, publicó mi nouvelle Féminas o el dulce aroma de las feromonas; pueden leerlo en el enlace que adjunto: Nota de Panorama Cultural:.................... http://panoramacultural.com.co/index.php?option=com_content&view=article&id=4008 ...................................... Altamente existencial, llena de caracteres, amores y desencuentros, la novela “Féminas o el dulce aroma de las feromonas” es la primera novela publicada por entregas en PanoramaCultural.com.co. Su autora, Berta Lucía Estrada, describe en esta obra la vida de diez amigas de la universidad y su relación con el amor, los libros y el arte. Un mundo en el que todo es posible y donde los protagonistas recrean una realidad en función de sus aptitudes, conocimientos y sensibilidades. Esta novela representa un maravilloso viaje por el intelectualismo del siglo XX y XXI pero también una cartografía de ese feminismo consciente que se busca, se cuestiona y vibra en cada letra. -----------------------------------------------------------------

lunes, 1 de febrero de 2016

EL GATO QUE VENÍA DEL CIELO, DE TAKASHI HIRAIDE

--------------------- Confieso que amo los gatos, sólo he tenido uno, fue hace muchos años, cuando estaba en la universidad, desafortunadamente tuve que regalarlo muy pronto porque la hermana con la que compartía apartamento no lo soportaba. Mi admiración por ellos nunca se ha esfumado, me parecen enigmáticos y envidio la independencia de la que hacen gala; tal vez por eso en mi poesía siempre hay un gato que se pasea orondo, haciendo alarde de la leyenda que dice que son eternos y que nunca mueren, o al menos que tienen siete vidas. Y ese sentimiento de complicidad lo he encontrado en dos libros maravillosos : Kafka en la orilla de Haruki Murakami http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2011/05/30/haruki-murakami/ y La gata gatona de Nicolas Bayle; este último es un hermoso poema infantil. Pero también veo que El gato que venía del cielo tendría antecedentes en un hermoso cuento de la tradición oral japonesa, La historia de Himelia, que narra como una pequeña niña es encontrada dentro de un bambú cuando un viejo leñador está aserrándolo. El leñador y su mujer nunca tuvieron hijos, así que la llegada de la niña, que se llamará Himelia, viene a llenar el vacío de ese anhelo. Más tarde, cuando Himelia tiene 15 años, ella les cuenta que en realidad es una ninfa que viene del cielo y que es allí donde debe retornar en una noche de luna llena. Y al igual que la pareja de escritores, a la que el gato Chibi le ha cambiado la vida, Himelia transforma la vida del viejo matrimonio. Y por supuesto que no olvido al gato memorable que aparecía de cuando en cuando en la casa de verano de Cortazar y al que él llamaba Teodoro Adorno. Pues bien, si hablo ahora de gatos es porque acabo de leer una historia sobre uno de ellos ; me refiero Al gato que venía del cielo, de Takashi Hiraide, (Japón, 1950). No sólo es un libro muy poético sino que no dudo en decir que se trata de una pequeña joya literaria, de esas que están destinadas a convertirse en clásicos de la literatura universal. El gato que vino del cielo es una nouvelle, tan solo 131 páginas, y es la primera obra narrativa de Hiraide, quien antes de su publicación ya era bastante reconocido en su país, no como narrador sino como poeta. Este libro pasó desapercibido por las editoriales y por los críticos; no así por los libreros que lo sacaron del ostracismo y le dieron el lustre que merece. De la noche a la mañana Hiraide se convirtió en un autor de culto y su pequeña novela fue traducida a varios idiomas; desde entonces no ha dejado de vender su obra, e incluso ganó el prestigioso premio Kiyama Shohei Award. Pero quizás su principal presea literaria sea el caluroso elogio que recibió del Nobel de literatura Kenzaburo Oé . El gato que vino del cielo es, aparentemente, una obra sencilla, sin mayores tramas y en gran parte autobiográfica; no obstante, pienso que si el lector se queda con esa idea en realidad no ha entendido la profunda reflexión que está escondida en sus breves páginas. La historia es sobre una joven pareja de escritores y correctores de estilo que se traslada a los suburbios de Tokio, a una casa con un enorme jardín que ha ido quedando a la deriva; Chibi, el gato, es su visitante asiduo y poco a poco se convierte en el centro de la relación; como si en cierta forma fuese el hijo que el matrimonio nunca quiso tener. Detrás de este encuentro furtivo, Hiraide nos cuenta la burbuja inmobiliaria que hubo en Japón a finales del siglo pasado y la dificultad que se tiene para no sucumbir a las enormes distancias entre el lugar de trabajo y la vivienda. En realidad El gato que vino del cielo es una metáfora de la soledad y de la búsqueda que todos los seres vivos tenemos para lograr la interaccion humana. Incluso el jardín se convierte en un protagonista de la obra; los árboles, los insectos, o los pájaros, que lo habitan, son una presencia que nos recuerda que los seres humanos no estamos solos en este planeta y que compartimos nuestras existencias con esas otras vidas a las que a veces no conferimos el interés que merecen. En una entrevista leí que Hiraide decía que una parte de la descripción del jardín podía ser desesperante para un lector occidental; pero la verdad es que yo no sentí esa sensación; por el contrario, leí cada capítulo como si bebiese el néctar más refinado; también es verdad que soy una asidua lectora de la literatura japonesa, así que a lo mejor algo he aprendido de su estilo, sin que llegue nunca a cansarme. El gato que vino del cielo, es también una lección, o más bien una crítica, al exceso de individualismo que nos acecha hoy en día y que impide que establezcamos relaciones con las personas que nos rodean. El gato que aparece en la vida de la joven pareja de escritores en realidad ha sido adoptado por una familia vecina. Podríamos decir que el amor que las dos familias le tienen las convierte en rivales. Chibi es el centro de sus intereses, pero también puede ser la caída al vacío, la presencia éterea de la soledad, o el fracaso que afrontamos cuando somos incapaces de comunicarnos con nuestros congéneres. El gato también se erige como un pequeña divinidad que le permite a la pareja que visita conocerse a sí misma. En su vida hay un antes y un después ; y ese instante efímero, que puede ser un día, o una semana, o dos o tres años, está marcado por la llegada del pequeño felino. Es gracias a él que la pareja que lo acoge es capaz de profundizar en sus sentimientos y anhelos más profundos y más recónditos; como si su presencia fuese una senda sagrada a recorrer para lograr una verdadera trascendencia en la vida discreta y silenciosa que lleva. Por otra parte, la desaparición de Chibi marca la muerte del dueño de la casa y la desaparición de todo un mundo; como si Chibi y el anciano se llevaran consigo antiguos arcanos escondidos en un cofre cuya llave se han llevado consigo.

lunes, 18 de enero de 2016

V PARTE: EL PUZZLE DE LA HISTORIA O EL AROMA A TRÓPICO DE JORGE ELIÉCER PARDO

TRADICIÓN ORAL : El exilio y su regreso a la boca del camino que no tenía huellas y moviéndolo por ríos y laderas en busca de su pasado (Idem, pág.223) y luego una pregunta de hondo sentido metafísico : ¿Moría o renacía? (Idem, pág. 223) Me hacen reflexionar sobre uno de los aspectos literarios que más me han interesado en mi oficio de crítica literaria : La tradición oral. Siempre he creído que la primera manifestación del arte fue la palabra embarazada por los ojos atónitos de los pueblos en la noche de los tiempos y que al llegar a las nueve lunas parió la pintura, la música y la danza. Las cosmogonías explican el mundo y todos los fenómenos que nos rodean. Estos primeros esbozos del hombre, por lograr la comprensión y aprehensión del mundo que lo circunda, evolucionarán hasta convertirse en mitos cosmogónicos. El pensamiento mítico, y su representación oral o plástica, coadyuva a la unión y permanencia del grupo social al que se pertenece. El artista y el contador de historias tienen características cuasi sagradas; en algunos casos el poder de la palabra les concede el estatus de chamán. El artista tuvo desde la antigüedad un rol decisivo en su comunidad. Si la caza, y posteriormente la agricultura, había sido mala, el chamán narraba los mitos cosmogónicos relacionados con el problema a resolver. De esta forma la búsqueda de la solución a un problema, ontológico o natural, es a todas luces mágica. Lo que no difiere mucho cuando alguien reza ante un nacimiento, la compra de una casa o la muerte de un ser querido; otra forma de rememorar los mitos cosmogónicos; así ahora los llamen religión. Los mitos cosmogónicos siempre relatan los orígenes de la vida y de los elementos naturales; por lo que su recreación permanente asegura el tiempo primordial necesario para la preservación de la vida, de la especie, del mundo. El mito cosmogónico está íntimamente ligado al tiempo circular o tiempo sagrado o tiempo primigenio; es decir, al tiempo de los dioses. Los mitos son las primeras expresiones literarias producidas por la especie humana. Y por supuesto que Jorge Eliécer Pardo no podía ignorar este aspecto tan fundamental en la literatura de todos los tiempos. Pardo admira y resalta esta compleja produccion literaria y estética que es la cosmogonía de los mal llamados pueblos naturales y que hace parte de la literatura oral, madre de la literatura escrita. Para entender este postulado en toda su dimensión sólo nos bastaría recordar que la Iliada y la Odisea, así como los libros sagrados del Mahabharata y del Ramayana, fueron en sus orígenes literatura oral, solo siglos después fueron recopilados y escritos. Léamos uno de los párrafos cosmogónicos que trae a colación El pianista que llegó de Hamburgo : “Oyó decir que los Tikunas habían poblado la tierra por una pareja que salió de la rodilla de Yuche. Le mostraron dónde aparecía el Yaku-Runa en forma de delfín, a orillas del Amazonas, buscando lavadoras solitarias para robarles el alma. O cómo Yaku-Runa se trasformaba en sinuosa mujer morena y pálida que emergía del agua y con una sonrisa lujuriosa envolvía a los hombres con sus encantos y los llevaba a las profundidades del río.” (Idem, pág. 220) Entender la tradición oral es entender que la literatura es tan antigua como el hombre y que ha sido un bálsamo entre tanto infortunio. Y este aspecto cuasi sagrado, lo digo en el sentido mítico del término, lo ha entendido muy bien Jorge Eliécer Pardo al hacer alusión a la cosmogonía de los Tikunas. Y por supuesto, podríamos también incluirlo en el apéndice de la intertextualidad a la que se hacía referencia anteriormente. LENGUAJE CINEMATOGRÁFICO : Para terminar, aunque podría seguir hablando sobre muchos otros temas literarios que se encuentran en El pianista que llegó de Hamburgo y en La Baronesa del Circo Atayde, voy a hacer referencia al lenguaje cinematográfico del que hace gala Jorge Eliécer Pardo. Anteriormente decía que la literatura era la progenitora de todas las artes y aunque es indudable la influencia que la literatura ha ejercido sobre el cine, también es importante recordar que es el lenguaje cinematográfico, a todas luces revolucionario, el que cambió para siempre la forma de hacer y escribir una novela. La novela cronológica, secuencial, tan en boga en el siglo XIX, piénsese en Balzac o en Dostoievski o en Zola, para no citar sino unos pocos ejemplos, sufre un vuelco radical con la llegada del rollo cinematográfico que mezcla hechos del futuro, con el pasado, o con el presente, o con los sueños de sus personajes. Aunque cabe recordar que la primera escritora que había hecho uso de este recurso, muchos siglos antes que Virginia Woolf, fue la primera novelista de la que se tiene registro, Murasaki Shikibu; a la que se suele ignorar cuando se dice una y otra vez que la primera novela de la Historia de la Literatura fue escrita por Miguel de Cervantes Saavedra. Otro de los aspectos heredados del cine es comenzar una historia por el final, algo insólito en la literatura hasta la aparición de este nuevo lenguaje. Piénsese en La señora Dalloway de Virginia Woolf, una de las primeras escritoras que entendió las múltiples posibilidades que otorgaba escribir como si se tratase de componer un puzzle o de pegar los diferentes retazos para hacer un paschwork. Ese puzzle del que hablo aparece a todo lo largo y ancho de las obras de Pardo a las que he aludido anteriormente. Cabe decir que su manejo del tiempo es muy bien logrado y que nos hace penetrar en un tunel del tiempo que no tiene astrolabio, ni brújula, pero con el que escribe una soberbia bitácora que nos lleva por mares insondables, conocidos y desconocidos. Es una bitácora del desamparo, de la soledad, del infortunio, del exilio, de la guerra, de la evocación, del delirio. Es una bitácora que a veces llega a puertos donde nos cruzamos con diferentes personajes, bien sean literarios o históricos. Es una bitácora que recrea la saga nórdica. Es una bitácora que pinta un nuevo fresco de la historia de Occidente en los últimos ciento cincuenta años en el mejor de los estilos renacentistas, pero con un pincel diferente; el del lenguaje cinematográfico y con un manejo del verbo alucinante, a todas luces contemporáneo, posmoderno. Es una bitácora que rescata la historia colombiana que nadie se ha atrevido a mirar de frente de miedo que le salgan más brazos a ese pulpo que nos ahorca cada día más. Por último diría que El pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde son una metáfora del eterno incendio en el que nuestras vidas se incineran a cada instante y de la incapacidad del ser humano de resconstruirse y de reinventarse a sí mismo. El Quinteto de la frágil memoria es un fresco que pone de manifiesto la gran erudición de Jorge Eliécer Pardo y su profunda sensibilidad social que lo compromete con el desamparado, con el desahuciado, no sólo víctima del sistema político y económico, sino del desarraigo que nos acompaña en la larga noche en la que pueblan nuestros sueños -léase pesadillas- metafísicos. Es por ello que El pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde deberían ser una lectura obligatoria en escuelas, colegios, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos; estoy segura que aprenderíamos mucho sobre nuestra idiosincrasia y entenderíamos este remolino de violencia en el que hemos navegado por décadas. Para entender el presente hay que conocer el pasado y para proyectarse hacia el futuro tenemos que conocer el pasado y el presente. El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Eso lo sabemos con creces los colombianos. ——————————— BIBLIOGRAFÍA Libros de Jorge Eliécer Pardo: PARDO, Jorge Eliécer. El pianista que llegó de Hamburgo. Cangrejo Editores, 2º edición, 2014. —————————-. La baronesa del circo Atayde. . Cangrejo Editores, 1º edición, 2015. Bibliografía analítica: COUTO, Mia. El último vuelo del flamenco. Editorial Alfaguara. 2008. ESTRADA ESTRADA, Berta Lucía. ¡Cuidado! Escritoras a la vista… Ble Ediciones, 2009. —————————-, Breve comentario sobre La vorágine. Grafía Plena, La Patria, 1989. FOENKINOS, David, Charlotte. Gallimard, Paris, 2014. FORRESTER, Viviane. Virginia Woolf, de Viviane, Editions Albin Michel, Paris, 2009. FRAZER, Georges. El folklor en La Biblia. Fondo de Cultura Económica. 1993. GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Cien años de Soledad. HUSTON, Nancy. Lignes de faille. Actes Sud, 2006. KETTU, Katja. La sage femme. Actes Sud, 2014. LEVI, Primo. Si c’est un homme. Julliard, 1987. MEZA, Martha Patricia. En nombre de Lilith. Colección Las Ofrendas. Escuela de Estudios Universitarios. Universidad del Valle, 2011. SCHOENBORN, Clara. Los oficios en clave de Atenea. Apidama Ediciones, Bogotá 2012. SEMPRÚN, Jorge. La escritura o la vida. Fábula Tusquets Editores, 6o edición, 2013. OTSUKA, Julie. Quand l’empereur était un dieu. Livre de poche, 2008. PETROWSKAJA, Katja. Peut-être Esther. Récit Seuil, 2014. RIVERA, José Eustacio. La Vorágine.

miércoles, 13 de enero de 2016

IV PARTE: EL PUZZLE DE LA HISTORIA O EL AROMA A TRÓPICO DE JORGE ELIÉCER PARDO

EL EXILIO: Siempre he creído que el exilio es en cierta forma una de las variantes de la muerte. Al menos cuando es el resultado de una desición que debe tomarse de un momento a otro para poder salvar la vida. Fui testigo de este drama en los años 80 del siglo pasado, no porque yo hubiese sido una perseguida política, sino porque una gran cantidad de mis compañeros y profesores de la Sorbona eran exiliados. Algunos venían del Cono Sur, huían de las dictaduras que asolaban el continente y trataban por todos los medios de reconstruirse a sí mismos en una ciudad que los acogía y que los rechazaba al mismo tiempo. Pero también conocí a muchos colombianos que habían tenido que dejar sus familias y lo poco que tenían detrás de ellos. Era la época de Barco y Belisario Betancourt. Con el primero todos sabemos lo que su gobierno persiguió y condenó los Derechos Humanos y con el segundo sabemos que gran parte de su respeto por los jóvenes de izquierda era subirlos a un avión y enviarlos hacía París. Siempre recuerdo a uno de mis profesores, el académico y escritor Rubén Bareiro-Saguier quien llevaba varios años en la Ciudad Luz; aunque para él siempre fuese oscura. Un día, hablándome de su exilio, le pregunté si nunca había regresado a su país, y me respondió, con la voz entrecortada, que una vez, estando en la frontera entre Argentina y Paraguay, del otro lado de la linea imaginaria entre los dos países, se sentó en el suelo y contempló el territorio natal por espacio de varias horas. Eran los tiempos de Strossner. Años después Bareiro-Saguier regresaría a Paraguay y yo no volvería a verlo ni a tener contacto con él; pero nunca he olvidado esa tarde en la que me abrió su herida purulenta. Para ese entonces yo ya tenía el suficiente criterio intelectual y la suficiente sensibilidad política y social como para comprender el terrible drama que me contó en pocas frases; por eso entiendo los versos de Clara Schoenborn: “Ha sido este silencio/la sustancia de mi viaje” (Poema Inmigrante) (Op. cit. Clara Schoenborn. Apidama Ediciones. Bogotá. 2013). Por otra parte, la sociedad francesa es muy diferente a la de hace treinta o treinta y cinco años. Ahora hay mayor apertura, menos xenofobia y muchos más extranjeros que en esa época. Eso no quiere decir que sea una sociedad perfecta, no lo es y no lo será nunca; pero al menos hay más respeto por la otredad. También es cierto que lo veo con mis ojos de latinoamericana integrada a esta sociedad que admiro y respeto; y además tengo la doble nacionalidad. Sin embargo, eso no me impide ser crítica y ver los desmanes que produce la xenofobia y la islamofobia en un país que se considera garante de los Derechos Humanos. Pues bien, un tema así no podía pasarme desapercibido con la lectura de El pianista que llegó de Hamburgo. El exilio, el desarraigo, el eterno deambular de un lugar a otro, sin nunca poder echar raíces, es el otro drama de Pfalzgraf. Como judío-alemán debió huir de su país donde se llevaba a cabo una política de exterminio -no sólo de su pueblo, sino de los roms, de los comunistas y de los homosexuales- e instalarse en uno al otro lado del orbe, Colombia. Esta política, no hay que olvidarlo, correspondía a un sentimiento muy generalizado en Europa hasta la Segunda Guerra Mundial: El odio y la exclusión de los judíos. Un sentimiento común en todas las clases sociales, sin importar el grado de instrucción que se tuviese, lo que incluye a muchos intelectuales que habían crecido en una ambiente de antisemitismo que consideraban normal. Es el caso de Virginia Woolf. -¿Cómo?, diría mucha gente, si Leonard, su marido, era judío. Y si, lo era. Pero eso no evitaba que Virginia Woolf haya sido antisemita como la sociedad de su época y como todos los integrantes del grupo de Bloomsbury. Su diario personal, el que llevó rigurosamente cada día de su vida, así lo atestigua. Nunca aceptó a su suegra, ni siquiera la invitó al matrimonio. No sólo porque no pertenecía a su círculo social y económico, así Virginia después de la muerte de su padre siempre hubiese tenido problemas económicos, sino porque la madre de Leonard era judía (3). También habría que recordar a otro de los grandes intelectuales antisemitas, el francés Louis-Ferdinand Céline. Sin olvidar los nexos de Heidegger con el Nazismo. Cabe recordar que los intelectuales y artistas solo conocieron La Solucion Final cuando la guerra terminó. No obstante, Heidegger, entre otros intelectuales de la época, nunca se disculpó ni renegó de sus escritos antisemitas y a favor de Hitler. Volviendo a la novela que nos ocupa, El pianista que llegó de Hamburgo, yo diría que el párrafo mejor logrado, en lo que se refiere al drama del exilio, es cuando Pfalzgraf se da cuenta que definitivamente ha perdido todos los puntos de referencia. Ya no es un hamburgués, rara vez se acuerda que es judío, ni siquiera los suyos lo aceptan como tal ni a él le interesa ser aceptado ni ser reconocido como uno de ellos; pero tampoco es un colombiano. Mientras que él piensa y habla en español, sus lenguas maternas, el alemán y el yiddish, ni siquiera lo visitan en sus noches de desvarío; para la gente del común sigue siendo el alemán, el extranjero loco que va trás los pasos de una mujer muerta. Y si hago enfásis en el idioma es porque raramente se habla que una segunda o tercera lengua puede convertirse en la lengua materna; sobre todo cuando se la ha elegido y se ha hecho todo lo posible por conocer sus vericuetos y secretos más recónditos. Y Pfalzgraf ha adoptado el español como si fuese la lengua que lo acunó en las lejanas noches de su infancia. Él no pelea con la lengua de Cervantes, al menos con la que se habla en Colombia, él la ama, como se ama a una amante huraña que poco a poco termina por caer rendida a los pies del eterno pretendiente. Yo diría que Pfalzgraf siguió sin saberlo los pasos de Jorge Semprún cuando éste último recuerda su relación visceral con el francés: “En lo que a mí respecta, había escogido el francés, lengua del exilio, como otra lengua materna, originaria. Me había escogido nuevos orígenes. Había hecho del exilio una patria.” (Jorge Semprún. La escritura o la vida, Fábula Tusquets Editores, pág. 293). Aunque yo diría que en el caso de Pfalzgraf, no se buscó una patria sino una Matria. La encontró en Colombia. La esquiva, la violenta, la de los paisajes inhóspitos y grandes llanuras, la de los incendios que aparecen en todas partes. Y aún así él, el pianista que llegó de Hamburgo, decidió quererla y dormir con ella por el resto de su existencia. Hablando, además, en otra lengua, la lengua del exilio, en la que nunca pensó en los largos años de su encierro en el sótano de Hamburgo cuando debió esconderse de las razias de los SS. El pianista que llegó de Hamburgo es el libro del exilio por antonomasia, es el libro del miedo del presente y de la angustia por el futuro, es el libro de la evocación frente a un mundo nuevo en el que no encuentran ningún punto de referencia, o al menos muy pocos, con el mundo desaparecido; el mundo que duerme en lo profundo de nuestra memoria. Sin embargo, el pasado siempre nos atrapa, nos encarcela detrás de barrotes de olvido y bruma, ya que las trompetas de guerra suenan en los oídos de Pfalzgraf y terminan por ganarle la partida. Pfalzgraf, después del bogotazo y de su estadía en los Llanos, entenderá que la guerra no es que le pise los talones sino que siempre está tres pasos delante de él. “No podría regresar a Hamburgo, su sótano desapareció en el bombardeo, tampoco a la casa de La Candelaria para incendiarla como lo hacían los indígenas huitotos al morir, enterrados en la maloka que habitaron. Una vez quemada la maloka era abandonada porque a ella había entrado la enfermedad, la tragedia y la muerte. Hendrik no era jefe de nada, se creía un fracasado de todo. Tampoco podría ser vestido de ceremonia ni mecido dentro del chinchorro, nadie lo lloraría. No lo enterrarían en una fosa de cuatro metros con una gran totuma de ambil, zumo de tabaco para matar la enfermedad que lo agobiaba, para atrapar por siempre y no dejar escapar el espíritu maligno que lo mató, ni sembrarían un árbol sobre su tumba, ni incineraría ninguna tribu porque carecía de todo. ¿Podía quemar los retratos de sus parientes? No supo en qué momento se volvió viejo y cómo pasaron esos diez años bajo la sombra de las grandes ceibas; tampoco cómo superó las pestes que lo rezagaron en muchas caminatas, ni mucho menos por qué se mantenía vivo entre alimañas y enfermedades.” (Idem, pág. 221) Pero antes, diez años atrás, le había dicho a Matilde : “Soy de Hamburgo, huérfano y desamparado, desplazado por la guerra. Perseguido aún por Hitler. Abandonado por el amor y por una única hija. Dolido por la soledad. Eso es tu profesor: poca cosa.” (Idem, pág. 145) En otras palabras exiliado en sí mismo. Como lo somos todos los seres humanos en mayor o menor medida; así la mayoría no lo reconozca o no alcance a entenderlo. Pfalzgraf, en la búsqueda de sí mismo, terminó desaviado, definitiva e inexorablemente, en el laberinto de su memoria. Tal y como le había sucedido años antes a Carlos Arturo Aguirre cuando se perdió por entre los zaguanes y las esquinas y en las noches de amor robadas a las empleadas domésticas después de llegar a su casa en el estado de seminconsciencia que deja una botella de alcohol bebida con la única compañía que brinda la soledad: el desarraigo y la errancia. Pfalzgraf y Carlos Arturo Aguirre se perdieron por los intersticios de la peste del olvido, fueron barridos por el mismo viento que borró a Macondo. En este sentido Pfalzgraf y Carlos Arturo Aguirre son antihéroes -o héroes al revés-; podría decirse incluso que son como una metáfora de la inutilidad que representa cualquier esfuerzo que se haga por mejorar la condición humana. Como si fuesen dos aparecidos o zombis que vagan por los terrenos áridos del desamparo, de la evocación, del olvido y del olvido final que es la muerte. Son antihéroes que saben que la esperanza es una quimera inútil y que por más que lo intenten no podrán escapar a los designios de su propio drama; de ahí que se ahoguen en el alcohol y en las drogas. Una forma de poder mirarse en el único espejo que verdaderamente importa: el que nos revela la carencia absoluta de humanidad en el ser humano. En otras palabras el deseo perenne de caer en un abismo sin fin sin que halla una red en la mitad que nos impida seguir buscando el fondo. Lo que para Pfalzgraf es otra forma de recitar eternamente el Kaddish, la plegaria de los muertos. En otras palabras sabe que la música y la muerte son sus únicas certezas, sus únicas posesiones. Pfalzgraf y Carlos Arturo Aguirre no entienden, o simplemente no les interesa entender, el mundo en el que viven; saben que sus vidas están signadas por la fatalidad. Es por ello que renuncian de antemano a buscar una salida que los aleje del precipicio en el que han caído. Ya no son los héroes de las sagas nórdicas que buscan salvar a su pueblo y por ende a sí mismos; ni tampoco son Sigfridos que pueden atravesar el fuego sin que nada les suceda, no están protegidos por la sangre del dragón, ni poseen cascos para poder ser invisibles, ni tienen una espada mágica que los haga invencibles. Por el contrario, son antihéroes que están condenados a errar eternamente en el infortunio. Así que simplemente se entregan al ojo del huracán, como si fuese la amada a la que se ha esperado desde siempre; solo que en su ojo no hay valquirias que los esperen, solo están la ocuridad y la oquedad de la noche.

martes, 12 de enero de 2016

III PARTE: EL PUZZLE DE LA HISTORIA O EL AROMA A TRÓPICO DE JORGE ELIÉCER PARDO

LA INTERTEXTUALIDAD: El Pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde son también un soberbio recorrido y un gran homenaje a dos obras cumbres de la literatura colombiana : Cien Años de Soledad y La Vorágine; sin olvidar a José Asunción Silva y la obra de Vargas-Vila. Jorge Eliécer Pardo establece un diálogo profundo con los autores fundacionales de la literatura colombiana. Por supuesto que solo la palabra pianista nos hace pensar en Pietro Crespi, el eterno enamorado de Amaranta. Y es que Hendrik Joachim Pfalzgraf tiene mucho de ese italiano extraviado en el amor, fugado sería la palabra adecuada, que es Crespi. Los dos tienen ese aura de desamparo que los persigue hasta más allá del delirio. En ese laberinto sin Dédalo, Pfalzgraf busca a Matilde, a veces la encuentra en el rostro esquivo de Julieta-Matilde para terminar por refugiarse en una senilidad que lo conduce a los puertos del pasado donde finalmente se reune de nuevo con ella, con la verdadera, con Matilde Aguirre. … “amante, maestro, preceptor. Espejo sin imagen, tiempo sin tiempo. Quiero irme lejos contigo. Dejaré a mi hijo por ti. Me mostrarás la salida de los barcos y navegaremos por tus mares y lagos”. (El Pianista que llegó de Hamburgo, pág.277) Pero antes de penetrar en ese laberinto, se había internado en otro, en la jungla, donde le contaron que por allí había viajado otro abatido, el poeta Arturo Cova. (Idem, pág. 219) con la diferencia que Pfalzgraf logró salir de ella; para luego perderse en otra aún más huraña y hostil, el mundo de los habitantes de la calle, de los innombrables, de los ñeros, como comúnmente se denomina a esos hombres y mujeres -lo que no es sino otra forma de ignorar su existencia- que han perdido la brújula de sus destinos y que vagan en el remolino de la Calle del Cartucho. Mientras Pietro Crespi se suicida ante la negativa de Amaranta de corresponder a su amor, Pfalzgraf se pierde en las drogas y en el acohol. Otra forma de suicidio, si se quiere aún más radical que la de Crespi. Otro elemento recurrente que une al pianista de Hamburgo con Cien Años de Soledad es el color amarillo. En este caso no son las mariposas de Mauricio Babilonia que lo preceden por todas partes sino una flor amarilla que lo espera en el futuro: “Las mujeres, todas, le parecían bellas; pero sabía que una, con una flor amarilla en la mano, caminaba desde el futuro hacia él”. (Idem, pág. 103) Luego : “La esperaba, dispuesto a todo; al cerrar los ojos e imaginar que era la mujer que vino del futuro con una flor amarilla en la mano intentó acercar sus labios gruesos a esa boca que aún hablaba de despedidas.” (Idem, pág. 125) Más adelante : “En la sala había un enorme ramo de rosas amarillas. Quiso olerlas y pasar los dedos por la textura de sus pétalos pero su alumna Matilde apareció al lado de su esposo. La miró como si hubiera emergido del mismo ramo amarillo y quedó ensimismado porque ya no pudo entender nada de lo que decían. De nuevo, en su cuarto del segundo piso, supo que ella era su alumna dorada, la que le cambiaría la historia en su nueva vida. Le pareció oír la voz de Matilde: Jamás comprendí las palabras de los hombres, crecí en los brazos de los dioses.” (Idem, pág. 137). Por otra parte la frase -Jamás comprendí las palabras de los hombres, crecí en los brazos de los dioses- nos remite inmediatamente a la intuición anteriormente desarrollada: Matilde es una mujer éterea, inexistente. Estas alusiones a Mauricio Babilonia, como muchas otras, hacen que la obra de Jorge Eliécer Pardo navegue en una enorme ola por el mar insondable que es el realismo-mágico de Gabriel García Márquez, sin sacrificar su impronta, su huella, su sello personal. En cuanto a Carlos Arturo Aguirre se refiere, si bien no se interna en la selva ni consume drogas, ni vive en hoteluchos, ni prostíbulos de mala muerte, ni vaga por las calles de los desposeídos como Pfalzgraf, si va trás los pasos de Cova y sin saberlo sigue los mismos senderos del que en un futuro sería su yerno; aunque él nunca lo llegase a conocer ni a saber de su existencia, al menos no de forma concreta, sólo velada. Es importante anotar que la saga El Quinteto de la Frágil Memoria, de la cual hacen parte los dos libros a los que hago referencia, bucean permanentemente en un mundo onírico, propio del trópico, pero que tiene también raíces muy profundas en África; piénsense por ejemplo en Mia Couto y en su magnífica obra El último vuelo del flamenco. Y es que cuando se habla de surrealismo generalmente se piensa en André Breton, Louis Aragon, Paul Eluard, Jacques Prévert, Antonin Artaud o Max Ernst; quienes por la década del 20 ya conformaban un grupo sólido que habría de transformar la literatura y las artes plásticas del siglo XX. Y cuando se trata de América Latina comúnmente se piensa que éste llegó con Ernesto Sábato o con Alejo Carpentier. Sin embargo, este último aseguraba en Haití, en el año de 1943, que estaba ante los prodigios de un mundo mágico, de un mundo sincrético, de un mundo donde hallaba al estado vivo, al estado bruto, ya hecho, preparado, mostrado, todo aquello que los surrealistas fabricaban demasiado a menudo a base de artificio, en cuanto a la literatura se refiere; puesto que en pintura habría que mencionar a Wilfrefo Lam y a Frida Kahlo. Algunos dirán que la misma Frida decía que ella había conocido El Surrealismo cuando Breton le dijo que su obra era onírica. Lo que ella omitió es que tenía la suficiente cultura artística para conocer muy bien que era lo que se estaba haciendo en Europa, más específicamente en Francia. Aunque también es cierto que decir que nunca había oído hablar del Surrealismo le daba un aura de originalidad que ella deseaba para construir su mito, su imagen de diosa, tal y como se representó ante sus amigos poco antes de su muerte. Este mundo, preparado, mágico, no es único de la zona caribeña sino inherente a toda la América Latina. Y ésto fue precisamente lo que José Eustasio Rivera intuyó al escribir La Vorágine, editada en 1924, el mismo año en que aparecía El Manifiesto Surrealista de André Breton. Las imágenes oníricas, utilizadas por Rivera, habrían de cambiar el concepto que se tenía hasta ese momento de la literatura colombiana en particular y de la latinoamericana en general. La importancia y la influencia de su obra son hoy en día innegables, sobre todo para los autores de los años 20 y 30 del siglo pasado. Donde mejor puede observarse esta característica surrealista en La Vorágine es precisamente en la descripción que hace el autor de la naturaleza, en la que rompe con los postulados idealistas de Rousseau que hablaban de una naturaleza idílica en la cual el hombre podría vivir en perfecta armonía y en un estado de permanente felicidad. Paisaje que será tomado posteriormente por los románticos. La naturaleza vista por Rivera es, por el contrario, una fuerza destructora, avasalladora, que conduce al hombre al extravío mental y que termina engulléndolo. El verdadero protagonista de la obra no es Cova sino la selva misma. José Eustasio Rivera la transforma en una materia antropozoomorfa, dueña de una fuerza indecible, y por qué no decirlo, hasta maléfica. La naturaleza sufre un cambio profundo en la temática latinoamericana y a partir de ese momento ya no volverá a ser tratada como el escenario de fondo del Buen Salvaje roussoniano. Sin olvidar que es una novela de denuncia social y política. El autor es testigo directo de la explotación de la Casa Arana y si bien su relato es descarnado está lejos de ser panfletario. A estas alturas Cova ya ha dejado de ser un simple intelectual urbano que se adentra en una zona jamás imaginada para conocer una realidad de miseria y explotación infrahumanas en las que las ansias de poderío superan toda esperanza de cambio o de conmiseración cristiana. Y es aquí donde Pfalzgraf va a camuflarse utilizando como artificio la piel de Cova. “En la zona sur del Putumayo encontró a veteranos caucheros cicatrizados por la esclavitud de las compañías que los trataban de irracionales y salvajes; que con el cambio de luna y amarrados al cepo, les supuraban las heridas de los viejos latigazos propinados por los hermanos Julio César y Lizardo Arana, laceraciones que curaban con el jugo lechoso extraído del siringa o árbol de caucho después de haber sido vendidos por el temible Funes a la Peruvian Amazon Company. … Muchos aborígenes lo confundieron con un misionero de los que llevaron la evangelización, pero al saber que superaban el recuerdo de una mujer, lo condujeron a lo profundo de la manigua para que tomara las pócimas que ellos preparaban y dejaban a la luz de la luna para arrancarle la pena del corazón. La voz de que había un blanco enamorado recorriendo el sur de Colombia y que viajaba hacia el Brasil, que no era humano sino que había caído del cielo a una de las lagunas de la llanura, pasó de boca a oreja por los paisajes remotos. Le dijeron que por allí había viajado otro abatido, el poeta Arturo Cova, en busca de un amor devorado por la selva.” (Idem, pág. 218-219) Sólo que Pfalzgraf habrá que esperar a otra jungla para ser engullido, la de cemento que le espera a su regreso a Bogotá; cuando sus pasos, guiados por el alcohol, el delirio y la soledad, lo conduzcan por los vericuetos de la calle del Cartucho. Pero antes Carlos Arturo Aguirre se había sumergido en el alcohol y en el desvarío de un amor extraviado, perdido en las nebulosas de su memoria, oculto en los zaguanes del barrio Egipto, en las calles amadas por la lluvia y barridas por el viento. Grita su amor en cada esquina, en cada portal. No le importa que lo vean llorar por la mujer que lo abandonó cuando creía que ya nunca se iría. En ese sentido Carlos Arturo Aguirre difiere del concepto de hombría tan arraigado en la cultura machista y misógina del colombiano común y corriente. Lo que lo hace casi que un hermano gemelo de Crespi. El desamor y la pérdida de la mujer amada no los impulsa a buscar otro amor sino a abrazar literalmente a la muerte. Crespi se lanza en sus brazos, como otros lo hacen desde lo alto de un arrecife para caer en picada libre en el mar agitado; mientras que Carlos Arturo Aguirre bigardea en esa otra muerte que brinda el alcohol y que no es sino otra forma de suicidio. Como lo haría años después el amor de su hija Matilde, Pfalzgraf. Y ésto me lleva a otro asunto recurrente en su obra : la soledad. LA SOLEDAD : La soledad, como el amor, la muerte o el exilio, entre muchos otros temas, hacen parte de la literatura. Aparecen desde Homero, pasando por Safo y luego por Shakespeare o Cervantes o Baudelaire, hasta llegar a Virginia Woolf o Marguerite Yourcenar o Sábato o García Márquez o Philippe Roth o Amos Oz. Sin olvidar los mitos y leyendas que han existido desde la noche de los tiempos y que han sido fuente inagotable de la tradición oral de todos los pueblos y culturas. Son temas inagotables, perennes, inmutables, así la aproximación de cada autor nos los muestre de una forma diferente. Y si son eternos es porque son la esencia misma de la existencia humana. Las interrogantes que suscitan atañen a problemas metafísicos inherentes a cualquier persona; independientemente de la cultura o pueblo a la que se pertenezca. En el caso de la Soledad, hay una frase que penetra como un puñal afilado : “Estaba a punto de volverse retrato como los que colgaban en su sala” (Idem, pág. 117) Es una descripción de la soledad, no la que buscamos para vivir y trabajar en paz, sino la que nos impone la vida, sumiéndonos en un túnel oscuro y aparentemente infinito. Y si digo que esta frase tiene el filo de un puñal afilado, es porque Pfalzgraf siente como va borrándose, desdibujándose en el tiempo y en el espacio, como si tuviese dificultades para ver su imagen reflejada en el espejo, como si la soledad le robase su identidad. Así como había vivido oculto por varios años en el sótano de la casa de su tío, para evitar ser una más de las sombras de los trenes sin regreso que viajaban a los campos de exterminio nazi, otra forma de borrarse a sí mismo, vuelve a ocultarse en los vericuetos del desamparo para evitar el delirio que lo acosa con el disfráz de la soledad. Sin embargo, ese delirio acabará por darle alcance años más tarde, cuando se interne ineluctablemente en las sombras de la decrepitud y de la senilidad. Pero mientras tanto trata de hacerle frente y de no caer definitivamente es sus fauces. Y como en los tiempos de la guerra es la música la que logra mantenerlo a flote. Podría decirse que es ella, la música, su verdadera amada, y que es a través de ella que construye, que crea y recrea, que inventa a la otra, a Matilde y a Julieta-Matilde. También podría decirse que Pfalzgraf, gracias a la música, se reinventa a sí mismo para poder seguir existiendo, para no internarse aún en las brumas del olvido. Más adelante, en las nebulosas de ese olvido, podrá perder la capacidad de oir, pero nunca estará sordo a la música, su verdadera amada que simpre lo acompañará; y él la intrepretará, como si acariciase sus muslos, en intrumentos imaginarios. Pero antes de ese momento el piano es una barca que le permite bogar por las aguas de la imaginación y poder burlar por algún tiempo al delirio que lo persigue para lanzarle la flecha del desvarío. Otras veces es su mascarón de proa que lo guía en los bancos de niebla de la desesperanza y de la soledad. No obstante, no podrá escapar nunca de ella, ya que al final el olvido, otra de las máscaras de la soledad, le nublará el presente; sobre todo cuando se acueste en la cubierta a dormir la siesta, ya no en la barca sino en la nao de Leteo. En cuanto a Carlos Arturo Aguirre se refiere es gracias al olor que puede ir trás de las huellas de su amada y a veces inventada Baronesa. “Tenían por costumbre reconstruir el pasado como una forma de vivirlo de nuevo. Recrearon el domingo en el Parque de los Novios cuando se dijeron a qué olía cada uno. Ella a jazmines y rosas de mayo y él a agua de colonia. No se confesaron que ese olor era parte del goce cuando pasaban sábados y domingos en la cama, jugando a no dejarse nunca. A pesar del abandono, el olor lo perseguía en los insomnios, perdía la respiración y se asfixiaba tanto que debía darse golpes en el pecho al pensar en la separación definitiva. ¡Ese olor, Dios mío, ese olor!, lo buscaba por la casa, entre el armario, en el jardín interior, en los huecos de los fogones de la estufa, en la alacena y los frascos, en las vajillas y las prendas, en la ropa de cama, en todas partes” . (La Baronesa del Circo Atayde, pág.108) Pero es también ese olor, sumado al del alcohol, la cuerda floja en la que camina como un sonámbulo-funámbulo tratando de no caer al vacío, a la nada, que es la soledad. Sin embargo, está consciente que la cuerda siempre se rompe por la parte más delgada; y que la soledad, que lo atormenta en sus noches de pesadilla, es la constatación de la presencia éterea de su amada María Rebeca. Al menos bajo los efluvios del alcohol puede creer que si existió, que no es un invento de su mente febril o de un delirium tremends que lo lanza ineluctablemente al vacío, una y otra vez, hasta el infinito, hasta el agotamiento total. Por eso no le importa que los vecinos sientan lástima por él o lo consideren el pobre loco del barrio Egipto.