sábado, 12 de junio de 2021

Los Abismos, de Pilar Quintana, Premio Alfaguara 2021

 PÍLDORAS LITERARIAS

Novela: Los abismos
Autora: Pilar Quintana
Premio Alfaguara de Novela 2021
246 páginas
Cuando supe que Pilar Quintana había ganado el premio Alfaguara de novela 2021, con Los abismos, me dije a mí misma que apenas pudiera compraría su libro; algo que pude hacer ayer y hoy mismo lo leí. Normalmente desconfío de los premios Planeta y Alfaguara; y en este caso compré la novela en cuestión porque La perra, una de sus novelas, es, al menos para mí, una pequeña joya literaria.
La verdad es que la desilusión no podía ser más grande. Los abismos, me pareció una obra bastante banal; incluso como ejercicio literario la encuentro extremadamente pobre, podría decir que es una escritura que raya en la pereza. Cuando la leía sentía a veces como si se tratase de una novela de amor de las que se venden en los kioskos de revistas; además la trama es bastante predecible. En otras palabras es una novela que no me generó ninguna expectativa. Cuando leo un libro siempre espero ese momento de epifanía que yo llamo "perplejidad"; y por supuesto, eso no ocurrió con Los abismos. Creo que los dos primeros capítulos podrían haberse escrito en solo 20 páginas y la novela en sí en unas 90 o 120 como máximo. Hay algunos párrafos del 3o capítulo que están bien escritos; sin embargo, eso no amerita un premio de tal envergadura. Al premio en cuestión se presentaron 2428 obras que leyeron los jurados externos, el jurado principal solo leyó 7.
Lo que siempre se ha dicho es que una vez que estas dos editoriales desean promocionar a un autor que ya es conocido, como es el caso de Quintana, lo invitan a participar. Los cientos de autores que ingenuamente envian sus obras generalmente solo serían leídos por los jurados externos. Y por supuesto, esto no quiere decir que este sea el caso de Los Abismos; son solo rumores que circulan desde hace muchos años.
Esto es lo que escribí sobre La perra:
https://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/la-perra-premio-biblioteca-narrativa-colombiana-2018-pilar-quintana?fbclid=IwAR2xjjhO0FYaHSR2apZafzIBgHncM-hgHNqWU_TGO9y1q0Nlx6UvjzX-aCg
Debo decir que he leído varios premios Alfaguara y ninguno me ha dejado con la sensación de haber leído una buena novela. Solo he escrito sobre 2 libros:
Esta es la reseña que escirbi sobre Abril rojo:
https://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/abril-rojo-de-santiago-roncagliolo?fbclid=IwAR1mEGSM7pVMfAjwKtMPdpWnLiTvtujjjvdTTR9st5v9AT2LbtEFUMFzY7M
Y esta es la reseña que escribí sobre Contigo en la distancia:
https://blogs.elespectador.com/cultura/el-hilo-de-ariadna/premio-alfaguara-de-novela-2015-contigo-en-la-distancia-de-carla-guelfenbein?fbclid=IwAR3kht6qf54dEmFrMaaMur0NcQRwEEo5pPnBAt8dhTv6xgdZ_7xh0Itgr4k

domingo, 4 de abril de 2021

BRUJAS O HECHICERAS

 BRUJAS O HECHICERAS

Berta Lucía Estrada Estrada

NOTA: Este artículo forma parte de mi libro …de ninfas, hadas, gnomos y otros seres fantásticos (Sial Pigmalión-Pijao Editores, España, 2018):

https://sialpigmalion.es/libro/ninfas-hadas-gnomos-otros-seres-fantasticos/

 

 

La bruja levantó los brazos como si quisiera volar, y con este movimiento indicó al jinete rojo que prosiguiera su carrera desenfrenada a través del espacio (La princesa rana - Cuento popular ruso). 

La bruja, o hechicera, es un personaje legendario, se re- monta incluso a la época de los faraones egipcios. En el libro Las Sociedades Secretas, de Peter Gitlitz, se menciona un papi- ro encontrado en una de las pirámides donde puede observarse a Ramsés III con punciones en diversas partes del cuerpo, lo que coincidía con las dolencias reales del faraón; según el papiro ésto habría sucedido en el año 1.100 a. C. 

En la Grecia antigua también se practicaba el oficio de la brujería. Los autores clásicos hacen alusión a estos enigmáticos personajes y a sus pócimas mágicas.Teócrito nos habla de ellas en su obra Idilios: 

“En una noche serena, en un poblado junto al mar. La luna y las estrellas destacan en el cielo... Ante una hoguera, dos mujeres se dedican a hacer conjuros y hechicerías amorosas... entre hierbas, laureles, vellones de oveja, harina, filtros, fórmulas y varios instrumentos hechiceriles, Simeta invoca a la Luna, a Artemis y a otras diosas para lograr de nuevo el amor de su idolatrado Delfis” (1 Idilios. Teócrito. Aguilar S.A. de Ediciones, 1963. España. Pág. 37 ) 

Más tarde Horacio hace referencia a una mujer de nombre Canidia, cuyo oficio era la preparación de perfumes y de bebedizos para rendir culto a Príapo, el dios del sexo. 

Pero las brujas de la antigüedad estaban muy lejos de ser consideradas como los seres maléficos del Medioevo. En el mundo antiguo, como ocurre aún hoy en día en los llamados pueblos naturales, no se hacía una clara distinción entre magia y religión. La preparación de brebajes, así como el ejercicio de la magia, estaban reservados a personas que gozaban de gran prestigio dentro de la comunidad. Por otra parte, sólo se podía ejercer este oficio el elegido que hubiese cumplido con largos y penosos años de aprendizaje. 

La persecución de las brujas sólo se inició en el siglo XIV. En realidad las mujeres que serían posteriormente perseguidas, torturadas y asesinadas en la hoguera, o ahogadas en los ríos, eran sacerdotisas al servicio de diosas de antiguas religiones precristianas, en su gran mayoría de origen panteísta. Su gran crimen fue seguir profesando las creencias de sus antepasados en una época donde el cristianismo luchaba por asegurar su do- minio como única religión monoteísta en territorio europeo. 

En la Alta Edad Media las brujas eran aquellas mujeres campesinas que conocían muy bien su entorno, sabían que plan- tas eran benéficas para las diversas enfermedades que aqueja- ban a su familia y comunidad. Pero por este conocimiento, que además era un oficio ejercido por los judíos, a quienes sólo se les permitía ejercer los oficios concernientes a la medicina y a la de prestamistas, serían perseguidas implacablemente por la Santa Inquisición, persecución que se haría extensiva también a los judíos, aunque los móviles fueran muy diferentes. El manejo de las pócimas curativas, es decir las primeras nociones científicas, no podían ser del dominio femenino. A las brujas se las comenzó a quemar supuestamente por herejes; pero la razón verdadera era por ser amantes del conocimiento. No solamente las quemaban vivas, sino que las sometían a torturas y vejámenes sin límites; para lo cual se desarrollaron aparatos de una alta sofisticación como la Dama de Nuremberg. Sin embargo, la peor tortura era la psicológica; la persecución que se les infligía llegaba a límites tan insoportables que sucumbían rápidamente en la histeria colectiva, lo que agravaba aún más su situación, puesto que sus torturadores afirmaban que estaban poseídas por el diablo. En Alemania, por ejemplo, la caza de brujas llegó a cotas tan altas que en muchos poblados se quedaron sin mujeres. Sólo en Bamberg la cacería condujo al asesinato de 600 personas, la mayoría de ellas mujeres, incluyendo a las niñas y algunas veces a los hombres; por otra parte hay que tener en cuenta que los poblados rara vez superaban los 2000 o 3000 habitantes. 

Posiblemente el juicio más famoso sobre la cacería de brujas fue el de Salem (Estados Unidos) en el invierno de 1.602; llevado magistralmente a las tablas por el dramaturgo Arthur Miller. Las acusadas, al menos en un principio, pertenecían a las clases menos favorecidas, la primera en ser acusada fue una esclava llamada Tituba, lo que la excluía de los derechos otorgados a los habitantes del pueblo. Le siguieron una pobre mendiga y una mujer que vivía con un funcionario sin que es- tuviesen casados. Estas mujeres eran consideradas como una mancha para la comunidad puritana de su tiempo, se salían de los convencionalismos exigidos por la época; por lo tanto no encajaban dentro de su comunidad. La cacería sólo paró cuan- do llegó a las capas más importantes de la sociedad, dieciocho meses después de haberse iniciado. Había dejado diecinueve muertes, entre ellas la de un hombre. Frente a las muertes de 


Europa, especialmente Alemania, esta cifra parece ridícula, no obstante, dejó una herida profunda en la sociedad norteamericana; y si Arthur Miller no hubiera exorcizado ese dolor, es muy posible que la herida nunca hubiese cerrado del todo. Se cree que la razón verdadera que motivó todo el juicio fue una disputa concerniente a la posesión de tierras. 

Ahora bien, ¿quiénes eran en realidad estas mujeres llamadas brujas?

Después de la persecución emprendida por la Santa Inquisición, a las brujas se les ha identificado siempre con el mal, con las fuerzas ocultas y con el culto a Satanás. 

La cacería de brujas corresponde a la represión religiosa y sexual, ésta última derivada de un fuerte sentimiento de misoginia, acentuada por la sociedad patriarcal. 

La represión, si bien había comenzado desde el siglo XIV, no es sino hasta el año de 1.560 cuando se pondrá en marcha la gran maquinaria de horror e ignominia en contra de las mujeres conocidas como brujas. Dicha persecución obedeció a oscuros sentimientos de poder político y ambición económica. Por supuesto que había una creencia generalizada en cuanto a la hechicería se refiere, hechicería que era mal comprendida, puesto que las mujeres que la practicaban eran generalmente curanderas y parteras que por su mismo oficio, como se anotaba anteriormente, conocían muy bien su entorno natural, por lo tanto sabían que plantas tenían propiedades medicinales; algo que podía parecer insólito para el escaso o nulo conocimiento científico de su tiempo. 

Cuando la cacería se desató, cualquier acontecimiento que supuestamente se saliera de lo normal, era considerado de origen satánico: una enfermedad, la muerte de un ser querido o de un animal, una sequía o una inundación. Incluso si una mujer auxiliaba a alguien con hambre y éste moría poco tiempo después, la mujer en cuestión podía ser acusada de poseer poderes maléficos. Es de suponer que estas creencias, que simplemente correspondían a la ignorancia que se tenía sobre la ciencia o sobre las fuerzas naturales, contribuyeron al ejercicio de venganzas personales. Pero también “cazar” brujas otorgaba poder político dentro de la comunidad a la que se pertenecía, puesto que el “cazador” ganaba “respeto”, un respeto que como es fácil suponer era más bien derivado del temor a ser también acusado de prácticas de hechicería. 

El oficio de cazador llegó a ser verdaderamente lucrativo desde todo punto de vista, ésto incluía la edición de manuales que enseñaban como combatir la brujería. El más famoso de todos fue el Malleus Maleficarum. En Francia, por ejemplo, el juez que mandase a la hoguera o a la horca a cierto número de brujas adquiría prestigio dentro de su profesión y en el seno de la sociedad de su tiempo. 

Los hombres que también cayeron dentro de esta ignominia generalmente habían sufrido en carne propia la persecución de sus hijas, sus esposas, hermanas o madres; es decir, habían caído en desgracia ante su comunidad. Se estima que entre 1.560 y 1.760 murieron asesinadas en territorio europeo más de cien mil brujas; lo que significaba que cualquier rescoldo de las religiones consideradas paganas había sido sofocado por las Iglesias Católica y Protestante. 

Sin embargo, en sus inicios estas mujeres simplemente eran magas, personajes benéficos a los que se acudía cuando se tenía un problema que resolver, una enfermedad que curar, un hijo que llegaba al mundo, o simplemente ayudar a un enfermo terminal. Por eso, en muchos relatos antiguos estas mujeres con poderes mágicos aparecen unas veces como la maga y otras como la bruja, es un personaje ambivalente, por lo que el lector, o la persona que escucha el relato, no está muy seguro que en realidad se trate de un espíritu maléfico. De ahí que tengan la facultad de transformación. Unas veces son ancianas benevolentes, entonces son llamadas magas (aunque en el mismo relato se le denomine más adelante bruja cuando se descubra su verdadera condición, tal y como sucede en el cuento popular ruso La Reina Rana), y cuando son llamadas magas invitan a la protección. Incluso esta característica llega a tener connotaciones socioculturales bastante importantes, ya que en los cuentos españoles de la Edad Media las mujeres que son acusadas de practicar hechizos son las moras, y en los cuentos árabes son las cristianas las que posen poderes sobrenaturales; tan poderosos que incluso pueden llegar a producir la locura a los caballeros morunos que se enamoren de ellas. Otras veces las brujas son hermosas mujeres que incitan al descanso y a la pasión, aunque luego se transformen en mujeres diabólicas que terminan por arruinar la vida de los amantes que sucumban ante ellas, como Morgana, la media hermana del rey Arturo:

“Morgana era la más bella... esbelta, fuerte, con largos y rizados cabellos de un llameante rojo tan intenso como el sol poniente. De expresión inteligente, sus ojos felinos cambiaban de color a medida que avanzaba el día... era muy versada en las artes mágicas, porque había estudiado manuscritos antiguos repletos de arcanos hechizos” (El rey Arturo y sus Caballeros. Julek Heller y Deirdre Headon. Grupo Editorial Ceac S.A. Perú, 1993. Pág. 40 ) 

Morgana era una deidad de origen celta que vivía junto con sus hermanas en la isla de Avalón, bajo la égida de la Dama del Lago. Y contraria a algunas versiones de la leyenda del Rey Arturo, era una deidad benéfica. 

Y si bien Morgana, en la leyenda del Rey Arturo, es descrita como una mujer de exuberante belleza, en la mayoría de los casos a las brujas se les representa como ancianas de aspecto repugnante, harapientas, sucias, de uñas largas y afiladas, de pelo desgreñado y nariz aguileña, con un gran lunar en la pun- ta, y montadas en una escoba voladora. 

Al menos ese es el arquetipo dejado por los Hermanos Grimm y por Andersen, y en el cual pensamos siempre que se nos viene a la mente la palabra bruja, como en Hansel y Grettel, o Blanca Nieves y Los siete enanos, o la Bella Durmiente. En este último relato tenemos a una mujer de increíble hermosura, pero al momento de realizar sus conjuros mágicos, o de preparar sus pócimas, recupera su verdadera condición de mujer vieja y horrenda, para luego transformarse en una anciana dulce y bondadosa; es decir, de bruja se convierte en maga. En este cuento tenemos las tres características principales reunidas en un mismo personaje. 

En La Sirenita, de Hans Christian Andersen, se nos presenta a una maléfica bruja que vive rodeada de serpientes de todos los tamaños y su morada está construida con los huesos y cráneos de los hombres que se han ahogado en su territorio. Su más fiel amigo es un sapo al que le permite coger el alimento de su propia boca. Sobre su pecho anidan anguilas y bestias viscosas a las que llama con nombres cariñosos. 

En otro cuento de Andersen, El Compañero de Viaje, hay un personaje semejante a Morgana, una princesa de gran belleza, pero poseedora de una extrema crueldad, por lo que su pueblo la denomina con el apelativo de hechicera. Cuando Juan, el protagonista del relato, la conoce, no puede creer que esa mujer tan hermosa sea la protagonista de las leyendas que circulan en las callejuelas del poblado: 

“—Es imposible –se dijo– que sea una hechicera feroz como dicen. ¿Cómo con ese rostro tan dulce, podría hacer morir a los que no pueden adivinar sus pensamientos?” 

Todos los pretendientes que han osado acercársele han muerto porque no han podido superar la prueba que ella les impone: Adivinar sus pensamientos. 

“De cada árbol (del jardín de la princesa) colgaban los esqueletos de tres o cuatro príncipes que no habían podido adivinar el pensamiento de Su Alteza. Cuando el viento soplaba, los huesos de las víctimas entrechocaban y producían un ruido lúgubre. Ese ruido alejaba a los pájaros; ninguno llegaba a este recinto maldito. Las flores del jardín se sostenían en los huesos humanos. Cabezas de muertos servían de macetas. En ese espantoso lugar, gustaba pasear la princesa”. 

Pero en otro cuento de Andersen, La Reina de las Nieves, encontramos a una bruja muy diferente a las descritas en los anteriores relatos. 

“La mano de la anciana acariciaba el cabello de Gerda, y ésta, al contacto de los acariciantes dedos, iba perdiendo memoria de todo... La viejecita era una hechicera. Pero no una hechicera mala, ni una bruja: hacía encantamientos para distraer su vida solitaria”. 

Esta hechicera está más cerca de la figura de la maga benevolente, es la antítesis de la bruja descrita en La Sirenita. 

En El Señor de los Anillos, de Tolkien, también se encuentra la presencia de un brujo. En este libro aparecen di- versos personajes con conocimientos de magia, tanto benéfica como maléfica. En el caso que nos ocupa se habla de Sauron, el Señor de los Anillos, como un personaje poseedor de una extrema maldad; y con el anillo que él mismo forjó, busca apoderarse del mundo para su propio beneficio. 

Los cuentos infantiles contemporáneos, que tienen como personajes principales a las brujas, nos hacen una radiografía muy 

diferente a la bruja de los cuentos de hadas tradicionales. Generalmente, son mujeres bastante simpáticas, realizan hechizos más por diversión que por hacer el mal. En realidad son magas que viven aisladas en pequeñas chozas y sin hacerle mal a nadie. 

Es el caso de La Pequeña Bruja de Otfried Preussler.
 En la obra de Ruth Chef, Una Bruja en Casa, son dos niñas que se convierten en aprendices de una simpática bruja. O brujas que contribuyen al equilibrio ecológico, como La Bruja de la Montaña de la escritora colombiana Gloria Cecilia Díaz. 

En la tradición oral italiana también está la figura de la bruja Befana, amante de los niños, tal y como nos lo cuenta Gianni Rodari, en su libro Gramática de la Fantasía. Befana, vieja y fea como sus colegas de los cuentos de hadas, también vuela en una escoba. En la noche de Epifanía suele dejar rega- los en las medias que cuelgan al lado de la chimenea. En esta leyenda, que además hace parte de las costumbres italianas, se basó el escritor colombiano Ivar Da Coll, para escribir su libro La Bruja de las Medias Dulces, recurso completamente legítimo en la literatura, pero siempre y cuando se dé crédito a la fuente o al autor, algo que no ocurre en este caso. 

Las obras de autores contemporáneos que hablan sobre brujas tienen siempre la característica de mostrarlas como personajes que aman a los niños. Están muy lejos de ser representadas como el arquetipo de los cuentos tradicionales europeos. 

 

sábado, 20 de marzo de 2021

LOS PREMIOS LITERARIOS DE LAS EDITORIALES: EL CASO DE BOHEMIAN RAPSODY, DE CARLOS PARDO VIÑA

 LOS PREMIOS LITERARIOS DE LAS EDITORIALES

Mucho se habla de los premios literarios otorgados por las editoriales; y si bien Alfaguara y Planeta hacen concursos internacionales, con una bolsa importante, ese no es el caso de todas las casas de edición. La mayoría de ellas solo lo hacen como mecanismo de promoción de los libros que buscan vender en un lapso de tiempo muy corto; y por supuesto, de reconocimiento al autor.
Hace muchos años publico ensayos sobre autores diferentes, y en enero del 2017 escribí y publiqué en mi blog El Hilo de Ariadna, del diario El Espectador, un artículo sobre la novela Bohemian Rapsody (Pijao Editores -2015), de Carlos Pardo Viña, y lo hice porque considero que es una buena novela; novela que Sial Pigmalión publicó en una nueva edición en mayo de 2017, en alianza con Pijao Editores y que presentaron en la Feria del libro de Madrid. Dos meses después de haber publicado mi artículo me propusieron que presentase la obra al Premio Internacional de Literatura Rubén Darío del Grupo Editorial Sial Pigmalión. Al premio de Sial Pigmalión no se concurre; y por lo tanto no hay convocatorias ni a nivel nacional ni internacional sino que las obras son propuestas por colaboradores, especialistas o autores, que una vez han postulado una novela, pasan a formar parte del jurado. Cualquier otra obra hubiese podido ganar; por supuesto, partiendo del presupuesto que las hubiesen presentado; algo que yo ignoro. En este premio no hay un acta firmada por mí. Y si hasta ahora no había respondido a las acusaciones sobre ese premio, es porque para mí solo es de promoción de una obra literaria; incluso el nombre de los jurados, y por supuesto mi nombre, están en notas de prensa que se encuentran en Internet. Además, no es el único premio que otorga la editorial en cuestión, son muchos los que da cada año; y todos tienen como objetivo promocionar los libros que permanentemente salen al mercado.

jueves, 2 de abril de 2020

VIVIANE GORNICK, LA FEMME À PART


Acabo de pasar poco menos de cuatro horas en compañía de Viviane Gornick (Bronx,New York -1935), y han sido unas de las horas más iluminadas de mi vida.
Hace dos o tres años, y gracias a mi amiga Flavia Falquez, leí su libro Apegos feroces (1986), y la verdad es que no me gustó mucho. No había vuelto a leer nada suyo, a pesar que hace varios meses tengo otro de sus libros, La femme à part (2015) -traducido al español con el título La mujer singular y la ciudad-.
Pues bien, acabo de leer este libro prodigioso, de escasas 156 páginas, y es como si hubiese leído una enciclopedia.
Está escrito en un lenguaje muy sencillo, coloquial; y sin embargo, es de una profundidad sin límites. En cierta forma es el resumen de Apegos feroces; solo que no es una novela. Tampoco es un ensayo; podría decirse que es un diario escrito no a lo largo de su vida sino cuando el atardecer llega a su fin. 
La femme à part, es un tratado sobre la amistad y sobre la íntima relación de Gornick con Nueva York. Una relación visceral, en la que la autora se da cuenta que sin sus calles, sin sus teatros, sin sus cafés, sin Broadway, sin sus millones y millones de seres anónimos; ella, Vivian Gornick, no sería nadie. También están su madre y su mejor amigo, Leonard; y algunos de los hombres que amó o con lo que simplemente se fue a la cama. Tampoco faltan sus lecturas y autores favoritos; al menos los que tienen que ver con el tema central del libro: La amistad.
Y por supuesto, están su feminismo militante y su oficio de escritora. Actividades que nombra todo el tiempo y que a su vez la nombran, la hacen sujeto, la definen; a través de ellas sabe que es un verdadero ser humano; no una caricatura ni una marioneta. Sabe que el hecho de asumirse como feminista y como escritora le da un lugar visible en el mundo; no en el mundo de las glorias fatuas y de las luces de Broadway, sino en en el teatro que es la vida. 
Nunca había leído un libro como éste, no solo singular sino que sea capaz de penetrar en la intimidad de los sentimientos que nos hacen seres humanos.
Es un libro que me ha dejado perpleja; y eso es lo que yo le pido a la literatura: perplejidad. Y cuando eso sucede -como si fuese una rara e íntima epifanía- me siento colmada, plena; en cierta forma, feliz.
Gracias Viviane Gornick, pocas veces he disfrutado tanto una tarde de lectura como ésta.

domingo, 19 de mayo de 2019

LA CAÍDA, LA NADA Y EL SILENCIO EN LA OBRA DE CAROLINA ZAMUDIO

O QUE CONTAM ESTAS MULHERES? MEMÓRIA E REPRESENTAÇÃO NA LITERATURA LATINO-AMERICANA:
Es con un gran orgullo que comparto con ustedes el lanzamiento de este libro publicado con la colaboración de la profesora Alexandra Santos Pinheiro da UFGD, de la Universidad de Mato Grasso do Sul y de los profesores Lourdes Kaminski Alves y Antonio Donizeti da Cruz de la Universidade Estadual do Oeste do Paraná, Unioeste-Cascavel, Brasil).
El ensayo que me publican lleva como título LA CAÍDA, LA NADA Y EL SILENCIO EN LA OBRA DE Carolina Zamudio.
A los profesores Santos Pinheiro, Kaminski Alves y Antonio Donizeti da Cruztodos mis agradecimientos por valorar mi trabajo literario y por esta invitación que me honra como escritora y como persona.




viernes, 15 de marzo de 2019

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie



El nombre de Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 1977) es un nombre que no pasa desapercibido para las personas que nos interesamos en la literatura y en el feminismo; muchos colombianos oyeron su nombre por primera vez en el pasado Hay Festival de Cartagena donde fue una de las invitadas más destacadas del evento.

Estos son algunos de los premios que ha recibido:
Commonwealth Writers' Prize for Best First Book 2003, al mejor primer libro por La flor púrpura.
Premio Orange de Ficción 2007, por Medio sol amarillo.
Chicago Tribune Heartland Prize 2013, por Americanah.
Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro (National Books Critics Cercle) 2013, por Americanah.


Confieso que hasta ahora, aparte de una o dos entrevistas que le habían hecho, no había sentido el deseo de acercarme a alguna de sus novelas; y es gracias al escritor y feminista Juan Riochí Siafá-Ësáasi Eweera (Guinea Ecuatorial), que me recomendó leerla, que finalmente me decidí a hacerlo.

Americanah, (Gallimard, Folio, 2019 - 685 páginas), es el título de la novela que acabo de leer; ese es el nombre que dan los nigerianos a los coterráneos que regresan de un largo período en EEUU. Esta obra, más que novela propiamente dicho, es un tratado de sociología de las sociedades contemporáneas. Su autora hace un recorrido por tres países disímiles entre sí; a saber: Nigeria, EEUU e Inglaterra. La obra identifica los legados culturales e históricos que han marcado a cada uno de estos países y sobre todo el papel que la “raza” juega en cada uno de ellos.

Ifemelu, el personaje principal, una mujer muy inteligente, aguda en sus análisis y críticas, y sin barreras en el discurso oral, crea un blog que va a hablar sobre una Americanah; básicamente sobre la visión que tienen los estadounidenses de lo que ella denomina “razas humanas”, y por supuesto sobre la mirada racista y xenófoba hacia los negros; a los que invisiviliza al tratar de llamarlos con epítetos diferentes, siguiendo la costumbre de ser políticamente correctos.

Recuérdese que en Colombia la gente los llama “afrocolombianos”, puesto que consideran que la palabra “negro” es un insulto, algo que personalmente nunca he entendido; así que me agradó saber que Chimamanda Ngozi Adichie critica dicha costumbre, y sobre todo me alegró leer que ser “negro” en África no tiene ninguna connotación racista; hasta el punto que cuando Ifemelu regresa a Nigeria, después de haber vivido por espacio de catorce años en EEUU, la temática del blog, y por ende su título, cambian radicalmente, para centrarse en los problemas socio-políticos de su país.

Americanah, es una radiografía de la sociedad contemporánea; y si utilizo el singular, en vez del plural, es porque Chimamanda Ngozi Adichie tiene la suficiente agudeza para identificar que los problemas que aquejan a las sociedades contemporáneas son los mismos en cualquier parte del mundo. Me refiero a la mirada sobre los conflictos internos al que está enfrentado el hombre contemporáneo, y ante todo los conflictos de las sociedades actuales; léase corrupción administrativa, ambición por el poder político y económico, clasismo *, rol de las religiones, especialmente  de las iglesias de garaje que surgen como champiñones en cualquier suburbio bien sea de Lagos, Londres o Washington o alguna otra ciudad de EEUU . Y por supuesto es una obra que bucea en el machismo y la misoginia.

Chimamanda Ngozi Adichie sabe muy bien que esa pandemia, incluso yo la llamo ideología fascista, está tan ancorada en la sociedad que las mujeres somos las primeras en reproducir su cizaña. ¿Cómo lo hacemos? La respuesta es simple, de múltiples formas; desde la crianza de los hijos, donde el papel que se le asigna al hombre es diferente del que se le asigna a la mujer y por lo tanto la relación que se establece con ellos es diferente según su sexo. También puede ser la visión que se tiene del “matrimonio”, no como una unión de respeto y fundada en el amor, sino como una unión de conveniencia social y económica; y en el caso de los EEUU o de Inglaterra (entre muchos otros países), como una conveniencia racial; sin olvidar el ascenso social que una unión matrimonial puede engendrar. El matrimonio, o una relación con un hombre de poder, es visto como la salvación económica para millones de mujeres que consideran que sin un hombre a su lado su supervivencia y la de sus hijos es imposible; olvidando que es precisamente el status quo el que perpetua esa visión malsana y nefasta de las relaciones de poder entre los dos sexos y que pretende ubicar siempre a la mujer en varios escalones más abajo del escalón donde ubica al hombre.

La lectura de Americanah me hizo pensar en la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, no porque sus obras guarden algún tipo de resemblanza en la temática o en el género sino porque son trabajos sociológicos que buscan desentrañar los secretos de las sociedades actuales. Me explico. Cuando leí a Svetlana Alexsievitch sentí como si un fino bisturí me abriera el vientre y luego me sacaran los intestinos para limpiarlos ante mis ojos completamente desorbitados; la lectura de tres de sus obras me dejó inerme; sentía como un grito de horror salía de mis entrañas y hacía eco en todo mi cuerpo. En cambio la lectura de Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie, fue como observar una radiografía y con ella los secretos más íntimos e inconfesables; fue como penetrar en el espejo de Alicia y pasar a otra dimensión, la dimensión de lo que no se dice, de lo que se calla, de lo que es obvio pero debe quedar en la sombra. Ella nos señala el árbol totémico y a través de él vemos todos y cada uno de los árboles de una inmensa floresta; e incluso vamos más allá, atravesamos vertientes vertiginosas sin ahogarnos; y con Svetlana Alexiévich sentimos a cada instante que vamos a morir en el infierno de la lectura que pone delante de nuestros ojos.

Para terminar quisiera decir que Chimamanda Ngozi Adichie puede ser una de las ganadoras del Premio Nobel de literatura 2019, y si no lo es en este año, lo será luego. ¿Y por qué lo digo? Porque es una autora reconocida, ganadora de varios premios literarios muy importantes y militante feminista; y después del movimiento #metoo y del escándalo de acoso sexual en el seno de la Academia Sueca, lo que llevó a no conceder el Nobel de Literatura del 2018, este año es imperativo e incluso ético que se le otorgue el premio a una escritora; máxime que se entregarán dos galardones, el del 2018 y el del 2019. Los Premios Nobel tiene una deuda enorme con las mujeres, es hora que esto comience a cambiar.

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie (Gallimard, Folio, 2019) 685 pages.




Clasismo es la concepción mediante la cual se interpreta que la sociedad está dividida en clases sociales, una de las cuales, mayoritaria pero minorizada, ejecuta el trabajo que le ofrece la otra, que es minoritaria, pero que domina gracias al Estado, las leyes y las fuerzas represivas. Por lo general, un clasista asume su pertenencia a una u otra clase y obra en consecuencia de sus intereses. Clasismo es el prejuicio y discriminación basados en la pertenencia o no a determinadas clases sociales. Según el diccionario de la RAE, actitud de quienes defienden la discriminación por motivos de pertenencia a otra clase social. El clasismo es un fenómeno heredero del racismo. El origen de la discriminación no se basa en este caso en diferencias étnicas, sino en la pertenencia a diferentes clases sociales, debido a las condiciones socioeconómicas del individuo o grupo social. El problema se agrava cuando la estratificación de las clases coincide con determinadas etnias, produciéndose un solapamiento de sentimientos discriminatorios racistas y clasistas. Existen ideologías políticas fundamentadas en algún tipo de clasismo. Nota tomada de: https://educalingo.com/es/dic-es/clasismo


jueves, 1 de noviembre de 2018

MARYSE CONDÉ: MOI, TITUBA SORCIÈRE...


LIBRO: MOI, TITUBA SORCIÈRE... (Mercure de France, 1986, 278 páginas)
AUTORA: Maryse Condé ( Guadalupe 1937 - Premio Nobel de Literatura Alternativo 2018).
Ayer terminé de leer el libro Moi, Tituba sorcière..., y la verdad es que me pareció un libro malo, incluso bastante ingenuo; y aunque está bien escrito, algo que los franceses aprenden, o al menos aprendían, muy bien en su sistema escolar, carece del lenguaje poético que engrandece a muchos escritores francófonos. 
La historia, como indica su título, hace referencia a la esclava Tituba que fue el detonante de la cacería de brujas de Salem (EEUU 1692). 
La verdad no tengo deseos de leer nada más de Condé; eso si, no me atrevo a decir que no vale la pena leerla, puesto que soy consciente que la literatura es muy subjetiva y que lo que puede ser malo para mí puede no serlo para las otras personas y viceversa; y eso no demerita para nada mi forma de pensar o de analizar una obra literaria. 

lunes, 24 de septiembre de 2018

EL PLACER ESTÉTICO E INTELECTUAL DE LEER A PASCAL QUIGNARD


EL PLACER ESTÉTICO E INTELECTUAL DE LEER A PASCAL QUIGNARD:


Conocí el nombre de Pascal Quignard gracias a una de las tantas entrevistas que le han hecho a Pablo Montoya; la verdad es que antes nadie me había hablado de dicho autor; y eso que vivo en Francia.
Inicialmente leí Tous les matins du monde y Les ombres errantes; dos libros que me gustaron mucho; sobre todo el primero de ellos. Y ahora acabo de leer Les Larmes (Las lágrimas).


Les Larmes (Gallimard, 2016), 202 páginas, es un libro de una enorme y profunda belleza, muy difícil de clasificar en algún género; me explico, es un libro de historia sin ser historia, es un libro de sociología sin ser sociología, es una novela sin ser una novela, es poesía sin ser un poemario en el sentido estricto de la palabra.
Podría decirse que es una novela poética o poesía novelada, más bien prosa poética; eso si, muy alejada del facilismo al que muchos poetas actuales acuden cuando deciden publicar lo que ellos llaman "prosa poética".
Les Larmes, es un libro que me sorprendió desde todo punto de vista: estético, intelectual, emotivo; y más aún, aprendí enormemente sobre los siglos VIII y IX, sobre Carlos Magno y sus descendientes, aprendí sobre las costumbres del Palatinado; entre otros asuntos que me interesan desde hace muchos años.
Lectura muy recomendada.

sábado, 22 de septiembre de 2018

JUDAS, DE AMOS OZ

CUANDO LEER ES UN OBSEQUIO PRECIOSO:

Título: JUDAS
Autor: AMOS OZ (Éditions Gallimard 2016), 382 páginas
La caja negra fue el primer libro que leí de Amos Oz y dos días después compraba Historia de amor y oscuridad; uno de los libros más hermosos, profundos y eruditos que he leído en mi vida. Luego vendrían varios más que no suscitaron en mí ningún interés, así que decidí no volver a leerlo. De eso hace casi 10 años, hasta ahora que compré Judas. Las primeras 170 o 180 páginas no lograban atraparme, y después... Oh!!!!!!!!!!!!!!! Revelación........ 
Lo leí con una especie de devoción, no religiosa sino intelectual, una sensación que siento muy rara vez; sobre todo bastante escasa a medida que envejezco. 
Judas se desarrolla en una especie de huit clos, o sea, un espacio cerrado; como el título de una de las novelas de Jean-Paul Sartre. La acción del libro que nos ocupa, Judas, se desarrolla en una vieja casa de Jerusalém a finales de la década de los 50 del siglo XX. Es una casa que me hizo pensar en otras dos que llevo en lo más profundo de mi sistema límbico, La casa tomada, de Julio Cortazar, y la casa de Alejandra Vidal Olmos, la protagonista de Héroes y Tumbas, de Ernesto Sabato.
En ella viven un anciano cascarrabias, bastante solitario, erudito y muy religioso, su nuera, en realidad la dueña de la casa, y un joven estudiante que llega a vivir en la mansarda con la tarea de acompañar al anciano todos los días de 5 a 11 p.m. El joven estudiante, Shamuel, abandonó sus estudios universitarios y aun así sigue interesado en el tema central de su tesis de maestría, la figura de Judas. 
Una vez allí, en el vientre húmedo de la vieja casona, Shamuel descubrirá otro personaje, que aunque muerto, habita en los muros que encierran ese universo lleno de secretos, rencores, odios y dolores; y al igual que Judas es considerado por los dos habitantes de la casa, y por todo el pueblo judío, como un traidor. Y por supuesto, está el recuerdo del marido de Atalia, muerto en la guerra de 1948.
Shamuel vivirá tres meses recluido en sus muros, en la más absoluta soledad y tristeza; no obstante, su estadía es una especie de renacer y de reencuentro consigo mismo. La casa lo engulle y al mismo tiempo lo lanza a una nueva vida.
Judas, es un libro que leí con gran emoción; confrontándome además a una nueva teoría sobre la figura legendaria de Judas.
Un libro altamente recomendado.

viernes, 29 de junio de 2018

EL EFECTO MARIPOSA O EL ABISMO EN LULU, DE MIRCEA CARTARESCU




Antes de hablar sobre Lulu es bueno recordar que Rumania posee una larga tradición literaria así no sea muy reconocida en Colombia. Por otra parte, algunos de sus grandes escritores son identificados como si fuesen franceses; me refiero a Cioran, o al historiador de las religiones Mircea Eliade, o al padre del teatro del absurdo, Ionesco; y así hayan escrito sus obras en Francia y escrito en francés, su cultura, al menos el sustrato de la misma, es la cultura rumana, de eso no hay la menor duda; y así hay que entenderlo para poder aproximarse a su obra, para poder entender la complejidad que engendra su universalidad.

Después de haber hecho esta breve introducción pasemos a otro gran autor, Mircea Cartarescu (Bucarest, 1956), varias veces nominado al Premio Nobel de Literatura; es de anotar que ninguno de sus colegas ha recibido este galardón, así que de ganarlo él sería el primer rumano que tendría ese honor. También es cierto que lo del honor es bastante dudoso, puesto que muchos de los premiados lo han sido simple y llanamente por sus posiciones políticas, y otros que lo merecían por la alta calidad estética de sus obras, pero considerados políticamente incorrectos, no lo recibieron nunca. Me refiero por supuesto a Borges, a Philip Roth o a Marguerite Yourcenar. Otra autora que considero que la Academia sueca está en deuda con ella es la rusa Ludmila Oulitzkaïa; así que a veces creo que es mejor ser ignorado por la Academia y saber que esos grandes autores pueden sentarse juntos a contemplar la eternidad, mientras que muchos otros solo son recordados por tener el Nobel, aunque su obra carezca de la calidad literaria necesaria para que sus nombres pasen a ser escritos en lajas de mármol. Así que si Mircea Cartarescu sigue siendo invisible en Estocolmo eso a lo mejor es un reconocimiento a su trabajo literario.

Ahora bien, pasemos a la obra que nos ocupa, Lulu (título original: Travesti), Editorial Impedimenta (2º edición marzo 2018, 156 páginas), una hermosa y cuidada edición que tuve el privilegio de comprar en el Parque del Retiro, donde se realiza cada año la Feria del Libro de Madrid.

Y para hablar de esta obra inquietante, sombría, cenagosa, debo antes recordar el Efecto Mariposa; un concepto de la Teoría del Caos que sostiene que un simple aleteo de una mariposa puede generar un huracán al otro lado del planeta. Y ese es precisamente el efecto que Lulu, la mariposa soñada y evocada por Víctor, el escritor que la rememora a todo lo largo del libro que nos ocupa, va a desencadenar en la vida de este hombre gris y atormentado para quien la vida nunca será igual después del breve y a la vez eterno aleteo de Lulu.

Víctor, un adolescente de diez y siete años, con baja autoestima, ya que considera que su rostro es feo y asimétrico, asiste a una excursión con su compañeros de aula para celebrar el fin de la secundaria; y la última noche, en una fiesta de disfraces, aparece Lulu, para no dejarlo nunca más, para poseerlo noche tras noche detrás de las tinieblas de su propia angustia. Los afeites, el perfume de Lulu, y sobre todo el aleteo de sus pestañas postizas, lo perseguirán durante los siguientes diez y siete años cuando finalmente se encierre en una vieja casona de los Cárpatos para exorcizar los dolores de la ausencia y traer a su olfato el olor de animal en celo de Lulu; el compañero de clase que con su parpadeo incesante y provocador lo lanzó al centro del ojo del huracán y del cual Víctor ya no supo -léase no quiso- abandonar nunca más.

Con esto puede intuirse que si bien el relato nos sumerge en una pesadilla, que el libro es onírico, surrealista, donde la realidad se mimetiza con el delirio, con los fantasmas y las voces que aturden los oídos de Víctor y del lector, que como un voyeur, sigue uno a uno sus pasos así sienta que cada uno de ellos lo amenaza a cada instante con lanzarlo al vacío; y que aunque es un relato ficcional también es un relato matemático. Como matemático es El Sur de Borges. No en vano Borges dice: “A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos”.

 Recuérdese al bibliotecario Juan Dahlmann que un día cualquiera busca un viejo ejemplar de Las Mil y una Noches y al llegar a su edificio sube rápidamente las escaleras sumidas en una semipenumbra que anuncia la noche, por lo que él no ve el postigo abierto en uno de sus tramos, ¿o eran las alas de un murciélago?[1]; el resto ya lo sabemos. Algunos días después despierta en un hospital[2], luego vendrá el viaje al sur y el encuentro con los cuchilleros de una estación de tren perdida en La Pampa y su salida a ese terreno infinito con un cuchillo que alguien le ha puesto en las manos, pero que él, bibliotecario de Buenos Aires, no sabe utilizar, y al frente, dándole la espalda al horizonte, un cuchillero avezado en su uso. Y por supuesto que este final puede ser real o puede ser una imagen dantesca, igual que la máscara de Lulu que aparece y desaparece en cada puerta, en cada recodo de la casa, al final de cada tramo de las escaleras, y eso durante diez y siete años, sin dar pie a un respiro, una máscara que podría ser como el puñal que le pusieron en la mano a Dahlmann.

¿Cómo salir indemne después del horror?
¿Cómo salir indemnes después de leer esta obra magna de Cartarescu?

Lo pregunto porque esta lectura es un descenso más allá de los círculos dantescos, puesto que cada uno de ellos forma parte de una espiral que  succiona al lector-voyeur hasta el siguiente círculo; sin tocar fondo jamás y sin poder ascender de nuevo.

Víctor crea infiernos que se suceden los unos a los otros y omite perversamente crear salidas, puertas de escape, ventanas donde mirar entornos menos sórdidos, más acogedores. Y es que Víctor es un exiliado en sí mismo. Entiende que aunque crease otros mundos más afables, su tortura -la tortura de Lulu- lo precedería siempre, hasta más allá de la eternidad.



Lulu es una obra alucinante y sin lugar a dudas es un homenaje a Aurelia, de Gérard de Nerval, y a La Metamorfosis, de Kafka; y aunque el autor no nombra en ningún momento Informe sobre ciegos, de Ernesto Sábato, estoy segura que Víctor sigue uno a uno los pasos de Fernando Vidal Olmos. Lulu es una obra laberíntica que invita a un viaje donde  Ariadna no ha sido convocada. Es un relato perturbador y el lector-voyeur se pasea por escenarios oníricos, grises, turbulentos, en los que camina por terrenos poblados de  arenas movedizas que amenazan con succionarlo; y cuando logra ver un poco más allá de lo que le permite el ojo de una cerradura, es para ponerlo al frente de sus propios demonios. Y es que Cartarescu lo que en realidad hace es crear un escenario de desafíos permanentes para desestabilizar a ese lector-voyeur que busca encontrar el meollo de la tragedia; así que le pone trampas, juega con él como el gato con el ratón, borra los límites de su propia imaginación y lo amenaza con lanzarlo al más profundo de los abismos; y lo que es aún más inquietante, sin que el lector-voyeur olvide que una vez que esa caída ha comenzado el regreso es imposible.

La grieta por la que atraviesa Víctor, grieta que arrastra a su vez al lector-voyeur que lo sigue y que respira su oxigeno envenenado, se cierra a medida que ellos avanzan por el laberinto de su propio desvarío. Y mientras avanzan, guiados por la pluma de Cartarescu, van recreando una galería de espejos donde se ven multiplicados hasta el infinito; así que ¿cómo reconocerse a sí mismos? ¿cómo identificar la imagen que no es repetida ni soñada sino la verdadera?; por lo que habría que preguntarse ¿existe una imagen verdadera? ¿acaso no son todas efímeras, imaginadas y tramposas? Tal vez por ello Víctor había llevado consigo el poema Soledad de Rilke para que fuera su compañía en esa excursión donde perdería el rumbo de su vida. Lo que nos lleva a pensar que el paraíso no existe, que la adolescencia es una puerta al infierno y que una vez cruzado su umbral ya no hay marcha atrás, solo espera el juego de espejos que van a arrebatarle la cordura, y a demostrarle, una y otra vez, que él solo es una pequeña e ínfima pieza de un gran puzzle donde la tragedia es el gran titiritero que controla cada movimiento y por lo tanto es el único personaje que conoce cada milímetro del espacio donde han sido lanzados; aunque a veces imaginen que han caído por su propia voluntad.

Antes de terminar habría que recordar que en la tragedia griega no existen ni el azar ni los hechos fortuitos, simple y llanamente el hombre obedece a designios previamente trazados; y en el caso específico de Víctor, y del lector-voyeur que lo sigue,  sus pasos han sido ya esculpidos por las tres Erinias, las Furias hijas de la noche; no en vano vigilan la entrada al inframundo; incluso a veces salen para perseguir a los que huyen de sí mismos.

Por último diría que Lulu es una obra de ficción enorme; pocas veces tengo el placer estético de sumergirme en una narración que me lleva al límite de mi propia imaginación y que amenaza con lanzarme al más profundo de los abismos. 

Lulu, de Mircea Cartarescu, es una lectura altamente recomendada.



[1] Dahlmann había conseguido, esa tarde, un ejemplar descabalado de Las Mil y Una Noches de Weil; ávido de examinar ese hallazgo, no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras; algo en la oscuridad le rozó la frente, ¿un murciélago, un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre. La arista de un batiente recién pintado que alguien se olvidó de cerrar le habría hecho esa herida”. El Sur, de Jorge Luis Borges.
[2] en una celda que tenía algo de pozo y, en los días y noches que siguieron a la operación pudo entender que apenas había estado, hasta entonces, en un arrabal del infierno”. Idem.