martes, 12 de enero de 2016

II PARTE: EL PUZZLE DE LA HISTORIA O EL AROMA A TRÓPICO DE JORGE ELIÉCER PARDO

EL LENGUAJE : El manejo del castellano de la parte de Jorge Eliécer Pardo es de una gran riqueza en todos los sentidos, gramatical, verbal, sintáctico. Si se habla de una fuerza descomunal en los libros de Pardo, es, precisamente, el lenguaje. Diría que leer su obra es emprender una aventura a través del idioma; como si cada palabra, cada imagen, cada frase, fuese una nave que nos transporta al pasado, a mundos conocidos o imaginados, existentes o inexistentes, tangibles e intangibles. Pocas veces puede leerse una obra literaria con un manejo tan brillante de la lengua castellana ; al menos de la lengua que hablamos en Colombia. Es un manejo del lenguaje como pocas veces se encuentra en la literatura. Es impecable, limpio, rico en metáforas que nos hacen volar y caer en picada, sumergirnos en aguas turbulentas y en lagos sin olas, nos hace pisar el rocío del amanecer y viajar en el ojo del huracán. Es avasallador por decir lo menos. Es como cabalgar en un caballo desbocado que corre por la cresta de la cordillera vadeando abismos ocultos por la bruma. Otras veces es plácido como las aguas de un lago en tiempos de verano. Y si digo ésto es porque en la utilización de la lengua están ímplicitas múltiples características alusivas al pueblo que la habla, a su idiosincracia, a su historia, a su trayectoria sociológica y cultural. Con ésto no quiero decir que la obra de Jorge Eliécer Pardo no sea universal. Si bien parte de acontecimientos locales, éstos rápidamente se transforman en universales; por lo que todos los lectores, sin importar su lengua y cultura, pueden reconocerse a sí mismos. Su obra se convierte en una metáfora fácilmente reconocida por el lector, sin importar la situación geográfica y la cultura a la que pertenezca. “Debajo de los cobertores Hendrik Pfalzgraf encontraba la oscuridad de su sótano en Hamburgo. El ruido del aire que entraba por los resquicios y, el insistente golpeteo de la ventana contra su marco, lo conducían al moderato del Concierto No 1 de Brahms. Tenía entre su maletín burdo las viejas partituras que conocía de memoria y que desplegaba sobre los atriles como una manera de sentirse acompañado. Pasaba las páginas en su mente buscando los mejores movimientos o escuchando, muy adentro de su laberinto, todo el concierto. (Idem, pág.” 101) Lo que me lleva a recordar a Ernesto Sabato con una hermosa frase que Bruno le dice a Martín, si mal no recuerdo es así : -No hay nada más universal que una pareja besándose en un parque. A lo que yo agregaría : No hay nada más universal que las guerras, o el amor, o la soledad, o el delirio, o el exilio, o la evocación, o la migración. No hay nada más universal que el saudade del que hablan los portugueses y que se respira en cada página de El Pianista que llegó de Hamburgo y en La Baronesa del Circo Atayde, los libros que hacen parte de la saga El quinteto de la frágil memoria. LA MÚSICA : Para nadie es un secreto que el lenguaje poético es música. Y música es lo que suena en cada párrafo, en cada página de la saga de Jorge Eliécer Pardo. Hendrik Joachim Pfalzgraf, el pianista que llegó de Hamburgo, nos lleva de la mano a través de un magnífico recorrido por la música clásica; especialmente en el triángulo en B de la música alemana: Bach, Beethoven y Brahms; como bien lo señala el autor ; pero también están los boleros de Agustín Lara. Y para Carlos Arturo Aguirre, el personaje central de La Baronesa del Circo Atayde, además de los boleros están los tangos que forman parte intrínsica de su vida. Habría que hacer enfásis en que la música sirve como mecanismo para hacer girar la memoria, y más que memoria la evocación y la imaginación. (1) “Creo que voy a escribirle unos versos porque la música es amor en busca de palabras… La música excava el cielo, es eco del mundo invisible” (Idem, pág. 283-284). Leyendo la saga pensé en una idea que tuve casi a todo lo largo de la lectura de Lolita de Nabokov, no porque las obras se parezcan, sino porque para mí, por más extraño que pueda parecerles a los que han leído esta gran obra, Lolita es un personaje que solo existe en la imaginación de Humbert Humbert. Pues bien, lo mismo podría decir de Matilde Aguirre y de María Rebeca Pérez, las amadas del pianista de Hamburgo y del carpintero Aguirre. Aunque no niego la posibilidad que ellas se hayan cruzado en sus caminos en algún momento de sus vidas sin abrir las puertas a nada más. El amor que Pfalzgraf y Aguirre construyen alrededor de ellas -sofocante, delirante-, se transforma en una pasión que las convierte en diosas, en mujeres de leyenda, en mujeres miticas; no en una sino en varias mujeres a la vez que aparecen y desaparecen en la bruma del recuerdo; que toman diferentes formas, diferentes caras, como máscaras que ocultan lo que no puede decirse, lo que no puede mostrarse, precisamente porque no hay nada que mostrar; como no sea una obsesión nacida de un ansia por encontrar a la mujer ideal, la que todo hombre desea en algún momento de su vida pero sin que ella llegue verdaderamente a compartir su lecho. Podría enumerar mútiples parráfos que me sirvan para apuntalar esta hipótesis; pero basta con traer a colación a dos de ellos : 1. “Quiso suspender las notas en el espacio vacío de su incertidumbre, prolongarlas para que subieran por las escaleras y llegaran a ella y le dijeran cuánto la amaba. Soltó los pedales al verla en el comienzo superior de la escalera, como una aparición sagrada, transfigurada con la luz violeta que los pétalos dejaron en su entorno. Bajó sin tocar los escalones, le dio un beso en la boca, abierto y profundo. Llévame a casa. Era la primera vez que lo pedía. Siempre salía como sombra o como enamorada invisible y, una vez ganaba el andén, la ciudad era suya, sin temores. Se vistió su traje oscuro y los zapatos de charol negros con la rapidez de la nueva canción de Lara que ella adivinó en las ranuras. Parecían un daguerrotipo. Hendrik sintió que adherían en su espalda una cuerda y lo subían a una de las huellas de la pared, al clavo, para que empezara a contar su historia a los ángeles protectores o a los seres solitarios. Se agarró de Matilde y ella lo tomó por el brazo y lo llevó hasta la puerta. Cuando cerraron, aún los perseguía la voz de Agustín Lara.” (El pianista que llegó de Hamburgo, pág. 201) 2. “Creía que le agradaba. María Rebeca cerró los ojos y él supo que fingía sueño profundo. Como en los últimos años abrió una botella de aguardiente y puso la victrola en medio del patio, con los tangos que le arrancaban el alma. Deambulaba de la sala a la habitación, de la mirada insultante al disco negro y pesado de 78 rpm, de los ojos cerrados de Rebeca al amanecer colándose por la puerta abierta; los vecinos se lamentaban por el escándalo y la compasión por el hombre que se hundía en las borracheras. El día que me quieras /la rosa que engalana, … y la casa quedó sola. … Cerró los portones con llave y se tiró a la calle hacia la cigarrería. Mientras bajaba hasta la Carrera Séptima, el aire de la tarde y la llovizna le ayudaron a recapacitar sobre lo ocurrido. La amaba más, la deseaba más, la poseería las veces que le viniera en gana, haría valer su derecho: era su mujer. Pensó que lo recibiría sin protestas y aligeró el paso simulando sobriedad. Al regreso, el aguacero arreció y, empapado, subió hasta el barrio Egipto con la botella envuelta en una bolsa de papel. Pasó los dos portones, con erección. Al entrar en la alcoba con la imagen de Rebeca tendida boca arriba en el blanco inmaculado, encontró la cama vacía. La buscó por toda la casa golpeándose con las paredes. Miró en el interior del armario y ahí estaban sus vestidos, sus abrigos, sus capas, sus pijamas, sus calzones y brasieres, menos el sombrero de ala ancha que le regaló veintiún años antes en la sombrerería ni el abrigo de piel que jamás estrenó. Salió como demente a gritar el nombre de su fugitiva y desde las ventanas lo compadecieron aún más.” (La Baronesa del Circo Atayde, pág. 156) Carlos Arturo Aguirre buscará a su amada María Rebeca en las letras de los boleros y del tango. Aunque sabe de antemano que su búsqueda es en vano y que su presencia es sólo una fuga permanente. Sabe también que la Baronesa del Circo Atayde es éterea y que boga gracias a los vientos y huracanes que despejan los caminos por donde transitan los hombres que la desean encerrar en una casa y ponerla al cuidado de los hijos. PERSONAJES MÍTICOS: María Rebeca en realidad es el origen del universo, no el del dios de los judeocristianos sino el Big-Bang, esa inmensa explosión de la que surgió la galaxia en la que habitamos: “Se abría la caja. Emergía el primer llanto, aliento primigenio, sin aceptarlo o negarlo, la alumbre descubría, pequeña cabeza. ¿Dónde está su padre? ¿La madre asexuada? . En ese lugar y en todos destinada al ciclo perverso de la muerte… Penetró la remembranza del gran ruido…” (Idem, pág. 27). Jorge Eliécer Pardo nos lo cuenta desde los mitos cosmogónicos, aliento primigenio, que debió haber estallado durante milenios en un ruido ensordecedor que finalmente parió el universo que habitamos y terminó creando la vida que nos rodea. Pero como toda vida, creó también la finitud, la muerte. Para que algo exista, y esté completo, obligatoriamente tiene que existir su contrario; de otra forma sería la Nada, le Néant, el vacío sideral. María Rebeca también nos remonta a Lilith, del vocablo hebreo lil, que significa aire, viento, espíritu. Recuérdese que el aliento es aire y es viento que genera vida, su ausencia es la muerte. Posteriormente lil dio origen a Laila, la noche. Por algo Lilith es considerada en el folclor hebreo como el espíritu que copula con los súcubos y además es la causante de las poluciones nocturnas de los hombres. En realidad Lilith es una figura mítica que se remonta a la cultura mesopotámica, como lo es una gran parte del Antiguo Testamento. (2) “El sexo los unió en profundas entregas a campo abierto mientras recorrían el nirvana. La arropaba con el cuerpo avasallante. Cuando María Rebeca quiso cubrirlo con el suyo, se lo prohibió. … Planeó su fuga. La humillación de la postura del misionero no la soportaría, así fuera su primer hombre.” (Idem, pág. 91) Este párrafo me recuerda el libro En nombre de Lilith (Colección Las Ofrendas. Escuela de Estudios Universitarios. Universidad del Valle, 2011), de la poeta Martha Patricia Meza: “Olvidaste que fuimos hechos de polvo cósmico, somos iguales. ¿En qué momento comenzaste a posar de pavo real, mientras la humanidad se hundía en el lodo y la guerra y la miseria?” Lilith, movimiento perpetuo, creación perpetua, eterno devenir. Debe ser por eso que la consideran malévola, a veces es una criatura de la noche o una lechuza. Lilith la rebelde, la que no se doblega ante nadie, ni siquiera ante el amor; por eso ha sido condenada al ostracismo y al olvido. No hay que olvidar que existió antes que Eva. Y una de las tantas hijas de Lilith es Antígona: “… emprendió la aventura encerrada en su cofre-sarcógafo. María Rebeca, en el devenir, el silencio, encontró una manera no de morir, sino de sobrevivir. “Al ser izada con la cuerda, en medio del aire entre la claraboya y el piso, círculo de arena sin malla protectora, supendida, antes de las miles de vueltas que la alejan del pasado odioso, se da cuenta, en el balanceo, de que su presente, el olvido y el perdón, se convertía en remolino donde sus acciones se volvían justas, repetidas. (Idem, pág. 120) Antígona, digna hija de Lilith, antes de ser sepultada en vida, prefiere ahorcarse, tal y como lo habían hecho Artemisa y Erígone en los mitos mesopotámicos. Sin olvidar a Ariadna ahorcándose de un árbol, al menos en una de las variantes del mito. Antígona no se arredra ante el poder de Creonte, su tío, que quiere vejarla, humillarla más allá de lo indecible. Pero antes había logrado: (llegar) “hasta los huesos, espina dorsal, daga dórica.” (Idem, pág. 120) No hay que olvidar que el cuerpo de su hermano Polinices fue dejado en las afueras de Tebas, a la intemperie, para que los cuervos y los perros se dieran un festín. Y es que la mayoría de los pueblos del mundo han hecho de la muerte un ritual que incluye la sepultura de sus seres queridos. Cuando este ritual no se hace, no sólo es una afrenta al muerto sino a todo su linaje. Cuando se desconoce el lugar donde reposan el cuerpo que se ama no puede hacerse el duelo. Esa es la gran tragedia de Esquilo que sigue repitiéndose hasta el infinito. Los desaparecidos son un ejemplo de este mito. Las Madres de Mayo dicen que la peor tortura de la dictadura aún no termina; ya que cuando se levantan tienen la esperanza que en cualquier momento va a sonar el timbre y que una vez abierta la puerta van a abrazar al hijo perdido. A medida que avanza el día la esperanza comienza a diluirse y con la llegada de la noche, regresan las lágrimas nunca vertidas ante una tumba. Ese es el drama de miles de mujeres colombianas ante el horror de la guerra que hemos vivido en los últimos sesenta años. Somos eternas Antígonas en busca de los huesos a los que debemos dar sepultura. Y luego está Medea. La que traiciona a su pueblo y huye siguiendo las huellas del amado que habrá de abandonarla cuando ya no la necesite. Recordemos que Medea aparecerá siglos después en otro territorio y hablando otra lengua, ya no griego sino náhuatl; me refiero a Malintzin, mas conocida como La Malinche o La Lengua de Cortés; al menos en la leyenda negra que se ha construído en torno a este personaje bastante controvertido. …“te he dado más de lo que he recibido.” (Idem, pág 166) Cuando en realidad era ella la que había dado todo, sin recibir nada a cambio. “A pesar de que creía morir sin él, se dio cuenta de que el amor es un invento de quien lo desea.” (Idem, pág. 166) Medea, la eterna exiliada, huye en la cresta de las centurias: “Ella buscaría el olvido y la paz sin lograrlo. Fenecía su descendencia, libre de lazos, libre de opresiones, de amor maternal, fría para su nuevo viaje hacia la tierra que jamás la olvidó.” (idem, pág. 166) Pero antes de La Malinche está Ariadna. En la versión más conocida del mito, ella había traicionado a su pueblo para seguir a Teseo y luego ser abandonada por él cuando ya no le era útil. Y por supuesto está Penélope. La eterna tejedora de vocablos, de historias; no en vano Sherezada es una de sus caras pupilas. “El ovillo retorna al arcón y la respuesta queda en el aire, allí, donde dejó las voces. Texo, tejido, textus, palabras“. (Idem, pág. 188) Y antes puede leerse: “Recogida, madeja humana, armada de dos agujas afiladas… Desde los trapecios, las vigas y la claraboya, bajan los hombres a asediarla para lograr sus encantos. En el descenso la ven cubierta por la urdimbre y, al llegar al círculo de arena, La Baronesa ha descosido la capa para quedar expuesta. Ellos no soportan tanta belleza… No cree en la fidelidad de los pretendientes, menos en su propia castidad. Su manta, como sus sueños e ilusiones, mueren una y mil veces en la desnudez.” (Idem, pág, 187). La frase Ellos no soportan tanta belleza me hace pensar en uno de los juicios más famosos de la historia; el de Friné. La hermosa hetaira que sirvió de modelo para La Venus de Cnido de Praxiteles. Friné es procesada por impiedad y por haber violado los misterios eleusinos; posiblemente las dos grandes transgresiones en el mundo griego; algo parecido a la acusación que le hicieron a Sócrates. La leyenda dice que el acusador era un antiguo amante que no aceptaba que ella lo hubiese abandonado; en otras palabras no soportaba que tanta belleza ya no fuese de él. El orador Hipérides hace una defensa bastante original. En vez de utilizar su famoso verbo decide quitarle su túnica. Ante su desnudez los jueces entendieron que una belleza así era un tributo a la diosa Afrodita y que por fuerza tenía que pertenecerles a todos; a lo mejor esa fue la verdadera razón por la que no la condenaron a una muerte segura. Los ojos lascivos de esos hombres finalmente le preservaron la vida. Este episodio fue representado por Jean-Léon Gérôme, Friné ante el aerópago (1861). —————————- 1. Recordemos que María Moliner, al hablar de evocacion, dice lo siguiente : 1. Tr. Invocar a las almas de los muertos. 2. Representarse a alguien en la imaginación para sí mismo, o describirlo o representarlo para otros, algo que ocurrió en tiempos pasados. 2. Para entender un poco más este enunciado puede leerse El Folklor en La Biblia, de Georges Frazer ————————— III parte: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2016/01/12/iii-parte-el-puzzle-de-la-historia-o-el-aroma-a-tropico-de-jorge-eliecer-pardo/

sábado, 9 de enero de 2016

PRIMERA PARTE: EL PUZZLE DE LA HISTORIA O EL AROMA A TRÓPICO DE JORGE ELIÉCER PARDO

Nota: El resumen de esta ensayo de largo aliento fue publicado inicialmente por El Magazín del diario El Espectador en el mes de septiembre de 2015, hoy les presento la primera parte de un total de cinco. ---------------------------------- A MODO DE INTRODUCCIÓN : UN REPASO POR LA HISTORIA RECIENTE : Nunca he creído que América Latina en general, y Colombia en particular, haya estado por fuera de los dos grandes conflictos bélicos del siglo XX, como tampoco estuvo por fuera de la Gran Depresión de Estados Unidos. Esta última fue una sombra siniestra sobre mi familia. Mi madre, que había nacido en 1924, tuvo a la edad de tres años una ostiomelitis que la postró en cama durante cuatro largos años. Mi abuelo, al igual que la mayoría de la gente de su época, era un agricultor y ganadero, así que para poder hacer frente a su enfermedad perdió lo que tenía. A partir de 1929-1930 vendía las vacas a $5 y encimaba el ternero. Nunca más pudo recuperarse del todo. La Gran Depresión dejó una huella indeleble en la economía familiar. En cuanto a la Segunda Guerra Mundial, habría que recordar que muchos alemanes se exiliaron en varias ciudades de Colombia, Manizales entre ellas. Así que yo crecí con hijos de alemanes que habían participado en esa pesadilla o que habían huído del conflicto bélico o de la posguerra. Incluso mi hijo es nieto de uno de los jóvenes que tuvieron que enlistarse en las filas de Hitler sin entender muy bien porque debían tomar las armas y su tío abuelo pereció en los campos de batalla sin haber conocido al vástago que estaba por llegar al mundo; a un nuevo mundo que será recordado siempre como el del exterminio judío. El que comenzó con La noche de los Cristales Rotos : La persecución se acrecentó cuando un joven judío polaco —Herschel Grynzapan— de diecisiete años, llegó a la embajada alemana en París y pidió hablar con el embajador. En su lugar lo recibió Ernest von Rath, tercer secretario. El muchacho buscaba vengar a su padre —uno de los dieciocho mil judíos alemanes deportados a Polonia días antes— y asesinó al diplomático. El hecho enervó a Hitler: ciento diecinueve sinagogas fueron incendiadas, setenta y seis destruidas, siete mil quinientos negocios de judíos saqueados, veinte judíos detenidos y treinta y seis fusilados. En La Noche de los Cristales Rotos —como se conoció la venganza— el valor de los vidrios destrozados se calculó en cinco millones de marcos. (El pianista que llegó de Hamburgo, Jorge Eliécer Pardo, Editorial Cangrejo, 2012, pág. 22) Al leer este episodio pensé inevitablemente en Charlotte de David Foenkinos, Premio Renaudot y Premio Goncourt de Lycéens 2014. En su libro relata que también fueron quemadas las barbas y trenzas de los judíos ortodoxos. Una forma de borrar su existencia, su cultura, sus creencias religiosas. Una forma de sembrar la humillación, el desamparo y el miedo que habría de reinar en Europa en los siguientes siete años. El desenfreno es total. Es así como tiene lugar la Noche de los Cristales. Del 9 al 10 de noviembre de 1938. Los cementerios son profanados. Los bienes (de los judíos) son reducidos a la nada. Miles de (sus) almacenes desvalijados. Se obliga a muchos a cantar delante de las sinagogas a las que se ha prendido fuego. A algunos les queman sus barbas. A otros, rehenes en sus propios teatros, los golpean hasta matarlos. Los cadáveres semejan basura. Miles de hombres son internados en los campos Miles. Uno de ellos es el padre de Charlotte. (Charlotte, de David Foenkinos, pág. 117, Edit. Gallimard,2014. Traducción libre de la autora del artículo). Y por supuesto están los campos de concentración, Jorge Eliécer Pardo nos lo narra así: Los amigos de la familia decidieron quedarse, sus propiedades y dinero estaban perdidos y en sus brazos —por obligación— lucían la estrella de David para ser identificados por los alemanes puros. El exterminio se agrandó después de los dos atentados al Führer y muchos fueron presos en guetos, con muros rematados por alambradas de púas. Se morían lentamente, hacinados —trece personas por habitación— entre el hedor insoportable de sus propias heces mientras aguardaban el turno de ser conducidos a las duchas. (Idem, pág.23) Los campos de la ignominia, los campos de exterminio, los que nos hacen mirarnos al espejo, no sólo como la especie que ha creado la cúpula de Brunelleschi, sino que hemos abierto literalmente las puertas del infierno de Rodin y de Camille Claudel, aunque antes hubiésemos contemplado desde lejos las del paraíso de Ghiberti. Por lo que inevitablemente pienso en Primo Levi, en Jorge Semprún, en Herta Müller, en Katja Kettu, en Katya Petrowskaja o en Clara Schoenborn, y la lista podría continuar . Jorge Semprún recuerda así su paso por Buchenwald: Es el silencio del bosque el que tanto os extraña. … No, no es el silencio… no habían oído el silencio… Se acabaron los pájaros… El humo del crematorio los ha ahuyentado… nunca hay pájaros en este bosque… Escuchan, atentos, tratando de comprender. - ¡El olor a carne quemada, eso es ! Se sobresaltan, se miran unos a otros. Con un malestar casi palpable. Una especie de hipido, de naúsea. (La escritura o la vida. Jorge Semprún. Fábula Tusquets Editores. 6a edición. 2013. Pág. 17). Y es que nadie que no haya estado en un campo de extermino nazi puede imaginar siquiera el olor del que habla Semprún. El olor de los hornos crematorios es el olor que había hecho huir a los pájaros. Semprún hace del olor una especie de hilo conductor de su obra. Habla de los olores en las barracas, el olor de los prisioneros, habla de su propio olor, pegado a él como la muerte misma con la que se cruzó durante su cautiverio; me refiero a su estadía en el infierno de Buchenwald. Este infierno de olor a carne humana quemada aparece en Los oficios en clave de Atenea, de la colombiana de origen judío-alemán Clara Schoenborn (Premio Nacional de Poesía Ediciones Embalaje-Museo Rayo, 2011), ese olor y esa pesadilla aparecen en versos dispersos en diferentes poemas, lo que me ha permitido recrear un nuevo poema: Tanto puño contenido en tu cementerio de embriones (Poema Revolucionaria) Sólo yo conozco esa antigua fundición de cadáveres (Poema Guerrera) Es mi arco un prisionero obligado a ser verdugo a esparcir su metalurgia entre golpes de muerte (Poema Cazadora) En los jugos de esta muerte voy a revivir (Poema Amante) Para exorcizar en ellos (ellas) mi propia muerte (Poema Guerrera) y por ello se hace más denso el silencio del mundo (Poema Cazadora) (Los oficios en clave de Atenea. Clara Schoenborn. Apidama Ediciones. Bogotá. 2013). Aún Clara Schoenborn, sin haber sido testigo directo de los campos de exterminio, intuyó que el canto de los pájaros había desaparecido del paisaje fracturado por los hornos crematorios. Como si ese olor nauseabundo tuviese su propia memoria y navegase en el tiempo y de generación en generación. Y Jorge Semprún, al recordar el paso de la muerte por el campo de concentración, nos dice : Desde hace dos años, yo vivía sin rostro. No hay espejos en Buchenwald. (Jorge Semprún, op. cit. pág. 15). Y más adelante : Dos años de eternidad glacial, de intolerable muerte me separaban de mí mismo.¿Volvería a mí algún día ? ¿A la inocencia, cualquiera que fuera el afán de vivir, de la presencia tranasparente a uno mismo ? ¿Sería para siempre jamás ese otro ser que había atravesado la muerte, que se había alimentado de ella, que se había deshecho en ella, evaporado, perdido ? (Idem, pág. 121) Este párrafo me hace pensar en una frase de Herta Müller que leí hace algunos meses : De qué vas a avergonzarte cuando careces de cuerpo (Todo lo que tengo lo llevo conmigo. ePUB, pág 370). Una frase que busca desentrañar los infiernos personales de los prisioneros de los campos de concentración y como sus victimarios trataron de borrar, de aniquilar sus vidas. En este caso se trata del drama del poeta Oskar Pastior y de otros prisioneros a los que Herta Müller entrevistó y que le contaron la vida dentro del campo de trabajo forzado, esta vez bajo la ordenes de los rusos. A esa gran insania, la de los campos de contración y exterminio nazi, hay que sumarle otra de la que raramente se habla : Los Niños de Lebensborn (Fuente de vida) al que hace alusión Jorge Eliécer Pardo con su libro El pianista que llegó de Hamburgo : ...mi hija Laura, se diluye en la neblina espesa. Se la llevan unos hombres indefinidos, con uniformes de casacas y gabanes grises que, entre el claroscuro, dan la espalda. Detrás de la cortina densa están los niños de Lebensborn, en el castillo donde crecen los hijos de Hitler, los pequeños engendrados por soldados nazis, rubios, de ojos azules y de más de un metro con setenta de estatura. Laura camina hacia el bosque, voltea la cabeza y me mira, como suplicando el rescate, en este solsticio de invierno. Como miles de niños de Polonia, Checoslovaquia y Francia, es secuestrada para que forme parte de la guardia pretoriana del Führer. No soy un músico de Hamburgo sino un oficial al que le entregan varias alemanas para que preñe y devuelva al Reich cuatro hijos de los cuatrocientos mil hombres y mujeres que gobernarán el mundo. … Himmler firma los papeles que le trajeron: L343-38, el número que le asignan para el futuro. Los experimentos dan sus resultados y los padres no volveremos a ver a los pequeños de Lebensborn. Entregan a mi niña el anillo con la calavera como símbolo y lealtad al Führer: obediencia, fraternidad y camaradería. La cabeza de la muerte que recordará a Laura que se halla lista para sacrificar su existencia en cualquier momento, por el bien de la raza germánica. La insignia la sacan del santuario secreto, del castillo de Himmler, en Wewelsburg, herencia de uno de los oficiales de la vieja guardia, muerto en combate. Los ojos celestes de ella se desvanecen entre mis lágrimas. (El pianista que llegó de Hamburgo, pág. 131-132) Un drama poco conocido, al menos yo sólo vine a saber de él gracias a Nancy Huston y su libro Marcas de Nacimiento (Premio Fémina 2006). Entre 1940 y 1945 los Nazis llevaron a cabo un vasto programa de germanización o arianización. Hasta aquí es algo sabido por todos nosotros, lo que yo ignoraba es que bajo las órdenes directas de Heinrich Himmler más de doscientos mil niños de todas las edades fueron literalmente secuestrados en sus países de origen: Polonia, Ucrania y los Países Bálticos, con el fin de suplir las pérdidas humanas de la guerra. Los niños más pequeños eran llevados a unos centros considerados como granjas de cría y de allí pasaban a vivir con familias alemanas que los criaban como si fuesen propios. Los niños que habían iniciado la etapa escolar eran conducidos directamente a centros especiales donde se les educaba bajo los preceptos arios. Una vez terminada la guerra se crea la UNRRA (United Nations Relief and Rehabilitation Administration), cuyo objetivo principal era buscar a los niños raptados por los nazis. Solamente cuarentamil lograron ser restituidos a sus familias de origen. Algo similar ocurrió en Polonia, donde dos mil quinientos niños del ghetto de Varsovia fueron separados de sus familias y posteriormente dados en adopción a familias católicas polacas. La gran diferencia es que los niños no fueron robados a sus familias, sino que éstas consintieron en entregarlos voluntariamente. Los progenitores estaban conscientes que era la única forma de preservarles la vida. Detrás de tamaña empresa estaba una trabajadora social, Irena Sendler (Polonia - 1910-2008). Desafortunadamente este programa de desaparición forzada no fue el único que se dio en Europa. Me refiero al caso de los niños desaparecidos en los años que siguieron a la Guerra Civil Española. Durante los años de 1939 a 1949, miles de niños, hijos de padres y madres republicanos, fueron dados en adopción a familias con nexos falangistas, o bien internados en hospicios públicos. Muchos de ellos no solamente nunca regresaron con sus familias biológicas sino que aún hoy en día no saben la verdad sobre sus orígenes. Durante la época franquista se consideraba a los republicanos como una especie diferente y cruel por naturaleza. Y en esta idea del mal republicano quien llevaba la peor parte era la mujer. Se hablaba incluso de la crueldad femenina, que era acentuada si la mujer participaba en política. La idea de darlos en adopción a familias adictas al régimen de Franco era poder educar a los niños bajo los preceptos falangistas; al mismo tiempo que borraban toda huella que pudiese llevar a la identificación del niño robado. Este delito no prescribe, así Franco haya muerto, y se le considera crimen de lesa humanidad. España, en su recuperación de la memoria histórica, ha emprendido una tarea ardua, difícil y encomiable, en pro de los Derechos Humanos; aunque no hay que olvidar las múltiples trabas que han puesto los bandos de los dos extremos para que la verdad no salga a la luz. En la época de la dictadura franquista había una copla que decía más o menos así: Se me ha perdido un niño en el fondo del jardín/ he encontrado un niño en el fondo del jardín. Este programa perverso inevitablemente me hace pensar en los niños robados por la dictadura argentina, con el cruel objetivo de darlos en adopción a las familias de los victimarios de sus propios padres; es decir, los hijos de los detenidos-desaparecidos. Las Madres de la Plaza de Mayo han logrado encontrar a algunos de ellos, pero aún quedan otros muchos en manos de las familias victimarias o familias con nexos cercanos a la dictadura. La Asociación de las Madres de la Plaza de Mayo (abuelas de los niños en cuestión), estima que alrededor de quinientos niños habrían sido robados a sus padres legítimos y dados en adopción. Hasta el momento han sido recuperados alrededor de ciento nueve niños, en un programa sin precedentes por el restablecimiento de la verdad, la búsqueda de la identidad y de la reconstrucción histórica; pero sobre todo en un arduo trabajo de reivindicación y respeto a los Derechos Humanos. Y en Chile están los niños robados a sus madres durante dos décadas, las de los 70 y 80 del siglo pasado, durante la férula que significó la dictadura de Pinochet. Con el agravante que apenas se comienza a develar este oscuro episodio histórico. Como en el caso español se desconoce cuantos niños pudieron haber sido víctimas de adopciones ilegales, no se sabe si fueron cientos o miles. Uno de los principales culpables de este delito atroz es el sacerdote católico Gerardo Joannon, de la Consagración de los Sagrados Corazones. Por supuesto que él no actuó solo, lo hizo en connivencia con hospitales, enfermeras, trabajadoras sociales; es decir apoyado y protegido por el Estado. Aún sigue sin ser juzgado. Por otra parte, Colombia no fue ajena a los campos de concentración. Recuérdese que durante dos largos años decidió internar a las colonias japonesa, italiana y a la alemana; y aunque aparentemente el trato fue bueno, la realidad es que estaban encerrados como si fuesen criminales. Esto sin contar que les prohibió toda posibilidad de tener un trabajo digno y por ende la posibilidad de mejorar su economía familiar y grupal. Este episodio histórico fue llevado al cine por Carlos Palau, una pequeña joya del cine colombiano, tal vez la única, así algunos digan que esta película pudo haber sido mejor, que le faltó dramatismo, que la fotografía le roba protagonismo a los actores que son demasiado estáticos, me refiero a Sueño en el Paraíso (2007). Cinta que me hizo pensar en Akira Kurosawa, no en vano Palau vivió varios años en Japón y es un gran admirador de la cultura nipona. También recordé el libro Cuando el emperador era un dios (2002) de Julie Otsuka (Premio Fémina Extranjero 2012, con la obra Algunas no habían visto nunca el mar), el cual narra la vida en el campo de concentración que Estados Unidos construyó para mantener prisionera a la colonia japonesa en la Segunda Guerra Mundial. Es de anotar que la gran mayoría de hombres y mujeres llevaban años trabajando en dicho país y que sus hijos habían nacido en suelo estadounidense; ellos también tuvieron que vivir durante dos largos años en los campos de la ignominia. Al salir lo habían perdido todo. Hendrik buscó al señor Massi. Le dijo que si la bella y delgada Magdalena era su hija, fuera a presentarse porque lo estaban buscando para recluirlo en uno de los campos de concentración que organizó el estado colombiano para los amigos de Hitler y Mussolini. Explicó, sin importarle, que salió de Hamburgo huyendo de la guerra y que no era más que un ex patriado que pretendía esconderse del exterminio. No dijo más, tenía dignidad y el silencio de la música. (Idem, pág. 87) Terminada la guerra, Colombia tuvo una política antisemita al cerrarle la puerta a cientos de judíos que clamaban por un país que los recibiera después de conocerse la barbarie de los campos de concentración y de exterminio nazi. Algunos de ellos pudieron llegar a Barranquilla y migrar luego a diferentes regiones donde formaron familias; la mayoría de ellos con colombianas ajenas al odio que la sociedad occidental había alimentado en contra de su pueblo. Luis López de Mesa … escribió en una circular que el gobierno consideraba a los cinco mil judíos establecidos un porcentaje insuperable. Pedía a los cónsules que pusieran las trabas posibles al visado de nuevos pasaportes para impedir el ingreso de judíos, rumanos, polacos, checos, búlgaros, rusos, italianos. Afirmaba además, que estos personajes llegaban a los puertos en tal grado de miseria que carecían de los centavos necesarios para el pago del timbre nacional y del transporte al lugar de destino, aumentando el número de desocupados que se dedicaban a negocios ilícitos o de ilícita operación. Hacía énfasis en que los judíos que abandonaban Alemania perdían su identidad, adquirían la condición de apátridas y que para dejar de serlo solicitaban la nacionalidad y que Colombia no estaba en condiciones de aceptarlos. Cuando la Unión Panamericana exigió la entrada de refugiados, López de Mesa dijo que sí lo harían si se trataba de inmigrantes de buena índole racial y moral, porque los judíos tenían una orientación parasitaria de la vida. (Idem, pág. 27) Muchos de esos alemanes, japoneses o judíos, que creían haber escapado a las garras del delirio, fueron atrapados más tarde por la vesania que significó La Guerra Civil Colombiana, más conocida como la época de la violencia, que se desató después del fatidico 8 de abril de 1948 cuando asesinaron a Gaitán. La pugna fratricida por el poder, que enfrentó a liberales y conservadores, sembraría las semillas de la violencia que hemos vivido en los últimos sesenta años. Aunque sería más honesto decir que han vivido las comunidades campesinas, negras e indígenas; sin olvidar a las clases populares que habitan en los cinturones de miseria o en los barrios más desfavorecidos de las principales ciudades colombianas. Los ciudadanos de las clases media y alta hemos sido más bien espectadores de un conflicto que nos negamos a reconocer; y los que han sabido de su existencia es porque de una u otra forma han sido copartícipes de este inmenso río de sangre que no ha dejado de correr. Me refiero a los ganaderos y terranientes; así como muchos empresarios. El eterno y nunca solucionado problema de la tenencia de tierras en Colombia. Una gran cicatriz que no hemos podido cerrar del todo. Cada vez que lo intentamos la herida se hace más y más grande. Por otra parte, hay que recordar los campos de concentración de las FARC, y ésto en fechas bastante recientes. Una forma de perpetuar los campos de concentración de Stalin una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial; recuérdese que Buchenwald funcionó hasta 1950, ya no bajo las órdenes de los nazis sino de los comunistas. La ignominia de las FARC corrobora que en la guerra el hombre alcanzan límites indescriptibles de horror y que olvida que sus prisioneros son seres humanos. Pues bien, es este eterno conflicto humano, el de la guerra, el tema central de la obra de Jorge Eliécer Pardo. Es la columna vertebral de sus dos últimas obras, El pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde, que hacen parte, a su vez, de la saga El Quinteto de la frágil memoria. Una obra monumental en la que ha estado inmerso en los últimos veinte años, pero que en realidad abarca toda su existencia. Por lo general los lectores no avezados suelen ignorar que una obra literaria no se gesta de un día para otro. Podría decirse que se gesta desde antes incluso del nacimiento del escritor. Lo digo porque hay multiples causas y eventos de toda índole que influyen en la creación literaria; ésto también es válido para la creación artística. Y en una novela histórica este ingrediente es una verdad de a puño. Suelo decir que los escritores nos alimentamos de todo lo que vemos en la calle, de todo lo que escuchamos, de las experiencias de los otros, de las lecturas que hacemos; entre muchos otros ingredientes que nos nutren a todo lo largo de nuestra existencia y que van tomando forma a medida que emprendemos el oficio de escribir. Y si alguien sabe de lo que hablo es precisamente Jorge Eliécer Pardo. Su obra desentraña más de cien años de la historia reciente de Europa y de Colombia. Es un viaje en el que el pasado se hace contemporáneo del lector. Una soberbia lección de historia. Sobre todo en un país donde la hemos vilipendiado y convertido en el trapo con el que limpiamos la basura que no queremos que vean los vecinos. Y es que los colombianos nos hemos puesto una venda en los ojos para no vernos en el espejo y tener que enfrentar nuestros propios fantasmas, nuestros propios demonios; esos que nos despiertan todos los días con un nuevo atentado, un nuevo asesinato, una nueva masacre. Porque hasta las palabras las hemos ido disfrazando, para que pierdan peso y valor, para que no sean nominativas, para que no nombren, para que oculten en vez de mostrar. Es el caso de la palabra masacre. ¿Cuántas han habido en Colombia en los ultimos cincuenta años? En realidad es un genocidio, pero le tememos a esa palabra; no le tememos a otra de grueso calibre, pero decir genocidio, es algo que debe callarse a como dé lugar. -¡Eso no ocurre en nuestro país ! ¡Si aquí ni siquiera hay un enfrentamiento armado !, diría Álvaro Uribe Vélez. Y con respecto a los cerca de cuatro millones de desplazados, su fiel seguidor José Obdulio Gaviria, el mismo que se considera a sí mismo filósofo y sociólogo, los llama : Migrantes.

martes, 29 de diciembre de 2015

Lista de los mejores libros que leí en el 2015

Lista de los mejores libros que leí en el 2015: Meursault, contre-ênquete*, Actes Sud (Meursault, caso revisado, Editorial Almuzara) de Kamel Daoud (Premio Goncourt a la primera novela 2015- Finalista Gremio Goncourt 2014). Es de lejos una joya literaria, tan grande como el Extranjero de Albert Camus. Kamel Daoud (Argelia, 1970) escogió la lengua francesa para su creación literaria; de hecho comenzó a trabajar en el Quotidien d’Oran, periódico francófono, en 1994. Y este dato es muy importante tenerlo en cuenta, ya que Mersault, contre-enquête es un elogio a Camus y a la lengua francesa. De hecho a todo lo largo de la narración hay múltiples frases que exploran la belleza de esta lengua, incluso dice que tiene visos de diamante: “Hay algo que me asombra: nadie, ni siquiera después de la independencia, ha tratado de conocer el nombre de la víctima, su dirección, sus antepasados, sus posibles hijos. Nadie. Todos se quedaron boquiabiertos ante esta lengua perfecta que da al aire puntas de diamante…”. Meursault, contre-enquête, se mira al espejo de El Extranjero, de hecho al escribirla en la misma lengua lo hace no de izquierda a derecha sino de derecha a izquierda; es más, comienza con una frase contraria a la de El Extranjero: Hoy mamá sigue viva, parodiando la frase de Meursault: Hoy ha muerto mamá. Posteriormente va a tratar de dilucidar el nombre de Meursault, Meur, de meurt, muere, y sault que le recuerda a seul, solo; o sea Meurseult es el hombre que muere solo. Pero yo diría también que sault, me hace pensar en el saut, el salto; o sea el muerto que salta. Y es que Meursault va a estar presente en toda la narración, a veces incluso se confunde con su autor, o sea con Camus. Incluso Daoud nos recuerda al final del libro que la pronunciación de Meursault en árabe es El-Merssoul, o sea El Enviado o El Mensajero. ------------------------------------- La comadrona de Katja Kettu Katja Kettu (Finlandia 1978) es una escritora sin par. Leí La Comadrona (Alfaguara 2014) prácticamente de un tirón. Es una obra sobre el amor y la guerra. Aunque sería más acertado decir que es un descenso a los infiernos, un viaje a las profundidades del delirio que nos acosa en épocas de enfrentamiento bélico. La obra se desarrolla en un campo de concentración nazi en tierras laponas y narra la extraña historia de amor de una campesina, Ojo Salvaje, que trabaja como comadrona, y de Johann Angelhorst, un oficial SS alemán. La novela se sitúa en los meses previos a los enfrentamientos entre Finlandia y Alemania y a los primeros meses de la Guerra de Laponia. Su encuentro es bastante peculiar por decir lo menos. La primera vez que Johann Angelhorst se cruza con Ojo Salvaje observa, poco menos que alucinado, que ella tiene un cordón umbilical que le cuelga de la boca, ya que acaba de atender un parto y ha cortado el cordón con sus propios dientes. La mirada que recibe por parte del oficial, que es también fotógrafo, es la mirada de un macho que busca una hembra. Ella siente su olor mezclado con los propios efluvios de su cuerpo y del cuerpo que acaba de dar a luz. Desde ese momento ella se dirá que si logra ser amada por él no necesitará buscar otro hombre. Al respecto Katja Kettu ha dicho: « El tema más importante de la novela es conseguir el amor. Personalmente solo he estado enamorada una vez. Cuando le vi por primera vez me prometí a mí misma que si podía conseguir a este hombre ya no pediría ninguno más. Quería incluir esta experiencia en la novela.» -------------------------------------- Peut-être Esther de Katja Petrowskaja Posiblemente Esther, (Ediciones Adriana Hidalgo, traducción de Nicolás Gelormini), de la ucraniana Katja Petrowskaja (1970), obtuvo el importante galardón literario Ingeborg-Bachmann, Alemania 2013. Vielleicht Esther, fue escrito originalmente en alemán, una lengua que su autora aprendió cuando ya era adulta. Katja Petrowskaja nació en Kiev en 1970, y luego vivió en Rusia y Estonia, para luego instalarse definitivamente en Berlín. De origen judío, la autora indaga en las raíces de su familia materna y paterna. Tal vez Esther, evoca la historia europea, al menos la historia de la Europa del Este, partiendo de la evocación de la historia familiar de la autora. Tal vez Esther, es un poderoso relato familiar, nunca había leído algo similar. Es hermoso, profundo y muy doloroso. Los recuerdos de la autora, de sus progenitores, de su familia, amigos y personas que encuentra a lo largo de su peregrinación al pasado, se tejen en un inmenso patchwork, en el que ineluctablemente el lector termina atrapado por una de las tantas agujas con las que cose uno a uno cada cuadro del pasado; algunas veces vivido, otras imaginado, o leído, o escuchado. El resultado es una investigación sorprendente sobre la historia del pueblo judío, su persecución y su exterminio ; no sólo por parte de la locura de Adolfo Hitler sino de la locura de Stalin y de sus secuaces comunistas. Desafortunadamente cuando se habla de El Holocausto, olvidamos que también los rusos jugaron un papel terrible, y que a su manera participaron en La Solución Final ; esa enorme herida del siglo XX. Horror es el término adecuado. --------------------------------------- La carta a Helga de Bergsveinn Birgisson Bergsveinn Birgisson (Islandia-1971), autor de una nouvelle, escrita en forma epistolar, La carta a Helga, (La Lettre à Helga, Editions Zulma 2013 – 125 páginas,traducido del islandés al francés por Catherine Eyjólfosson ). He leído esta hermosa carta de amor, pero también de reivindicación de la identidad, meciéndome en una mezcla de emociones que rara vez experimento cuando leo una novela. Y es que La carta a Helga no pretende ser un discurso racional, sino emotivo. Bjarni, el hombre que le escribe a Helga, tiene noventa años y en el umbral de la muerte, cuando ella lo espera del otro lado, decide contestarle la misiva de amor que muchos años antes ella le enviase. Bjarni, un eterno enamorado de la mujer por la que no supo o no quiso luchar, nos va a relatar uno a uno los episodios de un mundo que ya no existe: el de los pastores de ovejas del sureste de Islandia. A través de Bjarni descubrimos una literatura oral de una gran riqueza y belleza, las sagas, que narran las historias vikingas; pero también nos enseña un nuevo lenguaje: el de los pastores, agricultores y hombres de mar. Una forma de vida que practicamente ha dejado de existir en los últimos cincuenta años. No porque ese tipo de actividades ya no exitan en Islandia, sino porque la tecnología y la modernidad, ¿o postmodernidad?, las ha enterrado para siempre, o al menos es lo que pretenden. Es de anotar que Bjarni escribe su hermosa carta de amor a Helga en Kolkustadir, el 29 de agosto de 1997; así que el siglo XX, con todos sus cambios y con dos guerras mundiales, ha desfilado ante sus ojos atónitos; por lo que es plenamente consciente que su mundo está en peligro y que su desaparición es inminente. ---------------------------------- Boussole de Mathias Enard (Actes Sud, 2015) Actualmente estoy leyendo Boussole (Brújula) la obra ganadora del Premio Goncourt 2015. Una obra de una gran erudición. Es un peregrinaje a Oriente a través de la música, de la literatura, del arte, de los viajeros, de los científicos. Un viaje que comienza en el siglo XIX hasta nuestros días. Es un puente entre Oriente y Occidente, una invitación al diálogo entre culturas milenarias y de una inmensa riqueza. Es también la historia de una rara historia de amor, de un amor no correspondido. Es un viaje que interroga al desierto, que quiere borrar fronteras físicas para mostrar que en el fondo somos seres humanos que seguimos la senda del conocimiento y de la estética. Un mundo que camina en la cuerda floja de Las Mil y Una Noches y En busca del tiempo perdido de Proust, que camina entre el llamado a la oración de un muecín o los lieders alemanes. ------------------------------------ Literatura colombiana: Tríptico de la infamia de Pablo Montoya (Penguin Random House, 2ª reimpresión, julio 2015). Es a partir de la visión que los hugonotes tienen de la conquista española, en esas tierras indómitas y lejanas de las cuales llegaban las más insólitas leyendas pero también los relatos mas escabrosos, que Pablo Montoya construye su espléndido libro Tríptico de la infamia, y con el cual obtuvo este año el prestigioso Premio Rómulo Gallegos. Tríptico de la infamia es escrito con una rara erudición, con una de esas sapiencias que uno creería que hacen parte del cuarto de san Alejo y que ya no hay nadie que se interese por un mundo perdido para siempre en los anaqueles de las viejas bibliotecas europeas. Y de pronto, un autor colombiano va y desempolva papeles para luego pintarnos un fresco de ese mundo convulsionado del sigo XVI y traernos a pintores, grabadores y cartógrafos desconocidos para la gran mayoría de la gente, aún para aquellos que amamos la historia del arte; así algunos de sus cuadros no nos sean del todo desconocidos. Me refiero a Jacques Le Moyne (Francia,1533-1588), François Dubois (Francia,1529- 1594) y Théodore De Bry (Lieja,1528-1598), tres artistas hugonotes que van a representar uno a uno la locura desatada por el fanatismo católico en contra de su comunidad; me refiero a la Noche de San Bartolomé, pero también en contra de los indios del Nuevo Mundo. No hay que olvidar que estos personajes fueron víctimas de las Guerras de la Religión que azotaron a Francia desde 1562 hasta 1598; una guerra que de alguna forma habría de tener fuertes consecuencias en los países vecinos, sobre todo en la región de Flandes. Pablo Montoya nos sumerge en un mundo para muchos desconocido con una frescura propia del pincel de un artista del Renacimiento francés; recuérdese que Francia había quedado rezagada del Renacimiento italiano por haber estado inmersa en la Guerra de los Cien Años; así que como otros países llega tarde a este momento estelar de la historia del arte y del pensamiento. Montoya nos muestra, uno a uno, los cuadros que estos pintores realizaron y la denuncia visceral que hicieron de la religión y de la sociedad de su época. Tríptico de la infamia es un soberbio diálogo entre estos tres personajes históricos, poseedores de una gran cultura, políglotas, pero sobre todo poseedores de una gran sensibilidad social e histórica. Ellos eran conscientes de ser testigos privilegiados de su época y de las calamidades que el fanatismo religioso engendra. Sin olvidar que detrás de esa infamia está siempre escondida la ambición y el deseo de expoliar a los más indefensos; llámense en este caso hugonotes o indígenas americanos. Por eso estos artistas se saben elegidos, saben que son ellos los llamados a retratar la historia para que el horror de su tiempo no quede en el olvido. El pianista que llegó de Hamburgo (Pijao Editores, 3ª edición 2014) y La baronesa del circo Atayde (Ediciones Cangrejo, 2015) de Jorge Eliécer Pardo El pianista que llegó de Hamburgo y La baronesa del circo Atayde, primer y segundo tomos de la saga El Quinteto de la frágil memoria, aaon un fresco que pone de manifiesto la gran erudición de Jorge Eliécer Pardo y su profunda sensibilidad social que lo compromete con el desamparado, con el desahuciado, no sólo víctima del sistema político y económico, sino del desarraigo que nos acompaña en la larga noche en la que pueblan nuestros sueños -léase pesadillas- metafísicos. Es por ello que El pianista que llegó de Hamburgo y La Baronesa del Circo Atayde deberían ser una lectura obligatoria en escuelas, colegios, universidades, empresas, partidos políticos, sindicatos; estoy segura que aprenderíamos mucho sobre nuestra idiosincrasia y entenderíamos este remolino de violencia en el que hemos navegado por décadas. Para entender el presente hay que conocer el pasado y para proyectarse hacia el futuro tenemos que conocer el pasado y el presente. El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla. Eso lo sabemos con creces los colombianos. ------------------------------- Verónica resucitada (Pijao Editores, 2014) del editor y escritor Carlos Orlando Pardo, una obra que se entronca en el puzzle de la zaga El Quinteto de la frágil memoria de su hermano Jorge Eliécer Pardo y que compite con ella en el dominio narrativo y en el lenguaje utilizado; ésto demuestra hasta que punto hay una simbiosis literaria entre los dos escritores. Lo que habla muy bien de su trabajo mancomunado en pro de la literatura y de su interés mutuo por la historia reciente de Colombia; pero sobre todo por el interés de narrar la época convulsa de la mal llamada violencia. Sin olvidar el mejor libro que leí en el 2014: Le chapiteau vert de Ludmila Oulistkaïa Le chapiteau vert, Editions Gallimard 2014, de la escritora rusa Ludmila Oulistkaïa (1943); no conozco su título en español, tampoco sé si ya ha sido traducido. Es una escritora a la que no dudo en comparar con Marguerite Yourcenar, así de grande es. Es un libro de largo aliento, denso, erudito, con esa erudición de las novelas rusas. Oulitskaïa nos pasea por los senderos del arte, por los de su música y los de su literatura; nos sumerge en un refinado tratado de sociología e historia rusa. Nos pasea por la época estalinista y pos estalinista, pero también por el época de los zares y del grupo de oposición llamado Los Decembristas. Es uno de esos libros que nos ponen retos y a veces se tiene la impresión que se está leyendo a Dostoievski o a Tolstoi. Yo ya había leído un libro de cuentos de dicha autora, Mensonges de femmes (Mentiras de mujeres) Gallimard 2008, pero es este libro el que me sedujo completamente. Otro de los aspectos que resalto en el libro Le Chapiteau vert es el estilo con el que ha sido escrito. Es una obra que podría leerse como si fuesen cuentos, ya que cada capítulo cuenta una historia diferente, pero todos se entrelazan entre sí; bucean en el inconsciente colectivo y en la memoria colectiva e individual. Y es que ese es otro de los grandes méritos del libro, ya que rinde homenaje a la memoria. Nos recuerda que si bien somos individuos, también formamos parte de un círculo social y político; y que por ende todas las manifestaciones artísticas, culturales, sociales y políticas, deben ser conocidas y reconocidas por nuestros contemporáneos y por nuestros descendientes. Nos recuerda que no somos islas sino continentes, y que no somos nada sin los otros. Nos recuerda que somos producto de la lengua y de la cultura que nos ha alimentado desde antes de nacer; que sin ellas no existimos, no somos nada; sin ellas viviríamos en el limbo. ------------------------------ *Nota : Todas estas reseñas, a excepción de Boussole de Mathias Enard, pueden leerse en su integralidad en este blog.

sábado, 5 de diciembre de 2015

ABRIL ROJO DE SANTIAGO RONCAGLIOLO

CUANDO LA IGNORANCIA -O LA INCOMPETENCIA- SE TOMA EL PODER En estos días hemos asistido inermes ante la debacle de Venezuela, de Ucrania, por no hablar de la guerra fratricida que asola a Siria o la terrible incompetencia de varios de los gobernantes africanos que consideran que sus países son sus feudos personales y que el pueblo es sólo su esclavo. Pero tampoco podemos ignorar a personajes como Uribe, y su larga y oscura noche, hoy alargada por ese siniestro personaje salido del bestiario medieval conocido como Ordoñez. /7 La ignorancia y la incompetencia no tienen color político, ¿cómo habrían de tenerlo si lo único que les interesa es su ambición personal, el enriquecimiento de su propia familia, o de sus allegados más íntimos? ¿aunque para lograrlo recurran a la persecución y asesinato de los opositores, a la manipulación de la justicia, al robo electoral, y muchas veces al genocidio de su propio pueblo? todo esto para escapar a la prisión dónde deberían purgar sus delitos. // Y si me refiero a dicho tema es porque en estos días he estado inmersa en la lectura de Abril Rojo*, el libro sobre el Sendero Luminoso, de Santiago Roncagliolo; aunque para ser honesta más bien debería decir el libro que se sumerge en la corrupción de las fuerzas armadas, de la policía y de la justicia peruana. En realidad una parábola de la fragilidad de nuestras democracias, por lo que no puedo evitar hacer una lectura de la política colombiana, de su más que cuestionada justicia, de su execrable guerra, y de su terrible desigualdad social, económica y educativa. Sin olvidar el nefasto papel que han jugado la Iglesia católica y las sectas que pululan en sus calles polvorientas, con las que tratan de ocultar las huellas de los 220.000 cadáveres que ha dejado este confrontamiento armado en los últimos cincuenta años. // Y es que Maduro, como lo fue Fujimori en su momento, los Kirchner de antes y de ahora, las dictaduras del Cono Sur, el Uribe de antes y de ahora con su implacable twitter; verdadero azote con el que nos recuerda todos los días que durante su paso por el Palacio de Nariño lanzó al país en un lodazal de fanatismo y sectarismo, con el que buscó perpetuarse en el poder y convertirse en un ídolo, olvidando que la mayoría de ellos son sólo de barro y excrementos; tal y como lo prueba el escándalo en el que se ahogan ahora las Fuerzas Militares de este país que pugna por salir de la hecatombe que él propició. // La misma hecatombe que legó Chávez, no solo por su pésima administración, sino por haber dejado en el poder a un hombre sin ninguna preparación intelectual ni académica; por lo que el barco está zozobrando ante la enorme ola que amenaza con tragárselo. Sin olvidar que detrás del timonel están los Castro que manipulan al Maduro, nunca maduro, o a Evo, o a la marioneta que tienen en Nicaragua; sin olvidar los aplausos que le dan a la persecución de la prensa en el Ecuador. // Y es que el fascismo, como lo decía Héctor Abad Faciolince en su columna de El Espectador, publicada el pasado domingo (15 de febrero de 2014) no es sólo de extrema derecha. También lo es cuando la extrema izquierda, y su incapacidad administrativa derrumba las bases de una democracia y sume a la población en el miedo, en la precariedad, en la violencia y en el hambre que corroe sus entrañas. ............................................... Abril Rojo, de Santiago Roncagliolo. Premio Alfaguara de Novela 2006. Punto de Lectura, 2007.

jueves, 3 de diciembre de 2015

VENUS KHOURY-GHATA

VENUS KHOURY-GHATA (1937 (Líbano) -2026 (París).
El 7 de diciembre de 2011 fue otorgado el Premio Goncourt de Poesía* a Venus Khoury-Ghata, quien ha ganado innumerables preseas literarias, como el Premio de la Academia Francesa (2009), el Premio Apollinaire o el Premio Mallarmé, entre otras.
Venus Khoury-Ghata nació en 1937 en el norte del Líbano, en un pequeño pueblo llamado Pshery, el mismo que vio llegar al mundo al poeta Jalil Gibran. En 1972 se instaló en París. Inicialmente trabajó para la revista Europa, dirigida en ese entonces por Louis Aragon, a quien ella, en compañía de otros colegas, tradujo al árabe.
Khoury-Ghata es novelista y poeta, publicó alrededor de treinta títulos. Es de anotar que el New Yorker, al referirse a esta insigne poeta y novelista, dijo la siguiente frase: “Venus Khoury-Ghata es a la poesía lo que Gabriel García Márquez es a la novela”.
Su poemario Où vont les arbres? (¿Adónde van los árboles? - Mercvre de France 2011), indaga en su tema predilecto, la muerte. Ante nuestros ojos desfila la patria herida, violada, devastada por el fuego inclemente de la guerra. La Patria que tiene mil, un millón de amantes, la Patria que se casa todos los días con alguien diferente y a la que la autora llama madre:
“Se casa con guerreros y soldados de plomo/ La casa se hundía a medida que ella se casaba de nuevo y que/ Las lágrimas corrían por nuestras mejillas”.
Es una progenitora que a pesar de estar muerta sigue engendrando hijos de hombres desconocidos que la violan en el patio trasero de un cementerio. en realidad ella representa a la muerte; a veces es una madre que ama a sus hijos y en otras es su enemiga:
“La madre quería vender a sus hijos pero ningún camino los aceptaba” “Entre la madre y nosotros estaba la sombra del invierno” “La madre nos quería con brazos largos… para introducirnos en su sueño”.
La madre, con cara de fuego, se pierde en las colinas o detrás de los árboles, es esquiva, a veces amante, pero en general violenta. Es una trashumante en un “paisaje sedentario”.
Cree partir cuando en realidad es el camino el que avanza.
Cuando hace referencia a la casa, describe su techo como una tumba, pero también como un hueco que entierra el sol:
“La casa le dio la espalda/ Ella cavó un hueco dentro de otro hueco y cada noche enterró un sol”.
La madre, eterna lavandera, lava la sangre de la tierra mientras que las manos de sus hijos se transforman en piedras. Al final se pregunta quienes somos para contar la vida de nuestros padres mientras morimos con cada lámpara que se extingue.
Nota: La lectura de este libro me hizo sentir que en vez del Líbano, arrasado por guerras intestinas, la poeta estaba hablando de Colombia y de nuestros ríos de sangre, un país muy diferente a aquellos que se empeñan en mostrar sus habitantes, marcados por el signo de la violencia y de la pobreza, como los más felices del planeta.
También quisiera decir que a veces cuando nos encontramos con poetas lúcidas podemos sentirnos muy defraudados cuando leemos sobre sus convicciones a nivel político, social y/o familiar; es el caso de Venus Khoury-Ghata puesto que sus posiciones con respecto a la mujer eran bastante conservadoras; algunas, incluso para mi modo de ver, fútiles y vanas.
*Esta reseña la escribí pocos días después de haber obtenido dicho premio.

sábado, 28 de noviembre de 2015

LA BALADA DE ISA DE MAGDA SZABÓ

La escritora húngara Magda Szabó (1917-2007), Premio Fémina 2003, con el libro La Puerta, es una de las escritoras más importantes de la Hungría del siglo XX, fue ignorada y apabullada por el régimen comunista de su país por espacio de varios años; léase literalmente borrada de la actividad literaria e intelectual de parte de un Estado totalitario que anuló a miles de artistas, escritores e intelectuales que no estaban de acuerdo con los postulados políticos y con las directrices que les imponían. Esta ceguera ideológica la hemos visto esta semana con la carta virulenta que Laura Villa, una guerrillera, -para quien ese “título” es motivo de orgullo- le escribió a la periodista María Jimena Duzán, inmediatamente después de la publicación de la entrevista que la guerrillera en cuestión le diese en La Habana (Cuba). http://www.semana.com/nacion/articulo/entrevista-de-maria-jimena-duzan-con-guerrillera/367320-3 carta de Laura Villa a María Jimena Duzán: http://www.semana.com/nacion/articulo/carta-de-guerrillera-de-las-farc-maria-jimena-duzan/367919-3 Y esta ceguera ideológica la sentimos -la respiramos- a todo lo largo de la lectura de La balada de Iza. Magda Szabó la retrata muy bien en la figura de Vince, un antiguo juez que fue apartado de sus labores por un fallo contrario a los intereses del Estado, habiendo sido confinado a un exilio en su propio pueblo; donde además era un delito acercarse a él, o a su familia, incluso saludarlo podía ser una causa de persecución política. Algo parecido a lo que Uribe, en su siniestra y larga noche, y ahora, a través de la marioneta temible de Ordoñez, nos ha impuesto a todos aquellos que no aprobamos su ideología de extrema derecha. Y es que los sátrapas no tienen ideologías únicas, la arista donde se encuentran es el odio y la polarización, por eso son tan peligrosos, esto incluye a la extrema derecha o a la extrema izquierda; léase toda clase de fanatismo religioso o político. // Magda Szabó, a la mejor manera de un Dostoievski, nos muestra un retrato psicológico de Vince, su mujer Etelka e Iza, la hija de ambos. Esta última, médica reumatóloga, controla la vida de sus padres, y la de los hombres que la han amado. Aparentemente es la mujer perfecta, es trabajadora, buena hija, excelente estudiante y excelente profesional, es dueña de una ecuanimidad a toda prueba, madura desde su más tierna infancia, por lo que todos sus racionamientos hacían sentir a sus padres como si fuesen ellos quienes habían incurrido en algún error; sentimiento que nunca los abandonó y que sería luego compartido por el entorno social de Iza; cuando en realidad lo que hace es anular la vida de los seres que la rodean, hasta convertirlos en sombras de sí mismos. A este terrible designio escaparán los dos hombres que la amaron, los únicos en darse cuenta de los hilos tenebrosos con los que pretende manejar sus vidas. // A la muerte del padre, Iza decide vender la casa familiar y trasladar a su madre, una campesina que ni siquiera había aceptado la electricidad y el alcantarillado en su casa, a su apartamento de Budapest. La decisión de tamaño desarraigo la toma sola, creyendo que así su madre estaría mejor. De ahí en adelante asistimos inertes a la caída al vacío de Etelka, su madre. A medida que pasa el tiempo ella va entrando en un túnel que la engulle a pasos cada vez más rápidos. Etelka es una mujer que nunca tuvo la ocasión de pensar por ella misma. Ancorada desde siempre en una Hungría rural, no pudo ser protagonista del paso acelerado de una vida campesina del siglo XIX, cuasi feudal, hacía la Hungría de mediados del siglo XX. Mientras que Iza, su hija – aparentemente perfecta, pero diabólica en su manera de dirigir y controlar la vida de las personas que ama- está perfectamente integrada a la nueva sociedad que ha surgido con la industrialización del nuevo siglo. // La Balada de Iza es una parábola sobre el amor -más bien sobre el desamor-, pero sobre todo es una obra sobre la incomunicación humana, sobre la dificultad que tenemos de construirnos como personas autónomas y de la dificultad de defendernos de un amor mal comprendido. A veces los hijos se convierten en los carceleros de los padres, creen que al sacarlos de su hogar, y llevarlos a vivir a su propia casa -donde no tienen nada que hacer- va a alegrarles la vida que les resta, y lo que hacen es cortarles las raíces que los ataban a su propia identidad, menguándoles las fuerzas y socavando su propia dignidad. Eso es lo que le sucede a Etelka. Cuando por fin decida liberarse de tanta opresión será con una determinación férrea y definitiva; es entonces que Iza entenderá que ya es demasiado tarde para recuperar a la madre. // En La Balada de Iza asistimos, como si se tratase de una puesta en escena, al despojo que la hija hace de la vida de su madre, no porque le robe sus bienes materiales -aunque también lo hace cuando decide vender su casa y los bienes que hay en ella sin consultarle nada-, sino porque le roba su propia vida, la anula como individuo, como ser humano, le roba su identidad. Impedirle a alguien hacer algo, sobre todo cuando esa actitud es repetitiva, es una forma de buscar una atrofia definitiva en su capacidad cognitiva, y por supuesto manual, entre otros aspectos; y eso es lo que hace Iza con su madre. // Sin embargo, esta anulación de la identidad se hace de una forma bastante camuflada, la madre, en vez de quejarse de los excesos de la hija, busca la forma de disculparla y se atrinchera cada vez más en el fondo de la habitación donde ha sido confinada. Y es que esta es posiblemente la mayor magia narrativa de Magda Szabó, ya que no nos sirve la tragedia de un ser humano en bandeja de plata, para que luego la devoremos con el fin de aplacar nuestras ansias de antropofagia, sino que nos habla de los acontecimientos de humillación y anulación como si la viésemos detrás de una cortina, como si en vez de asistir a una tragedia griega asistiésemos a una obra de teatro negro. Por lo que las emociones pasan por un cedazo y nos llegan mitigadas, sin ecos de dolor y sin gritos, pero la desesperanza está ahí, agazapada, dispuesta a lanzarse sobre nosotros al menor descuido. // El amor de Iza por su madre, y por las personas que la rodean, es semejante a tirar a alguien al fondo de un precipicio, y antes que llegue al fondo la atrapa en una red que ha puesto anteriormente, así que la devuelve a lo alto de la roca y la vuelve a lanzar. Así, una y otra vez, convirtiendo a su víctima en un eterno Sísifo que debe subir una cuesta empinada con una roca a cuestas, y justo antes de llegar a la cresta la piedra vuelve a rodar. // La balada de Iza es el retrato agónico de una sociedad más interesada en el éxito profesional que en construir verdaderos lazos con las personas que nos rodean y que nos aman. Yo diría que es la derrota que pagamos como individuos inmersos en los cambios vertiginosos de una sociedad que cambia cada segundo, por lo que no hemos aprendido el valor de la comunicación humana y mucho menos a ser seres de carne y hueso. ——————— Las complejas relaciones entre madre e hija también han sido exploradas por Magda Zsabó en La balada de Isa, pueden ver mi reses en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/11/29/todo-un-caracter-de-la-escritora-catalana-imma-monso/

TODO UN CARÁCTER DE IMMA MONSÓ

"Escribo para vivir, escribo por vicio, escribo para reír, escribo para reconstruir lo que pierdo y volver a tenerlo, escribo para poner cada cosa en su lugar, escribo para multiplicar la vida, escribo para comunicarme mejor, escribo para seducir, escribo para amar, para polemizar, yo qué sé… Escribo, en fin, por las mismas razones que leo.” Imma Monsó ---------- Mi encuentro con esta escritora fue bastante singular. Siempre he creído que yo no fui a su encuentro sino que ella vino hacía mi e hizo que comprara su libro Todo un carácter. Fue en el marco de la IV Feria del Libro de Manizales en el año de 2003. Excepcionalmente la Cámara del Libro había puesto un stand gigante con libros que feriaba por la increíble suma de $5000 (2.50 US al cambio de hoy), algo que para una lectora compulsiva, como es mi caso, era como un regalo caído de no se sabe dónde. No obstante, mi magro presupuesto no me permitía comprar todo lo que hubiese deseado, así que de todas formas debía escoger, hacer filtros; algo muy doloroso cuando de comprar libros se trata. Y sin buscar mucho me saltó a las manos una obra de una autora completamente desconocida para mí, Imma Monsó. Leyendo la contracarátula me enteré que era catalana y que se había ganado varios premios, entre ellos uno al mejor libro escrito en lengua catalana. Pero el título de la obra no me seducía lo suficiente como para llevármelo conmigo. Al día siguiente regresé, y volví a vivir los mismos instantes. El libro me quemaba las manos pero yo no me decidía a comprarlo; así pasaron tres días. Hasta que me di cuenta que el libro me había “escogido”, por extraño que parezca. Cuando llegué a la casa me lo devoré, al día siguiente ya lo había terminado. Quise entonces buscar más obras de Imma Monsó, pero la escritora se había vuelto esquiva y no fue posible encontrar ni una obra más. Alguna vez, en un viaje a Barcelona, busqué sus libros, pero sólo estaban en catalán, así que tuve que renunciar a leerla nuevamente. Fue sólo cinco años después del mágico encuentro, que pude comprar dos obras más: Nunca se sabe (Tusquets Editores) y Un hombre de palabra (Alfaguara). // Imma Monsó (1959) es graduada en Filología Inglesa, de la Universidad de Barcelona y con estudios de postgrado en Lingüística Aplicada en las Universidades de Caen y Estrasburgo (Francia). Durante varios años se desempeñó como profesora en un instituto de enseñanza media, hasta que se dedicó por completo al oficio de la creación literaria. Su primera obra la escribió a la edad de treinta años, No se sap mai (Nunca se sabe). Una vez terminada, la envió por correo a la Editions 62, anónimamente. Al día siguiente de haberla enviado fue contactada directamente por el editor, Oriol Castanys, quien aceptó gustoso publicar el libro. El editor no se había equivocado. La publicación de la obra fue un éxito inmediato. Fue muy bien acogida tanto por la crítica como por los lectores. Algo que raramente le sucede a un escritor, sobre todo a un buen escritor. Al recordar ese episodio Imma Monsó dice que “quedó perpleja” y que desde entonces es la perplejidad la que la impulsa a escribir. La obra vió la luz en 1996 y en 1997 ganó el XXI Premio Tigre Juan. Este reconocimiento literario terminó de catapultar a la obra y a su autora. En 1998 ganó el Premio Prudenci Bertrana, con la obra Como unas vacaciones. Ese mismo año el libro fue elegido como la mejor obra escrita en lengua catalana por la Associació d’Escriptors en Llengua Catalana. En el 2001 apareció Tot un carácter (Todo un carácter), traducido al español por Roger Moreno. // Todo un carácter: Este libro, a mi modo de ver, representa la consagración de la autora. Está narrado en primera persona, y quien habla es una joven mujer que cuenta -más que contar se lamenta- la relación con su madre. El lector se convierte en un espectador mudo e impotente ante la escena que se le devela: el vínculo a todas luces íntimo entre dos personas muy semejantes entre sí y a la vez completamente diferentes, como es el lazo madre-hija. Ningún otro nexo está tan marcado por sentimientos tan antagónicos como el amor y el odio, la aceptación y el rechazo visceral, la admiración y el horror que experimentan al saberse retratadas la una en la otra. Y alrededor de esos sentimientos, el juego diabólico que se establece entre las dos, en las que un día son amigas entrañables y al otro, enemigas irreconciliables que compiten por el amor del mismo hombre (léase esposo y padre). Los celos que se instauran en lo más profundo de cada una de ellas, en las que la madre es la rival de la hija y viceversa. Las críticas ácidas de parte y parte. El no querer reconocer que las hijas crecemos y que las madres tienen derecho a su propia autonomía e independencia; así eso signifique que se busquen amantes, incluso más jóvenes que ellas. El no aceptar que a veces invadimos los espacios de nuestra progenitora por el simple hecho que es nuestra madre y la apropiación de ese concepto nos da la falsa certeza que podemos, de un momento a otro, regresar a casa cuando hace tiempo hemos dejado el hogar familiar y tratar por lo tanto de imponer nuestros deseos, rutinas, vicios, “neuras”, a esa otra mujer que desde hace algunos años ha encontrado su propio espacio, su propia vida, su independencia; en la mayoría de los casos su verdadera independencia. Para muchas mujeres la primera vez que conocen el significado de dicha palabra es cuando los hijos se han marchado del hogar y cuando se ha enviudado. “… yo intuía que la soledad era el medio en que se sentía más cómoda, yo sospechaba que la soledad era su medio natural, pero una cosa es la naturaleza y otra la vocación, y su vocación era de calor familiar pero su naturaleza le impedía desarrollar esta vocación ya que rechazaba el calor y lo expulsaba como si se tratara de un tizón. Su modo de conjurar el temor a la soledad y al hielo consistía en condensar la atmósfera que la rodeaba, y esa atmósfera densa, que daba lugar a un clima que todo lo hacía posible salvo el aburrimiento, era la misma que ocasionaba el fenómeno de refracción: la radiación del afecto que le era enviado se desviaba y nunca llegaba a caldear aquel corazón que, de todos modos, se hallaba siempre en ignición por las características de su propio núcleo.” Como siempre es la hija la que habla, conocemos a su madre por lo que ella nos cuenta, por sus propias percepciones y prejuicios; sin darnos la oportunidad de conocer de primera mano lo que piensa y siente la progenitora; a no ser por algunas frases que ella escuchó decirle y que al traerlas a colación nos permiten conocerla más de cerca y más objetivamente: “los hombres no valen un duro cuando envejecen, no como las mujeres, que incluso a edades avanzadas saben defenderse solas y lucen de maravilla”. Con esta frase vemos a una mujer que le gusta provocar con las palabras, que lo que dice siempre obedece a algo, a buscar una reacción por parte del interlocutor e incluso escandalizarlo. A esa frase podría agregársele que cuando se quedan solas, cuando enviudan y los hijos hacen su propia vida, es cuando aprenden a ser amadas, pero sobre todo, deseadas: “La existencia de los pretendientes le iba a mamá como anillo al dedo: eran pocos molestos, se mantenían a distancia y, como siempre pretendían, jamás conseguían nada. Ilustraban una vez más a la perfección la idea de una carencia permanente, de aquello que falta y no se tiene, de lo nunca cumplido, ilustraban a la perfección la ausencia del presente y, en este caso, también la del futuro. Todo lo que concernía a los pretendientes era, eso sí muy misterioso”. A todo lo largo del relato nos enfrentamos a dos mujeres que son a la vez verdugo y víctima. Al final, la hija entiende que cada vez se parece más a su madre, que los gestos o palabras que detestaba en ella, son los mismos gestos y palabras que ella utiliza a medida que los años pasan. // Pero lo que en realidad me cautivó del libro fue el lenguaje utilizado. Un lenguaje cáustico, corrosivo, amargo, pero hermoso. Al leer el libro sentía la fuerza de una cata-rata, puesto que las palabras van a la misma velocidad del pensamiento, son arrolladoras. Es como caer por un precipicio que no tiene fin, y a medida que caemos podemos ver toda nuestra vida delante de nosotros, como en una película. Y cuando finalmente entendemos nuestra propia historia, y lo que es más importante, su propia historia, descubrimos que ella ya no está, que se ha ido. Por lo que de una u otra forma nos sentimos identificadas con esos dos personajes, tan ricamente concebidos desde el punto de vista psicológico. La mirada de Imma Monsó, sobre las relaciones entre los seres humanos, es una “mirada irónica”, como ella misma lo ha reconocido. // En el 2004 publicó un libro de cuentos Mejor que no me lo expliques, con el cual ganó el Premio Ciutat de Barcelona de Narrativa. Y en el 2006 apareció Un home de paraula, traducido al español por ella misma. Un hombre de palabra Con este libro Imma Monsó obtuvo el Premio Salambó 2006. Es una obra autobiográfica, en la cual la autora le rinde un homenaje al hombre amado. Es un libro altamente lírico, intimista; que narra el dolor profundo de la pérdida de la pareja, del amado, que aún amándonos nos deja por una amada más importante y más fuerte: la muerte. El libro está escrito a dos voces, una voz en tercera persona y otra voz que narra en primera persona. Esta polifonía es importante tenerla en cuenta a la hora de analizar la obra. “Ella”, la tercera persona, cuenta una historia de amor feliz, con encuentros y desencuentros, pero donde el amor se erige como bien supremo. “Cometa”, el hombre amado, más que pasar raudo por el firmamento, es la estrella que alumbra sus días y sus noches. Para “ella”, todo lo que él hace es perfecto, lo que ella hace no es tan importante. Quiere emularlo, así eso signifique dejar su propia naturaleza y así él trate de hacerle ver cúan importante es su propio oficio, el de escritora. “Si yo pudiera satisfacer a un auditorio como lo haces tú, si me acompañara la contundencia del gesto, de la voz, de la mirada, si tuviera tu capacidad de improvisación, ¿qué más podría necesitar?” Cuando ella le elogiaba esta habilidad, él, en consecuencia, se dedicaba a desacreditarla: “La palabra es sucia”, le decía. Está impregnada del engaño de la seducción. En cambio, la palabra escrita es limpia. Ah… Pero eso a ella le daba igual, limpia o sucia, habría deseado poseer el don de la palabra elocuente, justa, improvisada, que las frases le fluyeran bellas y cargadas de sentido a la vez. ¡Le habría gustado tanto tejer palabras que a continuación se llevara el viento, seducir con la palabra que envuelve el gesto y la mirada y las manos y la voz, siempre la voz!”. // “Ella” recuerda cada palabra, cada gesto, recrea el pasado, el pasado real, no el ilusorio; el pasado en que era feliz al lado del hombre que amaba, que la alimentaba, que la hacía llorar o reír, el hombre que en definitiva era su mundo, su universo; su principio, su fin, la otra cara de la moneda, el puente que te conduce a paisajes, a mundos desconocidos. En cambio, la voz de la primera persona es dolorosa, catártica, como la misma Imma Monsó la describe. Es la voz que hace el duelo del ser amado, es la voz que no se resigna a la pérdida; y a medida que pasa el tiempo, tres años, termina por aceptar su partida y por entender que ella tiene una vida por delante, que le pertenece a ella sola y a la hija de ambos: “En el libro hay una propuesta de lectura. Se pueden elegir los capítulos sobre la presencia de ese hombre, o leer solamente los de su ausencia, mucho más duros…” El libro está lleno de referencias musicales y filosóficas, porque el amado era básicamente eso, un ser musical y filosófico. // Escribir, para Imma Monsó, tal y como lo dije anteriormente, es una catarsis que le permite sacar los dolores más profundos, aquellos que deseamos no ver ni tener ni sentir, pero que nos hacen daño y que por lo mismo debemos enfrentar. “Nada cura de una forma definitiva (al hablar de su duelo), ni siquiera el tiempo, al que tanto se alude cuando se habla de curar las penas… Sin embargo, la palabra es una gran aliada contra el dolor, el placer de narrar y de verter sobre lo narrado constantes miradas críticas, es un tiempo ganado a la tristeza, es un rato de placer en que la alegría triunfa sobre la parálisis que produce la tristeza. En cuanto a mí en concreto creo que he hecho el duelo con la palabra, y a medida que escribía el libro, durante esos tres años, así que duelo y palabra están ahí indisociablemente unidos y el duelo se puede apreciar paso a paso”. Para terminar, quisiera resaltar que Imma Monsó utiliza la “palabra”, como el médico utiliza el “bisturí”. En Todo un carácter y en Un hombre de palabra, esa herramienta le permite exorcizar el dolor y comprenderlo, conocerse a sí misma y al otro. Hablar del otro, con esa “mirada irónica”, a la que ella se refiere cuando hace alusión a sus libros. Su escritura intimista alude a nuestro propio yo, en sus dolores nos reconocemos, pero también en sus amores. Es una autora que goza con el asombro, un asombro que logra transmitir al lector más desprevenido. ————————– El complejo tema de la relación madre-hija también ha sido desarrolla por Magda Zabó en su libro La balada de Iza, pueden ver mi reseña en el siguiente vínculo: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2013/12/15/magda-szabo/

jueves, 26 de noviembre de 2015

BORRARLE EL ROSTRO A UNA MUJER

------------------------------ MUJEREA ATACADAS CON ÁCIDO: Nota: Publico nuevamente este artículo en homenaje a Natalia Ponce de León y a las más de 500 mujeres víctimas de este flagelo machista, sin olvidar a los hombres que también has sido sus víctimas; y celebro la ley que eleva a cincuenta años de cárcel a los depredadores que le borran el rostro a una mujer o a un hombre. Artículos relacionados: http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/04/22/la-violencia-machista-y-las-mujeres-victimas-de-quemaduras/ http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2014/04/02/las-victimas-del-acido-en-el-pais-de-machitos/ ———————-------------------------- En enero del 2010 Especiales Pirry presentó un especial sobre las mujeres atacadas con ácido y en los últimos meses hemos sido testigos impotentes de varios casos de mujeres quemadas de esa forma en Bogotá y en Medellín. En los últimos quince años decenas de mujeres habrían sido víctimas de este horrible flagelo machista. Desafortunadamente en Colombia no se considera un delito grave, sólo entra dentro de la denominación de “lesiones personales”, delito excarcelable, mientras que la mujer víctima del mismo debe de vivir permanentemente con las secuelas que deja el ácido en su cara, en su cuerpo y en su psiquis. No obstante, poco hablamos sobre ésto, como si quisiéramos ponernos un velo ante un drama de esa magnitud, lo que permite que cada vez se haga más común el que alguien decida tirarle ácido a una novia o esposa o a la rival de turno, o al menos a la que imaginamos nuestra rival. Esto demuestra, una vez más, que la sociedad colombiana está enferma, y que esa premisa que tratan de vendernos de ser el país “más feliz del mundo”, sólo es una gran falacia que trata de ocultar la violencia permanente en la que vivimos, pero sobre todo en la que vive la mujer. // Y si bien en Colombia este grave delito pareciera ser algo nuevo, en los países musulmanes es una práctica antigua que se conoce como crimen de honor, expresión que sólo conocí en 2005 con la lectura de Quemada viva de Souad, libro al que me referiré más tarde y con el testimonio de Casada a la fuerza de Leila. El “Crimen de honor” tiene un sinnúmero de variantes: la mujer puede ser quemada viva, rociada con ácido, estrangulada, degollada, lapidada. En otras palabras, las mujeres que se opongan a la voluntad masculina están expuestas a las mayores perversidades que la mente humana pueda imaginar. Leila describe esta situación de la manera más desgarradora que una mujer pueda expresar sobre su propia condición de mujer: “… el cuerpo de la mujer musulmana representa un pecado desde el momento mismo de su nacimiento. Para un padre, una hija es sinónimo de sirvienta de la casa, la alcoba es su prisión y su virginidad es el regalo más preciado que él dará al hombre que escogerá como su marido”. // Tal vez el caso más difundido por la prensa colombiana sobre el crimen de honor es el de la iraní Ameneh Bahrami, quien quedó ciega el 3 de noviembre de 2004 al serle lanzado ácido a los ojos por un compañero de universidad furioso porque ella había rechazado su propuesta de matrimonio. El aspirante a “pretendiente” fue finalmente condenado por la ley iraní el 27 de noviembre de 2008 y Ameneh Bahrani exigió que se llevase a cabo la “ghesa”, o Ley del Talión; lo que quiere decir que el victimario recibiría 20 gotas del mismo ácido en sus ojos. No obstante, para que esto pudiese llevarse a cabo, la víctima, a la que desfiguró y dejó ciega destruyéndole la vida, tendría que pagarle la suma de 20000 euros, ya que la misma ley considera que los dos ojos de una mujer equivalen a un ojo de un hombre. En agosto del 2011 poco antes que el hombre recibiese su castigo, Ameneh lo perdonó. ----------------------------------- El caso de Souad* Quemada viva, es el testimonio de Souad, una de las pocas sobrevivientes a esta tradición que cobra cientos de vidas en diferentes lugares del mundo. Su caso no difiere mucho de la historia de miles de mujeres musulmanas. Su familia se da cuenta que está embarazada, el padre del niño huye, como lo hacen todos los cobardes, y ella es condenada por sus padres a ser quemada viva. El elegido para “lavar el honor” es su cuñado, pero podría haber sido el padre o el hermano, e incluso su progenitora. Souad cuenta como vio a su madre ahogar a un bebé con la almohada inmediatamente después del parto, cuando se dio cuenta que era una niña. También cuenta como su hermana adolescente fue estrangulada con la cuerda del teléfono por su propio hermano. ¿Cuál habría sido su crimen? ¿Hablar por teléfono? ¿O tal vez mirar a un hombre a los ojos, hablar con un desconocido? // Souad es una campesina cisjordana, que pudo sobrevivir gracias a la ayuda de SURGIR, una ONG suiza que se dedica a investigar este tipo de crímenes. El 80% de su cuerpo guarda las señas de la gasolina ardiendo. En Pakistán y en Yemen, son cientos las mujeres que son desfiguradas cada año por sus maridos o por desconocidos. La práctica más utilizada es el ácido que les corroe la piel hasta dejarlas convertidas en monstruos. Lo peor es que ni las autoridades ni el gobierno ni los médicos hacen nada para protegerlas. No suelen interferir en lo que consideran “decisiones familiares”. Pero no solamente son quemadas en sus países de origen. En noviembre de 2005, en los suburbios de París, una mujer de 18 años de origen marroquí, fue rociada con gasolina por un pretendiente que había sido rechazado por su familia. Ella estuvo varias semanas en coma y él simplemente despareció en la multitud. ___________________________ * La reseña de este testimonio hace parte de mi libro ¡Cuidado! Escritoras a la vista… Ediciones Ble, Manizales, 2009. Pueden leer gratuitamente en el portal de la Biblioteca Digital de la Universidad Nacional de Colombia. http://www.bdigital.unal.edu.co/41949/

martes, 24 de noviembre de 2015

PARÍS ARDE

Todos hemos escuchado en algún momento de nuestras vidas hablar de París, me refiero al hijo del rey Príamo y de la reina Hécuba, criado por Agelao que le evitó la muerte violenta que habían decretado sus padres. París no sólo creció sino que se convirtió en un amante de la música y de la belleza. París, el hermoso efebo protagonista de una de las transgresiones que más impacto han tenido en la mitología griega, me refiero al rapto de Helena, transgresión que desencadenó uno de los conflictos bélicos más famosos de la historia de la humanidad, la guerra de Troya. Esta guerra tuvo como origen el amor y la pasión. Ahora la ciudad luz, que lleva su nombre, está a punto de arder, el caballo de Troya entró a uno de sus centros disfrazado de otra pasión, la del odio por una cultura, que en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad, ha avasallado pueblos y los ha reducido a cenizas. París, el ombligo del mundo, al menos para los occidentales, es la ciudad más hermosa que conozco, y más que eso, es mi ciudad bien amada; imagino que comparto esa pasión con millones de personas de diferentes culturas, orígenes, credos y lenguas. No obstante, y emulando al zorro, el amigo del Principito, la certeza de este amor me hace única, como deben ser únicos los miles o millones de seres humanos que también la aman. Viví en París por espacio de cuatro años, tenía un diminuto apartamento al lado de su monumento más conocido, La tour Eiffel, y realicé estudios en su milenaria universidad, La Sorbona. Conozco su barrio latino mejor que muchas calles de Bogotá donde caminé varios años cuando estudiaba literatura en la Javeriana; y si digo que conozco mejor París que Bogotá a lo mejor es porque caminar por sus calles nunca me ha producido miedo. Pero ahora sé que eso puede cambiar, de hecho he debido de ir al día siguiente de la tragedia; sin embargo, decidí quedarme en casa, de todas formas los museos y el metro estaban cerrados y el gobierno recomendó no salir a las calles. Desde el atentado al periódico satírico de Charlie Hebdo* he tenido la sensación que París estaba en peligro. Ya en los años 80, cuando era estudiante, una bomba explotó a sólo dos calles de donde yo me encontraba, un diario había sido su objetivo. Recuerdo el salto que di y el miedo que me paralizó por breves e interminables segundos. También recuerdo que las marchas multitudinarias, me refiero a las de 1984 y 1985, a favor de la paz y en contra de la OTAN, eran cadenas humanas que parecían infinitas; las cuales se llevaron a cabo en Francia, en Alemania, en España**. El fantasma de La II Guerra Mundial aún se movía por entre los callejones y en todas partes se veían afiches que conmemoraban la liberación de París, afiches alusivos a diversas exposiciones sobre esos años fatídicos en que la locura humana se apoderó del continente europeo que había logrado salir de las tinieblas para entrar a un mundo secular y aparentemente más justo. El miedo me perseguía y esa fue una de las razones por las cuales decidí regresar a Colombia; lo hice en julio de ese año y en noviembre me tocó la toma del Palacio de Justicia. Yo trabajaba en esa época en el Fondo Cultural Cafetero que tiene su sede al frente del Palacio de Nariño. Lo que vi fue la guerra de la que quería escapar, soldados arrastrándose por la calle, todo el día estuvimos encerrados, salimos al finalizar la tarde por la parte trasera donde había un muro que colindaba con un parqueadero; en el muro había un hueco no muy grande pero lo suficientemente ancho para poder pasar a través de él. La sede del FCC cerró por unos días y yo fui trasladada a la sede de Manizales donde en esos días se preparaba una exposición de fotografías de la historia de la ciudad. Pero la guerra encontró otro disfraz y me dio alcance, el volcán del Nevado del Ruiz explotó y lo que dejó fue tierra arrasada. No hablo de Manizales, sino del puente que en ese entonces comunicaba la ciudad con Chinchiná; el paisaje era desolador, árboles caídos, piedras enormes que habían sido arrastradas por la avalancha y puestas donde antes pasaba la carretera, y barro, mucho barro y cientos de muertos que vivían en las riberas del río; uno hubiese creído que era algo así como el apocalipsis; sin olvidar a Armero. Ese fue el recibimiento que mi país me dio después de mis años de estudio en París. Después vendrían las masacres, la de la UP, y la de cientos de colombianos humildes que han muerto en esta guerra que no ha conocido tregua desde hace sesenta años. También vinieron los asesinatos y las bombas de Pablo Escobar, los asesinatos selectivos que fueron llevados a cabo por muchachos imberbes y que él dirigía como un batallón personal. Lo que me hacía pensar a menudo en Apocalypse Now, la película de Coppola, ese viaje al infierno, donde no hay salida, ni salvación posible. Los colombianos nos convertimos en parias; no es que antes no tuviéramos mala fama sino que los prejuicios contra nosotros se multiplicaron y en el 2000 nos comenzaron a exigir visa para ir a Europa. Para los que nos gusta viajar esa era una especie de tortura psicológica, sin contar con la humillación de todo un pueblo que no ha hecho sino trabajar para tratar de sobrevivir en un país donde las desigualdades sociales lo ponen casi al mismo nivel de los países centroamericanos y del Caribe. Regresé a Francia en 2005 y desde entonces he visto como la radicalización de los musulmanes ha ido in crescendo. En los años 80, para poner un ejemplo, las únicas mujeres que uno veía con un niqab o un shador, me refiero al velo que cubre la cabeza, eran mujeres que pasaban de los 50 y una sola vez vi a una mujer con una burka. A mi regreso ya se había dado la discusión sobre el uso del velo en las escuelas públicas, discusión que por supuesto fue ganada por el espíritu secular francés; sin embargo, el uso del velo se había intensificado y ya era común ver mujeres de todas las edades llevándolo; no obstante, aún no era demasiado común. Esto ha cambiado en los últimos cinco años, su uso se ha incrementado y mujeres que antes no lo llevaban han comenzado a hacerlo y en la ciudad donde vivo ya es común encontrar mujeres muy jóvenes cubiertas de la cabeza a los pies, sólo se les ven los ojos. Imagino que algunas lo hacen por rebeldía, otras por verdadera convicción religiosa, pero la mayoría de ellas, de eso estoy completamente segura, lo hacen obligadas por sus familias, por el medio social y por supuesto por los dictámenes de la mezquita a la que acuden. Muchos dirán que las mujeres musulmanas son libres de vestirse como quieran y no lo discuto; con lo que no estoy de acuerdo es que deseen imponer sus costumbres en un continente con una cultura diferente. Pienso que cuando se emigra a un país debe respetarse su cultura y tratar de integrarse a ella; con ello no quiero decir que se dejen atrás las propias convicciones religiosas u olvidar la cultura en la que se creció. Para defender mi teoría sólo tendría que recordar que si una mujer occidental va a Arabia Saudita, o a Irán, por dar sólo dos ejemplos, debe plegarse a las costumbres de dicho país, lo que incluye la forma de vestirse. Y no sólo las mujeres sino los hombres; éstos últimos no pueden ingerir licor ni pueden besar a una mujer en público. Así que ¿por qué nosotros, los occidentales, no podríamos exigir que los inmigrantes musulmanes nos respeten y no traten de imponernos su cultura? Porque de eso se trata este conflicto que muchos ya no se niegan a llamar La Tercera Guerra Mundial. Es una guerra de culturas. Ya Mario Vargas Llosa habló de ello en un ensayo muy lúcido que escribió inmediatamente después del atentado a las torres gemelas de Nueva York en el que decía, palabras menos palabras más, que el siglo XXI sería el de la confrontación de culturas y religiones entre Oriente y Occidente. Tampoco pretendo ignorar las guerras que Francia ha llevado a cabo en los últimos años, por no hablar de los conflictos en los que se ha sumido en este año fatídico de 2015. Tampoco pretendo ignorar su pasado colonialista, ni el despojo que ha hecho a los países del tercer mundo, ni su pasado esclavista, ni las Cruzadas en las que participó. Es cierto que ha creado odio, un oído ancestral, que se trasmite de generación en generación. También es cierto que la gran mayoría de musulmanes que viven en Francia son gente de bien, trabajadora, honesta, que salió de su país de origen para brindar un mejor futuro a sus hijos; sólo que en muchos casos, en la mayoría de ellos, ese futuro nunca llegó. Francia creó guetos y cerró las puertas a una mejor educación y por ende a una integración eficaz de una juventud que siente que el país donde nació la rechaza y no le ofrece condiciones dignas de vida. No hay que olvidar que las tasas de desempleo y de violencia, en dichos guetos, son muy importantes; el trabajo que se ha creado es el del tráfico de estupefacientes, con las consecuencias funestas que esto puede acarrearle a una sociedad y a un Estado de derecho. París arde, Bruselas arde, Europa está ad portas de no volver a ser la misma que se construyó después de La Segunda Guerra Mundial. La Comunidad Europea, al menos el espacio Schengen, está por volverse añicos. Y mientras tanto los grandes beneficiados son los grupos de extrema derecha como el Frente Nacional en Francia, o Pegida en Alemania, o el Partido por la Libertad en Holanda, o Aurora en Grecia ***, para no nombrar sino unos cuantos. Para terminar yo diría que es la libertad de todos los pueblos la que está comprometida. Un conflicto bélico, como el que podemos avizorar, puede llevar a todos los países a una hecatombe sin precedentes; ni siquiera América Latina saldría bien librada. ___________________________________________________________________ * http://blogs.elespectador.com/elhilodeariadna/2015/01/07/in-memoriam-de-charlie-hebdo/ ** http://elpais.com/diario/1984/12/03/espana/470876402_850215.html *** http://www.laizquierdadiario.com/El-mapa-de-la-extrema-derecha-en-Europa

miércoles, 18 de noviembre de 2015

DETRÁS DE LOS VISILLOS DE LAS ESTANCIAS SECRETAS DE MURASAKI SHIKIBU: TERCERA PARTE

Utsusemi, Fujitsubo y Murasaki, algunas de las mujeres de Genji: La historia de Utsusemi es bastante trágica. Estando casada con un viejo gobernador de provincia es violada en su propia casa por Genji y aunque la narradora lo cuenta de una forma bastante difuminada no deja lugar a dudas en cuanto al acto violento de El Iluminado: “Era tan pequeña que la levantó de la cama sin dificultad y se la llevó a su apartamento. Por el camino tropezó con Chujo (una de las criadas) que se sorprendió y trató de ver que estaba ocurriendo en las tinieblas que la envolvían. El perfume inconfundible del vestido del príncipe proclamaba con quien se había topado, … muy confusa no sabía qué hacer. De haberse tratado de un hombre de linaje inferior, hubiera saltado encima de él para defender el honor de su señora… Y más adelante: (La experiencia) de aquella noche fatídica la llenaba de angustia. No estaba dispuesta (se refiere a Utsusemi) a volver a pasar por aquella vergüenza”. // La otra violación es la de Fujitsubo, la esposa del emperador, o sea del padre de Genji, de esta relación nacerá un hijo, el príncipe Reizei, quien llegará a ser también emperador. Esta relación, que transgrede todas las normas sociales, acarrea en los dos personajes estados de ánimo que van desde el remordimiento hasta la entrada de Fujitsubo como vestal; es decir su entrada en religión. // Estos no son los únicos casos de violencia sexual que se narran en el libro. Murasaki, el gran amor de Genji, es una niña de 10 años que él lleva a vivir a su propia casa, en realidad la rapta, y con la cual duerme todas las noches. Cuando Murasaki cumple 14 años la viola, y simplemente, a modo de “excusa”, le dice que “algún día tenía que suceder”: “Un día Genji se levantó de la cama temprano, pero Murasaki permaneció en el lecho hasta muy entrada la mañana en contra de su costumbre de madrugar. ¿Qué había sucedido entre los dos durante la noche?…” Antes de abandonar la estancia Genji introdujo una carta detrás de las cortinas de la cama. Al encontrarse sola, Murasaki levantó la cabeza de la almohada y descubrió una hoja de papel escrita con una caligrafía sin pretensiones. El poema decía así: ¡Qué absurda distancia/ nos mantenía separados/ cuando, noche tras noche,/ yacíamos juntos bajo la misma colcha!/ Tarde o temprano el momento tenía que llegar…”/ Este poema corresponde a “la carta del día siguiente”. Esta era una misiva que el “afortunado amante” dejaba debajo de la almohada de la elegida al día siguiente del primer encuentro sexual, a veces iba acompañada de un fastuoso regalo. // Genji, a pesar de amarla, también sentirá el peso de la culpa. Esta transgresión, que no es la única en la novela de Murasaki Shikibu, es necesaria para llamar la atención del lector, así como el estado de conciencia que se establece de culpa y expiación. Algo parecido a lo que aún se sigue utilizando en literatura, incluso en las telenovelas que invaden nuestras pantallas a diario. Lo que quiere decir que la condición humana no cambia y que nuestros deseos y miserias son los mismos desde que la especie humana existe. // En La novela de Genji hay otras escenas de violación, o al menos de intento, en las cuales las mujeres que rodean a la “codiciada” se convierten en cómplices del violador. Podríamos ver en ellas la representación de La Celestina de Fernando de Rojas. // Genji, un exiliado del amor: “Fujitsubo recordaba las atenciones que hasta entonces había recibido de Genji como una pesadilla que quería relegar al olvido a toda costa”. Y es que Fujitsubu, muy a su pesar, se enamora de Genji, un amor correspondido en la medida en que él ama a todas las mujeres. Yo diría que es un enamorado del amor. Genji es un personaje que hubiese podido servir de modelo para los escritores románticos, es un eterno Don Juan, que va detrás de un amor idealizado y nunca experimentado, va detrás de todas las posibilidades que pueda brindar la sexualidad, sin saciarse nunca; por lo que siempre tiene la sensación de desarraigo amoroso, es un exiliado del amor. Para entender mejor esta idea, habría que tener en cuenta que Genji nunca abandona, o al menos en muy contadas ocasiones, la posibilidad de una nueva aventura, tanto sexual como afectiva, de ahí su eterna sed por lo desconocido y por transgredir las reglas sociales de su tiempo. “El pecado que supuso para ambos la concepción del heredero aparente no dejaba de atormentarla. Intuía que hasta entonces había conseguido escapar milagrosamente a su karma, pero que, cuando finalmente le tocara pagar por su crimen, el precio sería terrible”. /7 Significado de Murasaki y Genji: Murasaki significa lavanda, espliego, por lo que podría suponerse que sus vestidos llevaban siempre este olor, ya que el perfume estaba directamente asociado con las personas, era su distintivo más preciado. // Por su parte, Genji no es un nombre propiamente dicho, sino el título que recibían los hijos ilegítimos del emperador, y si bien gozaban de muchos privilegios nunca podían ascender al trono. Es por ello que con frecuencia la narradora se refiere a Genji, como Genji El Iluminado, o Genji el Resplandeciente. // Características psicológicas: Con una gran delicadeza la autora representa, como si de una pintura se tratase, las características de cada personaje. “Mientras ella leía en voz alta una novela a sus mujeres, Genji reflexionó sobre lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo se explicaba que aquellos arrebatos súbitos de pasión no le hubieran abandonado todavía? A veces sentía vergüenza de sí mismo. ¡tenía ya treinta y dos años, y a su edad resultaban completamente ridículos! // En otro tiempo se había comportado de un modo horrible, pero entonces era joven y alocado. Por otra parte, estaba seguro de que las faltas de entonces le habían sido perdonadas. ¿Iba a volver a las andadas? Trató de consolarse de algún modo, y acabó reconociendo -¡triste consuelo!- que ahora tenía más conciencia de los peligros que corría, de manera que algo había ganado con la edad”. “En la corte de cierto emperador, cuyo nombre y año omitiré, vivía…” Otra característica de extrema modernidad es la frase que da inicio al libro, ya que nos preguntamos: ¿En qué reino fue?, puesto que Murasaki Shikibu nos muestra claramente que los acontecimientos que serán narrados no pertenecen a la época en la que ella vive, lo que demuestra una gran habilidad narrativa. // Los diálogos de poemas, no son directos, son alusivos, obedecen a códigos establecidos, nunca improvisados: “-Hubiese preferido marchar contigo/ a la vida de los pescadores / a estar sola y triste en la ciudad, / pensando en ti. / “Esos cuadros me hubiesen servido de gran consuelo…/ Y Genji respondió, compadeciéndola:/ -Más lloro ahora que entonces,/ en los tiempos de mi exilio,/ al evocar las muchas lágrimas/ que en aquellos días derramé”./ La música también forma parte de los diálogos y algunas veces reemplazan a los poemas: “Dominaba el son de la flauta, pero no faltaba tampoco el koto japonés y el laúd. La flauta es un instrumento melancólico cuya voz combina a la perfección con las brisas de otoño, especialmente en noches de luna tranquilas y radiantes como aquélla”. // A modo de conclusión: Para terminar podríamos decir que la época Heian se caracterizó por una gran sensibilidad por la naturaleza, la música, la lengua china, la poesía. Por su parte, la caligrafía tenía un papel muy importante y era muy apreciada. // Murasaki Shikibu sabía que necesitaba de transgresiones para poder llamar la atención del lector, amores prohibidos y “faltas repetidas”, con su consecuente castigo, de ahí que las mujeres entren en religión y que Genji se sienta culpable a todo lo largo de la obra. Kaoru, su hijo, al menos el que pasa como tal, es introvertido, delicado, no es mundano como el padre, en realidad es el héroe ya que Genji era alguien que había transgredido todas las normas sociales. Es decir, Genji, el Iluminado, sería un héroe a la inversa. En cuanto a Kaoru se refiere, es la antítesis de Genji, ya que nunca es capaz de tomar la decisión apropiada en el momento apropiado. // La madre era la encargada, al menos en una gran medida, de asegurar el futuro de los hijos. Esto estaba dado por el linaje al que pertenecía y por la influencia que pudiese tener sobre el emperador y por supuesto al apoyo político que pudiese tener. // La novela, en época de Murasaki Shikibu, era considerada como hoy en día, lo que hay allí escrito es ficción, así parta de la realidad: condición humana, ascenso político de un hombre o su caída, relaciones entre seres humanos. // Para poder entender a cabalidad el mundo en el que vivió Murasaki Shikibu hay que tener en cuenta algunos aspectos, a saber: 1. Es una sociedad devota de la belleza, tanto física como espiritual. 2. En la corte Heian se rendía culto al ocio. En otras palabras sus súbditos vivían en un perenne Carpe Diem, puesto que vivían por y para el refinamiento más sofisticado; no sólo en cuanto a las actividades artísticas y literarias se refiere, sino a los objetos que los rodeaban y a los vestidos que utilizaban. 3. El Genji Monogatari no es una tratado de política, aunque como lectores penetramos muy bien en la jerarquía de la Época Heian. Sus gobernantes no se preocupan por hacer justicia social, sino por la caligrafía, la música, la literatura, las fiestas, los regalos suntuosos y al mismo tiempo se preocupan por los “tiempos degenerados” que les ha tocado vivir. El libro nos muestra la ambición por el poder, las rencillas, el arribismo y los conciliábulos para acceder a él e incluso la corrupción (se habla, incluso, de ahogar en dinero a un futuro yerno y de comprarle un ministerio). 4. Esta era una sociedad que vivía para el goce de los sentidos y al mismo tiempo eran profundamente espirituales, ya que el peso de la religión budista atraviesa toda la obra. No sólo viven rodeados de bonzos y sacerdotes, sino que siempre buscan la oportunidad de realizar retiros espirituales y cuando no pueden hacerlo dedican gran parte del tiempo a la oración, léase la repetición de los sutras, o la lectura de las escrituras sagradas. Según la concepción del mundo de Genji, hay que aprender a ser un ser humano y la única posibilidad es a través de la religión. Esta es la búsqueda de Genji o de su primo el emperador Suzaku, pero también de Murasaki, la esposa de Genji, o de muchos otros personajes de la obra. Todos ellos desean terminar sus días en un monasterio, y al optar por la vida monástica esperan dejar atrás el mundo de las “apariencias”, lo que les abriría la puerta para acceder al mundo espiritual. Es el caso de los personajes Kaoru y Ukifune, en los que yo vislumbro una reencarnación de Genji y Murasaki. // En el caso específico de la mujer, la entrada a la vida monástica es una posibilidad de sobrevivencia; ya que al quedar viuda, o al perder el interés de su marido, o dejar de ser considerada “favorita”, la vida monástica le permitía tener un techo y comida, así fuera precaria. No hay que olvidar que este aspecto también se daba en Occidente; no sólo durante el Medioevo sino durante muchos siglos después. // Para terminar yo diría que Murasaki Shikibu es un gran árbol del que crecen las ramas que dan cobijo a Yasunari Kawabata, a Yukio Mishima, a Haruki Murakami, a Marguerite Yourcenar o a Jorge Luis Borges. La literatura japonesa se alimenta de su savia y la occidental busca su sombra. ------------------------------------ Bibliografía : Le dit du Genji, Murasaki Shikibu, Editions Selliers, 2008. El libro de Genji, Murasaki Shikibu, Editorial Planeta, 2007. Journaux des dames de cour du Japon ancien, Editions Philippe Picquier, 1998. Notes de chevet, Sei Shônagon, Gallimard/UNESCO, 1966.