En este blog podrán leerse artículos, poemas o cuentos sobre mujeres y hombres que han jugado un rol decisivo en la construcción de nuestro imaginario colectivo; bien sea a través de la literatura, del arte y por ende de la cultura.
jueves, 27 de agosto de 2015
MILLENIUM, LA SAGA FEMINISTA DE STIEG LARSSON
El atentado de extrema derecha, perpetrado por un desadaptado social en Oslo (Noruega), el pasado viernes, me hizo recordar la saga de “Millennium” del escritor sueco Stieg Larsson (1954-2004); la cual leí con verdadero entusiasmo a finales del 2009. Me sumergí en su lectura durante quince días, lo hice casi sin respirar, alargando para el día siguiente lo que debía hacer inmediatamente, tratando de dormirme más tarde de lo habitual y presa de un estado muy cercano a lo que los drogadictos pueden experimentar cuando la droga no está cerca o cuando están bajo sus efectos.
Larsson falleció poco días antes del lanzamiento de su primer libro, y justo cuando acababa de entregar a su editor el último libro de la trilogía, la cual se compone de los siguientes títulos: “Los hombres que no amaban a las mujeres” (665 páginas), “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” (749 páginas) y “La reina en el palacio de las corrientes de aire” (854 páginas), obra publicada por Ediciones Destino S.A, Barcelona, España, en asociación con Editorial Planeta, Colombia.
Y si bien conocía su obra desde 2006, no fue sino hasta el 2009 que sentí la necesidad de leerla, y aunque he sido muy poco lectora del género negro no me arrepentí de haber emprendido esa loca carrera detrás de los secretos de Lizbeth Salander y de Mikael Blomkvist. La primera, una hacker consumada, poseedora de una memoria fotográfica y de una inteligencia cercana a la genialidad y como si fuera poco underground. El segundo, un periodista que podría simbolizar un quijote contemporáneo, socio de una revista mensual llamada Millennium y que en su defecto podría reemplazar tanto a la lanza del Quijote, como a su maltrecho Rocinante. Mis conocimientos de la literatura policiaca no iban más allá de algunas obras de Agatha Christie, leídas en mi adolescencia, y de Bebé Donge (1945), de George Simenon, leída en un curso de la Universidad de la Sorbona y luego trabajada por mí en la Universidad de Caldas en los cursos que yo dictaba de lengua francesa. Esta última, la leía haciendo un análisis comparativo con una obra excelente, y que no pertenece al género en cuestión, me refiero a Thérèse Desqueyroux (1927), de François Mauriac (Premio Nobel de literatura, 1952).
Millennium, es una obra que atrapa al lector y lo sumerge en un mundo lleno de intrigas, de corrupción a todo nivel, pero sobre todo, es una obra que denuncia la violencia de género. La obra tiene muchas fallas a nivel narrativo, repeticiones innecesarias y a veces descripciones demasiado largas; pero eso no le resta importancia al libro. Más bien el problema de la versión en español, no hablo sueco, es una traducción no muy bien realizada por Martin Lexell y Juan José Ortega Román. Me refiero a problemas de sintaxis, a la utilización en algunos casos de una jerga española desconocida en América Latina y a la utilización permanente de ese adefesio español de “ir a por”. Por lo demás, es una obra que se lee sin hacer ningún esfuerzo, algo ideal cuando se ha estado leyendo obras de cierta dificultad intelectual y que nos han llevado a desear, simplemente, “descansar y divertirnos”.
Por otra parte, Millennium, se sumerge en diferentes terrenos: la corrupción política, los hilos del poder que teje la extrema derecha, el mundo de los grandes empresarios y sus conexiones non sanctas con el mundo del hampa, o bien con los países donde el trabajo infantil no está reglamentado, convirtiéndose así en una moderna y terrorífica esclavitud, cuyos beneficiados son unos pocos hombres de negocios que actúan con toda impunidad, relacionándose con los más altos dignatarios o funcionarios estatales; o corrupción en los estamentos de la policía o en la rama judicial. También encontramos denuncias de corte ecológico o contra la globalización actual. Pero sobre todo, es una denuncia contra el maltrato a las mujeres; llámese trata de blancas, acoso y abuso sexual, disparidad salarial con sus homólogos masculinos, violencia o agresión doméstica.
Y es que Stieg Larsson me ha abierto una ventana a un país que desconozco por completo. A parte de la hermosa obra “El maravilloso viaje de Nils Olgersson a través de Suecia” de Selma Lagerlöf (Premio Nobel de literatura – 1909) o del asesinato del Primer Ministro sueco Olof Palme, en 1986, no sabía nada de ese país nórdico. Siempre que pensaba en él, me imaginaba un Estado del primer mundo, una especie de paraíso donde la cobertura de protección social es una de las más importantes del mundo y con un nivel de vida muy superior a sus homólogos europeos. Pero también con una tasa de suicidios muy alta (es el número 35 de un total de 99 países registrados en un estudio llevado a cabo en 2006), actualmente tiene una tasa de suicidios aproximada de 20 ciudadanos por cada 100.000 habitantes). Pues bien, la lectura de Millennium me mostró un país con un nivel de corrupción, y con una mafia tan bien desarrollados, que uno creería que está leyendo una obra que se lleva a cabo en cualquier región del Tercer Mundo; y por qué no decirlo en la Colombia de Uribe. No en vano la escritora norteamericana Donna Leon ha dicho que todo en Millennium es “maldad e injusticia”. Sin embargo, no dice que tanto Lizbeth Salander como Mikael Blomkvist son dos justicieros que terminan triunfando y derrotando el mal que los acecha o que acecha a sus conocidos. Pero también están la directora de la revista, Erika Berger, una excelente periodista y gerente, o Annika Giannini, la abogada defensora de los derechos de las mujeres, o la policía Mónica Figuerola o la expolicía Susanne Linder, quien trabaja para Dragan Armanskij, el gerente de Milton Security.
Lizbeth Salander, como ya lo había anotado, es una marginal que vive en el anonimato, no se relaciona con nadie, ni permite que alguien le haga daño sin que se arriesgue a una terrible venganza de su parte. Está por fuera del establishment y su presentación personal está a leguas de lo que la sociedad actual considera como “medianamente aceptable”:
“Aquel día Lisbeth Salander llevaba una camiseta negra con la cara de un ET con colmillos y el texto “I am also an alien”. Una falda negra, rota en el dobladillo, una desgastada chupa de cuero negra que le llegaba a la cintura, unas fuertes botas de la marca Doc Martens, y calcetines con rayas verdes y rojas hasta la rodilla. Se había maquillado en una escala cromática que dejaba adivinar un problema de daltonismo”. (Los hombres que no amaban a las mujeres, pág: 62). Fumadora y bebedora de café empedernida, amante de la comida chatarra; como el autor que la creó. Irreverente y huraña, salvaje como una gata montés, autónoma e independiente y una enemiga acérrima de los servicios sociales y de la policía. Por su parte, Mikael Blomkvist, periodista de izquierda, antirracista y luchador de los principios que deben regir una sociedad justa e igualitaria. Gran lector de la novela negra sueca. Profundo feminista, defensor a ultranza de la mujer. Pero también un playboy empedernido, lo que no impide que sea un personaje con el que todas las mujeres sueñan, y me incluyo en ese rango. Creo que si me lo encontrara a la vuelta de la esquina, fácilmente me iría a la cama con él y no es ninguna broma.
Y si bien estos dos personajes son los verdaderos protagonistas de la trilogía, en realidad la obra es un verdadero laberinto de personajes; aunque no los conté, podría decir, sin temor a equivocarme, que pueden ser más de cien. Sin embargo, cada uno tiene bien definida tanto su carácter, como su historia personal. Los hay para todos los gustos, desde el criminal a sueldo, pasando por el traficante de drogas o por el traficante de mujeres raptadas en los países del Este, o por el sádico y psicópata, disfrazado de antiguo espía ruso, o el oscuro funcionario estatal que pone en juego la seguridad de un país con tal de sacar adelante sus intereses personales, hasta los grupos de extrema derecha con rasgos neonazis. Pero también están los personajes que creen en un Estado de Derecho y luchan por su preservación.
Para terminar con esta reseña de Millennium, quisiera hacerle un homenaje a Stieg Larsson, al reconocerlo como un escritor feminista. Incluso el 21 de septiembre de 2009 se le otorgó, a título póstumo, el V premio al trabajo más destacado contra la violencia de género, otorgado por el Consejo General del Poder Judicial de España. “Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio contra la violencia de género del Consejo, ha destacado la aportación del escritor, famoso por su trilogía Millennium: “a la visibilización y denuncia de la violencia contra las mujeres, que se sigue perpetuando en las sociedades actuales, también en las más avanzadas; y por poner de manifiesto que no sólo es deseable sino posible la construcción de una sociedad libre de violencia de género por todos sus integrantes, mujeres y hombres” (ElPaís.com-08/09/2009). El premio fue recibido por la compañera sentimental de Larsson, Eva Gabrielsson, con quien compartió los últimos 32 años de su vida; es decir desde que tenía 18 años hasta el día de su muerte, el 9 de noviembre de 2004.
Y como gran paradoja, no puedo pasarlo por alto, los ideales de Stieg Larsson, con respecto a una sociedad que proteja y respete los derechos de la mujer, están siendo vilmente pisoteados por su propia familia. Tanto su hermano como su padre, herederos de los derechos de autor de la trilogía, se han enfrascado en una batalla jurídica para dejar por fuera a su mujer Eva Gabrielsson. El problema radica en que Stieg Larsson y ella nunca se casaron, y al no tener hijos, las leyes suecas le niegan el derecho a la sucesión. En el 2009, y en solo cinco años que llevaba la trilogía en las librerías, se habían vendido un total de 13 millones de euros. Y en dicho año los Larsson le ofrecieron a Eva Gabrielsson la suma de 2 millones, para que abandonara su deseo de convertirse en una de las legítimas herederas del autor de la saga en cuestión. Y en un gesto, que refleja toda su dignidad como mujer a la que se le están violando sus más mínimos derechos, rechazó la oferta que se le hizo. Un magro ofrecimiento para la suma recaudada hasta el día de hoy, pero sobre todo para la suma que se recogerá en los años que vienen. Es de anotar que la lucha en los estrados judiciales aún no termina.
Nota: Quisiera hacer alusión a la película Millennium 2, dirigida por Niels Arden Oplev y Daniel Alfredson, con guión de Jonas Frikberg y fotografía de Peter Mokrosinski. Con Noomi Rapace, en el rol de Lisbeth Salander y Mikael Nyqvist, en el de Mikael Blomkvist. El largo metraje fue seleccionado para participar en el Festival de Cine Europeo que se llevó a cabo en Essen y Boshum, en la región alemana de Ruhr, el 11 y 12 de diciembre de 2009. No obstante, a mi modo de ver, Millennium, en su versión cinematográfica, no tiene la misma fuerza que la trilogía escrita por Stieg Larsson.
sábado, 22 de agosto de 2015
Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe
Nota: Ayer terminé de leer La oculta de Héctor Abad Faciolince y al hacerlo pensé todo el tiempo en una pequeña joya que leí hace algunos años, Bilbao-New York-Bilbao del escritor vasco Firmen Uribe. Les comparto una breve reseña sobre ese libro:
Bilbao-New York-Bilbao
Berta Lucía Estrada Estrada
“Vojtech (Jasny) me dijo una frase: “Nada ocurre en vano””. (Bilbao-New York-Bilbao. Editorial Seix Barral S.A. 2009, página 156). La lectura de esta sabia sentencia, con la cual se puede, o no, estar de acuerdo, me hizo pensar en Ernesto Sábato y en todas las veces en que insistió en que la casualidad no existe. Este libro, cuya acción transcurre en un vuelo transoceánico, lo adquirí en abril del 2010 en el aeropuerto de Barcelona, mientras hacía una escala técnica. Primera “coincidencia”. En ese momento estaba leyendo toda la obra a Malcolm Lowry y en uno de sus libros emblemáticos el tema central gira alrededor del mar, de los barcos y de los marineros; segunda “coincidencia”, por lo demás bastante extraña. Al ver la obra Bilbao-New York-Bilbao, en la librería del aeropuerto, me asaltó el recuerdo de haber escuchado en la TV española que había obtenido dos premios bastante importantes, nada menos que el Premio Nacional de Narrativa 2009 y el Premio Nacional de Crítica 2008 en lengua vasca, euskera, como prefiere nombrarla Kirmen Uribe (Ondarroa, Viscaya, 1970), autor invitado a la Feria Internacional del Libro de Bogotá en su edición del 2010.miércoles, 12 de agosto de 2015
CALLE DE LAS TIENDAS OSCURAS DE PATRICK MODIANO O EL ARTE DE PERDERSE A SÍ MISMO
BLOGS Cultura
18
10
2014
CALLE DE LAS TIENDAS OSCURAS DE PATRICK MODIANO O EL ARTE DE PERDERSE A SÍ MISMO
Por: elhilodeariadna
Rue des boutiques obscures (Folio 2011), del Premio Nobel de Literatura 2014 Patrick Modiano, es el libro que he leído esta semana. Mucho se ha escrito en estos días sobre el autor, y tal vez la frase más importante y reiterativa ha sido que “es un arqueólogo de la memoria”. También se ha recordado que él mismo dice que su memoria existe antes de su nacimiento. Elementos que cobran importancia cuando se lee el libro Calle de las tiendas oscuras. Su personaje principal, Guy Roland, al menos uno de sus nombres, de profesión detective, poco carismático, casi un borrador de sí mismo, parte a la misión más importante que ha hecho en los últimos quince años, la recuperación de su propio pasado, la recuperación de la memoria perdida en una mañana hibernal mientras cruzaba la frontera hacia Suiza, tratando de huir la ocupación alemana en territorio francés.
Es un libro sobre el exilio, no el exilio en tierras ajenas, sino el exilio en sí mismo. El que surge cuando nuestros recuerdos nos abandonan y nos vemos obligados a trasladarnos a vivir en un cuerpo que no nos pertenece porque todos los sentimientos, olores o caricias, que alguna vez lo poblaron, se fueron sin dejar huellas aparentes. Es un libro sobre la soledad más profunda, la soledad que nace de una vida sin pasado, sin imágenes, sin nombres.
Calle de las tiendas oscuras, Premio Goncourt 1978, está escrito como si fuese una novela policiaca. Guy Roland parte a la búsqueda de su propia vida, de sus propios recuerdos, extraviados en una amnesia severa de la cual desconoce las causas. Roland es un personaje gris, sin emociones, sólo lo mueve una especie de intriga sobre su propio pasado, pero sin que tenga mayores consecuencias en su nueva vida. Posiblemente porque es aún más gris que la anterior.
El libro es un viaje al interior de un laberinto, sin un Dédalo que sirva como punto de referencia para poder regresar si el encuentro con el Minotauro que habita en su interior es más monstruoso de lo que el protagonista pensaba. Es un libro en que su personaje principal camina bordeando un eterno precipicio, enfrentado al permanente dilema de evitarlo o de lanzarse a sus fauces. Al final el lector es testigo de la pérdida de la brújula de Roland, cuando él mismo, que ha creído caminar en terreno firme, da vuelta atrás y piensa en regresar a su antigua calle, la de las tiendas oscuras, no en París, sino en Roma. Es en ese momento, en el que el lector, que creía que el rompecabezas había sido armado correctamente, se ve confrontado a la evidencia que faltan piezas para lograr armar toda la memoria.
Calle de las tiendas oscuras, es una narración que nos sumerge en arenas movedizas; pero sobre todo es un viaje interior, simbolista, el viaje que podría enfrentarnos con nosotros mismos, el viaje del conocimiento interior, que se revela al final como algo imposible de lograr; posiblemente porque estamos condenados desde siempre al olvido de nosotros mismos.
domingo, 9 de agosto de 2015
SIN NOMBRE, SIN ROSTRO, NI RASTRO, un cuento de Jorge Eliécer Pardo
Pueden escucharlo en:
https://www.youtube.com/watch?v=sl7l4LRM948&feature=youtu.be
SIN NOMBRE, SIN ROSTRO, NI RASTRO, es un cuento que hace parte del libro LOS VELOS DE LA MEMORIA (Ediciones Vericuetos, París, 2014) del escritor colombiano JORGE ELIÉCER PARDO (1950). En total son 24 cuentos, acompañados de 40 rostros de mujeres dolientes. Cada una de ellas lleva en su cabeza, y algunas veces en su rostro, el velo que anteriormente nos cubría el pelo cuando íbamos a misa. En este caso el velo representa el duelo, el dolor, la tragedia que ha tocado no sólo a las mujeres sino al pueblo colombiano; así muchos crean que la guerra les es ajena porque no la han vivido en carne propia o porque viven atrincherados en las urbes.
Son relatos cortos, crudos y muy bien narrados. LOS VELOS DE LA MEMORIA es, ante todo, un libro que hurga en la condición humana; por eso no es un libro local sino universal. Bucea en el horror de la guerra, de las guerras de todos los tiempos y de todos los rincones del planeta. En este caso Colombia sólo es un microcosmos que simboliza el horror de la barbarie de esta especie que se autodenomina humana y que cree, con una gran soberbia, que está por encima de las demás especies animales y vegetales; cuando en realidad el horror ,que desencadena con su delirio, sólo demuestra su estulticia. LOS VELOS DE LA MEMORIA es un libro que deberían leer todos los actores del conflicto armado, sin olvidar a los políticos, empresarios, en fin; todos aquellos que han jugado un rol decisivo en esta guerra fratricida. Comenzando por los centenares de presos de los dos bandos, o por la Mesa de La Habana, y sin olvidar, por supuesto, al Centro Democrático y a su jefe Álvaro Uribe Vélez. Si lo hicieran, a lo mejor tendríamos oportunidad de una reflexión más consciente; y de pronto podríamos comenzar a cambiar este comportamiento tan ancorado en la violencia sorda que nos aqueja desde que tenemos memoria.
https://www.youtube.com/watch?v=sl7l4LRM948&feature=youtu.be
SIN NOMBRE, SIN ROSTRO, NI RASTRO, es un cuento que hace parte del libro LOS VELOS DE LA MEMORIA (Ediciones Vericuetos, París, 2014) del escritor colombiano JORGE ELIÉCER PARDO (1950). En total son 24 cuentos, acompañados de 40 rostros de mujeres dolientes. Cada una de ellas lleva en su cabeza, y algunas veces en su rostro, el velo que anteriormente nos cubría el pelo cuando íbamos a misa. En este caso el velo representa el duelo, el dolor, la tragedia que ha tocado no sólo a las mujeres sino al pueblo colombiano; así muchos crean que la guerra les es ajena porque no la han vivido en carne propia o porque viven atrincherados en las urbes.
Son relatos cortos, crudos y muy bien narrados. LOS VELOS DE LA MEMORIA es, ante todo, un libro que hurga en la condición humana; por eso no es un libro local sino universal. Bucea en el horror de la guerra, de las guerras de todos los tiempos y de todos los rincones del planeta. En este caso Colombia sólo es un microcosmos que simboliza el horror de la barbarie de esta especie que se autodenomina humana y que cree, con una gran soberbia, que está por encima de las demás especies animales y vegetales; cuando en realidad el horror ,que desencadena con su delirio, sólo demuestra su estulticia. LOS VELOS DE LA MEMORIA es un libro que deberían leer todos los actores del conflicto armado, sin olvidar a los políticos, empresarios, en fin; todos aquellos que han jugado un rol decisivo en esta guerra fratricida. Comenzando por los centenares de presos de los dos bandos, o por la Mesa de La Habana, y sin olvidar, por supuesto, al Centro Democrático y a su jefe Álvaro Uribe Vélez. Si lo hicieran, a lo mejor tendríamos oportunidad de una reflexión más consciente; y de pronto podríamos comenzar a cambiar este comportamiento tan ancorado en la violencia sorda que nos aqueja desde que tenemos memoria.
EL CASO DE SERGIO URREGO: OTRO OSCAR WILDE
EL CASO DE SERGIO URREGO: OTRO OSCAR WILDE
Blog: elhilodeariadna Berta Lucía Estrada Estrada
IN MEMORIAM DE SERGIO URREGO
Nota: Este post lo publiqué hace un año, hoy lo vuelvo a hacer como homenaje a Sergio Urrego y para decir enérgicamente que no lo vamos a olvidar. Por otra parte el pasado martes 6 de agosto de 2015, tuve la oportunidad de escuchar a la exrectora del colegio donde estudió Sergio cuando despotricó en la Blu radio; no sólo me pareció patética su supuesta defensa, sino que muestra a una mujer que incurre en la infamia y en el ataque alevoso. Me pregunto como pudo ejercer la docencia y la rectoría una persona que carece de principios morales y que muestra una bajeza total en su discurso. Pueden leer mi homenaje a Sergio Urrego.
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Hace un mes vi un afiche que me impactó enormemente, en la fotografía puede verse a un adolescente sentado en un corredor cualquiera y con la cabeza entre las piernas; se le ve destruido, al borde de cualquier situación nefasta. Al pie de la foto se lee:
Romain, 18 años, expulsado del domicilio familiar por ser homosexual.
Y por si fuera poco este fin de semana leí con estupefacción como un adolescente, de apenas 16 años, se había suicidado porque las directivas y docentes del colegio al que asistía habían comenzado a perseguirlo por su condición sexual; y al mismo tiempo los padres del adolescente al que él amaba, y que era su pareja desde hacía dos años, le habían puesto una demanda por acoso sexual.
Una historia de amor y de tragedia que me hizo pensar en el hermoso libro La balada de la cárcel de Reading de Oscar Wilde, autor de ese libro prodigioso titulado El retrato de Dorian Grey. Oscar Wilde (1854-1900) fue denunciado por haber seducido a un hombre mucho más joven que él, Alfred Bruce Douglas. El autor de la demanda era el padre del joven Douglas. Fue un proceso largo, penoso, donde se dijeron las cosas más horribles de uno de los intelectuales más brillantes de la época victoriana. El nombre de Wilde fue pisoteado, y lo que es peor fue encarcelado por su condición homosexual, además perdió toda su fortuna. Cabe señalar que la relación con Douglas era plenamente consentida, por lo que no puede verse en Wilde a un abusador. Douglas tampoco era un muchachito en el momento en que inicia sus encuentros con el escritor. Simplemente se amaban como se aman dos personas cuando son libres de hacerlo. Así Wilde hubiese estado casado. Este episodio de la vida de Wilde fue narrado en una novela por la escritora argentina Susana Sisman, No te enamores de Oscar Wilde, al respecto pueden leer la reseña que escribió Ricardo Bada:
http://blogs.elespectador.com/ricardobada/2011/07/13/autores-secretos-de-america-latina-6-susana-sisman/
Estando en prisión Wilde escribió De Profundis y luego en el exilio La balada de la cárcel de Reading. Una obra lírica donde se conduele de la posición cobarde de Douglas:
“Aunque cada hombre mata lo que ama, que lo oiga todo el mundo, unos lo hacen con una mirada amarga, otros con una palabra lisonjera, el cobarde lo hace con un beso, el hombre valiente con una espada”.
Una historia que se repite una y otra vez; pareciera que la sociedad, y su falsa moral, no estuviera nunca dispuesta a entender que la diversidad sexual existe; que no es un delito, ni un pecado, que no hay nada malo en que dos personas del mismo sexo se amen. Una cosa diferente es el abuso sexual de menores o las relaciones no consentidas, en esos dos casos si puede hablarse claramente de crimen.
Tampoco entiendo porque las directivas del Gimnasio Castillo Campestre le exigieron a Sergio Urrego ir al psicólogo, ¿desde cuándo la homosexualidad es un problema mental?
¿Hasta cuándo tendremos que seguir en una sociedad que cree haber entrado en el siglo XXI y que se comporta como si aún estuviésemos en el siglo XV? ¿Son las directivas personas idóneas para estar al frente de un colegio? Podrían alegar que la institución educativa es católica, pero entonces ¿se les ha olvidado que Colombia es un país laico? ¿Se les olvidó que el mismo papa, me refiero al actual, dijo que él no es nadie para condenar la homosexualidad?
Muchas preguntas tendrán que responder las directivas del plantel y los padres que pusieron la denuncia. Sin embargo, Sergio Urrego no volverá a la vida. Sólo espero que asuman su propia responsabilidad y que todos los demás docentes, padres de familia, y la sociedad en general, recapaciten sobre los prejuicios que pueden estar envileciéndolos como personas. Ahora tendrán que ayudar a que la pareja de Urrego pueda hacer el duelo y que lo acepten tal y como él es, no como sus padres quisieran que fuese. Para él, para la abuela y para los padres de Sergio, todas mis condolencias.
………………………….
Nota: Pueden leer dos cuentos sobre este tema que El Magazín de www.elespectador, me publicó
hace algunos meses:
http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2014/04/02/una-mirada-amarga/
http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2013/07/09/detras-del-espejo/
viernes, 7 de agosto de 2015
MARGUERITE YOURCENAR: ENTREVISTA DE LA MÁQUINA DE PENSAR, RADIO URUGUAY, A BERTA LUCÍA ESTRADA
Berta Lucía Estrada, una estudiosa de Yourcenar
La escritora colombiana Berta Lucía Estrada comentó en La Máquina de Pensar la obra de Marguerite Yourcenar. Para Berta Estrada, Yourcenar es una escritora que ha sido fundamental en la literatura occidental del siglo XX.
Durante la entrevista repasó coincidencias con Virginia Woolf, por ejemplo, el amor profundo por Grecia.
Si se identifica tanto con Adriano es precisamente porque Adriano, a pesar de ser el emperador de Roma, es un gran amante de la Grecia antigua. Él era un gran helenista y era un hombre que tenía nostalgia de ese mundo que habría querido, expresó.
Escuchar la entrevista
http://www.radiouruguay.com.uy/mecweb/imprimir.jsp?contentid=67386&site=22&channel=mecweb
EDWARD HOPPER VISTO POR PHILIPPE BESSON
EDWARD HOPPER VISTO POR PHILIPPE BESSON
Por: elhilodeariadna Autora del blog Berta Lucía Estrada Estrada
Siempre he creído que hay dos artistas que han logrado captar el sentimiento de soledad absoluta y visceral en un lienzo, me refiero a Edgar Degas (1834-1917 ) con su obra El ajenjo y a Edward Hopper (1882-1967) con Halcones de la noche. En las dos obras se puede observar a una pareja, en una terraza de un restaurante cualquiera de París en el caso de Degas, y la de Hopper en un bar de Nueva York.
Las dos parejas están separadas por siglos de incomunicación y absoluta tristeza, como si a pesar de compartir, probablemente, un lecho y una casa, nunca hubiesen construido nada juntos. Es el espejismo con el que cada uno de nosotros teje su propia apariencia y su propia visión de la relación afectiva. Y es precisamente este cuadro de Hopper la fuente en la que bebió Philippe Besson (1967) para escribir Final del Verano, por su parte Habitación de hotel le dio la idea para el libro Decirte adiós y de la pintura El faro con dos luces, nació el tema para Un instante de abandono, donde explora otra forma de soledad. Me refiero a la vida que muchas personas deben afrontar en los pequeños poblados donde la vida obedece a conductas dictadas desde hace cientos de años, y donde la diversidad de pensamiento y la libre orientación sexual son consideradas comportamientos pecaminosos, por lo que son condenados al ostracismo social y a veces a la hoguera, por lo menos desde el punto de vista del repudio social y religioso, que acompañan a la mayoría de las sociedades ancoradas en viejos prejuicios y donde la modernidad nunca ha llegado, aunque a veces cuenten con Internet.
Hopper, cuya exposición puede visitarse en el Grand Palais (París), del 10 octubre 2012 al 28 de enero 2013, es uno de los más grandes pintores estadounidenses. Mientras que muchos de sus contemporáneos representaban el humo de las fábricas, él se dedicó a pintar las casas de Nueva Inglaterra; pero sobre todo a pintar el cataclismo humano. Lo que quiero decir es que pocos artistas han logrado hacer una radiografía de la modernidad como él. Sus temas son ante todo metafísicos, léase soledad, abandono, desesperanza, tristeza, incomunicación humana, desconocimiento del otro, pero también desconocimiento de sí mismo. Cada uno de sus personajes está condenado de antemano a su propio abismo, a su propio infierno, como si no hubiese escapatoria posible. Cada pintura de Hopper cuenta una historia; pero la diferencia con otros pintores anteriores a él, es que la historia no está terminada, cada espectador debe buscarle un fin, como en el cuadro de Degas al que hacía referencia anteriormente; creo que este es un logro fundamental en los dos pintores. Es precisamente esta característica la que le permite a Besson construir su propio mundo narrativo. Él mismo afirma que no le gustan las pinturas que cuentan una historia terminada, donde la posibilidad de imaginación se reduce a su más mínima expresión. Besson afirma que un cuadro debe dejar una parte para que cada espectador construya o imagine el final que más le guste, y yo agregaría el final que más se acomode a la propia vida o al menos a lo que uno cree que es su propia vida. Los personajes de Degas, de Hopper y de Besson arrastran sombras dolorosas, pasados tormentosos, secretos que pesan en la vida de cada uno de ellos, están habitados por el hastío, carecen de futuro, están condenados al ostracismo dentro de sí mismos. Los personajes de Degas y de Hooper son anónimos, son NN que ha vomitado la ciudad, carecen de identidad, son eternos exiliados, extranjeros perpetuos en sus propios cuerpos, con los cuales están obligados a convivir así no lo deseen; por lo que Philippe Besson trata de nombrarlos, de construirles un pasado, en el que puedan verse a sí mismos, así vean toda la miseria humana escondida en el fondo de su ser, en otras palabras cada uno de ellos capta, a su manera, la fugacidad del tiempo y hace visible lo invisible.
Y si en literatura Hopper ha influenciado a Besson, en cine es Wim Wenders quien ha sucumbido a su magia, entre muchos otros directores de cine.
Para terminar quisiera hablar de la luz de Hopper y de su cálido colorido. Mientras que el cuadro El Ajenjo de Degas es una atmósfera gris, muchos de los cuadros de Hopper son bañados por una luz mágica, como si el sol que los baña fuese permanentemente veraniego.
sábado, 1 de agosto de 2015
DEL SUEÑO Y SUS PESADILLAS, DE JOHARI GAUTIER CARMONA O EL INFIERNO DE LAS PATERAS
En
los últimos años he vivido de cerca el drama de los inmigrantes clandestinos
que tratan de pasar el túnel de La Mancha arriesgando sus vidas, todo por el
sueño de una vida mejor. Vienen de Siria, Afganistán, Sudán, Eritrea y la lista
continua. Hombres, mujeres y niños. La mayoría son jóvenes, muchos de ellos
adolescentes, y todos indocumentados; van detrás de un sueño que les permita
vivir.
Las
imágenes en la televisión son cada vez más dantescas, pareciera que el infierno
no tiene límites. Sin embargo, cuando les preguntan si no tienen miedo a morir
en el intento de pasar por el eurotunel, o morir asfixiados en el vientre
profundo de una tractomula, responden que d si regresan a sus países de origen
se toparían cara a cara con una muerte segura. Así que tratan de embolatar al
miedo diciéndose a sí mismos que nada de lo que pueda sucederles en busca de la
libertad y de una vida mejor puede ser peor que lo que han dejado atrás.
Algunos
llegan a Francia por tren, otros llegan escondidos en camiones. Otros llegan a
Europa en viejas barcazas atiborradas de gente, cuarenta, cincuenta o sesenta
personas, donde normalmente no cabrían sino unas veinte. Cuando están cerca de
la isla de Lampedusa en Italia, o cerca de las islas Canarias en España, los organizadores
de estos viajes al horror, en realidad el crimen organizado, los abandonan a su
suerte, muchas veces los lanzan al mar vivos para aligerar el peso de esas
embarcaciones de miseria o para que lleguen a nado cuando vislumbran las
costas. Sin contar que muchos de ellos o no saben nadar o no están en
condiciones físicas debido a la larga travesía que han hecho, no sólo de
semanas sino algunas veces de meses, cuando han debido atravesar el desierto de
Libia, por ejemplo.
Todos
estos inmigrantes son víctimas de la trata de personas y para poder cumplir con
el sueño de una vida mejor en una Europa supuestamente rica y generosa, pagan
sumas que van desde los 1600€ hasta los 6000€. Sumas exorbitantes para
cualquier persona, pero sobre todo para una familia que vive en un país en
guerra o en el África Subsahariana.
Europa
cierra cada vez mas sus fronteras, pero sigue haciendo guerras, y sobre todo
sigue extrayendo todos los recursos naturales de África sin dejar nada a
cambio. Una política que le sale aún más barata que los tiempos coloniales.
Para
los occidentales África es una gran herida, una herida purulenta; que no se
atreven a mirar cara a cara de miedo de ver reflejados en sus rostros la
ignominia y la esclavitud a la que la han sometido desde hace más de quinientos
años.
Esta
África sin futuro, la que nos desnuda Johari Gautier Carmona en su último libro
Del sueño y su pesadillas (Atmósfera
Literaria, Madrid, 2014), contrasta con la de Léopold Sedar-Senghor: la de violentos guerreros de las
sabanas ancestrales/África a la que cantaba mi
abuela/Al borde de un río lejano. El África de Gautier, por el contario, es un continente olvidado, sacudido por las
mafias que desean sacar provecho de la miseria de sus habitantes, sin
importarles la suerte que puedan correr una vez se embarquen en esas naves del
delirio a las que ni siquiera las comandan pilotos experimentados, ni las
proveen con la suficiente gasolina para llegar a buen puerto. Si hace doscientos
años eran sus propios hermanos los que los vendían en los puertos como
esclavos, ahora son ellos los que los envían a una muerte casí segura.
Gautier
Carmona nos relata la vida de dos jóvenes senegaleses, Salif Bambara y Salif
Diop, dos huérfanos que desean viajar a Europa para trabajar y poder ahorrar
dinero con el cual puedan ayudar más adelante a otros huérfanos. El lector
acompaña a estos dos muchachos a lo largo de su penoso viaje hasta las
Canarias. En realidad el libro es una parábola de la lucha por la
supervivencia, pero sobre todo es una lucha por no sucumbir ni a la locura ni
al odio, ni a las disputas que pueden presentarse en situaciones límites, después
que la barca en la que navegan ha quedado a la deriva y donde el agua dulce y
los víveres ya se han agotado desde hace días. Sin olvidar los olores, la
fatiga, las piernas entumecidas por la falta de movimiento, el calor del día y
el frío de la noche. La sal marina que
quema sus pieles.
En
esa barcaza está condensado el universo y la miseria humana; no obstante, el
autor protege a sus personajes y les evita caer en el delirio. Los preserva
hasta el final sin que pierdan las esperanzas por un final que puede cambiarles
para siempre sus vidas. En el viaje habrían podido perder la brújula que los
hace seres humanos; no obstante, logran salir del laberinto, no indemnes, pero
si con la esperanza de una vida mejor.
jueves, 30 de julio de 2015
FÉMINAS O EL DULCE AROMA DE LAS FEROMONAS: 2o capítulo
CARMEN CARMEN
CARMEN CARMEN
Cada vez que escucho La Habanera inevitablemente pienso en Carmen, no en la gitana de Bizet sino en nuestra compañera de universidad. Estudiaba literatura como nosotras, pero era la dramaturgia su verdadera pasión. Asistía a clases de actuación en las mañanas y leía cuanta obra se le atravesaba. En esa época todas leíamos desde teatro griego hasta Racine o Molière, pero ella buscaba, además, obras contemporáneas. Cuando descubrió a Brecht fue como si acabase de nacer. Por otra parte, estaba el teatro de denuncia de los años setenta y ella no podía escapar a su influencia. Pero si se escapaba de la universidad para irse una semana al Festival Internacional de Manizales. Solía decir que se iba para un congreso. Y tenía razón. En la universidad nos han debido dar la semana libre. Pretendían que leyésemos obras teatrales, pero no nos enseñaban a verlas, a disfrutarlas en escena. Carmen soñaba con ser una actriz reconocida.
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Una de las obras que más le impactó, fue un montaje colectivo que se hizo sobre la masacre de las bananeras. Creo que fue esa obra la que definitivamente la marcó. Pero también el hecho que por esa época el Festival de Manizales recibía escritores latinoamericanos de enorme importancia. Pablo Neruda había sido uno de sus invitados de honor. Solía contar, con el corazón en la boca, que cuando Neruda se presentó en el Teatro Los Fundadores, los organizadores del evento cerraron las puertas cuando ya no hubo más sillas disponibles, pero que los estudiantes, enardecidos, las habían echado al piso. Echar era un eufemismo, porque las puertas eran de vidrio. La juventud entera quería ver al poeta. ¿Se imaginan? -nos preguntaba-. Esa noche sentí que mi vida nunca sería la misma. Que mi alma y mi cuerpo estarían para siempre ligados al teatro en particular y a la literatura en general -agregaba-. -Al año siguiente fue Ernesto Sábato el invitado de honor. ¿Cómo no obedecer a un llamado tan visceral como ese? -nos volvía a preguntar-. Otra vez, fue leyendo a García Lorca. La lectura de La Casada Infiel y Bodas de Sangre, no hacían sino confirmar su profunda pasión hacia la poesía y el teatro.
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En realidad, el llamado a la literatura lo había tenido desde niña. Aprendió a hablar repitiendo las poesías que le recitaba su mamá. A la edad de cuatro o cinco años, ya hacía parte del grupo de teatro y de danza del colegio donde estudiaba. Aprendió a bailar una jota, o un pasodoble, al mismo tiempo que la cumbia, incluso recibió clases de ballet clásico. Lo que nunca pudo soportar eran los cursos de piano que recibió siendo adolescente. Más tarde diría que si de algo se arrepentía era de no haber sabido valorar el piano que tenía en casa. Hasta la lectura del pentagrama se le olvidó. Nunca dejaría de lamentarlo. Y sin embargo, durante años fue integrante de la banda del colegio, habiendo pasado por todos los instrumentos. Carmen tenía de la otra Carmen una pasión desmedida por la danza y por la música. Era bastante ecléctica en cuanto a gustos se refiere. En música aceptaba todo, menos el vallenato. -Eso no es música, es ruido, -aclaraba enfáticamente.
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Podía escuchar un bolero o la ópera de Bizet con igual entusiasmo. Un día podía escuchar a Vivaldi y al siguiente pasarse toda la tarde escuchando tango, jazz o pasarse a Los Beatles o simplemente escuchar a Gina María Hidalgo. Y todo con el mismo ardor. Si escuchaba a Celia Cruz su cuerpo de medusa comenzaba a bailar sin importarle si tenía pareja o no.
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Más tarde comprendería que entre Carmen, la música y la danza había una relación intrínsica. Eso, sumado a su deseo de ser actriz, le abrió unas posibilidades plásticas que no siempre es fácil encontrar en todos los actores. Carmen era otra de las incondicionales de César. Soñaba con él, no sólo en el ámbito sexual sino en el manejo que él le daba al cuerpo cuando danzaba. Carmen decía que al verlo bailar, era como si viese a Shangó. Se imaginaba a sí misma como Yemanyá, por lo que imitaba el movimiento de las olas cuando mueren en la playa. Debe de ser por eso que siempre iba llena de brazaletes, una de las insignias de la diosa africana. Ansiaba ser yoruba o lucumí, como en el poema de Nicolás Guillén. Decía que ella era 60% indígena y 40% negra. Que por fortuna no tenía nada de española ni de europea. En definitiva, estaba orgullosa de ser mestiza, -como lo es todo el mundo en este continente, decía. No obstante, cualquiera que la viera bailar un pasodoble, sabría leer en sus pasos los movimientos sensuales de una bailaora, varias veces centenaria, que se lucía en tierras ibéricas ante el César de turno.
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Al final de la carrera, Carmen y César escribieron una obra y luego la llevaron a escena en Virginia, libros y pintura, el sitio cultural que había abierto Miranda con su compañera. Ella narraba en términos épicos, el choque cultural del siglo XVI, mientras que el cuerpo de César representaba un plañido profundo de los pueblos que habían visto arrancar sus raíces de cuajo. Por lo que su cuerpo simulaba a la vez un galeón y un galeote. Era el África ancestral que hablaba en cada músculo, en cada movimiento, en cada salto o asalto, en cada mirada, en cada gesto. Carmen, por su parte, narraba los hechos utilizando el poder de la tradición oral, como si fuese una antigua juglar. El resultado fue una obra a todas luces mágica. Los que tuvimos oportunidad de verla, nos sumergimos en un sueño que nos llevó a diferentes épocas, culturas y religiones. Carmen decía siempre que la gran tragedia del pueblo latinoamericano era su sentimiento de bastardía, por lo que la obra no era sino la búsqueda de la identidad perdida.
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Los dos necesitaban contar la versión de los vencidos, pero no la náhuatl, sino la de ellos. La versión que salía de una memoria que venía allende el mar, pero también de las montañas y de los llanos. Su obra comenzaba con las frases de Binigdi Badio, un indígena cuna: “La cultura es para nosotros como un árbol mágico que hunde sus raíces en nuestra historia, para extraer de la memoria colectiva de nuestra gente, la savia maravillosa que nos nutre y nos hace retoñar de nuevo. Por eso no nos hemos acabado”. De todas formas los poemas indígenas o “cantos tristes” les ayudaron a encontrar un lenguaje que hurgaba en la esencia del pueblo latinoamericano. Carmen lo sabía muy bien, amaba la poesía náhuatl y cuando pensaba en lo que habíamos perdido recitaba los versos que hablaban sobre la llegada de Cortés a México:
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En los caminos yacen dardos rotos,
los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas,
y en las paredes están salpicados los sesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas,
y cuando las bebimos,
es como si bebiéramos agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
Con los escudos fue su resguardo,
pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad.. Llorad, amigos míos,
tened entendido que con estos hechos
hemos perdido la nación mexicatl.
¡EI agua se ha acedado, se acedó la comida!
Esto es lo que ha hecho el Dador de la Vida en Tlatelolco. . . (Visión de los vencidos. Miguel León Portilla.)
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Con el montaje de la obra, Carmen había comenzado a despedirse de esta tierra, quería irse a estudiar a Francia. Pero también decía que antes de visitar la ciudad luz o de irse de paseo a Epidauros, tenía que hacer una peregrinación por los sitios sagrados de ese pasado glorioso y tumultuoso que tanto dolor le causaba. Así que primero se fue de viaje a San Agustín. La Fuente de Lavapatas significó para ella el comienzo de un viaje iniciático que culminaría en Machu-Picchu. Luego partió. Fue al día siguiente de la graduación. Se iba con la firme intención de no regresar nunca. Por supuesto que años después lo haría. Alguien como ella no podía estar lejos del mundo al que admiraba por encima de todas las cosas. América Latina hacía parte de sus entrañas, sólo que en ese momento aún no era consciente de ello. Lo sabría con el tiempo.
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París significó para Carmen un descubrimiento en todos los sentidos. Salir a las calles y tropezarse con gente de los cinco continentes, escuchar lenguas que nunca había oído, conocer formas diferentes de vestir, de peinarse, leer obras que no nos llegaban o que lo hacían con varios años de retraso, poder escoger la formación académica que quisiese, ver a las mujeres mayores coqueteando con hombres jóvenes. Observar las ganas de conocer o de viajar de muchos franceses, su capacidad analítica y crítica; todo eso fue para Carmen como un nuevo renacer.
Pero también estaba la otra parte, la parte oculta que le llevaría más tiempo conocer. El racismo y la xenofobia incrustada en una parte del pueblo que se negaba a aceptar que en la diversidad está la riqueza de la especie humana, o los desempleados, o los clochards errando por las calles, o las sopas populares.
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Cuando Carmen comenzó a ver la otra cara de ese París cosmopolita y hermoso, sintió como si una bofetada le hubiese atravesado el rostro. Se dio cuenta que el mundo de inequidad también estaba fuera de América Latina y que la precariedad no era sólo una pandemia nuestra.
A esas alturas ya sabía que era el choque cultural. Fue entonces cuando Alma, la francesa de corazón abierto y generoso, la invitó a conocer el Jardín Botánico de París. El aire cálido y húmedo, mezclado con las fragancias de flores tropicales que respiró en su invernadero, le trajo a la memoria el olor de su país. La invadió la añoranza, hasta que la morriña le dolió. La luz del trópico, las montañas y los abismos sin fin, empezaron a roerle el alma. Comenzó a soñar con tulcanes, con colibríes, con orquídeas, con el calor de su casa. El español atropellado le machacaba los recuerdos con la canción uno siempre vuelve a los lugares donde amó la vida.
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Carmen, se había convertido en Carmen Carmen. Estaba escindida. Una parte amaba a Francia y a su lengua, y la otra amaba a Colombia. No podía tener las dos cosas a la vez, al menos eso creía. A su regreso, el país la recibió con la toma del Palacio de Justicia y con la explosión del Nevado del Ruíz. Pasarían muchos años antes de poder comprender que ella podía vivir con esos dos amores, sin serle infiel a ninguno. Terminaría también por comprender que el exilio hace parte de nosotros mismos como si fuésemos eternos exiliados en nuestros propios cuerpos, por lo cual no hay escapatoria posible. Es como la soledad, podemos estar en medio de una multitud y sentirnos abandonados en una playa de la cual nadie tiene ni la menor idea de su existencia. Porque finalmente soledad y exilio son sinónimos, o soledad y desesperanza, o desesperanza y exilio. Cuando finalmente lo comprendió, sintió que las partes de su cuerpo, que habían estado largo tiempo separadas, volvían a unirse en un todo. Fue cuando decidió nuevamente instalarse en Francia. Ella también viene hoy, me lo confirmó por correo electrónico hace una semana.
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